viernes, 9 de agosto de 2013

Abuso sexual infantil: De la alarma a la reflexión

En los últimos años el abuso sexual contra niños y niñas se ha convertido en un tema que ha generado impacto a nivel mediático y social. La (des)protección infantil se ha convertido en un asunto que genera preocupación, en la medida que los niños son representaciones de la vulnerabilidad humana y su vulneración nos interpela como adultos, que debemos respetar, proteger y garantizar que puedan desarrollarse integral y plenamente.
Cuando ocurren situaciones graves de transgresión a los derechos de los niños, a su integridad e indemnidad sexual, surge la pregunta acerca de las condiciones de cuidado que hemos generado como sociedad. Nos preguntamos ¿Cómo pudo ocurrir? ¿Cómo no fuimos capaces de evitarlo?  ¿Cómo no vimos las señales y no detectamos a tiempo? También ¿Cómo hacer para restituir y reparar el daño ocasionado? ¿Cómo responder sin dañar o revictimizar?

Parece ser que si los mecanismos de protección fallaron de manera tan severa, los niños y niñas no están a salvo, somos ineficaces para protegerlos de los innumerables riesgos a los que están expuestos. Esto puede generar sensaciones de impotencia y paralización, que pueden exacerbar la alerta y a la vez inhibir la capacidad de respuesta protectora frente a estos hechos.

En este sentido, un aspecto central, es detenernos y visualizar que este tema no daña sólo a los niños, sino que también daña a sus padres, madres y familiares en sus vínculos sociales, en el modo en que se relacionan con los adultos e instituciones que los apoyan en la crianza: familiares, cuidadores, educadores, organizaciones religiosas, deportivas, entre otras.
Daña también a la comunidad, en la medida que la confianza social es puesta en tela de juicio, y los otros se convierten en posibles amenazas a la integridad de los niños. Esto puede traer consigo aislamiento o medidas de control extremas, que impidan la vinculación de los niños con su entorno inmediato, proceso necesario para su desarrollo, integración y participación social.

También impacta a los profesionales de la educación, del área psicosocial, de la salud y el derecho, quienes deben asumir el desafío de actuar preventivamente, desarrollar herramientas, estrategias y protocolos para proteger, contener y aportar a la justicia y la reparación del daño, a través de esfuerzos interdisciplinarios y articulados en red.

Abordar este tema, considerando su complejidad y multidimensionalidad,  requiere compresiones y estrategias especializadas de intervención, que implican procesos de formación y actualización. Esto permite dar respuestas no meramente reactivas ante estos hechos, los que sin duda causan alerta e indignación, pero que ameritan atenciones fundamentadas, reflexionadas y planificadas, que estén a la altura de los niños/as que han sido víctimas y de sus familias y que puedan ser una contribución efectiva a la recuperación de la vida de los niños, en condiciones dignas, seguras y con la confianza en que cuentan con adultos e instituciones que responden a sus necesidades y los protegen integralmente.

Finalmente, los medios de comunicación, indistintamente de su formato, tienen un rol clave en la tarea de aportar al desarrollo de un rol protagónico del conjunto de la sociedad en materia de promoción, prevención y protección de los derechos de la infancia, desafío que Ciclos Consultores, (organismo especializado en formación y asesorías en temáticas de violencia y abuso sexual), y El Nortero. diario ciudadano digital, han entendido, asumiendo un trabajo colaborativo  para vincular saberes y transmitirlos a quienes han hecho de este medio una fuente de información.

De esta manera Iniciamos  una serie de artículos tendientes a aportar a la generación de opinión informada respecto a estos temas que sin duda son de interés ciudadano y están revestidos de dolor, pero que sin embargo, representan la maravillosa posibilidad de resignificar la vida.

María Soledad Latorre L.
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