sábado, 25 de enero de 2014

Prevención y recuperación del abuso sexual infantil II

Sandoval


(Sandoval)
La semana pasada, tras publicar la primera entrega de esta serie de tres columnas dedicadas a la prevención y recuperación del abuso sexual infantil, dos lectores me preguntaron, a través de Twitter, qué se considera abuso: si coito, toqueteo o ambas situaciones. Es importante aclarar esto porque vivimos en una sociedad que cree que los encuentros sexuales por fuerza deben tener penetración y si no existe ésta, entonces no hay “relación sexual”.
Podemos hablar de cuatro tipos: el abuso sexual propio, en donde no hay coito (penetración) pero el agresor obliga a la niña/o a tocarlo o es él o ella quien toca al menor. El abuso sexual impropio es la exposición a niños/as a hechos de connotación sexual, tales como exhibición de genitales, caricias y acercamientos de los cuerpos desnudos o con ropa, sexualización verbal, obligarlos a masturbarse frente al ofensor y exposición a pornografía. La violación es todo acto de penetración por vía genital, anal u oral que se realiza sin el consentimiento de la víctima o mediante engaño, y el estupro es la realización del acto sexual aprovechándose de la inexperiencia de la víctima o basado en una situación de abuso de autoridad. También existe estupro si dicha acción se realiza aprovechándose de una relación de dependencia de la víctima hacia el agresor, sea de carácter laboral, educacional, afectivo o de cuidado.
El abuso sexual se diferencia del juego sexual en que el último ocurre entre niños de la misma edad y no existe la coerción (es decir, no se obliga al otro). Pero, ojo: hoy en día hay agresores que también son menores de edad e incluso tienen los mismos años que el afectado. Recién leí que en una escuela unos chavitos de nueve años le cortaron, con unas tijeras y en el baño de su escuela, un pedazo de prepucio a un chiquillo de seis años porque “querían hacerle la circuncisión”. La edad de los agresores me impactó.
Veintitrés años después de la aprobación unánime de la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989, que en su Artículo 19 establece que es obligación del Estado proteger a los niños y niñas de todas las formas de malos tratos y establecer medidas preventivas y de tratamiento al respecto, aún hay mucho por hacer para garantizarlo. En 2012, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) afirmó que la mejor manera de garantizar la protección de los derechos de los menores es contar con políticas de prevención permanente en el sector educativo que promuevan el autocuidado, den información a los padres, definan procedimientos a seguir en caso de detección de algún caso y políticas de educación sexual.
Obviamente esto no se da en México. Si no existe una educación sexual real en las escuelas, si en muchas de ellas, siendo públicas, el laicismo no existe, no se puede esperar que se dé lo que exige el Unicef. Sin embargo, es importante que tanto padres de familia como educadores conozcan los lineamientos para prevenir el abuso sexual infantil. Que apoyen a los infantes para que desarrollen una buena autoestima, les enseñen a valorar su cuerpo, generen una buena comunicación, los animen a expresar sus sentimientos y lo que sucede en su mundo interno, a respetar sus propios límites, no obligarlos a transgredirlos y entregarles información sobre sexualidad.
Los consejos para prevenir el abuso sexual infantil son los siguientes:
1. Eviten que sus hijos o hijas salgan solos/as a la calle y si van a algún sitio, acompáñenlos y no los pierdan de vista.
2. Recomiéndenles tener cuidado con personas extrañas que quieran llevarlos a algún lugar.
3. Enséñenles que es su derecho decir “no” a una invitación de extraños y a solicitar auxilio mediante gritos cuando sea necesario.
4. No dejen solos a los niños en la casa si van a trabajar, desconfíen en lo posible hasta de los familiares (¿cuántas veces no he escuchado de madres que no les creen —o fingen no hacerlo— a sus vástagos cuando afirman que algún pariente abusó de ellos?), y si dejan a alguna persona mayor en la casa con sus hijos, realicen visitas sorpresivas para verificar cómo se encuentran.
5. Conversen con ellos/as, muéstrense interesados en sus actividades, de manera que les comenten lo que hicieron durante el día.
6. Enseñen a los niños que si alguien trata de tocarlos o los hace sentir incómodos, lo deben contar enseguida.
7. Díganles a las/os niñas/os que el respeto a los mayores no quiere decir que tengan que obedecer ciegamente a los adultos y a las figuras de autoridad. Pongan ejemplos para que les quede claro.
8. Es necesario hablar con ellos, sin tabúes ni prejuicios, sobre temas de sexualidad.
9. Eduquen a sus hijos/as sobre sexualidad desde edad preescolar.
10. Explíquenles la diferencia entre una expresión de cariño y una caricia sexual.
11. Escuchen sus dudas y respondan a sus preguntas con sencillez y serenidad.
12. Demuéstrenles confianza para que exista una mejor y mayor comunicación.
13. Depositen confianza en el/la niño/a si les comunica que podría estar en riesgo de ser abusado sexualmente, así se trate de su padre, su abuelo, un tío o una prima.
14. Estimulen y apoyen las actividades para la prevención en la escuela, la comunidad, la familia y hasta en la iglesia.
16. Apoyen los programas profesionales del sistema escolar local para la prevención.
17. No los obliguen a dar besos o abrazos a alguien si no quieren hacerlo. No importa que sea su padre o la abuelita Luchis. Lo máximo que se le puede solicitar a un niño es que trate a los otros con respeto, pero nunca que haga demostraciones solamente por contentar a dicha persona o al adulto que se lo indica.
18. Eviten que sus hijos/as guarden secretos, aunque sean “inocentes”. Hay que recordar que los agresores usan mucho el secretismo para conseguir su objetivo y para hacer que los menores no cuenten lo sucedido.
19. Aclárenle a las/os pequeñas/os que, aunque alguien los amenace con dañar a sus seres queridos si no hacen lo que ellos quieren, deben contar su vivencia y juntos, en familia, determinar de qué manera se van a proteger del delincuente.
En su página de Facebook, el Centro Terapéutico Infantil y Familiar, dedicado a la capacitación para la prevención del abuso sexual infantil, así como al abordaje terapéutico de supervivientes (con sede en Guadalajara), menciona algunas maneras para prevenir la violencia sexual: ayudar a los niños/as a asumir la responsabilidad de su propia sexualidad, a entender que ésta no se define por una pareja, los medios de comunicación, la publicidad, las modas, lo que hagan los/as otros/as, etcétera; hablarles sobre el consumo de drogas y alcohol, pues un gran porcentaje del abuso sexual es situacional; como padres o educadores, no participar en comportamientos sexistas ni generar estereotipos; compartir todo lo que se sabe acerca de los mitos y realidades de la violencia sexual; interrumpir bromas relacionadas con violación, violencia y abuso; apoyar a individuos y organizaciones que trabajen para poner fin a la violencia sexual; reconocer que ésta no terminará hasta que los adultos asuman su responsabilidad y se conviertan en parte de la solución.
Además, como dice Miguel Adame en su blog “Abuso Sexual Infantil ¡Nunca Más!”, necesitamos concientizar a los gobernantes, a los legisladores y a las organizaciones ciudadanas para subir a la agenda nacional la lucha contra el abuso sexual infantil.
Y ustedes, mis queridos lectores, tengan hijos o no (y me dirijo incluso a los más jóvenes, a quienes leen este espacio en pleno inicio de su vida erótica), ¿ya pensaron cómo pueden ayudar a prevenir el abuso sexual, cómo hacer viral esta información? Confío en que sí y se los agradezco.
Verónica Maza Bustamante
Facebook: La Doctora Verótika
@draverotika

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