miércoles, 21 de abril de 2010

Los lugares “más seguros”

Entre los mitos que socialmente se han establecido tenemos que los abusadores son personas extrañas, sucias, barbudas, borrachas; es decir, de muy mal aspecto. Igualmente, se ha creído que el abuso sexual ocurre en lugares solitarios, oscuros; que es más frecuente en el sector rural y no en la ciudad.

Mensajes como estos son los que regularmente se le proporcionan a las niñas, niños y adolescentes, a quienes además se les indica que no deben hablar con extraños, como una alternativa de prevención del abuso sexual.

Históricamente también se ha asumido que la casa, la escuela y la iglesia son los “lugares más seguros” para niñas, niños y adolescentes, particularmente para prevenir el abuso sexual.

Evidentemente, esto no proporciona ninguna garantía para que las niñas, niños y adolescentes no vivan el abuso sexual, porque se ha logrado comprobar en los estudios realizados a nivel nacional e internacional, que el abuso sexual es cometido en el mayor porcentaje, por personas conocidas, cercanas, con quienes hay una relación de confianza y afecto.

El mayor número de denuncias refleja que el abuso sexual ocurre en la casa y que mayoritariamente, los abusadores son los padres y padrastros. También presentan un porcentaje significativo los tíos, abuelos, hermanos, primos, novios, amigos de la familia. En la escuela, los abusadores son los maestros, los instructores de educación física, cuidadores, conductores de recorrido o jardineros.

Puede decirse que en la Iglesia, en cualquiera de sus denominaciones, se presentan menos denuncias de abuso sexual; lo que no significa que su ocurrencia sea menor que en otros espacios considerados “seguros” para niñas, niños y adolescentes.

Considerando la relación de poder como causa para el abuso sexual, es obvio que siendo un sacerdote o pastor el abusador, hay menos posibilidades de denuncia. Es un espacio donde se junta el temor al abusador y el temor al castigo divino; el abusador se encarga de integrar este elemento en su estrategia de abuso, para someter y controlar.

El abusador aprovecha la investidura religiosa para cometer el abuso sexual. Utiliza su figura de poder, su autoridad para sexualizar niñas, niños y adolescentes. Esto no determina que sea diferente que otros abusadores, los abusadores son tan solo eso: Abusadores sexuales.

Se ha tratado de desvirtuar la ocurrencia del abuso sexual, a partir de diferentes conceptos como pederastia o pedofilia, la intención es justificar su ocurrencia o de hacer ver que puede tratarse de personas enfermas. En realidad, estamos ante el mismo hecho: es un abuso sexual y quien lo comete es un abusador.

En las últimas semanas se ha estado presentando el debate sobre el abuso sexual en la Iglesia Católica y ésta se ha pronunciado desde su más alta autoridad, el Papa Benedicto XVI. Consideramos que éste es un buen momento para que la Iglesia desde sus diferentes denominaciones tenga un mensaje más amplio al respecto, es una oportunidad para abordar el tema desde lo que también ocurre en nuestro país, en ese espacio considerado “más seguro” para niñas, niños y adolescentes.

Desde el Movimiento contra el abuso sexual, no queremos hacer ningún tipo de confrontación, ni que se aduzca que somos algún tipo de amenaza para la Iglesia; lo que sí queremos es aprovechar la palabra del Papa Benedicto XVI para poner en el debate el abuso sexual que históricamente ha sido muy invisibilizado.

Para promover que los/as religiosos/as faciliten la visibilización del problema, apoyen a las niñas, niños y adolescentes que revelan haber vivido abuso por parte de religiosos y promuevan una efectiva prevención del abuso sexual por parte de religiosos.

En este aspecto, no se trata de culpabilizar a la institución eclesiástica por el abuso que han cometido personas –aunque sean religiosas- se trata más bien de comenzar a reconocer que efectivamente el abuso ocurre con frecuencia y que estas personas se aprovechan del espacio y la autoridad de la institución, a la vez abusan de la autoridad que esta les confiere.

El abuso sexual ha seguido ocurriendo en este momento en la Iglesia, a pesar de la condena que hizo de este hecho su máxima autoridad; no como se dijo hace algunos días en un medio de comunicación, al referirse al abuso sexual que ocurre en la Iglesia: “Son hechos que ocurrieron en el pasado, con personas que ahora son adultas”. En la medida que los abusadores se sienten en la impunidad, van a continuar abusando.

Mientras la Iglesia guarde silencio, tratando de mantenerse al margen del problema, estará enviando un mensaje de no aceptación de la ocurrencia del abuso por parte de sus sacerdotes y pastores; mientras se busquen justificaciones o se traten de asumir como enfermos, se estará protegiendo a un abusador que se sentirá autorizado para seguir abusando niñas, niños y adolescentes.

Para la Iglesia de todas las denominaciones religiosas, éste es un buen momento para apoyar firmemente a niñas, niños y adolescentes, develando la realidad del abuso sexual por parte de religiosos. Tienen la palabra.

*Psicóloga
lornanorori@hotmail.com
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