martes, 25 de mayo de 2010

INICIATIVA CONTRA LA REVICTIMIZACION DEL MENOR VICTIMA DE A.S.I

PRESIDENTE DE LA MESA DIRECTIVA
ASAMBLEA LEGISLATIVA DEL DISTRITO FEDERAL,
V LEGISLATURA.

P R E S E N T E.
 Diputada Lía Limón García, integrante del Grupo Parlamentario del Partido Acción Nacional, con fundamento en lo dispuesto por los artículos 122, Apartado A, Base Primera, fracción V, inciso h) de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; 42 fracción XI y 46, fracción I, del Estatuto de Gobierno del Distrito Federal; 10, fracción I y 17, fracción IV de la Ley Orgánica de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal; y 85, fracción I, del Reglamento para el Gobierno Interior de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, presenta ante ésta Honorable Soberanía la siguiente INICIATIVA DE DECRETO POR EL QUE SE REFORMAN DIVERSAS DISPOSICIONES DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTOS PENALES, conforme a la siguiente:

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

La presente iniciativa atiende al mandato consagrado en el artículo 4º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, respecto a la obligación del Estado a proveer lo necesario para propiciar el respeto a la dignidad de la niñez y el ejercicio pleno de sus derechos.

Preponderantemente se toma en consideración el derecho de los menores de edad al acceso a la justicia cuando son víctimas de un delito. Al acceso a la justicia pronta, completa e imparcial, tal y como lo establece el artículo 17 de nuestra Carta Magna.

“Artículo 17. Ninguna persona podrá hacerse justicia por sí misma, ni ejercer violencia para reclamar su derecho.
Toda persona tiene derecho a que se le administre justicia por tribunales que estarán expeditos para impartirla en los plazos y términos que fijen las leyes, emitiendo sus resoluciones de manera pronta, completa e imparcial. Su servicio será gratuito, quedando, en consecuencia, prohibidas las costas judiciales.

(…)”

Hablamos de un acceso a la justicia, en virtud de que por las características propias de un menor y aquellas intrínsecas a su nivel de desarrollo, se debe de adecuar el marco jurídico para que los niños y adolescentes que han sido víctimas de un delito, puedan efectivamente hacer valer sus derechos ante la autoridad ministerial y eventualmente ante la jurisdiccional, provocando así que el Estado procure los medios necesarios para que los menores puedan acceder a una justicia pronta, completa e imparcial.

Asimismo, la presente iniciativa atiende al marco jurídico internacional de la protección de los derechos humanos de los menores de edad, consagrados en diversos instrumentos jurídicos, fundamentalmente en la Convención sobre los Derechos del Niño de Naciones Unidas; el Protocolo Facultativo de la Convención de los Derechos del Niño relativo a la venta, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía, instrumento que concretamente se refiere a la infancia como víctima del delito; las Reglas mínimas de las Naciones Unidas para la administración de justicia de menores de 18 años, por citar los más trascendentes

No debemos de olvidar que todos estos instrumentos han sido ratificados por el Estado Mexicano y consecuentemente, son de aplicación obligatoria en nuestro territorio nacional, incluso así lo dispone el artículo 133 constitucional al establecer que “la Constitución, las leyes del Congreso de la Unión que emanen de ella y todos los Tratados que estén de acuerdo con la misma, celebrados y que se celebren por el Presidente de la República, con aprobación del Senado, serán la Ley Suprema de toda la Unión. Los jueces de cada Estado se arreglarán a dicha Constitución, leyes y tratados, a pesar de las disposiciones en contrario que pueda haber en las Constituciones o leyes de los Estados.”
También es de mencionar que la Corte Interamericana de Derechos Humanos indica que se entiende por “niño” a toda persona que no ha cumplido 18 años de edad, incluyendo a niñas, niños y adolescentes. De igual manera la Convención sobre los Derechos del Niño define que se entiende como niño “a todo ser humano menor a 18 años”.
En este sentido se ha aseverado que el “interés superior del niño” implica la necesidad de establecer que el niño requiere cuidados especiales, siendo así que el artículo 19 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos señala que el niño debe recibir medidas especiales de protección, por lo que la necesidad de adoptar esas medidas o cuidados proviene de la situación específica en la que se encuentran los niños, tomando en cuenta su debilidad, inmadurez o inexperiencia.

Esta protección especial para los niños, niñas y adolescentes toma en cuenta la exposición a la serie de riesgos en los cuales pueden verse especialmente vulnerables e indefensos, debido a la etapa del ciclo vital en que se encuentran, razón por la cual esta protección se encuentra establecida en diversos ordenamientos a saber :

La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, en su artículo 25-2, establece que la infancia tiene derecho a cuidados y asistencia especial.

La Convención sobre los Derechos de los Niños de 1989, habida cuenta de su vulnerabilidad e indefensión, establece la necesidad de protección y cuidados especiales de orden tanto material como psicológico y afectivo así como jurídico. Lo anterior a fin de garantizar su desarrollo armónico e integral y proveer las condiciones que necesitan para convertirse en miembros autónomos de la sociedad

La Convención sobre los Derechos del Niño, que dispone en su artículo 3-1 que “en todas las medidas concernientes a los niños que tomen las instituciones públicas o privadas de bienestar social, los tribunales, las autoridades administrativas o los órganos legislativos, una consideración primordial a que se atenderá será el interés superior del niño”; y en el artículo 3-2, establece que “los Estados partes se comprometen a asegurar al niño la protección y el cuidado que sean necesarios para su bienestar, teniendo en cuenta los derechos y deberes de sus padres, tutores u otras personas responsables de él ante la ley y, con ese fin, tomarán todas las medidas legislativas y administrativas adecuadas”.
Por su parte, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos dispone en su artículo 24-1 que “todo niño tiene derecho, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, origen nacional o social, posición económica o nacimiento, a las medidas de protección que su condición de menor requiere, tanto por parte de su familia como de la sociedad y del Estado.”

El artículo 19 de la Convención Americana de Derechos Humanos, según el cual “todo niño tiene derecho a las medidas de protección que su condición de menor requiere por parte de su familia, de la sociedad y del Estado”.

El artículo 10-3 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, que ordena: “se deben adoptar medidas especiales de protección y asistencia a favor de todos los niños y adolescentes, sin discriminación alguna por razón de filiación o cualquier otra condición”.

El Principio 2 de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño dispone que los niños gozarán de especial protección, y serán provistos de las oportunidades y recursos necesarios para desarrollarse física, mental, moral, espiritual y socialmente de manera normal y sana, y en condiciones de libertad y dignidad; para ello, precisa la Declaración, las autoridades tomarán en cuenta, al momento de adoptar las medidas pertinentes, el interés superior del menor como su principal criterio de orientación.

En el ámbito judicial, el Protocolo facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía, establece un conjunto de garantías que constituyen un enorme desafío para los sistemas judiciales, ya que exigen simultáneamente modificaciones importantes al sistema de justicia penal y al de protección de los derechos de la infancia:

“Artículo 8

1. Los Estados Partes adoptarán medidas adecuadas para proteger en todas las fases del proceso penal los derechos e intereses de los niños víctimas de las prácticas prohibidas por el presente Protocolo y, en particular, deberán:

a) Reconocer la vulnerabilidad de los niños víctimas y adaptar los procedimientos de forma que se reconozcan sus necesidades especiales, incluidas las necesidades especiales para declarar como testigos;

b) Informar a los niños víctimas de sus derechos, su papel, el alcance, las fechas y la marcha de las actuaciones y la resolución de la causa;

c) Autorizar la presentación y consideración de las opiniones, necesidades y preocupaciones de los niños víctimas en las actuaciones en que se vean afectados sus intereses personales, de una manera compatible con las normas procesales de la legislación nacional;

d) Prestar la debida asistencia durante todo el proceso a los niños víctimas;

e) Proteger debidamente la intimidad e identidad de los niños víctimas y adoptar medidas de conformidad con la legislación nacional para evitar la divulgación de información que pueda conducir a la identificación de esas víctimas;

f) Velar por la seguridad de los niños víctimas, así como por la de sus familias y los testigos a su favor, frente a intimidaciones y represalias;

g) Evitar las demoras innecesarias en la resolución de las causas y en la ejecución de las resoluciones o decretos por los que se conceda reparación a los niños víctimas.”

Como se ve, este artículo se refiere específicamente a la protección de los derechos de las víctimas, teniendo especial consideración a su vida, integridad y derechos durante los procedimientos judiciales. De esta disposición, Miguel Cillero expone que es posible desprender ciertas garantías que deben regir los procedimientos:

a) Especialización de los procedimientos para que se adapten en consideración del interés superior del niño, es decir de la garantía de sus derechos, y de la vulnerabilidad de las víctimas, debiendo protegerse especialmente su integridad para declarar como testigos.

b) Especialización Profesional. Se asegurará que los operadores del sistema de justicia en todos sus niveles reciban formación jurídica y psicológica para relacionarse con víctimas de la explotación sexual.

c) Información. La víctima debe ser informada de sus derechos, su papel, el alcance, las fechas y la marcha de las actuaciones y la resolución de la causa.

d) Asistencia. El protocolo señala la "debida" asistencia, por lo que debe entenderse no sólo la asistencia jurídica sino que también la de carácter psicológica, social o de cualquier otra índole que fuere necesaria.

e) Protección de la Intimidad, Identidad y Seguridad. Esto exige establecer normas específicas que prohíban la divulgación de la identidad de las víctimas y aspectos propios de su intimidad, así como tomar todos los resguardos para proteger a las víctimas o testigos de cualquier forma de agresión o represalia.

f) Resolución rápida y oportuna de la causa.

Como se ve, en teoría existe un amplio corpus iuris internacional que protege a la niñez, sin embargo, es por todos sabido que en el ámbito de procuración de justicia, de por sí ineficiente, los niños son poco considerados en la legislación procesal penal, consecuentemente, en la práctica son relegados en su calidad de víctima y peor aún, no se han tomado en consideración sus características especiales a fin de otorgarles una mejor y más amplia protección en sus derechos y en su propia persona y desarrollo.

Por lo anterior, resulta necesario adecuar las legislaciones sobre protección de los menores de edad, para dar efectividad a la Convención sobre los Derechos del Niño y demás instrumentos internacionales.

En este sentido, la victimización , es decir, el ser víctima de un delito, tiene grandes consecuencias para los niños, descarrilando la trayectoria de desarrollo saludable. Puede afectar la formación de la personalidad, consecuencias negativas para la salud mental, impacta en el desempeño académico y también está fuertemente vinculada en el desarrollo de conductas delincuenciales y antisociales.

El sistema de procuración de justicia del Distrito Federal está trazado de tal forma que revictimiza a los menores de edad víctimas de un delito, ya que está diseñado en función de las capacidades cognitivas de los adultos y sin considerar las necesidades especiales de la infancia. Esto es aumentado por el ambiente formalista, distante, muchas veces carente de atención y mucho menos de atención especializada para los menores de edad, aunado a que se exige el desempeño de habilidades que no pueden llevar a cabo de acuerdo a su nivel de desarrollo.

La toma inadecuada de declaraciones, valoración inapropiada de pruebas, práctica innecesaria y errónea de peritajes no especializados, interrogatorios repetidos, las demoras prolongadas e innecesarias, la posible declaración frente al acusado, entre muchas otras inconsistencias más, revictimizan al niño, provocándole un daño emocional y a la vez, entorpeciendo la procuración de justicia.

Como consecuencia de todo ello, se genera temor, ansiedad, impotencia y sensación de vulnerabilidad en los niños que participan en el proceso, efectos que evidentemente afectan en la recuperación por el delito sufrido y que pueden llegar a provocar consecuencias graves a largo plazo.

El riesgo de revictimización consiste en que a los efectos que surgen como consecuencia del delito, se le agregan aquellos derivados de la exposición y experiencias por el niño una vez que inicia el proceso y procedimiento penal.

La revictimización o doble victimización, o también conocida como victimización secundaria, se da cuando los efectos que aparecen debido a la primera violación a sus derechos, cualquiera que haya sido el delito, se le suman aquellos provocados o aumentados por las experiencias a que es sujeto el niño una vez iniciado el proceso penal.

Concretamente Grieschbach y Castañer indican que cuando existe revictimización, el propio proceso penal se vuelve contra el niño víctima, que sufre ahora otro maltrato: el institucional.

En la práctica del derecho penal, la infancia se enfrenta al proceso penal en su carácter de víctima casi en las mismas circunstancias que un adulto, ya que no existen marcos jurídicos nacionales o internacionales que permitan dar un trato diferenciado razonable.

Solo la Convención sobre los Derechos del Niño establece que el niño tiene derecho a la igualdad frente a la ley y el derecho a la protección frente al proceso legal y al Estado, así como el derecho a la seguridad frente al abuso emocional, mental, psicológico y físico, así lo indica el artículo 19 de dicha Convención:

“Artículo 19. Los Estados Partes Adoptarán todas las medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas apropiadas para proteger al niño contra toda forma de perjuicio o abuso físico o mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, incluido el abuso sexual, mientras el niño se encuentre bajo la custodia de los padres, de un representante legal o de cualquier otra persona que lo tenga a su cargo.”

Adicionalmente, los niños y las niñas tienen derecho a la información, el derecho a participar en el proceso legal, a expresar sus concepciones y opiniones y contribuir en las decisiones que afectan sus propias vidas, incluyendo aquellas tomadas en el proceso judicial. Se colige entonces que el niño tiene también el derecho a ser tratado como un testigo capaz.

Sin embargo, la desventaja del niño frente al proceso es claro, solo establezcamos como ejemplo el hecho de que un adulto en su calidad de víctima u ofendido cuando se enfrenta al proceso penal le resulta complicado entender el lenguaje jurídico y el tecnicismo procesal que se maneja, por lo que resulta evidente que la infancia se encuentra aún en mayor desventaja y en total incomunicación con los sistemas jurisdiccionales, por lo que para un niño es totalmente incomprensible el proceso penal.

En consecuencia, al afrontar el proceso de administración de justicia, como se presenta en la actualidad, es decir, sin mecanismos especiales para la infancia, lejos de proteger al menor y propiciar el proceso de recuperación y propiamente de justicia, no hace mas que reagudizar e incluso agravar la victimización.

El trato hacia el niño por parte del sistema legal, desde la investigación inicial hasta el juicio, en la mayoría de casos viola todos los derechos del niño conferidos por la legislación internacional y se encuentra en fuerte conflicto con la promoción de una recuperación física y psicológica, no obstante que el artículo 39º de la Convención sobre los Derechos del Niño, señala que los Estados Partes “deberán tomar todas las medidas apropiadas para promover la recuperación física y psicológica y la reintegración social del niño víctima de…cualquier forma de negligencia, explotación o abuso; tortura o cualquier otra forma de trato cruel, inhumano o degradante. Esta recuperación y reintegración deberá producirse en un entorno que fomente la salud, la autoestima y la dignidad del niño.”

Siendo así necesario subrayar que si la justicia es percibida como parte de este proceso de recuperación del niño víctima del delito, entonces es ilógico que el proceso judicial continúe degradando y dañando a la víctima e impida su recuperación, al inflingir traumas adicionales que son innecesarios y completamente evitables.

En este orden de ideas podemos afirmar que el proceso y procedimiento penal en la actualidad, lejos de atender los requerimientos del menor de edad víctima, tiende a revictimizarlo o desconocerle derechos que le son inherentes; se llega a olvidar que el proceso se inicia porque se ha lesionado un bien jurídico tutelado por la legislación penal positiva vigente y a la vez se ha producido el agravio de una persona, o de un colectivo; de esta manera, entendiendo que en el derecho penal la acción es pública, se pretende hacer a un lado a la víctima, basándose en que el Estado le brinda tutela jurídica, olvidándose que el estado no es la víctima , razón por la cual, en los procesos muchas veces no se tiene en cuenta los intereses concretos de la persona que ha sufrido una agresión.

En efecto, el proceso y procedimiento penal basado en la persecución pública, en general, maltrata a la víctima del delito, pues no intenta satisfacer sus intereses concretos, sino cumplir con los intereses estatales de control social.

En el caso de los delitos sexuales o de aquellos cometidos en contra de niños y adolescentes, a este maltrato propio de la justicia penal se agrega otro que puede ser mucho más grave para la víctima, como lo es la revictimización de la que ya se ha apuntado, que para dicha víctima significa la exposición a un proceso penal nada garantista de sus derechos.

Es por ello que en la presente propuesta se pugna para que a las víctimas u ofendidos menores de edad se les garantice una adecuada y necesaria asistencia legal, médica y psicológica especializada.

Actualmente, existen tipos penales adecuados para la persecución de los delitos de carácter sexual en contra de menores de edad, si los procedimientos existentes, o la falta de medidas de protección, excluyen o impiden que la víctima denuncie o participe en la indagatoria y proceso penal o este les provoque más daños en lugar de protección y una verdadera justicia, los esfuerzos resultan infructíferos, de ahí la necesidad de legislar a favor de una protección integral para los menores víctimas de un delito, sea éste de carácter sexual o no.
Griesbach apunta contundentemente que en la actualidad, la adecuación procesal y la protección a víctimas se limitan a las facultades que tanto el Ministerio Público como el Juez pueden, discrecionalmente, aplicar al interés superior del niño o bien en aras de resguardar la integridad de la víctima. Sin embargo, la experiencia forense nos muestra que dichas facultades son poco utilizadas.

Indica que esta situación se debe a dos factores, por un lado, las autoridades facultadas para determinar medidas especiales carecen de la capacitación adecuada para detectar y satisfacer las necesidades de la víctima. La discrecionalidad y ambigüedad relativa a las disposiciones existentes en materia de adecuación procesal y protección a víctimas, delega en el saber y pericia de la autoridad la posibilidad de activar medidas especiales. Es decir, la legislación vigente no indica qué medidas se deben tomar ante situaciones particulares. En este marco, la falta de capacitación resulta en la inactividad ministerial y judicial en contra de la víctima.

Es por ello que también se propone que al momento de que el Ministerio Público tome la declaración del menor de edad, deba solicitar el apoyo de personal especializado en la atención psicológica y emocional del niño, ya que todo testimonio o declaración debe ser tomado bajo directrices específicas y conducido por personal apropiadamente capacitado y entrenado en técnicas diseñadas para obtener mejor información, y al mismo tiempo, minimizar los traumas adicionales para el niño o adolescente.


En este sentido, alguien entrenado y con conocimientos sobre desarrollo infantil y especializado en la atención a víctimas del delito, puede evaluar mejor la situación.

Asimismo, al hecho de enfrentar el proceso de administración de justicia, se le suma la actuación específica que le será requerida al menor. El niño que ha sido víctima deberá recordar y relatar el hecho que ha violentado el bien jurídico que tenía tutelado por la ley, con lo cual, debido a su imposibilidad de separar el recuerdo de la realidad actual, revive y vuelve a experimentar lo sucedido. Cuanto mayor sea el tiempo de exposición a la situación traumática, mayores serán los efectos victimizantes, e incluso se incurre en la revictimización, razón por la cual resulta necesario el grabar todas las diligencias en las que participe el menor, a fin de evitar repeticiones innecesarias, y de esta manera que quede constatado a través de este medio lo dicho o lo practicado con el niño.

Es por ello que resulta necesario usar medios alternativos para registrar la declaración principal del niño y utilizarla para evitar toda repetición de información, ya que el número de veces en que el niño deberá prestar declaración puede variar, según las circunstancias de cada caso en particular, pero no es razonable que tenga que contar la situación en que fue víctima una y otra vez a diferentes investigadores y en distintas instancias.

En el mismo sentido, la iniciativa que nos ocupa propone que la diligencia practicada a los testigos menores de edad sea videograbada, lo mismo en la inspección en donde participen niños.


Lo anterior resulta benéfico para la víctima del delito, toda vez que cuando un elemento probatorio está incluido en la averiguación previa, es necesario volver a presentarlo como prueba en el proceso, ya que en la averiguación previa sólo tienen valor indiciario en el proceso y no se sujeta a escrutinio judicial, por lo que esta repetición de prácticas probatorias, evidentemente tiene consecuencias negativas para un niño víctima, ya que sus declaraciones, periciales psicológicas y demás diligencias, como actualmente se encuentra la legislación, podrán ser repetidas en el proceso. Incluso, ante esta situación algunos países han resuelto este problema haciendo obligatoria la videograbación de toda diligencia o pericial desarrollada con un niño.

Ante este hecho, en que la legislación procesal penal vigente aún no contempla las adecuaciones necesarias para atender las necesidades de los niños víctimas, es por lo que se propone modificar la legislación a fin de incorporar la videograbación de las diligencias practicadas en niños víctimas, ya que con la norma adjetiva penal vigente la repetición es inevitable y necesaria para el proceso, lo cual es necesario reformar como lo propone esta iniciativa.

De igual manera, a fin de no exponer a la víctima menor de edad a los demás asuntos que se tratan en la Agencia del Ministerio Público, es por lo que se plantea que las audiencias de desahogo de pruebas se lleven a cabo a puerta cerrada, además de que con ello se evita que se pudiera tener contacto con el inculpado si es que también acude a la Agencia del MP para atemorizar al menor.

Análogamente, a fin de otorgar mayor protección a los menores, se plantea la intervención por parte de personal especializado en el tratamiento de menores mediante mecanismos que faciliten la declaración del menor y aseguren pericia para comprender lo que el menor manifieste.


Tratando el tema de peritajes llevados a cabo con la participación de menores de edad, la iniciativa contempla la posibilidad de que las victimas u ofendidos menores de edad puedan oponerse a la repetición de peritajes que vayan en contra de su integridad física, psicológica o emocional, ello con el fin de otorgar mayores candados en la práctica de diligencias innecesarias y repetitivas que puedan causar la revictimización.

En este tenor de ideas, también se propone que cuando en la prueba de la inspección se puedan causar daños al menor e impactar en su estabilidad emocional, a juicio del Ministerio Público o Juez, los menores no estarán obligados a presentarse en el lugar de la inspección.

Otro tema que se ha tratado mucho por especialistas, es el relativo a la confrontación o reconocimiento del delincuente, ya que esta diligencia implica necesariamente que el probable responsable sea presentado frente a la víctima para que ésta lo reconozca físicamente y así se haga la imputación directa de que efectivamente determinada persona fue la que cometió el delito.

Sin embargo, en el caso de delitos sexuales, maltrato, y muchos otros más, cometidos contra menores de edad, la diligencia en comento puede provocar trauma, impotencia y recuerdo del suceso, y consecuentemente revictimizar, razón por la cual se propone que esta diligencia sea llevada a cabo en recintos separados, con la ayuda de cualquier medio electrónico audiovisual, de tal manera que el declarante pueda reconocer o identificar al inculpado.

De igual manera, se plantea que el Ministerio Público o Juez se aseguren que el inculpado no vea ni escuche o puedan identificar al niño; y a la vez, que el niño tampoco pueda escuchar al inculpado. Dicha diligencia debe ser tratada con la delicadeza que el caso amerita, procurando en todo momento salvaguardar la estabilidad emocional y psicológica del niño.

Incluso, resulta absurdo que para casos de delitos como los contemplados en el Libro Segundo, Título Quinto y Sexto del Código Penal para el Distrito Federal, como son violación, abuso sexual, hostigamiento sexual, corrupción de menores, turismo sexual, pornografía, trata de menores con fines de explotación sexual y lenocinio, cometidos en contra de menores de edad, ellos mismos sean quienes acudan a denunciarlo, sobre todo en los casos de los delitos que engloba la Explotación Sexual Comercial Infantil, abordados en dicho Título Sexto, mismos que incluso son controlados por verdaderas mafias, las cuales, obviamente tienen incomunicadas o amenazadas a sus víctimas para que no denuncien.

Por otra parte, en caso de reposición del proceso derivado de una apelación promovida por el inculpado, esto devendrá en contra del niño víctima, ya que se deberán repetir todas las actuaciones hasta el momento en que se indique, lo cual resulta de suma afectación y desgaste para el niño e incluso determinante en un proceso, ya que por las condiciones cognitivas y psicológicas del niño víctima pueden derivar en que en la repetición de diligencias, estas varíen o sea imposible realizar una nueva y eventualmente el sentido de la investigación y el proceso se inclinará a favor del inculpado, probablemente absolviéndolo del delito cometido.


Siendo así que para evitar el efecto revictimizador en el caso de reposición del proceso, se propone que cuando sea decretado, se salvaguarden las diligencias en las que haya participado una víctima o testigo menor de edad, sin que se puedan repetir de manera injustificada, salvo que el Juez determine lo contrario, y al mismo tiempo se procure en todo momento no afectar la estabilidad emocional y psicológica del menor.

Con esta medida, las diligencias en las que participó el niño víctima del delito no serán repetidas injustificadamente, además de que las mismas serán rescatadas con la videograbación que se propone y que en líneas precedentes hemos apuntado, siendo así que la estabilidad emocional de la víctima será la premisa mayor que debe cumplir el juzgador.

Por lo anteriormente expuesto y fundado sometemos a consideración del pleno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, la siguiente: INICIATIVA DE DECRETO POR EL QUE SE REFORMAN DIVERSAS DISPOSICIONES DEL CÓDIGO DE PROCEDIMIENTOS PENALES.

ARTÍCULO ÙNICO.- Se REFORMAN la fracción XIII, XV, XVI y XXI del artículo 9º, la fracción XIII del articulo 9 Bis, 24, 25, 30, 37, 59, 70, 101, 109 Bis, 148, 164 bis, 178, 191, 207, 213, 263, 286 Bis, y 305; y se ADICIONA los artículos 224 Bis, 224 Ter, 264 Bis y 431 Bis; del Código de Procedimientos Penales para el Distrito Federal, para quedar como sigue:


Artículo 9º.- …

I - XII …

XIII. A que se le garantice la asistencia legal, médica y psicológica especializada. Tratándose de menores de edad dicha asistencia se prestara de forma inmediata cuando intervenga en cualquier etapa del procedimiento.

XIV …

XV. A que el Ministerio Público solicite debidamente la reparación del daño y a que se les satisfaga cuando ésta proceda. En el caso de menores de edad la reparación del daño se llevará acabo de manera oficiosa.


XVI. A recibir auxilio psicológico en los casos necesarios, y en caso de delitos que atenten contra la libertad y el normal desarrollo psicosexual, a recibir este auxilio por personal de su mismo sexo, especializado en la materia. En el caso de menores de edad el auxilio tendrán que prestarlo personal especializado en atención a menores.

XVII-XX…

XXI. A que el Ministerio Público, sus auxiliares y el Juez, mantengan en confidencialidad su domicilio y número telefónico así como el de los testigos de cargo, en caso de delitos graves y en aquellos delitos cometidos en contra menores de edad, e igualmente en caso de delitos no graves cuando así lo solicite.

Artículo 9 Bis.- …

I- VII …

VIII …

En los casos en que la victima sea menor de edad se le exime de expresarse con las formalidades que marca la ley, y se dará una intervención por parte de personal especializado en el tratamiento de menores mediante mecanismos que faciliten la declaración del menor y aseguren pericia para comprender lo que el menor manifiesta.

IX – XVI…


Artículo 24.- Los peritos, intérpretes o personal especializado y demás personas que intervengan en los procedimientos, sin recibir sueldo o retribución del erario, cobrarán sus honorarios conforme a los aranceles vigentes si no hubiere éstos, los honorarios se fijarán por personas del mismo arte u oficio.


Artículo 25.- Cuando los peritos o personal especializado que gocen sueldo del erario emitan un dictamen, sobre puntos decretados de oficio o a petición del Ministerio Público, no podrán cobrar honorarios.

Artículo 30.- …

En los casos de urgencia en donde deban declarar testigos menores de edad los secretarios deberán observar en todo momento las disposiciones aplicables en el presente código.

Artículo 37.- Los jueces, tribunales y Ministerio Público, en todo lo que la ley no prohíba o prevenga expresamente, podrán dictar en asuntos sujetos a su competencia, los trámites y providencias necesarios para la pronta y eficaz administración y procuración de justicia, según corresponda, dando prioridad a los casos en que la victima sea un menor de edad.

Artículo 59.- …

Las audiencias en las que participe un menor de edad, en todo momento se llevarán acabo a puerta cerrada y en privado; con el auxilio del padre, madre, tutor, representante legal o persona de confianza, así como con la participación del personal especializado en el tratamiento de menores que asistan a éstos en su declaración, cuidando en todo momento su integridad física y psicológica, utilizando mecanismos que faciliten la declaración y aseguren pericia para comprender lo que el menor manifieste. El menor víctima no deberá tener contacto en ninguna etapa del procedimiento con el inculpado. Estas diligencias deberán ser videograbadas con las técnicas audiovisuales adecuadas.

Artículo 70.- La víctima o el ofendido o su representante pueden comparecer en la audiencia y alegar lo que a su derecho convenga, en las mismas condiciones que los defensores. En caso de la victima o testigo sea un menor de edad se tomaran en cuenta las provisiones a las que se refiere el presente Código.

Artículo 101.- …

En el caso en que la victima sea menor de edad la toma de fotografía se hará con las precauciones que eviten dañar su estabilidad emocional y psicológica

Artículo 109 bis.- …

Cuando la víctima sea menor de edad, dicha atención será proporcionada por personal especializado en el tratamiento de menores mediante mecanismos que faciliten la declaración y que aseguren pericia para comprender lo que el menor manifieste.

Artículo 148.- …

I-VII …

Tratándose de inspecciones donde intervengan menores de edad y con el objeto de no afectar su estabilidad emocional y psicológica, no estarán obligados a asistir a la diligencia.

Artículo 164 Bis.- …

Todo peritaje en donde participe un menor de edad, será videograbado y practicado por personal capacitado en la atención de menores de edad.

Artículo 178.- …

Las victimas u ofendidos menores de edad podrán oponerse a la repetición de peritajes que vayan en contra de su integridad física, psicológica o emocional.

En los peritajes en donde participen menores de edad, el perito tercero en discordia podrá analizar los peritajes videograbados, a efecto de que se base en ellos y pueda emitir su propio peritaje, sin necesidad de realizar uno nuevo al menor de edad.

Artículo 191.- …

La declaración del menor de edad será tomada con la intervención del personal especializado en el tratamiento de menores mediante mecanismos que faciliten la declaración que aseguren pericia para comprender lo que el menor manifieste.

Artículo 207.- …

El Ministerio Público o Juez deberá designar personal especializado en tratamiento de menores para la atención y asistencia. En las diligencias en que el testigo sea menor de edad se utilizaran mecanismos que faciliten la declaración y que aseguren pericia para comprender lo que el menor manifieste, las preguntas deberán ser con un lenguaje sencillo, y de forma tal que al abordar el tema se haga de manera que no impacte en su conciencia y estabilidad emocional, respetando siempre el interés superior del menor.

Artículo 213.- A los menores de edad se les exhortará por medio del personal capacitado en tratamiento de menores designado por el Ministerio Público o Juez para que digan la verdad, explicándoles claramente de manera que puedan entender el alcance de la misma y el objetivo de la diligencia, observando en todo momento el interés superior del menor y evitando atemorizarlo.

Artículo 224 Bis.- Cuando el declarante sea menor de edad, la confrontación se llevará a cabo en recintos separados, con la ayuda de cualquier medio electrónico audiovisual, de tal manera que el declarante pueda reconocer o identificar al inculpado, sin que se atente la integridad emocional y psicológica del menor.

Artículo 224 Ter.- Cuando el declarante sea menor de edad, además de lo previsto por el artículo 9, fracción XIII, XV, XVI y XXI, el Ministerio Público o Juez deberán:

I. Asegurarse que las personas objeto de la confrontación no vean ni escuchen o puedan identificar al declarante;

II. Asegurarse que el declarante no escuche a las personas objeto de la confrontación, y

III. No presionar ni obligar al menor de edad para que señale a persona alguna.

Artículo 263.- …

I. Se deroga

II-III …

En los casos de delitos contemplados en el Libro Segundo, Título Quinto y Sexto del Código Penal para el Distrito Federal, cometidos en contra de menores de edad, cualquier persona podrá denunciar ante el Ministerio Público.

264 Bis.- La persona menor de edad podrá rendir la ampliación de su declaración en su domicilio habitual de residencia, con el propósito de garantizar su estabilidad emocional. Dicha declaración será tomada con la intervención de personal especializado en el tratamiento de menores mediante mecanismos que faciliten la declaración y aseguren pericia para comprender lo que el menor manifieste. Se exime al menor de edad de expresarse con las formalidades que marca la Ley, pudiendo el Ministerio Público o Juez suplir las deficiencias.

Artículo 286 Bis.- …
… 
Tratándose de consignación sin detenido por delito grave, delincuencia organizada o de aquellos que atenten en contra de personas menores de edad, inmediatamente debe radicarse el asunto, y dentro de los seis días siguientes la autoridad resolverá sobre el pedimento de la orden de aprehensión. Si el juez no resuelve oportunamente sobre estos puntos el Ministerio Público procederá en los términos previstos en el cuarto párrafo de este artículo.

Artículo 305.- …
Cuando se trate de delitos contemplados en el Libro Segundo, Título Quinto y Sexto del Código Penal para el Distrito Federal, cometidos en contra de menores de edad, a petición de la víctima y sin objeción del procesado, se seguirá procedimiento sumario.

Artículo 431 Bis.- Cuando por alguna causa prevista en el artículo anterior se resuelva que habrá lugar a la reposición de procedimientos se salvaguardarán las diligencias en las que haya participado una víctima o testigo menor de edad, sin que se puedan repetir de manera injustificada, salvo juicio contrario del Juez mismo que deberá estar fundado, procurando siempre no afectar la estabilidad emocional y psicológica del menor, dicha reposición se llevara tomando en cuenta las provisiones a las que se refiere el presente Código.

TRANSITORIOS

PRIMERO. Publíquese en la Gaceta del Distrito Federal y en el Diario Oficial de la Federación para su mayor difusión.

SEGUNDO. El presente decreto entrará en vigor 90 días después de su publicación en la Gaceta Oficial del Distrito Federal, lapso en el que la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal realizará las adecuaciones administrativas conducentes para la aplicación de la presente reforma.

lunes, 24 de mayo de 2010

LA DESCALIFICACION DE LAS VICTIMAS.

La descalificación de las víctimas suele ser una estrategia para legitimar el abuso sexual, opina un juez. Tampoco puede hablarse de presunto consentimiento, ya que implicaría “desresponsabilizar al victimario”, agrega una psicóloga.

Una de las estrategias más efectivas en caso de abuso sexual en general y de niñas y niños en particular es la descalificación sistemática de las víctimas en primer término, y de otros actores del entorno suyo, inmediata o simultáneamente”, “pretender discutir el consentimiento o no de la joven es desviar la atención de un claro abuso sexual, culpabilizando a la víctima y desresponsabilizando a los victimarios”,Aun si fuera cierto que la niña tiene conductas sociales precoces, esto sería producto de otra victimización previa, habría que ayudarla y protegerla.”

Los menores de 16 años víctimas de delitos contra la integridad sexual no pueden ser interrogados en ninguna instancia judicial y policial en forma directa y sólo deben serlo por especialistas y con Cámara Gesell. La descalificación de la víctima, precisó, ha sido así en todas las épocas y lugares. “La diferencia es que hasta hace no mucho tiempo, no hacía falta gran esfuerzo para desarticular cualquier denuncia incluso si avanzaba un poco a nivel judicial y que todo terminara impune. El avance de los últimos diez a quince años en la materia, el mayor conocimiento de las características del fenómeno, de las relaciones de poder entre victimarios y víctimas, de la paralización de la voluntad de las víctimas de abuso, de los mecanismos de defensa que les impiden actuar para detenerlos, generaron grandes reacciones en muchos casos violentas o cuanto menos muy agresivas. Obviamente quienes más fuerte reaccionan son los victimarios y a su lado todos aquellos o bien que los defienden por algún interés particular (abogados pagos) o bien por simple identificación de género”,

Es sorprendente que haya también mujeres que defiendan a los imputados: “El hecho de ser mujer no evita que se identifiquen en muchos casos igualmente con los victimarios. Lo que están haciendo esas mujeres es reproducir el imaginario histórico de dominio masculino tanto en la legislación como en la aplicación de esas leyes. Es un fenómeno interesante, además de horrible, pero que demuestra que aún no pasamos del paradigma teórico de respeto por las víctimas, al concreto, práctico y de reconocerle aquí y ahora que la débil y abusada es ella y no los tres sospechosos que hoy cuentan con el apoyo de una parte de una comunidad.

miércoles, 19 de mayo de 2010

ABUSO SEXUAL INFANTIL


Dentro de los diferentes tipos de maltrato infantil (MI) que acontecen entre los integrantes de una familia, a más de aquellos a los que nos hemos referido en anteriores oportunidades -abuso físico, abuso emocional, abandono físico y abandono emocional-el abuso sexual infantil (ASI) o infanto-juvenil es la forma de MI más difícil de aceptar y reconocer, pese a estar constatado que la inmensa mayoría de los casos de ASI ocurren en la propia casa, y que el abusador es alguien de la familia (padre, padrastro, abuelo, tío, hermano mayor u otro familiar, concubino).

El ASI puede ser definido como la imposición a niños, preadolescentes o adolescentes inmaduros, de cualquier clase de actividad sexual que no están en condiciones de comprender (o de comprender en su totalidad) ni de consentir y en las cuales los obligan o fuerzan a participar. Siempre importa un abuso de poder o de autoridad por parte del abusador, que emplea la sexualidad como un elemento de dominio sobre el menor, más que para la gratificación sexual del primero, para la satisfacción de su perversidad (placer por dañar) o de su perversión sexual (paidofilia).

Las modalidades y consecuente intensidad del ASI pueden variar desde la exhibición sexual (visión de genitales; masturbarse delante del niño), pasando por “caricias” y “besuqueos”, contacto dígito u oro-genital, hasta la violación (asalto sexual con penetración carnal vaginal o rectal, o introducción de objetos en dichas zonas), aunque la fuerza física (agresión sexual) sólo está presente en un pequeño porcentaje de casos, pues al victimario le basta con utilizar su posición de poder para que el menor le obedezca, ya que su percepción del adulto como autoridad lo torna más vulnerable a ser amenazado, sobornado o inducido a acatar los deseos del abusador. Esta relación de abuso es crónica, permanente o periódica. Su impacto en la víctima es prolongado y los daños psicológicos que le genera son cuantiosos.

También acontecen casos de ASI extrafamiliar, los cuales, por lo común, son perpetrados por alguien que el niño conoce: un vecino, un profesor, un amigo de la familia, etcétera. Pero lo común es que el ASI sea intrafamiliar. Vg., en un estudio publicado por el Comité de Maltrato Infantil del Hosp. de Niños Dr. Orlando Alassia en el año 2004, se informa que, sobre la base de 80 historias clínicas de casos de ASI registrados durante un año, 10 menores tenían 4 años o menos de edad; 31, entre 5 y 9 años; 29, entre 10 y 13 años, y los 10 restantes de 14 a 18 años. En el 73,75 % de los casos, el abusador era un miembro de la familia.

Una forma particular de ASI es el incesto (relaciones sexuales entre parientes consanguíneos o, según la Real Academia Española, “relación carnal entre parientes dentro de los grados en que está prohibido el matrimonio”), y dentro de él, el incesto padre-hija, de efectos devastadores para la víctima. Tema que merece ser tratado en particular, y que así lo haremos en una próxima entrega. Si bien recordando aquí que el incesto (en sentido lato) también abarca a las relaciones homosexuales (vg., madre-hija). Siendo claro que el ASI es de exclusiva responsabilidad de quien lo comete. El mito de la “provocación” -con el cual se pretende “culpabilizar” a la víctima (niños “seductores”)-, apelar a ser compulsivo (que no puede dejar de abusar o violar) o que el niño consintió su vejamen (como si con 5 ó 7 años pudieran oponerse a un adulto que aman, respetan y/o temen) son torpes pseudoargumentos de estilo que se arguyen como defensa contra la acusación de ASI, que no merecen consideración alguna.

¿Y que el niño inventó los hechos?
 Los niños víctimas de ASI rara vez informan a alguien de ello, por temor a que no se les crea (“inventan porquerías”) o a ser castigados (en represalia), o porque el abusador (y/o sus encubridores, de haberlos) los inducen (o presionan, amedrentan, amenazan o sobornan) a callar. Pero hay que tener en cuenta que la mayoría de los niños que revelan un ASI dicen la verdad, y es muy poco probable que un niño idee los detalles concretos de una relación de tipo sexual, a menos que haya tenido una experiencia anterior, por haberla visto o vivido, sino por ser producto de la inducción o la co-construcción (de un falso ASI) de/con alguno de sus padres. Por ello, si se animan a contarlo, es correcto creerles. Porque sus dichos (que deben ser estimados conforme a su desarrollo cognitivo) pueden ser validados mediante la constatación de indicadores de ASI, desde el examen médico (signos físicos: lesiones o desgarros en la zona genital o anal, etcétera) y la evaluación psicológica y psiquiátrica (conocimiento sexual y/o conductas hipersexualizadas impropias para su edad, retraimiento, cuadros disociativos, etcétera). Indicadores que demarcan una sospecha fundada de ASI y que, junto con otros elementos significativos, pueden llevar a su confirmación.

el abuso sexual infantil en el mundo.

Millones de niños y niñas sufren o han sufrido de explotación sexual.

Este es un problema Universal alarmante que requiere de medidas de prevención y de protección.

Este gran problema está presente tanto en países del primer mundo, como en aquellos en vía de desarrollo. Debido a esto se puede considerar que nos referimos a una problemática a nivel mundial, un problema que no discrimina sectores, niveles sociales o culturas, todo esto pese a que existen organismos encargados de proteger a los menores de la violencia, la explotación y los abusos. Organismos como lo la UNICEF. Brindan bienestar a la infancia, sin embargo, existen limitantes como lo son las leyes penales y civiles que establecen algunos países en sus dominios, con los cuales es imposible luchar , por ejemplo que se permita a los padres o tutores que usen el castigo moderado y razonable. En este caso podría originarse un retraso en la acción policial al confundirse las representaciones moderadas con actitudes de otra índole.

Así como la UNICEF está comprometida con amparar a los niños y niñas del mundo con la “convención de los de los derechos del niño”, “la declaración del milenio” y numerosos acuerdos internacionales para así crear un entorno protector. Con la colaboración de los gobiernos, asociados nacionales e internacionales, los sistemas nacionales a favor de la infancia y las practicas sociales protectoras. Todo esto le permitirá a los países, comunidades y familias prevenir y responder a la explotación.

¿COMO AYUDAR AL NIÑO ABUSADO?

Han existido muchos casos de abuso sexual de niños, tema que no se ha podido evitar, esto no es nuevo ya que esto ocurre en la realidad de nuestra vida cotidiana.

En estos casos lo más importante es cómo llegar a un niño abusado, lo principal es darle mucha confianza para que explique bien lo sucedido sin temor a nada y que el niño se sienta seguro de la persona que lo está interrogando para que no haya rechazo.

Es difícil determinar una causa general para lo casos de abuso sexual ya que cada uno cuenta con un origen diferente cada circunstancia se deriva de una patología emocional y física , distinta donde un patrón de comportamiento abusador surge del perfil conflictivo del victimario.

Indudablemente el comportamiento de un abusador es consecuencia de un desorden sexual, causados por alteraciones hormonales o por una educación sexual mal encaminada o mal informada. Por otro lado la causa puede ser emocional quizás el abusador presenta presiones o restricciones sociales, familiares y hasta religiosas, desde su adolescencia o infancia; hechos que le impidieron un desarrollo de la sexualidad y de la personalidad en forma integral previniendo trastornos nerviosos y mentales

Consideramos que debemos dar un paso teórico mas allá, consiste en la integracion de los estudios de la victimologia con lo de la psicología criminal que a lo largo de estos últimos años han avanzado por caminos paralelos.

Nuestra aproximación debe ser comprensiva desde las dimensiones: agresor, agresión, victimas y determinantes biopsicosociales.

nota:

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COLABORACIÓN

martes, 11 de mayo de 2010

¿Qué me oprime?

Laura Jiménez*

Anoche me pasó algo raro. Entré a la parte trasera de un jeep. Apenas me senté, me empecé a sentir sofocada. A pesar del espacio, de que iba con gente estimada, de que me conocen y de que abrieron rápidamente las ventanas delanteras.

El viaje era corto, sólo serían dos kilómetros de distancia, y aún así me sentí claustrofóbica. A pesar del tiempo, del trabajo invertido en mi proceso... me sorprendía estar viviendo nuevamente esta sensación de estar oprimida, de querer salir corriendo de ese lugar a toda costa.

Hace tres años y medio tuve una crisis espantosa que no me permitía ni siquiera subir a un bus. Era el clímax de la opresión del abuso sexual que viví de niña, que apenas me permitía medio respirar llena de mucho miedo. Nunca imaginé que ser obligada a complacer sexualmente a mi tío, siendo yo una niña de 4 años, me oprimiría tanto. Ahora como sobreviviente que he estado trabajando todas las secuelas que me dejó el abuso, soy consciente de que vivimos como autómatas, enterramos tan profundamente todo el dolor, furia, frustración, opresión que sentimos con cada abuso sexual al que fuimos sometidas, que no nos damos cuenta de que en realidad no vivimos.

Sobrevivimos, simulamos que vivimos, obviando esas sensaciones extrañas que de repente sentimos: Enfermarnos, enojarnos, llorar, ser ansiosas, tener miedo a la oscuridad, o a estar solas, no poder decir lo que sentimos o pensamos aún cuando queremos, o sentir un vacío que no sabemos por qué lo tenemos ni cómo llenarlo.

Poco a poco he ido superando la opresión que he vivido por el abuso, por eso me sentí mal al volver a experimentar esta claustrofobia. Traté de ver lo positivo de mi actitud anoche: ¡Logré sobrevivir al viaje! Pude haberme bajado, llorado, entrar en pánico, tener un ataque de no poder respirar, o quedarme completamente paralizada anhelando vehementemente llegar ya a mi destino, como me ocurrió muchas veces. Pero no fue así. Le dije a mis compañeras que me estaba empezando a sofocar, ellas comenzaron a hablarme de cosas agradables, yo traté de dejarme llevar, como una forma de confrontar mi miedo. Traté de estar la mayor parte cerca de la ventana sintiendo el aire y diciéndome a mí misma “tranquila, es un viaje corto, aquí nadie te va a hacer daño”.

Al bajarme del jeep, estaba contrariada, entre la alegría por haber logrado viajar en la parte trasera del jeep, sobrellevar esa sensación claustrofóbica y entre las ganas de llorar por volver a sentirme así. Al abordar el bus que me lleva a mi casa, dudé en tomarlo porque se veía lleno. Pero, decidida a enfrentar mi propio miedo, lo abordé. Nuevamente mi “yo mujer” estaba diciéndole a mi “yo niña”: “Tranquila, respirá, el viaje es corto, no te va a pasar nada”. Logré llegar a mi casa, sana y salva, pero aún con la contradicción entre la celebración y la tristeza, situación que me llevó a llorar, una vez más, para sanar.

Hablé con mi psicóloga, quien me dijo ¿qué te oprime?. Durante años me oprimió la sensación de ser usada, de ser aplastada por el cuerpo del abusador. Ha pasado mucho tiempo desde que sufrí el último abuso, pero esa sensación ha estado presente en mi vida, en mi cuerpo, en mi pecho, en mi estómago, en mi boca, en mi garganta que se enferman constantemente diciéndome a gritos que no aguantan el dolor. Lo único bueno es que ahora he superado bastante la sensación claustrofóbica y he aprendido a escuchar a mi cuerpo, intentando sanar.

En mi deseo de estar bien, vencí el miedo a hablar de mi experiencia dentro de un grupo de sobrevivientes, es decir, mujeres que como yo también sufrieron abuso sexual pero que también quieren sanar. Reconozco que he avanzado un montón, aunque todavía me falta convencer a mi consciente, a mi mente, de que ya casi nada me oprime, de que tengo la fuerza para defenderme y de que puedo respirar libremente.

No es justo tener que sentir el dolor en mi cuerpo y en mi alma, y tampoco es que al menos 4 de cada 10 niñas y 1 de cada 7 niños nicaragüenses han sufrido abuso sexual, es decir que también viven oprimidos como yo. A eso sumemos que también sus familias, e incluso en el futuro, sus parejas, sus hijos y hasta sus vecinos o compañeros de trabajo convivirán con las secuelas del abuso de estas personas sobrevivientes.

¡Estamos hablando de cientos de miles de nicaragüenses sintiendo, injustamente, esa opresión! Víctimas de los abusadores sexuales que se creen dueños de nuestros cuerpos y nuestras vidas, sin ser conscientes de que nos marcan para siempre y de que el daño es para toda la sociedad.

*Soy mailto:yotecreo@gmail.com
hablemosde.abusosexual@gmail.com

lunes, 10 de mayo de 2010

cómo evitar el abuso sexual

El abuso sexual infantil es en muchas ocasiones sometido al secreto por la víctima y por su familia.

 El problema social es así un gran iceberg, una realidad oculta por falta de referencias oficiales y por las escasas denuncias formalizadas sobre el número de episodios reales.
En este contexto casi hermético o borroso, los educadores se plantean la necesidad de que los menores sepan detectar este tipo de agresiones a través de programas de prevención. Estos ensayos, que ya funcionan en países como Estados Unidos, Francia o Alemania, suscitan, sin embargo, dudas en algunos expertos que se cuestionan los efectos de programas como esos en niños ajenos a este tipo de agresiones. Reparos relacionados fundamentalmente con la edad. ¿A qué años se debe hablar de sexualidad con los niños? ¿Y de abusos?

"Trabajar la capacidad de los niños de decir 'no' y 'basta' son aspectos fundamentales para el desarrollo de una infancia saludable.

¿Funcionará una estrategia lúdica para activar las alarmas en mentes blancas? ¿Con qué sutileza se puede motivar a los niños ante algo tan cruel y crudo como las agresiones sexuales sólo con una historieta? "Es una excusa", explica la autora del cuento Isabel Olid. "Se trata de suscitar un diálogo necesario entre niños y adultos. Intenté escribir un relato emotivo, imaginativo y sugerente. Debe ser un motivo para sacar el tema con los niños, ver qué ideas tienen al respeto, cuándo creen que está bien pedir ayuda, cuándo tienen derecho a negarse a obedecer a un adulto".

La niña víctima en el cuento triunfa al conseguir parar los abusos, al actuar. Desde su experiencia Isabel Olid, también profesora y madre, escribió esa fábula de Estela que, con dibujos de Martina Vanda, ventila sin escabrosidad una cuestión gravísima, en buena parte aún sumergida o que ha sido tabú: los abusos sexuales y agresiones a menores. La narración en las aulas del cuento infantil, su versión participativa a través de cuentacuentos, se apoya con talleres y guías pedagógicas para profesores y padres. Se persigue estimular las alertas, reflexionan desde la Red de Ayuda a Niños Abusados (Rana), la entidad privada que preside Elizabeth Homberg, que implicó en esta campaña a instituciones educativas oficiales. Hay más de 450 personas implicadas en el proyecto.

Gema Izquierdo, madre de tres niños, periodista y portavoz de Rana, no tiene dudas sobre la eficacia de la divulgación en las escuelas del caso de Estela. "Debería alentar a muchos niños y niñas que hoy viven sometidos bajo el martirio del miedo y el silencio. Es una obligación legal y moral garantizar el derecho a un desarrollo pleno y el respeto a la dignidad infantil", señala Izquierdo.

Una opinión que no todos comparten. "Tengo mis dudas profesionales y particulares sobre la oportunidad de generalizar esas campañas de los cuentos para incitar las denuncias en todas las escuelas hasta los 10 años. No sabemos aún cual es el impacto entre menores de ese tipo de acciones", reseña B. un oficial de policía local, padre de dos niñas, especializado en colectivos en situaciones de riesgo adolescentes.

Hay interrogantes por resolver: ¿Está evaluado el efecto en los niños de una campaña directa para destapar las agresiones, para pararlas? ¿Y la eficacia de la pedagogía a la invitación a contar de inmediato los casos? ¿Suscitará efectos secundarios en quienes son ajenos?


Está analizado que "las víctimas que revelan sus experiencias más tempranamente pueden recibir ayuda antes y los efectos psicológicos negativos asociados a mantener el secreto durante años son mucho menores", advierte Noemí Pereda, profesora de la Universidad de Barcelona, del Grup de Recerca en Victimització Infantil i Adolescent (Grevia), un colectivo de investigación que evalúa en adultos las secuelas de abusos no desvelados. "Muchas de las consecuencias negativas que aparecen en la infancia perduran hasta la edad adulta, especialmente si la relación abusiva no ha cesado o si la víctima no ha roto el secreto", agrega Pereda. Los menores, creen los pedagogos, han de tener un adulto de confianza, un ancla, que les dé las referencias y les ayude a detectar "lo que está bien o mal, a discriminar las situaciones injustas", subraya Elena Quintana Murci.

Una médico pediatra y madre de un niño de seis años, que solicitó no ser identificada, mostró sus dudas sobre el alcance de la campaña de Estela: "Diría que estoy a favor de la experiencia del cuento con algún pero. Es muy difícil establecer la línea muy delgada para marcar cuándo y en qué ámbito infantil se han de explicar casi todo para dar las voces de alarma. A los seis años, creo que no se ha de divulgar toda la educación sexual. No se ha producido el efecto descubrimiento. Enseñar qué es el sexo, no deja de ser un tema complicado".

Desde Rana, que ha implicado a cerca de medio millar de colaboradores en esta operación de apertura a las escuelas para ayudar a desvelar los abusos, se sostiene que "se protege a los niños de un peligro real. La prevención en sí del abuso, aunque incipiente, no es algo inédito". En EE UU los programas de prevención y formación están integrados en el currículo educacional desde hace una década y también existen acciones específicas para los adultos víctima de abusos. "También en Francia, Inglaterra y Alemania nos llevan ventaja", subraya Elizabeth Homberg, presidente de red Rana.

Los testimonios de los niños pueden ser en estos casos una fuente veraz, porque componen "una parte de la información sobre casos reales que salta al mundo de los adultos", resalta el educador social Enrique Pérez Guerra, que estudió pedagogía y psicología y trabaja en la Fiscalía de Menores.

"El abuso en las víctimas pesa como una losa y no se pide ayuda a agentes externos. La mayor parte de los abusos no se confidencia, cuando se hace es años más tarde, cual fue mi caso", confiesa Pérez Guerra, que desveló que fue víctima en Las tardes escondidas. Memorias de la agresión sexual a un niño. Cuando su hijo se aproximaba a la edad en que él fue víctima de abusos -12 años- quiso advertirle. "Quería que conociera esa condición de mi persona. Me puse a escribir una carta. Fue abrir la caja de Pandora. Acabó siendo un libro".

El caso de Estela, la niña que destapa al agresor, nace de la experiencia y de la visión maternal de Olid. "Es un cuento escrito cuando mi hija mayor tenía poco más de un año, estando embarazada ya del segundo hijo. Creo que me proyecté más en la madre, que es la madre que me gustaría ser. La que escucha a sus hijos, la que les protege".

La incitación a la protección con el grito Estela sugiere el boca a oreja, crea otras referencias para que puedan levantar el velo del tabú y espantar el miedo a hablar de agresiones sexuales a menores. "No se trata el tema con ellos, con los niños", advierte Olid, "no se les alerta y no se les ayuda a protegerse. Todas las acciones de prevención de los abusos sexuales se quedan en el ámbito de los adultos, es una gran contradicción. Intento una aportación a la prevención directa con los niños".

El impacto de la campaña de Estela en las escuelas de Palma no ha sido evaluado porque está en pleno desarrollo. Pero su alcance llega más allá de las aulas ya que entidades sociales han solicitado también organizar sesiones lúdico-pedagógicas. Se trabaja en el ámbito de la prevención primaria, en actuaciones dirigidas a toda la población infantil y no a niños víctimas de abusos.

Prevenir enseñando "a detectar, discriminar y denunciar situaciones injustas" es el argumento que explican desde el departamento de Educación, Igualdad y Derechos. "La denuncia, la alerta, es el único medio que tiene la víctima para frenar una situación injusta y desigual. No necesita excusas, sí apoyo y protección familiar, siempre que sea saludable, y de las instituciones", insiste Elena Quintana Murci.

En la escuela se reúnen la totalidad de las víctimas. Si sólo un 10% de los casos de abuso sexual infantil sale a la luz, es evidente que existen sucesivos muros de silencio que bloquean el conocimiento de los hechos: el de la administración que no actúa porque ignora lo qué ocurre; el muro que bloquea a los menores abusados y el que imponen sus agresores.

La profesora Noemí Pereda significa que "los casos más frecuentes, a menudo intrafamiliares o llevados a cabo por conocidos del menor, que duran años y en los que la violencia utilizada no es tan visible, sino mucho más psicológica y sibilina, imponen al menor un silencio que impide que puedan revelarse y que sean detectados". Pese a sus heridas y secuelas largas y penosas las agresiones en el entorno familiar parecen aún más blindadas.

¿Por qué existen tantos escándalos tapados? El debate cuestiona pilares tradicionales porque se ampara al agresor en detrimento de la propia víctima, menor. Isabel Olid observa que "con la familia, el sistema funciona perfectamente: si un niño cuenta que está sufriendo abusos sexuales por parte de un familiar, la misma familia lo ve como un elemento disruptor que amenaza con destruirla y, por lo tanto, se silencia al niño y se ignora lo que ha pasado o, sigue pasando". Por ello Elizabeth Homberg, presidente de Rana, advierte que "la protección y la seguridad del menor debe estar por encima de una estructura familiar cimentada en el abuso del indefenso".

Las voces abiertamente partidarias de las operaciones de apertura y transparencia desde la infancia destacan que el menor víctima y su familia pueden cultivar el miedo a quedar estigmatizados a sumar un plus de culpable y de sensación de vergüenza.

Los expertos del grupo de investigación de las victimización infantil y adolescente (Grevia) de la Universidad de Barcelona afirman que "la vergüenza, la culpa y la estigmatización son tres emociones negativas que presentan prácticamente todas las víctimas de abuso sexual. Haber participado en actividades prohibidas y socialmente inaceptables, haber mantenido el secreto de esta relación, incluso responsabilizarse de la destrucción de la familia o de lo que le suceda al abusador en caso que el abuso sea descubierto conllevan en la víctima este tipo de emociones, completamente destructivas y que son muy difíciles de eliminar".

Estela se convertirá en un símbolo, en una marca ariete contra la ocultación de los abusos y la violencia sexual a los niños. En el cuento se utiliza un código de lenguaje propio del menor, es una fábula y procura crear una herramienta privada de protección ante la agresión. Rana y los pedagogos aplican un programa "para afianzar en el niño el mensaje de que nadie, sea quien sea, puede someterles a chantaje", según la psicóloga Beatriz Benavente.

El educador social y ex víctima infantil Enrique Pérez, respalda la campaña de Estela y resalta que se han de combatir "los procesos amnésicos, frecuentes" porque el menor víctima tiende "al silenciamiento a sí mismo de una parte de la memoria autobiográfica, prescinde de recuerdos inaceptables para sí mismo". Con Estela se buscan "aspectos de gran importancia para el desarrollo de la autoestima y la empatía de los niños, sin traumas. No me planteo dudas ni riesgos, todo es positivo", resume la pedagoga impulsora de la acción Elena Quintana.