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viernes, 5 de febrero de 2016

Juzgados que amparan abusos a la infancia

Susana solicitó protección para su hija, que había contado ante un juez cómo su padre “le ponía la cabeza en la zona de sus genitales y le hacía daño con los dientes de abajo y la mano”. A pesar del relato de la menor, el Juzgado de Instrucción de Plaza de Castilla consideró que no había elementos para suspender el régimen de visitas “y más en estas fechas que se avecinan en donde la relación entre padre e hija será intensa y prolongada”, refiriéndose a las Navidades. El procedimiento se archivó. Más tarde, fue remitido a otro Juzgado de Plaza de Castilla que, sin practicar ninguna diligencia de investigación, lo volvió a archivar. Fue entonces cuando llegó a ambos juzgados un informe del Centro de Atención a la Infancia (CAI) del Ayuntamiento de Madrid en el que, tras cinco meses de peritaje con la menor, se valora “la existencia de indicios compatibles con la existencia de abuso sexual intrafamiliar”. Dicho informe también fue remitido a la Sección de Menores de la Fiscalía Provincial de Madrid, solicitando “practicar la adecuada protección de la menor”. Sin embargo, el último juzgado sobre el que ha recaído el caso, el Juzgado de Familia, está obligando a la niña a acudir a las visitas con su padre tras haber desestimado las medidas cautelares de protección. Para este juzgado, “el citado informe del CAI carece de la fuerza probatoria que se pretende hacer valer por la parte actora (la madre)”. El archivo ha sido recurrido ante la Audiencia Provincial pero, por el momento, madre e hija siguen a la espera de que ésta se pronuncie.
Archivan incluso casos en los que los médicos forenses constatan que hay traumatismos en los genitales
Son muchos los casos de este tipo que se archivan, “incluso existiendo partes de lesiones desoladores en los que los médicos forenses constatan pruebas físicas contundentes, como traumatismos genitales”, explica la abogada de la Asociación Infancia Libre. Ésta aclara a Diagonal que, aunque los jueces no contemplan por escrito el Síndrome de Alienación Parental (SAP) –desorden psicopatológico por el que un niño o niña rechazaría a uno de sus progenitores, alienado por el otro progenitor– en ninguna de sus sentencias, dado el carácter acientífico de esta teoría, “subyace en el pensamiento de la justicia española el prejuicio de género que considera que las mujeres que denuncian a sus exparejas por abusos sexuales lo hacen porque están resentidas”. Así, no sólo los abogados defensores de los padres, sino también los jueces y los servicios psicosociales adscritos a cada juzgado, siguen creyendo que existe una manipulación de los menores por parte de sus madres a la hora de testimoniar este maltrato. “Es más fácil pensar que las madres son unas despechadas antes que reconocer y corregir las razones por las que uno de cada cinco niños sufre abusos sexuales intrafamiliares en Europa”, añade la abogada citando datos del Consejo Europeo.

“Prefiero verla muerta”

“La frase recogida en el atestado policial del padre [‘prefiero verla muerta antes que no verla’] no denota intención alguna de causar un mal a su hija y previsiblemente estuvo provocada por la desesperación derivada de la imposibilidad de ver a su hija y por el hecho de verse imputado por un delito de abuso sexual contra la misma”. Ésta es la conclusión a la que llega otro Juzgado de Plaza de Castilla en su providencia de noviembre de 2015, valorando al padre como no culpable sin haberle tomado declaración. La menor a la que se refería este padre tiene que huir cada martes y cada viernes de cada semana para no ver a su progenitor. Este procedimiento también se ha archivado, con razonamientos jurídicos que corroboran que, aunque no se mencione el SAP, los jueces siguen relacionando las denuncias con la manipulación materna: “La denunciante, por un sincero temor o por el motivo que fuere, muestra una voluntad férrea de que su hija no esté con su padre y le transmite de forma clara y dinámica, siendo posible que la menor haya ido interiorizando que su madre sufre enormemente cuando ella está con su padre y que, cuando cuenta cosas como las denunciadas, su madre se siente reforzada para luchar contra el deseo de su padre de verla”.
En el caso de Viviana, la jueza obligó a madre e hijo a asistir a un centro de salud mental con el fin de que ella “restructurase su sistema de ideas y creencias” y que el niño se preparase para iniciar las visitas con el supuesto abusador. En octubre de 2014, esta madre se querelló contra el equipo psicosocial adscrito a los juzgados de Valdemoro por un delito contra la Administración de Justicia en su modalidad de emisión de dictamen falso de los artículos 459 y 460 del Código Penal. La querella, sobreseída de plano y recurrida después, estuvo más de ocho meses metida en un cajón. Tras varias quejas al Consejo General del Poder Judicial y al Defensor del Pueblo, finalmente ha sido inadmitida sin practicar diligencia alguna.
Muchas madres se enfrentan a cuantiosas multas por incumplir el régimen de visitas estipulado por el juez
En el caso de Victoria. el equipo psicosocial del juzgado había aconsejado que el menor debía vivir con el padre y consideraba someter a la madre a intervención especializada para modificar su interferencia en el mantenimiento de las relaciones paterno-filiales, a pesar de la existencia de informes psiquiátricos, partes médicos y la denuncia de una profesora del menor en la que también acusaba al padre de abusar del niño. “Los informes de estos profesionales [el equipo psicosocial del juzgado] son asumidos acríticamente por los jueces, sin importar que no se les exija especialización en psicología infantil o abuso sexual a menores, o que sus métodos carezcan de garantías procesales, ya que no son públicos, y sus peritajes, insuficientes en número y tiempo, no son grabados”, confirmó el Defensor del Pueblo en la reunión que mantuvo con los representantes de Infancia Libre.
Otra muestra de la falta de garantías es el hecho de que estos funcionarios sólo citan para evaluación a la madre y al menor. “¿Quién debería ser investigado por abusos, la madre y el menor o el padre?”, se pregunta indignada la abogada de la asociación. “Igual que una mujer cuando dice que su marido le pega o amenaza y los jueces no hacen ni caso, con los abusos a menores ocurre lo mismo con el añadido de que el único adulto que los defiende, la madre, tampoco es creída”, alegan desde Infancia Libre. De hecho, Save the Children destacaba en su último informe de 2013 que los tribunales obvian por lo general durante el proceso el hecho de que en la mayoría de denuncias también hubiese indicios o pruebas de violencia machista hacia las madres, según señala una de las afectadas de la asociación.

Desobeder lo injusto

Al hecho de que las declaraciones de los testigos directos (los menores) y los informes de especialistas, expertos en la psiquiatría infantil pero ajenos a los juzgados, no cuenten para la Administración Pública frente a los de los peritos, se suma la negación recurrente de los juzgados de familia de ordenar medidas cautelares, como la suspensión del régimen de visitas, que eviten el peligro de que los menores vuelvan a ser agredidos. De hecho, en los casos ya archivados, aunque el sobreseímiento no descarte que se haya producido el abuso sino la insuficiencia de base probatoria sobre la que desarrollar el proceso, los juzgados de familia suelen adoptar precipitadamente decisiones en materia de custodias y visitas poniendo en riesgo a los niños. Es entonces cuando comienza para las madres y sus menores “el auténtico calvario”, en palabras de la abogada de Infancia Libre. Muchas de ellas deciden arriesgarse a ser imputadas por un delito de desobediencia tras incumplir el régimen de visitas estipulado por el juez. Es el caso de Laura, cuyos hijos de 11 y 12 años están obligados por un juzgado de Violencia de Género a ver a su padre a pesar de haber explicado ellos mismos ante dicho juzgado que no quieren verle. Con 900 euros de paro, esta madre tiene que hacer frente a multas de 300 euros al mes porque los menores se niegan a ir con su padre, a pesar de que el Observatorio Estatal de Violencia de Género reconozca en su último informe de expertos en psiquiatría que a los menores no se les debe presionar a hacer algo que no quieren hacer. Si esta madre incumple el régimen de visitas, la guarda y custodia pasará a manos del padre, amén de las condenas por falsa denuncia y por desobediencia.
Los psiquiatras advierten del peligro de revictimización de los menores por parte del sistema judicial
En palabras del doctor José Luis Pedreira Massa, responsable de psiquiatría infanto-juvenil en Clínica La Luz de Madrid, el hecho de que estos niños tengan que seguir conviviendo con sus padres y de que los abusos puedan, por tanto, persistir en el tiempo, puede provocar graves secuelas en los menores, especialmente trastornos de comportamiento y conductas disociadas en el futuro. “Es muy difícil tratar a un menor que ha sufrido una agresión, pero es mucho más complicado si estos abusos continúan produciéndose. En muchos casos el niño puede llegar a convertirse en un maltratador de mayor”, explica Pedreira. En concreto, en uno de los casos que ha llegado a la asociación, en el periodo en que el menor siguió viendo a su padre llegó a sufrir un 37% de retraso en su desarrollo madurativo y a autolesionarse, introduciéndose un dedo en el ano, tal como había denunciado que le hacía su padre. El psiquiatra, además, hace hincapié en el peligro de revictimización de los menores por parte de nuestro sistema judicial y, en especial, de los servicios psicosociales: “Su método de comprobación de la fidelidad del testimonio del menor consiste en hacerle repetir una y otra vez lo ocurrido, forzándole a revivir una experiencia perjudicial para él”.

La alianza entre capital y patriarcado

Desde la Asociación Infancia Libre han llevado sus quejas y propuestas a distintos representantes políticos. En el caso de la Comunidad de Madrid, en el próximo Pleno del 4 de febrero la diputada de Podemos Isabel Serra pedirá explicaciones a la Consejería de Políticas Sociales y Familia sobre el funcionamiento del Centro Especializado de Investigación del Abuso Infantil (CIASI) y el trabajo de los equipos psicosociales, ambos competencia del gobierno autonómico. En la Comunidad de Madrid, el CIASI nació en 2005 ya privatizado. “Sus empleados han llegado a recomendar a las madres no denunciar los abusos sexuales de sus hijos. Esto responde a la política del PP en esta comunidad, que ha destruido o privatizado todos los servicios sociales para que los gestionen empresas de sus amigos y hagan negocio”, señala Serra.
En el caso de la Asociación para la Protección del Menor, encargada de la mayoría de estos centros en España, la organización está presidida por Marisa Sacristán, miembro de los Legionarios de Cristo, cuyo fundador fue acusado de abuso sexual infantil. Sacristán, de ideología ultracatólica, fue pionera en importar la visión de la teoría del Síndrome de Alienación Parental a través de los puntos de encuentro familiares.
Tal y como señala Isabel Serra, diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid, detrás de lo que parece una respuesta neomachista al abordaje institucional de la violencia contra las mujeres y los menores, se encuentran los intereses económicos de las empresas privadas que gestionan los puntos de encuentro familiares. Estos centros, donde los menores son entregados por sus madres durante las horas establecidas por el juez para que vean a sus padres, reciben fondos públicos de hasta 3.000 y 9.000 euros por expediente. En ellos, sin embargo, no se llevan a cabo intervenciones psicológicas con carácter terapéutico para los menores ni existe supervisión de padres e hijos durante las horas de encuentro. Se limitan a “facilitar o, mejor dicho, forzar la relación del hijo con su progenitor”, aseguran desde Infancia Libre.

domingo, 11 de agosto de 2013

Sólo se trata de creer erradicar la utilización del Síndrome deParental (SAP


Graciela Dora Jofre, jueza de Paz de Villa Gesell, reflexiona sobre la importancia de erradicar la utilización del Síndrome de  Parental (SAP) en casos de presunto abuso sexual infantil por parte de los padres, y advierte sobre la necesidad urgente de implementar la perspectiva de género en todos los ámbitos de la Justicia



“Era un juego, vos consentiste”, dijo mi padre cuando, a los 30 años, lo saqué a la luz por fin. (
En la entrevista realizada con el niño se da esta transcripción de la misma:
“... Quiere lavarse las manos y lo acompaño. Al regresar del baño, se sienta en un rincón, toma los dos muñecos de la caja y, observándolos, pregunta si se les puede sacar la ropa a ambos (Barbie y muñeco varón). Intenta desvestir a la muñeca, luego me pregunta si se puede sacar la ropa del muñeco. Me explica las diferencias entre ambos... Su actitud cambia, habla más pausado, y su rostro toma un tono más serio. Se mantiene unos minutos, observando los muñecos e intentando desvestirlos y preguntándome acerca de cómo sacarles la ropa a ambos. Y dice: ‘¿Hablamos ahora?
Psic.: Bueno, ¿de qué querés hablar?
T.: Mi papa me tocó el culo.
Psic.: ¿Fue una palmadita, como dan a veces los padres? (le hago el gesto sobre el muñeco).
T.: No.
Psic.: ¿Qué hizo?
T.: Me metió la mano adentro’.”

***

Confesiones como éstas aparecen tras años de silencio o de falta de credibilidad por parte del núcleo más cercano de las víctimas de abuso sexual. Lo más usual suele ser la confesión a un amigo/a, a la madre o, en las edades más tempranas, a un docente. En los últimos diez años, el incremento del uso de las redes sociales y el eco en los medios de comunicación en Argentina ha sido una válvula de escape de confesiones, de difusión y concientización contra este tipo de abusos, aunque a la par se hayan incrementado la pedofilia o el consumo de pornografía infantil. Lamentablemente, el secreto silenciado –tanto mental como corporalmente– rara vez sale a la luz en los primeros años de vida. La compleja relación entre abusado y abusador suele dificultar que el niño/a o adolescente cuente lo padecido. Abuso de poder y sentimientos ambiguos se mezclan y es allí donde se requiere de ayuda y de contención.
Graciela Dora Jofre es oriunda de Quilmes, se recibió de abogada en 1978 en La Plata, en medio de la última dictadura militar. Luego, al formar su familia (es madre de dos varones) decidió radicarse en Villa Gesell. Allí, hace 17 años que es jueza en el Juzgado de Paz. En los últimos nueve años se ha interesado y formado sobre el Abuso Sexual Infantil (ASI), el incesto y la violencia de género en el marco de procesos de familia.

Ahora estamos más acostumbradas a que las mujeres ocupen puestos importantes de poder. En tu caso, en el ámbito judicial, ¿cómo describirías tu experiencia?

–La describiría como un proceso de crecimiento. En la ciudad han aumentado los casos focalizados en Derecho de Familia y de violencia de género, aunque también fuera de la ciudad, además de que casos concretos me llevaron a profundizar en abuso sexual infantil e incesto. Esto me obligó a formarme al respecto a través de otras disciplinas más allá de lo jurídico, como la psicología, por ejemplo. En 2005 tuve un caso que me marcó mucho. En medio de un proceso de familia apareció un caso de incesto. A raíz de esta experiencia aprendí que más allá de lo que una pueda inferir o intuir se debe tener mucho cuidado a la hora de juzgar. Así comencé a leer a expertos como Irene Intebi, presidenta de la Sociedad Internacional para la Prevención de Abuso Sexual Infantil (Ispcan, por sus siglas en inglés,) quien escribió El abuso sexual en las mejores familias, o al juez Carlos Rozanski.

¿Aumentaron también las denuncias de madres que se han animado a contar lo padecido tanto ellas como sus hijos y solicitar su defensa?

–Sí. La reacción natural de la madre cuando la criatura logra relatar la experiencia incestuosa genera un trauma y muchas veces tiende a minimizarlo o negarlo. Pero cuando esa madre cree el relato del niño/a y recurre a la Justicia, lo que pretende es protección, porque sola no puede. Cuando hablo de Justicia, me refiero no sólo a jueces, sino también a abogados o asesores que generalmente estigmatizan a las madres y a sus hijos, se desconfía de las denuncias y padecen largos calvarios. ¿Te suena a otras épocas de la Argentina y a otras madres? Lo más terrible es que se debe privilegiar el bienestar del niño/a como lo indica el derecho al “Interés superior de niñas y niños”. Entre otras garantías, ellos tienen derecho a ser oídos, a expresar su opinión libremente y a ser asistidos por un abogado que represente sus intereses en particular. Cuando el niño logra hablar (y a veces no lo hacen en la niñez, sino ya en su adultez) generalmente lo hace a alguien en quien confía, sea un docente, un psicólogo, un familiar. Irene Intebi dice que “el abuso sexual infantil es un balazo psíquico”. Por lo tanto la figura del abusador se vuelve depredadora del aparato psíquico del niño y es mucho más traumático cuando el abusador es el padre o un familiar cercano.

Además, la familiaridad con el abusador suele generar ambigüedad en el niño/a, que puede por un lado despreciar lo padecido y, sin embargo, fuera del abuso, tenerle cariño a esa figura...

–Tiene la envergadura de una epidemia. Actualmente, hay cada vez más prostitución, pornografía y explotación infantil y esto significa que hay clientes. Y si hay clientes es que hay muchos abusadores de niños. Por eso hay que indagar sobre qué es el abuso sexual infantil. En mi rol veo aparecer casos en el marco de un proceso civil, después de una separación, por regímenes de visita, por tenencia; aunque no dejan de estar vinculados con la violencia de género. El psicoanalista y perito psicólogo Osvaldo Fernández Santos hace una comparación muy interesante entre las violaciones y las situaciones de abuso en la última dictadura militar y señala que la relación de tortura dentro de la familia se vuelve mucho más grave. Como también afirmaba la psicoanalista Alice Miller, el abusador suele ser una figura querida. Allí radica la dificultad del relato del abusado.

Desmitificar el SAP

El Síndrome de Alienación Parental (SAP) es un término que el profesor de psiquiatría estadounidense Richard Gardner acuñó en 1985 para referirse a lo que él describía como un desorden psicopatológico en el cual un niño, de forma permanente, denigra e insulta sin justificación alguna a uno de sus progenitores, generalmente al padre. Incluso, como perito, llegó a acusar a las madres de “lavar el cerebro” de sus hijos e hijas. Sin embargo, dentro de la comunidad académica el SAP carece de consenso y se lo considera seudocientífico. Sin embargo, el SAP actualmente cuenta con el apoyo de grupos de padres que han sido alejados de sus hijos por causas judiciales, por los abogados que los defienden en casos de divorcio y lo utilizan como defensa y también por numerosos peritos.

¿Cómo explica que siga vigente la utilización del SAP en la defensa de padres/familiares acusados de abuso sexual infantil o que se la acuse de garantista sólo de los derechos de las mujeres por ir contra este tipo de defensas de los acusados?

–Resulta paradigmático, su mentor resultó ser pedófilo y terminó suicidándose. Fue quien impulsó el poner en duda los relatos de las madres. Lo mismo sucede con las denuncias de las víctimas de violencia de género, hechos que no dejan de afectar al menor. En esta línea, han sido importantes los aportes de Sonia Vaccaro y Consuelo Barea sobre “El pretendido síndrome de alienación parental”, un estudio minucioso de la teoría del SAP. Considero que debe haber un replanteo en los procesos judiciales de familia, creerles es fundamental. Pero, a veces, los cambios llevan muchos años. Es necesaria una mirada con perspectiva de género en la Justicia. No debe olvidarse su función primaria: la defensa del más vulnerable. Como jueza civil puedo aplicar medidas protectoras pero éstas deben tener continuidad en la instancia penal. Tanto los niños, como víctimas de abuso sexual infantil, y las mujeres, como víctimas de la violencia de género, tienen muy poco acceso a buenas defensas técnicas o a ser querellantes. Muchas recurren a defensorías oficiales y en Villa Gesell tenemos suerte de que no estamos saturados como suele suceder en ciudades más grandes como Buenos Aires, y ahí ya no basta ni la capacitación ni la mejor intención del profesional.

¿Esta falta de protección también podría evidenciarse en la obligación a la “revinculación” de las criaturas con sus presuntos abusadores?

–Así es. A medida que se ha comenzado a denunciar y que han salido las situaciones del ámbito privado se ha utilizado la revinculación de un modo forzado. Cuando se obliga al niño a ver a la figura acusada de abuso se lo está revictimizando. Entonces tanto los abogados y los jueces que avalan estas prácticas están yendo contra los derechos de los niños. Hilda Marchiori, psicóloga y criminóloga experta en victimología, valoriza la protección de la criatura y afirma que pensar que los niños mienten es un mito. En esta línea también puedo mencionar a María Cecilia López, quien en coautoría con María Beatriz Muller escribió en Los dibujos en el abuso sexual infantil. Afirma respecto de los dibujos de los niños y su interpretación que se les nota en gestos, lo expresan en su cuerpo, que no pueden sostener en el tiempo las mentiras. Las connotaciones sexuales son importantes marcadores de detección. También es interesante el planteo que hace al respecto Fernández Santos al diferenciar revinculación con reconciliación. El alega que no podés establecer una relación u obligar a una criatura si del otro lado la persona jamás va a reconocer el abuso. Todo conlleva a hacer una revisión más profunda: ¿Qué constituye una familia? ¿Qué es ser padre? No es una cuestión biológica, sino que se construye con amor, con respeto a la libertad de ser de los niños. Si un hombre dentro del uso de la figura de poder en la familia ejerce violencia sobre la criatura no es un padre, es un monstruo. No se trata de cuestionar a la familia. Muchas veces se cree que el abusador tiene una personalidad sospechosa que se percibe a simple vista y no es así. O que sólo las violaciones se dan en las clases sociales más vulnerables. Los abusadores suelen ser personas que en su vida diaria tienen buen trato con los demás, que pueden tener poder, dinero, ser brillantes intelectualmente.

En marzo pasado hubo un fallo tuyo que marcó precedente en la ciudad y alrededores al reconocer y valorizar per se la palabra del niño como elemento esencial para fundar la denegatoria a un régimen de visitas a favor del padre sospechado de abuso en perjuicio de su hijo, con independencia del estado en la tramitación de la causa penal que lo incriminaba...

–En este caso concreto, como me sucede en otras situaciones, traté de focalizar mi mirada en el niño. El fallo se apoya en dos relatos realizados por el niño ante su terapeuta, a fines de 2009, y otro en febrero de 2011 ante una perito oficial en el proceso. Afortunadamente, en la instancia penal se respetó mi postura, pero son casos excepcionales por lo general, tal vez por ello las repercusiones. Muchas veces el abusado confiesa fuera del ámbito judicial, fuera de una audiencia. Por esto es que considero que hay que creerle a la madre o al niño/a que logra confesar y denunciar. Además, estadísticamente, la mayoría de las denuncias de abuso sexual son reales (la cantidad de alegaciones falsas es solamente del 8 por ciento).

Siguiendo esta necesidad, la de que la presunta víctima sea escuchada, ¿es que decidís hacer el petitorio de la instalación de una cámara Gesell en el juzgado?

–Sí. Hace varios años que estoy tras este pedido. Aproveché la visita, hace un mes, del doctor Héctor Negri, actual presidente de la Suprema Corte. Le comenté que consideraba importante la instalación de una cámara en la ciudad y en la zona. Será el primer Juzgado de Paz de la Provincia de Buenos Aires y el primer Juzgado en el Departamento Judicial de Dolores en tener una cámara Gesell. En un mes aproximadamente estará terminada. Con esto no pretendo que se aplique la escucha del niño de un modo cartesiano. Me refiero a buscar todos los elementos que la ciencia de otras disciplinas como la psicología y la psiquiatría tienen para poder decodificar y dilucidar lo que el chico dice y siente.

En estas semanas trascendió la importancia del uso de la cámara Gesell para obtener el testimonio del hijo de 10 años de Susana Leiva, asesinada supuestamente por su pareja, el portero Alberto Ponce, a quien también se investiga por posible abuso sexual del niño, en la localidad bonaerense de Temperley. ¿Qué requisitos son exigidos para que un niño declare en cámara Gesell?

–Previamente se evalúa multidisciplinariamente si el niño está en condiciones de hacerlo. El aporte es muy importante porque el niño puede hablar con la psicóloga u otro profesional en un marco de mayor protección.

¿Creés que en los últimos años, a la par del aumento de casos relacionados con las problemáticas anteriormente citadas, ha sido fundamental la actuación mancomunada con instituciones y profesionales de otras ciudades o provincias?

–Sí, tengo mucha relación con Mar del Plata, por ejemplo. Allá está el grupo de la Red Solidaria, que brinda apoyo terapéutico y asesoramiento. Es muy importante también la interconexión entre las víctimas. Poder escribir sobre fallos de otros colegas. El Derecho debe ser menos academicista y más humanista. La abogacía no puede ser una profesión de mercenarios. Debe haber perspectiva de género desde los espacios de formación como lo son las universidades, integrar a profesionales de otras disciplinas. Es el desafío que se viene. El pater familias (en latín: “padre de familia”) rigió desde la antigüedad, desde la concepción patriarcal tenemos que avanzar hacia un Derecho con respeto hacia el varón y hacia la mujer. Me parece un mensaje esperanzador para los jóvenes que estudian actualmente Derecho. Volver al origen, a la justicia social. La temática no abarca solamente a niños y niñas, sino también a adolescentes. Sería entonces muy importante que en los colegios se implemente realmente la Ley de Educación Sexual para reforzar la prevención y la información.


Por Carolina Selicki Acevedo