jueves, 1 de septiembre de 2016

Hablemos de abuso sexual infantil.

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El abuso sexual contra los niños/as, sea quien sea que lo cometa, deja en ellos/as, profundas y dolorosas secuelas.


Al interior de la familia nuestros niños y niñas corren enormes peligros y por razones de edad, son vulnerables y dependen de sus abusadores, quienes en su mayoría son hombres. Y aunque se conocen más víctimas niñas que niños, ambos están expuestos/as a ser abusados/as, por su gran vulnerabilidad.

Las secuelas del abuso sexual pueden variar, dependiendo de la edad, características del abuso, edad de su inicio, vínculos con el abusador, la respuesta familiar y estatal, entre otras. Siempre es destructivo, deja secuelas a corto y largo plazo, las que intervienen en su sano desarrollo cognitivo, emocional y conductual.

Muchos de estos/as niños y niñas que fueron abusados/as sexualmente y cuyo desarrollo armónico fue impactado en todas las áreas, incluyendo la sexual, pueden repetir en forma reactiva el abuso sufrido y abusan sexualmente a otros/as niños/as. Así, hemos aprendido que los perpetradores del abuso sexual no son solo adultos o sólo hombres, sino también adolescentes, niños y niñas, que han perpetrado actos sexualmente abusivos contra otros/as niños/as.

Los/as niños/as reaccionan, procesan e integran su victimización según una gran cantidad de variables. Sus reacciones pueden ser obvias o estar ocultas, pero siempre se presentan. Algunas son transitorias y otras permanentes, y que sin intervención suelen durar toda la vida.

También nos fuimos encontrando con una realidad que históricamente habíamos negado y que no resulta menos preocupante: esta es la que niños y niñas que fueron abusados/as sexualmente pueden reproducir estos contactos abusivos en forma reactiva, cabe señalar, se convierten en abusadores/as de otros/as niños/as después que han sido víctimas por parte de otros/as niños/as, adolescentes o adultos/as. El abuso sexual reactivo se refiere a conductas sexuales abusivas hacia otros/as niños/as que han sido previamente abusados/as sexualmente.

La confirmación de que niños/as cometen conductas abusivas sexualmente contra otros/as menores no es por supuesto un asunto fácil de comprender y mucho menos de tratar. Aceptar que niños y niñas también abusan, ha creado una situación compleja.

Se entenderá que el comportamiento sexual inadecuado en niños/as es aquel que está dirigido hacia otros/as niños/as, ya sean hermanos/as u otros/as niños/as que compartan una residencia, compañeros/as de escuela o algún grupo, u otros/as niños/as en situaciones que no son recíprocas o exploratorias y que implican una diferencia de edad y/o poder (Batres 2003, Ballester Pierre ,1995).

Johnson en 1988, condujo una investigación con niños que abusan y encontró que el 49% fueron abusados previamente. Esto nos dice también que no todos los/as niños/as abusados/as sexualmente repiten la conducta. En cambio el estudio de niñas que abusan, que es menor que la de los niños, reportan que el 100% de las niñas estudiadas habían sido abusadas previamente.

Algunos autores como (Ryan y Lane, l997, Batres 1999) también toman en cuenta el factor poder y consideran que hay abuso, aunque se dé entre niños/as de la misma edad, cuando alguno tiene menos poder y esta situación se utiliza para forzar el abuso. Por ejemplo, el poder puede darlo el tamaño físico, o la pertenencia a una pandilla, la preferencia o credibilidad por parte de algún/a adulto/a, la posesión de mayores recursos económicos, hacer uno o varios eventos para ridiculizar públicamente a la futura víctima y amenazarla con repetirlo, entre muchas otras acciones.

Por esto, debemos continuar trabajando para suspender esta cadena y ya sabemos que entre más pronto intervengamos, mayores males futuros podrán detenerse. Porque hay reportes de que cuando estos/as niños/as llegan a la adolescencia y adultez, tendrán menos posibilidades de rehabilitación.

Es pertinente decir que no todos los/as niños/as abusados/as repiten la conducta sexual abusiva posteriormente. También que no todos los abusadores sexuales masculinos tienen como antecedentes el abuso sexual infantil. Tenemos que tener mucho cuidado de no ver a los abusadores sexuales adultos como víctimas. El abuso sexual perpetrado por adultos es un delito penal.

Es en la escuela en el lugar en donde puede ser más visible el fenómeno cuando la víctima le revela a su maestro/a. En la familia, la tendencia es callar el problema y considerarlo juego de niños/as. Especialmente cuando es un niño quien abusa, se le justifica como parte de su estereotipo masculino de género.

El tratamiento en grupo es el método más eficaz para tratar este tipo de casos aunque su filosofía y metodología también pueden funcionar en la terapia individual. Este tratamiento proporciona una oportunidad para interactuar con niños/as en las mismas circunstancias, y con esto se disminuye el sentimiento de vergüenza y ayuda a romper el secreto; lo que se adjunta a otros beneficios que impulsan a una recuperación positiva para sus participantes.

Si los niños/as que ingresaron al grupo o asistirán a terapia individual, por haber tocado sexualmente a otro niño o niña, han sido también victimizados, este segundo asunto deberá ser tratado después y no en la misma terapia. Esto porque hay otras víctimas, se dificulta el desarrollo de la empatía y la terapeuta puede sentirse muy ambivalente, lo que complica a los niños/as el proceso de asumir la responsabilidad. (Batres, 2003).

Directora*
Tomado de sitio web: http://www.giocondabatres.com
Habemosde.abusosexual@gmail.com

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