viernes, 19 de abril de 2013

¿Por Qué los Adultos no Protegen a los Niños del Abuso o la Explotación Sexual?


Pregúntele a cualquier persona: Casi todos dirán que defenderían a un niño si pensaran que alguien lo  estaba usando o abusando sexualmente.  Muchas personas están seguras que ellas podrían reconocer una conducta de explotación o abuso si ésta  llegara a ocurrir.  Casi nadie cree que si tuviera la certeza de que una conducta sexual dañina  estuviera ocurriendo, permitiría que ésta continuara.
Sin embargo, la triste realidad es que millones de niños tienen experiencias sexuales no deseadas o abusivas.  Muchos de ellos creen, correctamente, que alguien está consciente de su situación pero que esa persona hace poco o nada para ayudarle.   Algunos niños les cuentan a los adultos lo que está pasando, buscando protección y ayuda, pero los adultos reaccionan con incredulidad, negación, culpa, y hasta castigos.  ¿Cómo puede pasar esto?  
Cuando usted es la persona que ha sido dañada de esa manera (o usted es alguien que se preocupa por un niño que ha sido dañado) es difícil imaginar que pueda existir un buen motivo para no proteger a un niño vulnerable.  Se siente doblemente traicionado por la falta de ayuda.  Estaba en peligro, alguien pudo haberlo protegido y optó por no hacerlo.  Punto.  No hay pretextos, ni racionalizaciones aceptables por esa falta de ayuda.  
También, algunas personas  están  más enojadas con el adulto que no intervino para detener el abuso que con las personas que les hicieron daño.  A lo mejor, esperaban lo peor del abusador, que estaba profundamente perturbado o no se preocupaba por los demás, pero esperaban algo mejor de alguien que era digno de confianza y que por lo general mostraba interés por  el bienestar de otros.  Este enojo hacia la persona que no lo protegió puede ser especialmente intenso cuando las experiencias sexuales no deseadas o abusivas se están dando, o cuando uno empieza a enfrentar las consecuencias de estas experiencias.  Este enojo puede durar décadas.    
Esto lo entendemos completamente.  No estamos intentando buscar pretextos para nadie.  No estamos intentando convencerlo de nada.  Simplemente ofrecemos una perspectiva e información basada en décadas de experiencia e investigaciones sobre como la gente se vuelve “espectador” y no protege a otros del daño, entre ellos, niños que son usados o abusados sexualmente.   
Puede ser que ya haya llegado el momento, o que llegará, en que usted desea entender ¿por qué [alguien] que pudo haberlo protegido y pudo haber detenido el abuso, se quedó callado y no hizo nada, aún cuando era evidente lo que estaba pasando?
No estamos pidiendo que usted deje de sentirse enojado.
Quizás la contestación a estas preguntas sea una parte importante de su proceso de sanación.  Tal vez usted quiera hacer contacto con alguien que no lo protegió, y espera prepararse al intentar entender porque y como esa persona entiende o justifica su reacción (o falta de reacción).  Quizás usted quiera mentalmente atar los cabos sueltos de esta experiencia, para poder hacer a un lado esa relación con alguien que le falló cuando más lo necesitaba y seguir con su vida.   
Independientemente de cuales sean sus motivos por los que quiere saber acerca de este asunto, no hay una respuesta sencilla a la pregunta.  De nuevo, tener un mejor entendimiento no significa que usted tiene que olvidar el enojo o la decepción que siente hacia la persona, esto lo hará hasta que se sienta listo, si es que llega ese momento.

Tomando en cuenta estas complejidades y precauciones, ofrecemos las siguientes perspectivas e información.  

Es importante recordar que las personas con las cuales los niños cuentan para que los protejan son, como todas, personas imperfectas y complicadas.  Tienen limitaciones reales, y pensamientos que están distorsionados por sus esperanzas, temores y malentendidos.  Lo que usted experimentó legítimamente como una traición puede haber sido lo mejor que esa persona pudo haber hecho en ese momento.  Esto no significa que esté bien, sino que simplemente es trágicamente humano y real.     
Aunque no sea fácil de aceptar, hay muchas razones genuinas y convincentes que dificultan que los adultos, que de otro modo son cariñosos y tiernos,  tomen acciones protectoras o que se percaten de cuando los niños están siendo usados y abusados sexualmente, o están en riesgo de ser dañados de esa manera.  Entre estas razones y causas están:  
  • Emociones abrumadoras (por ejemplo el miedo, el enojo o la vergüenza) que surgen simplemente al pensar en el abuso sexual de los niños. 
  • Confusión causada por estereotipos equivocados sobre las personas que usan y abusan a los niños sexualmente.
  • Una dependencia física, emocional y financiera, de una persona o de un grupo, que se perdería (para la  persona y la familia) si fueran mencionadas estas preocupaciones.
  • Tener dudas sobre uno mismo (por ejemplo, “Soy paranoico,” “¿Qué pasa si estoy equivocado?” “No es asunto mío.”).  
  • Temores sobre las consecuencias (por ejemplo: admitir la traición  de una persona confiable  y respetada,  o de equivocarse, o de tener la razón).  
Por estas razones y muchas más (algo que exploramos detalladamente abajo), aún cuando un adulto sepa algo sobre esta conducta, es posible que no diga nada, y hasta podría decirle al niño que se calle.  Además, si se percibe que la angustia del niño, o algún otro daño, es menor o  no existe, entonces se puede dar un cálculo trágico, en que los costos inmediatos de enfrentar la situación parecen mayores a los costos imaginados a largo plazo resultantes de ignorar  lo que está pasando.  
Son personas seriamente limitadas en predicamentos trágicos.
Como hemos dicho antes, estas razones no perdonan la falta de acciones protectoras.  Simplemente ofrecen posibles explicaciones por la decisión tomada y como esto puede ser mucho más complicado de lo que en un principio parecía ser.  
La realidad de esta complejidad y las limitaciones trágicas y muy humanas que dan como resultado una  falta de protección de los niños usados y abusados sexualmente, son desafíos serios a la educación y fortalecimiento de los adultos para que superen estas barreras que les impiden tomar acción.  Afortunadamente, varias personas y organizaciones están tratando esta complejidad en sus esfuerzos por prevenir y poner un fin a la explotación y abuso sexual de los niños.   Una de las organizaciones que encabeza estos esfuerzos es (la siguiente información solamente está disponible en inglés) Stop It Now! , la cual tiene muchos recursos para los adultos que quieren hacer algo sobre el abuso (que sospechan o que han confirmado) de un niño que conocen.  
Lo anterior ha sido una perspectiva general que tal vez por el momento sea suficiente.  Si usted quiere más información sobre las razones mencionadas arriba, a continuación exploramos cada una de ellas, y otras, más detalladamente.  Además, ofrecemos algunas reflexiones finales al concluir esta página.

Emociones Abrumadoras

Muchas veces, hasta los adultos sin ninguna experiencia personal de un trauma sexual tendrán reacciones instantáneas y viscerales cuando oyen o ven algo sobre el abuso sexual de un niño.  Estas reacciones desagradables y no deseadas hacen que muchas personas se resistan a prestar atención a algo que nuevamente pueda detonar tales reacciones, incluyendo la clara evidencia de  que un niño que conocen esté siendo abusado sexualmente.  
Dado que  las experiencias sexuales no deseadas y abusivas durante la niñez de hombres y mujeres son muy comunes (1 de cada 3 mujeres y 1 de cada 6 hombres), es muy probable que un adulto, que podría proteger a un niño, haya tenido alguna experiencia previa con un trauma sexual, ya sea personalmente o con alguien cercano.  
Sabemos que la gente puede responder a esta historia de muchas maneras, entre ellas están los  grandes esfuerzos que hacen para evitar las emociones no deseadas y confusas causadas por dicha experiencia.  Para lograr esto, pueden suprimir recuerdos, negar  todo lo que pasó, culparse a sí mismos, medicarse con el alcohol o las drogas, o expresar rabia y ser violentos con otras personas o con ellos mismos.   
La habilidad para mantener dichas estrategias de autoprotección (sean, o no, efectivas) es generalmente un gran desafío  para un adulto que se da cuenta que un niño por quien se preocupa está sufriendo experiencias sexuales dañinas similares.  El adulto lucha (sin darse cuenta) para evitar que estas estrategias y “defensas” se derrumben.  Cuando el adulto pasa por esta lucha interna, puede ser muy difícil que apoye al niño y reconozca la realidad de la situación.

Los Estereotipos

Uno de los grandes obstáculos para tomar acción cuando uno sospecha que algo está pasando es la tendencia que todos tenemos de dividir al mundo en “personas buenas” que hacen cosas buenas, y “personas malas” que hacen el mal.  Todos usamos los estereotipos como métodos fáciles para decidir quienes y cuales situaciones son seguras.   
Así es como funcionan nuestros cerebros, y es muy tranquilizador.  Creemos que podemos adivinar quien representa un riesgo.  Si esa persona generalmente se porta bien, hace cosas buenas para otros, es generosa, inspiradora, respetada por otras personas o es divertida, creemos instintivamente que esa persona es segura y confiable.
Hay estereotipos peligrosos sobre la gente que abusa sexualmente a los niños.
Trágicamente, este modo de pensar obstaculiza la protección de los niños.  Aún cuando lo reconozcamos  y entendamos, tendemos a reaccionar como si solamente las personas malas y asquerosas fueran las que les hacen daño a los niños.  Creemos que fácilmente reconoceríamos a estas personas y protegeríamos a los niños de ellas.
Desafortunadamente, es mucho más complejo que esto.  Estos estereotipos, que son aceptados tan ampliamente, especialmente los que describen  como las “personas buenas” se comportan con los demás, crean una dificultad para reconocer los verdaderos riesgos. También hace más difícil que los niños reconozcan cuando una persona respetada se está aprovechando de ellos sexualmente.  
La verdad es que, a veces, algunos padres de familia que  son atentos y cariñosos  dañan sexualmente a los niños.  A veces algunos abuelos que son divertidos y generosos  dañan sexualmente a los niños.  A veces algunos entrenadores y maestros que son cariñosos y dedicados dañan  sexualmente a los niños.  A veces algunos  cuidadores de niños que son divertidos y atentos, algunos hermanos mayores protectores, primos o  niños vecinos  dañan sexualmente a los niños.    
De hecho, es raro que la persona que  daña sexualmente a un niño sea esa persona sumamente asquerosa que todos sospechan haría algo así.  
Para la mayoría de nosotros es un desafío sostener dos puntos de vista opuestos sobre como esperamos que la gente se comporte. Con frecuencia no vemos el riesgo que está frente a nosotros.  Es muy difícil, hasta da miedo aceptar que “buenas” personas tengan “malas” cualidades y conductas, especialmente cuando la “buena” persona es alguien que es importante para nosotros, o que respetamos.  Por lo tanto, hay una tendencia a ignorar, o a cambiar los hechos para que se ajusten a  nuestras expectativas de seguridad.  En realidad, nadie es puramente bueno o malo, y a veces las conductas malas de una “buena” persona incluyen el uso o abuso sexual de los niños.  
Sin embargo, aún si alguien puede superar estos estereotipos, los costos reales de denunciar lo que está pasando crean una barrera grande con respecto a la acción.  Como hemos mencionado anteriormente, los adultos que pueden proteger a un niño son, como todos, seres humanos imperfectos con una mezcla complicada de fuerzas, temores y debilidades que pueden limitar su capacidad de proteger a un niño usado o abusado sexualmente.

El Costo de la Denuncia Versus El Costo del Silencio

Tristemente, hay muchas maneras en que los adultos llegan a creer que proteger a un niño de la explotación sexual no vale la pena debido al posible costo que esto tiene.  A continuación, ofrecemos algunos ejemplos.  
Dependencia de una persona.  Frecuentemente, las personas que se aprovechan de un desequilibrio de poder para hacer daño a un niño sexualmente generan a la vez sentimientos de impotencia en los adultos que podrían ayudar a ese niño. Esta sensación de impotencia puede resultar de la dependencia emocional y/o física de la persona que comete los hechos dañinos.  O tal vez haya habido amenazas previas o hechos de violencia física o emocional por parte de esa persona, o amenazas de suicidio.     
Las necesidades para la supervivencia que están en conflicto entre sí, y la posibilidad de un daño mayor.   Muchas personas no denuncian los hechos por temor a las represalias violentas en su contra,  o en contra del niño abusado u otros familiares.  La violencia doméstica, o el temor a una persona o a un grupo poderoso y violento que está dañando a un niño sexualmente (por ejemplo miembros de una pandilla, personas involucradas en la delincuencia organizada, o un policía corrupto) son desafíos complejos y especialmente peligrosos para tomar acciones protectoras.  
Dependencia de una familia o un grupo comunitario.  Muchas veces, el acusar a alguien dentro de una familia, un grupo religioso o un grupo comunitario generalmente ocasiona un rechazo por parte de miembros de esa familia o del grupo, quienes no se pueden permitir creer en esa acusación.   Cuando la familia o el grupo es la fuente clave de apoyo emocional o financiero, arriesgar un rechazo puede parecer más peligroso que los riesgos de quedarse callado.  Para algunas personas, mantener el apoyo familiar o comunitario (aún a costa del silencio y del daño al niño) les parece como un asunto de supervivencia personal.
Se llega a la conclusión de que proteger a un niño es demasiado costoso.
Además, si la persona acusada tiene una posición social alta o ejerce poder o autoridad dentro del grupo, no es simplemente el miedo que obstaculiza una denuncia, sino también valores y creencias profundamente arraigadas sobre la obediencia a las autoridades.  Si la persona sospechosa ha protegido o acompañado a otras personas en situaciones difíciles en el pasado, puede ser difícil hacer una denuncia porque uno teme ser “desleal”.  
Una renuencia a reconocer la traición.  Cuando una persona amada o admirada hace daño sexual a un niño, tanto el niño como todos los que confiaron o respetaron esa persona experimentan un sentimiento intenso de traición.  Para los niños y los adultos reconocer tal traición puede poner en peligro su sentido general de seguridad en el mundo.   
Es decir, de repente, se han cambiado las reglas del juego.  Se pone en duda la confianza propia tanto de en quien se puede confiar como de las opiniones que uno tiene de los amigos, familiares y otras personas.  Muchos niños que han sido explotados o abusados enfrentan dos alternativas trágicas – o aceptan esta nueva realidad alarmante de traición e incertidumbre, o se quedan en la relativa seguridad de negar que algo haya pasado.  Por esto se entiende que algunos niños vulnerables opten por negar lo que está pasando.  Lo mismo es cierto para muchos adultos que podrían proteger a los niños de las terribles traiciones de la explotación o abuso sexual.      
Culpa o vergüenza sobre el silencio en el pasado.  Curiosamente, los sentimientos de culpa o vergüenza sobre el hecho de no haber denunciado esto antes pueden ser factores poderosos que impiden que la gente hable ahora, aún cuando se permitan reconocer que algo anda mal.  
Imagínese que usted consigue un trabajo nuevo y en la primera semana usted cuestiona a su jefe sobre un gasto menor pero dudoso en su cuenta de gastos.  Su jefe contesta que usted lo puede ignorar, que todo está bien, y cada semana usted permite que pasen otros gastos dudosos similares.  Un año después, cuando una auditoría de la empresa plantea estas mismas preguntas, usted se encuentra tratando de defender las acciones de su jefe para que usted no se vea mal.     
El darse cuenta que usted ha tolerado una conducta inapropiada, o dañina, una y otra vez  hace más difícil enfrentar dicha conducta en el presente.  La gente tiende a sentirse en parte responsable, y tiene interés en pretender o creer que esa conducta debe haber estado bien.

Tener Dudas sobre Uno Mismo

Las dudas sobre uno mismo tienen muchas formas y vienen de diversas fuentes.  Es un obstáculo serio para las personas que desean hacer lo correcto cuando sospechan o saben que un niño ha sido explotado o abusado sexualmente.   
Algunos ejemplos de dudas sobre uno mismo son: 
¿Soy un “puritano”?  Las personas que quieren tener una actitud abierta sobre asuntos sexuales a veces desconfían de su propio malestar cuando tienen sospechas sobre conductas sexuales dañinas.  Se preguntan si son demasiado puritanos o recatados.  Al concentrarse en sus opiniones sobre el sexo,  pasan por alto las verdaderas señales de daño o desequilibrio de poder que harían imposible consentir esa conducta y terminan ignorando dicha conducta sexual abusiva o explotadora.
Dudando sobre los sentimientos, pensamientos y las percepciones válidas.
Quizás soy un paranoico. Frecuentemente la gente que ha experimentado el abuso o la violencia están  muy en sintonía con el menor indicio de una interacción dañina.  Está demasiado consciente o en un estado de híper vigilancia que puede ser una espada de doble filo.  Por ejemplo, después de expresar sus preocupaciones sobre ciertas conductas a sus familiares y a otras personas que no les creen y que descartan sus preocupaciones, algunas personas llegan a dudar de sus propias percepciones.    
¿Qué pasa si estoy equivocado?  No es asunto mío.  “No se meta en lo que no le importa” es una lección que muchos aprendimos.  Muchas personas están renuentes a acusar a otra persona si no tienen pruebas sólidas, especialmente sobre algo tan duro como el abuso sexual.  Los temores de que muy probablemente se arruinará una amistad u otra relación, o se dañará  la reputación de otra persona sobre algo que puede no ser cierto tienen más peso que la intención de actuar de forma protectora ante una sospecha.  
¿Y si tengo razón?  Vamos a perder todo.  Temores sobre la desintegración de su familia, sobre una intervención destructiva por las autoridades de servicios sociales, la vergüenza, el temor de perder a sus hijos, su casa o su condición social. Todos estos temores inhiben a algunas personas a tomar acciones para proteger a los niños.  Muchas veces un sistema imperfecto de protección de los niños y un sistema de justicia penal que castiga severamente a casi todos los que son condenados por crímenes sexuales (hasta a los niños), impiden que los miembros de una familia  denuncien las acciones de alguien por quien se preocupan.  Los temores sobre consecuencias legales devastadoras de largo plazo y otra tipo de consecuencias, son especialmente intensos cuando la persona que abusa sexualmente a un niño es otro niño o adolescente.  (Más de un tercio del abuso sexual de niños que se denuncia es responsabilidad de otros niños y adolescentes, que casi siempre lo hacen en respuesta al hecho de que ellos mismos fueron abusados.)

Malentendidos sobre como los niños reaccionan a las experiencias sexuales no deseadas o abusivas, y sobre lo que estas experiencias son.

Muchos adultos suponen equivocadamente que un niño diría algo si experimentara una interacción sexual traumática.  Si un niño no dice nada, ellos suponen que nada  pasó.  Aún cuando saben que existe una explotación o abuso, si no hay un impacto visible en el niño, o solamente notan efectos menores, los adultos creen que el niño va a olvidar la experiencia y que no habrá efectos negativos duraderos.  Piensan sinceramente que “es mejor no concentrarse en un mal recuerdo.”  
Algunos adultos identifican incorrectamente el abuso sexual solamente como una violación violenta, y no reconocen el gran daño que puede resultar de muchos tipos de interacciones sexuales con niños, entre ellas el ser tocado sin quererlo, la exposición a la pornografía, ser testigo de actos sexuales, o comentarios sexuales degradantes y/o amenazantes.  Todas estas experiencias son traiciones, no deseadas o abusivas, de las responsabilidades de los adultos y la confianza de los niños, y todas pueden tener efectos negativos duraderos en la mente, el cuerpo, y las relaciones de un niño, y en su capacidad para ser exitoso en sus estudios y su trabajo.

Exigencias de Perdón 

El perdón puede ser falso y destructivo
En muchas culturas, comunidades de fe y familias, el acto del perdón se eleva como el ideal más alto, y con buenos motivos. Algunos actos de perdón son verdaderamente genuinos por parte de la persona que perdona, son justificados por las actitudes y acciones de la persona perdonada, y verdaderamente traen un  beneficio emocional, moral y espiritual para todas las personas involucradas.   
Sin embargo, otros actos de perdón no son así.  Desgraciadamente, el perdón puede ser falso y destructivo.  Esto sucede cuando es algo exigido y forzado por las presiones de otras personas, entre ellas, personas que buscan evitar conflictos y no enfrentar el problema, o por presiones internas por ejemplo la obligación de perdonar para ser una buena persona.  Esto sucede cuando una persona y sus acciones (todavía)  no merecen el perdón, al menos no lo merecen como la única respuesta a su conducta dañina.  
Desafortunadamente, algunas personas creen firmemente, pero incorrectamente, que un perdón aparentemente sincero acompañado por una promesa de no repetir la conducta dañina es suficiente para que todos “sigan adelante.”  
Trágicamente, la presión para “perdonar y olvidar” puede ser un obstáculo poderoso para  proteger efectivamente a los niños del daño.  Por último, acceder a una exigencia de perdonar significa ignorar los sentimientos de las personas dañadas, y para ellos es como una prolongación del abuso.  

Algunas Reflexiones Finales

Esperamos que las perspectivas y la información compartida en esta página hayan sido ilustrativas y útiles para usted.  Para terminar, queremos enfatizar algunas cosas:  
Aunque estos motivos puedan ser obstáculos reales y legítimos al tratar de proteger a un niño, ninguno de ellos libera a  los adultos de  la responsabilidad de hacer todo lo posible para mantener a  los niños  seguros y ayudarlos a sanar el daño que han sufrido.   
Esperamos que al ser conscientes de estos obstáculos complejos y al respetar seriamente  (aunque con disgusto)  el hecho de que las raíces de los mismos se encuentran en las limitaciones humanas y en circunstancias sociales trágicas, todos podamos apoyarnos los unos a los otros más eficazmente para superar los barreras reales y proteger a los niños.  
También, dependiendo de su situación personal, el entender lo que pudo haberse interpuesto en el camino puede, o no, reducir sus sentimientos de desilusión, traición o enojo hacia una persona o  grupo que falló en protegerlo a usted o a alguien que usted ama.  
Por último, los motivos por los que la gente falló en proteger a un niño de experiencias sexuales no deseadas o abusivas, especialmente si usted fue ese niño, nunca son simplemente “razones” que uno puede “entender,” son realidades trágicas y dolorosas con las cuales la gente afectada lucha y por las cuales sufre.  Esperamos que cuente con la ayuda de otras personas que se preocupan por usted y que puedan ayudarle a reflexionar sobre esto sin importar cuanto tiempo se requiera para hacerlo.     
Para encontrar información y excelentes recursos sobre el abuso sexual de los niños, entre ellos guías sobre como  hablar con otros adultos acerca de situaciones potenciales o reales de abuso sexual, visite el sitio del Internet de Stop It Now!.

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