lunes, 1 de abril de 2013

SIEMPRE EXISTEN TIEMPOS MEJORES


Estoy en la calle, viendo a mis sobrinos jugar. Hace un día bonito.
Esta tarde hemos planeado hacer una excursión por los alrededores: vamos a buscar huellas de dinosaurios. Los críos están contentos, y yo más que ellos.

He salido a pasear con los críos. Lo he pasado genial. Una caminata de 4 horas en la que hemos recorrido caminos de la huerta y he podido re-encontrar el lugar en que vivo.
Hace muchos años que no siento. Y hablo de sentir en mayúsculas. Es como si todos mis sentidos hubieran estado anestesiados, todos…. No veo lo que me rodea, no escucho sus sonidos, no huelo el ambiente, no se estimula mi piel con el frío, el calor, la luz del sol… Llevo años en que soy tan racional, que me he olvidado de vivir.

Creo que esta tarde me he permitido un orgasmo sensorial de 4 horas. Tengo la vivencia de haber renacido. No he planificado lo que íbamos a hacer y he dejado que los niños fuesen marcado el sendero, y yo sólo he dirigido como adulta que les ha ido evitando el peligro.

He hecho la excursión con mis dos sobrinos (de 8 y 10 años) y el hijo de mi primo de 7 años. Durante el trayecto se nos han sumado otros dos niños más (de 9 y 4 años). Los 5 críos y yo, hemos disfrutado como enanos.
Nos hemos ido deteniendo en cualquier cosa que llamara la atención: una planta, una flor, una piedra del camino, un paso de agua, una sombra sugerente ….. todo era maravilloso y todo daba pie a inventar una historia. Yo me he sumado a sus juegos, y he sido una niña más. Esta tarde se ha detenido el tiempo.

Mirándolos a ellos, he sentido una conexión infinita con la niña que yo fui. Me he visto a mí misma saltando por los parajes de la huerta, feliz, sin nada más en mi mente que la atención prestada al juego del momento… y con el amparo de un adulto querido que vigila mi bienestar. He sido consciente de lo tremendamente vulnerables que son los niños, cómo cualquier gesto del adulto cuidador los lleva y los dirige…. Y en ese momento he sentido una punzada, he sabido también que un adulto sin escrúpulos los manipularía y ellos seguirían creyendo que eso es lo que hay que hacer.
Rápidamente he reaccionado y he dicho: yo os protejo, nada os va a ocurrir porque yo no lo voy a permitir. Me he sentido bien pensándolo y algo en mi pecho ha saltado de alegría.

Hemos escalado por las laderas de los viejos castillos y hemos buscado huellas de dinosaurios. ¡¡¡Y las hemos encontrado!!! Nos hemos traído piedras con fósiles. Hemos recolectado una variedad de florecillas y hojas… todas sugerentes y especiales.

Hemos ido descansando a cada trecho para hacer repaso de los hallazgos, sentados a la orilla del camino, en el suelo, tumbados sobre la hierba que esta primavera ya ha permitido crecer.
Mientras los niños hablaban de las historias que iban inventando, yo he cerrado los ojos echada en el suelo, notando el sol en mi cara, oliendo a azahar y escuchando el canto de los pajarillos… ha sido un momento feliz.

Durante todo el paseo he ido contemplando el paisaje que me rodea, qué bonito es y yo nunca lo miro, no lo veo. Esta tarde lo he re-descubierto…, los diferentes tonos de verde, la huerta que parece dibujada, el sonido del agua discurriendo por los pequeños cauces. Y cuando subíamos a los montículos de los viejos castillos, la panorámica del valle donde está la ciudad rodeada de huerta y todo a su vez rodeado por las montañas que cierran el horizonte. Tengo un paraíso a mis pies….

Resumen de la tarde: he vuelto a estimular mis sentidos, desde hace años anestesiados y dormidos.

A partir de hoy no soy la misma.


ANÓNIMO

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