domingo, 11 de septiembre de 2011

Todo está en nuestra mente.



Una de las primeras verdades que aprendemos cuando nos conectamos con una filosofía de vida, es que no debemos preocuparnos por lo que no ha ocurrido y que, generalmente, imaginamos sucederá de la peor manera.

Si echamos una miradita a lo que sentimos en los últimos cinco años, seguramente descubriremos que pasamos gran parte de ese tiempo con preocupación, temor, ansiedad y pesimismo, siempre afectados por los cambios que afrontamos, los rumores, las noticias negativas y las experiencias difíciles que tuvimos. Pero lo cierto es que los vivimos y, de alguna manera, logramos afrontarlos y superarlos, con excepción de aquellas personas que todavía están atrapadas en la negación o en el sufrimiento que les causó lo que experimentaron.

Pero si en lugar de angustiarnos nos hubiésemos enfrentado a todas esas mismas experiencias con serenidad, valor, optimismo, confianza en nosotros y en la vida, con la disposición de buscar los recursos y las herramientas necesarias para afrontarlas y resolverlas, habríamos vivido durante ese tiempo sin tanto desgaste mental, emocional y físico.

He llegado a la conclusión de que debemos incorporar muchas de las verdades liberadoras que sabemos y que les recitamos a otros cuando creemos que necesitan de nuestros consejos, de manera que comencemos a tener una vida más satisfactoria, aun a pesar de los cambios, las dificultades y las situaciones inesperadas que puedan presentarse.

Todo está en nuestra mente, y con esto no quiero decir que imaginamos lo que nos sucede sino que somos nosotros quienes calificamos de difícil, terrible o imposible de resolver cada situación que experimentamos. Y esta calificación que le otorgamos es la que nos dificultad aceptarla, superarla y aprender de ellas, sin quedarnos resentidos y afectados.

Regrabemos el disco duro mental que tenemos, comencemos a volvernos más optimistas y positivos; reforcemos la confianza en nosotros y en la divinidad; seamos valientes, enfrentemos los temores que sentimos y convirtámoslos en aliados de nuestro crecimiento. Vivamos el presente, haciendo cuanto sea necesario para extender los buenos momentos, para relativizar los que no lo son y para superar las experiencias difíciles sin que nos marquen profundamente. Vinimos a aprender el amor en lugar del miedo.

Para tener presente:

•Muchas veces, somos nosotros quienes agravamos la situación al imaginar que las cosas sucederán de la peor manera. Debemos ser más realistas.

•Es importante ponernos en acción y buscar las herramientas, la información, los datos o las personas que puedan ayudarnos a solucionar la situación.

•Debemos tomar decisiones y convertirlas en una acción concreta.

•Dios siempre está allí para ayudarnos


MAYTE.
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