martes, 2 de febrero de 2016

Los abusos a menores, más en familia

El abuso de menores en centros y organizaciones juveniles sucede, pero en menor medida que en los entornos familiares. Ésta es la tesis que se desprende de un estudio realizado por el profesor David Finkelhor y su equipo de la Universidad de New Hampshire, en Estados Unidos, y que lleva por título 'Tasa de abuso en organizaciones que ayudan a la juventud'. La muestra arroja una cifra preocupante. Del total de encuestados, 13.052, 12.947 dijeron haberlo sufrido; 105 tuvieron la suerte de no conocerlo.
Sus observaciones se han publicado en la revista Archivos de Medicina Pediátrica y Adolescente. En entrevista con EL MUNDO, Finkelhor advierte: "Es importante que se prioricen ambas posibilidades, tanto el abuso en los hogares como en organizaciones juveniles. Lo que sucede es que es más difícil que las personas se centren en el abuso que sucede en el hogar, así que es algo que hay que recordar continuamente".
Entrenadores, profesionales de las guarderías, profesores... El abanico de profesionales que tienen contacto diario o semanal con un niño es grande. Y sostiene Finkelhor que estudios como el suyo, donde se combinan tres encuestas nacionales (en Estados Unidos) de población por teléfono, "puede ser una fuente de desarrollo de información sobre la epidemiología del abuso" en organizaciones juveniles.
Para evitarles problemas a los niños, la encuesta que ha realizado Finkhelhor a 13.052 niños y jóvenes hasta los 17 años evita mencionar la palabra abuso. Por ejemplo, les preguntaban si "alguien con quien ha crecido ha tocado sus partes íntimas o hizo que te tocaras tú", y también si "otro niño ha hecho algo sexual contigo" e incluso si "alguien hirió tus sentimientos escribiendo o diciendo algo sexual sobre tu cuerpo". En total, la encuesta buscaba saber si estos niños y adolescentes habían sufrido "abuso físico, sexual, agresión verbal o abandono". Otro objetivo importante era comparar los abusos entre miembros de organizaciones juveniles con la familia o personas desconocidas.
De todos los niños preguntados, un 0,8% estuvo expuesto a algún tipo de maltrato durante toda su vida y un 0,4% el año anterior. En cambio, la tasa de abuso perpetrada por alguien de la familia de la víctima sube hasta 11,4% durante toda su vida y al 5,9% durante el pasado año, el mismo que se obtiene cuando se pregunta a los jóvenes por personas que no son de la familia ni de la organización a la que ellos pertenecen. 
El 63,2% de de los abusos realizados por miembros de organizaciones fue verbal, y un 6,4% tomó forma de violencia sexual o asalto sexual. El abuso físico fue nombrado por un 34,6% de los niños que lo sufrieron y un 0,8% nombra la palabra negligencia.
"Nuestro análisis sugiere que el maltrato infantil y juvenil por parte de organizaciones dedicadas a su cuidado es un problema, pero no tanto como el maltrato en el seno familiar", apuntan.

Los miedos de los padres


 Getty

Cuando uno se convierte en padre, los miedos suelen multiplicarse y la preocupación por uno mismo se hace secundaria. La posibilidad del rapto o del acoso escolar nos atemoriza. El abuso sexual destaca también en ese nebuloso horizonte de amenazas, quizá porque las noticias nos lo recuerdan constantemente. El conocido pianista James Rhodes cuenta en sus memorias (Instrumental. Memorias de música, medicina y locura, publicadas en España por Blackie Books) cómo fue violado durante años, desde que tenía cinco, por un profesor. Su exesposa, pensando que podría herir a su hijo, quiso, sin éxito, impedir su publicación.
Es un terreno resbaladizo. A veces los abusos denunciados no existen, como en La caza, la película de Thomas Vinterbergen la que un maestro es víctima de los miedos de nuestra sociedad. Hace poco, la Audiencia de Madrid absolvió a M., profesor del Colegio Base denunciado por los padres de 14 niños de cinco años. Todo empezó cuando una madre vio que su hijo, al bañarse, “empezó a sacudirse el pene al tiempo que manifestaba ‘mira cómo nos toca la pilila M.”. Pronto el número de presuntas víctimas ascendió a 14. Quienes juzgaron el caso concluyeron que las inverosímiles declaraciones de los niños parecían producto de una “inducción involuntaria” de los padres, que provocaron una “posible falsa memoria”. La argumentación absolutoria fue tan contundente que los padres renunciaron a recurrir al Tribunal Supremo.
Pregunto a María Muñoz, inspectora de Educación de la Comunidad de Madrid: ¿Estamos excesivamente preocupados por la seguridad de nuestros hijos, como parece indicar el caso de M., o, por el contrario, es un peligro muy real y extendido? ¿Cómo acertar en casos así? “Las denuncias por abuso sexual en los colegios son excepcionales, pero generan una gran alarma. No siempre resulta fácil acertar, pero lo que nunca debe hacerse es no hacer nada. Desde el primer momento se requiere una actuación de los centros educativos discreta y eficaz. Discreta, porque semejante acusación puede ser devastadora para el acusado incluso aunque acabe demostrando su inocencia. Y eficaz, porque la sola posibilidad de que un menor esté siendo víctima de abuso exige una intervención decidida que garantice su protección y llegue al fondo del asunto”.
Escribo al Centro de Intervención en el Abuso Sexual Infantil (CIASI), de la Comunidad de Madrid, que ofrece al menor una atención multidisciplinar de carácter psicológico, social y jurídico, coordinada con otros dispositivos de atención sanitaria, policial y educativa. ¿El miedo de los padres al abuso sexual de menores está exacerbado por su dimensión mediática, o es un peligro real? ¿Hay estadísticas sobre la incidencia de esos abusos? Responden fuentes de la Dirección General de la Familia y el Menor: “Actualmente hay una sensibilidad social elevada en relación con el abuso sexual infantil, lo que conlleva una mayor observación, detección y, en su caso, denuncia por parte de los profesionales de diferentes ámbitos que trabajan con los menores: colegios, centros de salud, servicios sociales… Además, hay una conciencia mayor en la sociedad de que las situaciones de este tipo deben denunciarse. En 2014 fueron derivados al CIASI un total de 460 menores”.
Supongo que muchos padres viven como yo, intentando domesticar sus miedos sin caer en la temeridad, intentando decidir con acierto cuándo tus hijos pueden ir solos por la calle, o discernir cuándo un roce o una muestra de cariño dejan de ser normales.