miércoles, 13 de junio de 2012

Abuso sexual infantil: Cómo enfrentar la inocencia interrumpida


abuso sexual
Foto El Mercurio

PAÍS: CHILE






Es un tema doloroso que todos quisiéramos evadir. Sin embargo, es una lúgubre realidad que cada día sale a la luz con más fuerza.

La opinión pública vuelve a estremecerse con el caso del jardín infantil “Hijitus de la Aurora”, emplazado en Vitacura, donde se acusa al profesor de computación de abusar, al menos, de 15 niños. Uno de los tantos hechos que nos recuerdan que la información por parte de las familias es crucial para evitar agresiones de todo tipo a los menores de edad.
Para Carlos González, psicólogo infantil de la Clínica Psiquiátrica del Hospital Clínico Universidad de Chile, “el abuso sexual es cualquier tipo de situación donde se expone al niño a una situación de connotación sexual donde hay una diferencia de poder y de edad, y donde la experiencia no es apropiada para la edad del niño”.
De lo anterior se desprenden un sinnúmero de conductas, desde la exhibición por parte de un adulto de sus genitales, insinuaciones verbales, tocaciones, muestra de material pornográfico, y cualquier estimulación sexual que, en los casos más graves, puede terminar con una violación, determinada por la introducción del órgano sexual masculino en la boca, ano o vagina de un menor de edad.
Estudios internacionales revelan que 25% las mujeres alguna vez han tenido algún episodio de abuso- descritos anteriormente-mientras los hombres alcanzan el 10%. Si bien en Chile los porcentajes no exceden los anteriores, existen “cifras negras”, es decir, muchos casos ocultos que no han sido denunciados, por lo que existe una especie de “oscurantismo” en torno a este tema.

Se calcula que, por un caso denunciado, hay dos o tres que no son revelados. Pero el país ha cambiado al respecto: en los últimos tres años las denuncias en tribunales han aumentado casi en un 200%. En ese sentido, la gente se ha informado más al respecto, se atreve a hablar y confía más en la justicia.
De acuerdo a los contextos, hay dos tipos de abuso: intrafamiliar y extrafamiliar. El intrafamiliar, el cual según el SENAME representa el 84.7% de los casos de agresión sexual, es perpetrado por un pariente consanguíneo, ya sea adulto o adolescente (y en el menor de los casos, por otro niño mayor a la víctima).
Esta modalidad, según explica el psicólogo González, “tiene consecuencias más graves para el desarrollo, y usualmente es un abuso que comienza antes y que dura más tiempo al ser cometido por una persona de confianza. Es un abuso que se prolonga en el tiempo”.
Por otro lado, el abuso sexual extrafamiliar-el cual, sin duda, también es grave- puede ser un evento aislado en la vida de la persona y es habitual que no sea muy constante. “Sin embargo, si se trata de un profesor o un autor que está en continuo contacto con el niño, sí puede repetirse varias veces, durante un año, por ejemplo”, recalca el psicólogo infantil.

El agresor

No hay un perfil único de los abusadores. En general, son personas adultas o adolescentes que van hacia la adultez, y más del 90% -de los que hay denuncias- son hombres. Las razones de su comportamiento no están del todo esclarecidas. Pueden estar casados, solteros, o tener vida sexual con gente de su edad, por lo que no existe una caracterización exclusiva.
Las investigaciones de los abusadores que han sido condenados han concluido que tienen un problema con su sexualidad, cuya manifestación suele comenzar a edad temprana (con fantasías y deseos hacia menores de edad), y que suele ser para toda la vida. “Es una condición resistente a las intervenciones”, declara el psicólogo, refiriéndose a la pedofilia u otras perversiones sexuales.
Lo que sí está claro es que son personas seductoras con los niños, ya que deben ganarse su cariño y confianza, y que eligen trabajos u oficios que los mantienen cerca de la comunidad infantil.
Asimismo, arman su horario o agenda para estar la mayor parte de tiempo a solos con los menores. “Buscan en general combinar: estar a veces a solas y a veces en grupo, porque es una adicción la que tienen”, describe el profesional de la Clínica Psiquiátrica.
En ese sentido, el pedófilo insiste y utiliza cualquier excusa para quedarse más rato con los pequeños. Por ello, el psicólogo infantil recomienda, tanto a los papás como a los directores de jardines infantiles o de colegios, a ser perspicaces.

Infancia interrumpida

Son los cambios conductuales los que deben alertar a los papás o tutores de los niños. No hay síntomas o indicios específicos, por lo que la observación es fundamental para poder identificar estos casos.
En general, los niños de edad preescolar tienen cambios de conductas importantes: si antes eran tranquilos, comienzan a ponerse muy inquietos. Si eran expresivos, se vuelven introvertidos. Lloran con facilidad, pueden volverse muy agresivos con sus amigos o compañeros, etc.
Respecto a los niños en etapa escolar (alrededor de 8 años en adelante), lo habitual es encontrar síntomas depresivos, ideas suicidas, bajas de ánimo, falta de apetito, mal rendimiento en el colegio, uso de drogas, autoagresiones, conductas de riesgo, etc. “Se dan síntomas depresivos ya que los niños mayores son más conscientes de la situación”, aclara el psicólogo.
Los chicos preescolares no son conscientes de lo que les sucede, ya que confían en el abusador, y éste hará parecer que todo se trata de un juego o de un secreto entre ellos, generándoles a las víctimas confusión sobre lo bueno o malo.
Cuando se comete violación, los niños se dan cuenta que es una situación anómala, pero bajo ese manto impuesto por el agresor de que “es un secreto”, comienzan a experimentar mucha angustia. El psicólogo añade: “muchas veces los abusadores amenazan, incluso de muerte, a los niños o a los padres, y eso causa mucho terror en los niños, y hace que guarden silencio”.

El rol de los padres o tutores

Otros de los afectados, sin duda, son los padres o tutores del menor. La amalgama de emociones de angustia, tristeza, culpa e incertidumbre son comunes, pero es importante recalcar el tino con el que deben proceder para hacer, de esta experiencia, lo menos traumática posible para la víctima.
“Hay que considerar que quienes pudieran recibir la comunicación del niño pueden ser los padres, educadores y profesores, donde la confianza previa es la base”, señala el psicólogo González.
El temor de los niños en contar lo vivido depende de varios aspectos. Por un lado, sienten vergüenza, temen las consecuencias o amenazas del agresor, y se sienten culpables pues creen ser ellos los que provocaron esta situación.
Por ello, cuando los padres sospechen de algo, tienen que hacer sentir al niño confianza y seguridad, en el sentido de que no se le castigará ni pasará nada grave. Tampoco deben amenazar al abusador, ya que pueden hacer que el menor mienta o calle.
Si queremos sacarle información ante la sospecha de agresión sexual, la principal recomendación es darle tiempo al menor, inspirarle confianza, y sobre todo, hablar con calma (sin alzar la voz o entrar en episodios de furia o histeria).
“Jugando también se puede”- recomienda el psicólogo González- “los papás pueden jugar a las adivinanzas con niños preescolares, y hacer una conversación más en juego”, y de esta manera, inducir al niño que se refiera sobre lo ocurrido.

Prevenir, mejor que curar

Nadie elige exponer a sus hijos a los peligros de la agresión sexual, por lo que la prevención es primordial. Es importante destacar que el denominador común de los abusos es que el niño queda solo con alguien, nunca se da en lugares expuestos ya que los agresores se caracterizan por ser cautelosos. Por ello, se recomiendan los siguientes puntos:
Buena relación: la confianza entre los niños y sus progenitores o tutores no sólo constituye la sólida base de una sana relación, sino que facilita, en caso de abusos, que el niño relate lo ocurrido ya que sentirá que puede ser escuchado y perdonado. Es difícil que padres muy castigadores y autoritarios logren instaurar el vínculo necesario para que su hijo le cuente cosas. “Si el niño comete un error y quiebra una taza, al niño hay que corregirlo pero tiene que  sentir que puede ser disculpado”, ejemplifica el especialista.
Plan de acción: los padres deben decidir qué medidas tomar ante distintas circunstancias. Muchos progenitores en la actualidad trabajan, por lo que es difícil no dejar a sus niños a cargo de otros. Lo ideal es prevenir situaciones donde su hijo esté solo con un adulto durante muchas horas. Dejarlo con un grupo de personas es más seguro que dejarlo solo con un individuo.
El psicólogo indica, por ejemplo, que una medida que toman muchos es no dejar a sus retoños solos con sus tíos. Si bien puede parecer exagerado, el profesional recuerda que “el abuso intrafamiliar es una realidad, y los papás tienen que tomar decisiones, sin ser alarmistas tampoco”.
Educación sexual: concebir la sexualidad como un tabú poco ayuda. Si bien puede verse como una ruptura de la inocencia, es fundamental que los padres enseñen a sus hijos cuáles son las partes íntimas que pueden ser tocadas por los padres y por los doctores y cuáles no, así como los juegos adecuados para su edad, y que si alguien le pide que le muestre una parte íntima, él no lo tiene que hacer. Es muy importante repetírselos de forma preventiva para que los pequeños internalicen estas enseñanzas.

“Eso se lo puedes decir a un niño de 5 o 6 años perfectamente”- asegura el psicólogo infantil, quien agrega que – “los papás tienen que educarse un poco sobre cómo son las estrategias que usan los abusadores, para enseñarle al niño que detecte lo correcto de lo 

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