martes, 27 de octubre de 2009

LAS MUJERES Y EL ABUSO SEXUAL.


Cuando hablamos de abuso sexual, regularmente nos referimos a niñas, niños y adolescentes que viven esta situación, y abordamos el tema desde las afectaciones que genera el abuso, en sus vidas.
La otra cara de esto se produce luego que, las personas que viven abuso sexual siendo niñas, niños y adolescentes, crecen y se convierten en jóvenes y adultas/os que regularmente también llevan consigo la carga de la secuela traumática, misma que muchas veces se ve complejizada en el transcurso de su vida, por la continuación del abuso o por otros eventos violentos, como la violencia conyugal.
Son sobre todo mujeres jóvenes y adultas, quienes acuden en busca de apoyo, a la consulta psicológica; cuando sienten que ya no pueden más con las crisis, -aunque no pueden darle un nombre aún- o cuando asumen que es la hora de poder echar fuera el peso del recuerdo que les atormenta y que se encuentra en su mente, en su cuerpo, en su sexualidad, en su actitud ante la vida, es decir que sienten que les marca toda la vida.
Tomar la decisión de buscar una alternativa de atención no es fácil para las mujeres, sobre todo si tomamos en cuenta que, el abuso sexual que han vivido es para ellas “el secreto mejor guardado”, de tal forma que no solamente lo han mantenido en silencio por años, sino que han recurrido al mecanismo de la disociación para no recordarlo, para no sentir el dolor, el temor, la culpa, confusión y vergüenza por el abuso vivido.
También resulta difícil tomar la decisión de acudir a la consulta psicológica, porque la confianza que el abuso sexual ha quebrantado, les limita para considerar que es posible acudir a alguien para romper el silencio. En una correspondencia de desconfianzas, es el temor a no ser creída en la consulta, lo que igualmente le lleva a no creer en ese espacio.Sin embargo, desde que estamos hablando de abuso sexual en Nicaragua, cada vez más mujeres jóvenes y adultas están acudiendo en busca de apoyo para sanar sus heridas, con lo que demuestran toda la valentía que tienen para sobrevivir al abuso y para iniciar un proceso que les lleve a reconstruir sus vidas.
Casi siempre, en la primera sesión las mujeres muestran titubeos para llevar adelante un proceso que, cuando se los expongo, les resulta tortuoso y largo. Por lo regular se quedan para avanzar, otras prefieren tratar antes su situación de violencia conyugal o intrafamiliar; para luego tener mayor fortaleza para tratar el abuso sexual.Vivir el proceso terapéutico es una experiencia muy difícil, porque es tocar las heridas que el abuso ha dejado, aprender a reconocerse, a confiar en sí misma, a aceptar la cercanía de la niña o adolescente que fueron, y que a pesar de haber vivido el abuso, no dejó de ser niña. A pesar de esto muchas de ellas la sostienen hasta el final y aunque a veces algunas me han dicho “ya no quiero más… me quiero olvidar de todo y dejar esto atrás”, igualmente, toman la decisión de continuar en su proceso hasta concluirlo.
El proceso terapéutico trata siempre de promover la identificación de sus propias fortalezas, la recuperación de sus poderes; que le han sido expropiados por el abuso sexual. Una de las experiencias más asombrosas de tratar con sobrevivientes de abuso sexual, es como ellas mismas pueden conducir su proceso y definir hacia dónde ir en él, cuál es el ritmo que van a llevar de acuerdo con sus propias fortalezas, recursos y condiciones.Evaluar cada cierto período los avances, es un paso importante en su proceso, porque ellas mismas lo van asimilando como un factor de crecimiento, que les permite valorar los logros, las dificultades y limitaciones y sobre todo establecer claramente los cambios que son capaces de construir en ellas mismas.
Esto es algo que no sólo ellas piensan, sino que tienen como principal referente lo que dicen las personas a su alrededor, la familia, las amistades; cuando se refieren a estos cambios.A las que se retiran y dejan su proceso inconcluso, siempre les digo que no deben tomarlo como una acción de cobardía, ni de ser mujeres inútiles; en todo caso lo único que deben hacer es reflexionar sobre el paso que dieron al iniciar un proceso que luego pueden retomar con mayor fortaleza, cuando se sientan más preparadas para hacerlo.En algún momento, una de estas mujeres que ha concluido su proceso terapéutico, ha dicho: “ahora, cuando recuerdo cómo vine yo aquí por primera vez y todas esas primeras veces; puedo ver la diferencia en mi vida y me doy cuenta de cuánto he crecido y de cuantas cosas he sido capaz de superar, siento que he sido yo quien hizo esto,…eso me llena de satisfacción porque puedo ver la vida de otro modo”.

Lorna Norori Gutiérrez**Psicóloga.
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