jueves, 11 de marzo de 2010

Aprender a respirar

Piense en su secreto más escondido y doloroso. El que le hace sudar las manos y revolver el estómago cuando piensa en reconocerlo públicamente. El que intenta llevarse consigo a la tumba.

Las estadísticas son espeluznantes. Según el Departamento de Justicia de EE.UU., una de cada tres mujeres, y uno de cada seis hombres han sido violados sexualmente.

El abuso sexual infantil destruye muchos aspectos de la vida de las víctimas, pero para la mayoría de los sobrevivientes, los resultados más evidentes no se comparan con el daño interpersonal que puede durar hasta entrada la edad adulta. Ya se trate de un abuso cometido sólo una vez, o de un abuso mantenido durante largo tiempo, las consecuencias afectan toda la vida.

Atrapados en el silencio Relaciones saludables con otras personas es lo que nos lleva a experimentar sanidad. Sin embargo, como sobreviviente del abuso sexual infantil, entiendo los temores y las ansiedades que acompañan el tratar de tener amistades cercanas. Mi padrastro abusó de mí durante casi una década hasta que, cuando tuve catorce años, encontré el valor para contarlo a mi madre. A diferencia de muchos sobrevivientes que he conocido, tuve la suerte de tener una madre que me creyó e hizo todo lo posible para protegerme y pedir justicia. Pero una semana después de romper el silencio, mi padrastro se suicidó.

En un sentido, ya era libre; no tendría que enfrentar más sus humillaciones. Pude enterrar el pasado junto con él. Pero las heridas que dejó en mí no sanaron, sino que se infectaron silenciosamente. Por fuera, parecía la chica perfecta, estudiante excelente, deportista sobresaliente, reina de la escuela. Sin embargo, por dentro me estaba muriendo. Me sentía sucia, dañada, y sola, y tenía miedo de lo que otros pondrían pensar de mí si se hubieran enterado de la verdad. Me causaba temor la idea de tener amigos, y tenía problemas para confiar en los hombres.

Ahora sé que no estaba sola en este problema; muchas historias, aunque únicas, son igualmente dolorosas:

Rafael, quien había sido abusado sexualmente por su tío, sentía que nunca podría hablar de lo que pasó, o de cómo lo afectó. Aunque quería desesperadamente que sus padres notaran lo que estaba sucediendo y lo ayudaran, reprimió la ira que sentía hacia el hombre que lo lastimó, hacia sí mismo, y hacia sus padres. Bloqueado por el dolor y el odio, juró no volver a amar ni a confiar en nadie, para no recibir amor.

Estefanía fue abusada sexualmente por un primo; finalmente acudió a su abuela en busca de ayuda. Pero esta mujer no quería "arruinar el nombre de la familia" y le exigió que nunca más mencionara el asunto. Por tanto, Estefanía creció creyendo la mentira de que lo que su primo había hecho era culpa de ella; que no valía nada; que no merecía ser amada; y que sólo era buena para el sexo. Basada en esas falsas creencias, cayó en un ciclo de relaciones promiscuas, una tras otra.

El director de la escuela de Jennifer decidió no creerle cuando ella le dijo que había sido violada por el profesor de gimnasia, un entrenador muy prestigioso de la comunidad. Por tanto, Jennifer creció creyendo que no era lo suficientemente importante como para ser escuchada o protegida. El resultado fue que se aisló de los demás, y trató de ahogar su dolor en el alcohol y las drogas.

Puedo identificarme con estas historias porque yo también lo experimenté durante un tiempo. Aunque no me aislé exteriormente, no estaba dispuesta a dejar que los demás me conocieran a fondo, y nunca ablandé mi corazón lo suficiente, para no tener ningún tipo de relación emocional. Yo era una "chica fuerte" que nunca se permitía llorar. En realidad, no podía dejarle a nadie una puerta abierta para traer más dolor o engaño a mi vida. Pensaba que si podía separar mi corazón de los demás con una pared, nadie podría acercarse lo suficiente para hacerme daño. Ponerme una máscara de dureza, de perfeccionismo, y agradar a los demás de manera compulsiva, parecía ser la única manera de vencer mis temores y permanecer ilesa. Pero, al final, encontré que esta actitud sólo aumentaba mis temores, y me impedía encontrar la vida de libertad y las sanas relaciones que anhelaba.

Salir del escondite La confianza, y la comunicación abierta y sincera, es la base de todas las relaciones sanas. Pero cuando la vida se vuelve difícil, los sobrevivientes del abuso sexual infantil suelen dejar de comunicarse. Justo cuando más necesitamos relacionarnos con las personas que pueden apoyarnos, nos retiramos, nos cerramos, y tratamos de hacer las cosas por nosotros mismos. Las amistades sanas y confiables son el oxígeno de la vida que puede ayudarnos a soportar las dificultades; al aislarnos, damos un paso atrás en el camino hacia la recuperación.

A las personas compasivas en la vida de un sobreviviente, las llamo un "círculo de inspiración". Porque se interesan y nos inspiran, ellas insuflan nueva vida en nosotros al animarnos a dejar atrás mecanismos disfuncionales de supervivencia, y a abrazar otros nuevos.  Necesitamos muchísimo de un círculo así. Es nuestro hábitat para la sanidad, un lugar para hablar y escucharnos, para aprender y enseñar, para ayudar y ser ayudados, y para dar y recibir amor incondicional. Es donde podemos compartir nuestra historia, crear intimidad, y aprender la comunicación saludable.

Necesitamos amigos con los que podamos hablar de nuestras luchas de cada día. Sí, es amedrentador pensar en poner a la vista de los demás toda nuestra "basura" y todas nuestras cargas, pero nunca encontraremos verdadera libertad si lo guardamos todo adentro, y tratamos de resolver las cosas por nuestra cuenta.

Para liberarnos, debemos quitarnos las máscaras, salir del escondite, renunciar a las adicciones que hemos utilizado para sustituir las relaciones, y aprender a decir a los demás la verdad acerca de lo que hemos vivido.

Aprender a respirar Pero se necesitará de mucho valor para comenzar la búsqueda de su "círculo de la inspiración". A los niños víctimas de abusos se les dice una y otra vez que oculten su gran dolor. Aunque usted sea un adulto, su mente aún puede estar diciéndole que guarde silencio. Lo entiendo. Pero también sé que hay cosas que pueden ayudarle a superar su temor.

Primero, tenga en cuenta que valor no es la ausencia de temor; es la disposición de actuar frente al temor. Es lo que le permite contar su historia a pesar de su temor.

Segundo, tenga en cuenta que contar su historia a alguien de su confianza, puede ayudarle a reconstruir su vida.
Hablar con franqueza es el primer paso para que usted acepte el pasado, y destruya su poder sobre su vida. El hecho de haber mantenido oculto su secreto fue, para empezar, parte de la injusticia cometida contra usted. Encuentre a alguien de confianza que le escuche. Si es necesario, escriba primero su historia, y léala. Luego, a medida que tenga más valor, cuente su historia de nuevo. Cuando un secreto como ese sale a la luz, pierde el poder sobre usted.

Usted merece tener una vida sana, confiada, y unas relaciones prósperas. Recuerde que usted no es el pasado que ha soportado; fue algo que le hicieron a usted, que no tiene por qué caracterizarle por el resto de su vida.

Y si usted nunca ha sido una víctima, es probable que conozca a alguien que sí lo ha sido. Junto a nosotros hay cada día muchas personas que tienen mucho dolor escondido, y les daría un gran alivio al hablar de ello con una persona amiga que realmente las escuche. Todos tenemos un peso en nuestra vida, y muchos estamos esperando que alguien que se interese lo suficiente nos ayude dándonos un espacio seguro donde podamos depositar nuestras cargas y hablar de ellas. Podemos impactar profundamente la vida de los demás, cuando cada uno de nosotros elija romper el silencio.

por Nicole Braddock Bromley.
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