sábado, 23 de abril de 2011

LA TRAICIÓN FINAL LOS QUE MALTRATAN SEXUALMENTE (TERCERA PARTE)


NO PUEDO CASTIGARME BASTANTE

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En el capítulo anterior vimos cómo las víctimas de malos tratos físicos vuelven su dolor y su rabia contra sí mismas o, en algunos casos, contra terceros. Las víctimas del incesto tienden a seguir las pautas, liberando su rabia reprimida y su frustración no resuelta de muy diversas maneras.
La depresión es una respuesta muy común a los conflictos incestuosos, y puede ir desde un sentimiento general de tristeza hasta una inmovilización casi total.
Un número exagerado cíe víctimas del incesto, en particular mujeres, descuidan totalmente su peso cuando son adultas. Para la víctima, un exceso de peso sirve a dos importantes propósitos: 1) se imagina que así conseguirá mantener a distancia a los hombres; y 2) la masa corporal le crea una falsa ilusión de fuerza y poder. Muchas víctimas se aterrorizan cuando empiezan a perder peso, porque eso las hace sentir nuevamente desvalidas y vulnerables.
También los dolores de cabeza recurrentes son comunes entre las víctimas del incesto. Estos dolores no son una mera manifestación física de la rabia y la angustia reprimida, sino también una forma de auto castigo.
Muchas víctimas del incesto se pierden en las brumas del abuso del alcohol y de otras drogas. Esto les permite amortiguar de forma temporal sus sentimientos de pérdida y de vacío. Sin embargo, demorar así el enfrentamiento con el verdadero problema no hace más que prolongar el sufrimiento de la víctima.
Gran número de víctimas del incesto buscan también castigarse por mediación del mundo, sin más. Auto sabotean sus relaciones, buscando el castigo proveniente de los seres que aman. También en el trabajo se auto sabotean, buscando el castigo de colegas o empleadores. Algunas cometen crímenes violentos, para recibir el castigo de la sociedad. Otras se hacen prostitutas, para conseguir el castigo de chulos y rufianes… o incluso de Dios.

ESTA VEZ LA COSA IRÁ MEJOR

Hay una desconcertante paradoja en el hecho de que, por más dolorosa que haya sido su vida, gran cantidad de víctimas del incesto siguen manteniendo la fusión con sus padres. De éstos vino el dolor, pero las víctimas siguen esperando que ellos mismos lo alivien. A las víctimas adultas del incesto se les hace muy difícil renunciar al mito de la familia feliz.
Una de las herencias más poderosas del incesto es esa búsqueda interminable de la llave mágica que abre la tapa del cofre del tesoro: el amor y la aprobación de los padres. Esta búsqueda es, en el ámbito emocional, como unas arenas movedizas que se tragan a la víctima, hundiéndola en un sueño imposible e impidiéndole llevar adelante su vida.
Así lo resumió Liz:
Yo sigo pensando que algún día ellos se me acercarán a decirme: «Creemos que eres maravillosa, y te amamos tal como eres». Aunque sé que mi padrastro es un violador de niños, y aunque mi madre haya optado por él en vez de protegerme..., es como si yo necesitara conseguir que ellos me perdonen.


EL MIEMBRO MÁS SANO DE LA FAMILIA

Muchas personas se escandalizan cuando digo que las víctimas de incesto con quienes he trabajado generalmente, el miembro más sano de sus respectivas familias. Después de todo, las víctimas suelen tener los síntomas —autor recriminación, depresión, comportamientos destructivos, problemas sexuales, intentos de suicidio, abusos de drogas— en tanto que con frecuencia, visto desde afuera, el resto de la familia parece sano.


A pesar de ello, la víctima es quien, en última instancia, acostumbra tener la visión más clara de la verdad. A ella la obligaron a sacrificarse para encubrir la locura y el estrés imperantes en el sistema familiar. Durante toda su vida fue la portadora del secreto de la familia. Vivió con un tremendo dolor emocional para proteger el mito de la «buena» familia. Pero debido a tanto dolor y a tanto conflicto, la víctima es generalmente la primera en buscar ayuda. Sus padres, por otra parte, casi siempre se niegan a abandonar sus negaciones y sus defensas. O sea que se niegan a enfrentar la realidad.
Con el tratamiento, la mayoría de las víctimas pueden reivindicar su dignidad y su poder. Reconocer un problema y buscar ayuda no sólo es signo de salud, sino también de valor.

Tomado de Padres que Odian [Toxica Parente] de Sisan Forward y Craig B
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