domingo, 15 de febrero de 2015

¿Qué hacer si creemos que nuestro hijo/a está siendo abusado o si noslo cuenta?


El abuso sexual es una intromisión en el espacio vital y saludable del niño, que le impide crecer con confianza, despertar su cuerpo con naturalidad, abrirse a su propia sensualidad, a sus sentidos y a su disfrute. Estimula al niño cuando aún no está preparado física ni psicológicamente para gestionar la sexualidad y lo puede predisponer a seguir buscándola en otras personas, con el riesgo de ser gravemente dañado. El niño no conoce ni entiende lo que le están haciendo. En muchos casos, si no recibe el tratamiento adecuado, pueden quedar en él secuelas duras y difíciles de superar que van desde fracaso escolar, indefensión o baja autoestima, hasta depresión, alcoholismo, drogadicción, huida del hogar, autolesiones, enfermedades psicológicas e incluso tentativa de suicidio.

La forma de sanar el abuso depende de diversos factores: la personalidad del pequeño, el grado de agresión de que ha sido objeto el niño, su edad, de que lo pueda verbalizar, del apoyo que encuentre en su familia, de la cantidad de veces que ocurre, de la proximidad del abusador… En mi experiencia como psicóloga he visto cientos de casos y ninguno es igual a otro pero el denominador común es que, si se detecta en el momento en que está ocurriendo y se actúa de la forma adecuada, las secuelas pueden ser mínimas y sanarse con facilidad. Para ello hay que estar atento a las pequeñas informaciones o señales que nos da el niñ@ en el día a día y que son indicios de un posible abuso.

El niño puede verbalizar el abuso pero en la mayoría de los casos no lo cuenta con palabras sino con comportamientos: un niñ@ abusado puede mostrar antipatía -o incluso miedo y terror- hacia una persona determinada, puede mostrarnos heridas en sus genitales o molestias, estar más irascible, agresivo o deprimido, puede bajar las notas del colegio o mostrarse ausente. También puede tener juegos sexuales no normales para su edad o mostrar demasiada compulsividad y puede sufrir mucha ansiedad o angustia hacia ciertas actividades o formas que le recuerden el trauma. Los adultos podemos estar receptivos y observar estos síntomas con los que nos van contando lo que les sucede.

Cómo actuar

Cuando un niño verbaliza una situación de abuso es muy importante primero respirar profundamente para mantener la calma ante él o ella, decirle que le creemos y agradecerle que haya confiado en nosotros para contárnoslo. No debemos responsabilizarle ni culparle por ello y podemos decirle que gracias a él/ella vamos a intentar que no se lo haga a otros niños. No debemos asegurarle que le vamos a proteger y que nunca más le volverá a suceder ya que, en muchas ocasiones, no está en nuestras manos. Pero sí podemos asegurarles, en un lenguaje que entiendan, que vamos a ayudarles en todo lo que podamos o que vamos a hablar con el abusador para que sepa que lo que hace no está bien.

Si sospechamos que pueda estar siendo abusado debemos indagar con calma, enumerar lo que vemos e invitarle a contarnos cualquier cosa que no les haga sentir bien. Por ejemplo: “últimamente te estoy viendo más nerviosoveo que tus notas han bajadoparece que tienes más vergüenza o te escondesparece que no te apetece ya quedarte con esa persona”… ¿te pasa algo, quieres que hablemos de ello?” También podemos preguntarle: “¿te ha pasado algo?, o ¿hay algún problema que tengas con esta persona?. Si es así, me gustaría que me lo contaras…”

Probablemente el niño responda con frases como es que me hace cosas que no me gustan, o es que me obliga a cosas…”. En ese caso, conviene que los padres no adivinen” lo que sucede sino que hagan preguntas abiertas que no incluyan ninguna respuesta y le dejen tiempo para expresarse. Por ejemplo: “¿quieres contarme qué cosas te hace que no te gustan o a qué te obliga?. Si el pequeño sigue callando podemos animarle a hablar poniéndole ejemplos que no tengan que ver con el abuso sexual, como: “¿te obliga a andar mucho o a romper cosas?.

Los padres deben ser muy pacientes e invitar al niño a hablar, a que cuente con sus palabras lo que está ocurriendo. Es posible que diga cosas como es un secreto que no te puedo contarsi te lo cuento te vas a enfadar mucho conmigo“él se va a enfadar mucho conmigo” es que no te quiero preocupar…”

Lo cierto es que algunas veces los niños tratan de protegernos para que no suframos, por lo cual no nos quieren contar lo que ocurre. En ese caso hay tranquilizarle y asegurarle que nosotros vamos a quererle y apoyarle en cualquier circunstancia. Podemos enseñarle la diferencia entre los buenos y malos secretos, y que si ese secreto le está haciendo sentir mal tiene que contárnoslo, porque nosotros, que somos mayores, trataremos de encontrar la mejor solución o de buscar a alguien que nos ayude.

La forma en que el niño es escuchado y acogido es importante porque le hará ver que estamos ahí acompañándole sin presionarle ni juzgarle. Una vez hemos hablado con él o ella, podemos volver a decirle cosas como gracias cariñome alegro mucho que me lo hayas contadoestoy muy orgullosa de tiahora buscaremos una solución para que esto no siga ocurriendo…”. Hay que mostrarle lo orgullosos que estamos de él o ella por habérnoslo contado y recalcar el coraje y la fuerza que han tenido al contarnos lo que ocurre.

Por último, es importante no victimizar al pequeño ni transmitirle que es un hecho dramático, sino algo duro que puede superar. Es el momento de buscar ayuda profesional especializada que explore cómo se encuentra el niño o niña y que le ayude a superarlo de la mejor manera. También podemos llamar a una oficina de Protección de Menores y ellos se encargarán de hacer lo más conveniente para el niño. Si no podemos protegerle de futuros abusos, es especialmente importante buscar ayuda psicológica para ellos.

Margarita García Marqué
psicóloga clínica especialista en comunicación, autoestima, infancia y abuso sexual infantil.

Colaborador de la Red Hispanoamericana contra el abuso sexual infantil.

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