miércoles, 22 de mayo de 2013

¿Cómo son los agresores infantiles?


Opinión de una psicóloga. Quienes cometen agresiones sexuales frente a niños tienen apariencia normal y son conscientes de lo que hacen, sin ninguna patología que los haga incapaces de reconocer las consecuencias para él o ellas y para los niños o niñas agredidos


Contrario a lo que se puede pensar sobre quienes cometen agresiones sexuales contra infantes, estas personas tienen apariencia normal y son  conscientes de lo que hacen, sin ninguna patología  que los haga incapaces de reconocer las consecuencias que puede tener lo que hacen en ellos o ellas  (como adulto) y en  los menores agredidos.

Esto lo explica la psicóloga  clínica infanto-juvenil y experta en abuso sexual infantil Arisleydi Sánchez, quien dice que es difícil   clasificar la tipología de los agresores sexuales, pues “no existe un perfil único que dé respuesta al porqué estas personas se sienten atraídas por los niños y niñas. Tampoco se ha encontrado un determinante aislado, sino que se debe a una conglomeración de factores que los hace sentirse atraídos sexualmente”.

La estudiosa de la conducta humana dice que algunos autores del tema e investigaciones agrupan algunas de las situaciones de historia familiar que podrían, conjugándose, desarrollar este tipo de conducta, como por ejemplo,  haber sido testigo o víctima de violencia intrafamiliar; ser abusado sexualmente en la niñez y/o adolescencia;  baja autoestima; padre y/o madre con una comunicación patológica en temas de privacidad, límites, amor y afecto; déficit en las habilidades verbales y asertividad y exposición y consumo de alcohol y drogas.

“A esto se le suma el detonante que produce la excitación sexual desviada en estas personas, que puede ser cognoscitivo, afectivo, fisiológico o relacionado con el desarrollo”, señala.

El  perfil del agresor. Según las investigaciones entre un 65% y 85% son familiares cercanos del infante. Los abusadores intrafamiliares (dentro de la  familia del menor), suelen tener más de 35 años de edad, y  una carrera universitaria. Utilizan la seducción o el engaño para atraer a sus víctimas.

Arisleydi Sánchez explica que este tipo de abuso dura más a través del tiempo y no suele haber penetración, pero es el que causa mayores traumas a las víctimas por el rompimiento del vínculo emocional que tienen los niños o niñas con estas personas.

¿Cómo evitar que un hijo sea abusado?    Se debe trabajar en lo que se llama prevención primaria, que no es más en la orientación, educación y sensibilización de un tema como el de abuso, antes de que  ocurra, como una forma de tratar de evitarlo.

A modo general, hay que incrementar los factores de protección: patrones de crianza de estilo democrático, núcleo familiar estable, sólidas relaciones afectivas y de apego, manejo del tema de la sexualidad de forma abierta y adaptada a la edad de cada hijo, familias con roles claros...Desde el plano de los padres con sus hijos e hijas: desde temprana edad deben tratar de educar a sus hijos e hijas sobre el derecho que tiene sobre su propio cuerpo, hablarles de que pueden decir que no, aunque se trata de  personas cercanas o familiares, conversar sobre las partes privadas, su cuidado y protección.

También se les debe instruir en la diferencia entre caricias buenas y malas, secretos buenos y malos, comportamientos sexuales adecuados y no adecuados.

Las familias, los padres como cabeza, así como los centros educativos, el Estado, la sociedad, deben invertir en programas de desarrollo de prevención y educación sexual infantil. Es responsabilidad de todos tener niños, niñas y adolescentes sanos física y emocionalmente, desde el plano afectivo, conductual, sexual. 

ZOOM

 El  aumento los casos
La psicóloga dice que el aumento de los casos de violaciones se debe a que las personas tienen un mayor nivel de conciencia sobre el tema. Ahora se perciben más casos porque  la gente lo denuncia. Ya estos casos no  se manejan con prudencia  y en silencio, lo se solía hacer  supuestamente  para evitar la verguenza; generalmente no creía en la palabra de la víctima, se entendía que los niños y adolescentes podían estar minetiendo, y  pensaban que la justicia no iba a actuar y a resolver su caso. 

Prevención
Se está tratando de hacer lo que es la prevención primaria, que se debe a educar, sensibilizar sobre una temática en específico para que las personas tengan mayor información y puedan prevenir, identificar, detectar y tratar la situación.  Debido a la gran incidencia que existe en el país sobre este tema se incrementan las denuncias porque se sabe más sobre el abuso sexual infantil,  y cada vez que los medios de comunicación, la justicia, los profesionales advierten sobre lo que es, lo que se debe hacer en esos casos, las personas están más informadas y pueden actuar en consecuencia.

martes, 21 de mayo de 2013

Valentina y la sombra del diablo.


OBRA DE TEATRO:
VALENTINA Y LA SOMBRA DEL DIABLO


Centro cultual Mexiquense bicentenario.

La obra es a las dos de la tarde al terminar habrá un taller para los niños y una charla para los padres de familia.
No faltes entrada gratuita.

Domingo 26 de Mayo a las 14:00 horas.
Hablar de prevención de abuso sexual infantil puede ser doloroso, pero es un tema que debemos abordar.


sábado, 18 de mayo de 2013

El rito del agua



EL RITO DEL AGUA



Cuando conocí a mi actual pareja, yo estaba en la etapa final de mis Años Oscuros. Fueron los años de promiscuidad, de drogas, de sexo sin control, y me sorprendió que un “chico bueno” como él quisiera estar conmigo cuando yo estaba acostumbrada a cabrones que se aprovechaban de mi debilidad. Estuvimos un año entero jugando al tira y afloja. Yo le decía “vale salimos, pero me vas a dejar, porque no vas a querer seguir conmigo” y él insistía en que no, en que le gustaba cómo era yo. Y al final, parece que cedí y me dejé caer en sus brazos. Hasta entonces, nada de sexo, y cuando me comprometí en serio a salir con él estuvimos aún unos meses sin relaciones íntimas porque yo había entrado en una fase de "monja de clausura". He alternado esas fases varias veces en mi vida. 

Hasta que un día me dijo: “El sábado salimos, te voy a invitar a cenar, pero quiero que te pongas muy guapa, porque va a ser una cena especial”. Quería celebrar que había sido admitido para trabajar en una importante multinacional. Fue una noche totalmente cinematográfica. Yo me arreglé como si fuera a acudir a una ceremonia y él se presentó a buscarme con un traje de etiqueta. Me llevó a cenar a un restaurante en la costa que regentaba un amigo de él. Nos sentaron en un reservado con velas y música suave. Una cena romántica. 

A continuación fuimos caminando tranquilamente a una champanería junto al paseo marítimo. La noche era cálida y estrellada. Durante el trayecto recuerdo sentirme por primera vez la protagonista de una de esas comedias románticas de Hollywood. El local era acogedor, con una pequeña pista central rodeada de mesas redondas y un rincón para la orquesta. Brindábamos con cava mientras un grupo entonaba en directo boleros y canciones de amor, cuando de repente el cantante interrumpió su concierto y explicó que la próxima canción estaba dedicada a una pareja muy especial que quería iniciar una vida juntos y nos nombró. la canción era el clásico de Simón Díaz "Caballo Viejo", el interprete de aquella noche también era amigo de mi pareja. Lo habían preparado todo. 

Me sacó a bailar la pieza con gran ceremonia, y en la pista de baile me dijo:“Yo me siento caballo viejo, porque me está costando mucho conquistar a esta yegua tan rebelde”. No podía creer que aquello fuera verdad. Aún hoy, cuando recuerdo aquella noche, me pregunto cómo es posible que los cuentos se hagan realidad. 

Volvimos a salir a la cálida luz de las estrellas. El paseo marítimo bordeaba la playa a la que se accedía desde varias escaleras estratégicamente distanciadas. Bajamos a la arena con intención de sentarnos en un rincón entre las rocas para hablar y disfrutar de la noche. La brisa del mar, sus palabras de amor, y supongo que el alcohol influyeron para hacerme sentir por primera vez deseos de entregarle mi intimidad de manera voluntaria con el mar como banda sonora. Sin obligación, sin presiones, sin la sensación de ofrecer un pago por los servicios prestados. 

No recuerdo mi primer orgasmo. Mi padre me supo manipular el cuerpo y los he experimentado miles de veces desde antes de cumplir los siete años, pero aquella noche fue la primera vez que entregué mis mas preciadas sensaciones por voluntad propia y tuve mi primer orgasmo total y absolutamente voluntario. Di mi primer paso hacia él invadida de deseo y con un inmenso amor para entregarle, pausando los tiempos y atreviéndome a acariciar el cuerpo de un hombre por primera vez. Lloré de felicidad tras aquella experiencia. 

Durante años siempre pensé que aquello efectivamente había sido mi “Happy End”. El Final Feliz de una historia de terror donde, como en las novelas de mi imaginación, cerraba mi historia. Pero entonces no imaginaba lo que vendría después. Porque a pesar de que efectivamente ha sido un gran final feliz para las dos primeras etapas de mi vida -las peores- el tiempo me llevó a una enorme decepción, cuando vi que tras ese gran final no estaba la tierra prometida. Las secuelas continuaban ahí, y el espejismo se había roto. No todo era tan maravilloso como le hice creer a una parte de mí misma. 

Una caricia en la oscuridad. Una simple caricia en la oscuridad ha sido a lo largo de mi vida sinónimo de intranquilidad, alerta, miedo. Llevo veintiún años casada y entrar en mi propia habitación a dormir supone a veces todo un acto de valor. El sencillo gesto de mi pareja de posar una mano sobre mí para dormir me pone en tensión. Dejar que me arrope con sus brazos en un gesto de cariño me origina un esfuerzo sobrehumano, me cuesta horrores no salir huyendo. A veces tardo varios minutos en conseguir relajarme, a base de repetirme a mí misma que es mi marido y no me va a hacer daño. 

Ha habido épocas en las que me he sentido algo mas confiada, pero nunca segura. Siempre se acuesta antes que yo, y en esos momentos de mas confianza entro en el cuarto y me quedo en la puerta unos segundos escuchando su respiración. Si la siento rítmica y regular, significa que está profundamente dormido, es posible que esa noche no haya demandas. Si le siento moverse me meto en la cama con extrema suavidad, rogando porque sólo sea un simple movimiento dentro del sueño. La caricia de su mano en la oscuridad me recuerda que estoy casada y tengo un deber marital con mi pareja. 

La mayoría de ocasiones no pasa de esa caricia. Simplemente le gusta acurrucarse conmigo para dormir. Otras veces termino cediendo a su demanda exactamente igual que he accedido a las demanda de otros muchos hombres de mis Años Oscuros: Disociándome. Reconozco que la parte de mí que queda consciente, tras la primera y tímida resistencia inicial, siente la excitación, despierta la libido, se imbuye en el deseo y goza de las millones de descargas eléctricas que ya preceden a un catártico orgasmo. Mi lado vulnerable se siente atacado y horrorizado a partes iguales y acusa a mi cuerpo de alta traición. 

Ha habido épocas en las que simplemente he huido pasando la noche en el sofá. Incluso hubo un tiempo en que opté por subir a dormir al otro apartamento de nuestra propiedad en el piso de arriba, que en esos momentos estaba vacío de inquilinos, y regresar casi al amanecer para que él no me echase de menos al sonar su despertador. Como una esposa infiel que hubiera reservado sus mejores caricias para un extraño. 

A veces he odiado volver junto a él. En las mañanas del fin de semana nunca hay prisa para levantarse, y a veces sus demandas se han pospuesto hasta la salida del sol. Es cuando peor lo he pasado porque mi padre me despertaba en ocasiones al meterse en mi cama por las mañanas y me es muy difícil evitar que ese recuerdo regrese a mi mente cuando mi marido me insinúa rozándome con su sexo la excitación que siente. 

Habitualmente me gusta Madrugar. Nunca he sido una gran dormilona. Me gusta desperezarme despacio, como los gatos, estirar mis músculos de manera ritual y escuchar los primeros sonidos de la casa. Y a veces, cuando me siento realmente bien, espero escuchar de nuevo el sonido del mar. Cuando era niña, en la casa de la playa, podía oír las olas romperse en la orilla. Era un sonido reparador. Significaba que todo estaba bien. Allí no había caricias inoportunas. Me quedaba mucho tiempo despierta en la cama observando en el techo de mi habitación aquellas proyecciones de la playa que el Principio de la Cámara Oscura reproducía en mi cuarto. 

El mar, la mar. Entrar en él era cruzar el umbral de otro mundo, donde la luz bailaba sobre el fondo marino de forma caprichosa, donde no existía el olor y mi boca se llenaba a sabor a sal. Donde sentía que mi piel estaba en contacto con todo y con nada. Como si me la quitara o me cubriese con un blindaje especial. 

Mi mente tiene su propia banda sonora. Siempre tengo música en mi cabeza y en la playa del faro solía pasar horas bailando en el agua. Hasta que mi país no ha tenido destacadas deportistas en Natación Sincronizada, yo jamás supe que existiera esa modalidad. Y desde luego de haberla conocido (no se convirtió en disciplina olímpica hasta Los Ángeles 84`) hubiera abandonado de inmediato la pelota, la cinta, el aro y las mazas de mis clases de Gimnasia Rítmica en la que nunca fui muy hábil en su ejecución. Me sentía torpe y como mi autoestima ya se había ido de vacaciones permanentes, siempre me sentía inferior a mis compañeras e incluso en las actuaciones de conjunto tenía la seguridad de llamar la atención por mi especial inhabilidad. 

Mi cuerpo y yo nunca nos hemos llevado bien. He vivido la mayor parte de mi vida desconectada de él y estoy segura que yo misma he colaborado a la enorme descoordinación lateral que padezco, que me impide incluso conducir. Pero en las clases de Rítmica conseguía conectar tímidamente con él y percibirlo un poco mío. Porque el resto del tiempo siempre he vivido al margen de mi cuerpo, como algo prestado, como si no me perteneciera. Como si hubiesen trasplantado mi cerebro a un cuerpo extraño que no es el mío, como en esas películas de científicos locos que juegan a ser dios. Supongo que por eso lo castigaba, porque no lo consideraba digno de mí, no me pertenecía, y además me había traicionado. 

Imagino que al haber sido manipulada desde muy niña sin mi consentimiento hizo que renunciase a mi cuerpo como mi vehículo para comunicarme con el mundo, y encontré en la disociación la alternativa perfecta. Pueden tocar mi cuerpo, pero no llegarán a mi mente. 

En cambio en el agua es otra cosa. Controlar mi respiración durante el buceo, ser consciente del movimiento de mis brazos al nadar o del batir de mis piernas siempre ha sido la única forma en la que he sentido que la sangre corre por mis venas. El hormigueo de mis músculos tras el esfuerzo me hacía sentir viva. Nunca fui rápida nadando. Mi tono muscular nunca ha sido importante para dar potencia a mis brazadas y mi escasa alimentación tampoco contribuía demasiado. Pero el simple hecho de sumergirme en el agua ya era un bálsamo para mí, tal vez porque en esos momentos cuerpo y mente se movían al mismo compás. Además tengo asociado el agua con la purificación. Para alguien como yo que siempre se sentía sucia, un buen baño era -es- el mejor regalo. 

No he dejado de nadar. Cuando tengo tiempo y no me encuentro en una fase de rechazo a mostrar mi propio cuerpo en público, me escapo a la piscina municipal o a una de las playas de mi tierra para sumergirme en el líquido elemento. Y cuando me siento mal, cuando estoy especialmente deprimida, abro la ducha y dejo que el agua hirviendo resbale sobre mí. 

Durante mucho tiempo cuando me aislaba y conectaba con mi cuerpo, cuando me daba un baño en el mar, sentía mi cuerpo, pero casi nunca lo he disfrutado. A lo mas que he llegado es a percibirlo, a sentirlo como algo real, que no era gomaespuma lo que tocaba la gente cuando me daban la mano o me abrazaban. Porque pocas veces sentí un contacto real. Hasta hace pocos años no he percibido como algo cálido y tierno un abrazo o un beso de mi hijo. Hasta hace pocos años sentía mi cuerpo cuando llevaba sobre mí mi coraza invisible, esa que mi mente creaba con el agua , pero no era capaz de percibir con plenitud las caricias de mi marido, porque esa coraza que creaba para protegerme, en realidad me aislaba. 

Hasta ahora no me había dado cuenta de lo mucho que me odiaba, de lo que odiaba mi cuerpo, del inmenso asco que sentía tan sólo recordando las veces que me he abandonado a la lujuria del sexo porque pensaba que era lo que se requería de mí, para lo único que valía, y a continuación odiarme intensamente por sentir placer. Porque a pesar de tener masturbaciones compulsivas, causadas por la ansiedad, no las disfruto en absoluto y son como un nuevo abuso hacia mi persona. 

Uno de los ejercicios que me autoimpuse al inicio de mi rehabilitación fue tocarme. Me ducho mucho, si, pero no utilizo la esponja ni me aplico geles o cremas corporales. Desde hace tres o cuatro años cuando lleno la bañera, añado unas sales minerales, me doy un baño de espuma y dejo que mis manos toquen tímidamente mi piel. Aún siento vergüenza. El simple hecho de escribirlo aquí me produce cierto sonrojo. Pero reconozco que está siendo reparador. Es como mantener una relación íntima conmigo misma, como un gesto de amor hacia mí. El baño empezó a ser algo muy parecido a tu primer amor, en el que vas muy despacio, disfrutando cada paso con esa persona porque deseas llegar al tu primer orgasmo virgen para entregarte con absoluta fidelidad a ti mismo. Y ahora incluso me atrevo a reconocerme a mi misma desnuda ante el espejo. 

Este ejercicio me lo inspiró mi pareja. Salvo por aquella cena romántica del pasado, que a veces creo que es un pliegue de otro espacio y de otro tiempo paralelos, siempre tuve problemas para intimar con él. Tener una relación sexual con alguien a quien aprecio me ha sido casi siempre imposible, porque tengo asociado el sexo con algo sucio de lo que no deben contagiarse. Hasta que descubrimos una forma de intimar en la que yo me sentía realmente bien: La ducha. 

Empezó como un juego hace mucho, en el que él se ofrecía, de manera inocente, a aplicarme jabón en la espalda. Y no sé como, poco a poco fui disfrutando cada vez mas de compartir ese momento en el baño con él. La confianza y la ternura son tal que estamos viviendo una segunda oportunidad de recorrer el perfil de nuestros cuerpos con caricias que en ningún momento me hacen sentir mal, incluso trasladando esos momentos a la intimidad de nuestro dormitorio. Y ahora, como ocurrió hace casi veinticinco años, empiezo a sentirme una adolescente que está aprendiendo a descubrir su sexualidad y me atrevo a tocar además lo que nunca creí que mis dedos rozarían jamás: mi propio cuerpo. 

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Pero tras mi primer Happy End, la segunda película -la Hibernación y la Rehabilitación- está resultando de lo mas esperanzadora. ¿Será una trilogía? No lo sé, pero de momento no quiero anticiparme. De momento voy a buscar mi segundo Final Feliz. 

Aún siento miedo a veces cuando en la noche me acurruco en la cama, esperando esa caricia. Pero en cada vez mas ocasiones, me dejo llevar por el legítimo deseo y aprendo a disfrutar de sus manos por entero, como aquella primera vez que el mar fue el único testigo de nuestra unión. A veces volvemos a ducharnos juntos. Es un momento muy tierno para mí en el que me conecto de nuevo con mi propio cuerpo en el elemento en el que mas cómoda y segura me siento. Jamás he tenido retrospecciones ni me he sentido mal en esos momentos. Y los atesoro como un ritual de limpieza que repara además de mi cuerpo, las heridas de mi alma. 



“Cuando necesitábamos escapar, ejecutábamos un ritual. Descubrimos un mundo silencioso y relajante donde no existía el dolor (bajo el mar) 

Formábamos un círculo encadenados por carne, sangre y agua. Y sólo cuando nuestros pulmones iban a traicionarnos, ascendíamos hacia la luz, y hacia el temor de lo que nos acechaba en la superficie.” 


El príncipe de las mareas. (1991) Película norteamericana dirigida por Barbra Streisand




viernes, 10 de mayo de 2013

RELATO DE UN SOBREVIVIENTE


Creo que sólo tengo un recuerdo anterior a los abusos. Y lo conservo como un tesoro: estábamos mi hermano y yo jugando en un bosque, y mi padre y mi madre a unos metros, vigilando. Tengo fotos del momento y son preciosas. Esta estampa representa lo que yo deseo de una familia. Sé que es muy simple pero a la vez, precioso.
Ahora, una explicación de mi familia: madre tenía dos hermanas: la mediana y la pequeña. Ambas tuvieron hijos muy jóvenes ( a los 15) pero sólo una se caso: la mediana. La familia de mi padre siempre ha estado apartada de nosotros, por incompatibilidad de caracteres.
La historia comienza cuando la hermana mediana de mi madre se vino a vivir al mismo edificio que nosotros. Yo tenía entre tres y cuatro años, iba a la guardería. Siempre he sido una niñita muy buena: que hacía lo que me decían mis padres, los maestros... los adultos. El marido de la hermana de mi madre, pronto, empezó a demostrar que le gustaba jugar conmigo. Su hija, cinco años mayor que yo, tenía unos juguetes chulísimos: la piscina de Barbie, un chalecito de muñecas, una balsita para que el verano me pudiera bañar en su terracita... No sé exactamente cuando empezaron exactamente los abusos, no recuerdo un principio. Recuerdo que primero me enseñaba los juguetes, jugaba un poco conmigo y se iba acercando a mi, agachadito, poniéndose a mi altura. Recuerdo que no me gustaba y, en principio me quedaba muy quieta, pero que cuando quería llevarme dentro de casa, me revolvía y le decía que no, a penas le empujaba. No oponía más resistencia: por qué no lo hice?????? Sé que me llevaba al comedor o a su habitación, y que se ponía detrás mío. Recuerdo que lo veía detrás, y que me aguantaba, pero no lo que hacía.
Él era transportista, por lo que, por suerte, no estaba mucho en casa. 
El verano que pasé a párvulos, tenía cinco años, tuvo un accidente muy grave al despeñarse con el camión. Recuerdo ir cogida de la mano de mi prima pequeña (nos llevamos un año y medio y nos hemos criado como hermanas) por el hospital. Recuerdo las ganas, los deseos, de que muriera. Creí, cuando estaba en la UCI, y según me preparó mi madre, que iba a morir. Y estaba feliz.
No murió. Fue mucho peor: se recuperó, pero con la cojera, sin bazo y una prótesis en la cadera, le dieron la minusvalía. Tenía todo el tiempo del mundo para hacer lo que él quisiera.

El infierno empezó muy pronto. Pero él era muy listo. Sé hacía el víctima, diciendo que como yo no tenía que estudiar, que podía cuidarlo y él cuidarme a su vez. Si, si me cuidaba. En un principio, me cuidaba tocándome debajo del vestidito ( en esa época llevaba muchos vestiditos, pero después me negué) o me decía que lo tenía que cuidar de una manera muy especial, como las hadas, tocándole en sus partes, frotando, hasta que saliera el espíritu del mal. No se lo podía decir a nadie, porque era un secreto, no quería que supieran que tenía el espíritu del mal, porque lo rechazarían y rechazarían a toda mi familia. Y yo tonta, tonta, tonta, no dije nada. Era mi tío, pero sobretodo no quería que nos rechazaran a la familia entera.
Cuando recuperó la movilidad, empezó a llamarme cuando estaba en casa (mis padres trabajaban y estudiaban, por lo que en casa, a partir de las 8 de la noche había alguien, sino, mi tío me cuidaba a mi). Mi hermano, cuatro años mayor que yo, estaba con los amigos. Recuerdo los tocamientos, por su parte, y cómo me tendía en su cama y me chupaba. O cómo me obligaba a que yo le tocara su pene hasta que se corriera. Recuerdo tener su pene en la boca,(buffff) también. Y que no me gustaba nada, y se lo decía, y me retorcía, y me quería ir, pero me cogía y no me dejaba. Una vez le vomité encima con su pene dentro. Para castigarme, no la sacó y casi me ahogo. 
También recuerdo que me llevaba a su habitación, me mantenía siempre en las mismas posturas: para chuparme boca arriba, cogida de las manos y para lo otro, (dios, no lo quiero pensar) a lo perrito cogida por la cabeza. Sé que se escupía las manos y hurgaba en mi cuerpo. Sé que metía algo en mi vagina, pero yo ya estaba fuera de mi, no sé si era su pene o sus dedos. Sé que me hacía daño. Una vez que me puse a gritar y me acalló, me dijo al oído que no podía doler, que hacía tiempo que se había encargado de eso (de que? cómo?, me preguntaba yo, que tonta fui, que ignorante). Siempre concluía besándome, me decía que eran clases para que después no se burlaran de mi por no saber. 
Una manía que tuve los últimos años, era que no me quitara las braguitas. Menuda tontería, pero me revolcaba y oponía mucha más resistencia, así que permitió este detalle.

Las noches las pasaba llorando. No tenía ilusión en nada. Me pasaba todo el tiempo posible estudiando o en la biblioteca, únicos sitios en los que podía estar si no estaba en casa.
Hay detalles que me chocan a día de hoy: algunas veces me llamaba mi prima para que subiera, que iba a jugar conmigo y cuando subía ya no estaba. Me esperaba él.
Mi madre, un año antes de que lo descubriera yo, se ve que sospechó algo, porque un día que estuvo enferma y no fue al trabajo llamó él para que subiera en cuanto vio que mi padre se había ido. No sé porqué no le dije que si, lo que pasaba. Me quedé mirando y me dijo, si pasaba algo en un futuro, que se lo dijera, que él era rarito (cómo que rarito????)
Aguanté hasta poco antes de los 13 años. No lo hice del modo adecuado pero bueno. Sé lo conté a una de mis mejores amigas, pero ella quería ser popular y en la fiesta de cumpleaños de un chico que le gustaba lo dijo delante de todos. El chico, que tenía bastante más cerebro que nosotras dos, le riñó y le dijo que eso no se podía decir así, en una fiesta y se lo dijo a su madre. Su madre fue a mi maestra. Ahora no consigo entenderlo, porque se conocían ella y mi madre de toda la vida. Mi maestra me llevó a su despacho, me dijo que ya sabía por donde iban las cosas, que no entendía cómo podía sacar buenas notas y hacer esas cosas, a mi edad... Pero también acertó en algo: hizo que hablara con mi madre.
Con mi madre hable por teléfono y después, cuando pudo venir (trabajaba a dos horas) en persona. Pero no me atrevía decir toda la verdad. No lo soportaba. Solamente le dije que me había tocado. Quería continuar, pero como vi cómo se puso, Decidí que ya estaba bien, que ya se lo contaría otro día. Mi madre falleció hace cinco años y no se lo conté nunca. Me arrepiento tanto... Le fallé.
Mi madre se lo contó a mi padre, inspector de policía, y le tendieron una trampa para que bajara. Allí, no sé que hicieron, pero ya no volvió a llamarme.

Querían empezar un juicio, pero un conocido les dijo que yo lo pasaría mal. Que si simplemente habían sido tocamientos, no tendría secuelas...
Años después me entere que había abusado de al menos tres personas allegadas. Que iba a tener un crío con la hermana menor de mi madre (13 años menor que él)...
Y la familia me apoyó mientras mi abuelo materno y mi madre vivieron. Me apoyó quiere decir que no vino a casa, ni a celebraciones, ni me lo nombraban. Se corrió un tupido velo sobre el tema.
Después todo cambió. Pero eso es otra historia.
Muchas gracias si alguien lee todo este tochamen. Para mi es importante dejarlo salir.
Mañana entro en otra década y quería hacerlo un poco más limpia.

martes, 30 de abril de 2013

De 90%, cifra negra de violación infantil




Oaxaca, Oax.- La lejanía de las instituciones de procuración de justicia con las comunidades indígenas y rurales, hacen que en Oaxaca, más del 90 por ciento de los casos de Abuso Sexual Infantil (A.S.I) y violación, queden en la cifra negra o que su “solución” sea negociada entre el victimario y los padres de la víctima.
Cuando la violación ocurre en las niñas, el delito llega a concluir en la unión conyugal, refiere Zoyla Ríos Coca, de la Clínica de Atención Psicológica y Terapias Alternativas (CAPTA).
Ríos Coca, quien brinda apoyo psicológico a personas en situación de crisis emocional por violencia de género, explica que en Oaxaca el abuso sexual infantil ocupa el segundo lugar dentro de los delitos sexuales, después de la violación contra mujeres y adolescentes, pero sólo el 1 por ciento de este delito es denunciado.
Cifras de la Subprocuraduría de Atención a Delitos por Razón de Género, revelan que en 2011 fueron recibidas 586 denuncias por delitos sexuales, 220 por abuso sexual, en 53 casos correspondientes a niños y niñas. En 9 casos, el responsable del delito fue el padre; en 6, el padrastro; 3, el presunto abusador fue el tío, 1 caso, el abuelo; en 34 casos estuvieron implicados el ex novio, vecino, amigo, profesor o niñera.
En 2012 se iniciaron 86 averiguaciones previas por abuso sexual y abuso agravado en menores de edad en donde el 87 por ciento (75 casos) corresponde a niñas y el 13 por ciento a niños.
El mayor número se concentra en infantes entre los 8 y los 15 años; sin embargo se tienen registro de abuso en niñas desde 1 año de edad.
Las situación es más preocupante en las comunidades indígenas y rurales en donde, incluso, el delito es normalizado con la justificación de los usos y costumbres.
“Muchas de las veces los casos no se conocen porque los ministerios públicos están a gran distancia, entonces la gente decide no denunciar”, expresa.
Cuando la familia de la víctima determina ir a denunciar ante la autoridad municipal, siempre se concilia. Se le llama la atención al abusador o incluso la conciliación deriva en la unión conyugal entre la víctima y el victimario, más aún si existe embarazo de por medio.
Las niñas o adolescentes que son obligadas a continuar su embarazo son sometidas a un constante maltrato físico y dan continuidad al círculo de pobreza en las comunidades.
“Mientras no se tenga la información y se crea que son comportamientos habituales o que son de usos y costumbres, difícilmente se va tener el acceso a la justicia de niños, niñas y adolescentes que son violentados sexualmente. Incluso no se tiene como visible este delito”.
Con base en su experiencia de trabajo, Ríos Coca precisó que en la Mixteca, Sierra Juárez y los Mixe, el abuso sexual y la violación no se contempla como un delito y cuando ocurre argumentan consentimiento de la víctima.
Injusticia legal
En Oaxaca, el Código Penal contribuye a la comisión del Abuso Sexual Infantil, pues este delito tiene una penalidad más baja que el robo de ganado.
El ordenamiento legal castiga el robo de vacas, caballos, mulas y asnos con una penalidad de cuatro a siete años y multa de treinta a cien días de salario mínimo, cuando se haya robado entre una y cuatro cabezas de ganado, y después de esa cantidad las penas aumentan hasta a 15 años de cárcel y 500 salarios.
En el estupro -cópula con persona mayor de doce años y menor de dieciocho, obteniendo su consentimiento por medio del engaño, cualquiera que haya sido el medio utilizado para lograrlo- tiene una pena de tres a siete años de prisión y multa de cien a trescientos días de salario.
Hasta antes del 2010, en Oaxaca el abuso sexual infantil era castigado con penas de dos a cinco años de prisión y multa de 50 a 200 días de salario mínimo. En la actualidad se sanciona con una pena agravada de cinco a 10 años de prisión y multa de 200 a 600 días de salario mínimo, sin que se conceda ningún beneficio preliberacional.
Este delito tiene agravantes cuando quien lo comete es el padre o madre de la víctima, cuando es el padrastro o cuando es tutor o tutora. Así como cuando las personas, valiéndose de su jerarquía, abusen de los niños o las niñas, llámese profesor o profesora.
En ese mismo año el Congreso del Estado aprobó que los delitos de abuso sexual se volvieran imprescriptibles. Con tal modificación se puede castigar al victimario sin importar los años que hayan transcurrido, toda vez que la legislación hasta ahora vigente dispone plazos de prescripción que se calculan considerando la media aritmética de las acciones mínima y máxima que corresponden al delito en cuestión.
“A.S.I. no se vale”
Zoila Ríos Coca y Rosario Sánchez Pacheco, elaboraron la historieta “A.S.I. no se vale”, en una especie de manual para niños y niñas para prevenir el abuso sexual infantil y ayudar a las madres y padres de familia a abordar el tema con sus hijos.
El estudio de seguimiento estadístico realizado por las autoras del libro revela que en 90 por ciento de los casos, el delito es cometido por personas conocidas, principalmente por el padre de familia, después la pareja sentimental de la madre, el abuelo, hermano y tíos. Fuera del hogar quienes más cometen este delito son los profesores.
Por temor o por el impacto emocional que causa este delito tanto en la víctima como en la madre, en promedio el delito se denuncia después de seis meses y hasta más de diez años.
“Hemos encontrado que socialmente muchos de los casos que ocurren en los niños no son denunciados por falsos mitos y estigmas respecto de lo que ocasionaría en su orientación sexual. En el caso de las niñas la idea es que, como mujeres, vinieron a sufrir y a ser violadas, entonces socialmente es más fácil que aceptes que a tu hija la violaron”, señaló. 
Qué es el Abuso Sexual y violación
Es una gama de comportamientos de tipo sexual que van desde los tocamientos o caricias por encima o debajo de la ropa, exhibir genitales, exhibir material de tipo pornográfico como revistas o películas. Así como actos de tipo masturbatorio. La violación la penetración vía oral, vaginal o anal.
En estos comportamientos hay una relación de ejercicio de poder marcadas por las asimetrías de edades, estaturas y conocimiento de tipo sexual.
El Abuso Sexual Infantil, es un comportamiento más frecuente que la violación porque al no dejar evidencias físicas, las y los niños pueden estar siendo abusados por mucho tiempo.
Los infantes no pueden poner un alto a estas conductas porque se les enseña que quien manda es el adulto o adulta.
40 a 60 por ciento del delito es cometido por familiares de la víctima
El abuso sexual infantil ocupa el segundo lugar dentro de los delitos sexuales, después de la violación contra mujeres y adolescentes, pero sólo el 1 por ciento de este delito es denunciado.
53 niños abusados
16.8% el responsable fue el padre 9, casos
12% padrastro, 6 casos
5.6% el tío, 3 casos
1.8% el abuelo
63.8% ex novio, vecino, amigo, profesor o niñera, 34 casos
En 2012 se iniciaron 86 averiguaciones previas por abuso sexual y abuso agravado en menores de edad en donde el
87%, en 75 casos corresponde a niñas
13% a niños

miércoles, 24 de abril de 2013

Acciones que se deben emprender para prevenir el abuso sexual infantil


Acciones que se deben emprender para prevenir el abuso sexual infantil


1. Disminuir la motivación hacia el abuso sexual infantil a través de terapias y otros tratamientos, especialmente para evitar que los niños y niñas se conviertan en agresores. Se debe ofrecer ayuda a aquellas personas que reconozcan sus intereses sexuales desviados.

2. Incrementar la toma de conciencia de los cuidadores, en especial en el caso de niños y niñas con discapacidades, para que los casos se detecten sin que pase mucho tiempo. Fomentar y apoyar la revelación de casos.

Formar a los miembros de los servicios de protección a la infancia, de la policía y del sistema judicial en el abuso sexual infantil a los niños y niñas con discapacidades. Las instituciones deberían diseñar algunas normas básicas para manejar este tipo de casos.

Algunos terapeutas tienen miedo de trabajar con niños y niñas que han sufridos abusos por temor a ser demandados. A un gran número de agresores se les ha absuelto basándose en este síndrome, y a las niñas se las ha forzado a retirar declaraciones después de haber sido condenadas al ostracismo por sus familias.

3. La sociedad debería reconocer el impacto potencial de la pornografía. La policía noruega ha establecido una relación entre la pornografía en Internet y las agresiones a niños y niñas. En la actualidad existe una tendencia a minimizar los efectos negativos de la pornografía.

4. Reducir las oportunidades que los cuidadores tienen para estar a solas con niños y niñas discapacitados y vulnerables. Extender loa mecanismos selección de personal a toda aquella persona que trabaja con niños y niñas, por ejemplo conductores.

5. Cambiar la actitud de la sociedad hacia los niños y niñas discapacitados. Fortalecer a los niños y niñas dándoles cariño, respeto y aceptación. Ayudarles a construir su seguridad y autoestima, enseñándoles a ser creativos e independientes. El ser bueno en algo –desde colecciones de sellos hasta en tecnología- ayuda a los niños y niñas a ser más fuertes y menos vulnerables.

El abuso sexual infantil y la pornografía infantil cruzan las fronteras. Se necesita un enfoque transnacional para poder seguir el rastro de la pornografía en Internet. En los EEUU, las autoridades cancelan páginas que contengan fotos pornográficas de niños y niñas, mientras que en Dinamarca existe una actitud más pasiva. Los padres deberían unir sus recursos para hablar con una sola voz y fortalecer su impacto.

Los padres tienen que aprender a escuchar a sus hijos, confiar en su propia intuición y persistir en hablar sobre un asunto que mucha gente prefiere olvidar. No es fácil admitir que las cosas no van bien, o retar a un sistema que es muy estimado. Hughes llamó a los padres a oponerse a las sentencias leves para agresores y al apoyo inadecuado a las víctimas, poniéndose ella misma como ejemplo de una madre preocupada, a la que no se le permitió recibir apoyo profesional hasta que no hizo una declaración a la policía. No existía información disponible acerca de psicólogos especializados en el tema, ni de los diferentes tipos de terapia a los que acudir.


Habilidades para un comportamiento protector para padres e hijos.


Paso 1: Sentirse seguro. “Tenemos todos derecho a sentirnos seguros todo el tiempo”. Los padres y los niños y niñas pueden aprender a hablar,dibujar, etc… acerca de cómo se sienten cuando se saben a salvo, para dares cuenta de lo confortable de la sensación.

Paso 2: Empezando a estar asustado. Enseñar a darse cuenta de los primeros signos de alarma. Los agresores se ganan la confianza de los niños y niñas a través del juego, antes de cruzar las barreras sexuales. Los niños y niñas no se dan cuenta al principio de que están siendo agredidos sexualmente.

Paso 3: Redes de apoyo. “No hay nada peor que no poder contárselo a nadie” Hay que decirles a los niños y niñas a quién contárselo. Por ejemplo, los niños y niñas pequeños pueden usar los dedos de cada mano para recordar los nombres y direcciones de las personas en quién confían.

Paso 4: Tener aventuras. “De miedo pero divertida” frente a “de miedo pero no divertida”. Aprender del mundo adulto: buenos secretos y malos secretos

Paso 5: “Puedo manejarlo” Cómo ayudarte a sentirte seguro.
Fortalecer a los niños y niñas, incrementar su autoestima. Pueden ser niños y niñas más seguros sabiendo qué hacer si se encuentran en una situación difícil. Aunque la responsabilidad de la seguridad de los niños y niñas es siempre de los adultos.

Paso 6: Emergencias personales. Algunas veces está bien decir una mentira, romper un secreto, desobedecer a un adulto, hablar con un extraño, usar el teléfono, interrumpir una conversación. Ayudar a los niños y niñas a entender cuándo pueden romper las normas y cómo escuchar a sus sistemas personales de alarma.

El descubrir el abuso sexual infantil puede llevar a la ruptura de la familia, al divorcio y a otros problemas serios. Los padres se sienten culpables y fracasados. “Sientes que eres un padre terrible. La confianza en ti mismo desaparece” explicó Hughes. Muchos padres encuentran difícil expresar sus reacciones y responden con ira, pero también se deben tener en cuenta sus sentimientos. Es importante para los padres darse cuenta de que estas crisis familiares son normales dadas las circunstancias. Los padres se preocupan acerca de cómo enfocarán estos niños y niñas su sexualidad cuando crezcan, pero la evidencia muestra que, con tratamiento, y sobre todo una relación estrecha con un adulto que les crea, estos niños y niñas evolucionan y se desarrollan de forma totalmente normal.

Debemos recordar por qué consideramos inaceptable el hecho de que un adulto tenga relaciones sexuales con un niño. No se trata sólo de las consecuencias dañinas. Es también una cuestión de cómo entendemos la relación entre los niños y niñas y los adultos. Hace más de 2000 años, los griegos ya la entendían como una relación asimétrica, en la que el poder recaía en los adultos. Hablando en términos evolutivos, un niño no es capaz de dar su consentimiento para tomar parte en un acto sexual con un adulto.


“No les estamos haciendo ningún favor a los niños y niñas si les hacemos creer que ellos pueden evitar el abuso. La única prevención real es el establecimiento de sistemas que supongan un obstáculo para los agresores. Nunca evitaremos todos los abusos sexuales, esa es la realidad con la que tenemos que vivir.

SAVE THE CHILDEN EUROPA