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lunes, 22 de agosto de 2016

El clan de las cicatrices


El clan de las cicatrices
Ezequiel D’León Masís   LP 26/07/2016 



Se calcula que 4 de cada 10 nicaragüenses han sufrido abusos sexuales en su infancia. Yo soy uno de ellos. Fui abusado sexualmente en varias ocasiones, antes de alcanzar mis 11 años, por Claudia, trabajadora doméstica que me cuadriplicaba la edad y que además, gozaba de la plena confianza de mis padres y otros excesivos privilegios que ninguna trabajadora doméstica suele tener. Era una especie de ama de llaves altanera y amargadamente “amable”.

La experiencia de abuso en mi caso incluyó sensaciones de placer genital. Siempre minimicé este evento, hasta lo llegué a naturalizar interiormente como “iniciación sexual temprana”. Nunca lo olvidé, ni un solo día. Hoy sé que mi mundo interior se rompió desde entonces.
Padecí a los nueve años mi primera depresión, tuve episodios de culpa intensa que no entendía y una sensación de ser un sucio juguete dañado. Abusar de un niño es alterar todo su sistema afectivo, su auto percepción: el cerebro y el corazón están predispuestos a esa temprana edad a aprender. Injustamente, al violar sus límites corporales y psicológicos, al niño se le enseña que no posee límites en su intimidad. Las secuelas son devastadoras.

El asunto de límites rotos salpicó muchos planos de mi existencia. Mi incapacidad de decir “no, no quiero” a los demás me hacía jugar el papel de ayudador permanente, mi casa y mi cuarto por temporadas era una sala de visitas, trabajaba hasta agotarme en nombre de la justicia social mientras mantenía adicciones, me dejaba llevar por emociones ajenas, viven-cié comúnmente rechazo a la comodidad que aportan los bienes materiales: mi niño herido creía que este “trozo de materia que soy” no merecía nada.

Como adulto sobreviviente creé para mí y para los demás una máscara de prodigalidad y fortaleza ideológica, fue necesaria para seguir vivo. El silencio lo rompí parcialmente a mis 28 años de edad (tengo hoy 33). Hablé por primera vez de mi historia de abuso infantil después de caer en una crisis existencial rodeada por una relación afectiva de codependencia, adicciones, vínculos destructivos, aislamiento auto impuesto y postergación de mis sueños personales más íntimos. Fui diagnosticado con depresión severa mayor en ese primer momento. Literalmente estaba des-realizado y despersonalizado: sentía que ya había muerto, mi cuerpo ardía en fuego vivo, mi cabeza estaba llena de vidrios molidos y voces, las percepciones de mi mente giraban en torno a pánicos incontrolables, cambios de humor bruscos, insomnios prolongados y reacciones conductuales que no tenían que ver nada con el acontecer del entorno. Tuve conciencia de lo que me sucedía, pero estaba en un pozo. Sacaba voluntad de donde no había ganas ni de respirar. Entre desaciertos y aciertos, nunca me di totalmente por vencido. Dos años después de dicha crisis, se confirmó el diagnóstico de bipolaridad.

A partir de ahí, en los últimos cinco años he venido reconstruyéndome como quien une con pega “loca” los tucos de un espejo hiriente para poder encontrar su reflejo. Hasta hace poco he roto el silencio en mi entorno cercano sobre la identidad de la persona que abusó de mí. Cuando lo hice, inmediatamente mi familia y mi compañera de vida actual me creyeron. Que te crean da un alivio enorme. Que no te crean, te destroza. Se hizo un plan con la asistencia de un especialista para alejar a la abusadora de mí, ya que todavía trabajaba campante-mente en casa de mi padre. Es difícil de explicar, pero el pacto de silencio con la agresora era un embrollo psíquico complejo, cargado de contradicciones y nudos sarrosos.

Mi estrategia natural de sobrevivencia

En mi caso, la estrategia de sobre-vivencia que eligió mi alma fue siempre adherirme a ideologías y prácticas extremistas de justicia social: solía trabajar en organizaciones sociales de izquierda militante y estar al servicio de los demás y sus problemas. Terminé quemándome. No veía mis propias necesidades porque no podía ver mis heridas. Todo lo proyectaba exageradamente en temas sociales.

Mi proceso en marcha

Mi proceso de sanación no ha sido lineal en absoluto, ha habido crisis, logros y recaídas. Pero la determinación de continuar ha fraguado mi carácter y ha templado mi espíritu.
Mi camino lo puedo comparar con la línea de un electrocardiograma que, zigzagueante, no deja de avanzar. Esencialmente, puedo resumir que este ha consistido en cinco cosas: 1. Honrar totalmente mi pasado de sobrevivencia porque he sido un león guerrero hasta hoy (fui víctima cuando niño, durante la crisis profunda tuve consciencia de ser sobreviviente y estoy empezando a dejar poco a poco el papel de sobreviviente para ser yo mismo: un ser humano cambiante pleno de presente); 2. Poner en primer lugar mis necesidades (físicas, emocionales, espirituales, económicas, etc.) y esforzarme cada día por satisfacerlas en lo que me sea posible, sanando conscientemente las secuelas del abuso, con límites sanos, paciencia activa; 3. Conocerme interiormente, bajarle el gas al perfeccionismo y aceptar toda emoción o aspecto que descubra en mí, sin juzgarme, sin causarme dolor extra innecesario; 4. Comprometerme de manera radical con el desarrollo de todos mis talentos creativos; y 5. Ser cada vez más selectivo en los vínculos interpersonales, reconociendo que a veces es necesario separarnos y distanciarnos de personas que queremos, pero que no son nutricias.
Seguiré después, en otro artículo, con este tema.

El autor es abogado, artista multidisciplinario y activista de derechos humanos.

Mi proceso de sanación
Ezequiel D’León Masís   LP 20/08/2016 



Si no hubiera contado con el enorme privilegio de tener una red de contención emocional a lo largo de mi crisis depresiva mayor y resto de momentos difíciles, por causa de la violación que sufrí en mi infancia, estuviera probablemente muerto. Agradezco profundamente a mi familia entera que, aunque desintegrada por la historia bélica de mi país, nunca ha perdido su unidad y amor incondicional en los momentos cruciales. Compañeras vinculadas a organizaciones nicaragüenses como Aguas Bravas y yo te creo, me han acompañado. Otras personas maravillosas me han compartido información práctica y sus propios testimonios de sanación de abusos. La contención es una prueba de que la sanación individual es parte de un proceso colectivo mayor.
Tengo la bendición de tener vista y poder leer. Hay textos medulares que han sido amigos íntimos de consulta, yo les llamo mis “bombas atómicas de sanación”, son cinco: El coraje de sanar de Laura Davis y Ellen Bass; Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estés, Marcar límites/Respetar límites de AnselmGrün; Despertando el don bipolar  de Eduardo Horacio Grecco y Sentados en el fuego de Arnold Mindell. Los libros no nos sanan, es así, pero son herramientas complementarias para el trabajo interior que vamos haciendo cada día.
La ayuda terapéutica me ha sido fundamental en momentos de crisis. Puedo decir que los terapeutas que conocen el infierno en carne propia y han salido de él son quienes pueden acompañar procesos de manera adecuada. Me ha sido perniciosa la intervención terapéutica de profesionales incompetentes vinculados a supercherías de la Nueva Era: una psicóloga me dijo que fui “abusado por amor”, mientras una consteladora familiar me ubicó en el papel de un asesino ardiendo de culpa ajena sin sacarme del papel nunca y, por último, un psiquiatra afirmó que mi experiencia “no es abuso en sí porque venía de una empleada doméstica supeditada a los posibles antojos sexuales de un varoncito”. Hay que dudar de todo terapeuta, dudar de toda terapia y de toda doctrina. Sea lo que sea que nos llegue a la mano: aquello que nos empuja a canalizar lo que realmente estamos sintiendo, a darle espacio a nuevas emociones y a accionar en el presente es lo único que vale. El resto es basura. Sanar no es una gimnasia, sanar es ser responsables de nuestra propia vida y asumir sus retos cotidianos. Lo ideal es que un especialista en abuso sexual infantil aborde el proceso horizontalmente, de lo contrario el abuso puede repetirse desde el poder de la silla del terapeuta. Lo peor: hacer migas con el terapeuta, inmediatamente lo descalifica como tal.
“El abuso —me decía una vez una escritora sobreviviente de incesto— me partió en dos”. Tengo muy pocas cosas claras en la vida. Una de ellas es que la vida es muy breve y que merezco vivir de forma saludable; la otra es que el perdón que sí me es útil es el auto-perdón, exclusivamente ese.
Las religiones y las prácticas espirituales, casi sin excepción, han vuelto pecaminosa la rabia, el enojo, la ira, la sed de venganza retributiva. A mí me fue de gran ayuda por un tiempo unirme a un grupo cristiano que aplica los doce pasos de Alcohólicos Anónimos, pero al cabo de un tiempo descubrí que no me resultaba sano agregar culpas extras a la culpa infantil que, de origen ya, no me pertenecía, ni mucho menos seguir sofocando la rabia contenida durante tantos años. Así que, agradecido, lo abandoné.
Los indígenas lacandones encarnan el concepto vivo de la “digna rabia”. La rabia, cuando se canaliza cotidianamente, sin padecer culpa, sin hacernos daños ni dañar a otros, es altamente curativa y dignifica el espíritu. El niño herido habita en el adulto sobreviviente y quiere ser defendido. Dentro de uno existe una gigantesca fuente de rabia que, muchas veces, por no encontrar vías para su debida expresión, termina por generar síntomas corporales o trastornos psíquicos graves. La depresión es odio a sí mismo, pero al odio hay que verlo, aceptarlo sin tapujos religiosos y dirigirlo hacia los agresores.
Las grandes crisis nos llegan para invitarnos a hacer cambios contundentes y ajustes de creencias.
Mi sanación interna se ha activado desde la vía de la ocupación laboral, el ejercicio físico, la creatividad expresiva en todas sus formas, el contacto continuo con ambientes naturales, el cuido de la nutrición y sentarme a respirar en silencio (zazen). La sanación es un acto de voluntad tan personal, tan único como posible, real. El entorno en que nos movemos y los hábitos que absorben nuestra atención son determinantes.

Cuando uno ha roto el silencio calcificado sobre un secreto doloroso del pasado, sanar es irreversible y el poder personal aumenta. Obvio: se necesitan personas aliadas que no nos carguen, pero sí que nos animen. El proceso agudiza la consciencia de sí, mi proceso va en marcha junto con la vida misma.
Romper el silencio me brindó la posibilidad de zurcir el mundo roto, prevenir traumas de abuso en el futuro de las familias que me rodean y en la comunidad en la que vivo.
La neurociencia ha comprobado que el proceso de sanación de abusos sexuales en la infancia dura toda la vida, pero quienes afrontan consciente-mente dicho proceso modifican significativamente sus percepciones. Luego de cinco años de trabajo interior, entre subidas y bajones, puedo dar fe que una vez que se ha avanzado con voluntad, sinceridad y pies sobre la tierra, las heridas duelen mucho menos, dejan de supurar pus y, por fin, comienzan a cicatrizar.
Cuando me preguntan a qué “religión” o “ideología política” pertenezco, respondo sonriendo: “Soy devoto de Lo Que Es. Pertenezco al Clan de las Cicatrices”.
 

El autor es abogado, artista multidisciplinario y activista de derechos humanos.

sábado, 2 de julio de 2016

Por primera vez poder decir soy Sobreviviente de Abuso Infantil.


Después de mucho tiempo de haber agregado el grupo a mis contactos y de seguir periódicamente las publicaciones decidí compartir mi caso, ya que mi vida ha sido una montaña rusa y al mirar atrás lo único que no me permite vivir plenamente es esa falta de aceptación de lo que viví en la infancia y que me ha llevado a estar enredado en un mundo de drogas, sexo sin protección y deseos de querer morir a pesar de que mi vida es fabulosa, profesionista,  he tenido trabajos maravillosos, un nivel de vida medio alto, he viajado fuera del país y estoy rodeado de maravillosos amigos y familiares, aun así eso no es suficiente.

Existe un vacio muy hondo en mi vida, al hacer memoria vienen a mi mente recuerdos de cuando era niño, era un niño muy frágil hijo de una madre sobreprotectora y un padre enérgico criado a la antigua. Debido a la situación económica mi madre decidió que era mejor irnos de la ciudad y estar solos, para esto tenía que trabajar mucho lavando ropa ajena y vendiendo ropa que compraba en Texcoco los fines de semana, el único objetivo era que tuviera la mejor educación posible (gracias a Dios así fue). Para poder trabajar así había necesidad de que me cuidarán mis tíos, quienes tenían 6 hijos hombres, en teoría cual podría ser el problema muchachos adolescentes que me querían mucho, mi madre apoyaba con los gastos de la casa, con lo que la vida era muy buena. Mi vida iba entre juegos, comer y dormir, recuerdo haber tenido como 3 o 4 años, de repente todo cambio, los juegos cambiaron de forma y recuerdo en una ocasión estar encerrados en una recamara con mis 6 primos tres de ellos adolescentes (entre 13-15 años) y los demás de entre 7 y 9, recuerdo estar con ellos y decirme que íbamos a jugar un nuevo juego que me iba a gustar, me bajan el pantalón y proceden a penetrarme uno a uno los tres mayores, mientras me dicen al oído que me quieren mucho, que no le diga a nadie, los demás solo observaban.
En otras ocasiones el mayor de ellos, me llevaba al baño y solo recuerdo estar girando alrededor, en espera de que abusara de mi sobre la taza del baño, no recuerdo nunca haber llorado, para mí esos eran los únicos momentos en donde existía contacto físico con alguien, mi madre llegaba muy cansada como para darme una caricia. Disfrutaba esos momentos enormemente.
Supongo que en algún momento mi madre se dio cuenta o mis tios, ya que repentinamente nos cambiamos de casa y no volvimos nunca más. Al llegar a esa nueva casa rara vez tenía contacto con vecinos, ahora mi madre me llevaba con ella, recuerdo que esto duro alrededor de 1 año, era pequeño y para mi madre era doloroso ver que yo sufría mientras ella trabajaba (no sabía que era peor lo que podía ocurrir en casa), por lo que decidió dejarme a cargo de una vecina, quien solo tenía dos hijos uno que nunca se encontraba y un adolescente de alrededor de 15 años, Jorge se llamaba. La dinámica era diferente, solo me echarían un ojo por si algo me hacía falta. Que podría resultar mal. Desafortunadamente, creo que mi fragilidad e introversión me hacían vulnerable, y en una ocasión mientras requería que me arreglaran la TV, llego Jorge y me empezó a acariciar. Yo quería una caricia, sentir que alguien me quería, tenía 6 años. Comenzó a decirme que si me gustaba que me acariciaran, que quien más me había acariciado y cómo. Inmediatamente comenzaron los abusos, yo no sabía que eso estaba mal solo quería que me quisieran un poco.  Eran departamentos y quizás lo había hecho con otros niños porque en una ocasión llegue a casa de unos vecinos (un niño y una niña) y al ponernos a jugar recuerdo estar desnudo en la cama con ambos, ella de alrededor de 9 años pedía que estuviera su hermano de un lado y yo del otro. Al recordarlo recuerdo que me dio mucho miedo, asco, comenzaba a sentirme mal.

Nuevamente mi madre opto por lo mejor para mí y nos fuimos a otra casa, nunca supe que hablaban los mayores o como, pero terminábamos en otra casa. 

Para estas épocas, ya no sentía nada, nos mudábamos de casa, mi espacio cambiaba completamente, perdía a la gente que me propiciaba las únicas caricias, me seguía hundiendo. Lo único que me mantenía firme era el estudio, me encerraba en los libros, en las Telenovelas y en la fantasía. Mi madre seguía trabajando para darme la mejor educación y gracias a Dios lo supe aprovechar. Pasaron muchos años, nos metimos a una Iglesia cristiana, conseguí una beca para una de las escuelas más prestigiosas del país y comencé a vivir, en teoría.

Nunca hubo relaciones amorosas, solo una vez me enamore de una chica de la secundaria, por única vez en la vida abrí mi corazón, el cual se rompió en mil pedazos, nunca más he vuelto a sostener una relación amorosa, durante muchos años no permitía que se me acercaran. Me daba miedo el contacto físico. Comenzaron las luchas entre la iglesia y mi orientación sexual, soy gay, no puede ser, es lo peor que le podía suceder a mi vida. El miedo al contacto, el miedo a las relaciones, el ser religioso puritano y gay fue una combinación muy complicada, la única salida que encontré fue la de las drogas, primero intente el suicidio varias veces, pero Dios tenía un plan diferente. 

Inmerso en un mundo de drogas por 15 años, intentando aceptar una realidad que paso hace 32 años, haciendo todo lo posible por vivir y aceptar que ya todo paso. Y que gracias a Dios que estoy vivo y que la vida sigue presentándose llena de posibilidades, un nuevo trabajo, con nuevas salidas al extranjero, una nueva vida y por primera vez poder decir soy Sobreviviente de Abuso Infantil.

Anónimo.

jueves, 5 de mayo de 2016

Cuando el abuso sexual empieza en nuestro entorno


La denuncia de la trata de mujeres y niños y su explotación sexual es una constante en la obra de la periodista y cineasta riojana afincada en California, Chelo Álvarez-Stehle, que acaba de conseguir el primer premio y biznaga de plata en la sección 'Afirmando los Derechos de la Mujer' del Festival de Málaga con su primer largometraje documental, Sands of Silence: Waves of Courage [Arenas de silencio: Olas de valor, en inglés].
Su biografía recoge casi dos décadas de dedicación a combatir esta forma de esclavitud desde que se topó con ella en Nepal, donde vio burdeles al aire libre que ofrecían menores de hasta nueve años y supo de templos con estremecedores rituales de niñas vírgenes.
Allí, en 1997, conoció a Anu Tamang – “me agarraron cuatro hombres y me amenazaron con matarme (…); me compraron cuatro mujeres(…), me violaron en grupo (…), intenté suicidarme”- y aquel encuentro marcó el inicio de una senda que diez años después, en 2007, la llevaría a entablar relación con la mexicana Virginia Isaías, secuestrada junto a su hija Lala de cinco meses -fruto de una violación-, torturada y obligada a prostituirse hasta que consiguió escapar y trasladarse a Estados Unidos.
Las historias de Anu y Virginia se exponen en la cinta premiada como ejemplo de esperanza y superación. Anu logró llevar a juicio a los traficantes que la raptaron y Virginia preside en el sur de California la Fundación de Sobrevivientes de Tráfico Humano. Ambas dan fe de que hay escapatoria, de que es posible superar la condición de víctima y luchar contra el tráfico de personas.
Anu inspiró Niñas de Holajata, dirigida por Miguel Bardem en 2002 para Canal Plus España, y la experiencia de Virginia anida con fuerza en el proyecto de la realizadora reconocido ahora en Málaga. De su trayectoria dan cuenta reportajes sobre la limpieza étnica en Bután o los abusos en orfanatos a niños aborígenes australianos; tanto como los cortos Sold in America [De venta en USA], estrenado en el Festival de Derechos Humanos de Montreal, y el más reciente Trough the wall [A través del muro], sobre el drama de una familia dividida por la frontera entre México y Estados Unidos.
“Mis viajes me han llevado al corazón de mujeres que han sanado sus heridas rompiendo el silencio”, expone Chelo Álvarez- Stehle, que confiesa sin ambages haber cruzado la raya que separa al periodismo del activismo para comprometerse de forma activa en la defensa de los derechos humanos.

LOS FANTASMAS DE LA INFANCIA

Sands of Silence da cuenta de su lucha contra la trata de mujeres que, asociada a la pobreza y al negocio de las mafias, no respeta etnias ni continentes.
No es su único objetivo, la película gira pronto hacia un ámbito mucho más personal. Su directora construye un relato paralelo al de Isaías, colocándose delante y detrás de la cámara, y la narración se desvía a una forma de abuso, menor pero más oculto, envuelto en un entorno doméstico, mediante el que desnuda su alma y se libera de los fantasmas que la asedian desde la infancia, contribuyendo a aumentar esas olas de valor que rompen el silencio.
Chelo Álvarez-Stehle se arma de coraje y retorna a su localidad natal, Logroño, donde rodeada de sus hermanos abre la caja de pandora, recupera el pasado y descubre su condición de víctima y pequeños abusos cometidos a su alrededor de los que nunca se ha hablado en casa.
Ella es la mayor de siete hermanos de una familia de clase media, muy conocida en la ciudad porque su padre, médico, fue senador del centro derecha en cinco legislaturas y promovió importantes proyectos de voluntariado en la capital riojana.
En su película recoge los testimonios de su hermana, de una prima, una cuñada… y el suyo propio que le obliga a enfrentarse por carta a un sacerdote a quien le reprocha que no pudiera reprimir su deseo sexual mientras le abría a los 15 años las puertas de la teología de la liberación.
“Había algo inmoral en tu afecto aparentemente inocuo, como cuando me llevabas en tu coche a tomarme un refresco y me apretabas el muslo mientras conducías”, expone en su introspectivo viaje, en que el trata de saldar cuentas con su agresor, a quien asegura perdonar.
Hay un episodio anterior, del que fue víctima su hermana Marián con 9 años en la playa de Zarautz, donde veraneaba la familia, al que ella atribuye el germen de su activismo contra la explotación sexual. Las casetas de aquel arenal anuncian hoy su película.
“Un hombre alto se puso a jugar con mi hermana (…) Fueron hasta los toldos, se metió en uno de ellos y bajó la lona (…) Sólo recuerdo un silencio aterrador como si aquel extraño le hubiera robado, me hubiera robado el aura mágica de la niñez (…) Era mi hermana pequeña y no hice nada para ayudarla”.
Paradójicamente es la hermana quien resta importancia a los tocamientos y el beso recibido aunque se aviene a levantar el velo para servir de ayuda a otras mujeres. Y es Chelo quien resulta marcada de por vida.

“EL SILENCIO NOS ESCLAVIZA”

Por esa razón el documental, que al principio se centraba en Virginia Isaías, adquirió luego “vida propia” y su autora buceó en su interior para conocer las razones del combate que libra contra la explotación sexual. Su “empatía” hacia las víctimas nacía de “un pasado enterrado que no quería remover” y al asumirlo se vio en la “obligación moral” de dar un paso al frente, según ha relatado a EL ESPAÑOL.
“La trata se había convertido en un hot topic, el tema de moda que todo periodista quería cubrir; pero yo veía que existe una epidemia mucho más extendida de violencia sexual que afecta a todas las capas de la sociedad y a todos los países, incluidos los democráticos, y de alguna forma más difícil de combatir porque es una enfermedad silenciada por el estigma social que conlleva, de la que no se habla”, asegura Chelo Álvarez- Stehle.
“El silencio nos esclaviza, porque impide la implantación de métodos para evitar los abusos, proteger a las víctimas y castigar y reformar a los transgresores”, reflexiona.
Su documental pretende abrir los ojos del espectador hacia la violencia sexual más cercana y menos visible, porque resulta “menos problemático” denunciar las redes de trata que “aceptar que seguimos callando frente al incesto, la violación y la pederastia en escuelas y eclesiástica”.
“Es mucho más fácil dar un donativo a una organización que lucha contra el tráfico de seres humanos que sentarte a discutir posibles abusos con tu familia”, concluye al exponer la complejidad de su elección.

ENCARARSE CON LOS AGRESORES

La realizadora empleó ocho años en dar forma definitiva a su proyecto, incluido el tiempo en que tardó en derribar el muro familiar.
“A mi padre le daba pavor hablar de eso”, recuerda Manuel ante la cámara entre apreciaciones comprensivas de hermanos y cuñadas, que admiten que no es plato de gusto que un relato que afecta una familia tan conocida se proyecte en el Bretón -en referencia al teatro de Logroño”.
Paso a paso Chelo Álvarez-Stehle logró vencer todas las resistencias y su pretensión actual es que Sands of Silence llegue al mayor número de público y se exhiba en todas partes, también en Logroño, donde no descarta que surjan nuevas víctimas que como su prima y ella compartan agresor, u otros casos diferentes.
Su intención es procurar que afloren los abusos silenciados, conseguir que si hay mujeres que se identifican con su historia y la de su familia se atrevan igualmente a contar su experiencia, aunque entiende que la reacción pueda ser distinta. “Algunas víctimas se encararán con los transgresores –como ella hace- otras no por lo que supondría de revictimización”, comenta.

PEDERASTIA EN LA IGLESIA

En su búsqueda interior Álvarez-Stehle recorrió los caminos del miedo, la ansiedad, la culpabilidad, el olvido, y el perdón en su doble vertiente, del que lo pide y el que lo concede. “El perdón sin reparación no es perdón; el que pide perdón debe reparar”, responde cuando se le pregunta por su alcance.
Su discurso incide en la exigencia de castigar a los agresores llevándoles ante la Justicia y en la necesidad de ensayar fórmulas de rehabilitación y tratamiento psicológico para pederastas y violadores. El mensaje se endurece al abordar la “epidemia” de pederastia eclesiástica y aboga por poner fin al celibato de los sacerdotes y a penalizar “el silencio institucional imperante”.
Da su opinión: “Por leves que sean los actos, los abusos cometidos por religiosos son muy graves, sobre todo cuando afectan a menores y adolescentes, porque suponen una violación de una relación espiritual que tendría que ser sagrada”.
Reunir en un mismo documental los abusos de los que su hermana, su cuñada, su prima y ella misma fueron objeto con la brutalidad de las vivencias expuestas por la nepalí Anu Tamang y la mexicana Virginia Isaías, conllevaba un riesgo de comparación y minimización de los primeros, presente en toda la película, que su realizadora ha creído finalmente conjurar.
“No se trata del nivel o grado de abuso sino de su impacto y de que la víctima debe liberarse rompiendo el silencio. Psicólogos expertos defienden que en ocasiones el abuso sexual infantil, incluso leve, deja huellas mucho más profundas que la trata y la tortura sexual. Además, la mayoría de las mujeres objeto de tráfico con las que me he encontrado habían sufrido malos tratos y abusos siendo niñas. Hay una conexión, puede ser el primer escalón y ambos casos están estigmatizados”.
Chelo Álvarez-Stehle dedicará los próximos años a seguir horadando ese silencio y mientras promociona la distribución de Sands of Silence retomará la producción de un videojuego. Dirigido a estudiantes de 13 y 14 años, SOS-Slaves difunde valores sobre la igualdad, la dignidad humana y el respeto al propio cuerpo y al ajeno.

lunes, 6 de abril de 2015

Las señales no siempre son iguales



Muchas veces me he topado con notas que dicen cómo identificar un caso de abuso, la verdad es que no es tan fácil de ver, algunos podemos pasar desapercibidos…

Sabemos perfecto que el agresor no tiene “cara de monstruo” al contrario, puede parecer un ángel por completo y no sólo son hombres, también mujeres y no sólo adultos, también niños… Yo tuve una agresora que tan solo me llevaba 11 años, ella era una niña cuando empezó a abusar de mi… así que no lo duden hay “angelitos” que se convierten en los peores demonios capaces de hacer atrocidades…

Otra cosa que se, es que es mentira que hay señales que los padres pueden identificar, yo no mostré ninguna señal negativa fuera de infecciones urinarias y ser algo retraída, aunque eso coincidió con que mi primo y mejor amigo enfermará y luego falleciera, así que no vieron que era señal de algo más…

Cuando los abusos inician siendo muy pequeña, no presentas señales porque no hay diferencia en lo que te pasa… al contrario, las señales aparecen cuando el abuso se detiene, porque estas tan “acostumbrado” a que te “quieran” de esa extraña manera, que cuando deja de pasar te enfrentas al “hice algo malo”, “me dejo de querer”… Yo sabía que debía portarme bien en casa para que me dejaran ir a “jugar”, así que era muy buena en la escuela, niña prodigo, hija excelente, nadie sospechaba ni en ese instante ni ahora… viví creyendo que esos abusos eran normales, no dudo que haya muchos niños en la misma situación que yo viví, pensando que son cosas normales… ¿cómo puede estar mal lo que hacen unos niños?

Cuando me entere que lo que hacíamos estaba mal, llegaron las secuelas… culpa, vergüenza, llanto, enojo, pesadillas… ¿y los adultos? Lo llamaron adolescencia, aunque había quienes dudaban… El terror de que descubrieran mi secreto, eso me hizo volver a ser “normal”, me encerré en los estudios y me cerré al mundo, aún no soy capaz del todo de identificar mis emociones… Si hoy le dijera lo que pase a alguien que solo me conoce de la escuela o trabajo, me enfrentaría a un “no te creo”, “si te ves tan normal” o cosas similares…

Un abuso puede pasar desapercibido por completo ante los demás, pueden nunca enterarse si es que así lo decidimos, no por eso no sucedió… aunque las secuelas no sean percibidas por los demás no significa que no las tengamos, yo las tengo, tengo TEPT y debo estar en tratamiento y asistir a terapia…

Un niño “normal” o un adulto “normal” puede haber enfrentado el peor de los infiernos, por ello es necesario creerles, porque solo uno mismo puede saber cuál es su historia y todo lo que hizo para sobrevivir a ella.

Anónimo 
Miembro de ASI Nunca MáMéxico

Superando el silencio del abuso



Cuando Miguel me propuso escribir para el blog me asuste realmente, es un tema complicado para quien no lo ha vivido, pero algo muy doloroso para quienes lo hemos sufrido…. Cada que intentaba escribir algo “útil” me invadían todos los sentimientos negativos que podrían imaginarse… Miedo, tristeza, angustia, culpa, vergüenza, enojo… Era un escribir-romper, escribir-borrar, escribir-quemar… Como se habrá notado soy una sobreviviente de A.S.I. o más bien fui una víctima… El nombre de “sobreviviente” no puede ser mío, yo no sobreviví…

¿Existe vida después del abuso? No dudo que si la haya, he conocido sobrevivientes maravillosas que me han ayudado en mi proceso, yotengo la esperanza de volver a vivir y no solo fingir estar viva. Hace 8 años al fin acepte lo que “me había tocado vivir”, algo que no deseo que nadie sufra pero que sé que ocurre y es más terrible que lo que las palabras pueden describir. Me encontré sola guardando un secreto insoportable que hasta la fecha sigo cargando a cuestas como si fuese yo la culpable, sé que no puede haber culpa en una niña que es abusada desde prácticamente un bebé, NADIE tiene la culpa de sufrir cualquier tipo de abuso, NADIE la tiene más que el monstruo, quien nos agrede, esa persona es la culpable, pero nos insertaron un “chip” en nuestras mentes haciéndonos creer que nosotros hicimos mal, que debe ser un secreto que nos avergüenza y complica nuestra recuperación a la vida que merecemos.

¿Tengo una buena vida? Pues sí, podría decir que la tengo. Me encerré en los libros para dar una apariencia de “todo está bien”, y hasta cierto punto resulto un escondite agradable, pronto terminaré mi posgrado a pesar de vivir enferma física y mentalmente por mis secuelas del abuso, tengo pocos amigos pero está bien, vivo aun con mis padres y ahora yo me encargo de cuidarles, todo está bien… Pero de algo estoy segura… No es realmente una vida… Porque nunca sabes cuándo llegará otra recaída, cuando volverán las pesadillas, cuando te dejaras de avergonzar si alguien sabe “tu secreto”, porque no es algo que la sociedad considere normal… No es algo que todos comprendan…

Nos queda una cosa por hacer… LUCHAR… por nosotros y por los que lamentablemente vienen tras nuestro, sé que no soy la primera que ha pasado por esto y por terrible que parezca no seré la última, POR ESO HAY QUE LUCHAR… Dejar de ignorar lo que sucede y aunque nos duela dejar de callar…

Yo sé una cosa que mi monstruo no sabe… No sobreviví, pero cuando esté lista para sanar no solo seré una sobreviviente que vive su vida normal y feliz, además haré lo que intento hacer con las fuerzas que ahora tengo, LUCHAR, hacerlo para detener a todos aquellos que se atrevan a lastimar a un ser inocente, ya no fingiré, ya no será un secreto que guarde avergonzada, NO DEBE SER MI SECRETO, NO DEBE SER UN TEMA NO HABLADO, existe, es real, es doloroso, pero para que las personas luchen por detenerlo deben saber que existe… 

ANÓNIMO.
Miembro de ASI Nunca MáMéxico

viernes, 6 de marzo de 2015

Relato de un sobreviviente.



¿Cómo reconstruyes una vida cuando esta hecha trozos, tan pequeños que no puedes sostenerlos en las manos?

Muchas veces, en un laberinto oscuro del que no alcanzo a mirar la ruta de escape, con recovecos y rincones que creía olvidados, sepultados en el pasado pero que siguen ahí recordándome lo que mientras viva voy a arrastrar el ser sobreviviente de incesto y abuso sexual infantil.

La mente que es sabia, sabe que para sobrevivir hay que bloquear el dolor, por lo que ha sido un largo camino el ir recuperando poco a poco los trozos del rompecabezas que fue mi vida. 

Mis primeros recuerdos de abusos son un tanto vagos, de cuatro años, tal vez menos, pero aun tan pequeño, en mi interior había una certeza de que algo no estaba bien, por muy niño que seas, sabes diferenciar cuando te tocan de manera diferente, ya siendo mayor hice conciencia de cuanto me habían herido y que esas cicatrices quedaron sin sanar muy profundamente.

Yo vivía en casa con mi abuelo, el hacia rituales conmigo, no solo el, habían mas personas según recuerdo, me quitaban la ropa, me abusaban, yo miraba el piso, me quería perder en el, en el color rojo oscuro del piso, recuerdo bien el color del piso, no se porque, también tenía frío, no quería que me quitaran la ropa, no quería ser tocado, tenía miedo, mucho miedomuchos adultos creen que los niños no recuerdan, que no saben, yo tenia apenas cuatro años y aun así si que sentía y sabía que algo no estaba bien, que me dolía, me asustaba, tenía miedo del fuego, me ponían en un circulo de fuego en ocasiones, en otras me daban cosas a beber, también me decían cosas, eran como ciertas ceremonias, era muy chico y aun así recuerdo bien esos detalles, algunas cosas no las quisiera recordar nunca pero creo que nunca voy a olvidar muchas cosas, vienen y van como relámpagos fugaces…

 ¿seré libre algún día? No lo sé, ya no aspiro a olvidar sino a poder recordar sin dolor, y aún no lo consigo,  cuando parece que ya voy dejando atrás esto y que puedo seguir adelante con mi vida, estos traumas vuelven a salir por una película, un recuerdo, una fotografía, una canción, un sueño, una pesadilla… es mentira que no le afecte a un niño o a un bebé que le abusen, eso no se olvida, cada vez que te abusan una parte de ti se va muriendo, yo, viví o sobreviví bloqueando todo esto, no lo recordaba y aun así siendo ya mayor y siendo independiente, pasaba noches enteras llorando sin saber por que, muriendo en vida, deprimido, triste, intente el suicidio desde que fui adolescente, en mi caso no funcionó el alcohol o drogas para olvidar, si bien las probé, pero no me funciono, no me gustaban, me hice adicto a algo mas enfermo; el auto lesionarme, hacerme daño de distintas maneras, es como castigarme y cada vez que lo hago siento un gran placer que después se va diluyendo para dejar un gran vacío y sentimiento de culpa… se que no esta bien y voy buscando diversas ayudas para superar esto pero no siempre logro vencer esa adicción, muy en el fondo deseo ser maltratado, tengo mucha culpa y mucha vergüenza en mi, aun a pesar que me digan que no es mi culpa odio mi vida, odio lo que me hicieron y odio estar tan dañado, sigo preguntándome porque a mi… y lo mejor es sobrepasar estos días negros pues llegan otros días mas luminosos en que la vida vuelve a tener cosas bonitas, detalles que alegran y donde los recuerdos se vuelven mas llevaderos.

LA PRINCIPAL ÁREA DE BATALLA ES LA MENTE, no solo en mi caso, sino en el de muchos –si no todos- los que vivimos A.S.I. pues ahí es donde todo sucede, ahí se levantan esas “fortalezas negativas” que debemos destruir, sean estos traumas, adicciones, voces, deseos o actos destructivos o recuerdos que no nos dejen vivir.

Mi mente regresa a esos episodios en casa de mi abuelo, esto no fue una vez, fueron muchas, fueron varios rituales, también otras personas lo hicieron conmigo, me llevaban a distintas casas, me daban cosas a tomar, me tocaban o abusaban y recuerdo que cuando  terminaban me llevaban de regreso en auto y yo me pasaba recargado en la ventanilla del automóvil llorando sintiendo un profundo asco, asco de mi de lo que me hacían, de no poderme defender o escapar de esto… a veces me lastimaron con cosas mientras me abusaban, creo que mezclan las supersticiones con abusos sexuales y también torturas o sexo sádico en grados… recuerdo que pedí ayuda alguna vez pero no me creyeron, eso me confundió mucho pues no es que no me creyeran, es que no me ayudaban, eso me estaba acabando, del miedo, del pavor, sorprendente mente a la par que esto sucedía yo también llevaba una vida normal, o lo más normal posibleestos episodios eran esporádicos, también vivía el abuso en mi propia casa, esto me empezó a pasar después que regrese de casa de mis abuelos, donde viví unos años a vivir a casa de mis padres, después entendí que seguramente mis papas tenían problemas como pareja, pero siendo chico no hay mucho que uno pueda hacer, la vida es como es y ya está...

Muy chico entendí que mi rol era hacer feliz a mis padres y a mi familia, no dar problemas que todo estuviera en calma, mis padres se gritaban mucho, peleaban a diario, y esto me alteraba mucho después dejaron de compartir el cuarto, mucho tiempo después, siendo adulto entendí que no tenían intimidad como pareja, pero siendo chico no sabia nada de esto, tampoco sabia porque mi papa se acostaba conmigo, solo sabia que le quería mucho y el a mi y que debía ser muy cariñoso con elque le gustaba estar conmigo y que estaba muy enojado con mama así que debía contentarlo, y acostarme con el… mi cuerpo sentía muchas cosas, si, pero no sabia que esto estaba mal, me gustaba eso, mi papa nunca me lastimo como antes me hicieronno relacionaba una cosa con otra, pues unos eran los abusos con rituales que viví mas chico y otra muy diferente para mi era lo que pasaba con mi padre, yo mas bien sentía que era muy cariñoso conmigo, y nunca me obligaba ni me forzaba a nada, para mi era natural dormir con el, esto era mi realidad, no algo raro o traumatizosi alguna vez me dolía lo que pasaba el paraba, es duro decir esto, pues también me gustaba y después que me fui dando cuenta me hacia sentir una inmensa culpa, mas cuando fui creciendo y entendía que mis amigos no vivían eso con su papa, cuando entre en la adolescencia fue que entonces me hice muchas preguntas y que nació en mi mucha culpa y deseo de morir, y lo intente varias veces, cometí intento de suicidio varias veces desde los quince años, muchas veces me reanimaron y estuve internado en varios hospitales por eso y anorexia y depresión, pero lo que la medicina no puede curar son las heridas que van quedando en el alma, en el interior, el saber que soy un objeto de los demás, que pueden hacer lo que quieran conmigo, el que no me dejen experimentar mi propia sexualidad, que te trastornan tu sexualidad e identidad al grado de aborrecer el contacto físico, el que te abusen, te violen, que a veces te maltraten o te torturen en rituales, como se sana de eso?????.

Si alguien lo sabe me gustaría que me lo dijera porque no consigo sobrepasar esto… lo mejor que puedo hacer es seguir viviendo, aprovecho los días buenos y sobrevivo a los malos.

Cada vez que me abusaban, sentía una gran culpa, además de una gran suciedad recorriendo mi cuerpo, desde que recuerdo esas son mis grandes compañeras de toda la vida; las pesadillas, sobre todo en las que estaba desnudo y todos me veían, o mi cuerpo lleno de llagas asquerosas, mas allá de las pesadillas también tengo recuerdos que me afectan mucho, en cualquier momento regresan, como cuando me obligaban a hacer sexo y yo lloraba y me golpeaban para que no me resistiera, al fin cedía y una voz en mi mente decía “tu naciste para esto, naciste para sufrir” recuerdo que muchas veces me dolía lo que me hacían, me violaban pero también usaban cosas para lastimarme, otras veces no, era mas “suave” pero de todas las cosas físicas, la peor secuela esta en el alma, en los recuerdos, en la inocencia que te quitan, el no tener un noviazgo como los demás chicos, o tener miedo de dormir, miedo de estar despierto, miedo de recordar, sentirse sucio todo el tiempo, que no vales nada que no mereces ser querido, que debes sentirte culpable constantemente… sentir la necesidad de lastimarme y de no seguir viviendo, actualmente he tratado de hacer las paces conmigo mismo, perdonar a mi abuelo, a mi papa, a los hombres y aun mujeres que me abusaron y violaron siendo niño y aun adolescente y adulto, porque al ser abusado de niño uno crece sin esa capacidad que todos tienen de auto-protegerse… hasta que cumplí 30 empece a defenderme de los abusos, no solo sexuales o físicos, de cualquier tipo, también he aprendido o voy aprendiendo a disfrutar las cosas bonitas que la vida nos ofrece, como abrazar a los demás, comprarse una camisa o verme al espejo, disfrutar la comida… cada una de esas cosas es para mi un reto.

No es posible borrar ese pasado, pero si se puede intentar vivir el resto de nuestros días y ese presente de una manera diferente, yo creo que hay una llave que puede traspasar esa puerta infranqueable del odio a mi mismo, del temor, el terror a dormir y tener pesadillas, las ansias de lesionarme, el deseo del suicidio, la depresión…. Esa llave es el perdón, perdonar, a los que nos maltrataron, martirizaron, violaron abusaron etc… a los que nos quitaron las ganas de vivir, perdono a los que me violaron, abusaron, drogaban, a los que me usaron para rituales, perdono a mi abuelo, perdono a mi papa y creo que fui victima de victimas, porque esas personas que me hicieron eso y mas, que los llevo a ser así???? ¿¿¿Qué tuvo que pasar en sus vidas para que se divirtieran martirizando a un niño??? Seguramente muchas cosas malas y se fue formando un circulo vicioso pero ese circulo se rompe aquí conmigo porque decido perdonar… no es fácil, pero es una decisión, no es un acto de sentimiento nada mas sino de voluntad, es algo con lo que tengo que trabajar cada día, porque sigo sintiendo mucha depresión y caigo en rachas de volverme a cortar a lastimar, etc… pero también tengo días buenos, días nuevos en que respiro el aire puro mientras salgo a correr y me dan ganas de seguir vivo y aquí, y hacer el bien con lo poco que puedo hacer y con el tiempo que me resta con vida… no me engaño, se que estoy muy mal a niveles muy profundos, he tenido terapia con varias psicólogas y doctores y he llegado a la conclusión que mi caso es serio y que estoy muy dañado, que tal vez no resuelva todas las heridas pero puedo tratar con cada una, una a la vez y que no importa si no resuelvo todo… sino en no rendirme, lo demás no esta en mis manos, en mis  manos solo esta el tiempo que se me ha concedido, yo no puedo decidir que cosas vivir, miles de veces he maldecido mi vida y he deseado nunca nunca haber nacido pero, eso no lo puedo controlar, solo aceptar… aceptar el pasado es una manera, la mejor manera pienso yo, de dejarlo ir y vivir el presente, el aquí y el ahora como se me va presentando y es la mejor enseñanza que puedo compartirle a quien como yo sea victima o sobreviviente de incesto, si…. Igual la vida puede ser un infierno con nuestras secuelas… pero no tiene que ser solo eso, no permitamos que lo que nos arrebataron antes nos siga atormentando hoy… yo antes culpaba a Dios por esto, ahora creo que El me permitió vivir esta vida para transformar esas tinieblas en luz, ¿es fácil? No. Preferiría haber tenido otra vida u otra misión pero esto es, y hay que tener valor.

Anónimo.