sábado, 7 de mayo de 2011

Mi coraje de Sanar: Mi proceso y un libro que me acompañó

Por Brigitte Hauschild * | Opinión

Hoy quiero hablar sobre un libro que fue publicado por primera vez en los EEUU en 1994 en inglés. En 2007, este libro se ha traducido a 11 idiomas y es para muchas sobrevivientes en todo el mundo como una Biblia. Las dos autoras, Laura Davis y Ellen Bass, han trabajado durante años con “supervivientes”, como ellas llaman a las mujeres que han vivido abuso sexual en su niñez.

El mensaje más importante de este libro es que aunque las secuelas psíquicas del abuso sexual sufrido en la niñez es posible sanarlas. El camino de curar o de sanar tiene sus pautas y fases muy concretas. Y les voy a hablar de las mías.

Aunque para sobrevivir “enterramos” la experiencia lo más profundo posible, los recuerdos no se dejan enterrar completamente y se quedan en el cuerpo y buscan cómo salir. En aquel tiempo yo sufría de un dolor de espalda que hoy ya ha desaparecido porque ya no cargo más con los dolores del abuso. Siento que peso una tonelada menos y por eso mi postura es totalmente diferente y me siento llena de energía de vida, llena de ganas profundas de vivir y digo gracias a la vida a pesar de lo sufrido en mi niñez. 

Cuando entre a aquel grupo los recuerdos buscaron como salir. Yo comparo este proceso con el trabajo de una tortuguita que al romper el huevo busca como “desenterrarse” y abrirse camino hacia la libertad del océano. Soy consciente de que los recuerdos dolorosos esperan hasta que tenemos la fuerza interna para enfrentar el dolor y trabajarlo. 

Mi proceso de sanar es la prueba de que tenemos esa sabiduría y madurez interna. Como adolescente tuve varias etapas de crisis y varias veces traté de suicidarme. Por suerte nunca lo logré, una prueba de las grandes ganas de vivir que tenía, a pesar de expresar lo contrario con mis intentos de suicidio durante mi estadía en una clínica psiquiátrica en 1970 hablé del abuso sexual, pero no entré en detalles y los médicos de aquel tiempo tampoco hicieron el intento de profundizar en el tema. 

Logré sobrevivir con mis mecanismos de disociarme hasta la “tierna edad” de 53 años, cuando, de repente, los recuerdos me llevaron a una crisis profunda. Lo más impresionante fue que tuve una pesadilla en la cual soñé con un terremoto que me dejó ilesa, pero con la “certeza” de haber vivido abuso sexual, del que en aquel momento yo no tenía recuerdos. Eso: la “certeza del abuso sin recuerdos” me llevo casi al borde de la locura. Me dije: “No puede ser que yo diga que he sufrido abuso sexual en mi niñez sin tener recuerdos”. Y por pena y vergüenza tampoco sabía a quién contarle aquello. 

Pasé casi dos semanas encerrada en mi casa,  llegué a la conclusión que era una decisión de vida o muerte buscar apoyo, me fui a la Red de Mujeres contra la Violencia, donde encontré a la sicóloga Lorna Norori, con quien empecé una terapia individual. 

A la vez, superé la vergüenza y hablé con una amiga alemana, quien me envió el libro “El Coraje de Sanar”. En sus páginas leí mucho sobre esa fase en la que entramos cuando creemos que nos estamos “volviendo locas” y entendí que esta fase era algo “normal” cuando el abuso sexual fue cometido en los primeros años de la vida, me di cuenta que no estaba volviéndome loca, sino que el cuerpo y la mente me avisaban que ya estaba lo suficientemente fuerte para enfrentar la realidad del abuso y empezar a trabajarlo.

Las pautas y las fases concretas de mi camino de sanar han sido muy similares a las descritas en el libro por estas dos mujeres maravillosas que lo escribieron. En la etapa de “honrar lo que he hecho para sobrevivir” me ayudó mi terapeuta, que me acompañó en todas las diferentes fases de crisis. El trabajo terapéutico con ella y el trabajo corporal me ayudaron a recordar. 

Con Lorna aprendí que no tenía culpa por lo que me pasó y que no tengo que sentir vergüenza, sino que es el abusador quien tiene que sentirlo. Con ella y el libro también logré identificar mis mecanismos de supervivencia. Uno de ellos, disociarme y trabajar incansablemente hasta 20 horas diarias, lo que nos permite evadir nuestros sentimientos.   
Tenía que regresar a mi país natal para continuar mi proceso, para intercambiar con otras mujeres que habían vivido lo mismo, para llegar a la pregunta de “si quiero enfrentar a mis abusadores” y “cómo quiero enfrentarlos”, para desarrollar ideas sobre “qué” quiero cambiar en mi vida y qué tengo que cambiar para vivir una vida más feliz y menos cargada con las secuelas del pasado. 

Con mi grupo de apoyo mutuo salí de esta dolorosa soledad en la cual nos encontramos las sobrevivientes con el trabajo en mi grupo y el proceso terapéutico logré romper el silencio y hablar sobre lo que me pasó sin vergüenza, sin pena e incluso –hoy- ya sin dolor. El hecho de  incorporarme a un grupo de apoyo ha sido muy importante en mi proceso, ya que las “manchas negras sin recuerdos” se llenaron en los intercambios con otras mujeres. 

La participación en un grupo de apoyo no sólo es trabajar un rompecabezas y encontrar las piezas y los lugares de cada una, es también el proceso de aliviar el dolor, reduciéndolo al pasarlo de una a otra participante.

Este precioso libro está en los centros de documentación de muchos centros de mujeres de Nicaragua. En la Red de Mujeres contra la Violencia y Puntos de Encuentro. Más informaciones sobre el libro pueden conseguir en Aguas Bravas Nicaragua. 

*Soy sobreviviente
Aguas Bravas Nicaragua 
aguasbravas_nicaragua@yahoo.com
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