lunes, 31 de agosto de 2009

EL A.S.I EN EL SALVADOR, HONDURAS Y GUATEMALA


En El Salvador la edad promedio en que las niñas víctimas de abuso sexual experimentaron tanto abuso sin penetración como coito forzado fue 9.7 años. En esta importante investigación del abuso sexual infantil en El Salvador, Guatemala y Honduras las autoras encuentran que además del trauma inicial, el abuso sexual de niñas tiene un impacto negativo en el largo plazo. La investigadora principal, la Dra. Ilene S. Speizer, es Profesora Investigadora Asociada en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de North Carolina en Chapel. Es autora de numerosas investigaciones sobre la salud de los jóvenes.

Estudios realizados en diversos países del mundo muestran que entre 7% y 36% de las mujeres dicen que experimentaron alguna forma de abuso sexual en su infancia. Es más, muchas mujeres tuvieron su primera experiencia sexual a la fuerza o en circunstancias indeseadas.

Estudios de encuestas internacionales de la década de los 90 indican que entre 7% y 47% de la gente joven con experiencia sexual entrevistada expresó que su primer encuentro sexual fue forzado. Estas cifras varían considerablemente y sin duda subestiman el problema de violencia sexual debido a (1) problemas relacionados con los métodos y definiciones que se emplean para medir el alcance del abuso y (2) la aversión de las mujeres a revelar información sobre violencia sexual.

Los estudios de violencia sexual consistentemente muestran que quienes realizan el abuso son personas que la víctima conoce, y con frecuencia el agresor es su pareja, incluyendo novios y esposos. Buena parte de estos resultados provienen de estudios de mujeres de 15 años o más que han reportado abuso reciente.

Los resultados de Latinoamérica son consistentes con los de otras regiones del mundo al determinar que las mujeres que experimentan abuso sexual cuando niñas son más vulnerables en el futuro a tener sexo no consensual, al aumento en el riego de sexo consensual sin protección, y a problemas de salud mental y psicosocial. Sin embargo, se sabe menos sobre la asociación entre abuso sexual en la infancia y el abuso sexual o físico de parejas agresoras, tomando en cuenta los numerosos factores demográficos asociados con el abuso de parte de la pareja.

Nuestro estudio llena vacíos en la comprensión del abuso sexual infantil en Centroamérica usando encuestas basadas en la población nacional, muestras estadísticas comparables, y las mismas definiciones de abuso sexual para los tres países estudiados, El Salvador, Guatemala y Honduras. Estas mejoras metodológicas permiten evaluar la prevalencia de abuso sexual infantil, identificar a los agresores del abuso, y determinar si hay asociaciones entre el abuso sexual infantil y la violencia de pareja agresora al llegar a la edad adulta.

Este estudio utiliza datos de encuestas realizadas en los tres países: la Encuesta Nacional de Salud Familiar de El Salvador de 2004, la Encuesta Nacional de Salud Materno Infantil de Guatemala de 2002, y la Encuesta Nacional de Epidemiología y Salud Familiar de Honduras de 2001.

En las tres encuestas las entrevistas las llevaron a cabo mujeres que hablaron con las entrevistadas en sus casas. Antes de comenzar la encuesta las entrevistadoras solicitaron aprobación verbal a todas las mujeres. Se les aseguró que no tenían obligación de participar en la entrevista y que se podían rehusar a responder cualquier pregunta que no quisieran contestar.

En El Salvador se les preguntó “alguna vez la han forzado al acto sexual (violación)?” y “la ha forzado alguien a hacer una de las cosas siguientes: desvestirse, tocar o ser tocada en las partes íntimas, besar, abrazar, o cualquier otra acto sexual sin penetración?” Usando estas dos preguntas creamos para El Salvador una medida compuesta de abuso sexual que incluye tanto violaciones como abuso sexual sin penetración.

A todas las mujeres que habían tenido experiencias de abuso sexual se les preguntó quién cometió el abuso. Las mujeres que habían sido abusadas más de una vez (por ejemplo, antes de los 15 años y a una edad más avanzada) podían reportar más de un agresor. En el caso de mujeres que habían experimentado más de un abuso y reportaron agresores múltiples, los datos no nos permitieron identificar cuál agresor estaba asociado con el abuso antes de los 15 años. Por lo tanto, se incluyen a todos los individuos reportados en el análisis de los agresores.

A todas las mujeres, sin importar su estado civil, se les hicieron preguntas sobre violencia el año anterior con parejas agresoras. Las medidas de violencia incluyen haber estado expuestas el año anterior a violencia física (incluyendo golpes, que les arrojen objetos, y amenazas a muerte), o a violencia sexual. En cada país la lista de actos específicos de violencia física era ligeramente diferente.

Frecuencia de abuso sexual.

Honduras y El Salvador tuvieron la proporción más alta de mujeres que reportaron haber experimentado abuso sexual a cualquier edad: 13.4% y 12.6% respectivamente. En comparación en Guatemala la proporción fue 7.1%. La frecuencia de abuso sexual antes de los 15 años fue más alta en Honduras donde 7.8% de las mujeres dijo que las habían abusado de alguna manera antes de cumplir 15 años.

En El Salvador, donde se hicieron preguntas separadas sobre el tipo de abuso sexual (abuso con o sin penetración), 1.4% de las mujeres experimentaron solamente penetración forzada antes de los quince años y 1.1% reportaron haber experimentado tanto abuso sin penetración como acto sexual forzado antes de los 15 años. En total, 22% de las mujeres que experimentaron abuso sin penetración antes de los 15 años también experimentaron acto sexual forzado antes de los 15 años.

En el total de los tres países la edad promedio de abuso sexual infantil fue 10 ½ años, lo que indica que más de la mitad de las mujeres que fueron abusadas antes de los 15 años tuvieron su primera experiencia antes de cumplir los 11 años. En El Salvador, donde es posible encontrar la edad promedio de abuso de acuerdo por tipo de abuso, las mujeres que experimentaron tanto abuso sin penetración como coito forzado antes de los 15 años fueron abusadas a la edad más temprana (promedio 9.7 años).

Agresores en el abuso sexual infantil


En los tres países los agresores de abuso sexual infantil eran conocidos por la víctima y, en muchos casos, miembros de su familia. En los tres países los agresores más comunes eran vecinos o conocidos, o miembros de la familia, incluyendo tíos, primos, y hermanos. En los tres países se reportaron con frecuencia similar a extraños y padrastros. En El Salvador el 11% de las mujeres reportaron que el agresor fue su padre. El porcentaje de mujeres que dio esta respuesta fue menor en Guatemala y en Honduras.

En El Salvador, donde es posible separar el abuso con y sin penetración, los agresores más frecuentes de abuso sin penetración fueron miembros de la familia aparte del padre o padrastro, incluyendo vecinos y conocidos. Entre las mujeres que reportaron abuso forzado con penetración antes de los 15 años, se reportaron con la misma frecuencia a vecinos y conocidos, padres, padrastros, otros miembros de la familia y extraños. Finalmente, entre las mujeres de El Salvador que reportaron tanto abuso con penetración como sin penetración el agresor más frecuente era el padre (22%) seguido de un vecino o conocido (19%) y finalmente un extraño (15%).

Asociación entre abuso sexual infantil y violencia de pareja


En el conjunto de los tres países, la proporción de mujeres que informaron sobre casos recientes de abuso de pareja fue el doble para las que experimentaron abuso sexual infantil que para las que no lo experimentaron. Por ejemplo, en Guatemala, 10% de las mujeres con pareja que no experimentaron abuso sexual infantil experimentaron violencia de pareja versus 23% en el caso de mujeres que habían experimentado abuso infantil.

Tomando en cuenta las características demográficas, las mujeres con pareja en Guatemala que sufrieron abuso infantil tenían 2.4 más probabilidades de haber tenido un episodio reciente de violencia de pareja; en Honduras la probabilidad era 1.8. En el Salvador, donde la frecuencia de violencia de pareja era menor que en los otros dos países, no había una diferencia significativa entre mujeres que experimentaron abuso sexual infantil y las que no tuvieron esa experiencia.

En El Salvador y Guatemala las mujeres que fueron testigos de violencia contra sus madres tenían el doble de probabilidades de haber tenido un episodio reciente de violencia de pareja. El único otro factor demográfico que tuvo un efecto consistente fue la residencia urbana o rural: la probabilidad que las mujeres de las zonas urbanas hubieran experimentado recientemente violencia de pareja era significativamente mayor que para las mujeres de zonas surales.

Con los datos disponibles no podemos determinar porqué o cómo el abuso sexual infantil está asociado con la violencia de pareja. Algunos mecanismos posibles para la asociación entre abuso sexual infantil y la violencia de pareja en el futuro puede estar relacionado con: (1) habilidades para relacionarse y expectativas que colocan a las víctimas de abuso sexual infantil en riesgo de abuso en una relación de pareja más adelante; (2) normas de la comunidad que afectan las dinámicas de las relaciones y dan como resultado riesgo de abuso sexual a lo largo de la vida. En particular, en el contexto latinoamericano, donde es común la cultura del machismo, las expectativas de que el hombre es dominante y agresivo y la mujer sumisa puede tener como consecuencia que las mujeres consideren que el abuso sexual es aceptable y que se debe tolerar para salvaguardar la unidad familiar.

Los hallazgos de este estudio tienen implicaciones para políticas y programas. Primero, para proteger a las jóvenes deben existir y se deben reforzar políticas de arresto y proceso judicial de los agresores. Segundo, una estrategia importante pueden ser programas escolares dedicados a la prevención del abuso sexual infantil incrementando las habilidades y confianza necesarias para evitar el abuso sexual y aumentando el número de denuncias. Tercero, quienes dan servicios de salud necesitan entrenamiento para aprender a reconocer factores de riesgo y síntomas de abuso sexual en niñas y adultas. Cuarto, se necesita una comprensión mayor en el contexto centroamericano de las influencias culturales que inciden en la identificación y tratamiento del abuso.

*University of North Carolina at Chapel Hill, School of Public Health, Department of Maternal and Child Healt
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