lunes, 23 de junio de 2008

REVICTIMAR


José Rubinstein
20-Jun-2008

Mi primer contacto con Miguel Adame ocurrió a fines de 2006 por medio de un correo en que en forma desgarradora me enteraba del drama que recientemente había sacudido la tranquilidad de su hogar: su hija de siete años había sido abusada por su abuelo materno.
Miguel, entre confuso, aturdido e indignado, fue postergando la correspondiente denuncia ante la autoridad, principalmente por el fundado temor de que la niña recibiera un daño mayor e incrementara su grado de traumatización al verse sometida al cuestionamiento de inescrupulosos elementos incapaces de proporcionar las garantías y el sutil trato profesional requerido. Evitar la revictimación.

La familia Adame optó por enviar a su hija con especialistas particulares en sicoterapia infantil y posteriormente la hicieron acudir al FEVIM —Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Relacionados con Actos de Violencia contra las Mujeres—, donde se le proporcionó una apreciada serie de sesiones de apoyo emocional.

Miguel, en su intranquilidad, inició una cruzada particular. Adentrándose en la legislación correspondiente al trato a menores de edad víctimas de abuso sexual, este humillado padre comprendió las causas por las que estos terribles sucesos raras veces llegan a ser denunciados. Las principales conclusiones descritas por Miguel son:

Las audiencias de desahogo de pruebas no se llevan a cabo a puerta cerrada y en un sitio apto para la tranquilidad de los menores denunciantes.

1. Las diligencias en materia de exploración médica, siquiátrica o ginecológica no son practicadas por personal especializado en el tratamiento de menores, lo que provoca un mayor trauma en la víctima al tener ésta que revivir los episodios de abuso y sufrimiento.

2.. Los repetidos peritajes atentan contra la integridad física, sicológica o emocional de la víctima.

3. El impacto emocional que produce a la víctima el verse confrontada con el agresor, a quien, además, debe identificar.

4. El fuerte impacto producido en infantes abusados sexualmente que, por su misma edad, son incapaces de comprender la trascendencia del suceso.

5. La experiencia agotadora del proceso de integración del expediente durante la averiguación previa, conduce a la revictimización.

Miguel emprendió —qué inocente— una campaña de correos dirigidos a asambleístas y senadores para intentar sensibilizarlos sobre la necesidad de reformar el Código de Procedimientos Penales del DF. Cero respuesta.

Sus personales circunstancias fueron convirtiendo a Miguel Adame en incómodo luchador social. La de por sí mermada condición económica de Miguel se agudizó en enero pasado por el robo ocurrido en su hogar, del cual sustrajeron la mayor parte de sus pertenencias. ¿Será coincidencia?

En la brega, Miguel coincidió con el asambleísta Agustín Castilla, inmerso en la misma temática. Ambos aglutinaron inquietudes compartidas, lo que dio por resultado la redacción de una iniciativa de ley tendiente a reformar el Código referido, misma que hace poco fue presentada ante la Asamblea Legislativa del DF, la cual tentativamente se discutirá en septiembre próximo, por lo que, en caso de que sea aprobada, el Distrito Federal tendrá un renovado y moderno Código de Procedimientos Penales.

De la iniciativa de ley aludida, anticipamos algunos puntos centrales:

1. Evitar el maltrato a menores víctimas de explotación sexual sometidos a métodos sicológicos y médicos al presentarse a declarar ante el Ministerio Público.

2. Utilizar métodos alternativos, como la videograbación, para registrar la declaración del menor durante las diligencias.

3. La audiencia de desahogo de pruebas deberá llevarse a puerta cerrada, en un sitio apropiado para menores y debe evitarse cualquier contacto visual con el inculpado, además de que la ampliación de declaración la pueda rendir el menor desde su casa, con el fin de garantizar su estabilidad emocional.

4. Posibilidad de oposición por parte de las víctimas a la repetición de peritajes que vayan en contra de su integridad física, sicológica y emocional.

A quienes sobrevivimos en el México de hoy, jungla de asfalto que sin reposo devora nuestra seguridad material e integridad física, nos causa infinita admiración la reacción de ciudadanos afectados que, en vez de amilanarse, responden con vital energía en defensa de la justicia.

Nombres como Eduardo Gallo, Isabel Miranda de Wallace, María Elena Morera, Miguel Adame, los que omito y los que vendrán, reivindican a una agraviada sociedad ajena a actos de maldad.
No revictimar a quienes ya fueron victimados.

jrubi80@hotmail.com
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