Una de las mayores secuelas es la culpabilidad, sentirte culpable por haber sido abusada y no decir NO.
¿Por no evitarlo?, ¿por no defenderte?, ¿por callar y someterte a las vejaciones?, ¿creer que eras tú quien quizás provocabas esa situación? ¿Porque a veces se sintió placer? ¿Por parecer que te convertías en encubridora de tu abusador? por a veces recibir regalos o caramelos de tu abusador?, ¿Por no escaparte?.....BASTA YA..NO SOMOS NI FUIMOS CULPABLES.
Éramos tan solo niños(a) s, sometidos psicológicamente en las trampas del abusador...aterrados, sin escapatorias, sin recursos a nuestra corta edad, arrastrados a todo ello, como cuando la corriente de un Río te lleva. Esa culpa que yo sentía, me conllevó a ser más frágil y llevar esa gran bolsa que es la Culpa, y pesa tanto, que no te deja caminar, ni avanzar, ni quererte, tan solo te sientes vacía y muerta por dentro. HAY UN ANTES.ES CUANDO ESTABAMOS MUERTOS.Y UN DESPUÈS...SOBREVIVIENTES.
Cuando estaba muerta me disocié del dolor, ya no tenía dolor físico, tuve que aprender como un automatismo de defensa, para poder vivir situaciones de shock, daño, dolor, miedo. Pues con 5,6,7,8,9,10,años penetraciones de un adulto a la fuerza, por naturaleza ya es escandaloso y brutal...desgarres vaginales e incluso anales .Sangrados, heridas internas, tuve que aprender a curármelas sola, microlina, alcohol. Suena horrible, pero el alcohol no me hacía mas daño del que tenía. Si aprendía disociarme físicamente por el dolor, tuve que aprender a vivir sin sentir...ASI QUE ME MORÌ.DURANTE UNOS AÑOS. Los cuales pues me autodestruía, sin darme cuenta, alcohol, drogas, malas compañías, hurtos, robos, autolesiones. Todo me daba igual, incluso retaba a la muerte, siendo camicace muchas veces, con un coche, ponerme delante, quedarme al borde de anden cerca de la vía cuando pasaba un tren...era como que no sentía nada. NADA....mejor dicho...creo me programé para no sentir.
Hubo un detonante que me hizo parar de nuevo...y poder verme, se murió uno de nuestros amigos por las drogas.
Cuando vi eso...por primera vez me hablé y pregunté. ¿quiero este final también? sorprendida vi que no lo deseaba, e incluso tenía ganas de hacer cosas ,entonces fue cuando empecé a renacer de nuevo poco a poco, retomé los estudios, una cosa otra, bueno casi nada me iba bien o me cansaba aunque me lo sacara, con todo esto es cuando se puso el velo para no acordarme o tener muy presente los abusos, pero siempre me acompañaba una nostalgia, tristeza vacío,,, claro que jamás le eché la culpa a lo que era, me decía es que soy rara. Tenía a veces flashes de recuerdos, era como un puzle y me faltaban piezas, no sabes cómo ni cuándo ni porqué, un día lo recuerdas casi todo. el puzle se arma solo...DIOSSS QUE VERTIGOOO.QUE CULPA..QUE ASCO...NO ME SOPORTABA...
Tan solo se lo pude contar a una hermana, con mucha vergüenza y lentamente, en su día se lo dije a mi madre pero no me creyó. Ella mi hermana me hizo entender que yo no tenía culpa de nada, a todo esto leí mucho sobre el tema, ya no salía tanto...y por supuesto uno de mis abusadores convivía conmigo. Pero ya no abusaba pues ya me vino la regla, pero jamás le dije nada ni le echaba la culpa a él, yo llevaba la bolsa y peso por él sin darme cuenta.
PASÒ TIEMPO Y COSAS BONITAS COMO QUE CONOCÌ A MI MARIDO....EMPECÈ A VOLORARME POCO A POCO, CON EL APOYO DE MI MARIDO, PODIA VER QUE VALIA PARA MUCHAS COSAS, SENTIA AMOR Y ERA CORRESPONDIDA, EL AMOR CURA MUCHO, SOBRE TODO CUANDO NO TE HAS DEJADO QUERER,Y CUANDO SURJE Y TE DAS PERMISO ES HERMOSO.
Y AHÌ EMPIEZA TU PERDON...A TI MISMA,PERDONARTE..YO ME PERDONÈ YA NO ME SENTIA TAN CULPABLE.ERA LIBERADOR, PERO MAS LIBERADOR FUÈ DARME CUENTA EN TERAPIAS QUE IBA Y ESTUDIABA, QUE NO TUVE LA CULPA Y QUE NO ME DEBÌA UN PERDÒN...Y QUE ERA HORA DE DAR EL PESO A QUIENES LES CORRESPONDÌA, LOS ABUSADORES--ELLOS SON LOS UNICOS CULPABLES Y LLEGAR A ESTA CONCLUSIÒN ES COMO PODER LEVITAR Y PODER CAMINAR TAN LIGERA...AHÌ ES CUANDO EMPIEZA EL SER SOBREVIVIENTE, CUANDO COLOCAS CADA COSA EN SU CAJÒN.
LULU OSORIO.
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miércoles, 16 de febrero de 2011
domingo, 13 de febrero de 2011
LECTORA DE TU BLOG
Hola, leí parte de blog, en especial la entrada titulada " Testimonio de una víctima" y me encantó por lo muy indentificada que me sentí. Quise publicar un comentario, pero me emocioné escribiendo y no me lo acepta porque es muy grande, pero sí me gustaría que se publicará. Como es tu blog, me gustaría que me ayudarás h hacerlo, Aquí mando te lo mando. También me gustaría tener contacto contigo. Gracias por tu espacio.
Hola, me llamo Alexandra, les mando saludos desde la Ciudd de México. Escribo porque desgraciadamente también estoy terriblemente idetificada con este tema. No me atrevo a contar la historia, sólo puedo decir que también fui una niña abusada de una manera muy similiara a la del testimonio, también tengo 25 años.
En primer lugar me parece increíble e inconcebible que este mal no respete fronteras. En fin, desafortunadamente es parte de la "humanidad". En todos los casos es igual de doloroso, desastroso, repugnante.
Pero también debemos saber que no estamos solos. Es infinitamente díficil, pero los que han ido a terapia o han tenido la confianza de contarsélo a alguien me entienden: nadie comprende a una persona violada más que otra persona violada. Es un dolor muy particular.
Por supuesto cualquier historia de abuso o violación es horrenda, pero yo creo que no es lo mismo cuando se trató un asaltante o algo parecido, a cuando es alguien completamente conocido y con el 100% de confianza. ¿Cómo pudieron?
La primera vez que fui a terapia hace 2 años fue horrible desmembrar todo ante 2 psicológas que me canalizaron a terapiaa de grupo en donde, a pesar de que todos los casos eran iguales o similares, no me sentí en confianza. Hace un año fui a terapia individual y fue lo primero que canalicé. Me sirvió, pero no totalmente. Me gustaría una terapia más profunda, sin embargo, he llegado a la conclusión de que el dolor no desaprece nunca pues solo se supera parcialmente. Simplemente creo que hay que aprender a convivir con ello y seguir una vida normal.
En cuanto a la vida sexual, puedo decir que me costó demasiado trabajo y eso nadie me lo entendía. A pesar de que deseaba tener una relación sexual completa, entiéndase, con coito, no podía, el recuerdo me daba vértigo. Lo pude lograr hasta que lo hice con el hombre a quien más he amado en mi vida, con quien ya no estoy por otras cuestiones. A él me hubiera gustado contarle, pero no me atreví. Se lo dije mucho después de que terminamos en un mail. Ya reanudé mi vida sexual luego de esta ruptura, creo que al fin puedo vivir la vida sexual que siempre desée, todavía me falta romper con miedos y prejuicios, estoy consciente de ello, pero hace 2 años no podía.
Pese a lo que ocurrió, soy de la idea de que la sexualidad es un aspecto fundamental y maravilloso del ser humano, al que todos tenemos derecho. Cuesta mucho después de vivir una violación o abuso, pero yo los invito a que no se den por vencidos y se den la oportunidad de vivirlo como seres humanos completos que son, porque nunca serán incompletos.
La terapia sí ayuda, no le teman. A mí me funcionó más la individual. También les aconsejo que leean y se informen mucho sobre sexualidad, no sólo sobre violaciones, sino en general. Yo noto que la sociedad es terriblemente desinformada al respecto, pese a la apertuda de la actualidad. Verdaderamente tengamos una cultura sexual amplia, ello permite darnos cuenta de lo maravilloso que es si se vive con responsabilidad y respeto.
Para mí, la principal causa es que todavía los padres no se atreven a darle una educación sexual a sus hijos desde que tienen uso de razón. Cren que tienen que llegar a la pubertad para empezar a hablarles de estos temas. ¡Mentira! Si desde muy chiquitos los niños saben de qué se trata, evitarán un abuso. Además es muy importante el verdadero cuidado de los padres, no la sobreprotección innecesaria, la verdadera protección.
También sería bueno que expertos psicológos hablaran de la patología de los abusadores. Ya sé que los odiamos y no podemos calificarlos de menos que de HIJOS DE PUTA. Pero también debemos conocer y entender su condición psicológica, aunque no justifica los hechos. Yo considero, que tiene mucho que ver justamente el desconicimiento de la sexualidad, de psicología, de falta de autoreflexión. Al menos en mi caso, puedo decir que la primera vez tenía 5 años y el 13. Yo pienso que era un incipiente adolescente con una necesidad y curiosidad sexual enorme, la cual no podía satisfacer por represión, represión por su familia, educación y principios morales, además de mucha ignorancia, entonces en mí encontró sin problemas esa válvuala de escape sin pensar en las consecuencias y en lo que ello implicaba. Tal vez es lo que le ocurre a muchos violadores, aunque sean adultos. Esta persona que les cuento simpre fue buen hijo, excelente estudiante, consiguió buenos empleos, se casó por la iglesia. Aparentemente sería incapaz, sin embargo lo hizo. Desde hace muchos años tengo la preocupación de que lo haya repetido con otras víctimas. Ahora tiene un hijo de 4 años y sobrinos, me parece que una es niña. Sí me inquieta que también estos inocentes vayan a ser ultrajados como yo. Pero desagraciadametne no puedo hacer nada. Solo seguir con mi vida.
Por eso considero importante dejar la mal entendida represión sexual, hacer a la educación sexual parte fundamental desde los pañales, enseñarle a los hijos a conocerse y que el sexo es algo bello e importante, pero que hay muchas otras cosas, para evitar que sean violadores. Y también victimas.
Quisiera tener contacto con todos los que han escrito que valor, que Dios me los bendiga. Y ojalá podamos platicar, no importa que las fronteras nos separen. Por favor escríbanme, es imporante para mí. En especial quisiera entablar contacto con la chica del testimonio, creo que la puedo entender porque nuestras historias son de verdad muy similares. Pero con todos quiero platicar.
A la mujer que cuenta que sabe que su esposo violó a su cuñada, la verdad que valor de seguir con él. Yo no sería tan fuerte: lo dejaba, le quitaba a los niños y si la madre de las otras niñas no puede cuidarlas lucharía por quitárselas también. Pero es mi perspectiva. Si de verdad tienes este valor para sobrellevar la situación, te mando mi más grande felicitación y mi admiración. Solo qusiera decirte que está bien cuides a los niños, pero consero que no debemos creer que todos los hombres son violadores, muchos también han sido violados. Entiendo lo de los pañales, pero él también tiene que responsabilizarse y aprender a convivir con una vagina con respeto. Lo mismo en cuanto a sus hijas adolescentes. Ya no están edad de cambiarse enfrente de él, pero en última instancia tiene que acostumbrarse a que el cuerpo es algo natual que hay que respetar.
Para finalizar, me gustaría contar que mi abusador tenía el sueño de la vida de ser piloto aviador, para ello ingresó en la escuela del ejército. Su sueño se truncó porque ahí lo violaron. ¿Cosas del destino? ¿Comprendería mi posisión? En fin... Un beso a todos y todas y en verdad espero que me escriban.
sábado, 27 de noviembre de 2010
TESTIMONIO DE UNA VICTIMA":
Cuando fui niña fui abusada varias veces por mi hermano desde los 7 años, tambien trato mi primo que me decia que era una perra y otra serie de insultos que no lograba entender, pero esta vez pude defenderme a pesar de tener solo 10 años... conforme paso el tiempo y algunas cosas se me quedaron como que borradas comence a recordar cuando ya tenia 12 cuando el hermano en cuestion trato nuevamente de abusar de mi y esta vez dije no... Tambien pase lo mismo que muchos creo, falta de apetito, vomitaba mucho, tenia un dolor que escondia bien tras mi agresividad de esos años y la verguenza de sentir que alguien habia penetrado y robado cosas de mi que jamas recuperaría y sobre todo sentir la culpa de algo que una misma ni tenía idea que era y todo por crecer en una sociedad machista que dice que si algo pasa es porque la mujer lo permite -como si a los 6, 8 o 10 años ya fueras mujer o como si no hubiera gente que te engaña aun cuando eres mayor que eso o como si no le pasara también a algunos niños- falacia que mas tiene que ver con un encubrimiento de responsabilidad y de no afrontar el hecho de que muchas cosas en el mundo marchan mal...
La forma en que trate todo fue la indiferencia y la racionalidad, el decir: "bueno, ya paso, hay que sacar las cosas positivas, no soy una victima ni lo voy a ser..." claro que la actitud me desemboco en dos intentos de suicidio y varias adicciones y una subsecuente violacion porque lo que no se cura bien vuelve... y si me di cuenta y pude defenderme despues... igual muchas cosas en tu vida cambian, cai en cuenta de que en los años posteriores me habia relacionado con personas quede una u otra forma abusaban de mi, alli viene el problema, de parte de los recuerdos que uno bloquea o no quiere reconocer para no sentirse menos, los efectos psicologicos quedan, de como te maltrataron, te humillaron y pisotearon tus sentimientos, de como te utilizaron como si fueras algo sin valor, facil de tener, eso duele porque todos los dias te despiertas y es una mierda...
ya tengo 30 años y me alegro de haberlos cumplido contra el pronostico de algunas personas que me auguraban una sobredosis o un suicidio temprano (poruqe en verdad mucha gente no quiere entender, menos ayudar y solo se acerca para sacar provecho de que una esta abandonada y mal), hice lo que quise, estudie algo que me gusta y de lo cual vivo, he tenido vida con personas a las cuales he amado, querido, extrañado... el sexo no me es un problema porque me plantee que nadie me quitaria a mi misma sin importar que pasara, ni aun en ese aspecto... No todos los dias son bonitos... pero los mas de los dias lo son...
creo que en el fondo cada uno sabe lo que uno es realmente y eso es lo importante, no dejar que ningun ser mounstruoso te aleje de tu propia visión de ti ni te quite tu mundo interior, porque ese es solo tuyo... suena facil pero no lo es... porque reconocerse como una victima duele, la impotencia de no poder hacer nada es lacerante y las cosas que han pasado asustan porque a veces parece que no todo fue malo porque no hubo golpes... pero muchas veces no hay golpes poruqe quien lo hace es un hermano, un papa o una amigo en el que confiamos... verdad???
No dejen que nadie les quite lo que en verdad son... eso es lo mas importante... si se aprenden a reconocer a si mismos en su propio dolor ya es una gran cosa, despues de eso se reconoceran a si mismos como verdaderamente son y veran que tuvieron la mala suerte de cruzarse con un hijo de puta que se aprovecho de la docilidad y de la confianza que teniamos... nunca permitan que nadie les quite su vida ni que los critiquen por lo que les halla ocurrido y lo más importante... quieranse a ustedes mismos y aprecien todos los dias de su vida que son valiosos...
martes, 27 de julio de 2010
Un gran obstáculo: El Miedo
Todas tenemos una voz interior que nos dice cómo nos sentimos, cada una debe aprender a escucharla, pero en el caso de las sobrevivientes de abuso sexual esta voz es muy baja, apenas perceptible y por la mayoría ignorada. Para mí todo lo que es escuchar esta voz interior y sentir mi cuerpo es nuevo, con la ayuda de mi terapeuta y amigas sobrevivientes ahora me estoy permitiendo reconocer lo que quiero y necesito, me he dado cuenta de cuan sabio es.
Cada persona experimenta las alertas del cuerpo de manera distinta: unas veces son pesadillas, dolor de cabeza, nauseas, agotamiento, entre muchas más formas con que nuestro organismo quiere llamar la atención hacia lo que está sintiendo.
Cuando se me presenta una situación en la que tengo que tomar una decisión, dejar planteado mi punto de vista o simplemente pedir algo, siempre tengo la misma reacción: me duele la cabeza, las manos me tiemblan y se me ponen heladas, cada segundo que me aproximo al momento decisivo me pongo peor. Esto me pasa muy a menudo, de hecho no recuerdo un momento decisivo en mi vida en el que no sintiera escalofríos, aunque siempre lo considere parte de las múltiples enfermedades que me aquejaban.
Últimamente mi cuerpo ha experimentado esto más seguido y tuve que detenerme a escuchar, fue maravilloso, regalarme este momento: estar ahí sentada sintiendo y dándome cuenta que todo se reducía al miedo.
Soy una mujer llena de miedos y muchas veces me paralizan y por mis recelos a no poder hacer algo, no lo intentaba. Existe una frase que dice que el miedo está para que lo venzamos, pero había permitido que me venciera a mí. Ahora que estoy tomando mi vida en mis manos lo tengo presente viéndome a la cara y diciendo que no voy a poder, ahora que estoy decidida a sanar se me presenta más que nunca.
Es que siento que para mí ha sido más fácil esconderme tras el miedo: por miedo al rechazo era lo que todos querían que fuera, sin permitirme ser yo misma; por miedo al abandono, era yo la que lastimaba a las demás personas o me apartaba cuando sentía que se acercaban demasiado; por miedo al fracaso ni siquiera me permitía pensar en el éxito; por miedo a caerme no me levantaba; miedo a los demás, al daño que me pueden hacer y por supuesto el más grande de todos el miedo a mí misma.
Cuando era niña me enseñaron que debía ser sumisa, amable y perfecta. Por eso debía hacer todo lo que se me decía (para agradar a los demás) lo que provocó que me costara mucho decir lo que yo quería o dejar establecida mi personalidad.
Tenía una autoestima tan baja que creía que si alguien se me acercaba demasiado y me conocía realmente y sin mascaras se alejaría de mi y muchas veces antes de dar la oportunidad que me rechazaran yo me alejaba y más bien lastimaba a personas muy importantes en mi vida.
Yo me reconocí sobreviviente en mi cuarto año de la carrera de psicología y fue el peor año de mi vida, todo se desmoronó en mi interior y mi exterior, reprobé todas las clases en las me inscribí ese año, hasta que las autoridades de la universidad me sugirieron que me tomara un descanso y pensara en lo que quería hacer con mi vida. Eso fue hace dos años. Ahora sé que si soy capaz y sé lo que quiero.
No tenía el suficiente valor para volver a intentar ser la dueña de mi vida, para tomar mis propias decisiones porque sentía que volvería a fallar y que esta vez era mi última oportunidad. Mi cuerpo tan acostumbrado al miedo aun responde así ante las mismas situaciones, pero también me dice que ya no soy la misma que era hace dos años, he obtenido autoestima y fuerzas suficientes para recuperar lo que me quitaron con el abuso la capacidad de elegir, de controlar mis acciones y decisiones, defenderme y aceptar lo que cada día puede ofrecerme.
Siento que el miedo en mi proceso de sanación ha sido dañino, pero me ha enseñado lo que me hacía falta trabajar para ser una persona libre y vivir en plenitud. Lo que solo podemos lograr si nos permitimos escuchar a esta voz interna, entonces cada día esa pequeña vos se hará más fuerte y nos dirá lo que necesitamos.
Me he levantado decidida a caminar a pesar de los tropiezos que se puedan presentar, te invito a hacer lo mismo, no importa la situación en la que estés, confía en ti misma, encontraras la salida.
*Soy sobreviviente Teléfono: mailto:yotecreo@gmail.com%20aguasbravas_nicaragua@yahoo.com
viernes, 4 de junio de 2010
Tomemos acciones contra la impunidad de los abusadores
Soy sobreviviente de abuso sexual en la infancia. Conozco de sobra los efectos que nos persiguen toda la vida y por eso mismo, me duele en el alma saber que sigue habiendo niños y niñas que ven rotos sus sueños en manos de seres malditos. Y ante la decisión de la Suprema Corte de Justicia me siento agraviada; considero esa decisión, un insulto para todos los que hemos sido abusados y es una agresión más para todos esos pequeños indefensos que esperan justicia, que esperan que alguien los rescate del horror que están viviendo, que necesitan escuchar que vale la pena luchar por ellos.
Cada vez que alguien intenta minimizar lo que nos sucedió, cada vez que alguien nos dice que ya es historia y que nos pide que olvidemos el asunto, cada vez que una autoridad dice que no hay pruebas, que no procede una denuncia, es una agresión más para nosotros, para todos nosotros, los sobrevivientes.
Cada vez que un niño o niña, hombre o mujer, se suicida, se droga, se destruye a consecuencia del dolor que el abuso le ha causado; perdemos todos nosotros, pierde la sociedad entera. Y eso no lo entienden quienes no saben lo que significa sobrevivir, los que no saben que hasta respirar duele, que respirar se vuelve un acto conciente y volitivo; que por mejor que nos vaya en la vida siempre hay una fractura en el alma, siempre hay un vacío, siempre hay algo que detona en nosotros sentimientos obscuros y sombríos y de un momento a otro nos aplasta y nuevamente tenemos que hacer un esfuerzo inmenso por sobrevivir, por seguir respirando.
Me sorprendo a menudo pensando: piensa en otra cosa, rápido, piensa en otra cosa y entretanto escaneo mi mente en busca de alguna imagen agradable, en busca de algún lugar seguro, en busca de la carita de mi sobrino. Acostumbro repetir en mi mente: keep breathing, keep breathing, keep breathing … ante situaciones que me sacan de control.
Pero, después de todo, nosotros somos adultos, logramos sobrevivir y somos capaces de protegernos. Encontramos maneras de sobrevivir y no cortarnos las venas; de respirar y no usar drogas; y quizá vivimos a medias tratando de protegernos, pero de algún modo sabemos que estamos bien. Ahora debemos ayudar a sobrevivir a aquellos que no pueden hacerlo solos. Y si no podemos evitar que haya nuevas víctimas, debemos de luchar porque los culpables paguen el daño que han hecho y, sobre todo, ponerlos lejos, lo más lejos posible, de sus víctimas y de todos los demás niños.
El silencio es el cómplice del abusador. No nos callemos, alcemos la voz. Gritemos en nombre de todos los que permanecen aterrados en un rincón mientras guardan en su corazón el más terrible de los secretos.
Yo les pido que nos unamos y que convoquemos a todos lo que han sobrevivido y a todos aquellos que nos ayudan día a día a sobrevivir, a que nos unamos y exijamos a las autoridades que legislen con justicia, que actúen con justicia y que impartan justicia. Hagamos una cadena humana en defensa de los niños y niñas que sufren abuso de cualquier tipo.
ANONIMO
viernes, 28 de mayo de 2010
a lo largo de los meses
Cuando tenia 8 o 9 años, bien no recuerdo, dormía en un dormitorio enfrente del de mis padres, y una noche al salir de mi pieza me encuentro con la puerta de su pieza abierta y ellos teniendo relaciones sexuales, inmediatamente sin que me vean, volví a mi pieza. no recuerdo que hice luego, pero fue algo que me traumo bastante .Me quedo muy grabada la imagen y los sonidos , y mas que nada fue eso lo que me volvía loca, el sonido, el jadeo. Desde allí le tenía pánico a las noches, no me podía dormir porque donde estaba escuchaba esos sonidos. Recuerdo que para dormirme me tapaba los oídos con la almohada y lo escuchaba igual…entonces me cantaba para dormir. También me acuerdo que una de esas noches explote, no aguantaba mas, no quería llorar mas encerrada en mi pieza, y Salí de mi habitación y me encerré en el baño, el llanto despierta a mi mama, quien me va a buscar y me dice que no llore mas, que por que lloraba así, que parara y me vaya a dormir. Así fue que mi cabeza entendió que no tenia que llorar por eso, así fue que peor me hizo, porque creía que era una entupida, encima que con el tiempo me fui dando cuenta que los sonidos los seguía generando mi cabeza, no era que mis padres tenían relaciones todas las noches.
Al crecer iba notando que esa situación, tener relaciones sexuales, formaba parte de la vida de las personas, y entonces, ¿quien me aceptaría si yo de repente no podía mirar ninguna escena por televisión o mismo, tener relaciones? Odie mi cuerpo, mi forma de ser, las películas, como “american pie”, “scary movie”, films muy de moda que los veían la mayoría de los adolescentes, menos yo, porque tienen escenas que me ponían muy nerviosa. Tenia mucho miedo a relacionarme con un chico, darle un beso, luego la sociedad me fue llevando a hacer esas cosas, que no quería, sino me quedaba afuera, es mas me acuerdo de haber replanteado acerca de mis inclinaciones sexuales, al no querer ni acercarme a un chico. Calle mucho tiempo esto, pero al hablarlo, cuando lo pude decir como podía, ahí fue cambiando de a poco, fui tomando esto que me paso como algo que realmente me trababa y me ponía mal, algo que lo tenia que solucionar. Y el tiempo me hizo dar cuenta también que uno nunca esta solo, que las cosas se pueden hablar y hay personas, pocas persona, pero las hay, que saben escuchar y entenderte. Siempre hay algo allá afuera que sorprende y da fuerzas hoy es increíble para mi que tenga novio, un compañero, y nos respetemos el uno al otro, mas allá de las consecuencias de un trauma.
A veces pienso, en como te puede shoquear tanto una escena así, estar en medio de algo que no te gusta, te hace mal, pero no sabes que hacer, pensas que sos un entupido si te pasa eso. Estar obligado al silencio. Entonces te lo guardas, pero resulta ser que nadie es omnipotente, y que todo lo que le hace mal a uno, con la única condición de que hace mal, ya es digno de ser escuchado y poder hablarlo, lo que sea, con la persona en quien mas confíes.
Es mas, para mi es medio irónico estar diciendo esto ultimo, ya que dude mucho en escribir esto, pero bueno le di la importancia que le debe dar cada uno a su historia. Quizás esto que escribí le sirva a alguien, quizás no, pero yo ya no callo mas. Y lo mismo deseo que haga la persona que lea esto y tenga lo suyo para contar.
Perdón por la espantosa redacción, así salió,Dejemos de mirar para un costado, o peor aún, hacia abajo.
Este es el espacio para poder empezar a cambiar las cosas.
Agustina.
lunes, 12 de abril de 2010
Ahora comienzo a vivir.
En 2008 escribí un artículo en esta columna titulado “Desde mi experiencia en el camino de la Sanación” para ese entonces me planteé muchas metas, hoy con mucho orgullo y con mucha ayuda comparto lo que hasta este momento he logrado.
Después de un tiempo de haber transitado por este proceso de recuperación emocional del abuso vivido en mi infancia, comienzo a sentirme VIVA. Es casi increíble poder hoy por hoy levantarme por las mañanas con energía, ver que amaneció y sentirme descansada; es una total delicia. Hoy siento que la luz del día ya no equivale a la tortura vivida de tener que despegarme sin fuerza alguna de la cama para poder ir a clases hace algún tiempo o al trabajo en la actualidad.
Hoy siento la fuerza no sólo para levantarme de mi cama por las mañanas sino también para hablar, para hacerme oír; siento una energía cada vez fuerte, energía que seguramente antes ocupaba para sobrevivir. El liberarme de las “piedras o montañas” que cargaba me permite hoy sentirme más ligera, más creativa, más amorosa, más viva. Hoy soy capaz de hablar del Abuso Sexual que yo viví y no solo de la teoría que me enseñaron en la universidad, hoy soy capaz de alzar mi voz y defender mis derechos, desde pedir un trato justo en el bus que me traslada diario a Managua, hasta decidir sobre mi cuerpo.
El camino no ha sido nada fácil, más de una vez pensé que no iba a lograrlo, muchas veces me dije a mí misma que era mejor morirme, sobre todo cuando me permití sentir la tristeza, la rabia y el dolor profundo por lo que me hicieron cuando apenas tenía siete años. Me dolió recordar a la niña que le temía a la oscuridad, a la niña que se sintió sola, abandonada y traicionada por las personas que supuestamente la cuidarían, me costó aceptar que nadie estuvo ahí para defenderme ante los abusadores, me he permitido enojarme con mi mamá porque no estuvo ahí; estoy aceptando que ella hizo lo que pudo conmigo y que no me pudo dar lo que a ella tampoco le dieron: Cuidado, protección y seguridad.
A lo largo del tiempo he podido ver que el abuso sexual era parte de una lista de temas entre muchos por los que tuve que pasar (extrema pobreza, violencia intrafamiliar, familia numerosa en hacinamiento, alcoholismo paterno, antecedentes de abuso ocultos en las mujeres de mi familia por el secretismo cultural en el que vivimos).
Sólo se necesitó de dos personas para que me marcaran la vida de manera terrible, pero he necesitado del acompañamiento personal y profesional de varias para poder hoy estar viva, más de veinticinco personas y contando para poder recuperarme de esa vivencia oscura, muchas de esas personas me llenaron de su luz y de su amor por la vida, otras me tendieron la mano cuando me hundía en el fango del pasado del cual creía que no iba a salir.
También necesité, como ya dije, del acompañamiento profesional de mis terapeutas, su acompañamiento incondicional y humano ha sido crucial en este camino, su muestra de sensibilidad ante el tema, su escucha en momentos de crisis y profundo dolor son impagables.
En conjunto con las mujeres del grupo me permití reconocer las secuelas que nos dejó esta cruel experiencia, juntas nos hemos acompañado por este vía crucis; a través de la práctica de la danza y del juego he aprendido que mi cuerpo podía sentir, pude demostrarme afecto, en estos espacios aprendí a arrancar las malas hierbas que sembraron en mí y comencé a sembrar flores en este terreno desolado, todas estas personas, espacios y momentos me han permitido poco a poco confiar, sentirme segura y poner límites, lo que hasta hoy en día sigue siendo una lucha.
Hago un llamado público a las personas para que nos sigamos sensibilizando ante el tema, pero sobre todo para hacernos co-responsables de lo que nos toca asumir, no podemos seguir haciéndonos los ciegos, debemos hacer todo lo posible y más para seguir creando un mundo libre de abuso sexual.
A los hombres (incluyendo a los representantes de Dios en la tierra) a que repiensen su ser hombre, es responsabilidad de ustedes trabajar el tema entre ustedes mismos. El alcohol y la violencia ya no pude seguir siendo su escudo o su escape, necesitamos verdaderos hombres que comiencen a repensar su ser hombre, por dicha hay muchos que ya están comenzando a abrir sus ojos y su corazón.
A nuestros gobernantes, a que implementen y mejoren la protección a nuestros niños/as, no solo bastan las buenas intenciones, necesitamos mucho más que una pista de patinaje sobre hielo una vez al año.
Soy una sobreviviente de abuso sexual que está logrando salir adelante, que está comenzando a sentir su fuerza, no me voy a callar, no me voy a detener, esta lucha la seguiré librando, sé y siento que no estoy sola, esta vez no.
Georgina Molina Rivera
END - 20:14 - 11/04/2010
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martes, 23 de marzo de 2010
CARTA DE FRANCISCO
Después de contarlo deje de sentirme avergonzado. Quería que más personas supieran las razones y el origen de todo mi mal. Salió algo de mi que llevé durante tiempo y que solía dirigir contra personas que de algún modo me dañaban. Lo peor de todo es que esto me destruía por dentro. Es el odio, no estoy seguro, pero esto en gran parte te lo debo a ti. Así que dirigí todo el odio y la rabia acumulada durante años sobre ti. Hablé y hablé; era una forma de vengarme de ti. A la vez empecé a maldecirte. El momento más crítico fue saber que no fui el único. Esto me lleno de más furia que dirigí sobre mi padre por culparle de muchas de las cosas que me ocurrieron, incluida su manera de educarme. Si supe de esto fue por contar algo que me ocurrió el día de mi cumpleaños, cuando recibí algunos golpes, uno de ellos muy fuerte en el estomago. Parece una locura contar esto pero fue como el presagio de tu final. 138 días duró desde que empezó todo hasta que dejaste de existir. Mientras yo hablaba, tu agonizabas de un mal que tenías donde yo recibí el golpe.
Me sentía poderoso y a la vez creía estar volviéndome loco. Cuando supe que dejaste de respirar, sentí algo que no entiendo, supongo que me alegraba. Llegué a creer que fui yo quien te llevó hasta tu final. Pero esto me llevó a la locura. Creía que no podías tener alma pero al mismo tiempo temía que si y que vendrías a buscarme. Todas las crisis que tuve entonces tenían que ver con esto. Pensé que te apoderarías de mí, pero había algo mas fuerte que no dejaría que ocurriera, no estaba solo, luche y esta vez te gane.
Con el tiempo empecé a pensar que la venganza mas positiva seria que llegara a superar todos los estragos que me causantes, que fuera feliz. Muchas veces creía que mi mayor triunfo sobre ti seria borrarte de mi mente, cosa inútil. Mi hundía para volver a levantarme. Si algo he ganado durante este tiempo es tener personas que han estado a mi lado, que me han apoyado y ayudado. Me han dado fuerza para seguir, y una muy especial me animó aunque en mi mente anidaban muchas dudas. La idea era enfrentarme con el lugar, ir hasta allí. Estar frente a tu puerta. No me sentía solo, creía tener detrás de mi un ejercito de personas dignas que clamaban justicia. No se explicar que pensamientos pasaron por mi cabeza. Llegué a tener un miedo injustificado, al principio, cuando los niños que vivían en mi antigua casa se acercaron a tu puerta. Lo bueno es que me hicieron recordar cuando yo jugaba en mi casa. Me he llegado a odiar a mi mismo por no contarlo antes creyendo que podías hacer daño a otros niños. Me quedé muy tranquilo sabiendo que nunca más te acercaras ni a estos ni a ningún niño más.
Después de aquel momento me tocaba enfrentarme solo a mis miedos. Volví aquel lugar que me llevaste, a la playa, ¿te acuerdas? Aquel lugar tranquilo y solitario alejado de la ciudad. Volví allí, no había tranquilidad, el mar estaba enfurecido y el sol salía tímido entre las nubes. Cuantas veces he pensado en este lugar y como con el tiempo intentaba evitar ir a la playa sin saber muy bien a que se debía. Y por la noche volví, llovía y el miedo me atrapó, me agarraba al paraguas y escondía mi cara. No entiendo que me pasó, pero recordé más adelante que era algo que me pasaba de niño cuando salía del colegio y volvía a mi casa. Pase por el portal y cuando me alejé, junto aquel lugar debajo de la platanera, me agache y cogí una de las hojas que estaba en la acera. Lo hice sin pensarlo, supongo que para intentar borrar aquel recuerdo, justo donde me obligaste a callar y a guardar el secreto.
Después de todos esos momentos que viví, de aquellas palabras que tu vecino pronunció: “el ya no esta” que se me quedaron grabadas, llegaron los pensamientos y los sueños. No me he enfrentado a ti pero mis sueños se encargaron de hacerlo. Algunos eran horribles, otros que no entiendo y pensamientos y miedos de ser como tu. Pero con la diferencia que todas las dudas las resuelvo. Y saber que mi mundo se llena de cosas que tú jamás disfrutaste, porque una persona sin alma es incapaz de ver ni sentir. Mi última batalla la he ganado, y que casualidad que has desaparecido de mis sueños, esos en los que conseguías que la cadena siguiera. ¡Malditas cadenas! El mundo esta llenas de ellas y hay que romperlas.
Publicado por Joan Montane martes 23 de marzo de 2010
martes, 16 de marzo de 2010
Tú me enseñaste a llorar.
Hace 40 años que vivo con un grito encofrado en la garganta, yo lo quería parir como las raspas del pescado que si se dejan se infectan y se hacen pus que arrastran toda tu sangre y por más que lo intentaba, sólo sabía mascullar contra mi saliva, la tuya, padre.
Hace tanto tiempo que olvidé qué es permitirle a la boca liberarse en un “papá”, que cuando quería hacerlo, aun en la más plena soledad, como un ensayo, sólo dejaba volar un resuello quiebro, que concienciándome de lo espeso de la distancia, de este hálito de bruma en que tú me dejaste, se transformaba en un “por qué” infinito como el cielo, siempre de ojos perdidos y flema.
Te he odiado “padre”, tú destapaste la caja de los mil demonios y fantasmas, cuando aún no tenía edad de pensar en esas cosas. Tú me negaste el perfume, que yo guardé sin querer, con el albornoz de su juventud con bigote, con las anginas y las sábanas, los “frigodedos” y las acuarelas y al que yo sin saber invocaba en las noches de pesadillas. Sin embargo me diste otros olores que ahora son nausea y que hoy en mi memoria pugnan por salir a flote.
Tú me enseñaste a llorar.
Te he odiado con la fiebre del sarampión sin regalos, y de la varicela sin abrazos y con el terror de mirarte a los ojos y saber que llegaría la noche y tú visita sería inevitable.
Te he odiado con la arrogancia de la adolescencia, con la ira del traslado forzoso y las notas en mi estuche. Tú me enseñaste a escribir a la pena cuando no sabía qué era pena y me robaste los dientes de leche y toda la alegría de volver a casa para verte, porque sabía que estarías esperando con el cinturón en una mano y el cigarrillo en la otra.
“Papá”, te odié hasta desearte la muerte y yo era un corazón precoz, pero sabía que aquello no estaba bien y conseguiste que la culpable fuese yo.
“Te he olvidado”.
Miento, nunca lo hice, nunca se olvida la sinrazón de mi desdicha, ni se evade la frialdad de este pasado que hemos perdido para siempre.
No puedo mirarte, padre. Ayer encontrarte era el temor del puño y la desidia, la taquicardia, el abismo, era el reencuentro con la única verdad, la que quise arrojar como un escupitajo al vacío y escupiendo hacia arriba, pero siempre me cayó en la frente.
¿Sabes? Un año entero, soñé tu muerte, noche tras noche, y lloraba el caudal de esta pena, que ya no es rencor, ni es venganza. Que ya no tenía ningún nombre…
“Te he visto, padre” y tú no lo supiste, hasta después, cuando creíste ser joven de nuevo y enamorarte otra vez de mi madre, mirándote en mí. Porque mi piel es como la de ella, y mis ojos son profundos como los suyos, pero te hablan de otra tristeza, por eso no puedo mirarte y ver, padre… Te dejé, las copitas de anís, los seises de Reyes Magos, hoy ya no puedo más… odiarte.
Te ví, sangre de mi sangre… frente arrugada, pelo cano y tu mirada aguileña aflojaba el paso de los años, el vencer de las noches, de no saber dónde ir… eres viejo, padre, y yo no puedo mirarte y descubrir, que nos hemos perdido, que esta vida nos ha partido de raíz, distante y vacío, doloroso como tú, como este dolor que me infligiste, quiero llamarte… no puedo, no sabes que sangra tu nombre en mi garganta, que mi garganta es muda a tu encuentro…
Pero necesito decirte que ya no te odio, que tampoco te quiero, que no te necesito...
Hace tanto tiempo que olvidé qué es permitirle a la boca liberarse en un “papá”, que cuando quería hacerlo, aun en la más plena soledad, como un ensayo, sólo dejaba volar un resuello quiebro, que concienciándome de lo espeso de la distancia, de este hálito de bruma en que tú me dejaste, se transformaba en un “por qué” infinito como el cielo, siempre de ojos perdidos y flema.
Te he odiado “padre”, tú destapaste la caja de los mil demonios y fantasmas, cuando aún no tenía edad de pensar en esas cosas. Tú me negaste el perfume, que yo guardé sin querer, con el albornoz de su juventud con bigote, con las anginas y las sábanas, los “frigodedos” y las acuarelas y al que yo sin saber invocaba en las noches de pesadillas. Sin embargo me diste otros olores que ahora son nausea y que hoy en mi memoria pugnan por salir a flote.
Tú me enseñaste a llorar.
Te he odiado con la fiebre del sarampión sin regalos, y de la varicela sin abrazos y con el terror de mirarte a los ojos y saber que llegaría la noche y tú visita sería inevitable.
Te he odiado con la arrogancia de la adolescencia, con la ira del traslado forzoso y las notas en mi estuche. Tú me enseñaste a escribir a la pena cuando no sabía qué era pena y me robaste los dientes de leche y toda la alegría de volver a casa para verte, porque sabía que estarías esperando con el cinturón en una mano y el cigarrillo en la otra.
“Papá”, te odié hasta desearte la muerte y yo era un corazón precoz, pero sabía que aquello no estaba bien y conseguiste que la culpable fuese yo.
“Te he olvidado”.
Miento, nunca lo hice, nunca se olvida la sinrazón de mi desdicha, ni se evade la frialdad de este pasado que hemos perdido para siempre.
No puedo mirarte, padre. Ayer encontrarte era el temor del puño y la desidia, la taquicardia, el abismo, era el reencuentro con la única verdad, la que quise arrojar como un escupitajo al vacío y escupiendo hacia arriba, pero siempre me cayó en la frente.
¿Sabes? Un año entero, soñé tu muerte, noche tras noche, y lloraba el caudal de esta pena, que ya no es rencor, ni es venganza. Que ya no tenía ningún nombre…
“Te he visto, padre” y tú no lo supiste, hasta después, cuando creíste ser joven de nuevo y enamorarte otra vez de mi madre, mirándote en mí. Porque mi piel es como la de ella, y mis ojos son profundos como los suyos, pero te hablan de otra tristeza, por eso no puedo mirarte y ver, padre… Te dejé, las copitas de anís, los seises de Reyes Magos, hoy ya no puedo más… odiarte.
Te ví, sangre de mi sangre… frente arrugada, pelo cano y tu mirada aguileña aflojaba el paso de los años, el vencer de las noches, de no saber dónde ir… eres viejo, padre, y yo no puedo mirarte y descubrir, que nos hemos perdido, que esta vida nos ha partido de raíz, distante y vacío, doloroso como tú, como este dolor que me infligiste, quiero llamarte… no puedo, no sabes que sangra tu nombre en mi garganta, que mi garganta es muda a tu encuentro…
Pero necesito decirte que ya no te odio, que tampoco te quiero, que no te necesito...
jueves, 25 de febrero de 2010
Testimonio abuso sexual - Ander
Era un niño solitario, introvertido, que siempre jugaba solo. No hablaba ni me quejaba, a no ser que quisieran meterme en la ducha. Pasaba las horas tirado en el suelo de mi cuarto, jugando con mis coches.Mi hermano fue quien destruyó mis días poco a poco sin apenas darme cuenta. Me incomodaba, eso seguro, aunque era demasiado pequeño para ser consciente de mucho más. Era una sensación que ya conocía. No puedo recordar el día que comenzó aquello; sólo soy capaz de recordar esa sensación, la sensación de que ya has vivido lo que te está pasando, y desde luego que era un "juego" que no me gustaba.
No puedo recordar sus palabras, de qué manera accedía, ni como lograba que yo jugara a sus "juegos", pero lo cierto es que lo conseguía, y entre tanto yo callaba y me sentía culpable, sucio y asqueado. Además veía como mi padre siempre estaba por él; era su hijo favorito. Yo tenía más el aspecto de un niño enfermo. Digamos que no daba el perfil para ser el hijo predilecto de "papa" y de "mama". Ella siempre consintió, tanto aquel favoritismo, como lo que mi hermano hacía conmigo.
Recuerdo perfectamente, siendo aún pequeño, que una vez entró ella en la habitación donde mi hermano, justo en ese momento, empezaba a "jugar" conmigo. Pero mi madre, muy lejos de involucrarse, parar aquello y quitarme muchos años de sufrimiento... se limitó a cerrar la puerta para dejarme allí en la oscuridad. Ya nunca volvió, nunca abrió esa puerta. Hasta hace poco aún esperaba, con ojos implorantes, verla abrir aquella puerta. Hoy ya no espero nada.
El agresor campa a sus anchas, se desenvuelve con absoluta naturalidad entre los demás miembros de la familia, y todos le bailan el agua, sin embargo yo soy un "autista", el raro, el que se encierra entre las cuatro paredes de su habitación, siempre solo...
Siempre solo, al igual que en los patios del colegio. Siempre estuve solo, hasta que me acostumbré a tenerme tan sólo a mí. Y mientras tanto él siguió haciendo conmigo lo que quiso, con total impunidad. Me sodomizaba, me obligaba a practicarle felaciones, me humillaba delante de todo el mundo, me insultaba, se burlaba de mí, tanto a solas como delante de sus amigos... y yo... yo bajaba la mirada, callaba, me giraba y volvía a casa, a esconderme en mi guarida.
Puede que para mis padres haya sido tan solo un número, el cuarto, el último de todos. Creo que no esperaban tenerme, fue un error. Pero una vez nacido al menos podrían haber disimulado un poco. Nunca tuvieron la reacción que esperaba. Debo suponer que tratar a un hijo "autista" y "anti-social" era demasiado complicado para ellos, o quizás lo difícil era prestar atención a lo evidente y buscar ayuda.
Mi historia fue así y no puedo modificarla por más que lo desee. Estuve viviendo muchos años entre la desesperación, los abusos, el miedo nocturno, las humillaciones, el continuo disimular y el intento por ser un buen hijo a los ojos de unos padres que nunca vieron en mí a ese hijo que querían; nada era suficiente, y por el contrario, todo lo que venía de mi agresor era bien recibido.
De nada ha servido, familiarmente hablando, relatar lo que me ocurrió. Incluso creo que lo cuestionan, pero para mí ya no hay nada que cuestionar. Es imposible inventar tantas cosas, tantos detalles... ¿Es que no se dan cuenta? ¿Por qué habría de hacerlo? ¿Por celos, quizás? En absoluto; él fue quien siempre sintió celos de mí.
Es tan contradictorio ser abusado, humillado, insultado, y a un mismo tiempo ser también deseado, ser el centro de sus celos. No tiene sentido.
Me condenó a una tristeza y una depresión profunda de la que sigo sin poder escapar del todo. Siempre sintiéndome solo, siempre estando solo. No tenía amigos ni tampoco los buscaba. Creo que lo que yo buscaba no podía ofrecérmelo nadie... tan sólo compartía algo de mí con aquellos cuadernos que llené de escritos donde daba rienda suelta a un odio ilimitado hacia mí mismo. Deseaba la muerte, porque él ya me había matado en vida. Sentía que todos los demás le apoyaron y nunca objetaron nada ante aquella mutilación. Nunca cesaron los abusos, ni siquiera sus insultos.
Revisando años después algunos de mis escritos, descubro que hoy tienen sentidos diferentes a los que le daba en su día. Hoy he abierto los ojos, de alguna manera he madurado, ahondo más en ese dolor, y empiezo a entender mejor lo poco que merecen la pena aquellos seres que decían quererme, que se criaron conmigo, que me dieron la vida, aunque yo hubiera deseado no nacer.
He sido durante muchos años una persona oscura, y creo que siempre quedará una parte de mí que no alcanzará a ver la luz, pero no teñiré todo de negro nunca más, no quiero que me controlen, no pueden, no soy su marioneta, ya no. Lo he sido durante demasiado tiempo.
Ahora, cada vez que el pasado vuelva a mí, intentaré que sea de otra manera, teniendo claro que quienes decían quererme no me quieren, sabiendo que hay personas fuera de aquella familia que realmente me quieren. Es por ellas por quien doy la vida.
Me tendréis por siempre; no me habéis parido, más os debo la vida, sin vosotras hoy no estaría vivo. Si no os hubiera tenido la noche más fatídica de mi vida, todo habría acabado. Pero ellas estuvieron ahí, al otro lado del teléfono, calmándome, reteniendo mis impulsos hacia el suicidio.
Os amaré siempre.
Publicado por Joan Montane jueves 25 de febrero de 2010
domingo, 7 de febrero de 2010
TESTIMINIO DE MARCE
Mis recuerdos son fragmentados y ambiguos. Eso me lleva a cuestionarme sobre la importancia de recordar conscientemente todo lo sucedido. A veces me da mucha bronca no poder hacerlo, y a veces lo necesito con desesperación, pero bueno... es lo que hay.
Sé que no tenía más de tres o cuatro años. Y el mundo a mis pies. Era el único hijo de unos padres medio raros, cuya relación amorosa iba y venía como el viento. A veces juntos, a veces separados. Mi padre viviendo en casa por épocas...
Durante los periodos en que mi madre estaba sola, sin mi padre, nos instalábamos en la casa de mis abuelos. Ellos vivían en el campo. Lo recuerdo como un lugar maravilloso, donde podía andar a mis anchas y donde lo más simple se tornaba mágico.
Sin embargo siempre hubo algo, aunque fuera muy en el fondo y a pesar de toda la magia del lugar, que me decía que algo no había estado bien. Crecí con la firme convicción de que había algo oscuro dentro mío, con la seguridad de que un monstruo se escondía en mis entrañas.
Recuerdo a mi abuelo como un hombre de costumbres sencillas, policía de profesión y querido y respetado por sus vecinos. Todos me recuerdan como su nieto preferido... a pesar de tener muchos. Solo de grande descubrí cuán preferido fui para él.
Durante toda la vida me he sentido diferente, incomprendido... Toda la vida acompañado por esa inexplicable necesidad de fingir ser otro. Siempre con la idea omnipresente de que al mostrarme "tal cual era" la gente huiría despavorida. Así me fui perdiendo en mi propia maraña, entregado a esta compulsión de agradar, de decir a todo que sí, de mostrarme gracioso, amigable y sumiso. Y por dentro, la podredumbre me seguía ganando el alma. Y las noches en vela, y las ganas de nada... La sensación, si trato de ponerla en palabras, sería algo parecido a estar sumergido en un pozo oscuro lleno de lodo. Un lugar donde los esfuerzos por asomar la cabeza resultaban estériles, donde cada movimiento que intentaba era lento, forzoso, doloroso... Era mejor, entonces, estarse quietito, no intentar ninguna jugada rara y aceptar que jamás me podría enfrentar a un pasado que me llevaba, irremisiblemente, a un destino sobre el que no podía ejercer ningún control. La plenitud no estaba hecha a mi medida; de eso estaba seguro.
Pero... ¿qué era todo eso que siempre me tiraba para abajo, siempre más al fondo? ¿Cuál era la compulsión que me hundía en esa depresión sin retorno? Sólo sabía que el monstruo hablaba dentro de mí, confirmándome presentimientos que apenas me atrevía a comprender. Yo tenía la culpa, yo era responsable de mi miseria. Es más; me merecía esa miseria. ¿Por qué? Simplemente porque estaba sucio, porque era inservible, porque era un fracasado.
El estigma del fracaso me perseguía desde la niñez. A pesar de haber sido un excelente alumno, a pesar de no haber tenido problemas aparentes para relacionarme con los demás... a pesar de ello, toda mi vida sentí el fracaso o la frustración como algo cotidiano.
No había nada que llegara a satisfacerme. Nunca nadie me conformaba del todo. Nunca podía "mostrarme" como era. Nunca podía relajarme. Al final llegó un momento en que me entregué de una manera tan sumisa a los hilos de esta vorágine... que sin duda fue ahí recién cuando entré en la parte más oscura de mi vida.
Esa necesidad de fingir ser algo que no era, o que yo sentía que nunca iba a poder ser, terminó por esclavizarme. Fingía ser feliz, imponente, glorioso, inmutable. De hecho llegué a ser un tipo muy popular en todos los ámbitos de mi vida. Todos querían ser amigos míos, todos querían estar cerca de mí. Todos me querían... ¿todos me querían? No. Definitivamente no. Todos querían a un Marcelo de cartón, a una caricatura, a una imagen que yo proyectaba para ocultar algo de mí que ni siquiera sabía qué era. Pero por dentro el monstruo era más contundente. La apatía me ganaba el alma y se iba comiendo cada vez más mis fibras más íntimas.
Lo peor que alcanzo a recordar eran las noches. Dios... ¡cuánto miedo le tenía a las noches y a la soledad! Ahí aparecía el Marcelo real. Las crisis de angustia, el odio hacia mi mismo... porque estoy seguro que era odio. Me odiaba. Evitaba los espejos para no tener que reconocerme en ellos. Fíjense que llegué al punto de tapar con una cinta autoadhesiva el espejo a la altura de los ojos cuando iba a afeitarme, porque no resistía mi propia mirada.
Me sentía tan solo, tan a la deriva, tan culposo, tan culpable... y otra vez el interrogante. ¿Culpable de qué? ¿¡De qué!?
Casi por casualidad (aunque las casualidades no existen) empecé a ir a terapia. Casi sin querer empecé a reconocer cuáles eran mis miedos, mis dolores, mis partes más oscuras, mis culpas más ancestrales... ¡Y surgió de golpe una imagen y el terror! Recuerdo esa sesión como si fuera hoy. Hablando de cualquier otra cosa (aunque sabemos que en un contexto de terapia no existe el "cualquier otra cosa") apareció en mi mente una mano, muy vívida. Una mano que se acercaba, y que me iba a hacer daño. Una mano a la que yo podía verle las uñas recién cortadas, a la que podía verle cada unos de los pliegues de su palma... Y no quise recordar más. El terror se apoderó de mí, y tuvieron que medicarme...
Por un tiempo no quise ni pensar en esa mano. No quería recordar más. No quería... pero entonces empezó a aparecer en mis pesadillas. Y peor, empezó a aparecer acompañada de otras sensaciones que lo hacían más real. El olor de los eucaliptos... el ruido de un camión en marcha.... no podía apartar esa mano de mi pensamiento aunque quisiera. No podía hacer como si no existiera... sentía que me iba a volver loco. De remate. Definitivamente loco. Pero no. Fue otra vez en terapia donde tuve que empezar una vez más a hablar de esa mano que se aparecía todo el tiempo en mi cabeza, y también de las sensaciones que la acompañaban. Esa vez, en terapia, supe que había sido abusado sexualmente. Esa vez adquirí plena conciencia del horror. ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? Y sobre todo... ¿por qué?
Todavía tardé un tiempo en desenmascarar la identidad de mi agresor. Mi mente lo defendía a capa y espada; no quería dejarlo desnudo ante mi mirada adulta. No quería que descubriera que una de las personas en quien más confiaba, era la que más daño me había hecho en toda mi vida. Pero fue así. De a poco fui reconociendo esa mano, y el aroma a eucalipto del campo de mis abuelos, y el camión de mi abuelo, y el anillo en la mano de mi abuelo...
Qué difícil describir la infinita tristeza que me encogió el alma cuando por fin dejé al descubierto a mi abusador... que desilusión, qué decepción tan grande la que desgarró mi corazón.
No recuerdo mucho más que esa mano. No tengo conciencia real de qué fue lo que me hizo. Ni el tiempo que duró. Sólo que empezó a los tres años, aproximadamente, y terminó a los ocho.
Es tan difícil empezar a aceptar que la persona que tiene que cuidarte es la misma que, para satisfacer su perversión, te usa y te condena a una vida de sufrimiento. Es tan difícil de entender que la culpa no es tuya... Y lo tenés que repetir una y otra vez. La culpa no es tuya, no es tuya... y por más que lo intentas, por dentro, sentís que toda la culpa recae en tu pecho.
Es tan difícil quererse a uno mismo... aceptarse... Cómo iba a quererme cuando estaba "demostrado" que no merecía el cariño de nadie. Es tan difícil sentir que el futuro puede ser diferente. Es tan difícil entender que otra vida es posible, que puede haber un destino alternativo, un horizonte propio. Es tan difícil entender que tu vida no está arruinada sin remedio. Entender que está en tus manos cambiar el rumbo, barajar y dar de nuevo.
Es demasiado dolor. Demasiado. Es demasiada tristeza acumulada. Demasiados años de silencio y de soledad. Son demasiados miedos los que guiaron mi vida. Demasiadas culpas ajenas. Demasiado horror. Hasta que decidís que no es demasiado. Hasta que por una razón de pura supervivencia volvés a intentar ponerte de pie. Y las cosas aparecen más claras, el panorama más abierto. Y acá estoy. Entre ustedes. Con esta historia a cuestas, con este dolor a cuestas. Y con toda una vida que me espera. Y con toda la esperanza que nunca tuve. Porque el miedo ya no es mi guía. Porque tomé el timón de esta embarcación para convertirme en mi propio capitán, tripulante y pasajero.
sábado, 6 de febrero de 2010
Testimonio de Lorena (2ª parte)
Otras veces, algún tiempo después, yo hacía mi tarea en la mesa del comedor y él llegaba de visita de rutina, como casi todas las mañanas. Se sentaba bien pegadito a mi silla. Mi mamá estaba de espaldas a la mesa, preparando el almuerzo, cortando, picando, trozando, lavando, mientras yo trataba de concentrarme en mis sumas, en mis oraciones, pero ese olor a… ¿sexo? No sé, sólo sabía que ese era su olor cuando tenía pretensiones conmigo. Ese olor empezaba a distraerme y me paralizaba; me quedaba quietita, como una estatua, procurando sólo toser o mover un poco más ruidosamente los lápices para que mi mamá no escuchara el ruido de su masturbación, ni el de su respiración. A veces, mi mamá se daba la vuelta y él continuaba con sus manos abajo, apoyado con los hombros en el filo de la mesa, su boca semiabierta y la lengua asomada, con cara de lobo sediento y hambriento, mientras yo hacía grandes esfuerzos para concentrarme en mi tarea, mientras mi corazón latía desbocado ante el temor de que mi mami lo advirtiera, ¡PERO NO!, ¡nunca advirtió nada!, hasta el punto que se sacaba el delantal y le pedía la gauchadita de cuidarme y ayudarme a terminar la tarea, mientras iba al centro de compras y volvía. Y se iba… ¡Siempre se fue! Entonces, mi pulso se aceleraba aun más, y aunque me aliviaba porque mi mamá no nos hubiera descubierto, temía por lo que vendría después. Sabía que tenía que dejar que las cosas pasaran, que era sólo un ratito. Cerraba los ojos y pasaba.
Me sentaba en la punta de la mesa y me penetraba. Yo no veía la hora para que terminara e irme corriendo al baño a lavarme. A veces dolía tanto que hasta llegaba a sangrar. A veces el olor era tan fuerte y nauseabundo que tenía que cambiarme la bombacha. Cuando al fin me dejaba, corría asustada a encerrarme en el baño. Me impregnaba con jabón para que nadie sintiera aquel olor cuando saliera de allí, siempre tratando de ocultar cualquier evidencia que pudiera develar aquel secreto… ¡¿por qué?!
Mis recuerdos más nítidos los ubico en aquellas mañanas en las que yo dormía… Escuchaba su chata llegar, escuchaba cómo entraba en casa. Entonces, yo me tapaba, aunque me muriera de calor. Me retorcía como un nudo, tratando de tapar cualquier hueco que quedara para entrar bajo el cubrecama… Sabía que vendría. Y así era. Antes que cualquier otra cosa, y como de costumbre, preguntaba por la chinita. Y mi mamá lo mandaba a despertar a la remolona. Oía cómo sus pasos se acercaban y en unos segundos se desbarataban todos mis esfuerzos con el cubrecama. Siempre encontraba el modo. Empezaba a deslizar su mano por mis piernas, mi pecho… Yo me hacía la dormida… ¡¿por qué?! ¿Por qué no me levantaba antes?, ¿por qué no gritaba?, ¿por qué no le miré a los ojos y lo corrí de mi cama?, ¿por qué no hice eso recién a los doce, a los catorce, a los quince?, ¿por qué no pude hacerlo antes?
Y acá lo más terrible que he debido afrontar: ¿disfrutaba? Era placer corporal, sensaciones desconocidas. La vida se me está yendo tratando de entender, de reconocerme como una criatura erógena, incapaz de distinguir lo que estaba bien de lo que estaba mal. Y es que ¿cómo podía estar mal algo que causaba tanto placer? Todavía hoy me cuesta encontrar respuestas. A pesar de toda la lógica y la racionalidad de mis años, sigo perdiéndome en el vacío. Si esto es así, ¿qué respuestas podía encontrar mi pobre niña?
¡Maldita sea! Siempre me dijeron que no comiera tantos caramelos porque se me caerían los dientes, pero nunca me dijeron que no dejara que me tocasen porque me arruinarían la vida.
Cuando advertí que aquello no era normal, ya era demasiado tarde. Él seguía insistiendo, aunque entonces ya podía hacer uso de buenas artimañas para esquivarlo, evitarlo, rechazarlo, correrlo… La última vez que intentó tocarme tendría yo alrededor de quince años, quizás. Pude pegarle una cachetada, mirarlo fijo a los ojos y advertirle que no volviera a intentarlo, que no se acercara más, porque todo el mundo sabría lo que me había hecho.
Imagino que seguirá viviendo con total impunidad, quién sabe si haciéndoles lo mismo que a mí a otras criaturas. Para todo el mundo fue lo mismo que esto saliera a la luz. Todos siguieron no estando, no viendo.
Y yo acá, tratando de reconstruirme desde otro lugar, desde otros afectos, otras emociones…; cometiendo errores, cayendo una y otra vez…, pero sigo en pie, buscando desesperadamente todos aquellos abrazos, el refugio y la protección que no tuve en su momento.
Duele. Este nuevo proceso es sumamente doloroso, pero estoy dispuesta a destapar y a dejar de evitar para que nunca más vuelva a dolerme. Ansío poder encontrarme con lo más hermoso y más espantoso que tengo dentro para elegir de una vez y para siempre aquello que me pertenece de verdad y con lo que quiero quedarme.
jueves, 4 de febrero de 2010
TESTIMONIO

Llevo tiempo buscando la mejor manera de expresarme, intentando dar con la fórmula que me permita contar —y contarme— mi historia. Y debería ser así, porque, a decir verdad, nunca lo hice; sólo fui capaz de plasmar pequeños fragmentos en clave en aquel diario que guardaba celosamente en mi adolescencia; retazos de un pasado donde relataba cómo me habían cagado la vida, cómo aprendí desde tan pequeña a sentir aquel odio tan inmenso…
Vueltas y más vueltas, viendo mi historia como un ovillo al que no acierto a encontrarle un principio. Pero lo encontraré; sé que hoy es el día indicado para sentarme a escribirla, porque estoy abierta hacia adentro, porque me estoy mirando, porque estoy sensible a mí, porque llueve… y porque tengo ganas de que me abracen.
Hasta acá, siempre me he sabido abusada sexualmente, y en este nuevo proceso que he iniciado me estoy ocupando de las secuelas, de las consecuencias, aunque todavía me cuesta mucho empezar por donde debo; allá donde más duele. ¡Me cuesta tanto recordarme y reconocerme en esas situaciones! No me gusta hablar de ello; nunca he podido sacar fuera esos recuerdos que, como dagas encendidas, corren y queman las venas, las entrañas…
Algunas imágenes son muy fugaces, pero al mismo tiempo van acompañadas de sensaciones muy fieles e intensas, sensaciones que quedaron impregnadas en la piel y que me remiten a una muy corta edad, quizá a los tres o cuatro años, y que no me abandonan hasta los quince…, quizá dieciséis.
Mi tío, el marido de la hermana de mi madre, siempre cerca, siempre dispuesto para el cuidado de su sobrina. Siempre con una buena excusa, buscando la ocasión para estar solos.
Algunas de las imágenes más nítidas pertenecen a la época en la que me subía a su chata. Lo recuerdo mirándome con esos ojos grandes y negros…; esa boca grandota y sedienta; sus manos pesadas y ásperas; su respiración incitante, con aquel olor que aún hoy suelo reconocer. Me llevaba con él a comprar las cosas para el asado familiar; me invitaba a aprender a manejar, subiéndome sobre sus piernas, apretujada contra el volante y su abdomen. Mientras con carita de distraída yo me hacía la que disfrutaba de aprender a manejar, él me recorría con esas manazas tan grandes, tan pesadas, tan ásperas, tan feas… Me fregaba y respiraba profunda y asquerosamente en mi oído. ¡Metía sus grandes dedos en aquel lugar que era tan mío! Y me respiraba al oído… Lo siento hoy, aún lo siento; el ritmo de la respiración agitada y entrecortada, como un gruñido entre dientes… Yo no lloraba. Por aquel entonces, de niñita, no lloraba. Tampoco escapaba, ni gritaba, ni me asustaba…
Guardo imágenes de algunas tardes de mucho calor, de cómo mi mamá nos preparaba a mi hermana y a mí para que el tío nos llevara a la pileta. Por alguna extraña razón, mi hermana siempre se lo hacía venir bien para que me tocara entrar primero a la cabina de la chata y sentarme al lado del tío. Recuerdo a mi hermana sentada en la otra punta de la butaca, con la nariz pegada a la ventanilla y mirando hacia afuera. Y yo al lado de él, para que hiciera lo de siempre. Después, en el agua, cuando me tiraba del trampolín y caía, y él me agarraba, me sostenía, me tocaba…, y también me penetraba.
A veces, sólo a veces, no quería tirarme del trampolín…
También recuerdo escenas en el patio de mi casa, a plena luz del día. Veo gente deambulando por la casa, aunque no logro descifrar qué hacían, dónde estaban con exactitud cuando él me tocaba y hacía que lo tocara; dónde estaban cuando me sentaba entre sus piernas y me ponía de rodillas, obligándome a hacerle tantas cosas que aún hoy me resultan innombrables.
Asco. Recuerdo haber sentido mucho asco. Tener que sentir y soportar todo eso en mi boca, mientras sus manotas, sosteniéndome de la nuca, me empujaban hacia delante y hacia atrás. Y yo no sabía dónde estaba la gente.
Vueltas y más vueltas, viendo mi historia como un ovillo al que no acierto a encontrarle un principio. Pero lo encontraré; sé que hoy es el día indicado para sentarme a escribirla, porque estoy abierta hacia adentro, porque me estoy mirando, porque estoy sensible a mí, porque llueve… y porque tengo ganas de que me abracen.
Hasta acá, siempre me he sabido abusada sexualmente, y en este nuevo proceso que he iniciado me estoy ocupando de las secuelas, de las consecuencias, aunque todavía me cuesta mucho empezar por donde debo; allá donde más duele. ¡Me cuesta tanto recordarme y reconocerme en esas situaciones! No me gusta hablar de ello; nunca he podido sacar fuera esos recuerdos que, como dagas encendidas, corren y queman las venas, las entrañas…
Algunas imágenes son muy fugaces, pero al mismo tiempo van acompañadas de sensaciones muy fieles e intensas, sensaciones que quedaron impregnadas en la piel y que me remiten a una muy corta edad, quizá a los tres o cuatro años, y que no me abandonan hasta los quince…, quizá dieciséis.
Mi tío, el marido de la hermana de mi madre, siempre cerca, siempre dispuesto para el cuidado de su sobrina. Siempre con una buena excusa, buscando la ocasión para estar solos.
Algunas de las imágenes más nítidas pertenecen a la época en la que me subía a su chata. Lo recuerdo mirándome con esos ojos grandes y negros…; esa boca grandota y sedienta; sus manos pesadas y ásperas; su respiración incitante, con aquel olor que aún hoy suelo reconocer. Me llevaba con él a comprar las cosas para el asado familiar; me invitaba a aprender a manejar, subiéndome sobre sus piernas, apretujada contra el volante y su abdomen. Mientras con carita de distraída yo me hacía la que disfrutaba de aprender a manejar, él me recorría con esas manazas tan grandes, tan pesadas, tan ásperas, tan feas… Me fregaba y respiraba profunda y asquerosamente en mi oído. ¡Metía sus grandes dedos en aquel lugar que era tan mío! Y me respiraba al oído… Lo siento hoy, aún lo siento; el ritmo de la respiración agitada y entrecortada, como un gruñido entre dientes… Yo no lloraba. Por aquel entonces, de niñita, no lloraba. Tampoco escapaba, ni gritaba, ni me asustaba…
Guardo imágenes de algunas tardes de mucho calor, de cómo mi mamá nos preparaba a mi hermana y a mí para que el tío nos llevara a la pileta. Por alguna extraña razón, mi hermana siempre se lo hacía venir bien para que me tocara entrar primero a la cabina de la chata y sentarme al lado del tío. Recuerdo a mi hermana sentada en la otra punta de la butaca, con la nariz pegada a la ventanilla y mirando hacia afuera. Y yo al lado de él, para que hiciera lo de siempre. Después, en el agua, cuando me tiraba del trampolín y caía, y él me agarraba, me sostenía, me tocaba…, y también me penetraba.
A veces, sólo a veces, no quería tirarme del trampolín…
También recuerdo escenas en el patio de mi casa, a plena luz del día. Veo gente deambulando por la casa, aunque no logro descifrar qué hacían, dónde estaban con exactitud cuando él me tocaba y hacía que lo tocara; dónde estaban cuando me sentaba entre sus piernas y me ponía de rodillas, obligándome a hacerle tantas cosas que aún hoy me resultan innombrables.
Asco. Recuerdo haber sentido mucho asco. Tener que sentir y soportar todo eso en mi boca, mientras sus manotas, sosteniéndome de la nuca, me empujaban hacia delante y hacia atrás. Y yo no sabía dónde estaba la gente.
domingo, 13 de diciembre de 2009
Mi Testimonio Cecibel Contreras soy sobreviviente.

Mi vida fue cruelmente atroplellada y destrozada por mi padre cuando apenas tenia nueve años.
La persona quien mas yo adoraba y confiaba aniquilo todos mis suenos de niña. Este es mi testimonio:
Mi madre era una mujer muy trabajadora, sus horarios de trabajo comenzaban de cinco de la mañana hasta la siete donde regeresaba a su casa a realizar todos sus labores del hogar. Yo quedaba a cargo de mi padre, el trabajaba como taxista y tenia horarios flexibles. Eramos muy felices para mi ellos significaban mi mundo. Un mundo que de repente se derrumbo cuando la maldad se apodero de mi padre. Una mañana gris donde los pajaros dejaron de cantar, donde mis sueños fueron interrumpidos por manos frias y maliciosas. Asi cambio la historia de mi vivir. Esa mañana abri mi ojos, no me asuste porque vi a mi papa junto a mi y jamaz pense que el me haria daño. No obstante su cara no era la misma, sus ojos tenian un odio incomprensibe. Le pregunte "Papa que pasa" El me dijo callate.... abofeteo mi pequeña carita. Se me fue encima como una vibora luceferiana hubieron gritos, golpes y una pistola en mano. Un forcejeo inutil para mi. Este montruo se robo mi inocencia pero mas que nada mato mi espiritu. Su palabras atterorizaban mi corazon y su amenaza fue aun mas espantosa. "Si hablas mato a tu madre" fue como un eco que retumbaba en mi mente diariamente. No Dios mio no puedo hablar no me quiero quedar sola. "No quiero que mate a mi mamita" Diosito que hago? Despues de su vil hazaña me dijo de ti depende la vida de tu madre. Corri hacia el baño y ahi llore con un grito ausente que el corazon casi explotaba de tanto dolor. Dolor que jamaz abandonaria mi vida. Pasaban los años y vivi lo inimaginable en silencio, abuso sexual, abuso psicologico y abuso infantil.
Hasta que por fin Dios me permitio llenarme de fuerza y escapar esta pesadilla donde muchos niños por miedo, verguenza se encuentran atrapados aun. Esta pagina es dedicada a ellos donde el valor juega un gran papel para su libertad. El encontrar la manera no es facil por que estos perpetradores son muy habiles y tienen un control mental grande sobre un niño. Esta pagina ayudara a motivar. A encontrar recursos donde podran liberarse de las garras de este infierno. Esta pagina tambien es dedicada a todos los sobervivientes de la violacion, abuso domesticos y el abuso infantil.
Mi madre era una mujer muy trabajadora, sus horarios de trabajo comenzaban de cinco de la mañana hasta la siete donde regeresaba a su casa a realizar todos sus labores del hogar. Yo quedaba a cargo de mi padre, el trabajaba como taxista y tenia horarios flexibles. Eramos muy felices para mi ellos significaban mi mundo. Un mundo que de repente se derrumbo cuando la maldad se apodero de mi padre. Una mañana gris donde los pajaros dejaron de cantar, donde mis sueños fueron interrumpidos por manos frias y maliciosas. Asi cambio la historia de mi vivir. Esa mañana abri mi ojos, no me asuste porque vi a mi papa junto a mi y jamaz pense que el me haria daño. No obstante su cara no era la misma, sus ojos tenian un odio incomprensibe. Le pregunte "Papa que pasa" El me dijo callate.... abofeteo mi pequeña carita. Se me fue encima como una vibora luceferiana hubieron gritos, golpes y una pistola en mano. Un forcejeo inutil para mi. Este montruo se robo mi inocencia pero mas que nada mato mi espiritu. Su palabras atterorizaban mi corazon y su amenaza fue aun mas espantosa. "Si hablas mato a tu madre" fue como un eco que retumbaba en mi mente diariamente. No Dios mio no puedo hablar no me quiero quedar sola. "No quiero que mate a mi mamita" Diosito que hago? Despues de su vil hazaña me dijo de ti depende la vida de tu madre. Corri hacia el baño y ahi llore con un grito ausente que el corazon casi explotaba de tanto dolor. Dolor que jamaz abandonaria mi vida. Pasaban los años y vivi lo inimaginable en silencio, abuso sexual, abuso psicologico y abuso infantil.
Hasta que por fin Dios me permitio llenarme de fuerza y escapar esta pesadilla donde muchos niños por miedo, verguenza se encuentran atrapados aun. Esta pagina es dedicada a ellos donde el valor juega un gran papel para su libertad. El encontrar la manera no es facil por que estos perpetradores son muy habiles y tienen un control mental grande sobre un niño. Esta pagina ayudara a motivar. A encontrar recursos donde podran liberarse de las garras de este infierno. Esta pagina tambien es dedicada a todos los sobervivientes de la violacion, abuso domesticos y el abuso infantil.
Cecibel Contreras soy sobreviviente http://salitre.ning.com/profile/CECIBELCONTRERAS
viernes, 20 de noviembre de 2009
SOBREVIVIENTE.

"hoy he estado en terapia intentando reconstruirme pero aún no consigo encontrar lo que han dejado de mi, esto es un crimen cometido con un inocente que jamás debe ocurrir, esta es mi descripción aquí dejo mi dolor, la monstruosidad que se comete con un niño/a cuando ocurre esto, yo no puedo escribir hoy algo especial por que esto que hay aquí soy yo es lo que he sido siempre y soy todos los dias de mi vida, gracias por tu atención, sólo pido una cosa que luchemos y se pongan los medios necesarios para que esto no ocurra jamás, nadie merece pasar por esto y un niño es lo más inocente que existe en este mundo y merece cuidado,respeto y protección.
Esta es mi presentación, no existe otra para mi por que no hay un día concreto para escribir sobre el dolor que siento dentro del alma, por eso este escrito siempre permanecerá para recordar algo que jamás debe suceder a ningún niño/a por mi y por todas las personas víctimas de abuso infantil no importa el día, mes o año por que mi dolor no tiene fecha de prescripción, las primeras líneas que verán tus ojos cuando entres en este blog va a ser algo que me ha acompañado durante toda mi vida sin calendario ni hora determinada, cuando llegue esa fecha concreta (20 de Noviembre del 2009) decides unirte al dolor de muchas personas como yo y luchar por los niños con unas líneas en tu blog, desde aquí y desde lo más profundo de mi corazón te doy las gracias, no busques una entrada concreta ni un día concreto para mi por que yo he sido y soy esto durante todos los días de mi vida
Hoy día 20 del 2009 muchas personas dentro de la red vamos a escribir sobre un crimen el peor de todos la víctima es un niño/a alguien que no puede defenderse del verdugo por que aún no ha crecido lo suficiente ni física ni psicológicamente para poder hacerlo...El pederasta, yo prefiero llamarlo monstruo, destruye la vida de un ser inocente, le roba su infancia, su adolescencia, su juventud, le despoja de todo lo que tiene un ser humano y también del derecho a ser feliz, cuando ocurre la agresión sexual la vida de la víctima se congela queda bloqueada sin poder desarrollarse y crecer de forma normal, anulando todas sus facetas todas las etapas que la persona debe recorrer y vivir hasta llegar a ser un adulto/a y en su lugar sólo deja dolor, angustia, ansiedad, depresión y miedo...Hoy quiero escribir una poesía de silencios los silencios de las víctimas, esos silencios que se clavan en el alma y te hunden en un pozo sin fondo, los que te quitan el aire y la voz y apagan tu vida lentamente como la llama de una vela, la víctima calla durante mucho tiempo por diversos motivos como es el miedo a que nadie pueda entenderla, creerla o escucharla, también por vergüenza y otras veces en la mayoría de los casos por no hacer daño a la familia ya que por desgracia y lo más terrible de todo es que en su gran mayoría suele ser un familiar muy cercano el que comete el abuso con el niño/a con lo cual esta implicada toda la familia y piden el silencio de la víctima aunque no lo hagan de forma verbal la hacen sentir culpable para que siga callando y poder mantener la bonita fachada, la gran mentira ante la sociedad...Si hoy tropiezas con estas letras quiero que sepas que has encontrado a una superviviente de las muchas que lamentablemente hemos pasado por este horror, si alguna vez tienes cerca a una superviviente de abuso infantil te pido que lo escuches y la trates con respeto, si ha decidido quitar la mordaza de silencio de sus labios por favor dejala hablar escucha a ese niño/a que lleva en su interior aunque no llegues a entender totalmente su dolor, deja que llore que hable que rompa la mordaza de tantos años que la asfixia lentamente no le des la espalda no veas al adulto que esta delante de ti intenta ver al niño que está saliendo de su interior a ese niño que intenta escapar de una tumba callada y fría... "
Esta es mi presentación, no existe otra para mi por que no hay un día concreto para escribir sobre el dolor que siento dentro del alma, por eso este escrito siempre permanecerá para recordar algo que jamás debe suceder a ningún niño/a por mi y por todas las personas víctimas de abuso infantil no importa el día, mes o año por que mi dolor no tiene fecha de prescripción, las primeras líneas que verán tus ojos cuando entres en este blog va a ser algo que me ha acompañado durante toda mi vida sin calendario ni hora determinada, cuando llegue esa fecha concreta (20 de Noviembre del 2009) decides unirte al dolor de muchas personas como yo y luchar por los niños con unas líneas en tu blog, desde aquí y desde lo más profundo de mi corazón te doy las gracias, no busques una entrada concreta ni un día concreto para mi por que yo he sido y soy esto durante todos los días de mi vida
Hoy día 20 del 2009 muchas personas dentro de la red vamos a escribir sobre un crimen el peor de todos la víctima es un niño/a alguien que no puede defenderse del verdugo por que aún no ha crecido lo suficiente ni física ni psicológicamente para poder hacerlo...El pederasta, yo prefiero llamarlo monstruo, destruye la vida de un ser inocente, le roba su infancia, su adolescencia, su juventud, le despoja de todo lo que tiene un ser humano y también del derecho a ser feliz, cuando ocurre la agresión sexual la vida de la víctima se congela queda bloqueada sin poder desarrollarse y crecer de forma normal, anulando todas sus facetas todas las etapas que la persona debe recorrer y vivir hasta llegar a ser un adulto/a y en su lugar sólo deja dolor, angustia, ansiedad, depresión y miedo...Hoy quiero escribir una poesía de silencios los silencios de las víctimas, esos silencios que se clavan en el alma y te hunden en un pozo sin fondo, los que te quitan el aire y la voz y apagan tu vida lentamente como la llama de una vela, la víctima calla durante mucho tiempo por diversos motivos como es el miedo a que nadie pueda entenderla, creerla o escucharla, también por vergüenza y otras veces en la mayoría de los casos por no hacer daño a la familia ya que por desgracia y lo más terrible de todo es que en su gran mayoría suele ser un familiar muy cercano el que comete el abuso con el niño/a con lo cual esta implicada toda la familia y piden el silencio de la víctima aunque no lo hagan de forma verbal la hacen sentir culpable para que siga callando y poder mantener la bonita fachada, la gran mentira ante la sociedad...Si hoy tropiezas con estas letras quiero que sepas que has encontrado a una superviviente de las muchas que lamentablemente hemos pasado por este horror, si alguna vez tienes cerca a una superviviente de abuso infantil te pido que lo escuches y la trates con respeto, si ha decidido quitar la mordaza de silencio de sus labios por favor dejala hablar escucha a ese niño/a que lleva en su interior aunque no llegues a entender totalmente su dolor, deja que llore que hable que rompa la mordaza de tantos años que la asfixia lentamente no le des la espalda no veas al adulto que esta delante de ti intenta ver al niño que está saliendo de su interior a ese niño que intenta escapar de una tumba callada y fría... "
ESTE ES MI TRIBUTO, MI HOMENAJE, A TODAS Y TODOS LOS SOBREVIVIENTES.
CON AMOR Y RESPETO ´POR ESO LO INCLUYO EN MI BLOG:MIGUEL ADAME V.
lunes, 12 de octubre de 2009
¿VIOLENCIA INVISIBLE?

Marta tiene 38 años, una hija de 14 y una vida sentimental turbulenta. Ha tenido seis parejas y muchas otras relaciones esporádicas, entre las que figura el padre de su hija. Su vida laboral tampoco ha sido estable. ¿La causa? "Estoy en un estado de alarma permanente", dice. Pero no afrontó la raíz de esta inseguridad constante hasta que acudió a una psicóloga, hace unos años. Entonces recordó: cuando tenía cinco años, su padrastro y su hermanastro abusaron de ella. "Llevas eso escondido dentro, y no eres consciente de que te ha afectado toda la vida", se lamenta.
El de Marta no es un caso aislado, según el estudio del Programa de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva (PASSIR). Muchas de las mujeres que solicitaban ayuda a este servicio arrastraban en su vida adulta las secuelas de los abusos que sufrieron de niñas.
Según el estudio, estas mujeres se sienten con más frecuencia presionadas para iniciar sus relaciones sexuales consentidas, son más proclives a mantener conductas de riesgo y tienen más embarazos en la adolescencia que las mujeres que no han sufrido abusos infantiles.
Según el estudio, estas mujeres se sienten con más frecuencia presionadas para iniciar sus relaciones sexuales consentidas, son más proclives a mantener conductas de riesgo y tienen más embarazos en la adolescencia que las mujeres que no han sufrido abusos infantiles.
En sus relaciones muestran menos confianza hacia sus parejas, padecen más disfunciones sexuales y sufren más casos de maltrato. "Quien no ha sido cuidado en su infancia, más tarde tiene más dificultades para cuidarse", explica Lourdes Lopetegui, una de las autoras del estudio. Subraya, sin embargo, que esta relación no es causal ni aparece necesariamente.
Uno de los casos en que los abusos se repitieron es el de Rosario (nombre ficticio), profesora universitaria. Cuando tenía cinco años, un primo empezó a abusar de ella. Con 18, un compañero de universidad la violó. Ahora, con 33 años, teme que la relación con su marido se resienta de esos abusos. "Veo en él un reflejo de otros hombres", le mezclo "en una lucha que no va con él", dice, temerosa de "pasar de víctima a verdugo". Para evitarlo, hace poco que ha empezado a tratar con una psicóloga sus vivencias de niña.
Por eso y porque quiere "ofrecerle otro tipo de experiencia" a su hija de 10 meses. Las psicólogas también creen que, con terapia, se pueden paliar los efectos de los abusos infantiles que ellas han estudiado. "Es la violencia más oculta", explica López, que añade que esperan que su labor sirva para sacar a la luz las secuelas que puede tener el abuso sexual a largo plazo, precisamente para poder identificarlas como tales y tratarlas lo más pronto posible. Marta lo hace, y confía: "Estoy tomando las riendas de mi vida".
Uno de los casos en que los abusos se repitieron es el de Rosario (nombre ficticio), profesora universitaria. Cuando tenía cinco años, un primo empezó a abusar de ella. Con 18, un compañero de universidad la violó. Ahora, con 33 años, teme que la relación con su marido se resienta de esos abusos. "Veo en él un reflejo de otros hombres", le mezclo "en una lucha que no va con él", dice, temerosa de "pasar de víctima a verdugo". Para evitarlo, hace poco que ha empezado a tratar con una psicóloga sus vivencias de niña.
Por eso y porque quiere "ofrecerle otro tipo de experiencia" a su hija de 10 meses. Las psicólogas también creen que, con terapia, se pueden paliar los efectos de los abusos infantiles que ellas han estudiado. "Es la violencia más oculta", explica López, que añade que esperan que su labor sirva para sacar a la luz las secuelas que puede tener el abuso sexual a largo plazo, precisamente para poder identificarlas como tales y tratarlas lo más pronto posible. Marta lo hace, y confía: "Estoy tomando las riendas de mi vida".
domingo, 13 de septiembre de 2009
REVELACIONES.

La revelación que fuí abusado sexualmente cuando tenía 4 años me cayó como un baldazo de agua fría.
Fue en una sesion de terapia grupal,una regresión,donde se me presento la imagen de un niño lleno de miedo y confusion echado en el piso,de espalda mientras alguien se frotaba sobre él...No podia verle la cara......se me presentaba toda borrosa....cuando la terapeuta me animo a describirlo mi sorpresa fue mayuscula....era mi abuelo!!Habian pasado 18 años desde entonces y de alli empecé mi busqueda por confirmar recuerdos e identificar las áreas de mi vida que habían sido afectadas por esa situación.
Mi abuelo había muerto un año antes asi que no tuve la oportunidad de encararlo directamente...sin embargo leí sobre los síntomas que se producen en las víctimas e identifique a una persona cercana que presentaba los mismos:mi tía.Armado de valor me acerque a ella y le conte mi experiencia....sus ojos llorosos solo me confirmaron que no estaba solo...a ella,su hija,el tambien la había atacado....Fue una tarde de muchas lágrimas y desborde de emociones que sirvió para destapar secretos y empezar el viaje hacia la sanación de ambos,tia y sobrino. Posteriormente empezaron a aparecer otros recuerdos mas..fragmentos desperdigados de sexo oral y caricias impropias.Pero ya no dudaba de ellos.Sabía que eran ciertos y que no estaba loco ni enfermo...Ahora a los 37 años,mucha agua ha corrido bajo el puente,he avanzado mucho en aprender a amar y proteger a ese asustado pequeñin que aun habita en mi y he desarrollado el coraje suficiente para abrir mi corazon y amar a otras personas.No ha sido fácil pero gracias a Dios encontré en mi camino a gente maravillosa que me dió mucho amor y me enseñó el valor de mirar hacia dentro para poder sanar...(Diego,periodista)
domingo, 12 de julio de 2009
TESTIMONIO DE UNA VICTIMA
"No hay mayor agonía que la de cargar un cuento sin contar." -Maya Angelou.
Tuve una infancia incestuosa. Estoy consciente de que este hecho puede incomodar a muchas personas, pero es mi historia y mi vida y como parte de mi proceso de sanación, he decidido ponerla en palabras y compartirla, aunque sea anónimamente. Les pido disculpas si a ratos suena un poco confusa, pero mis pensamientos y recuerdos muchas veces están fragmentados y tengo más de alguna laguna mental.
Mi primer beso fue con el hermano de mi padre, un hombre que en ese entonces tenía más de cuarenta años y que tuvo que pararme sobre su cama para poder alcanzar mis labios con los de él. En ese entonces yo tenía tan sólo ocho años. Y durante los dos años que seguirían a este desconcertante evento, él continuó abusando sexualmente de mí, despojándome de mi inocencia con actos cuyos recuerdos hasta el día de hoy me obsesionan y avergüenzan.
Todo comenzó como un inocente juego, con caricias afectuosas, con regalos y tentadoras propuestas e invitaciones que cualquier niña de esa edad quisiera recibir. Y de hecho, en un comienzo, disfruté no sólo de la compañía y regalos de mi tío, sino que también de todos los novedosos "juegos" que él ideaba. Era nuestro secreto, éramos cómplices de nuestros actos, y cuando él no me buscaba a mí era yo quien andaba tras él.
Aún no logro dilucidar en qué momento estos juegos pasaron a ser "inapropiados". Aún me pregunto qué tanta culpa tuve yo, considerando que nunca opuse ningún tipo de resistencia y que siempre accedí sin quejarme a todo lo que él me pedía y proponía. Sí tenía muy claro cuáles eran los "juegos" de los que disfrutaba y cuáles eran los que sencillamente me desagradaban, pero nunca me negué a nada. Y hoy, mirando el pasado en retrospectiva, no debiera haber disfrutado de ninguno de ellos.
Me pesa que a los ocho años ya me habían tocado todo lo que me podrían haber llegado a tocar, había tenido varios orgasmos y experiencias de sexo oral y que a los nueve ya había perdido mi virginidad. Me he sentido tremendamente avergonzada y culpable por estos hechos durante toda mi vida. Yo era sólo una niña. Él me ultrajó, me violó, me despojó de toda dignidad y se aseguró de que uno de los recuerdos preponderantes de mi infancia fuera con un pene gigante en mi boca, uno que me provocaba arcadas y que no me dejaba respirar.
Jamás voy a lograr olvidarme del día en que perdí mi virginidad. Como siempre, fue un día domingo, después del almuerzo en la casa de mis abuelos paternos. El día estaba precioso y todos mis primos se bañaban en la piscina. Yo estaba "saliendo de un resfrío", y por órdenes de mi mamá tenía que estar vestida a la sombra, o dentro de la casa. Mi tío no perdió la oportunidad de invitarme a su pieza, con las mismas tentadoras ofertas de siempre: la televisión, los juegos, las rondas, las cremas y los perfumes. Pero esa vez fue distinto. No hubo preámbulo. Comenzó a tocarme sobre mi vestido y a frotar su pene contra mi cuerpo. Cuando ya estaba tendida sobre su cama con las piernas colgando, me bajó mis calzones y me penetró. Muchas veces. Demasiadas. Recuerdo el dolor, la sensación de partirme en dos, las silenciosas lágrimas que intentaba esconder y el ardor que sentía entre mis piernas y que se prolongó durante varios días.
Esa fue la primera vez en mi vida que me violó. La primera de muchas que seguirían, semana tras semana, casi todos los domingos. Recuerdo que a pesar de que siempre luchaba por mantener mis calzones puestos, no siempre me salía con la mía. Aún no entiendo por qué este hecho era tan relevante para mí, pero me sentía menos vulnerable si los tenía conmigo, aunque fuese entre mis piernas o mis tobillos. Aunque nunca fue un impedimento para que mi tío abusara de mí, me daba una falsa sensación de seguridad. Sentía que aunque perdiera la guerra por lo menos había ganado la batalla.
Pero no sólo perdí muchas batallas, sino que también la guerra. Él logró despojarme de mi virginidad, de mi tan preciada pureza y de la posibilidad de vivir una vida normal a mis tiernos ocho años. No tenía refugio de los secretos asaltos contra mi cuerpo y él me robaba mi inocencia poco a poco, domingo tras domingo. Yo no vivía en un mundo en el que era seguro contar mi historia. No había nadie con quien desahogarse, nadie a quien recurrir, ni siquiera un Dios en el cual pudiera sentir amparo.
A medida que fui creciendo, mi verdadero yo quedó enterrado bajo las torcidas mentiras de mi infancia. Cada toqueteo, cada beso, cada penetración me transmitía inciertos mensajes sobre quién era y sobre quién podría llegar a ser en este mundo. Me sentía insignificante, equivocada, mala, desvalorizada y terriblemente usada, y creía que si sólo me hubiese portado mejor, que si sólo hubiese sido una "buena niña", no estaría pasando por todo esto...
Aunque esta historia es algo que he conocido a un nivel "intelectual" durante toda mi vida, recién hoy, a mis 25 años, he comenzado a reconectarme con mis sentimientos y a llevar este conocimiento a un nivel más emotivo. Hace algunos meses decidí enfrentarme a mi incestuoso pasado, el que había negado y reprimido durante más de 15 años. Y recién ahora en que estoy empezando a lidiar con mi historia de abuso es que me doy cuenta de cuánto me ha afectado.
Fueron muchos los motivos que me llevaron a dar este paso: recuerdos y pesadillas que ya no me daban tregua ni siquiera en mis escasas horas de sueño, una inhabilidad de proyectar mi vida con la mochila que cargo a cuestas, la cercanía de plazos que inevitablemente se cumplirían y los consejos de dos personas a las que considero tremendamente sabias en sus distintos ámbitos de acción. Después de mucho meditar y rezar, y con el incondicional apoyo de ellos, me decidí a seguir una terapia.
Pero no ha sido fácil aceptar que debo retroceder y analizar mi pasado para poder avanzar y superar todas mis trancas. Examinar minuciosamente mi infancia ha sido para mí motivo de gran dolor y me aterra saber que finalmente tengo que enfrentarme a los fantasmas que me han perseguido durante gran parte de mi vida. Sin embargo, sé que esta es la única manera de hacer las paces con mi incestuosa historia.
Actualmente, no pasa un día sin pensar en mi historia de abuso y sin preguntarme qué habría sido de mi vida, de mi persona, sin este horrible pasado. Pero mi última esperanza es que sea este mismo sufrimiento, este mismo trauma, el que me empuje y anime a crecer y a reencontrarme con mi verdadero yo.
Pero hay veces en que pierdo toda esperanza. No es fácil estar continuamente desenterrando y descubriendo nuevas heridas, y hay días en que me siento absolutamente agobiada por todo el trabajo que tengo que hacer sólo para sentirme y aparentar ser una persona "normal". Siento que mi recuperación está a años luz de distancia, y muchas veces pareciera que es más fácil rendirse y dejarlo todo hasta aquí. La imagen de la mujer de caracter fuerte y decidida a la que aspiro llegar a ser algún día, se aleja cada vez que creo estarme acercando a ella.
¿Cómo se supone que debo abordar la titánica tarea de transformar las ruinas en las que estoy convertida en oro? ¿Cómo puedo vivir esa vida de grandeza de la que todos hablan y que yo sólo puedo imaginar si cada día que pasa las voces en mi mente me hacen sentir el poco valor que tengo? ¿Cómo puedo transformar esos pensamientos destructivos que me formé durante años de abuso en unos que me acerquen a la vida que siempre he deseado, la vida que aún creo no merecer? ¿Cómo, después de todo lo que he vivido, puedo aprender a creer y a confiar?
Sólo Dios sabe... ese mismo Dios que permitió que mi infancia fuera un disimulado infierno..
Ha pasado ya un tiempo desde que decidí entrar a terapia. Aunque sólo han sido unos cuantos meses, han sido de los más intensos de mi vida. Han habido cambios en lo más profundo de mí, y muchas veces a contrapelo, he tenido que remover el pasado para poder seguir avanzando hacia el futuro. Y escarbando he encontrado. He encontrado respuestas a muchas de mis interrogantes, pero también recuerdos que a veces dudo si fue positivo desenterrar.
No dejo de recriminarme que mi primer acercamiento sexual debiera haber sido un momento de deleite con un dejo de sana vergüenza e inocente curiosidad, debiera haber sido un momento memorable, debiera haber sido con algún niño de mi curso que me hiciera sonrojar cada vez que me mirara o me hablara y yo debiera haberlo sentido como un momento en el paraíso. Pero no fue así. Ni siquiera fue a los ocho años con mi tío, como habría podido jurar que fue durante todo este tiempo...
Sólo se requieren de unas pocas palabras para poder expresar lo que ha aflorado desde lo más profundo de mis recuerdos, pero son palabras que calan mis huesos, que me duelen como pocas cosas me han dolido en mi vida:
Mi tío no fue el único que abusó de mí; mi abuelo paterno fue uno más de mis agresores y, me atrevería a decir, un pedófilo.
He tenido recuerdos terribles, recuerdos donde él me tocaba, me practicaba sexo oral, se masturbaba conmigo sentada en su falda y luego me retribuía con chocolates. Inventó un juego en el cual hace no mucho tiempo me di cuenta que yo nunca habría podido ganar para poder satisfacerse conmigo y mi cuerpo. Desarrollé aversiones a ciertas comidas, tales como el helado de chocolate (me decía que ese sabor tenía yo "ahí abajo") y el yogurt (probablemente por su semejanza con el semen).
De algún modo estos encuentros eran mi única ventana a un mundo fuera del mío, y en ellos era frecuentemente el blanco de la humillación. A pesar de que estos encuentros sólo sucedían unas cuantas veces al mes, el resto de los juegos y risas que llenaban mi vida no podían borrar esos episodios, los que me robaron la inocencia de a pequeños pedazos.
Me ha costado conectarme con el dolor asociado a todos estos abusos porque no siempre me dolió físicamente, e incluso a veces me gustó. Una vez que el acto terminaba, no me largaba a llorar en un rincón por lo que me habían hecho, como mucha gente esperaría. Sin embargo, no entendía lo que había sucedido ni cuán terrible era. No podía prever el daño que me causaría y cómo me cambiaría a mí para siempre. Cuando ya tenía la suficiente edad como para entender lo que había sucedido, las emociones seguían sin tocarme. Elegí escaparme de mi cuerpo para salvarme del horror y después de todos estos años, de alguna manera se volvió en mi forma de vida.
Disociarme es lo que hice para sobrevivir a los abusos que sufrí durante mi infancia. Era mi cómodo y confiable método de escape. Eventualmente, este acto se transformó en una respuesta automática ante cualquier cosa con la que me costaba lidiar, en un patrón del cual dependía para sobrevivir el día a día. Cuando pequeña me transmitieron que no era seguro tener emociones, ni en la casa ni en el colegio, ni con mi familia ni con mis amigos. En la casa, mi rabia se encontraba con furia, mis lágrimas se encontraban con intimidación y las guardé tan profundamente en mí, que ahora que es tiempo de desenterrarlas, me cuesta encontrarlas.
He buscado en tantos lados. Intenté acercarme a la Iglesia, buscando allí lo que no había encontrado en ninguna otra parte. Fui acogida, pero creo que nunca realmente sané del abuso sexual del que fui víctima durante mi infancia. De algún equivocado modo me llegó el mensaje que si yo aceptaba a Jesucristo, entonces estaba sanada, que de alguna milagrosa manera mi antiguo yo desaparecería y sería otra persona. Pero todavía tenía muchos dolores sin resolver... creo que fue porque nunca tuve el duelo apropiado, nunca realmente sentí ese dolor, sólo lo cubrí o escondí con unos kilos demás, o con ayunos y hambrunas o con una sonrisa que incluso me hizo ganar premios. Nunca me volví a Cristo para que sanara ese dolor por mí, creía que sólo tenía que olvidar. Pero esto es algo que no se olvida. Pasa a ser una parte de uno.
Cuando recién comencé a lidiar con el abuso, no sabía los estragos que me había causado emocionalmente, y no fue hasta que examiné mi vida y mi infancia que comencé a darme cuenta que mi infancia no había sido "normal". Al principio, me sentí absolutamente sola con todo esto, pensaba que había sido todo mi culpa, de alguna manera explicándome a mi misma que el abuso "realmente no importaba" en el esquema de mi vida. Qué equivocada estaba. Tenía mi autoestima por el suelo, constantemente me culpaba y me degradaba, tenía pensamientos suicidas, luchaba contra una depresión terrible, tenía ansiedad y sufría de constantes jaquecas. Hasta que no comencé a lidiar con el abuso, no me daba cuenta cómo ni cuánto me había afectado.
Aunque toda esta historia es aún algo que mantengo en secreto (con excepción de unas pocas personas), para mí ha sido tremendamente sanador poder hablar libremente de ella... aunque creo que es lo más difícil que me ha tocado hacer en mi vida. Pero cada día que pasa siento que estoy más cerca de volver a tener el control de mi vida. Me esfuerzo para intentar encontrarle sentido a lo que pasó, a encontrarle el lado positivo. Obviamente hay días que me cuestan más que otros. Sin embargo siempre hay una chispa, una esperanza, una voz de verdad que no puede ser negada, incluso dentro de toda esta depravación y crueldad. Esta voz viene desde mi interior, débil pero determinante, alentándome a sobrevivir. Es la voz que me logró sobrellevar la enfermedad mental y el incesto en mi familia. Espero que esa misma voz en un futuro me llame a hacer más que sobrevivir, sino que a realmente vivir. Que me llame a la grandeza.
Carta a Mi Agresor:
Aquí encontrarás una carta que le escribí al hermano de mi padre, quien abusó sexualmente de mí durante dos años . Es una carta que al escribirla no pretendí entregarla, pero que me sirvió como método de liberación y sanación y que fue uno de mis primeros intentos de decir lo indecible y nombrar lo innombrable.
A estas alturas de mi vida puedo entender perfectamente bien lo que me hiciste. Lo he revivido una y otra vez en mis recuerdos, en mis sueños y cada vez que me altero al sentir que algún ser querido me toca de la misma manera en que lo hiciste tú. No he sido capaz de olvidar la sensación de impotencia y pánico que me invadía cuando escuchaba el sonido de tu cinturón desabrochándose ni tus palabras después de bajarte los pantalones: "Oye ________ , ¿te gustaría sentir esto dentro de ti?" Es probablemente la razón por la que, hasta el día de hoy, se me revuelve todo cuando alguien se atreve a llamarme así.
En ese entonces tenía sólo ocho años. Difícilmente eran suficientes como para entender lo que me estabas proponiendo. A esa niña (que tuvo que preguntar qué significaba la palabra violación cuando la escuchó por primera vez en las noticias) debió habérsele permitido crecer a su propio ritmo, decidir por sí misma qué cosas hacer, cómo y cuándo. Después de haber soportado tus abusos por dos años pasó casi una década hasta que di mi primer beso. ¿Te das cuenta de qué tan fuera de tiempo y lugar estuviste?
Me despojaste de mi inocencia y de mi confianza y dejaste un gran vacío en mí, que ni el amor de mi pololo, mi familia y mis amigos ha podido llenar en su totalidad. Me hiciste creer que el sexo es algo que los hombres necesitan y quieren tan desesperadamente, que no les importa a quién tengan que herir para obtenerlo. Me hiciste sentir como que eso era la único que yo era capaz de hacer que realmente importaba.
Fue bajo, por decir lo menos, cómo te aprovechaste de la situación por la que pasaba mi familia. Tuviste la agudeza de percibir que todos estarían demasiado ocupados con "cosas mayores" como para darle la debida importancia a una persistente infección urinaria, a las incapacitantes jaquecas o al capricho de una niñita que se rehusaba a comer. Te diste cuenta que nadie sabía leer las desesperadas señales que mi cuerpo enviaba y que nadie escuchaba mis silenciosos llamados de auxilio. Incluso sabías que había quienes me celebraban el refugio que encontré en los libros y el estudio.
Aunque nunca me lo advertiste ni me amenazaste, tenías la certeza de que nunca hablaría. Conocías muy bien la cultura en la que estaba creciendo, una cultura en la que las heridas del alma se omiten, se niegan, se callan y se esconden, sobre todo si son provocadas por alguien de la misma familia. "La ropa sucia se lava en casa", escuché decir en varias ocasiones, y todo me indicaba que se debía siempre sufrir en silencio, sobre todo siendo mujer. Aún no entiendo si es por exagerado pudor o por orgullo, pero hasta el día de hoy me da la impresión que todos en la familia apuntan a aparentar un cierto "ideal", del cual irónicamente cada uno tiene su propia versión. Sea cual sea el caso, sabías que me pesaría la lealtad, la protección de la imagen de la familia, y que tendría grabado demasiado a fuego la sacralidad de esta unión como para siquiera despertar una sospecha de las aberraciones que fuiste capaz de hacer conmigo.
En este contexto supiste ganarte mi confianza y mi cariño, supiste hacerme sentir especial e importante para ti. Con el dolor de mi alma, me atrevo a decir que al principio tus caricias me agradaron. Caricias que, con extrema delicadeza, fuiste degenerando de forma muy gradual, hasta hacerme hacer cosas horribles, muchas de las cuales hasta el día de hoy no logro verbalizar.
En ese entonces yo era lo suficientemente ingenua como para pensar que nuestros encuentros eran casuales. Pero ahora en retrospectiva me imagino lo repulsivas que debe haben haber sido tus planificaciones. Yo era tu plan, era el objeto que habías elegido para satisfacerte, sin tener la menor consideración de lo que me causarías a MÍ, a la persona que había detrás de esa niña.
Sentada en la orilla de tu cama, aún recuerdo la primera vez que tu mano, que descansaba sobre mi rodilla, encontró su camino bajo mi vestido y mis calzones. No paraste de hablarme, pero cuando comenzaste a tocarme ya no podía escuchar lo que me decías. Y cuando guiaste mi mano hacia un pedazo de carne inerte que en pocos segundos adquirió vida propia, mis sentidos comenzaron a apagarse uno a uno. Sólo quedaba una sensación extraña entre mis piernas. Recuerdo cómo me paralicé, cómo mi cuerpo no me respondía y cómo me "salía" de mi misma para mirar la aberrante escena como una espectadora.
Siempre me he preguntado qué tanto placer te pudiste haber provocado con mi cuerpo de niña, con dimensiones de niña, en el cual difícilmente podía caber tu monstruosa humanidad. Pero las silenciosas lágrimas que derramaba de dolor al sentir que me moría al partirme en dos (tanto en cuerpo como en alma) nunca fueron para ti un impedimento ni una limitante. No sólo me robaste a destiempo y brutalmente mi virginidad, sino que además me privaste del derecho a crecer y desarrollarme como una mujer "normal", sin la necesidad de reprimir deseos angustiantes ni sentir culpa por sensaciones que vendría a descubrir años más tarde.
Cuando tus "sesiones" terminaban recuerdo cómo sentía mi corazón latir en mi garganta, cómo el dejo en mi boca me provocaba arcadas, y cómo entre mis piernas seguía sintiendo el ardor y el dolor que me provocaba la presencia de un objeto ajeno que ya no estaba. Te tomabas tu tiempo y te preocupabas hasta del más mínimo detalle para no dejar ninguna huella. No sabes el asco que me provoca cuando recuerdo cómo, con la mayor ternura, limpiabas mi cara, mis piernas, mi guata y el resto de mi cuerpo de aquel "pipí blanco" que era tan pegajoso, y revisabas mi ropa para no dejar rastros que delataran tan torcida actividad. Paradójicamente, me sentía como si hubiese sido yo quien cometió el crimen.
Pero no fui yo quien te causó todo ese placer. No fui yo quien accedió a tocarte como me decías, a ponerme en las posiciones que me pedías o a tragar lo que me indicabas en el momento en que se te antojaba. Hice el ejercicio de desdoblarme quizás demasiadas veces hasta que llegué a dominarlo a la perfección. Es así como tengo muchos momentos de mi infancia absolutamente borrados, una época de la vida de la que se supone uno tiene recuerdos auténticamente felices.
Sin embargo mi memoria no ha sido tan generosa conmigo y no me ha dado toda la tregua que desearía. En este último tiempo he desenterrado muchos recuerdos, varios de los cuales habría preferido morir con la incertidumbre de que efectivamente ocurrieron. Y después de todos estos años estoy recién comenzando a entender esta disociación, y estoy recién aprendiendo a reconectarme con mi cuerpo. Pero a pesar de todos los sustentos que tengo, el camino no se me ha hecho fácil. En demasiadas ocasiones he puesto en riesgo mi integridad física en fallidos intentos de externalizar mi dolor y mi angustia (los que a veces sencillamente siento que me sobrepasan), sólo para quedar con el amargo sabor de la culpa y la vergüenza, las que muchas veces son seguidas por un miedo sobrecogedor al darme cuenta de lo que fui capaz de hacerme a mí misma.
A lo mejor tus juegos y tus regalos fueron tu manera de pagarme por lo que me hiciste. Incluso a veces quisiera pensar que fue tu manera de pedirme perdón. Pero eso no puede quitarme la mancha con la que me condenaste a vivir el resto de mis días. Siempre lo sentí y lo sigo sintiendo como una manera que tuviste de comprar mi silencio. Porque me cuesta creer que en todos estos años no has tenido ni siquiera un momento de lucidez. Pero siempre has sido cobarde, siempre te has refugiado en la pseudo-locura en la que tienes convencido al mundo que vives. Y me frustra haberte dado en el gusto al mantener tan asqueroso secreto.
No hay suficientes regalos ni favores que sean capaces de devolverme mi salud mental y emocional. Han pasado muchos años desde la última vez que abusaste de mí y, a pesar de todo, los recuerdos están más vivos que nunca en mi mente. Después de quince años, todavía me descompongo al entrar a la casa en que vives y no tienes idea de lo devastadores que han sido los efectos de lo que me hiciste.
Es un esfuerzo supremo el que debo hacer para asumir mi realidad y vivir en el presente, sin preguntarme cada mañana cómo habría sido mi vida sin tus abusos. Ha sido una eterna batalla el aceptarme con mi historia sin sentirme menoscabada, indigna y obligada a hacer cosas que la sociedad valore. Quizás como una forma de autovalidarme, me he obligado a vivir con un nivel enfermizo de autoexigencia, en un esclavizante camino hacia la inexistente perfección, en el que una pequeña equivocación me hace caer a pedazos internamente y me derrumba mi ya inestable mundo. Aún no logro perdonarme la hipocresía en que me obligas a vivir al esconderle a mis seres más queridos una parte tan importante de mi vida y que ha dejado huellas tan profundas en mí. El no sentirme preparada ni capaz de concebir y criar un hijo en esta etapa de mi vida es un problema que me acecha como una sombra y al cual aún ni siquiera he comenzado a hacerle frente. Y hoy, a mis veinticinco años, la sexualidad me resulta algo absolutamente insondable y pavorizante al mismo tiempo.
Aunque no creo que te importe, mis sentimientos de culpa, de vergüenza y mis estigmas me imposibilitan el perdonarte. Y aunque llevo tu mismo apellido, al menos tengo el consuelo de no ser tu hija. Nunca me vuelvas a tocar. No quiero ni un abrazo, ni un solo baboso beso. Quiero que sepas que el único motivo por el cual siquiera me acerco a ti es para ver a mi abuela. Cuando ella ya no esté, no tendré razón para arriesgar mi estabilidad al estar cerca de ti.
No tienes idea cuántas lágrimas derramé al escribir esta carta ni cómo siento el desgarro de mi corazón al traer a la luz tantos hechos que hasta ahora habían permanecido ocultos como fantasmas en los confines de mi mente, y que desde allí condicionaban mi diario actuar. Pero no quiero que pienses que lo hice por ti. Porque por ti no soy capaz de hacer absolutamente nada. Escribí esta carta por mí, en un intento de limpiar heridas que supuran desde hace ya demasiado tiempo, para mi liberación y sanación, para reconciliarme conmigo misma y, después de muchos años de negación, aceptar estas experiencias como mías en toda su dimensión.
Ahora sólo me queda hacerte una última pregunta: ¿Vale la pena el placer que te provocaste conmigo ahora que sabes cuánto me has herido y cuánto te odio por ello?
TESTIMONIO DE UNA VALIENTE VICTIMA DE SANTIAGO DE CHILE.
http://www.inocenciainterrumpida.net
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