martes, 2 de febrero de 2016

Los miedos de los padres




 Getty


Cuando uno se convierte en padre, los miedos suelen multiplicarse y la preocupación por uno mismo se hace secundaria. La posibilidad del rapto o del acoso escolar nos atemoriza. El abuso sexual destaca también en ese nebuloso horizonte de amenazas, quizá porque las noticias nos lo recuerdan constantemente. El conocido pianista James Rhodes cuenta en sus memorias (Instrumental. Memorias de música, medicina y locura, publicadas en España por Blackie Books) cómo fue violado durante años, desde que tenía cinco, por un profesor. Su exesposa, pensando que podría herir a su hijo, quiso, sin éxito, impedir su publicación.
Es un terreno resbaladizo. A veces los abusos denunciados no existen, como en La caza, la película de Thomas Vinterbergen la que un maestro es víctima de los miedos de nuestra sociedad. Hace poco, la Audiencia de Madrid absolvió a M., profesor del Colegio Base denunciado por los padres de 14 niños de cinco años. Todo empezó cuando una madre vio que su hijo, al bañarse, “empezó a sacudirse el pene al tiempo que manifestaba ‘mira cómo nos toca la pilila M.”. Pronto el número de presuntas víctimas ascendió a 14. Quienes juzgaron el caso concluyeron que las inverosímiles declaraciones de los niños parecían producto de una “inducción involuntaria” de los padres, que provocaron una “posible falsa memoria”. La argumentación absolutoria fue tan contundente que los padres renunciaron a recurrir al Tribunal Supremo.
Pregunto a María Muñoz, inspectora de Educación de la Comunidad de Madrid: ¿Estamos excesivamente preocupados por la seguridad de nuestros hijos, como parece indicar el caso de M., o, por el contrario, es un peligro muy real y extendido? ¿Cómo acertar en casos así? “Las denuncias por abuso sexual en los colegios son excepcionales, pero generan una gran alarma. No siempre resulta fácil acertar, pero lo que nunca debe hacerse es no hacer nada. Desde el primer momento se requiere una actuación de los centros educativos discreta y eficaz. Discreta, porque semejante acusación puede ser devastadora para el acusado incluso aunque acabe demostrando su inocencia. Y eficaz, porque la sola posibilidad de que un menor esté siendo víctima de abuso exige una intervención decidida que garantice su protección y llegue al fondo del asunto”.
Escribo al Centro de Intervención en el Abuso Sexual Infantil (CIASI), de la Comunidad de Madrid, que ofrece al menor una atención multidisciplinar de carácter psicológico, social y jurídico, coordinada con otros dispositivos de atención sanitaria, policial y educativa. ¿El miedo de los padres al abuso sexual de menores está exacerbado por su dimensión mediática, o es un peligro real? ¿Hay estadísticas sobre la incidencia de esos abusos? Responden fuentes de la Dirección General de la Familia y el Menor: “Actualmente hay una sensibilidad social elevada en relación con el abuso sexual infantil, lo que conlleva una mayor observación, detección y, en su caso, denuncia por parte de los profesionales de diferentes ámbitos que trabajan con los menores: colegios, centros de salud, servicios sociales… Además, hay una conciencia mayor en la sociedad de que las situaciones de este tipo deben denunciarse. En 2014 fueron derivados al CIASI un total de 460 menores”.
Supongo que muchos padres viven como yo, intentando domesticar sus miedos sin caer en la temeridad, intentando decidir con acierto cuándo tus hijos pueden ir solos por la calle, o discernir cuándo un roce o una muestra de cariño dejan de ser normales.

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