lunes, 12 de octubre de 2009

AUTOAGRESIONES


Brigitte Hauschild*
Los artículos que diferentes personas escribimos sobre el abuso sexual en la niñez causan muchas veces reacciones en personas sobrevivientes y nos llegan cartas, testimonios o solicitudes. Hoy quiero cumplir con una solicitud que me hizo una de estas sobrevivientes. Ella me invitó a escribir sobre las secuelas que me dejó el abuso, sobre autoagresiones como una de las expresiones más dolorosas que usamos muchas sobrevivientes.Como yo suelo escribir desde mi propia experiencia. Hoy quiero hablar de algunas condiciones que me atraparon durante mi infancia y profundizaron las secuelas. Mis autoagresiones:Mi madre se casó con mi padre a los 17 años, siendo adolescente, en contra de la voluntad de sus padres y sin ser preparada para ser esposa y madre. Aunque yo nací, cuando mi madre ya tenía 24 años, ella entonces ya tenía tres hijos, varios abortos naturales y estaba sobrecargada con el cuido de estos tres hijos en tiempos de post-guerra. Con un salario de miseria, mi padre tenía que garantizar la manutención de seis personas, que no era fácil. Además, la vida emocional de pareja entre mis padres no ha sido puras rosas. En algún momento de su vida mi madre me dijo que mi padre no aceptaba cuando ella se negó a tener relaciones sexuales con él, era “su obligación” como esposa, satisfacer sus deseos sexuales.Recuerdo la relación con mi madre muy fría, aunque de mi niñez entera no tengo muchas evocaciones. Por fin, logré reconstruir importantes piezas del rompecabezas de mi niñez durante mi proceso de recuperación emocional, tanto en una terapia individual como en “mi” grupo de apoyo mutuo, como con trabajo corporal.Ni mi mamá ni mi padre sabían educar con amor, cariño y ternura, si no llenaron nuestras necesidades físicas, es decir, nos daban de comer y nos mantenían limpios, pero nos hacía falta a cada uno de mis hermanos y a mí este trato de cariño que merecemos todos los niños del mundo: merecemos ser deseados y ser tratados con cariño y amor. Lo que conocí desde muy tierna edad eran prohibiciones, castigos y emociones poco agradables.

Nosotros, hijos/as única, como yo, sólo teníamos la tarea de obedecer, no molestar y quedarnos callados. No teníamos derecho a opinión propia y nuestros padres no nos confiaban. Yo siento que es muy cierto: “lo que uno no recibió difícilmente puede dar”. Y la respuesta que yo tengo al comportamiento de mis padres es que ellos mismos son hijos no deseados. La diferencia entre ellos y yo es que yo trabajé mi pasado y de esta forma me liberé de esta carga dolorosa y siento, que con el proceso de recuperación emocional logré romper el círculo de violencia: no sigo siendo violenta conmigo misma y sé amar, dar cariño y proteger a las que lo necesitan.No haber sido amada más el incesto (abuso sexual por parte de un familiar) que viví durante mi niñez hizo que yo “dejara de sentir” por muchos años, sin estar consciente de esto. Mi CUERPO muy difícilmente ha sentido algo: los castigos físicos no me causaron lágrimas de dolor, ni sentí enojo o rabia en mi cuerpo, sino era la CABEZA, que manejaba mis sentimientos. Lo puedo decir hoy con tanta claridad, ya que desde hace años mi cuerpo está recuperando lentamente su capacidad de sentir y esta experiencia es tan dulce, que doy gracias a la vida cada día por haber vivido el proceso doloroso de mi recuperación emocional. ¡Valía la pena! Hoy siento cada célula, cuando toco mi piel suavemente, tengo sensaciones en todo mi cuerpo y también en mis partes íntimas, que antes no conocí. Dejé de sentir en mi niñez, para no sufrir el dolor emocional y físico del abuso. A la vez, desarrollé odio hacia mí misma por ser en los ojos de mis padres una niña que no merecía su cariño y amor.Yo empecé a lastimarme durante mi adolescencia y lo hice de diferentes formas durante muchos años y las “razones” inconscientes de las autoagresiones veo hoy en la prohibición de expresar mi enojo, la falta de confianza en mis padres y otros adultos para hablar sobre lo que me estaba pasando y la profunda desesperanza de mí misma más el deseo fuerte de SENTIR ALGO y por último el deseo de CASTIGARME yo misma por ser una adolescente que no merece el amor de sus padres. Por suerte, aprendí en mi primer proceso terapéutico a no seguir lastimándome tan cruelmente. Aprendí “mecanismos” para poco a poco desaprender las autoagresiones, me ayudó mucho tener personas a mi lado que se hicieron “testigos empáticos”; por ejemplo, una de estas personas me ofreció que la puedo llamar antes de lastimarme. Aprendí hacerlo: llamarla y hablar sobre los problemas que tenía en este momento que me hicieron lastimarme hasta ver correr mi sangre. Por eso, invito a todas/os que suelen autolastimarse a buscar a una persona con la cual sienten la seguridad de ROMPER EL SILENCIO y hablar sobre lo que les está pasando, lo que sienten y el apoyo que necesitan. Los libros de Alice Miller, eran de mucha ayuda durante mi proceso de sanar.

Las autoagresiones me llevaron varias veces al borde de la muerte. Sobreviví a todo, tanto los abusos, la falta de amor y cariño de mis padres y los intentos suicidas. Quiero dar esperanza a todas aquellas y aquellos que se ven reflejados en mi experiencia, que tal vez se sienten tan desesperadas como yo estuve durante mi adolescencia y mi vida adulta: ¡hay una salida hacia un futuro feliz! Si nos permitimos enfrentar nuestro pasado, trabajar las vivencias dolorosas, ¡sí! podemos recuperarnos, sentirnos como personas enteras y completas, disfrutar en cada célula estos sentimientos dulces qué es una caricia, qué es un beso con ternura.

*Soy sobreviviente.Teléfono: 22510110

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