domingo, 10 de julio de 2011

Asesinato del alma


PERU
Por Jorge Bruce
Fui invitado por la Asociación Solidaridad Países Emergentes (ASPEm) a comentar una investigación, realizada por Gina Arnillas, sobre “Factores de riesgo frente a la ocurrencia de abuso sexual a niños y niñas en barrios tugurizados de Lima Metropolitana”. Algunos datos duros. Se llama “colecho” a situaciones en las cuales adultos o adolescentes comparten la cama en la que duermen, con niños o niñas. En los cuatro AAHH en los que se realizó el trabajo –Virgen del Carmen, Bello Horizonte, Santa Isabel y Amauta 1– el promedio de quienes viven en colecho es del 70%.
Si a estas condiciones de hacinamiento crítico se añaden factores culturales e individuales, como el hábito de la violencia doméstica y el maltrato infantil, por un lado, así como personalidades impulsivas y poco integradas, por el otro, tenemos montado el escenario para la proliferación del abuso. Esto no ocurre solo en los estratos socioeconómicos más desfavorecidos. Los psicoterapeutas escuchamos historias de abuso sexual infantil en mujeres de diversos niveles sociales. Pero es obvio que en circunstancias como las mencionadas, fabricadas por la pobreza, la frecuencia y naturalización de este “asesinato del alma”, como lo llamó hoy mi colega brasileño Leopold Nosek, en un coloquio sobre Psicoanálisis y Libertad, son pavorosas.
Todo esto lo sabemos pero no lo pensamos. La razón es la inmensa angustia que estos hechos producen. Entonces los negamos, los desmentimos. Pretendemos que ocurre lejos, que no nos concierne. Pero es falso. La lejanía puede atenuar la angustia, en la medida que nos sentimos menos involucrados con esos actos de agresión y daño a una infancia desprotegida. No por eso es menos intolerable y vergonzosa. Además esto ocurre, en lo que a los limeños se refiere, en el corazón de Lima Metropolitana: los cerros de El Agustino. Sin embargo, muchos lo sentimos como si sucediera en una montaña tan distante que ni la divisamos.
Cuando te confrontas con los factores que están facilitando, mientras ustedes leen esta nota, que se abuse de niñas y niños en nuestras narices, no puedes evitar hacerte preguntas. ¿A qué se refiere el presidente García con ese alardeo incesante de la dramática disminución de la pobreza? Si esto es así, ¿por qué la mayoría de viviendas, en el medio de la ciudad, carecen de servicios elementales como un baño propio?, ¿por qué la privacidad es un lujo inaccesible para la mayoría de estos conciudadanos?
Esta situación escandalosa arroja una luz siniestra sobre la “gestión” de Alexis Humala en Rusia. Hemos elegido a su hermano para combatir el abandono de los más débiles. El daño que le hace al proyecto de Gana Perú, cuyo eje es la inclusión de gentes irónicamente llamadas urbano-marginales, dado que, en este caso, moran en el núcleo de la ciudad, es tremendo. La prueba es que a Alan García le parece bien. ¡Claro que no ve nada de malo! Más bien celebra que el futuro gobierno siga sus pasos, negando lo evidente, nepotismo incluido.
La investigación identifica 30 factores de riesgo y da recomendaciones viables. Por ejemplo, los abusadores suelen pertenecer al entorno familiar. Qué coincidencia: los corruptos también.
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