lunes, 12 de abril de 2010

Ahora comienzo a vivir.

En 2008 escribí un artículo en esta columna titulado “Desde mi experiencia en el camino de la Sanación” para ese entonces me planteé muchas metas, hoy con mucho orgullo y con mucha ayuda comparto lo que hasta este momento he logrado.

Después de un tiempo de haber transitado por este proceso de recuperación emocional del abuso vivido en mi infancia, comienzo a sentirme VIVA. Es casi increíble poder hoy por hoy levantarme por las mañanas con energía, ver que amaneció y sentirme descansada; es una total delicia. Hoy siento que la luz del día ya no equivale a la tortura vivida de tener que despegarme sin fuerza alguna de la cama para poder ir a clases hace algún tiempo o al trabajo en la actualidad.

Hoy siento la fuerza no sólo para levantarme de mi cama por las mañanas sino también para hablar, para hacerme oír; siento una energía cada vez fuerte, energía que seguramente antes ocupaba para sobrevivir. El liberarme de las “piedras o montañas” que cargaba me permite hoy sentirme más ligera, más creativa, más amorosa, más viva. Hoy soy capaz de hablar del Abuso Sexual que yo viví y no solo de la teoría que me enseñaron en la universidad, hoy soy capaz de alzar mi voz y defender mis derechos, desde pedir un trato justo en el bus que me traslada diario a Managua, hasta decidir sobre mi cuerpo.

El camino no ha sido nada fácil, más de una vez pensé que no iba a lograrlo, muchas veces me dije a mí misma que era mejor morirme, sobre todo cuando me permití sentir la tristeza, la rabia y el dolor profundo por lo que me hicieron cuando apenas tenía siete años. Me dolió recordar a la niña que le temía a la oscuridad, a la niña que se sintió sola, abandonada y traicionada por las personas que supuestamente la cuidarían, me costó aceptar que nadie estuvo ahí para defenderme ante los abusadores, me he permitido enojarme con mi mamá porque no estuvo ahí; estoy aceptando que ella hizo lo que pudo conmigo y que no me pudo dar lo que a ella tampoco le dieron: Cuidado, protección y seguridad.

A lo largo del tiempo he podido ver que el abuso sexual era parte de una lista de temas entre muchos por los que tuve que pasar (extrema pobreza, violencia intrafamiliar, familia numerosa en hacinamiento, alcoholismo paterno, antecedentes de abuso ocultos en las mujeres de mi familia por el secretismo cultural en el que vivimos).

Sólo se necesitó de dos personas para que me marcaran la vida de manera terrible, pero he necesitado del acompañamiento personal y profesional de varias para poder hoy estar viva, más de veinticinco personas y contando para poder recuperarme de esa vivencia oscura, muchas de esas personas me llenaron de su luz y de su amor por la vida, otras me tendieron la mano cuando me hundía en el fango del pasado del cual creía que no iba a salir.

También necesité, como ya dije, del acompañamiento profesional de mis terapeutas, su acompañamiento incondicional y humano ha sido crucial en este camino, su muestra de sensibilidad ante el tema, su escucha en momentos de crisis y profundo dolor son impagables.

En conjunto con las mujeres del grupo me permití reconocer las secuelas que nos dejó esta cruel experiencia, juntas nos hemos acompañado por este vía crucis; a través de la práctica de la danza y del juego he aprendido que mi cuerpo podía sentir, pude demostrarme afecto, en estos espacios aprendí a arrancar las malas hierbas que sembraron en mí y comencé a sembrar flores en este terreno desolado, todas estas personas, espacios y momentos me han permitido poco a poco confiar, sentirme segura y poner límites, lo que hasta hoy en día sigue siendo una lucha.

Hago un llamado público a las personas para que nos sigamos sensibilizando ante el tema, pero sobre todo para hacernos co-responsables de lo que nos toca asumir, no podemos seguir haciéndonos los ciegos, debemos hacer todo lo posible y más para seguir creando un mundo libre de abuso sexual.

A los hombres (incluyendo a los representantes de Dios en la tierra) a que repiensen su ser hombre, es responsabilidad de ustedes trabajar el tema entre ustedes mismos. El alcohol y la violencia ya no pude seguir siendo su escudo o su escape, necesitamos verdaderos hombres que comiencen a repensar su ser hombre, por dicha hay muchos que ya están comenzando a abrir sus ojos y su corazón.

A nuestros gobernantes, a que implementen y mejoren la protección a nuestros niños/as, no solo bastan las buenas intenciones, necesitamos mucho más que una pista de patinaje sobre hielo una vez al año.

Soy una sobreviviente de abuso sexual que está logrando salir adelante, que está comenzando a sentir su fuerza, no me voy a callar, no me voy a detener, esta lucha la seguiré librando, sé y siento que no estoy sola, esta vez no.

Georgina Molina Rivera
END - 20:14 - 11/04/2010
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