viernes, 25 de enero de 2013

Mis sentimientos hacia vosotros@s.Mis moustros


Esta es la carta que escribí hace unos años para leer en el juicio:

A estas alturas de mi vida puedo entender perfectamente bien lo que me hicisteis.
Lo he revivido una y otra vez en mis recuerdos, en mis sueños y cada vez que me altero al sentir que algún ser querido me toca de la misma manera en que lo hiciste tú o alguno de tus amig@s.
No he sido capaz de olvidar la sensación de impotencia y pánico que me invadía cuando escuchaba el sonido de tu cinturón desabrochándose ni tus palabras después de bajarte los pantalones: "Oye ¿te gustaría sentir esto dentro de ti?".En ese entonces tenía sólo 5,6,7,8,9,10 año que mas da..Difícilmente eran suficientes como para entender lo que me estabas proponiendo y obligando ha hacer.
A esa niña debió habérselo permitido crecer a su propio ritmo, decidir por sí misma qué cosas hacer, cómo y cuándo. Después de haber soportado vuestros abusos por 16 años pasó casi una década hasta que di mi primer beso. ¿OS dais cuenta de qué tan fuera de tiempo y lugar estuvisteis?

Me despojasteis de mi inocencia y de mi confianza y dejasteis un gran vacío en mí, que ni el amor de mi pareja, mi hermana y mis amigos ha podido llenar en su totalidad.
Me hiciste creer que el sexo es algo que los hombres necesitan y quieren tan desesperad-amente  que no les importa a quién tengan que herir para obtenerlo. Me hiciste sentir como que eso era la único que yo era capaz de hacer que realmente importaba.Fue bajo, por decir lo menos, cómo te aprovechaste de la situación familiar. Tuviste la agudeza de percibir que todos estarían demasiado ocupados con "cosas mayores"y con el miedo que les dabas como para darle la debida importancia a una persistente infección urinaria, a las incapacitan-tes jaquecas o al capricho de una niñita que rehusaba a comer. Te diste cuenta que nadie sabía leer las desesperadas señales que mi cuerpo enviaba y que nadie escuchaba mis silenciosos llama@s de auxilio. Incluso sabías que había quienes me celebraban el refugio que encontré en los libros y el estudio.
Aunque me lo advertiste y me amenazaste, tenías la certeza de que nunca hablaría. Conocías muy bien la cultura en la que estaba creciendo, una cultura en la que las heridas del alma se omiten, se niegan, se callan y se esconden, sobre todo si son provocadas por alguien de la misma familia. "La ropa sucia se lava en casa", escuché decir en varias ocasiones, y todo me indicaba que se debía siempre sufrir en silencio, sobre todo siendo mujer. Aún no entiendo si es por exagerado pudor o por orgullo, pero hasta el día de hoy me da la impresión que todos en la familia apuntan a aparentar un cierto "ideal", del cual irónicamente cada uno tiene su propia versión. Sea cual sea el caso, sabías que me pesaría la lealtad, la protección de la imagen de la familia, y que tendría grabado demasiado a fuego la sacralidad de esta unión como para siquiera despertar una sospecha de las aberraciones que fuiste capaz de hacer conmigo.
En este contexto supiste ganarte mi confianza y mi cariño, supiste hacerme sentir especial e importante para ti aun sintiendo MIEDO Y TERROR DE TI.
Con el dolor de mi alma, me atrevo a decir que al principio tus caricias me agradaron. Caricias que, con extrema delicadeza, fuiste degenerando de forma muy gradual, hasta hacerme hacer cosas horribles, muchas de las cuales hasta el día de hoy no logro ver balizar. En ese entonces yo era lo suficientemente ingenua como para pensar que nuestros encuentros eran casuales eran juegos normales a los cuales jugaba todo el mundo.
sin tener la menor consideración de lo que me causarías a MÍ, a la persona que había detrás de esa niña.
No paraste de hablarme, pero cuando comenzaste a tocarme ya no podía escuchar lo que me decías. Sólo quedaba una sensación extraña entre mis piernas. Recuerdo cómo me paralicé, cómo mi cuerpo no me respondía y cómo me "salía" de mi misma para mirar la aberrante escena como una espectadora.
Siempre me he preguntado qué tanto placer os pudisteis haber provocado con mi cuerpo de niña, con dimensiones de niña.
Pero las silenciosas lágrimas que derramaba de dolor al sentir que me moría al partirme en dos (tanto en cuerpo como en alma) nunca fueron para ti un impedimento ni una militante  No sólo me robaste a destiempo y brutalmente mi virginidad, sino que además me privaste del derecho a crecer y desarrollarme como una mujer "normal", sin la necesidad de reprimir deseos angustian-tes ni sentir culpa por sensaciones que vendría a descubrir años más tarde.
Cuando tus "sesiones" terminaban recuerdo cómo sentía mi corazón latir en mi garganta, cómo el dejo en mi boca me provocaba arcadas, y cómo entre mis piernas seguía sintiendo el ardor y el dolor que me provocaba la presencia de un objeto ajeno que ya no estaba.
Pero no fui yo quien os causó todo ese placer. No fui yo quien accedió a tocaros como me decías, a ponerme en las posiciones que me pedíais o a tragar lo que me indicabais en el momento en que se os antojaba era el miedo a las PALIZAS DE QUIEN SE HACIA LLAMAR PADRE,a la indiferencia y absoluta negación de todo lo que ocurría de quien creía era MI MADRE. Hice el ejercicio de desdoblarme quizás demasiadas veces hasta que llegué a do-minarlo a la perfección., una época de la vida de la que se supone uno tiene recuerdos auténtica mente felices.
Sin embargo mi memoria no ha sido tan generosa conmigo y no me ha dado toda la tregua que desearía. En este último tiempo he desenterrado muchos recuerdos, varios de los cuales habría preferido morir con la incertidumbre de que efectivamente ocurrieron. Y después de todos estos años estoy recién comenzando a entender esta disociación, y estoy recién aprendiendo a re conectarme con mi cuerpo. Pero a pesar de todos las sujeciones que tengo, el camino no se me ha hecho fácil.
En demasiadas ocasiones he puesto en riesgo mi integridad física en fallidos intentos de externado mi dolor y mi angustia sólo para quedar con el amargo sabor de la culpa y la vergüenza, las que muchas veces son seguidas por un miedo sobrecogedor al darme cuenta de lo que fui capaz de hacerme a mí misma.
A lo mejor tus juegos y tus regalos fueron tu manera de pagarme por lo que me hiciste.
Pero eso no puede quitarme la mancha con la que me condenasteis a vivir el resto de mis días. Siempre lo sentí y lo sigo sintiendo como una manera que tuviste de comprar mi silencio. Porque me cuesta creer que en todos estos años no has tenido ni siquiera un momento de lucidez. Pero siempre has sido cobarde, siempre te has refugiado en la dependencia del alcohol que tenias convencido al mundo que vivías, por desgracia cuando decidí romper mi secreto y hablar con mi madre ella no me escucho paso de mi simplemente me dijo: que ya lo sabia que era eso que le hacia yo para que te acostaras conmigo y no con ella y que era lo que le dábamos los niños del pueblo por que nuestra casa decía que parecía la guardería por un lado y la taberna por otro por la entidad de gente generalmente hombres que entraban y salían como le daba la gana,lo que mas me duele es que lo sabia,lo permitió y estoy convencida de que participo en ellos. Y ahora que el juicio esta cerca decido escribir esto y espero tener la fuerza suficiente para poder leerlo y que el jurado y el juez sean conscientes de lo importante de esta sentencia para todos los que por desgracia estamos implicados.
Han pasado muchos años desde la última vez que abusasteis de mí y, a pesar de todo, los recuerdos están más vivos que nunca en mi mente. Después de quince años, todavía me descompongo al entrar a la casa en que vivimos y no tienes idea de lo devastadores que han sido los efectos de lo que me hiciste tu y todos los demás muchos de los cuales ni siquiera podría reconocer, ha beis marcado mi vida para siempre y quizá jamas llegue a curarme o a superarlo por que eso siempre estará ahí.
Es un esfuerzo supremo el que debo hacer para asumir mi realidad y vivir en el presente, sin preguntarme cada mañana cómo habría sido mi vida sin vuestros abusos. Ha sido una eterna batalla el aceptarme con mi historia sin sentirme menoscabada, indigna y obligada a hacer cosas que la sociedad valore. Quizás como una forma de auto validar-me  me he obligado a vivir con un nivel enfermizo de auto exigencia  en un esclavizan-te camino hacia la inexistente perfección, en el que una pequeña equivocación me hace caer a pedazos internamente y me derrumba mi ya inestable mundo. Aún no logro perdonarme la hipocresía en que me obligabas a vivir.Mas aun conociendo que parte de la familia lo sabia,lo permitió y muchos participaron en ello, me vendisteis sexualmente sencillamente por dinero eso es realmente asqueroso.. El no sentirme preparada ni capaz de concebir y criar un hijo en esta etapa de mi vida es un problema que me acecha como una sombra y al cual aún ni siquiera he comenzado a hacerle frente.
Aunque no creo que os importe, mis sentimientos de culpa, de vergüenza y mis estigmas me imposibilitan el perdonarte.
Cómo siento el desgarro de mi corazón al traer a la luz tantos hechos que hasta ahora habían permanecido ocultos como fantasmas en los confines de mi mente, y que desde allí condicionaban mi diario actuar. Pero no quiero que penséis que lo hago por vosotros  si no lo hago x mi. Porque por vosotros no soy capaz de hacer absolutamente nada. Escribo esto por mí, en un intento de limpiar heridas que supuran desde hace ya demasiado tiempo, para mi liberación y sanación, para reconciliarme conmigo misma y, después de muchos años de negación, aceptar estas experiencias como mías en toda su dimensión.

N.

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