viernes, 11 de agosto de 2023

FBI rescata a 13 niños víctimas de una red de abuso sexual en Florida: casi 100 personas resultan arrestadas

 

red de abuso sexual en Florida y Australia
  • La mayoría de los arrestos se realizaron en Estados Unidos por parte del FBI
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Redacción- Al menos 13 niños rescatados y 98 arrestos es el saldo del desmantelamiento de una red de abuso sexual infantil en Estados Unidos y Australia, informaron hoy las autoridades de ambos países.

El hecho ocurrió más de dos años después de que dos agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI por sus siglas en inglés) murieran en la ciudad de Sunrise, Florida, mientras indagaban sobre una presunta trama internacional de pedofilia.

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En una conferencia de prensa celebrada este martes, el FBI y la Policía Federal Australiana (AFP) informaron de que, como resultado de la operación conjunta, detuvieron a 79 sujetos, se interpusieron 65 acusaciones y 43 condenas en Estados Unidos, mientras que en Australia capturaron a 19 personas del sexo masculino.

Los agentes del FBI asesinados a tiros en 2021 ejecutaban una orden de registro de un programador informático sospechoso de poseer material de abusos a menores, informó en su momento la cadena CNN.

Una docente encontró una ingeniosa forma de hablar con niños de abuso sexual y se hizo viral

 

Una docente encontró una ingeniosa forma de hablar con niños de abuso sexual y se hizo viral

Eugenia Barker es profesora de primaria y en el colegio en el que trabaja tiene alumnos de entre 6 y 13 años. Pensó cómo darles, a través de la música, contenidos de la ESI (Educación Sexual Integral) y lo que sucedió en el aula atravesó fronteras. El video que subió a sus redes ya tiene más de 7 millones de reproducciones

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El video acumuló más de 7 millones de reproducciones en sus redes sociales

Sucedió durante la clase de música, justo antes del inicio de las vacaciones de invierno. Eugenia Barker -42 años, la profesora- entró al aula del colegio privado católico de Belgrano en el que trabaja, saludó a sus alumnos y alumnas de tercer grado, se paró frente al pizarrón y escribió el nombre de una canción que ninguno conocía: “Yo sé cuidar mi cuerpo”.

“Después me di vuelta y les hice una pregunta: ‘A ver, ¿de qué maneras creen que podemos cuidar nuestros cuerpos?”, cuenta la docente a Infobae.

Los chicos -todos de entre 8 y 9 años- empezaron a tirar respuestas que ella fue anotando, con tiza, abajo: “¡Comiendo bien, seño!”, gritó uno, “durmiendo bien”, arriesgó otra. Y siguieron, uno encima del otro: “Yendo al médico”, “haciendo deporte”.

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Tal vez por la edad de los chicos de ese grado ninguno habló del cuidado de sus partes íntimas -de quién los puede tocar y para qué, y quién no-. Sin embargo, la canción era la forma que la docente había encontrado para trabajar la prevención del abuso sexual en la infancia, uno de los pilares de la ESI (Educación Sexual Integral).

Eugenia Barker es profesora de música y cantante
Eugenia Barker es profesora de música y cantante

Lo que hizo Barker, entonces, fue aprovechar ese terreno vacío -dice- “para ir sembrando”.

Pero lo que iba a ser una clase más en la escuela primaria en la que trabaja desde hace siete años salió de las aulas y tomó un vuelo inesperado. Eugenia, que suele crear contenidos en sus redes que sirven y dan ideas a otros docentes, subió el video en el que canta junto a sus alumnos la canción, emocionó y se volvió viral.

En sus cuentas personales de Instagram, Tik Tok y Youtube ya acumuló más de 7 millones de reproducciones.

Ponerle palabras

Además de profesora de música, Eugenia Barker es cantante y lleva su ukelele a donde va. Formó parte de varios espectáculos infantiles, incluso hace poco fue parte de uno junto a la ex cantante de Man Ray, Hilda Lizarazu.

También hizo, junto a la pediatra Sabrina Critzmann -la autora del libro “Hoy no es siempre”, que tiene más de 300.000 seguidores en Instagram- una sección dedicada a recomendar libros para niños con los ukeleles llamada “Martes de libritos”.

Eugenia junto a Hilda Lizarazu, en uno de los espectáculos infantiles que hicieron juntas
Eugenia junto a Hilda Lizarazu, en uno de los espectáculos infantiles que hicieron juntas

Como es “la seño de música” y tiene alumnos de primero a séptimo grado, suele llevar todo tipo de canciones para trabajar en clase (canciones patrias y folclóricas, clásicos infantiles, carnavalitos). Y como a lo largo del año las maestras reciben al menos cinco capacitaciones para incorporar la ESI a lo que les enseñan, a ella se le ocurrió usar esa canción que había visto en las redes para trabajar el abuso sexual en la infancia.

“Cada docente presenta su propuesta de acuerdo a la edad de los alumnos. Por ejemplo, a una nena o a un nene de 8 años no le voy a decir cómo usar un anticonceptivo o un preservativo pero a esa edad sí puedo enseñarles qué pueden hacer si alguien a quien quieren mucho, como a mí, les hace algo que los incomoda”, explica.

Con la pediatra Sabrina Critzmann hicieron, con ukeleles, una sección llamada "Martes de libritos"
Con la pediatra Sabrina Critzmann hicieron, con ukeleles, una sección llamada "Martes de libritos"

La canción (el video está al comienzo de esta nota) dice así:

Te vamos a decir una verdad, es algo que tú necesitas saber.

No todos los adultos son buenos y si te incomodan te diremos qué hacer.

Si alguien se me acerca y me quiere tocar y aunque lo conozca me incomoda, yo le digo ¡no!, fuerte digo ¡no! y cuento sin miedo lo que me pasó.

Si alguien se me acerca y me quiere tocar a base de regalos o amenazas, yo le digo ¡no!, fuerte digo ¡no! Y cuento sin miedo lo que me pasó.

Yo sé cuidar mi cuerpooooo, yo sé cuidar mi cuerpoooo.

Mi cuerpo sólo es mío y si un adulto se pasa lo voy a acusar.

"Yo voy sembrando", dice ella
"Yo voy sembrando", dice ella

Lo que conmueve -eso es lo que muchísimas personas le dijeron en sus redes- no es sólo que se ocupe, a su manera, de ponerle palabras a un tipo de violencia que causó y sigue causando estragos, sino la forma en la que los chicos gritan “¡no!”. Cuando ella canta “si alguien se me acerca y me quiere tocar a base de regalos o amenazas...”, ellos gritan: “Yo le digo ¡no!, fuerte digo ¡no!”.

Nadie sabe bien de quién es la canción. De hecho, a esta altura ya podría ser parte del cancionero popular y reemplazar a otras que nos repetían en la infancia. ¿Por ejemplo? La canción infantil “La Paloma Blanca”, que dice “me arrodillo a los pies de mi amante, me levanto constante, constante. Dame una mano, dame la otra, dame un besito sobre la boca”.

Lo que sí se sabe es que no es nueva, de hecho, aparece en una campaña del Ministerio de Educación de Perú de 1994. También que un grupo infantil mexicano llamado “Los meñiques de la casa” hicieron su versión luego.

La canción fue una de las formas que encontró para trabajar contenidos de la ESI desde la música
La canción fue una de las formas que encontró para trabajar contenidos de la ESI desde la música

La cuestión es que aquel día, antes de escribir en el pizarrón las respuestas que arriesgaban sus alumnos y alumnas, Eugenia arrancó la clase de música, como siempre, con una relajación guiada y abrió el “Emocionario”, un libro que ayuda a los chicos a conocer sus emociones.

¿Para qué, si era la clase de música? “Para que puedan estar en el presente e identificar cómo se sienten. ¿Están tristes, enojados? ¿Por qué?”, explica ella. Sólo poder identificar lo que sienten en el cuerpo puede ser, para un docente, un hilo del que tirar si alguno está sufriendo un abuso sexual o algún tipo de violencia.

Eso también es ESI.

“Trabajamos la misma canción en segundo grado, en tercero y en séptimo. A los más chiquitos yo siempre les digo ‘que nosotros seamos adultos no significa que tengamos siempre la razón’, porque a esa edad dan por sentado que todo lo que le dice un grande -la maestra, el padre, el tío, el portero- está bien”, sigue.

En su estudio, desde donde crea contenidos que sirvan a otros docentes
En su estudio, desde donde crea contenidos que sirvan a otros docentes

“La intención es que hablen o que sepan que pueden hacerlo, y siempre me pongo de ejemplo. ‘Yo soy la seño, ustedes me conocen y nos queremos un montón, pero si yo de golpe hago algo que los incomoda se lo tienen que decir a un adulto. No sólo hablo de un abuso sexual, hay violencias más sutiles, como el maltrato verbal o la humillación, que también les pueden retorcer las tripitas aunque no sepan por qué”.

Su idea es “sembrar esa semilla”: si les está diciendo que si ella, a quien conocen y quieren, igual podría hacer algo que los incomodara, “si les pasa algo extraño con el portero, por ejemplo, les va a hacer más ruido y van a poder detectar que tienen que avisar”, sostiene.

La historia es, tal vez, una buena respuesta para quienes repiten que la “Educación sexual integral” es “ideología de género” o “adoctrinamiento”. En la ESI se trabaja desde la prevención de las violencias -como el bullying, la falta de respeto al otro- hasta la “adopción” -en el “cómo venimos al mundo” post “cigüeña”.

Eugenia usa esa canción y también otras, como “Hay secretos” de Canticuénticos, que arranca así: Hay secretos chiquititos, que te invitan a jugar, y hay secretos tan enormes que te vienen a asustar. Hay secretos livianitos que te llevan a volar, y hay secretos tan pesados que no dejan respirar”.

"Estoy conmovida", cuenta ahora
"Estoy conmovida", cuenta ahora

Lo que pasó en las redes es otro cuento. “Estoy bastante conmovida, es impresionante la cantidad de personas que me escribieron en privado contándome algún tipo de abuso hacia sus hijos. ‘Mi hijo de siete años sufrió un abuso a los 3 y no sé qué hacer’, ‘estoy separada y tengo sospechas de que mi ex le esté haciendo algo malo, tengo miedo de mandarlo’”, enumera.

Pero no sólo le contaron abusos hacia sus hijos o hijas. También los propios. Y es esa, tal vez, la frase más repetida en todos los comentarios: “Ojalá hubiese escuchado una canción así hace 40 años”

martes, 25 de julio de 2023

Recomendaciones para evitar abusos sexuales en temporada vacacional





 Dado que el núcleo familiar es donde más casos de abusos sexuales se registran, Abigail Cruz, da a conocer recomendaciones para evitar este tipo de abusos en esta temporada vacacional.

Abigail Cruz, presidenta de la Fundación NAHO, institución dedicada a la prevención y atención a víctimas de cualquier tipo de abuso sexual, mencionó en entrevista para El Sol de Tulancingo que, el 75 por ciento de lo abusos son cometidos por un familiar o conocido a la familia.



 tanto, dijo que tanto los padres como los menores de edad necesitan conocer y aplicar las siguientes recomendaciones, dado que, la temporada vacacional implica que los menores de edad pasen mayor tiempo en casa o sean cuidados por familiares y amigos.

Es necesario hablar con claridad a los niños acerca de los riesgos que los rodean, se debe conversar de manera constante con las y los hijos y generar un ambiente de confianza, enseñarles que hay secretos buenos y secretos malos.



Enseñar a los hijos que existen partes del cuerpo íntimas que no se pueden tocar, no permitir que los hijos vacacionen solos y supervisar las actividades que realizan.


Enseñarles a decir no y fortalecer la autoestima con actividades de contención, supervisar las actividades que hacen con amigos y familia y también el contenido que consumen en el internet.

También es importante escucharlos con atención y creer en ellos, y sobre todo, no obligarlos a que se queden con personas , conocidos o familiares hacia quienes sienten rechazo

miércoles, 12 de julio de 2023

México, primer lugar en casos de abuso infantil

Cada año 4.5 millones de niñas y niños son víctimas de abuso sexual en México y el País ocupa el primer lugar en ese tipo de delitos, entre los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. De acuerdo con el Colectivo contra el Maltrato y Abuso Sexual Infantil, la cifra es poco realista porque solo es denunciado uno de cada 100 casos de abuso sexual infantil, lo que refleja el grave problema que enfrenta el País; además, los principales agresores se encuentran en el seno familiar. TE PUEDE INTERESAR: Consumo de cristal en Coahuila, grave problema de salud pública Padres biológicos, padrastros, hermanos, abuelos, tíos, sobrinos y primos son los principales agresores. El Consejo Ciudadano de la Ciudad de México informó que los agresores más comunes son los propios familiares, maestros y religiosos, como sacerdotes. Se calcula que el 30 por ciento de los culpables son abuelos o padrastros; 13 por ciento tíos; 11 por ciento padres biológicos; 10 por ciento primos; 8 por ciento vecinos; 7 por ciento maestros y 3 por ciento hermanos. El abuso sexual infantil no es lo mismo que una violación, señaló la diputada Laura Francisca Aguilar Tabares (Morena), al indicar que abarca varios aspectos, como cuando el agresor obliga a la víctima a que lo vea haciendo cosas o forzar a ver contenidos de índole sexual, por ejemplo. “A pesar de estar en el primer lugar a escala mundial en abuso sexual infantil, México tiene los presupuestos más bajos para combatir este problema, ya que solo uno por ciento de los recursos para la infancia está destinado a la prevención y protección del abuso sexual y la explotación, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia”, afirmó. El Instituto Nacional de Estadística y Geogafía reportó que el delito de violación alcanza a mil 764 niñas, niños y adolescentes por cada 100 mil menores y adolescentes de 12 a 17 años, mientras que los tocamientos ofensivos y manoseos llegan a 5 mil 089 casos por cada 100 mil menores u adolescentes. Es necesario que la Secretaría de Educación Pública se coordine con los estados para impartir cursos y programas sobre prevención y detección de conductas de abuso sexual, dirigidos a niñas, niños, adolescentes, padres y madres de familia.

martes, 11 de julio de 2023

Yo no te creo: un recorrido histórico del descrédito de las víctimas de violencia sexual en la infancia

Yo no te creo: un recorrido histórico del descrédito de las víctimas de violencia sexual en la infancia Uno de cada cinco niños sufre algún tipo de violencia sexual, cuando esta violencia se denuncia empieza una espiral de descrédito hacia las criaturas y hacia sus madres, cuando son estas quien denuncian. Un descrédito que no puede desligarse de siglos de prejuicios patriarcales. 1 Columpio y niños Niñas y niños juegan en una zona de columpios de Pechón, Cantabría. DAVID F. SABADELL Jara Molina 10 JUL 2023 05:00 Este contenido es posible gracias a las personas que respaldan El Salto con su suscripción. Ayúdanos a llegar a los 10.000 socios/as para seguir informando sobre lo que realmente importa. Lucha por tus medios. ¡Suscríbete! Todo el mundo parece sentir algo más que repugnancia ante la palabra pederastia pero, cuando sucede, nuestra falta de acción denota que lo percibimos como una realidad aislada: jamás en mi familia, imposible en mi barrio, improbable en mi pueblo, quizás en otro lugar, allí donde los monstruos son reales. Sin embargo, según el Consejo de Europa, 1 de cada 5 niños es víctima de abuso sexual infantil en Europa. Save the Children estima datos similares para España y añade que la mitad de estas violencias ocurren dentro de la propia familia, mayoritariamente perpetradas por el padre. A pesar de la extensión de estos abusos, solo el 15% de los casos se denuncian. Y de esos, según refleja el informe Violencia institucional contra las madres y la infancia, el 86% se archiva sin llegara juicio, siendo el descrédito la causa fundamental de la perpetuación de las violencias sexuales contra la infancia a lo largo de la historia, por lo que finalmente los condenados por violencia sexual infantil son muy pocos de los agresores. Una causa fundamental de esta desestimación de denuncias dentro de la familia, según ha puesto sobre la mesa el mismo informe, es la aplicación continuada del Síndrome de Alienación Parental, un falso síndrome que desacredita a las víctimas que se atreven a romper el silencio. Y es que de acuerdo con la experta en trauma Judith Herman en su libro Trauma & recovery (1992), el descrédito por sí solo es la causa fundamental de la perpetuación de las violencias sexuales contra la infancia a lo largo de la historia y lo que desconecta a la víctima de la sociedad junto con la posibilidad de sanar el trauma. De modo que, si tomamos perspectiva, no es difícil comprobar que estas víctimas, que en su mayoría han sido siempre mujeres, han sido desatendidas por la sociedad cuando no directamente acalladas de diversas formas; y los graves síntomas del abuso, que afectan a toda una vida, invalidados desde los albores de nuestra civilización. De histéricas a poseídas La palabra histeria proviene del griego antiguo ὑστέρα, cuyo significado es útero. Muchas de las denominadas histéricas debían de haber sido víctimas en su infancia pues padecían de una serie de síntomas que coinciden con los de los actuales trastornos derivados fundamentalmente del abuso infantil: TID (Trastorno de Identidad Disociativo) y TLP (Trastorno Límite de la Personalidad). Tanto las histéricas del pasado como las personas con estas condiciones de la actualidad sufren desde importantes problemas para la regulación emocional hasta flashbacks, convulsiones e intentos de suicidio. En aquel entonces, donde la curiosidad dio inicio a la primera filosofía y la primera ciencia con teorías incipientes sobre el devenir, los átomos y clasificaciones biológicas, al parecer nadie quiso saber de dónde provenían tales síntomas tan llamativos. Se conformaron con señalar poco más que las histéricas sufrían de cosas de mujeres, que el útero se desplazaba y afectaba a la psique. Y es significativo que en la actualidad digamos “no seas histérica” para decir “no exageres”, como si la histeria consistiera en eso, en exagerar. Aunque en cierto modo el diagnóstico no fuera del todo desacertado, porque sí había un ser pérfido abusando de muchas estas víctimas (probablemente su padre), el tratamiento del exorcismo supondría no solo una revictimización en este tipo de casos, sino también un nuevo modo de ocultar el abuso invalidando cualquier mensaje de la víctima. Sus síntomas eran achacados a un suceso esotérico en vez de a la perversión paterna, su mensaje de denuncia, acusado y condenado por provenir directamente del diablo: no se me ocurre un descrédito más hostil. Experimentos al florecer de la ciencia Entrado el positivismo, ya en el siglo XIX, cabría esperar un estudio más científico y acertado de lo que ocurría a las personas con la sintomatología que hemos descrito anteriormente. Y en algún modo, así fue. Sin embargo, las denominadas histéricas fueron sometidas en la famosa clínica de Jean-Martin Charcot a un sin fin de experimentos abusivos carentes de ninguna ética en favor de la disciplina científica. En la Salpêtrière, el neurólogo de moda creó un auténtico espectáculo público en el que como un mago al amparo de la ciencia producía ataques convulsivos, contorsiones y otras reacciones derivadas de trauma en sus pacientes histéricas. Contrariamente a su mentor Charcot, los condiscípulos Freud y Janet se interesaron por las causas de la histeria, aunque tal vez, de acuerdo con la mentalidad racionalista del momento, más por demostrar la superioridad de la ciencia sobre la fe que por ofrecer una solución a aquellas mujeres víctimas de abuso. Entrevistando a las afectadas, llegaron a la conclusión de que el abuso en la infancia era una constante entre aquellas mujeres enloquecidas. La frecuencia del abuso sexual fue expuesta por a finales del siglo XIX por Tardieu, quien también reveló que era una violencia bastante frecuente donde el agresor era un familiar y que la agresión a menudo no dejaba señales físicas La frecuencia del abuso sexual realmente ya había sido expuesta por el médico Auguste Ambroise Tardieu a finales del siglo. Tardieu revelaba en sus estudios que era una violencia bastante frecuente donde el agresor era fundamentalmente el padre o un hermano mayor de la víctima, que la agresión a menudo no dejaba señales físicas y que la “educación superior” no inhibía a los hombres de cometer ese abuso. La preocupación por el abuso a la infancia empezaba a tenerse en cuenta por primera vez en la historia. Y para cuando Freud quiso exponer su primera teoría, según relata Moussaieff Masson —el custodio y estudioso de los archivos privados del creador del psicoanálisis— en su Asalto a la verdad (1992), ya estaban publicados los argumentos defensores del agresor. En estos se partía de la premisa de que un padre respetable nunca cometería ese tipo de abusos por lo que se trataba necesariamente de falsas acusaciones para llamar la atención, de fantasías infantiles o ideaciones de mujeres mentirosas. “La enormidad de la acusación destruye su probabilidad” diría Gamier en su estudio sobre una joven histérica que había acusado de incesto a su “honorable” padre y que ingresaría en el manicomio tras insistir en sus inverosímiles declaraciones. Nadie estaba dispuesto a asumir que aquellas muchachas, algunas hijas de reputados hombres poderosos, podían haber vivido lo que ellas contaban. Hacerlo implicaría un escándalo que afectaría hasta los círculos de poder más elevados y terminaría con la idea de un hermoso jardín europeo, civilizado y elegante. De modo que la verdad de las histéricas, aquella amenaza al statu quo que desenterraría los trapos sucios de toda una clase social pronto fue acallada y encerrada en el manicomio con sus portadoras. Ante la presión a la que se sometió su teoría, el propio Freud prefirió dar un paso atrás y buscar otra explicación a su descubrimiento, una que la sociedad, o por lo menos los hombres respetables que la dominaban, sí estuvieran dispuestos a aceptar. Tras la retractación de Freud, fantasiosas sexuales Si el abuso sexual como causa era inaceptable, solo cabía borrarlo, acudir al propio descrédito que aplica siempre tanto el abusador como el que no quiere creer en el abuso. Las historias solo podían ser inciertas, posibles imaginaciones, fantasías, tribulaciones que pasaban por sus mentes, quizá a causa del miedo o del deseo. Y así Freud desarrolló su nueva teoría, equivocándose, porque los síntomas de la histeria actualmente se explican por trauma en la infancia; una retractación que solo se comprende si entra en juego la falta de aceptación social de lo inicialmente propuesto. En los juicios de los 80, problemas de memoria. Pero el argumentario de que el recuerdo de las víctimas de abuso es incierto no terminó con Freud. A pesar de que los síntomas de las mujeres con histeria, se han demostrado ya causados por trauma gracias a estudios con veteranos de guerra traumatizados (tuvieron que sufrirlo los hombres para que por fin se resolviera el misterio), el cuestionamiento de las víctimas continúa por la vía judicial. Cuando se publica en EE UU la ley de protección a la infancia, se inicia una explosión de denuncias a progenitores por parte de personas adultas que habían vivido abusos en su niñez y con ellas llega el falso Síndrome de las Falsas Memorias Así, cuando en la década de los 70 se publica en EE UU la ley de protección a la infancia, se inicia una explosión de denuncias a progenitores por parte de personas adultas que habían vivido abusos en su niñez. De nuevo se abría la puerta del horror, la sociedad empezaba a despertar pero no llegó a abrir los ojos. El descrédito llegó de la mano del falso Síndrome de Falsas Memorias apoyado en los estudios de Elisabeth Loftus, las declaraciones como testigo de la propia Loftus y la fundación asociada (False Memory Syndrome Foundation) creada por progenitores denunciados. El supuesto Síndrome de Falsas Memorias alude a la falibilidad de la memoria, su posible alteración y, por tanto, a su escasa validez como prueba en un juicio por abuso infantil ocurrido hace décadas. El problema, tal y como coinciden las investigadoras en psicología Anne P. DePrince, Carolyn B. Allard, Hannah Oh y Jennifer J. Freyd en su artículo What’s in a Name for Memory Errors? es que si invalidas el recuerdo de las víctimas y su estado psicológico consecuente con motivo de ese supuesto síndrome, ¿qué otra prueba se puede conseguir tantos años después de que el abuso existió? Por naturaleza el abuso se produce sin testigos, muchas veces no causa señales físicas y, años después, difícilmente puede quedar algún rastro de él. Si bien es cierto que la memoria es en cierto modo maleable y manipulable, no se ha demostrado que se pueda implantar la memoria de un recuerdo traumático, y el Síndrome de Falsas Memorias no ha contado con respaldo científico suficiente, de modo que nunca se ha incluido en ningún DSM (el manual diagnóstico por excelencia). En cambio, el síndrome descrito se ha usado en cientos de juicios a veces cuando incluso existía una corroboración externa del recuerdo de la víctima. Parece un recurso estratégicamente diseñado para defender al acusado y desacreditar de nuevo a víctimas permanentemente silenciadas. De hecho, Elisabeth Loftus también ha tratado de desarmar las acusaciones colectivas de abuso a Harvey Weinstein que originaron el MeeToo empleando el concepto de “falsas memorias”, así como de otros agresores sexuales. No es que los niños sean manipulables, es que todas las víctimas de abuso son desacreditadas desde las estructuras de poder. Acusadas, criminalizadas, encarceladas Uno de cada cinco lo sufren, pero cuando una madre se atreve a ir al juzgado y denunciar, el 86% de las denuncias se sobresee. No importan los informes pediátricos o psicológicos, no importa que el menor lo cuente, si se puede intuir una motivación espúrea de la madre como que quiera la custodia exclusiva y muestre animadversión hacia el padre, la aplicación del denominado Síndrome de Alienación Parental (SAP) es un hecho. Y evidentemente cualquiera que sospeche del abuso a un hijo va a querer la custodia exclusiva y rechazará al abusador. Este nuevo falso síndrome, según plantean, por ejemplo, los autores de “La lógica del Síndrome de Alienación Parental de Gardner” en la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, parece perfectamente diseñado para defender a acusados de pedofilia intrafamiliar y tampoco ha sido reconocido por los organismos competentes en la materia. Se fundamenta en una serie de síntomas nada raros si se da realmente el abuso infantil. Esto es así hasta el punto de que para no confundirlo con el abuso infantil verdadero, su creador Richard Gardner tuvo que añadir posteriormente, como elemento de diagnóstico, la coletilla “y no debe ser víctima real de abuso”. Es decir, todo lo que podría ser prueba del abuso, como la aversión del niño al progenitor acusado, la propia narración del abuso o sus problemas emocionales o psicológicos, si no se demuestra fehacientemente y por su propio lado el abuso en sí, se convierte en supuesta prueba de que la madre lo está alienando. Incluso pruebas pediátricas que revelan indicios de abuso terminan convirtiéndose en argumento de que la madre está “obsesionada” y sobreexpone a la niña a “reiteradas exploraciones médicas” probando así la supuesta manipulación materna. Y es que probar el abuso en sí no es nada fácil porque rara vez deja señales físicas. De modo que para el que no quiere creer, la explicación es simple: todos mienten, las madres, los hijos y si hace falta los psicólogos y los pediatras que se atrevan a evaluarlos. No por nada la ONU acaba de advertir recientemente en un informe de que el SAP se está empleando mundialmente para enmascarar y encubrir violencias contra las mujeres y los niños o ha llamado la atención a nuestro país hasta en 5 ocasiones por ello. Todo lo que podría ser prueba del abuso se puede convertir en supuesta prueba de que la madre lo está alienando e incluso las pruebas pediátricas terminan convirtiéndose en argumento de que la madre está “obsesionada” El asunto del falso SAP llega tan lejos que en muchos casos la madre termina perdiendo la custodia en favor del acusado e incluso juzgada y encarcelada por resistirse a las visitas programadas o asumir la custodia establecida, porque ese arrancamiento forzoso del niño a su madre es la terapia planteada para el SAP por su creador. Así, los niños todavía sufren una situación más vulnerable que sus madres: revictimizados, ignorados y entregados a su abusador por la propia justicia. Parece que los jueces actuales sentencian partiendo de la misma premisa y con los mismos falsos argumentos de aquellos respetables hombres de mediana edad del siglo XIX, esos que cuentan con el privilegio de ser inmunes a la violencia sexual y de decidir a quiénes debemos creer bajo la sombra del sistema patriarcal. Y les resulta muy fácil porque se trata de creencias bien arraigadas en el acervo cultural tras siglos y siglos de historia de descrédito. Ante el descrédito La CEDAW ha recibido recientemente cinco informes que denuncian la violencia institucional que ejerce la justicia contra las madres en nuestro país. España tendrá que dar la cara en la ONU, pero la amplificación mediática y social de la situación dista mucho de ser la adecuada a la gravedad. Muchos pensarían que organizarse colectivamente podría suponer una respuesta, y no cabe duda de que lo es, pero no por ello el descrédito y el riesgo de denunciar parece desaparecer sino que genera una reacción mayor. Como ejemplo, a la asociación de madres que estaban viviendo este problema en años pasados, Infancia Libre, se la ha criminalizado desde la propia policía con un informe falseado realizado a partir de declaraciones de los padres acusados sin ningún tipo de verificación; informe que los jueces han convertido en herramienta para sentencias de madres que ni siquiera pertenecían a la asociación y que el circo mediático supo poner en primera plana. Sin embargo, parece que no estuvieran en ningún lugar, parece que a pesar de la evidencia, las mujeres siguen siendo unas exageradas, que ahora las palabras del diablo son las palabras de la supuesta madre alienante que susurra al oído de su hijo, que el recuerdo traumático sigue siendo inverosímil, sujeto a la sugestión terapéutica o materna, pura fantasía freudiana. Y sobre todo, parece que no lo podemos asumir, que no, que nada amenace el statu quo, que nada me haga dejar de creer en un mundo sin fealdad. Infancia 1 Un estudio detalla cómo el sistema judicial castiga a las madres que denuncian abusos sexuales a sus hijos PATRICIA REGUERO RÍOS El discurso imperante es claro e incluso las propias víctimas lo integran a la perfección: no, no puede ser, será otra cosa, estarás exagerando, te lo habrás imaginado, porque no, no lo puedo creer. Imposible creer cuando no se está preparado. Y es que el abuso es demasiado horrible, tanto que no puede existir, mejor relegado, mejor en secreto, mejor cambiar de tema, que esto me pone mal cuerpo. Nos incomoda, preferimos no escuchar, seguir creyendo que el mundo es un lugar bello, confiar en que los monstruos tienen un solo ojo, color verde y qué se yo; cualquier cosa menos que viven entre nosotros con nuestra propia apariencia. Quizá sea algo natural, que más allá del interés del abusador en desacreditar a la víctima, todos tengamos interés en desacreditarla porque creerla es un ejercicio demasiado valiente. Creerla significa renunciar a sentirse segura porque es reconocer que sí, que aquí, en tu entorno, también puede estar ocurriendo. Creerla significa sentirse aún más vulnerable porque ni la sociedad ni la justicia parecen ser equilibradas después de lo visto. Creerla significa asumir que el poder goza de privilegios indignos en cualquier tipo de ámbito. Pero debemos creer a la víctima porque es el único modo de que todo eso que no queremos asumir pueda algún día desvanecerse y porque solo con una sociedad humana, las víctimas pueden volver a creer en la humanidad y sanar la herida. Somos una sociedad inmadura que vive en estado de negación. Igual que la madre negligente que decide no entrar a ver qué ocurre una vez se cierra aquella puerta, somos cómplices del abuso. Pero debemos creer a la víctima porque uno de cada cinco niños están esperando que la sociedad por fin se haga cargo. Sobre este artículo Yo no te creo: un recorrido histórico del descrédito de las víctimas es un artículo escrito tras el curso ‘Periodismo feminista, grandes temas y transversalidad’ organizado por El Salto donde las alumnas reflexionaron sobre las posibilidades del periodismo feminista con periodistas de La Directa, Pikara Magazine y El Salto