sábado, 24 de mayo de 2014

Abuso sexual infantil: Uno de cada cinco niños lo sufre en Occidente


Existen pocas cosas tan desagradables a la imaginación como un adulto en una actitud abiertamente sexual con un menor. Quizá por eso esto tipo de abusos suceden rodeados de silencio. Nos repugnan. No queremos pensarlo. Pero las cifras son abrumadoras: uno de cada cinco niños podría sufrir algún tipo de abuso según el estudio de ACE.
En España  existe un estudio de referencia en el año 1994 realizado por el doctor Félix López a instancias del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales que indica precisamente ese nivel de incidencia: un 20 por ciento. Estudios posteriores indicarían la prevalencia de estos niveles de abuso. "En nuestra fundación recibimos 700 demandas anuales relacionadas con un caso de abuso sexual", explica Vicki Bernadet, presidenta de la Fundación Vicki Bernadet, especializada en esta materia.
"Aún es una problemática escondida, llena de tabú y que necesita de la valentía de la sociedad para ser reconocida y enfrentada. Muchos testimonios dan la cara para que muchos otros tengan la oportunidad de pedir ayuda y para sensibilizar a la sociedad, pero ellos solos no pueden, el deber de proteger a nuestra infancia es de todos".
UN LIBRO PARA ROMPER ESTE SILENCIO
Precisamente con el objetivo de romper este silencio la fotoperiodista Lorena Ros se embarcó hace ocho años en el proyecto de Unspoken, un libro que recoge los retratos y testimonios de hombres y mujeres de España, Estados Unidos y México que han sufrido abusos sexuales durante su infancia por parte de familiares, personas de confianza, sacerdotes y miembros respetados de la comunidad.
"En 2005 estaba trabajando sobre situaciones de abuso depoder en países en vías de desarrollo cuando me di cuenta de que existía esta realidad, mucho más cercana". Dese entonces ha entrevistado y fotografiado 40 casos de abuso y, tras una larga labor de edición, ha seleccionado 19 para este libro. La mayoría es la primera vez que hablan públicamente de estos sucesos. "Ya no son víctimas, una vez que hablan de ello son supervivientes", precisa Ros.
Respecto a las situaciones en las que se producen estos abusos Bernadet explica que "en la mayoría de los casos se trata de un abuso que sucede dentro del entorno familiar o conocido,  por lo que el menor confía en esa persona y accede a los juegos que esta le propone. Pasado un tiempo, puede empezar a plantearse que aquellos juegos no están del todo bien, puesto que son un secreto, o llega alguna amenaza, o el menor va creciendo, etc. pero para entonces ya le han hecho sentir cómplice", explica Bernadet.
Ros, cuyo trabajo logró ya reconocimiento internacional con un World Press Photo en 2001, trata aquí de romper ese escudo de vergüenza y culpabilidad que esconde a las víctimas. El libro se estructura en una serie retratos junto con escenarios que tratan de interpretar la memoria de los testimonios. "A veces son los lugares reales... Otras es un olor". En todos los casos la fotógrafa ha consensudado el resultado con los protagonistas. Parques infantiles, baños, cuartos... El resultado es escalofriante.
¿QUÉ SE PUEDE HACER?
La Fundación Vicki Bernadet cree que el principal avance es precisamente romper el tabú existente en torno al problema. "Hablar de ello, que nuestro silencio no se convierta en el mejor aliado de los agresores. Con formación e información podemos estar prevenidos de cualquier situación de riesgo en la que nos podamos encontrar", dice.
Desde fuera en realidad es muy difícil identificar si un menor está siendo víctima de abusos. "Puede haber signos físicos, pero en la mayoría de los casos, la detección se realiza a través de la observación de cambios significativos en la conducta del niño/a sin motivación aparente. En los más pequeños pueden volver a orinarse en la cama, tener conductas o vocabulario no adecuado para su edad... también pueden retraerse, el miedo y la vergüenza puede hacer que se quieran hacer invisibles, pero también pueden adoptar conductas de riesgo para llamar la atención y reclamar ayuda".
En todo caso, Bernadet aconseja que en caso de sospecha se pida ayuda a algún profesional "y no presionar al niño, ya que puede darnos mensajes contradictorios porque no entiende lo que está ocurriendo".
Lorena Ros señala otra aspecto importante a revisar, que es la revisión de los castigos: "En España, dependiendo del tipo de abuso, el palzo puede ser de 15 años, con lo que un niño que sufre abuso a los diez años y a lo mejor se decide a denunciar a los 35, ya no puede".
ES POSIBLE SUPERARLO
A pesar de que las secuelas de una experiencia de abuso son muy importantes, Bernadet asegura que es posible superarlo. Eso sí, todo dependerá del apoyo familiar y social, el acceso a tratamientos psicológicos o el buen funcionamiento del proceso judicial: "Hay variables que dificultan y agravan las secuelas; el tipo de abuso, la duración, el vínculo con la figura abusadora, la edad de inicio del abuso, y el apoyo en el momento de la revelación".
Son muchos los adultos de que acuden a su organización porque los 'viejos' traumas resucitan cuando deben enfrentarse a situaciones como la maternidad, una nueva pareja o tener que cuidar de parientes mayores... A veces incluso cuidar del propio agresor. "Son comunes el trastorno de estrés post-traumático crónico, el trastorno límite, sintomatología ansioso-depresiva, ideas suicidas, consumo de tóxicos, etc.".
Por eso la prevención es clave.
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