martes, 7 de junio de 2011

VALENTINA Y LA SOMBRA DEL DIABLO

Hay distintas formas y usos que puede tener el teatro. Hay montajes que lo único que buscan es emitir un mensaje único y panfletario, los hay que buscan generar el consumo a pesar de que no haya mensaje, ni se logre la comunicación, los hay con una intensa conciencia social y aquellos que privilegian la propuesta estética, aunque su exclusividad les impida llegar al gran público. Para Circe Rangel, el teatro cumple o debe cumplir una función social que cimbre y haga que el espectador saque cierto cochambre de su espíritu. Es en esta propuesta que el montaje “Valentina y la sombra del diablo”, que dirige Rangel y aborda el tema del abuso sexual infantil, arranca el día de hoy una gira por distintos espacios públicos del municipio de Zapopan.


Hace unos seis años, Circe Rangel conoció a Verónica Maldonado en algún taller de dramaturgia en donde la última leyó ante sus compañeros la última obra que había escrito. La historia caló hondo en Rangel y “decidí que algún día tendría que montar esa obra. Me pareció una propuesta muy interesante, pero sobre todo creí que tocaba fibras íntimas de las personas y que podría servir para liberar algunas cargas que las personas van cargando”, sentencia la directora. La cosa pareció quedar ahí. Pasaron los años y la obra seguía en el papel. Hasta que de pronto, las condiciones se dieron para montarla. El caso es que la obra se presenta ya en nuestra ciudad y en otros siete puntos del país. En el proyecto local, el equipo está dirigido por Rangel y Karla Constantini encarna a Valentina, Jesús Hernández a su abuelo y José Alberto Sigala a la sombra del Diablo, con música en vivo de Carlo Constantini.
La experiencia en Guadalajara arrancó el año pasado, con una simple lectura dramatizada que deambuló en distintos espacios de Zapopan y la capital del estado. Después se ofrecieron alrededor de 30 funciones en colonias marginales de Guadalajara. Ahora, el esquema se ha replicado y se prepara para recorrer distintos espacios de Zapopan, pero ya como un montaje formal a través de un formato portátil.

Valentina es una niña con la que el auditorio pronto se da cuenta de que tiene miedos nocturnos: un diablo se le aparece en las noches para “jugar” con ella. No obstante, a ella le duelen esos juegos. Su abuelo fallecido se le aparece y le ayuda a sacar los temores. El demonio se siente amenazado y la acorrala para que no hable. Al final ella valientemente decide hablar, gritando con todos los pulmones: “Tú no eres ningún diablo, eres mi tío”.

“La verdad es que nos fue tan bien que decidimos que era necesario llevar la obra a la mayor cantidad de espacios posibles. Hemos tenido una respuesta excepcional por parte de la gente. Sobre todo, lo que nos encontramos en cada montaje es que siempre hay alguien dentro del público que se queda muy tocado por lo presentado. Hubo una chica que conforme iba pasando la obra se iba metiendo en su silla, queriendo casi desaparecer y al final estaba hecha un mar de llanto. Una señora en Oblatos se acercó y nos dijo que a ella le sucedió y que haría lo necesario para que no le sucediera a sus hijas”, expresa Rangel, quien comparte que después de la obra se han presentado varias denuncias de padres y padrastros pederastas.

“No es que la intención de la obra sea generar la denuncia entre la audiencia. En lo personal, estoy terriblemente decepcionada de la impartición de justicia en este país. Pero es bueno que como persona saques esos asuntos espinosos que no te dejan avanzar, porque los ubicas y puedes decir que hacer con ellos”, concluye.

Una sombra constante en la ciudad

Según datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), hasta en el 52.2 por ciento de las familias de Jalisco se presentan abusos en contra de la infancia y en la mitad de ellos hay reincidencia. En México hay 16 mil niños que son víctimas de explotación sexual.
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