lunes, 11 de enero de 2010

SENTIMIENTOS


El abuso sexual es una condición que viven niñas, niños y adolescentes, provocando secuelas traumáticas que pueden estar presentes en toda su vida, mientras no realizan su proceso de reconstrucción de vida.
Una de estas secuelas es la rabia, que presenta diferentes expresiones en la vida de las/os sobrevivientes. Muchas veces la rabia puede expresarse en forma de autoagresión. Como parte de la secuela, se ve mezclada con otras que llevan a mantener en un/a sobreviviente la inseguridad y el riesgo de forma permanente.

Para la familia que convive con un/a sobreviviente de abuso sexual, es muy difícil comprender el alcance de este sentimiento de rabia, muchas veces la refieren a “malacrianza”, o que “nada más quiere llamar la atención”, cuando son mujeres jóvenes y adultas se dice que “tiene mal carácter”, “es loca”.

Entender esto pasa por saber que son muchos los enojos derivados del abuso sexual. Primero consigo misma, están enojadas/os porque se consideran ineficientes pues “no pudieron detener el abuso”, porque nacieron “diferentes, raras”, o al sentir que fueron cómplices del abusador o que tenían una relación de mucho afecto con este.

Asimismo, asumen que su cuerpo es culpable por el abuso y se enojan con él, lo desvalorizan, lo rechazan y lo exponen a riesgos. Es particularmente esta condición la que conlleva muchas veces a que las/os sobrevivientes se automutilen --rallando su cuerpo con cuchillas, tijeras u objetos punzantes-- a que asuman que este cuerpo no sirve para nada y no es nada; por lo tanto no importa lo que le ocurra y se someten a diferentes riesgos y peligros, como el abuso de alcohol, drogas, fármacos. En este aspecto, los intentos suicidas y el suicidio son expresiones de autoagresión, de rabia.

La rabia que sienten hacia el abusador muchas veces está mezclada con el afecto, sobre todo si se trata de una persona muy cercana --padre, abuelo, tío-- que tergiversó el concepto del amor a partir del abuso; y si le enseñó que “así es como quieren los papás a sus niñas”; más aun si a esto le agregamos todo el aprendizaje religioso que manda a amar y honrar a padre y madre; o en otro caso a “respetar a los adultos” tan solo por ser grandes. Es así como la confusión y la impotencia se ven transformadas en rabia.

También, el abuso sexual genera el enojo hacia la madre; y éste a veces es más difícil de explicarse, aun para la sobreviviente. He visto sobrevivientes guardando mucho resentimiento hacia la madre por mucho tiempo.

Es en el proceso terapéutico que la sobreviviente llega a aclararse el por qué de esta rabia, identificando cómo se ha sentido traicionada por la madre. Por ser la pareja del abusador, por ser la hija del abusador, por haberla hecho hija de un abusador, porque no se dio cuenta del abuso, porque no la protegió, porque siente que ha estado abandonada por ella, porque no le creyó cuando habló del abuso sexual que estaba viviendo. Muchas veces, como parte de la estrategia del abusador, la rabia hacia la madre parte de las expresiones que él le hace a la sobreviviente, desvalorizando y hasta haciendo que ella se sienta en competencia con su propia madre. Procesar cada uno de estos enojos es muy complicado para un/a sobreviviente. Hace falta reconocerlos, sentirlos, a través de un proceso cognitivo-emocional, que les permita vivir esta rabia de una vez y centrarla sobre todo en el verdadero responsable del abuso: El abusador. Es entonces un proceso tan doloroso como necesario.

El sentimiento de rabia hacia sí mismas/os, les genera autoculpabilización y vergüenza por el abuso vivido. De tal forma que también se trata de desculpabilizar y de reconocerse como un/a niño/a que ha vivido una situación dolorosa y que por ello merece la compasión de sí mismo/a.

Al avanzar en el proceso terapéutico es posible dejar atrás la confusión afectiva, la autoculpabilización, la autoagresión y en la medida que el empoderamiento crece, tener mayor fortaleza para enfrentar esta rabia y echarla fuera de su vida.

En la medida que avanzan, también van reconociendo sus propias fortalezas –las que el abuso les había expropiado- también van ubicando el sentimiento de rabia en el/los abusador/es; reconociendo que el/los único/s responsable/s por el sufrimiento y el horror del abuso sexual son ellos, logrando que este sentimiento ya no esté mezclado con afecto, la confusión se va tornando en claridad.

De ninguna forma se trata de quedarse con la rabia para siempre. Se trata de llevar adelante ese proceso que le permita quedarse sin ella totalmente. De sentirse en paz consigo misma y con las personas a su alrededor. He visto sobrevivientes vivir estos momentos y con mucho dolor y valentía salir adelante, es muy hermoso sobre todo cuando dicen: Ahora ya me quité esa carga, ya no puedo sentir ese enojo, ahora he empezado a aceptarme y a quererme. Sé que tengo y que puedo cuidar de mí. Sobre todo estoy segura que merezco estar bien y ser feliz.
*Psicóloga
lornanorori@hotmail.com
Movimiento contra el Abuso Sexual: hablemosde.abusosexual@mail.com
yotecreo@gmail.com
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