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jueves, 1 de septiembre de 2016

Hablemos de abuso sexual infantil.

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El abuso sexual contra los niños/as, sea quien sea que lo cometa, deja en ellos/as, profundas y dolorosas secuelas.


Al interior de la familia nuestros niños y niñas corren enormes peligros y por razones de edad, son vulnerables y dependen de sus abusadores, quienes en su mayoría son hombres. Y aunque se conocen más víctimas niñas que niños, ambos están expuestos/as a ser abusados/as, por su gran vulnerabilidad.

Las secuelas del abuso sexual pueden variar, dependiendo de la edad, características del abuso, edad de su inicio, vínculos con el abusador, la respuesta familiar y estatal, entre otras. Siempre es destructivo, deja secuelas a corto y largo plazo, las que intervienen en su sano desarrollo cognitivo, emocional y conductual.

Muchos de estos/as niños y niñas que fueron abusados/as sexualmente y cuyo desarrollo armónico fue impactado en todas las áreas, incluyendo la sexual, pueden repetir en forma reactiva el abuso sufrido y abusan sexualmente a otros/as niños/as. Así, hemos aprendido que los perpetradores del abuso sexual no son solo adultos o sólo hombres, sino también adolescentes, niños y niñas, que han perpetrado actos sexualmente abusivos contra otros/as niños/as.

Los/as niños/as reaccionan, procesan e integran su victimización según una gran cantidad de variables. Sus reacciones pueden ser obvias o estar ocultas, pero siempre se presentan. Algunas son transitorias y otras permanentes, y que sin intervención suelen durar toda la vida.

También nos fuimos encontrando con una realidad que históricamente habíamos negado y que no resulta menos preocupante: esta es la que niños y niñas que fueron abusados/as sexualmente pueden reproducir estos contactos abusivos en forma reactiva, cabe señalar, se convierten en abusadores/as de otros/as niños/as después que han sido víctimas por parte de otros/as niños/as, adolescentes o adultos/as. El abuso sexual reactivo se refiere a conductas sexuales abusivas hacia otros/as niños/as que han sido previamente abusados/as sexualmente.

La confirmación de que niños/as cometen conductas abusivas sexualmente contra otros/as menores no es por supuesto un asunto fácil de comprender y mucho menos de tratar. Aceptar que niños y niñas también abusan, ha creado una situación compleja.

Se entenderá que el comportamiento sexual inadecuado en niños/as es aquel que está dirigido hacia otros/as niños/as, ya sean hermanos/as u otros/as niños/as que compartan una residencia, compañeros/as de escuela o algún grupo, u otros/as niños/as en situaciones que no son recíprocas o exploratorias y que implican una diferencia de edad y/o poder (Batres 2003, Ballester Pierre ,1995).

Johnson en 1988, condujo una investigación con niños que abusan y encontró que el 49% fueron abusados previamente. Esto nos dice también que no todos los/as niños/as abusados/as sexualmente repiten la conducta. En cambio el estudio de niñas que abusan, que es menor que la de los niños, reportan que el 100% de las niñas estudiadas habían sido abusadas previamente.

Algunos autores como (Ryan y Lane, l997, Batres 1999) también toman en cuenta el factor poder y consideran que hay abuso, aunque se dé entre niños/as de la misma edad, cuando alguno tiene menos poder y esta situación se utiliza para forzar el abuso. Por ejemplo, el poder puede darlo el tamaño físico, o la pertenencia a una pandilla, la preferencia o credibilidad por parte de algún/a adulto/a, la posesión de mayores recursos económicos, hacer uno o varios eventos para ridiculizar públicamente a la futura víctima y amenazarla con repetirlo, entre muchas otras acciones.

Por esto, debemos continuar trabajando para suspender esta cadena y ya sabemos que entre más pronto intervengamos, mayores males futuros podrán detenerse. Porque hay reportes de que cuando estos/as niños/as llegan a la adolescencia y adultez, tendrán menos posibilidades de rehabilitación.

Es pertinente decir que no todos los/as niños/as abusados/as repiten la conducta sexual abusiva posteriormente. También que no todos los abusadores sexuales masculinos tienen como antecedentes el abuso sexual infantil. Tenemos que tener mucho cuidado de no ver a los abusadores sexuales adultos como víctimas. El abuso sexual perpetrado por adultos es un delito penal.

Es en la escuela en el lugar en donde puede ser más visible el fenómeno cuando la víctima le revela a su maestro/a. En la familia, la tendencia es callar el problema y considerarlo juego de niños/as. Especialmente cuando es un niño quien abusa, se le justifica como parte de su estereotipo masculino de género.

El tratamiento en grupo es el método más eficaz para tratar este tipo de casos aunque su filosofía y metodología también pueden funcionar en la terapia individual. Este tratamiento proporciona una oportunidad para interactuar con niños/as en las mismas circunstancias, y con esto se disminuye el sentimiento de vergüenza y ayuda a romper el secreto; lo que se adjunta a otros beneficios que impulsan a una recuperación positiva para sus participantes.

Si los niños/as que ingresaron al grupo o asistirán a terapia individual, por haber tocado sexualmente a otro niño o niña, han sido también victimizados, este segundo asunto deberá ser tratado después y no en la misma terapia. Esto porque hay otras víctimas, se dificulta el desarrollo de la empatía y la terapeuta puede sentirse muy ambivalente, lo que complica a los niños/as el proceso de asumir la responsabilidad. (Batres, 2003).

Directora*
Tomado de sitio web: http://www.giocondabatres.com
Habemosde.abusosexual@gmail.com

viernes, 8 de enero de 2016

Cámara de Gesell, del silencio a la palabra



Dentro de los crímenes de lesa humanidad existen los encriptados por la relación familiar, que son aquellos en los que el parentesco cercano hace poco aceptable, y muchísimo menos comprensible, las situaciones de abuso sexual infantojuvenil en los vínculos de parentesco.

Crimen encubierto más extendido
En el libro “Abuso sexual en la infancia: Efectos psíquicos”, escrito por Bettina Calvi, aparecen en el prólogo las palabras de Carlos Volnovich, que citan: “La visibilización del abuso sexual en la infancia ha producido reacciones negativas y violentas backlash, cuando se comenzó a observar que no se trataba de un fenómeno de las clases sociales empobrecidas o sea, que no era patrimonio de la escoria social, sino que atravesaba todas las clases sociales y esto produjo una reacción de quienes se sintieron cuestionados y dieron muestra de que hay un abuso de poder detrás de la posibilidad de perpetuación del delito, que intenta desalentar a los terapeutas que se ponen a trabajar en aquello que para Naciones Unidas es considerado como el crimen encubierto más extendido de la humanidad”.
Desmantelamiento de la subjetividad, en los casos de abuso sexual infantojuvenil intrafamiliar
Jorgelina Beatriz Butta, en su tesis de Maestría en Psicoanálisis, titulada “Del silencio a la palabra. En el abuso infantojuvenil”, señala: “Despiertan interés a la investigación de esta tesis aquellas situaciones de abuso sexual infantil (incesto) que se prolongan en el tiempo, muchas veces durante años, y salen a la luz cuando la víctima puede hablarlo y ser escuchada, o cuando el ambiente en el que interactúa es quien devela el secreto. Suele ser la complicidad uno de los factores, pero no el único para la prolongación en el tiempo de la situación de abuso”.
Abuso sexual intrafamiliar
La maestra Butta, señala en su trabajo que “se hace necesario diferenciar las cuestiones arriba descritas como abuso sexual intrafamiliar, que trabajamos en esta tesis; de los episodios violentos ocasionales y aislados de abuso sexual y violaciones extra familiares, en los cuales es la impulsión del agresor un factor relevante, y es de destacar que las víctimas de abuso, independientemente de la edad, denuncian rápidamente el acontecimiento y no se impone la prolongación de la situación en el tiempo ni el silencio, el secreto, ni la parálisis del grupo familiar, por el contrario, allí se impone el pedido de justicia por el entorno cercano al niño(a), haciendo este crimen menos encubierto y evitando la cronificación”.
¿Secreto o encubrimiento social?
Continuando con la especialista, en su tesis considera “¿Qué es aquello que sostiene el secreto en el abuso sexual intrafamiliar?”. Tal vez se trate de los mismos mecanismos que sostienen el encubrimiento social. ¿Qué caminos animan la complicidad familiar? Hay familias capaces de ordenar los goces mientras otras no. La ley no inscrita hace que la articulación de la Ley provenga del exterior. ¿Cuál es ese trauma que se presentifica en ese silencio? ¿Se trata de uno o varios traumas? ¿Que posibilita que se constituya en síntoma y comience a circular la palabra?
La realidad del trauma
S. Ferenczi, en su libro “Confusión de lengua entre los adultos y los niños”, considera que los hechos de abuso y seducción se han producido realmente y no forman parte únicamente de las fantasías y de la imaginación del niño; es por esto que hay una confusión de lenguas entre el adulto y el niño, en la cual las mociones tiernas de los niños son leídas por el adulto abusivo como pasionales, y este reacciona según su disposición sexual, que difiere de la del infante. El niño se identifica con el agresor y es a la vez agresor y agredido, sintiendo culpa y dolor psíquico; esa experiencia de abuso tiene como consecuencia una pseudomaduración psíquica del niño.
Síntomas y alteraciones psicosomáticas
La presentación y los signos clínicos en estos niños dan cuenta de las manifestaciones de ese malestar mudo: por ejemplo, desatención que principalmente es notada por la escuela, retraimiento, cefaleas, malestares somáticos, somnolencia, pesadillas, insomnio, temor a estar solo(a), regresiones, tales como encopresis, enuresis, entre otras, y que dependerán de la estructura psíquica y edad del niño. Y, en los casos más graves, deseos de muerte, intentos de suicidio, regresiones tópicas como en la psicosis infantil, autismo.
Asistencia a la víctima
Hilda Marchiori, en su libro “Los procesos de victimización”, señala que en algunos países se aplican distintas estrategias cuando los niños han adquirido el lenguaje y son capaces de hablar. El juez les explica el funcionamiento del proceso penal y el papel que tienen las personas que les harán las preguntas, cómo lo son el Ministerio Público, el abogado defensor del acusado, aunque lamentablemente, la mayoría de los niños son sometidos a audiencias que son conducidas por adultos que desconocen la realidad del niño(a).
Cámara de Gesell
Existen otras técnicas para entrevistar a niños de entre los 2 y 6 años de edad, donde el niño (a) se encuentra en una sala de juegos con un entrevistador especializado en pericias de hechos delictivos a niños pequeños. En esta sala se encuentra una Cámara de Gesell, o de espejo doble, detrás de esta se encuentra, observando la entrevista, personal de salud y del área jurídica, que avalan el video y grabaciones de la entrevista. Las sesiones son grabadas con conocimiento del niño y de sus familiares, quienes pueden evitar nuevos interrogatorios y que el niño pase por nuevas audiencias.
Difícil cuestionamiento
Durante las entrevistas con los niños se pregunta sobre los hechos y personas significativas en la vida del niño, los cambios de conducta y cambios emocionales. Se realizan preguntas específicas acerca del abuso, preguntando detalles sobre lo que ocurrió, quién lo hizo, en dónde, cuándo y cómo ocurrió. Lamentablemente, hablar del abuso sexual puede crear en el niño pérdida de control que, en numerosos casos, lo conducen a una acentuada disociación, elusión, hiperactividad, retracción. Es por ello la importancia de que la entrevista sea llevada por un especialista que evite generar nuevos daños emocionales en el niño. Sobre todo porque los menores utilizan y procesan el lenguaje de manera distinta que los adultos. Es necesario anotar con precisión lo que dicen durante la entrevista, por lo que se debe tener en cuenta el nivel de maduración del niño y sus circunstancias particulares.
Rompimiento del silencio
No obstante, a pesar de lo difícil que resulta la tarea de entrevistar a un niño, ya sea víctima o testigo, se considera que una correcta y adecuada entrevista implica el rompimiento del silencio y las posibilidades de reducir el trauma y las consecuencias del delito. Numerosos delitos se conocen cuando las víctimas han podido romper el silencio, pudieron hablar cuando eran adultos y fueron victimizados de niños. Aunque, el relato de los procesos de victimización es un acto traumatizante, el rompimiento del silencio es la posibilidad, para la víctima, de ser sobreviviente de un hecho en el que pudo perder la vida.
Asistencia a la víctima
Marchiori señala que, respecto a los avances en la asistencia a las víctimas, hemos considerado aspectos, a nuestro criterio, esenciales, que permiten visualizar la situación de las víctimas. En este orden de ideas se mencionan: el mayor conocimiento y comprensión de las graves consecuencias de la victimización y sobre las características de las víctimas; el conocimiento de las consecuencias que sufren las víctimas de abuso del poder, la mayor comprensión sobre el sufrimiento de las familias de las víctimas, así como la necesidad de atención a todos los miembros de las familias de las víctimas, en especial a aquellas vulnerables, como los niños y personas discapacitadas.
Derechos de las víctimas
Para la atención a las víctimas encontramos los documentos de la ONU, como “Los principios fundamentales de justicia para la víctimas del delito y abuso de poder” (1985); “El manual de justicia sobre uso y aplicación de la declaración de principios básicos de justicia para las víctimas del delito y del abuso del poder”; que han permitido importantes modificaciones, tanto en los códigos de procedimientos penales como en los códigos penales. En México, la inclusión de la víctima en la Constitución Nacional marca un modelo a seguir por los países latinoamericanos.

martes, 16 de junio de 2015

Guiar, pero en serio.

“La sexualidad humana es sagrada, y el mal uso del poder que la vulnera, viola la dignidad humana y lesiona emocional y espiritualmente a personas y comunidades” – Nils Friberg, profesor de cuidado pastoral (Co-autor, “Before the Fall: preventing pastoral sexual abuse”).
“No hay lugar en el sacerdocio para quienes abusan de menores y no hay pretexto alguno que pueda justificar este delito”—Punto 23 del  Documento “CUIDADO Y ESPERANZA: Líneas Guías de la Conferencia Episcopal de Chile (CECh) para tratar los casos de abusos sexuales a menores de edad”, Mayo 2015.
El año 2014, por primera vez, el Vaticano publicó estadísticas de violación y abuso sexual de niños, niñas y adolescentes, a manos de sacerdotes (ver aquí).
El reporte vaticano, que cubre apenas una década, señala que 848 sacerdotes han sido suspendidos de sus funciones permanentemente y otros 2572 sancionados con una vida de penitencia y plegaria (en retiro) o alguna sanción incluso menor en razón de su edad avanzada o su precario estado de salud. El mismo informe estadístico señala al menos 3400 casos de abuso y denuncias calificadas como “verosímiles”;  401 sólo en el año 2013.
Las víctimas vienen sumando voces hace mucho y diversos países han creado comisiones especiales para recibir sus denuncias e intentar justicia, entre escollos y escaramuzas (prescripciones de la ley, ocultamiento de información de parte de la Iglesia, etc.) que han hecho sumamente difícil la tarea.
En EEUU solamente, Bishop Accountability (con una valiosa fuente de datos para consulta; también, SNAP Network y PEW Research Center), señala un número cercano a las 200 mil víctimas de ASI eclesiástico, y otras miles suman en Canadá, Australia, Irlanda y otros países Europeos.
En Chile, al 2013 (no cuento con datos del 2014 que deberían incluir a J. O’Reilly de la Legión de Cristo, sentenciado por la justicia civil, pero no por la canónica), los sacerdotes condenados por abusos sexuales son 23 (más un diácono) según nómina emitida por la CECh. No existe información en dicha nómina sobre religiosas que asimismo han sido responsables de ASI.
Salta a la vista la brecha entre las denuncias por abusos sexuales y los procesos y condenas a l@s perpetradores/as, muchos de los cuales continúan viviendo, y caminando libremente, en las mismas ciudades donde habitan sus víctimas.
Pasa el tiempo, y es casi imposible comprender las razones que podrían justificar ineficacias y desididas (esa “mala espera” como escribí hace un año atrás) a las cuales se agrega más encima, como en un gran número de casos, la impunidad total de los delitos de encubrimiento. Una constante por décadas, en el mundo y en Chile.
Sin embargo, hace apenas una semana, y luego de tres décadas de esfuerzos de las víctimas por visibilizar y denunciar el encubrimiento y negligencia eclesiales, el Papa anunció la creación de un Tribunal para juzgar y sancionar dichos delitos.
Este tribunal era un determinado anhelo de la comisión creada por Francisco I en 2014, liderada por el Cardenal O’Malley (Arzobispo de Boston) y que incluye entre sus miembros a Marie Collins y Peter Saunders, dos sobrevivientes de ASI eclesiástico. Ell@s han declarado con cautela que “habrá que ver cómo se despliega el trabajo de dicho tribunal”, una vez que entre en funcionamiento (ver enlace).
Los criterios de trabajo, decisión y ejecución de condenas del tribunal a crearse no son claros aún y el hecho de que oficiales de la Iglesia sean juzgados por sus pares se toma con reservas o con comprensible desconfianza –así lo ha señalado Barbara Blaine, de SNAP Network.
Otras organizaciones han respondido con optimismo (abundante o moderado) y valorando el paso así como la instrucción papal de que dicho tribunal asimismo se haga parte por un tiempo –junto a las denuncias por encubrimiento y a fin de agilizar procesos por mucho demorados- en causas por abuso sexual.
Ojalá anuncios e intenciones al fin vayan sincronizadas con acciones consistentes y efectivas de parte de toda la jerarquía de la Iglesia. No son tiempos ya, no para mí al menos, de confianzas acríticas. Menos cuando a pesar de todas las iniciativas vaticanas, por otro lado se continúa desoyendo la voz de las víctimas.
Prueba de ello ha sido el nombramiento hace unos meses, del Obispo de Osorno, en medio de cuestionamientos de sacerdotes y feligreses chilenos, y los testimonios de víctimas como Juan Carlos Cruz (Ellis Island Medal of Honor por su contribución a  la lucha mundial contra el ASI). Las omisiones se amplifican en la reciente guía/protocolo emitido por la CECh.
Durante mayo, la Iglesia Chilena dio a conocer el documento llamado “CUIDADO Y ESPERANZA: Líneas Guías de la Conferencia Episcopal de Chile para tratar los casos de abusos sexuales a menores de edad” (ver documento, 74 pags). No es la primera.
En dos instancias previas, se realizaron gestos en este mismo sentido con una primera guía, el 2002, y luego, en 2011, con el “Protocolo ante denuncias contra clérigos por abusos a menores de edad” y la creación del “Consejo Nacional de la CECh para la prevención de abusos y acompañamiento de víctimas”.
Es innegable que los procesos toman tiempo, las herramientas son susceptibles de mejora, y tiene siempre un valor aquel esfuerzo –por modesto que sea- en favor del cuidado y la erradicación de daños a los más indefensos.
En el caso de la Iglesia, ya resulta una señal positiva el mero reconocimiento de la existencia de abusos que hasta no hace muchos años eran negados o encubiertos de forma flagrante. Asimismo, se declara la adhesión -en varios puntos del protocolo- al marco de derechos de los niños, el deber de la denuncia y colaboración con la justicia civil, y la respuesta en comunidad para abordar la prevención y reparación del ASI.
Sin embargo, el reconocimiento no basta y necesita acompañarse de acciones efectivas y definiciones muy precisas sobre lo que constituye abuso de poder de parte del clérigo, y del respeto, mínimo, de evitar inconsistencias tan insoslayables como el hecho de que entre los obispos que suscriben el protocolo ASI, se encuentren al menos cuatro (uno de ellos, Juan Barros) vinculados a casos de abuso sexual (ver).
Sinceramente, esas firmas dan para pensar en qué sentiríamos si se publicara una guía para educación cívica y prevención de violaciones a los DDHH, suscrita, entre otros, por responsables y/o encubridores de tortura que jamás rindieron cuentas de sus actos ante la justicia (y no, no es una comparación excesiva cuando la propia ONU ha definido el ASI como una forma más de tortura).
La contradicción evidente se suma a otras omisiones observadas. En realidad, ni siquiera estoy segura de poder considerarlas como tales, menos cuando es sabido que en materia de comunicaciones corporativas –y más encima, en temas tan delicados como el abuso sexual- nada es dejado al azar.
Las omisiones generalmente hablan fuerte y claro, no dejan de “decir”.
La gran ausencia, en el protocolo, de posiciones y formas de enfrentar delitos de encubrimiento, es una mala señal a secas y su rectificación no puede tomar años, hasta una próxima actualización del documento. Necesita ser realizada lo antes posible y en coherencia con los recientes anuncios del propio Fco I sobre el Tribunal para sancionar complicidades y negligencias. Es una mínima coherencia exigible.
Realicé una lectura, admito, veloz y preliminar de la guía CECh (y todavía, por una pausa obligada, no he podido dedicar el tiempo que requiere un análisis acabado). Pero marqué, en esa primera ocasión, varios preceptos, definiciones y artículos que inclusive en una revisión imperfecta, ya encendieron luces de atención y/o alarma.
Lo primero, es la definición de “abuso sexual de menores” para la legislación eclesial (página 14): “todo comportamiento pecaminoso, verbal o corporal, de naturaleza sexual cometido por un clérigo contra un menor de 18 años, al que se equipara a un adulto con uso imperfecto de razón. Igualmente es un delito de competencia reservada (¿?) para la Doctrina de la Fe, la adquisición, posesión y distribución de pornografía de menores de 14 (¿?) años de edad”.
La definición de la guía no explicita -y peor aún, lo relativiza, sin justificar ese marcador de los 14 años para casos de pronografía- el imperativo del cuidado incondicional a prodigar a niños y niñas entre los 0 a 18 años de edad, reitero: 0 a 18, según derechos reconocidos por constituciones y convenciones internacionales de derechos humanos.
Un menor de 18 años no es “equiparable a un adulto” y el “uso imperfecto de razón” ¿a qué se refiere exactamente?, no queda claro. La palabra clave -y no aparece por ningún lado- es consentimiento, o no-consentimiento, mejor dicho, y éste se encuentra en proceso de desarrollo durante toda la niñez y juventud (y es más, la madurez cerebral, y con ella, la capacidad decisora, se alcanza recién hacia los 25 años de edad).
Niños pequeños, y jóvenes, no tienen cómo consentir o elegir nada básicamente cuando participan de una relación completamente asimétrica, donde el poder y autoridad descansan en el adulto/a -todos los adultos: familias, educadores, clérigos, etc.
En la guía CECh, la definición de abuso sexual señala un “comportamiento pecaminoso” completamente escindido del concepto de abuso de poder. Aunque en la página 22 se menciona el abuso de poder como una de “las situaciones más repudiables en la vida y ministerio de un sacerdote”, aparece separado del abuso sexual y/o de consciencia, psicológico, y tampoco se señala el maltrato y violencia física contra niñ@s y adolescentes.
José Andrés Murillo, filósofo y Pdte. de la Fundación para la Confianza, lo expresó con absoluta precisión (ver CNN Chile): El abuso sexual infantil es un ABUSO de poder que se manifiesta sexualmente, no una RELACIÓN sexual abusiva”
Una definición incompleta como la de la guía, de modo esperable, arriesga otros vacíos que asimismo se observan en el documento y no sólo en la forma y estándares de relación física entre adultos y niños, sino asimismo en la posibilidad de trasgresiones de límites en la relación emocional, social, de orientación pastoral.
El abuso de poder puede tomar una forma o todas y es indispensable hacer explícitos y bien detallados TODOS los términos en que debe desenvolverse la relación e interacciones de sacerdotes y religiosas (diáconos, monitores pastorales, educadores, etc) con niñxs y adolescentes: en el aula, la iglesia, en un paseo a la playa en la casa de retiro, en las comunicaciones orales y escritas (en persona, via celular, emails, etc.), en momentos de consuelo o celebración. No da lo mismo.
De sobra estamos conscientes de que ya no basta dar por entendidas o supuestas las coordenadas que promueven relaciones de cuidado y respeto y que constituyen un factor protector y de prevención de abusos infantiles.
En una columna anterior (ver Cuestión de fe, cuestión de vida) relataba la historia de un sacerdote que se paseaba en ropa interior o toalla al salir de la ducha, en la cabaña de retiro y delante de los niños, sin que nadie, durante años, viera problema en ésta y otras conductas excedidas en la cercanía. El sacerdote no era un papá, ni un amigo, y menos un par: era la autoridad adulta y se conducía de formas confusas e impropias. Abusivas.
La guía de la CECh no sólo carece de estándares precisos de cuidado ético para relaciones clérigos-niñ@s, sino que además señala, en su pág. 69: “no se trata de  imponer a los sacerdotes una serie de conductas que restrinjan su acercamiento a los demás. Una normal y fraternal relación de su parte con las personas ayuda a crear ambientes sanos y seguros”. Esta cita me parece de la mayor preocupación.
La fraternidad, los ambientes sanos y seguros, y la convivencia son valores que nos resuenan. Pero de inmediato surgen las siguientes preguntas: ¿cuáles “conductas” son las que NO se debe “imponer” a los sacerdotes? (y vienen algunas a la mente que sí deberían tener carácter obligatorio), ¿todo queda a criterio del sacerdote entonces?, ¿son igualmente concebidas esas conductas para el “acercamiento” con adultos que pueden consentir, y para niños y adolescentes que no han terminado de desarrollar su consentimiento?, ¿a qué se refiere “normal y fraternal”?, ¿olvidamos acaso que palabras como ésas –junto a afecto, jovialidad, compasión, entre otras- fueron utilizadas por sacerdotes como F. Karadima, C. Precht y J. O’Reilly, entre otros, para describir sus motivos e interacciones con niños y/o adolescentes?
Sanciones que no consideran a firme la dimisión del ejercicio pastoral (no se habla de excomunión); y la revisión de antecedentes –muy bien- junto a la recomendación de “evaluar, en la medida de lo posible [¿qué significa o en qué consiste esta medida?] la idoneidad humana para llevar una vida casta” (pg. 65) pero sin comprometerse con evaluaciones psicológicas obligatorias, son ejemplos, a mi parecer, de flancos abiertos, poco categóricos, fuente de error, y de nuevas omisiones desgraciadas. Y lo más grave: nuevos abusos.
Cada uno de los 135 puntos del protocolo amerita una lectura detenida así como reflexión y análisis minuciosos. Esto, a fin de poder articular preguntas y objeciones constructivas que presentar a la CECh, pastorales, comunidades educativas. Es parte de la responsabilidad compartida por tod@s, nuestro hacer y nuestra voz en el cuidado y prevención de abusos infantiles.Necesitamos el mejor protocolo posible; y a lo menos, la rectificación/actualización del que hemos conocido. Ahora. No en cinco o diez años más.
Un análisis imbatible de la guía y acciones de la CECh lo realiza James Hamilton (una vez más, y con valor universal) médico y sobreviviente de ASI eclesiástico, en una entrevista realizada por el periodista Christian Pino de TVN (ver video). Es indispensable verla, pensarla.
Los reparos al protocolo “Cuidado y Esperanza”, lamentablemente, no son únicos para nuestra realidad y se repiten en otras latitudes. Expertos cercanos a la propia Iglesia, frente a diversas “guías” y/o programas formativos para prevenir ASI, nos han advertido, como sociedad, de omisiones y falencias inexcusables si el cometido es, seriamente, la eficacia en erradicar los abusos sexuales en la Iglesia y en todo entorno.
Una función profundamente engranada en el cuidado de las nuevas generaciones es la de prodigar guía y dirección. Esto involucra no sólo a los más pequeños y jóvenes que están creciendo, sino asimismo a quienes les cuidan –sacerdotes y religiosas también-, de forma de poder hacer la mejor entrega posible.
Guiar tiene un cuerpo, una dignidad, un profundo sentido, solemne. Entraña, necesariamente, perseverancias y coherencias que los más pequeños y jóvenes puedan reconocer a fin de poder confiar en sus cuidadores, y de estar en condiciones de recibir sus orientaciones. Desde la inconsistencia, las omisiones, y la inexactitud, poco se logra y se arriesgan nuevos daños. Bien lo sabemos ya.
Me ha tomado varios días escribir este posteo. Me acompañó, en distintas pausas, una canción hermosa (Felices, de Pablo Coloma, una oda a la buena voluntad). No para condescender ni auto-engañarse, pero sí para preservar, en medio de todo lo que duele e indigna, el cable a tierra –por debilitado que se encuentre-, o el cable a ese universo donde aún otra historia podría escribirse para “los de puro corazón”: nuestros niños y toda persona que conserve esa bondad y vocación amorosa de justicia de las cuales, en otro diálogo (en torno al libro infantil “Tod@s Junt@s”), nos hablaba James Hamilton. El cuidado donde un@s y otr@s podemos encontrarnos; necesitamos encontrarnos.
En EEUU, mientras escribo estas últimas líneas, acaba de presentar su renuncia el arzobispo de St. Paul-Minneapolis por haber encubierto, años, abusos sexuales y a un pederasta (un clérigo, hoy reo, cuya identidad no ha sido revelada).
Fue una renuncia tardía que no respondió a un proceso de discernimiento o contrición sino a presiones de la justicia civil, y a múltiples acusaciones y activismos sostenidos desde la comunidad –y pienso en Osorno, inevitablemente-. Lograron algo que parecía imposible, pero no lo es. Y es portentoso recordarlo. Atestiguarlo algún día, mucho más.

http://vinkajackson.com/blog/guiar-pero-en-serio/

domingo, 24 de mayo de 2015

El abuso: un arma de destrucción masiva de la niñez.




Estimado lector, hoy le pido permiso para cambiar de registro. Voy a dejar de lado cualquier forma de ironía para hablar muy en serio de una epidemia: el abuso sexual infantil. Por las secuelas, otra forma de polio.
Ahora vamos a escuchar a un doctor. ¿A un doctor que cura? No, a otro doctor. A uno que todo lo contrario: Horacio Piombo, el juez. Este fragmento de la entrevista que publicó la nacion, de los periodistas María José Lucesole y Jesús Cornejo, es de colección:
-¿Por qué decidió bajarle la pena a un abusador de menores que había sido condenado a seis años de cárcel?
-Nosotros tomamos nota de que la ley establece una agravatoria respecto de la circunstancia gravemente ultrajante. Eso no debió estar nunca en la ley, porque toda maniobra sexual sobre un menor es ultrajante. Nosotros decidimos que en este caso se trataba de un chico (de seis años) que había sido abusado con anterioridad, lo que había cambiado su vida.
-¿Usted se refiere a un intento de abuso anterior (en realidad, no se comprobó) que señalaba a su padre como abusador?
-El chico ya había cambiado totalmente de hábitos. El menor ya venía con travestismos. Nosotros, lamentablemente, tuvimos que mencionar estos hábitos en el fallo. [...] No es muy lindo decirlo: comenzó a ofrecerse para hacer ciertas cosas a la gente. El chico ya había adoptado una serie de costumbres. Por eso se dictó este fallo.
Suficiente, doctor.
En el fondo inconfesable de su alma, el juez piensa lo mismo que cierta parte de la sociedad: que si el niño ya estaba "desviado" de antes, el abuso es menos punible porque está "semiconsensuado". Esa idea es la que necesita ser urgentemente desactivada por una fuerte campaña en medios de comunicación.
Todos deberían saber que el cuerpo de un chico es cemento fresco. Y que allí donde alguien pone sus manos, deja la marca para siempre, porque le configura un mapa erógeno que quizá no hubiera sido el que se hubiera desarrollado naturalmente.
También sería útil difundir que, en ocho de cada 10 casos, el abusador es un conocido de la familia o un integrante de la misma, y eso hace que muchas veces sea muy difícil denunciarlo. De acuerdo con lo aconsejado por las academias de pediatría de muchos países, los chicos tienen que saber qué es el abuso. Que su cuerpo les pertenece sólo a ellos y que hay partes que son privadas.
Deben saber cómo pedir auxilio. Pero, sobre todo, tienen que poder ser escuchados. Cuando un niño quiere contar lo que le pasó y los mayores lo relativizan o le dicen mentiroso, sin saberlo, lo vuelven a abusar: es el abuso emocional. Le están invalidando lo que siente. Algo así como "no podés estar sintiéndote mal porque eso que decís que pasó no pasó. Tu angustia no existe". Eso también deja huella.
No es fácil armar estadísticas porque hay un enorme subregistro de denuncias, por razones obvias. Pero diversas organizaciones como Unicef, la OIT y la Organización Mundial de la Salud coinciden en que una de cada cinco mujeres y uno de cada diez varones fueron víctimas de alguna forma de abuso sexual durante la infancia.
Estadísticamente, no hay bacteria ni virus en la historia de la humanidad que haya hecho tanto daño.
http://www.lanacion.com.ar/1795091-el-abuso-un-arma-de-destruccion-masiva-de-la-ninez

lunes, 13 de abril de 2015

El crimen más impune

Carlos Rozanski vino a nuestra capital invitado por la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual, el Grupo Derecho y Género y la Red Temática de Género de la Universidad de la República para, entre otras actividades, disertar sobre “La protección integral de los derechos de niñas, niños y adolescentes en los procesos judiciales”.
“Los retrocesos son consecuencia de los avances. Todas las leyes que reconocen necesidades de los grupos más vulnerables, producen objeciones, incluso de participantes de buena fe, que son producto de su propia formación cultural”, constata Rozanski  a través de su propia experiencia con la Ley 25.852 de diciembre de 2003, de la cual es autor y que modifica el Código Procesal Penal de la Nación argentina, al establecer que menores de 16 años, víctimas de delitos sexuales, “solo serán entrevistados por un psicólogo especialista en niños y/o adolescentes designado por el tribunal que ordene la medida, no pudiendo en ningún caso ser interrogados en forma directa por dicho tribunal o las partes”.
La misma ley dispone que “el acto se llevará a cabo en un gabinete acondicionado con los implementos adecuados a la edad y etapa evolutiva del menor” pudiendo, a pedido de parte o cuando el tribunal lo disponga de oficio, ser seguidas las alternativas del acto “desde el exterior del recinto a través de vidrio espejado, micrófono, equipo de video o cualquier otro medio técnico con que se cuente”.
La ley Rozanski
Rozanski explica que, a partir de un juicio en el que participó cuando era juez de la Cámara del Crimen de Bariloche, nació su preocupación por la vulneración de derechos en esas instancias y su urgencia de legitimar por ley mecanismos para evitarlo. Recuerda el magistrado que en ese juicio se trataba el abuso sufrido por una menor de 17 años con retardo mental, que había sido penetrada con un palo en la vagina. Mientras ella relataba lo sucedido, uno de los jueces actuantes le preguntaba “si el muchacho le gustaba, si no quería tocarlo…”. La instancia se interrumpió y Rozanski denunció al día siguiente a ese juez por violación a los derechos del niño y torturas psicológicas. “Había algo que no cerraba en la escena y lo que no cerraba era que esa chica no tenía que estar en el juicio”, relata, agregando que lamentablemente “Más allá de la locura perversa de ese juez, hoy sigue siendo juez”.
La investigación con vistas a la elaboración del texto de la Ley 25.852, que se conoce como “Ley Rozanski” le llevó cinco años, durante los cuales se fue consolidando el interés del magistrado por la protección de la infancia y adolescencia en ámbitos judiciales. Obviamente la norma resultante significó quitarle el poder de interrogar a los jueces, lo que les produjo una suerte de “herida narcisista” que muchos resienten todavía.
Existen malos jueces
La Convención de Derechos del Niño de 1989, ratificada por todos los países miembro de Naciones Unidas a excepción de Estados Unidos, contiene normas sobre la protección integral de la infancia (artículo 19) y   la observancia del interés superior del niño (articulo3), pero “en la mayoría de los casos se viola”, denuncia Rozanski.
El artículo 12 del mismo instrumento internacional consagra el derecho de niños y niñas a ser oídos, lo cual está lejos de significar “sentarlo y decirle que hable: eso es silenciarlo. El derecho a ser oído es crear condiciones para que la víctima pueda ser escuchada”, advierte el magistrado, para quien los jueces no están preparados para interrogar a menores abusados, por lo que la opinión tiene que venir de una “ciencia blanda” como es la psicología. “Ningún juez se graduó en psicología evolutiva. Quien decida sin escuchar a las otras disciplinas, comete errores y sacará conclusiones equivocadas. Y si no escucha, muere gente. Existen malos jueces, saberlo es importante para que las cosas cambien”, afirma.
El abuso sexual infantil es el delito más impune: cada mil casos se esclarece uno. El mito de que “los chicos mienten” asegura impunidad. “Las ciencias sociales estudiaron y avanzaron: los chicos no mienten. Hasta determinada edad no pueden inventar situaciones sexuales no ocurridas”, aclara Rozanski.
Otro error es liberar de responsabilidad al acusado a través de lo que se interpreta como contradicciones de los niños: “Todos desarrollamos mecanismos de defensa frente a hechos traumáticos para sobrevivir. La criatura abusada secuencialmente en su familia, que es visitada en su cama de noche por el abusador, a la mañana desayuna con él. Entonces disocia”, que no es lo mismo que contradecirse.
Un delito especial
Son características del abuso: el secreto (se ejecuta en un ámbito cerrado), la confusión de la víctima (ira, temor y también afecto hacia su abusador), violencia (“el ciento por ciento de los abusos son violentos, pero se siguen considerando tales solo cuando hay himen roto…”, ironiza Rozanski).
Hasta cierta edad no hace falta amenazar, porque el niño hace lo que le dice el adulto; más tarde, cuando el niño tiene mayor roce social, llega la necesidad de la amenaza.
La responsabilidad del abuso en el ciento por ciento de los casos es del abusador, “pero en los tribunales se intenta atenuarla: adolescente provocadora de la que el adulto no se puede sustraer, por ejemplo”, ejemplifica el magistrado, para quien habría que hacerle juicio político a los operadores judiciales que así lo consideren.
Rozanski enfatiza que el abuso sexual infantil es una cuestión pública –“decir que es una cuestión privada es una mentira interesada”-, por lo cual el Estado tiene que entrar a la casa. No hay “sagrado inviolable” en estos casos. Y también en la asimetría de poder entre abusador y abusado (“antes hasta había careos entre chicos y adultos: al juez que lo ordene hay que echarlo”). 
Llama también la atención sobre diferencias entre el abuso sexual infantil y el resto de los delitos, que no quedan atrapados por todas estas características. “El abuso apenas tiene puntos en común con la violencia doméstica”, afirma Rozanski.
Estrategias destructivas
La pérdida de poder suele provocar una reacción muy agresiva que “se traduce en estrategias destructivas. Ya no se dice que los chicos mienten pero se habla de co-construcción que hacen con la madre. Y así aparece el SAP (síndrome de alienación parental) inventado por Richard Gardner: el niño no miente, la madre le lavó el cerebro y el chico cree que fue abusado. “Hay jueces que lo usan para desincriminar al abusador, aplicando una teoría sin base científica y en nombre del debido proceso destruyen a los niños”, advierte Rozanski.
Eso incluye un ataque a todos los profesionales que defienden el derecho de los niños, generando en ellos el llamado burnaut (quemado).  Entonces el profesional también es víctima ya que, a fuerza de ser descalificado, siente que no sirve como tal.
La estrategia de los abusadores es solicitar medidas que son destructivas para niños y niñas, como la revinculación, “concebida para dañar”.
El régimen de visitas, pedido en nombre del derecho de los padres a ver a sus hijos e hijas y la denuncia de las madres por impedimentos en el contacto, son estrategias defensivas pero no de los niños sino de los abusadores.
Rozanski se pregunta por qué el SAP tiene tanto éxito y se contesta: “Por la formación e ideología de las personas que tienen que intervenir. Es su cotidiano, un cristal a través del cual miran la realidad”.
Para el magistrado argentino el desafío es generar sistemas de designación de funcionarios que incluyan “la investigación de què saben de la vida” porque hay que asegurarse que los jueces “entiendan a la víctima, que tengan empatía con ella”.

miércoles, 1 de abril de 2015

Pautas en contra del abuso sexual infantil



¿Por qué a los niños se les dice que no se suban al coche de un desconocido, pero no se les insiste en que digan «no» a algunas peticiones de personas que conocen? La reciente detención de un profesor de Villanueva del Pardillo por abusar sexualmente de siete alumnos del colegio en el que trabajaba ha vuelto a poner encima de la mesa un asunto del que «desgraciadamente» se habla poco, por lo que, según los expertos, «los menores no saben cómo afrontarlo». 
Según la psicóloga Pilar Polo, de la Fundación Vicki Bernadet que trabaja en la atención integral, prevención y sensibilización de los abusos sexuales a menores cometidos en el ámbito familiar, «muchos padres no dan las pautas a sus hijos para que aprendan a diferenciar lo que está bien de lo que está mal y evitar, de este modo, que puedan ser víctimas de estos abusos». 
No se trata de ser alarmistas, sino de prevenir situaciones que dejan grandes secuelas en los pequeños para toda su vida. «Detectar este tipo de abusos es muy complicado y depende de factores como la edad del niño, el tipo de situación en la que se producen, si hay amenazas...», explica esta experta.

El 90% en el entorno familiar

Según datos de la Comisión Europa, uno de cada cinco menores sufre abusos sexuales en EuropaEn España: una de cada cuatro niñas y uno de cada siete niños, produciéndose el 90% de los casos dentro del ámbito familiar o entorno más próximo, salvo excepciones como el caso del pederasta de Ciudad Lineal (Madrid), que durante meses mantuvo en vilo a la sociedad tras secuestrar a varias niñas y abusar de ellas. 
La primera recomendación de Pilar Polo es que los padres mantengan una comunicación fluida con los hijos y que les observen con atención para poder detectar cualquier cambio de actitud. «Cuando un adulto trata de embaucar con sus "juegos" a un pequeño, el niño se siente importante, muy especial. Cuando se repite en el tiempo el mismo juego, el niño se harta, no le gusta, y empiezan las amenazas para que acceda. El pequeño se siente molesto, preocupado y, de alguna manera, los padres deben percibirlo a través de ciertas señales: está más triste, se enfada con nada, no quiere ir a un determinado lugar, habla menos...».
Según Pilar Polo no hay que renunciar a hablar de sexualidad, «todo lo contrario». «Debe ser un tema abordado con naturalidad según la edad del pequeño —puntualiza—. Si hace alguna pregunta con contenido sexual o se toca sus genitales y los padres le responden con evasivas o le dicen que es un cochino, el pequeño entenderá que se trata de un tema incómodo, tabú, y no tendrá confianza para sacar el tema si alguien abusa de él». Del mismo modo, si menciona repentinamente palabras sexuales es conveniente preguntarle, ¿quién te lo ha enseñado?
Margarita García Marqués, psicóloga y fundadora de la Asociación para la Sanación y Prevención de Abusos Sexuales en la Infancia (Aspasi), añade que también hay que transmitirle respeto por el cuerpo. «Si una persona mayor le coge del moflete, le hace cosquillas o le pide que le dé un beso, y el menor no quiere, los padres no deben obligarle por mucho que se trate del abuelo. Los niños deben observar que los padres están de acuerdo con que no se les toque y les servirá de ejemplo para decir "no" en el momento adecuado». Del mismo modo, hay que enseñarle que las partes íntimas nadie debe tocarlas excepto si es el médico, y delante de papá y mamá.

«Guardar el secreto»

Destaca, además, la importancia de hacerles identificar qué cosas les hacen sentir bien y cuáles mal «para que sepan expresar sus sentimientos con facilidad y no se oculte una información tan valiosa y con tan graves consecuencias. Si los padres saben escuchar y tener la paciencia suficiente su hijo poco a poco irá exprensado su sentir». 
García Marqués explica que una de las formas más fáciles de tener a los niños contentos es haciéndoles regalos. «Por eso es crucial que sepa diferenciar un regalo de un soborno, en el que se le da algo a cambio de un favor, y explicarle que no debe aceptarlo». 
«Guardar el secreto» es otra de las tácticas que emplean la mayoría de los pederastas. Hay que hacerle comprender al menor que hay secretos malos «los que le hacen sentir mal» y debe contarlos a sus padres. Lo hará siempre si se ha generado el ambiente necesario y se le previene de que «aunque sea malo siempre te vamos a querer y proteger», explica la fundadora de Aspasi. 

Principales secuelas

miércoles, 25 de marzo de 2015

Jugar de Ser Feliz y los Niños de Dios.




La Biblia dice: Lo que fue sembrado entre espinos es el que oye la Palabra, pero los cuidados de este mundo y la seducción de las riquezas sufocan la Palabra y esta queda infructífera. Pero la que fue sembrada en tierra buena es el que oye y comprende la Palabra; y da fruto, y uno  produce cien, otro sesenta y otro treinta. Quien tenga oídos para oír que oiga; quien tenga ojos, que vea”. Está en el Libro de Mateos, capítulo 13.
Muchos años después  de salir del orfanato religioso y, después de concluir la graduación en periodismo, el también escritor ehistoriador, José Ribeiro Rocha se siente un poco más maduro para reescribir su dolorosa infancia y adolescencia (en los años de 1980) en un cuadro FEBEM de San Paulo  que frente a tantos malhechos que mancharon la imagen de la institución con malhechos, abuso de poder, pedofilia, violencia sexual, violencia de la Policía Militar, mudó el nombre para “Fundação Casa”.
Su madre fue víctima de violencia sexual lo que resultó en un parto complicado que se supone haya culminado con la muerte de su madre biológica. José Ribeiro Rocha fue internado en el sistema educacional de la antigua FEBEM, para después de 4 años de vida ser transferido de esta unidad prisión para un orfanato cristiano perteneciente al Ejército de Salvación localizado en la Grande San Paulo, en la ciudad de Suzano, el Orfanato “Lar das Flores”.
Viviendo bajo un régimen militaresco”, el hoy periodista e historiador José Ribeiro Rocha, en los años 1970 y 1980, convivió con abuso de poder, sufrió violencia sexual y coexistió con violencia sexual y pedofilia cometida por quienes deberían ofrecer protección. Influenciado por lo que pasaba a su derredor, cuando adolecente probó drogas, así como conducta homosexual durante una etapa llena de dudas mientras descubría el funcionamiento de sproprio  cuerpo.
Funcionarios aparentemente cristianos en relaciones extraconyugales, pastores, idolatrando el sexo infantil entre otros acontecimientos. Otro detalle presente en los ESGOTADOS libros –reportaje “Brincar de Ser Feliz” y “Los Niños de Dios”, fueron los variados castigos brutales impuestos por los despreparadosEDUCADORES (Tios y Tias) que estaban allí supuestamente para la práctica religiosa  y seguridad de un hogar para criar sus hijos legítimos/biológicos.
Mientras crear discusiones educativas sobre sexualidad era un TABU, estos factos ocurrieron por más de los 50 años de duración de la Institución susanense y bajo la anuencia de la dirección local que entendieron ser más importante ENCUBRIR esos casos a las autoridades Estaduales que pagaban para mantener sus niñosen seguridad. Había también la obligatoriedad del aprendizaje de la educación cristiana/evangélica, impuesta por los educadores y dirección Mayor en la capital paulista.
En esta primera fase de su vida, (en los ESGOTADOS libros –reportaje “Brincar de ser Feliz y Los Niños de Dios) el autor relato como nasció,  como convivió con más de 60 niños en el refugio infantil llamado de “Jardin de Infancia” ya dentro del orfanato cristiano/evangélico  y las sensaciones vividas por su propio cuerpo a cada fase de edad hasta aproximadamente los 11 años de vida; todo esto con apoyo de entrevistas con ex internos encontrados a lo largo de los 15 años de pesquisa y construcción de narrativas.

De alguna forma, estas significativas narrativas, además de entrevistas con ex internos para los ESGOTADOS  libros reportaje, Brincar de ser Feliz y Los Niños de Dios, contribuyen para críticas y análisis de las manifestaciones infantiles, bien como maneras de reeducar menores a partir de lectura social, antropológica y psicológica de cómo vivir en refugios para menores carentes antes de la creación del “Estatuto da Criança e do Adolecente” previsto en la Constitución de 1988.

 José Ribeiro Rocha
 Brasil.