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martes, 8 de marzo de 2016

Un doloroso silencio

Los secretos del corazón, guardados, arrinconados, pero nunca olvidados, son como señales que guían hacia un oscuro cofre enterrado en una isla perdida. Cuando se atreve el corazón a hablar sólo se topa con miradas extrañadas, como si no entendieran por qué se llora al momento de hablar; el secreto se queda encerrado no porque alguien no lo diga sino por falta de un escucha comprensivo.
La expresión agresión sexual infantil se utiliza como descripción de cualquier forma de contacto sexual adulto-niño en el cual el adulto toca, acaricia o penetra el cuerpo del niño. 
La agresión sexual infantil es un tema doloroso que sin embargo debe enfrentarse, dejando de relegarlo a un producto de la fantasía del niño. Mientras los adultos ignoren el problema de la agresión sexual, esta continuará creciendo en magnitud y los niños no recibirán la atención, contención y protección que merecen y necesitan.

La mayoría de los adultos tienden a considerar a los niños como malcriados y poco confiables, creen que se deben cuidar de sus mentiras, exageraciones o “cuentos infantiles”. En algunos casos, incluso cuando el niño informa que ha sido agredido sexualmente por un adulto, se considera que miente mientras no se pruebe que dice la verdad, cuando debería ser al revés, asumir que el niño dice la verdad hasta que se pruebe lo contrario mediante una valoración exhaustiva, dice Robert L. Geiser en el libro Hidden victims the sexual abuse of children (Beacon Press, 1979). Al realizarlo de esta forma, se le está garantizando al niño que está seguro y protegido de cualquier abuso posterior.
¿QUIÉNES HOSTIGAN SEXUALMENTE A LOS NIÑOS?
La mayoría de los adultos tiene la idea de que un agresor sexual infantil es un adulto mayor desaliñado que regala dulces a los niños en el parque, no obstante, los agresores tienden ser personas cercanas a su círculo de confianza, un amigo de la familia, un conocido de la comunidad o algún integrante de la familia, por lo tanto, dado a que la gran parte de los niños traumatizados sexualmente son víctimas de alguien a quien conocen y en quien confían, la mayoría de las agresiones ocurren dentro del entorno habitual del menor.
Son adultos que buscan trabajar en lugares en donde pueden estar en contacto directo con niños y en donde los padres piensan que están seguros, como la escuela, centros recreativos, guarderías, grupos de deporte, etcétera.
REACCIONES DEL INFANTE
Se debe tener una escucha activa y un ojo alerta ante cualquier situación o cambio de comportamiento significativo en los niños que tenemos alrededor, hijos, sobrinos, estudiantes y demás. Algunos adultos piensan que una agresión sexual a un infante es de forma violenta, es por eso que cuando un niño informa que ha sido agredido sexualmente, el adulto puede malinterpretar la ausencia de pruebas de empleo de fuerza física extrema (moretones, rasguños, marcas) y tomarlo como una historia falsa, descreer del infante. Regularmente el tipo de fuerza que es utilizada por los agresores sexuales de niños es la amenaza o coacción verbal (es llevado con engaños a la situación).
Se ha observado que la gente tiende a mostrarse más comprensiva con víctimas de agresión sexual si han sido lastimadas físicamente (sean niños o adultos) pues se puede focalizar la atención en las heridas físicas. De esta forma evitan tratar con los aspectos sexuales de la agresión, lo mismo que las “invisibles heridas psicológicas” de la víctima, afirman Diana y Louis Everstine en Personas en crisis (Editorial Pax,1993). 
Hay muchos aspectos de la conducta infantil que harán que el adulto dude de la realidad. Algunos niños que han sido hostigados muestran una reacción plana, como indiferencia ante el suceso, pero en realidad puede esto indicar un estado de shock, una depresión o temor y no indiferencia o calma. La falta de expresión de emociones del infante puede llevar a creer al adulto que el niño no ha sido afectado por la agresión o dudar de que haya sucedido.
Algunos niños quizá parecen neutros o débiles, emocionalmente, mientras que otros pueden exhibir sentimientos positivos o incluso afecto hacia la persona que los ha traumatizado. Otros, por el contrario, pueden mostrar emociones claramente negativas hacia los agresores; algunos niños reaccionan con algunas o varias manifestaciones somáticas: problemas de sueño y alimentación, reacciones fóbicas o micciones en la cama (orina).
Tomando en cuenta todo esto y dada la complejidad de una agresión, se le debe de otorgar al menor un gran apoyo ya que puede transcurrir un período de semanas o meses antes de que pueda revelar sus auténticos sentimientos en relación al incidente y el agresor.
SÍNTOMAS CLAVE
De acuerdo con el estudio The impact of child sexual abuse: a review of research de los investigadores Browne y Finkelhor, publicada en Psychological Bulletin en 1986, el conjunto de síntomas aceptados para tipificar los efectos del abuso sexual con los niños comprende:
• Miedo: reacción inicial más común. Es necesario prestarle mayor atención a niños que expresan miedo o ansiedad extrema. 
• Incapacidad de confiar: debido a la traición que el niño ha sufrido por parte de un adulto, el niño está seriamente limitado para volver a confiar. Esta traición puede afectar sus relaciones futuras de diversas formas.
• Cólera y hostilidad: el menor rara vez puede canalizar su cólera con el agresor, así que la dirige hacia los demás, sin embargo, en casos en donde el abuso lo produjo una persona fuera del entorno familiar, puede tener la oportunidad de expresar su cólera o enojo hacia el agresor.
• Conducta sexual inapropiada: los niños víctimas de abuso sexual pueden tratar de mostrar o decir a los demás lo que les hicieron haciéndolo o actuándolo en público.
• Depresión: dada la imposibilidad de expresar el enojo sobre lo que les han hecho, el niño puede llegar a la depresión clínica, mostrando signos de restricción emocional, de afecto plano o inexistente, entre otros.
• Culpa o vergüenza: puesto que los niños son por naturaleza egocéntricos pueden asumir erróneamente la responsabilidad de lo sucedido.
• Problemas en la escuela: repentino descenso del desempeño del menor en la escuela, sin embargo, no siempre es así, puesto que el menor puede encontrar cierta seguridad en la estructura del entorno escolar.
• Problemas somáticos: los menores que han sido sexualmente agredidos pueden interiorizar el trauma y pueden mostrar diversos síntomas como dolores de cabeza o de estómago sin ninguna causa orgánica.
• Problemas para dormir: frecuentemente sufren de dificultad para dormir, terror a dormir solos, pesadillas o incluso terrores nocturnos.
• Problemas con la comida: un repentino aumento o descenso del apetito o el atesoramiento de alimentos.
• Conducta fóbica o evasiva: pueden desarrollar diferentes fobias o terror al ir a la escuela o hacia alguien que tenga un parecido al agresor.
• Conducta autodestructiva o tendencia hacia los accidentes: estos pueden ser salidas para los sentimientos de culpa o vergüenza del menor. Muchos niños se sienten devaluados o dañados y su conducta adquiere esta forma.
• Conducta de escape: los niños más grandes o adolescentes pueden intentar sobreponerse a esta situación escapando de casa.
NEGACIÓN POR PARTE DE LOS PADRES
Muchos padres tienden a subestimar la profundidad del trauma psicológico que resulta de una agresión sexual. La subestimación probablemente provenga del deseo de que este hecho nunca hubiera pasado o de la culpa o vergüenza que pueden sentir ellos ante lo ocurrido.
Esta manera de los padres de percibir las cosas puede hacerles pensar que su hijo o hija no necesita tratamiento porque no ha sido dañado por la agresión. También los padres pueden pensar que ellos mismos pueden “resolver” la situación, esto les permite mantenerlo en privado y escudarse respecto a la gravedad del trauma. Es así como un deseo fantasioso por parte de los padres puede impedir que el menor reciba la atención y el tratamiento adecuado y a tiempo.
Otra forma de negación por parte de los padres que suele ocurrir es pensar que el menor olvidará lo ocurrido, de esta manera le dan mensajes indirectos o muy directos: “olvida lo ocurrido”, “no hables más del tema” o “sácalo de tu cabeza”. Esta actitud, tal vez con buena intención pero equivocada, puede ser la base de conflictos futuros más serios, ya que el niño no puede simplemente olvidar lo que pasó, al contrario, la actitud de los padres, de “no hablemos del asunto”, pueden provocar que el menor se avergüence de lo sucedido y puede entonces asumir que él es culpable de algo realmente malo, cuando es todo lo contrario.
Debido a esta actitud silenciadora por parte de los padres, los adultos que sufrieron algún tipo de abuso sexual infantil tiende a sentirse o percibirse como personas “sin valor”, “malos” o “cochinos”.
ADULTOS SOBREVIVIENTES DE ABUSO INFANTIL
Por lo general, a los adultos que fueron víctimas de alguna agresión sexual en la infancia se les dificultará entablar relaciones, ya que carecen de piezas fundamentales necesarias para construir relaciones de amistad o pareja sanas.
Los adultos que fueron víctimas de abuso sexual en la infancia pueden de alguna forma colocar a sus parejas en el papel del agresor original. Pueden escoger gente abusiva como pareja, o apresurarse con relaciones amorosas con las fantasías de que esta vez la persona amada hará desaparecer todos sus problemas, un adulto abusado sexualmente en su infancia puede sentirse traicionado o engañado cuando esto no sucede, estas conductas de dependencia pueden provocar que las posibles parejas se alejen y esto provocará en ellos el sentimiento de que fueron utilizados y que se aprovecharon de ellos nuevamente.
La prevención siempre será la mejor herramienta, escuchar, observar, entender y confiar en lo que puede expresar verbal o no verbalmente un niño es de suma importancia. No juzgar ninguna conducta del infante sin antes tratar de entender o investigar el trasfondo, y lo más importante, hacer algo, buscar al especialista y por supuesto denunciar el abuso.
https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/1200020.un-doloroso-silencio.html

Correo-e: psic.paulinahc@gmail.com

miércoles, 11 de enero de 2012

¿Soy pareja de un/una sobreviviente de ASI?

¿Soy pareja de un/una sobreviviente de ASI?



Cuestionario A                                                                                                                           
SI
NO
1. ¿Soy pareja de alguien que tiene muchas preocupaciones acerca del sexo o acerca de variaciones sexuales razonables?




2. ¿Soy pareja de alguien que no parece estar involucrado al momento que tenemos sexo?




3. ¿Soy pareja de alguien que usualmente quiere o necesita de drogas o alcohol para tener sexo




4. ¿Soy pareja de alguien que tiene una fuerte reacción negativa cuando es tocada de cierta manera




5. ¿Soy pareja de alguien de más de 30 años que ha comenzado a tener recuerdos o sueños sexuales perturbadores acerca de su infancia?




6. ¿Soy pareja de alguien quien creo ha sido víctima de incesto, abuso sexual o violación?




7. ¿Soy pareja de alguien quien cree haber podido ser víctima de incesto, abuso sexual o violación?




8. ¿Soy pareja de alguien que ha sido víctima de incesto, abuso sexual o violación?




9. ¿Soy pareja de alguien que se encuentra en un grupo de recuperación o que se encuentra en terapia para víctimas de incesto, abuso sexual o violación?





Si contestaste SI a alguna de estas nueve preguntas es casi seguro que seas pareja de una sobreviviente de abuso

Cuestionario B
SI
NO
1. ¿Mi pareja fue criada en una familia alcohólica o disfuncional?




2. ¿Se encuentra mi pareja en programas como Alcoholicos Anonimos, Al-Anon o Hijos Adultos de Alcoholicos?




3. ¿Tiene mi pareja un desorden alimenticio como comer de más, anorexia o bulimia?




4. ¿Es mi pareja temperamental o es alguien que llora fácilmente y con frecuencia, sufre de una depresión prolongada?




5. ¿Mi pareja se ausenta o pierde el hilo de la conversación sin razón aparente?




6. ¿Mi parera es propensa a tener accidentes durante períodos que no recuerda?




7. ¿Tiene miedo mi pareja de tener hijos? ¿O de tener hijos de un sexo en particular?




8. ¿Se siente mi pareja intranquila cuendo está con adultos de un sexo en particular?




9. ¿Mi pareja utiliza frecuentemente ropa inapropiadamente ajustada o reveladora?




10. ¿Mi pareja utiliza frecuentemente ropa muy holgada o demasiadas capas de ropa?




11. ¿Mi pareja tiene relaciones sexuales o de amor de manera compulsiva ?




12. ¿Mi pareja utiliza el sexo casi exclusivamente para obtener dinero, control o afecto?




13. ¿Mi pareja tiene hermanos o hermanas que hayan sido víctimas de incesto o abuso sexual?




14. ¿Mi pareja se autolesiona, se ha tatuado por si misma o ha amenazado con suicidio?





Si respondiste SI a tres o más de estas 14 preguntas, es muy probable que seas pareja de una sobreviviente de abuso sexual.

Tomado del libro "Ghosts In The Bedroom


http://pandorasboxasi.blogspot.com/2012/01/soy-pareja-de-ununa-sobreviviente-de.html

domingo, 24 de julio de 2011

Mitos y Realidades

http://pandorasboxasi.blogspot.com/



MITOSREALIDADES
Los abusos sexuales infantiles son infrecuentes.Un 20% de las personas sufre abusos sexuales en su infancia.
Hoy en día hay más abusos que antes.Ahora se destapan más casos, pero siempre han sido frecuentes.
Si ocurriesen en nuestro entorno lo detectaríamos.No son fáciles de detectar. Pueden pasar totalmente desapercibidos.
El incesto ocurre en familias desestructuradas o de bajo nivel socio-cultural.El incesto ocurre en todo tipo de familias, sin importar su condición económica, social, cultural.
El abuso sexual infantil implica violencia física.El agresor se vale de la confianza y manipula a la víctima (un menor) con engaños y amenazas.
Los abusos los comenten exclusivamente hombres.Aunque la mayoría de las veces son hombres, los cometidos por mujeres casi nunca salen a la luz.
El agresor es un perturbado mental, un enfermo psiquiátrico o con un desajuste psicológico.No todos los agresores son pederastas, sus actos pueden responder a una necesidad de sentirse poderosos. Puede ser cualquier persona.
Los familiares no implicados denunciarán el abuso cuando lo detecten.En muchas ocasiones la madre u otro familiar conoce el abuso, pero no lo denuncia.
Los menores son culpables de lo que ocurre por no denunciarlo.Los menores no tienen capacidad para evitarlos. Son niños coaccionados por los adultos que deben protegerlos.
Los niños apenas sufren abusos, casi siempre son niñas.No hay tanta desproporción entre el número de niñas y niños que sufren abusos, pero a estos últimos les cuesta más denunciarlo.
Cuando la relación en 'consentida' no es perjudicial, si no sólo es grave si hay penetración.Hay muchos tipos de abusos donde no hay penetración. La gravedad depende de la intensidad, duración, grado de parentesco.
La mayoría de los abusos los cometen personas desconocidas.Un alto porcentaje de abusos se producen dentro de la familia o por algún conocido. Casi nunca son extraños.
El abuso sexual es algo inevitable.En muchos casos se puede prevenir, falta concienciación social.

miércoles, 19 de mayo de 2010

ABUSO SEXUAL INFANTIL


Dentro de los diferentes tipos de maltrato infantil (MI) que acontecen entre los integrantes de una familia, a más de aquellos a los que nos hemos referido en anteriores oportunidades -abuso físico, abuso emocional, abandono físico y abandono emocional-el abuso sexual infantil (ASI) o infanto-juvenil es la forma de MI más difícil de aceptar y reconocer, pese a estar constatado que la inmensa mayoría de los casos de ASI ocurren en la propia casa, y que el abusador es alguien de la familia (padre, padrastro, abuelo, tío, hermano mayor u otro familiar, concubino).

El ASI puede ser definido como la imposición a niños, preadolescentes o adolescentes inmaduros, de cualquier clase de actividad sexual que no están en condiciones de comprender (o de comprender en su totalidad) ni de consentir y en las cuales los obligan o fuerzan a participar. Siempre importa un abuso de poder o de autoridad por parte del abusador, que emplea la sexualidad como un elemento de dominio sobre el menor, más que para la gratificación sexual del primero, para la satisfacción de su perversidad (placer por dañar) o de su perversión sexual (paidofilia).

Las modalidades y consecuente intensidad del ASI pueden variar desde la exhibición sexual (visión de genitales; masturbarse delante del niño), pasando por “caricias” y “besuqueos”, contacto dígito u oro-genital, hasta la violación (asalto sexual con penetración carnal vaginal o rectal, o introducción de objetos en dichas zonas), aunque la fuerza física (agresión sexual) sólo está presente en un pequeño porcentaje de casos, pues al victimario le basta con utilizar su posición de poder para que el menor le obedezca, ya que su percepción del adulto como autoridad lo torna más vulnerable a ser amenazado, sobornado o inducido a acatar los deseos del abusador. Esta relación de abuso es crónica, permanente o periódica. Su impacto en la víctima es prolongado y los daños psicológicos que le genera son cuantiosos.

También acontecen casos de ASI extrafamiliar, los cuales, por lo común, son perpetrados por alguien que el niño conoce: un vecino, un profesor, un amigo de la familia, etcétera. Pero lo común es que el ASI sea intrafamiliar. Vg., en un estudio publicado por el Comité de Maltrato Infantil del Hosp. de Niños Dr. Orlando Alassia en el año 2004, se informa que, sobre la base de 80 historias clínicas de casos de ASI registrados durante un año, 10 menores tenían 4 años o menos de edad; 31, entre 5 y 9 años; 29, entre 10 y 13 años, y los 10 restantes de 14 a 18 años. En el 73,75 % de los casos, el abusador era un miembro de la familia.

Una forma particular de ASI es el incesto (relaciones sexuales entre parientes consanguíneos o, según la Real Academia Española, “relación carnal entre parientes dentro de los grados en que está prohibido el matrimonio”), y dentro de él, el incesto padre-hija, de efectos devastadores para la víctima. Tema que merece ser tratado en particular, y que así lo haremos en una próxima entrega. Si bien recordando aquí que el incesto (en sentido lato) también abarca a las relaciones homosexuales (vg., madre-hija). Siendo claro que el ASI es de exclusiva responsabilidad de quien lo comete. El mito de la “provocación” -con el cual se pretende “culpabilizar” a la víctima (niños “seductores”)-, apelar a ser compulsivo (que no puede dejar de abusar o violar) o que el niño consintió su vejamen (como si con 5 ó 7 años pudieran oponerse a un adulto que aman, respetan y/o temen) son torpes pseudoargumentos de estilo que se arguyen como defensa contra la acusación de ASI, que no merecen consideración alguna.

¿Y que el niño inventó los hechos?
 Los niños víctimas de ASI rara vez informan a alguien de ello, por temor a que no se les crea (“inventan porquerías”) o a ser castigados (en represalia), o porque el abusador (y/o sus encubridores, de haberlos) los inducen (o presionan, amedrentan, amenazan o sobornan) a callar. Pero hay que tener en cuenta que la mayoría de los niños que revelan un ASI dicen la verdad, y es muy poco probable que un niño idee los detalles concretos de una relación de tipo sexual, a menos que haya tenido una experiencia anterior, por haberla visto o vivido, sino por ser producto de la inducción o la co-construcción (de un falso ASI) de/con alguno de sus padres. Por ello, si se animan a contarlo, es correcto creerles. Porque sus dichos (que deben ser estimados conforme a su desarrollo cognitivo) pueden ser validados mediante la constatación de indicadores de ASI, desde el examen médico (signos físicos: lesiones o desgarros en la zona genital o anal, etcétera) y la evaluación psicológica y psiquiátrica (conocimiento sexual y/o conductas hipersexualizadas impropias para su edad, retraimiento, cuadros disociativos, etcétera). Indicadores que demarcan una sospecha fundada de ASI y que, junto con otros elementos significativos, pueden llevar a su confirmación.

sábado, 8 de mayo de 2010

Qué dice la ciencia sobre el abuso sexual infantil


EL PEDÓFILO O PAIDÓFILO

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales vigente (DSM IV), el pedófilo es un individuo que fantasea, se siente excitado o atraído sexualmente hacia menores de 13 años por un periodo de al menos seis meses. Según la Asociación Americana de Psiquiatría, la mayoría son hombres. El pedófilo puede ser heterosexual, homosexual o bisexual. Sentir esa atracción no es un delito, pero los especialistas recomiendan que quien la siente busque ayuda psicológica o psiquiátrica, ya que ese deseo, con el tiempo, puede salirse de control y traducirse en una acción de abuso sexual contra un menor. “Lo que lleva a un pedófilo a la acción es un pobre control de impulsos. Hay una función cerebral que se da en los lóbulos frontales donde se ejerce el control de impulsos. Cuando no hay uno adecuado, se deja ir el impulso de manera incorrecta”, afirma la doctora Rosalía Fernández y de la Borbolla, médica cirujana con especialidad en psiquiatría, maestría en neurociencias por la Universidad de Barcelona, además de psicoanalista y pionera en educación sexual en México.



Con el tiempo, es probable que algunos pedófilos den el paso a pederastas, como lo publicó un estudio realizado en la Clínica de Comportamiento Sexual de la Universidad de Toronto en el 2002, pues encontró que 44 por ciento de los pedófilos estudiados se volvieron pederastas al entrar al rango de edad que va de los 40 a los 70 años, aunque es importante subrayar que no todos los pederastas son necesariamente pedófilos. Así lo afirma Michael C. Seto, autor de varios libros sobre abuso sexual y profesor asociado de la Facultad de Psiquiatría de la Universidad de Toronto, en el Annual Review of Clinical Psychology de 2009: “Muchos pedófilos no han tenido ningún contacto sexual con niños y tal vez la mitad de los agresores sexuales de niños (pederastas) no coincidirían con el criterio diagnóstico para pedofilia”.



EL PEDERASTA

El pederasta es un adulto (o alguien con una ventaja de cinco años o más respecto al infante) que abusa sexualmente de un menor de edad. Cualquier acercamiento sexual hacia un menor, en cualquiera de sus formas —tocamientos, besos, exhibicionismo, desnudez, juegos eróticos forzados, hasta sexo oral o penetración—, es considerado un abuso sexual y está tipificado como delito. “El delito es tener cualquier acercamiento de índole sexual con niños, sin importar si la preferencia sexual del abusador es de tipo heterosexual u homosexual”, afirma Luis Perelman, especialista en sexología educativa y presidente de la Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología (Femess).


Podría pensarse que las personas que se sienten muy atraídas hacia niños no encontrarán atractivas o no tendrán relaciones sexuales con personas adultas, pero sólo el siete por ciento, según publicó en su página de internet la organización Child Molestation Prevention, son pedófilos exclusivos (que sólo se sienten atraídos por menores). El 93 por ciento pertenece a la categoría de pedófilo no exclusivo: se sienten atraídos por personas menores y adultas; en muchos casos, tienen pareja o están casados.



DETONADORES CULTURALES

En un perfil sobre pedofilia —realizado por un experto del departamento de Psiquiatría del hospital Johns Hopkins para la publicación Mayo Clinic Proceedings de abril de 2007—, se citan diversas fuentes científicas que confirman que la pederastia “no es necesariamente sinónimo de pedofilia” y que afirman que “el abuso sexual infantil no es un diagnóstico médico” que implique discapacidad mental. “No es una patología que amerite justificarlo, el pederasta es una persona con juicio y que debe responder de sus actos”, dice David Barrios, médico y psicoterapeuta sexual, director de Caleidoscopía (espacio de cultura, terapia y salud sexual), y añade que “son excepcionales los casos que pueden atribuirse a alguna afección cerebral o patología clínica”. Barrios destaca como principales factores detonantes del abuso sexual contra infantes elementos de índole cultural. “En nuestras culturas hay, por un lado, un machismo exacerbado, y parte de ese machismo, que incluye a los clérigos católicos, por cierto, consiste en ejercer un poder sobre los demás, particularmente sobre menores. A los hombres, en esta cultura, se nos ha educado para tomar lo que queremos”. También lo atribuye a un ejercicio irresponsable del poder, punto en el que coincide Perelman.

Barrios afirma que desde una figura de poder cualquier pederasta puede incluso “sin amenazas físicas lograr que un menor se someta”. Para Berenice Mejía-Iturriaga, psicoanalista, doctora en Ciencias Sociales y catedrática de la Facultad de Psicología de la UNAM, “aunque el abusador reciba de alguna manera ‘el consentimiento explícito o implícito del menor’, es al adulto a quien va primeramente dirigida la prohibición de gozar de un menor”.


LAS VÍCTIMAS

Se calcula que uno de cada cuatro mujeres sufrió algún tipo de abuso sexual en la infancia y en hombres, uno de cada 11. Según diversas fuentes citadas en el texto dedicado al perfil del pedófilo del Mayo Clinic Proceedings, “los niños que sufrieron abusos experimentan mayor daño psicológico cuando el abuso proviene de una figura paterna (vecinos, sacerdotes, maestros) o involucra fuerza y/o contacto genital”.

Según datos oficiales de EU, 27 por ciento de los pederastas son familiares y se estima que en ese país sólo uno de cada 20 casos de abuso es reportado; en países como el nuestro (donde hay que sumar la desconfianza que la población tiene hacia el sistema judicial) la cifra puede ser mayor. “Las consecuencias para el niño o niña son terribles porque puede vivir en su vida adulta una sexualidad llena de culpa, vergüenza o temor”, afirma Fernández y de la Borbolla. Subraya que “se le debe creer al niño”, así como crear puentes de comunicación y confianza para que pueda expresarse sin miedo. Para Perelman la sociedad ha operado como facilitadora para los abusadores, “porque propiciamos que no se hable de sexo y hablar de sexo es vergonzoso… ese es un clima perfecto para el abusador. Seguramente esto ha sucedido durante mucho tiempo, pero sólo hasta ahora, cuando comienza a haber un clima de mayor apertura, más y más gente está verbalizando y saliendo a denunciar estos abusos”.


TRATAMIENTO PARA PEDERASTAS

La Cámara de Diputados —faltando la ratificación ante el Senado— ha tipificado por primera vez en el Código Penal federal a la pederastia como delito, con penas de nueve a 18 años de cárcel a quien cometa abuso sexual contra niños, inhabilitando al agresor por el mismo tiempo para ocupar cargos públicos y ejercer su profesión. La socióloga Mejía-Iturriaga no considera saludable para la sociedad que los pederastas religiosos tengan privilegios ante una ley laica. “Todas las personas son ciudadanos de un Estado y por lo tanto son sujetos jurídicos. Si alguien comete un delito debe ser sancionado por la ley. Suponer que un pederasta religioso es una excepción lo coloca entonces fuera de la ley y eso implicaría que la ley vale sólo para algunos”.

Independientemente de que sea procesado y purgue una pena como dicta la ley, existen tratamientos clínicos para pederastas (en algunos países son obligatorios) que elevarían las probabilidades de éxito en la prevención de reincidencia. “Fundamentalmente hay dos enfoques terapéuticos para pederastas, uno tiene que ver con procesos de psicoterapia para que no vuelva a ocurrir. Eso está sujeto a una valoración constante del terapeuta que se compromete a seguir el proceso”, afirma Barrios.

El segundo enfoque terapéutico consiste en tratamiento farmacológico que a su vez puede ser de dos tipos, ambos enfocados a inhibir el deseo sexual impulsivo. Los explica Barrios, experto mexicano en ese tema: “Uno es la castración terapéutica a partir de hormonales antiandrógenos. La testosterona es el principal factor biológico que promueve el impulso. Evidentemente en un pederasta ese deseo está alterado. Entonces se mandan inhibidores de la testosterona”. El otro esquema de tratamiento “que también ha dado buenos resultados, tanto en pederastas como en agresores de adultos, es el de inhibidores de la recaptura de la serotonina. Usualmente los empleamos los médicos como antidepresivos, pero en estos casos tienen como objetivo modular el impulso y ha dado buenos resultados”.

Respecto a los niños que han sufrido abuso, dice Fernández y de la Borbolla: “Algunos lo superarán y podrán tener una vida sexual placentera y sin miedos, pero generalmente se queda esta parte del temor hacia una relación con intimidad”. Los expertos coinciden en la importancia de que los sobrevivientes de abuso sexual infantil busquen algún tipo de psicoterapia. “Se puede salir adelante. Queda la herida, pero hay muchas formas de seguir adelante”, concluye Perelman.
Milenio 25 de abril de 2010.

martes, 13 de abril de 2010

Los niños que se culpan a sí mismos...

Los niños que se culpan a sí mismos y a sus familias por haber sufrido abusos sexuales presentan unas mayores tasas de estrés post-traumático

Ésta es una de las conclusiones de una investigación realizada en la UGR en la que han participado 1.500 universitarias, el ajuste psicológico a largo plazo de las víctimas de abusos sexuales infantiles depende, en gran medida, de ciertos factores cognitivos y de la interacción entre ellos
Los niños y adolescentes que se culpabilizan a sí mismos (por ejemplo, pensando que el abuso se produjo debido a alguna característica suya) y a su familia (por ejemplo, pensando que deberían haber hecho más para protegerlo) por el abuso sexual sufrido en la infancia, recurren a un mayor empleo de estrategias de afrontamiento de evitación (por ejemplo, tratar de olvidar lo sucedido, tratar de dormir más de lo normal para no pensar en el problema, o el empleo de alcohol o drogas en el caso de adolescentes). Esto les provoca mayores secuelas a nivel psicológico: concretamente desarrollan unos mayores niveles de sintomatología de trastorno estrés post-traumático (TEP).


Éstas son algunas de las conclusiones de una investigación realizada por David Cantón Cortés, del departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la UGR, y dirigida por los profesores Fernando Justicia Justicia y José Cantón Duarte. Su trabajo –que han llevado a cabo en colaboración con la Universidad de Cambridge (Reino Unido)- ha analizado el papel desempeñado por diversas variables cognitivas en el desarrollo de sintomatología de estrés post-traumático en una muestra de víctimas de abuso sexual infantil (ASI).

Concretamente, los científicos han investigado el papel moderador de las estrategias de afrontamiento, de las atribuciones de culpa y de los sentimientos provocados por el abuso. Este trabajo ha demostrado que el ajuste psicológico a largo plazo de las víctimas de ASI depende, en gran medida, de ciertos factores cognitivos y de la interacción entre ellos, así como determinar bajo qué circunstancias (características del abuso) estos factores cognitivos tienen una mayor relevancia.

Para llevar a cabo este trabajo, los investigadores de la UGR realizaron una encuesta que, de forma anónima, contestaron 1.500 estudiantes universitarias. De este modo, lograron obtener información de un total de 160 mujeres que habían sido víctimas de ASI, las cuales compusieron la muestra de conveniencia final del estudio.

El trabajo de Cantón Cortés es pionero a nivel mundial ya que, a diferencia de estudios previos realizados, no solo analiza el papel de las variables cognitivas en el ajuste psicológico de las víctimas de ASI, sino que también lo hace en función de diversas características del abuso. Es decir, ha investigado las condiciones bajo las cuales estas variables cognitivas tienen una influencia más relevante en el ajuste.

A juicio del investigador, estos resultados “pueden ser de utilidad en la práctica clínica con víctimas de abusos sexuales infantiles, ya que permiten identificar tres áreas de intervención extremadamente útiles tanto por su relevancia en la adaptación como por ser susceptibles de cambio (estrategias de afrontamiento, atribuciones de culpa, sentimientos provocados por el abuso sexual)”.
Parte de los resultados de esta investigación serán publicados próximamente en la revista “Child Abuse & Neglect”, una de las revistas especializadas en el tema del abuso sexual infantil con una mayor relevancia e impacto.

jueves, 8 de abril de 2010

EL ABUSO SEXUAL INFANTIL EL ABORDAJE TEORICO

El abuso sexual infantil se considera una conducta en la que un menor de edad es utilizado como objeto sexual por parte de una persona adulta con quien generalmente mantiene una relación de desigualdad, sea en cuanto a la edad, a la madurez o a las relaciones de poder. Los abusos sexuales no son sucesos
aislados sino que ocurren a lo largo de mucho tiempo, meses o años. La sexualidad abusiva se produce en el momento en que el menor pierde el control sobre su propia sexualidad para ser instrumentalizado en beneficio del placer del adulto.

Lamentablemente, se trata de un problema universal presente en todas las culturas y sociedades.
El abuso sexual constituye un fenómeno complejo por las huellas profundas que deja en la memoria de la víctima ya que es una experiencia traumática vivida por el menor como un atentado contra su integridad física y psicológica.

Si la víctima no recibe un tratamiento psicológico adecuado, puede arrastrar sus efectos hasta la adultez.

La gravedad de esta situación suele favorecer su ocultamiento, sumándose a esto que la mayoría de lo abusos se producen sin testigos, por lo que la única vía para su revelación es la declaración de la víctima. Además, la condición de menor del abusado implica que pocos casos sean los denunciados, ya sea por su incapacidad para comunicarlos, por el miedo que sienten o por que no son conscientes de haber sido sometidos al abuso sexual.

A esto se agrega el hecho de que la mayoría de este tipo de abusos se produce en el interior de las familias o en círculos muy próximos al menor y frecuentemente se crean eficaces estrategias de ocultamiento induciéndole la idea de que lo que ha ocurrido es un secreto compartido.

Es decir que el silencio del menor obedece a diversos motivos entre los que se encuentran el miedo a no ser creído, los chantajes por parte del adulto, la vergüenza, los sentimientos de culpa, el temor, la manipulación que ejerce el adulto sobre su sistema perceptivo mediante la confusión. Respecto de esto
último, el menor es inducido a dudar de sus propias percepciones, a negar su autenticidad hasta lograr que no sepa qué está experimentando, cuáles son sus sensaciones reales, perdiendo la noción de lo que es correcto. Entonces, el menor se persuade de que la realidad más acertada es la del adulto que la interpreta para él y no la suya. Esta negación del propio sentimiento, a veces puede generar trastornos psíquicos de menor a mayor gravedad.

Con todo esto, los menores tienen graves problemas para comunicar esta experiencia con coherencia y de manera inmediata. No obstante esta falta de verbalización de los sucesos, es posible que el menor revele el abuso de manera enmascarada a través de síntomas de tipo psicosomáticos y conductuales.

La violencia puede provocar dolor físico y por tanto generar reacciones de rechazo, miedo o terror. Las segundas pueden ser de distinto tipo, hasta el punto de que algunos niños ni se percatan de que un adulto los ha tocado o los ha tratado de manera impropia.

Los tipos específicos de abusos sexuales pueden ser con o sin contacto físico.Cuando se producen sin contacto físico, se utiliza la exhibición, la masturbación delante del menor, observación del niño desnudo y/o la narración al menor de historias con contenido erótico o pornográfico. Mientras que se produce contacto físico mediante tocamientos, masturbación, contactos bucogenitales y/o penetración.

Un menor de edad víctima de abusos sexuales puede perder sus puntos de referencia afectivos y sufrir una alteración del equilibrio psíquico presente y futuro provocando la pérdida de su autoestima, la incapacidad de establecer relaciones afectivas armoniosas y las dificultades para acceder en el futuro a
una vida sexual y paternal satisfactoria.
Las consecuencias del abuso sexual a corto plazo son en general devastadoras para el funcionamiento psicológico de la víctima. Las consecuencias a largo plazo son más inciertas, aunque existirá una correlación entre el abuso sexual sufrido en la infancia y la aparición de alteraciones emocionales o de perturbación en los comportamientos sexuales durante la edad adulta.

Existen dos grandes tipos de indicios que pueden sugerir la existencia de abusos sexuales sobre un menor. Por un lado, los problemas conductuales como el fracaso escolar, la negativa a hablar o a interrelacionarse afectivamente con los demás, la tendencia a la mentira, la promiscuidad y la excesiva reactividad sexual, los ataques de ira, las conductas autolesivas, la a la fuga y el vagabundeo. En segundo lugar, se presenta dificultades como la depresión, la ansiedad, la baja autoestima, los sentimientos de impotencia, la desconfianza, síntomas psicosomáticos como la aparición de dolores en diversas partes del cuerpo, trastornos del sueño o deseo constante de refugiarse en él.

La mayoría de las víctimas infantiles de abusos sexuales tienen dificultades para crecer con autonomía, pueden tener excesos de estimulación debidas a las brutales manipulaciones y presentar emociones perturbadas o frustrantes que los dejan en un estado sensorial confuso y evanescente, con sentimientos de ser prisioneros de la voluntad ajena, sintiendo una constante amenaza.

Para los especialistas, todas las referencias sensoriales, afectivas y representativas se confunden cuando un menor es víctima de un abuso.Cuando un adulto usa su propia fuerza y poder, el menor no puede oponerse en un plano de igualdad. El adulto utiliza al niño como objeto sexual, asustándolo y sobreexcitándolo cuando aún no es libre de elegir, cuando aún no está en condiciones de simbolizar las experiencias a nivel cognitivo, de verbalizarlas y de valorarlas por lo que son. El impacto de la agresión sexual produce una petrificación emocional con consecuencias graves cuyos efectos pueden hacerse sentir durante muchos años.

Los especialistas explican que las víctimas quedan emocionalmente alteradas después de la agresión. Los efectos que se producen a corto plazo pueden ser los siguientes: reacciones ansioso depresivas, fracaso escolar y en la socialización y conductas violentas. Es decir que las consecuencias son las características de cualquier trauma, entre ellos, los pensamientos intrusivos, el rechazo a estímulos relacionados con la agresión, alteraciones del sueño, pesadillas, irritabilidad, dificultades de concentración, miedo, ansiedad, sentimientos de culpabilidad, que pueden materializarse físicamente en forma de dolores en algunas partes del cuerpo como el estómago o la cabeza.

Se han identificado además cuatro variables como causas principales del trauma por abuso sexual:

 a) la sexualización traumática, ya que el abuso produce una interferencia en el desarrollo sexual normal;
 b) la pérdida de confianza hacia el agresor y también al resto de personas cercanas que no fueron capaces de impedir los abusos;
 c) la indefensión, ya que la víctima se considera incapaz de defenderse ante cualquier situación provocando actitudes pasivas y de retraimiento;
 d) la estigmatización por los sentimientos de culpa o vergüenza, que minan su autoestima.

Respecto de los efectos a largo plazo, el trauma no solo no se resuelve sino que suele transitar de una sintomatología a otra. Los fenómenos más regulares son las alteraciones en el ámbito sexual, como la inhibición erótica, disfunciones sexuales y menor capacidad de disfrute, falta de control sobre la ira, hipervigilancia en el caso de tener hijos, incluso la adopción de conductas de abuso o de consentimiento del mismo y los síntomas característicos del estrés postraumático. Puede suceder también que el abusado experimente retrospecciones, la aparición de recuerdos traumáticos que se imponen vívidamente en contra de la voluntad, inestabilidad emocional, trastornos del sueño, hiperactividad y alerta constante. También puede ocurrir que la víctima se aísle, que se vuelva insensible afectivamente, que se produzcan trastornos en su memoria y en la concentración, fobias, depresión y conductas autodestructivas. A raíz del abuso del que ha sido víctima, el inicio de su vida sexual es traumático por lo que puede presentar sensaciones y conductas distorsionadas en el desarrollo de su sexualidad y trastornos de la identidad sexual.

Incluso las víctimas pueden olvidar las agresiones sexuales o tener recuerdos invasivos de los sonidos del acontecimiento y simultáneamente ser incapaces de recordar las imágenes o viceversa, o pueden recordar los sentimientos experimentados durante el abuso, pero no los acontecimientos exactos que los
provocaron.

Respecto de los abusadores, en términos generales, suelen ser del sexo masculino, heterosexuales y homosexuales, entre treinta y cincuenta años, -aunque pueden presentar conductas proclives al abuso sexual desde la adolescencia-. Su apariencia es la de una persona de inteligencia y vida normales. Este tipo de personas utilizan la confianza y familiaridad que tienen con el menor, acercándose mediante el engaño y la sorpresa como estrategias para someterlo y son individuos conocidos para el menor con los que tiene una relación de asimetría de algún tipo. El agresor sexual suele usar a los menores como sustitutos de adultos.

Se ha señalado que la personalidad del abusador que disfruta sometiendo a un niño y causándole sufrimiento, se encuadra dentro de lo que se denomina estructura psicológica perversa.

Sólo unos pocos pueden ser diagnosticados como psicópatas sexuales. Generalmente suelen ser personas razonablemente integradas en la sociedad sin antecedentes delictivos. Su actitud habitual ante el hecho abusivo es negarlo o minimizarlo, con el objeto de no ser identificado por la sociedad e impedir la intervención judicial ya que el abuso sexual de menores es un delito incluido en las legislaciones nacionales y también a nivel internacional que prevén sanciones con pena de prisión, en caso de condena.

Todos los días se producen actos de esta naturaleza, sin embargo, muy pocos y en contadas excepciones, salen a la luz y menos aún, se imparte justicia.