lunes, 11 de febrero de 2013

El abuso infanti:l la prevención Nunca esta de mas.




El abuso infantil se presenta cuando un adulto o adulta, una institución o la sociedad en general causa o amenaza con causar daño físico, emocional y psicológico a un niño o niña. Incluye el maltrato físico, emocional, psicológico, sexual, la negligencia y el abandono. Por lo que abordar esta problemática refleja el fracaso de una comunidad, que en general no es consciente o no quiere serlo de la traumatización que produce en la infancia el abuso y el maltrato.

El maltrato y el  abuso infantil es una temática que nos incluye a  todas las personas y a la sociedad en su conjunto, cuya base fundamental es el mal uso del poder que los adultos y  adultas ejercen sobre niños y niñas.

Abordar este drama significa insistir acerca de la traumatización que produce en la infancia el abuso, sobre todo aquello que se invisibiliza, pero que sus efectos larvados generalmente van a estallar en la adultez de las víctimas y probablemente los hijos e hijas de estas víctimas serán quienes paguen las consecuencias.

El maltrato emocional y psicológico está siempre presente en todo tipo de abuso y el daño provocado es proporcional a su invisibilidad y su naturalización. Es fundamental partir del hecho del disbalance de poder y la dependencia que existe entre un adulto y el niño o la niña  para entender el tema del abuso. Un niño, una niña no puede producirle daño alguno a un adulto, pero el adulto sí puede realizar lo que quiere con el niño o la niña debido a la dependencia existente.

La invisibilidad y la  naturalidad radica en el hecho de un sistema de creencias y teorías basadas en la educación tradicional, cuyo objetivo es romper la voluntad de los niños y niñas para convertirlos en seres dóciles y obedientes. Las técnicas para lograrlo están ampliamente detalladas  en los escritos pedagógicos de hace un poco más de dos centurias, escritas para inducir al condicionamiento temprano de la educación para la obediencia.


Alice Miller, en su libro "Por tu  propio bien", detalla en un estudio minucioso esta ideología, que llama "La pedagogía negra", o "los semilleros del odio", y da cuenta de los conceptos educativos en que fueron criados nuestros abuelos y padres, cuyas pautas fundamentales las resume en los siguientes puntos:

*Que los adultos son dueños y amos del niño o la niña dependiente 
*Que deciden como dioses, que es lo justo y lo injusto 
*Que su ira proviene de sus propios conflictos 
*Que el niño o la niña es responsable de ella 
*Que a los padres siempre hay que protegerlos 
*Que los sentimientos vivos de un niño, niña suponen un peligro para el adulto dominante 
*Que al niño hay que "quitarle su voluntad" lo antes posible 
*Que todo hay que hacerlo a una edad muy temprana para que el niño o la niña "no advierta nada y no pueda traicionar al adulto.

Esto se logra a partir de transmitir de generación en generación informaciones e ideas falsas como las siguientes:

*Que el sentimiento del deber engendra amor 
*Que se puede acabar con el odio mediante prohibiciones 
*Que los padres merecen respeto a priori, por ser padres 
*Que los niños y niñas, a priori, no merecen respeto alguno 
*Que la obediencia robustece 
*Que un alto grado de autoestima es perjudicial 
*Que la escasa autoestima conduce al altruismo 
*Que la ternura es perjudicial 
*Que atender las necesidades del niño, la niña es malo 
*Que la severidad y la frialdad constituyen una buena preparación para la vida 
*Que la gratitud fingida es mejor que la ingratitud honesta 
*Que la manera de ser es más importante que el ser 
*Que ni los padres ni Dios sobrevivirán a una afrenta 
*Que el cuerpo es algo sucio y repugnante 
*Que la intensidad de los sentimientos es perjudicial 
*Que los padres son seres inocentes libres de instintos 
*Que los padres siempre tienen razón

Si bien en la época actual no se expresan de manera tan desenfadada como lo hacían los educadores de aquellos años, estas ideas siguen presente de manera más sutil pero no menos eficaz en  el imaginario social.

Jorge Barudy, psiquiatra y terapeuta familiar de origen chileno que padeció la tortura y la cárcel de la dictadura de su País en la Década del 70, al exilarse a Bélgica se decidió al tratamiento e investigación con exilados de todas partes del mundo llegando a las siguientes conclusiones:

  • Primera. La violencia organizada y la tortura es un fenómeno mundial independiente de ideologías, religiones y razas de los que la ejercen.
  • Segunda.  La causa y la intensidad del sufrimiento de muchos de sus pacientes no solo se explicaba por sus experiencias traumáticas de persecución, cárcel, tortura y exilio, sino que además muchos de los sufrimientos de estas personas estaban en relación con abusos cometidos en su infancia. Observando que algunas de las familias que consultaban  funcionaban como verdaderas dictaduras familiares.
Lo que lo llevá a confirmar que en los dos tipos de violencia, la organizada y la familiar, se requieren por lo menos tres grupos de personas, donde la vida está amenazada y los derechos humanos pisoteados:

1º grupo: compuesto por los represores, torturadores, abusadores, maltratadores, etc 

2º grupo: conformado por las víctimas hombres, mujeres, niños y niñas perseguidos, encarcelados, torturados y exilados

3º grupo: constituido por los terceros, los otros, los instigadores, los ideólogos, los cómplices, pero también los pasivos, los indiferentes, los que no quieren saber o los que, sabiéndolo, no hacen nada para oponerse a estas situaciones y/o tratar de contribuir a crear las condiciones para un cambio

Tanto Barudy como Alice Miller coinciden en encontrar las raíces de la violencia organizada y la violencia familiar en el maltrato y el abuso sufrido en la infancia. Cuando la infancia, etapa  fundacional para una posterior salud adulta, es cercenada desde todo punto de vista, victimizada material, emocional, física y sexualmente, los resultados son múltiples y diversos en cuanto al daño psíquico de la criatura humana. Pudiendo preverse las respuestas de acuerdo a las características genéricas de su sexo.

Los factores socioeconómicos, socioculturales y psicosociales se interrelacionan entre sí para dar lugar a la producción y reproducción de relaciones interpersonales violentas, las cuales crecen en el seno de las familias, que funcionan como escuelas de formación de futuros sometimientos y subordinaciones, instalándose las raíces del odio en la construcción de las subjetividades.

  • - Verdaderos "semilleros de odio" son cultivados en estos hogares con estructuras jerárquicas, verticalistas y autoritarias que facilitan el abuso del poder impregnados en las prácticas  de sus miembros. En esta dinámica, se pone énfasis en los deberes de los subordinados y nunca en los derechos, por lo que la infancia crece en una oscura conciencia de sus capacidades y sus derechos.
  • - Se naturaliza y goza de alta estima la corrección mediante el golpe, la humillación, la denigración por parte de la autoridad, de igual manera que el respeto unidireccional de quién la imparte, anulando la posibilidad de defensa de  los más débiles.
  • - El entrenamiento en la obediencia sin crítica, sin la posibilidad de un estímulo reflexivo, anula la percepción del sí mismo, disminuyendo la autoestima y convirtiendo a sus miembros en adeptos incondicionales de la violencia.
  • - El antagonismo de géneros aprendido en la violencia de estos hogares condicionará a los varones a una masculinidad que asocian a la agresión, la conquista y el ejercicio de poder arbitrario con las mujeres y la niñez. La virilidad será expresada por la fuerza que manifiesta  el grito, el golpe, la violación.
  • - No sólo la identificación con la figura paterna lo llevará esas conductas, sino también las ansias de recuperar el poder perdido en la infancia a manos de sus progenitores, cuando los sentimientos de desolación y desamparo lo enfrentaban a la convicción de estar totalmente desprotegido
  • - Reviven ante su mujer y los niños que supuestamente están a su cargo "esa vulnerabilidad de sus primeros años de vida que no consiguen recordar, y sólo entonces, a la vista de esos seres humanos más débiles que ellos, se defienden brutalmente". [1].
  • - El colectivo masculino vela porque así suceda,  hay que demostrar que se es un hombre y para ser hombre se tiene que demostrar que no se es un niño, ni una mujer, ni un homosexual. La inseguridad y precariedad de esta identidad  hace que se busque desesperadamente una seguridad que solo encuentra en el sometimiento de otros seres.

Mientras en los hombres las consecuencias del maltrato vivido en la infancia va a proyectarse hacia afuera, en las mujeres, las graves injusticias y agresiones infligidas en la infancia tendrán otro destino en el futuro, dada la imposibilidad de defenderse y articular su rabia y su dolor.  Estas experiencias no podrán ser integradas en su personalidad y la hostilidad conciente o inconsciente se dirigirá contra sí misma, bien contra su cuerpo (somatizaciones crónicas, dipsomanías, drogadicciones, comer compulsivo o falta de apetito etc.) o hacia quienes consideran parte de ella misma, su descendencia.

"Un niño o niña que haya sido abusado no se convertirá en criminal o mentalmente enfermo si, por lo menos una vez en su vida, encuentra una persona que comprenda que no es el niño o la niña abusado/a e impotente quien está enfermo/a. sino su entorno. Hasta tal punto el conocimiento o la ignorancia de la sociedad (parientes, asistentes sociales, terapeutas, profesores, doctores, psiquiatras, funcionarios, enfermeras) pueden salvar o destrozar una vida".[2]

Los datos de investigaciones internacionales dan cuenta que uno de los principales problemas sociales es el abuso infantil

  • 95% de los abusadores infantiles fueron ellos mismos abusados durante su niñez. 
  • 80% de los que abusan de drogas y alcohol fueron abusados durante su niñez 
  • 80% de los niños que se fugan de sus casas citan al abuso como causa. 
  • 95% de las prostitutas fueron abusadas sexualmente. 
  • 78% de la población en las prisiones fueron también abusados durante su niñez.[3]

Los múltiples efectos del trauma de ser abusado/ a no sólo está en el hecho en sí mismo, sino en la baja autoestima y el pobre concepto que tenga de su persona, que lo deja en estado de vulnerabilidad, favoreciendo el riesgo de seguir siendo abusado con el sentimiento de culpabilidad que estos hechos producen.

Conociendo esto es fundamental que nos concienciemos de que tenemos que comprometernos, utilizando todas nuestras energías y todos nuestros recursos para prevenir, intervenir y tratar el abuso y la negligencia infantil de manera que las futuras generaciones tengan la oportunidad que merecen de lograr su potencial humano.

La agresión de la palabra y la humillación en frases como:"Sos un inútil" o "Nunca vas a llegar a nada", es un ataque al "sí-mismo" que impiden desarrollar su potencial humano y un sentido estable y positivo de quienes son. Por el contrario "esta vez lo has hecho muy bien" o "la próxima vez te saldrá mejor" aumentan la autoestima, sentimiento necesario para prevenir el daño de cualquier tipo de abuso. 


Pautas educativas para la prevención del abuso infantil [4]


1. LOGRAR QUE NIÑOS Y NIÑAS ADQUIERAN SEGURIDAD Y AUTOESTIMA

Hay un ejercicio que los padres y las madres, así como profesores y profesoras deberían hacer : anotar en un papel las veces que han reprendido por equivocaciones o acciones incorrectas. Si al final del día resulta que hubo más reprimenda que estímulos, tendrán que revisar sus métodos educativos. Se logra más estimulando un buen comportamiento que reprendiendo uno inadecuado.

2. EVITAR CUALQUIER AGRESIÓN FÍSICA COMO EL TIRÓN DE PELOS O LA CACHETADA

El castigo físico todavía goza de alta estima en nuestra sociedad utilizado como método para mejorar la conducta, sin embargo al niño o la niña educados en estas pautas le da la percepción de que otros pueden hacer uso de su cuerpo. Y si las personas que deben protegerlo agreden su cuerpo, entonces creerán que también pueden usar a los otros para lo que quieran.

3. MANEJAR COTIDIANAMENTE EL CONCEPTO DE DERECHO

De igual manera como enseñamos la importancia de la higiene para la salud, se debe trabajar los derechos del niño y la niña. Desde muy pequeños se darán cuenta que tienen derechos y no permitirán que el padre, la madre o los hermanos mayores abusen de ellos. Ejercer los derechos en familia es una práctica de respeto y democracia.


ABUSO SEXUAL INFANTIL

Este es un hecho en el cual un adulto, para su propia finalidad sexual, se aprovecha de la búsqueda de afecto y atención que todo niño o niña necesita, sin importarle que le pasa a la criatura.

La sexualidad adulta irrumpe de forma invasiva en el desarrollo psicosexual del niño o la niña sin que pueda resistir al avance del adulto, debido a su falta de conocimiento del significado social y de los efectos psicológicos de los encuentros sexuales. Perturbando la relación del niño o la niña con su cuerpo y el descubrimiento sano de su sexualidad.

Se hace necesario diferenciar entre abuso sexual llevado a cabo por un desconocido en el que generalmente el abusador goza sometiendo a su víctima por la fuerza y el terror, haciéndola sufrir, dónde puede estar presente la violación. Del abuso sexual llevado a cabo por un conocido o familiar donde existe un lazo afectivo al que se llama incesto.

"El factor que determina que el abuso sexual sea considerado como incesto es la violación del vínculo de confianza." [5]

Sabemos que la prevalencia es mayor en los último  caso donde generalmente se inicia un proceso que puede durar años, donde el abusador manipula la confianza y el afecto y el vínculo de  la  criatura realizando hechos que van desde el manoseo de los genitales, obligar a la masturbación, relaciones buco-genitales, hasta la penetración.

A diferencia del abuso físico, donde las experiencias extremas son el dolor, el miedo y la impotencia, las experiencias extremas en el caso de abuso sexual son el goce sexual, la manipulación de los lazos afectivos, un discurso culpabilizante, así como la obligación del silencio y el secreto.


Pautas específicas de prevención del abuso sexual infantil [6]


1. RESPETO POR EL CUERPO

La idea de "mi cuerpo es mi territorio" debe ser un lema para niñas y niños. "Es mi territorio y nadie lo toca sin mi permiso" .

2. IDENTIFICAR LAS PARTES ÍNTIMAS DEL CUERPO

3. RECONOCER DIFERENTES TIPOS DE CARICIAS

Se recomienda enseñarles a niños y niñas:

*Tu cuerpo es tuyo 
*Tienes derecho a decir quién te acaricia y como te acaricia. 
*Si alguien te acaricia de una forma que no te gusta y te hace sentir raro o rara es correcto decir "no" 
*Desconfía si alguien te hace una caricia y te dice que no le cuentes a nadie 
*Si te dicen que mantengas el secreto, no lo aceptes y dí "yo lo voy a decir"

4. APRENDER A DECIR QUE NO

La idea de respeto a las personas mayores no debe confundirse con incondicionalidad hacia ellos, porque puede generar la idea de que los menores están al servicio de los adultos.

5- SABER QUE HAY SECRETOS QUE NO PUEDEN QUEDAR GUARDADOS

Los niños y las niñas deben saber que la mayoría de las personas de su entorno, los aman y los protegen, pero también deben saber que entre esas personas hay algunas que tienen comportamientos abusivos y que a veces quieren jugar con sus partes íntimas y después pedirles que no cuenten nada. Esto se tiene que contar cuantas veces sea necesario hasta que alguien lo ayude.

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1. Alice Miller, "Por tu propio bien, raíces de la violencia en la educación del niño/a", Tusquets Editores, Barcelona, 1992, 2ª edición

2. Miller, Alice."Por tu propio bien", Tusquet Editores. 2ª edición, 1992, Barcelona

3. Fondo Mundial para la Dignidad de niños y niñas.

4. Adaptado de  Susana Galdos Silva, "Mi cuerpo es mi territorio", Pautas de Prevención del abuso sexual hacia los niños y niñas. Movimiento Manuela Ramos, 1995

5. Laura E. Asturias: "El abuso sexual y el incesto", 1995, Guatemala

6. Adaptado de Susana Galdos Silva,  obra citada

Fuente: malostratos.com 

El abuso infantil es la primera causa de la esquizofrenia


Nuevas investigaciones confirman la importancia de los factores sociales en la génesis de la enfermedad

Dos tercios de los pacientes que sufren esquizofrenia han padecido abuso físico o sexual durante su infancia o en la edad adulta, han descubierto investigadores de Inglaterra y Nueva Zelanda comparando los resultados de más de 50 estudios sobre pacientes psicóticos. Esto significa que los traumas constituyen la primera causa de aparición de la psicosis, por lo que los tratamientos no deben limitarse sólo a la medicación. Al conocimiento profundo de la historia de cada paciente debería dársele la misma importancia que a las diferencias cerebrales –que también pueden ser producidas por el trauma-, para afrontar el problema desde una mayor amplitud de miras, no estigmatizar a los pacientes y potenciar los programas de prevención de abusos y malos tratos.

Entre los días 12 a 16 de junio se celebró en Madrid el XV Congreso Internacional para la Psicoterapia de la Esquizofrenia y otras Psicosis, organizado por la ISPS (la Sociedad Internacional para el Tratamiento de la Esquizofrenia y otras Psicosis). Este congreso, tal como se explica en las correspondientes actas, convocó a una serie de expertos con la finalidad de abrir un foro sobre las nuevas visiones acerca de la esquizofrenia de otros trastornos psicóticos, así como los programas psicoterapéuticos y psicosociales más amplios, completos y eficaces para el tratamiento de estas enfermedades.En este congreso, los investigadores Paul Hammersley, de la University of Manchester y John Read, de la New Zealand Psychological Society, señalaron que un gran número de estudios realizados no han dejado lugar a dudas de que el abuso infantil puede producir esquizofrenia. Hammersley había anticiopado en 2003, mediante un artículo publicado en British Journal of Psychiatry, un informe preliminar de sus investigaciones.En su comunicación ante el congreso, John Read señaló que las intervenciones clínicas deberían conceder al menos la misma importancia al tratamiento de las secuelas de factores sociales, tales como la pobreza y el trauma, que a las intervenciones químicas y eléctricas. Asimismo, que la incidencia de la psicosis puede reducirse a través de programas similares a los dirigidos a la prevención primaria de la depresión, el suicidio, etc.Añade John Read finalmente que la premisa según la cual la identificación de diferencias cerebrales automáticamente implicaría la primacía biogenética en la etiología de la psicosis, resulta inadecuada, dado que el ambiente puede causar dichas diferencias cerebrales.Para ambos investigadores, estas conclusiones pueden considerarse un “terremoto” que cambiará radicalmente la profesión psiquiátrica. Los especialistas deben dejar de lado la visión simplista del paradigma de la biogenética y dar igual importancia en el desarrollo de la enfermedad a los traumas sufridos en la infancia y en la vida adulta, que contribuirían de forma directa e indirecta a la etiología de los síntomas característicos de la esquizofrenia.La Universidad de Manchester también ha hecho público un comunicado sobre los trabajos de ambos investigadores en el que señala que 40 estudios consultados revelaron que los abusos físicos a adultos o niños se hallan en el historial de la mayoría de los pacientes con problemas psiquiátricos. Además, el examen de otros 13 estudios realizados a esquizofrénicos demostraron que éstos habían sufrido algún tipo de abuso en un porcentaje que iba del 51 al 97%.
La genética no es determinante
Hammersley y Read señalan que los profesionales deben saber que dos tercios de las personas diagnosticadas con esquizofrenia han sufrido abusos físicos o sexuales durante la infancia, lo que convierte el abuso en la mayor causa de la enfermedad. De hecho, aseguran, muchos de los síntomas de la esquizofrenia tienen su origen en el trauma y en sus síntomas post-estrés.
Evidentemente, ni todos los esquizofrénicos han padecido abusos ni todos aquellos que sufrieron abusos durante la infancia desarrollan la enfermedad. Es cierto que los genes juegan un papel, pero las evidencias muestran que por sí solos no causan la enfermedad, aseguran los expertos.
En un estudio reciente se comparó a 56 niños adoptados cuyas madres biológicas eran esquizofrénicas, con 96 niños adoptados cuyos padres biológicos no sufrían esta enfermedad. Las familias fueron observadas durante la crianza de los hijos adoptados, y los niños, al convertirse en adultos, fueron evaluados psiquiátricamente. Se descubrió que un riesgo genético combinado con un cuidado deficiente durante el crecimiento puede hacer que se desarrolle la esquizofrenia, pero que la tendencia genética por sí sola no condena a la enfermedad.
Los investigadores señalaron por tanto que si los pacientes creen que su enfermedad es un destino genético irrevocable que requiere soluciones físicas, aceptarán rápidamente la prescripción de medicamentos para la esquizofrenia, cuando quizá necesiten otro tipo de tratamiento. Sin embargo, señalaron que el componente genético, una vez desarrollada la enfermedad, sí aumenta las dificultades de recuperación.
Amplitud de miras
Según Hammersley, no es que se pretenda echar la culpa de todo a las familias, al trato que reciben los hijos durante la infancia, pero lo cierto es que sus investigaciones, así como su trabajo con la organización británicaHearing Voices Network, de ayuda a las personas que oyen voces en su cabeza, ha puesto de relieve que la experiencia de oír voces dentro de la cabeza –uno de los síntomas de la esquizofrenia- suele estar asociado con traumas infantiles. Los profesionales deben darse cuenta, dice Hammersley, de que el abuso en niños produce un gran número de adultos psicóticos.
El doctor Read señala asimismo que este hecho debería ser contemplado de manera general en los centros de atención a enfermos esquizofrénicos o psicóticos. Se debe investigar y preguntar a los pacientes si ha habido abusos en sus vidas, no se deben recetar automáticamente –sin estudiar cada caso a fondo- medicamentos anti-psicosis, y las terapias psicológicas deben ofrecerse más a menudo.
Proponen por tanto que las intervenciones clínicas concedan la misma importancia al reconocimiento y al tratamiento de las secuelas de dichos traumas que a las intervenciones químicas (con medicinas específicas). Y, sobre todo, que se tenga en cuenta que la incidencia de la psicosis podría reducirse a través de programas de prevención del abuso y el maltrato.
Asimismo, señalan que la premisa de que la diferenciación cerebral –es decir, que haya una predeterminación biológica para la enfermedad- es la causa irrevocable de la esquizofrénica es falsa, puesto que se ha demostrado que los traumas infantiles pueden producir dicha diferenciación.
Daños en el hipocampo, anomalías en los sistemas neurotransmisores (especialmente el de la dopamina, relacionada con las emociones) o atrofia cerebral son algunas de ellas. Por tanto, hay que tener en cuenta sin lugar a dudas el papel del trauma en los diagnósticos, y dejar de lado los tratamientos puramente químicos y descontextualizados, ajenos a la vida de cada paciente.
Cada vez se extiende más entre la comunidad médica la convicción de que la enfermedad guarda estrechas relaciones con el entorno familiar y social de los pacientes. Tal como explicamos en otro artículo, según la Asociación Americana de Psiquiatría las relaciones familiares forman parte de la génesis de algunas enfermedades, lo que demanda una terapia combinada de medicamentos y relaciones familiares para el tratamiento de la depresión o la ansiedad.
Fuente: Tendencias 21

domingo, 10 de febrero de 2013

Cifras del abuso sexual en la niñez

Argentina:

Por Eva Giberti

Cuando escribo una nota en Página/12 es habitual que algún periodista me llame por teléfono para comentarla o que un conductor de televisión me convoque para hablar del tema, porque el periodismo diagnostica qué le interesa al público. Y a veces prefieren ampliar una información. Cuando durante el verano del año 2012 publiqué un artículo con el mismo argumento que ahora retomo con otros datos, el silencio fue absoluto. Ni llamados, ni comentarios. Me pareció significativo porque los detalles de los ataques a niños y a niñas son abrumadores: tal vez no sean las mejores lecturas durante las vacaciones. En esos meses, más allá de los temas que inevitablemente sacuden al ciudadano, tal vez sea preferible no enterarse de que en la ciudad de Buenos Aires han aumentado las denuncias por abuso sexual y violaciones contra niños y niñas.

Alcanza con mirar las cifras y compararlas. La historia que produce estos datos comienza así: adultos que llegan a las comisarías acompañados por sus hijos o hijas para denunciar abusos y violaciones, o personas que nos llaman por teléfono al 137 porque sospechan que algo de ese orden sucede en una determinada casa del barrio.

En otras oportunidades, cuando un equipo móvil del Programa Las Víctimas contra las Violencias del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos ingresa en el domicilio de una víctima de violencia familiar, ella misma, durante el extenso diálogo nos cuenta qué es lo que sucede con sus hijos. Pero no quiere denunciar al compañero.

En esas circunstancias nosotras solicitamos la intervención judicial como protección integral de la criatura en cumplimiento de la ley.

Habitualmente estamos invitadas por las instituciones de las provincias para dictar cursos de sensibilización y entrenamiento; conversamos con los colegas y leemos los periódicos de la región; los titulares referidos al abuso y a las violaciones de niños y niñas siempre se subrayan, si se ha desatado un escándalo. De lo contrario, se silencia la proporción de víctimas que paulatinamente descubrimos.

Los informes que llegan desde otros países coinciden con significativa exactitud: la victimización sexual de niños y niñas es un dato de aparición permanente.

Del asombro y la indignación que conduce a preguntar: “¿No se puede hacer algo?”, nos deslizamos hacia una naturalización conformista de los hechos. La diferencia reside en quienes piensan que denunciar es lo correcto y lo beneficioso para las víctimas. La denuncia es terapéutica si se acompaña con soportes psicológicos a cargo de personal entrenado. Si encontramos a dichos profesionales y el diagnóstico confirma los dichos de la víctima surge la intervención judicial. Inútil repetir lo sabido: la tendencia es no creerles a los niños y niñas.

Si la Presidenta avanzó con la necesidad de democratizar la Justicia, este ejercicio, en lo mínimo que yo estoy profesionalmente autorizada a opinar, podría incluir a aquellos magistrados que defienden prejuicios, ignorancias y perversidades. Niños y niñas serán beneficiarios por el cambio de mentalidad de los jueces que no les creen o que calculan que lo sucedido no es grave, porque “los chicos se olvidan y no vamos a estropearle la vida al padre con una sentencia desfavorable...”

Los datos que enuncio constituyen un segmento de lo que les sucede a las víctimas de estas cifras. Porque es preciso considerar que, con frecuencia, los chicos se sienten culpables por describir lo que padres y abuelos “les hacen”, es decir, sufren a posteriori de haber contado lo que sucedía. Comenzaron a padecer mientras eran victimizados y sobrellevaban el silencio obligados por las amenazas.

Poner el acento en el delito, que es lo que implica la exposición de estas estadísticas, no puede visibilizar el martirio que las víctimas se producen a sí mismas mediante el sentimiento de culpa y la vergüenza. Las horas interminables de no entender a pesar de saber que “les están haciendo mal”, las noches revueltas en sus camas, titubeando, confundidos y percibiendo que son víctimas pero carentes de las palabras referenciales para describírselo a sí mismos. Una criatura de seis años no se explica los hechos con la misma lógica de un adulto. Sus procesos cognitivos responden a otras lógicas y los miedos arrasan un psiquismo que inútilmente busca entender. O avanzan en la negación masiva de lo que les sucede y las imágenes de lo vivido se entierran en el cuerpo que se trastorna, se enferman “de la conducta”; y su casa, que debía ser un entorno asegurador, se convierte en una trampa silenciosa. Allí está el familiar incestuoso o el acosador. La criatura titubea hora tras hora antes de hablar. En oportunidades apenas pueden recordar.

El daño que producen estos delitos no está descripto en el Código Penal; allí solamente se acumulan pruebas que los adultos se ocupan de tergiversar o esconder. Algunos magistrados prefieren opinar: “La madre llenó la cabeza de la niña con mentiras”, como si niños y niñas fueran títeres. Las víctimas a veces dibujan con claridad meridiana escenas suficientemente explícitas. Entonces surgen aquellos que contestan “me consta que hay falsas denuncias”, afirmación de jueces o profesionales. Los organismos internacionales que se desgañitan reclamando por estas víctimas viven distraídos y no se han dado cuenta de que están siendo trampeados por madres malevolentes para ganar la tenencia de los hijos en un divorcio.

Ese daño no se limita a quienes conviven con las víctimas o están en sus cercanías. Es el daño simbólico que las organizaciones familiares y la comunidad comparten mediante la indiferencia, porque se han acostumbrado a estas prácticas que no son fenómenos específicamente argentinos.

La estrategia exitosa del violador o abusador se desmorona cuando alguien se presenta en una comisaría o una fiscalía con la víctima, sin imaginar el padecimiento que continuará cuando el niño o la niña advierten que han “traicionado” a su papá o a su abuelo o a otro familiar o al vecino que cuidaba a la nena mientras la mamá trabajaba fuera de su casa. Y empieza a comprender que lo que le sucedió lo convierte en alguien distinto, por las preguntas que le hacen, por los comentarios de los familiares y los de la escuela.

¿Pueden superarse estas experiencias? A veces. No siempre.

Este texto no se limita a mostrar detalles que evidencian cuáles son los abusos y violaciones, pone en superficie una dimensión que la violencia familiar ya había demostrado: la familia puede ser una zona peligrosa para aquellos cuya edad les impide prescindir de ella. Los que huyen eligen otro camino, no necesariamente el mejor.

En esta publicación las estadísticas no están clasificadas por género. Si exceptuamos el ataque a la zona vaginal que denota a la niña, todas las otras prácticas se les dedican también a los niños; los ataques a las niñas tienen matices propios. Ambos son fusibles para satisfacer el abuso de poder y la sexualidad de los adultos.

Estos números sólo son cifras que describen delitos sexuales contra víctimas de cero hasta los 18 años. En su mayoría se producen dentro de sus familias. Entonces ¿a quiénes tenemos que apelar para evitarles abusos y violaciones?


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jueves, 7 de febrero de 2013

Mi historia!


Aquello que cambio drásticamente mi manera de ver la vida, mi manera de pensar y hasta mi manera de soñar...es curioso porque los seres humanos tenemos la creencia de que nos pueden arrebatar todo!, menos nuestros sueños...jaja, suena irónico, pero a mi me paso, El Abuso Sexual en el que me obligaron a vivir transformo hasta mi manera de soñar, y como no, si fueron casi cuatro años, día tras día sintiendo que cada día tenia menos sentido, pensando que un día todo se iba a acabar, que ilusa... 

Mi "caos" empezó cuando tan solo tenia 6 años y duro casi hasta mis 9, no se como empezó, no entiendo aun porque me paso, recuerdo que mientras jugaba con mis otros hermanos, el me tomaba de la mano y me conducía hasta mi cuarto, me recostaba en la cama, levantaba mi vestido y me quitaba la ropa interior, (hoy 14 años después aun siento el nudo en la garganta, las manos me sudan, la respiración se agita y hasta tengo la sensación de desvanecerme) , eran momentos horribles, aun me generan incomodidad, a veces me pregunto porque simplemente no huí  no me fui de ese lugar, a veces intento darme consuelo porque pensé por muchos años que "eso" era normal, que debía pasarme y ya, y es que como pensar otra cosa, como tan siquiera llegar a imaginar que era abuso, si era mi hermano el que me hacia vivir "eso", a veces me odio tanto...me odio porque en muchas ocasiones mi cuerpo respondió a sus caricias, a veces preguntaba si me hacia daño, (llegue a creer que realmente le importaba lastimarme) siempre respondía que NO!, no entiendo porque jamás grite, porque jamás hice nada, se suponía que era el quien debía cuidarme..

Lo mas doloroso no fue todo lo que me paso, sino todo lo que daño en mi!, todo lo que cambio, a los 7 años empecé a refugiarme en los libros, tenia la mejor ortografía del salón, me encantaba leer, los libros eran como mi refugio, mi manera de escaparme de todo, mi casa sin duda alguna ya era el lugar mas seguro, se rompieron fibras tan pequeñas dentro de mi, la relación con mis padres fue desastrosa, mi papi poca o ninguna autoridad representaba, mi mami solía realizar viajes por su trabajo y entonces casi no la veía, con excepción de algunos fines de semana, pero tampoco se interesaba mucho por estar presente en calidad, (se acostumbro a estar fuera de casa y llegaba a desesperarse cuando tenia que pasar mucho tiempo allí) a veces parecía que no sabia como lidiar con nosotros, parecía que no podía ni con ella misma y eso me indignaba porque pensaba que si no era capaz con ella, no iba a serlo con nosotros, mi mami generalmente fue machista, y siempre abogaba por mis hermanos, no nos dio mala vida, no nos maltrato, nunca tuvimos padrastro, por el contrario ella a su manera asumió la aventura de ser Madre y Padre y nos dio siempre todo lo necesario (materialmente hablando), pero en su afán se olvido de lo mas importante....Ser Mamá!, y renuncio a muchas ocasiones importantes de mi vida, nunca di mayor trabajo así que no había porque darme tanta atención...hasta hace unos meses siempre la odie, imagine en muchas ocasiones que sabia lo que me sucedía y que no le importaba, pensé por mucho tiempo que siempre se quedo callada por no quitarle el comodín a su niño.....

ANONIMO

miércoles, 30 de enero de 2013

Tiempo.




Tiempo que pasas, tiempo que no das tregua. Avanzas, no preguntas. Solo caminas, fluyes a veces pareciera que llevas prisa y corres.
El tiempo que pasa en este momento el que ha pasado y no me he cerciorado del todo que yo con el también he avanzado, caminado, fluido.
Hace tiempo ya no se cuanto si contarlo en meses, en horas, en años. Pensaba que el tiempo acabaría para mi. Lo veía caminar segundo a segundo, pesadamente en mi cama en esas noches de interminable insomnio, en esas noches de llantos atragantados, tiempo que lo ocupaba casi en su totalidad el “miedo”, el mal recuerdo de un pasado que ahora entiendo que estaba/esta muy lejos. En esas noches terribles el tiempo pesaba, dolía, asfixiaba, quemaba mi piel entre las cobijas entre las sabanas, llenándome de sensaciones que me afectaban. Que ese mal recuerdo me provocaba. No estaba en mi! Lo entiendo! No estaba en mi, pero extrañamente creo que estaba “imantada” a aquella mala experiencia del pasado.
El tiempo pasó, ni cuenta me di. Como fue que sola mi sangre se limpiaba ( y no porque estuviera sucia) sino que iba dejando el mal recuerdo, el hastío interminable del mal recuerdo en el que YO misma me dejaba arrastrar, en el que yo misma me hundía.
Pasó el tiempo y no me percate que el espejo me daba una oportunidad de sonreírme. De repente vi que en realidad yo no era aquella, aquella que él pobre demonio asqueroso ESE me hizo creer que era. El reflejo de mi cara y de mi cuerpo, de mi piel, de mis ojos aparecía tan claro, tan nítido frente a mis ojos, aunque estuvieran opacados por lágrimas me di cuenta que era muy bella. Aunque mi cara estuviera “triste”, aunque llorara y me pusiera roja. Me di cuenta no se en qué momento, no se a que tiempo, pero poco a poco el veneno del recuerdo de ese momento se fue esfumando de mi sangre, saliéndome de los poros.
El recuerdo sigue... Ahí está. El tiempo pasa, aparentemente me da treguas, avanza. Pero al recuerdo no se lo lleva.
He cambiado, no sé si alguien cercano a mi lo habrá notado. ¡No me importa realmente! Cómo en su momento no importaban los cambios que reflejaba de niña. (Si se me notaba lo que me pasaba, lo que me dolía, a lo que le temía)... Ahora con el tiempo digo: ¿Qué más da? No porque minimice ese “hecho” sino porque simplemente ya pasó y no quiero que me pasé más el tiempo “embarrándome” algo que NO fue mi culpa... Afectándome, reduciéndome como mujer, como persona! ¿Qué más da? Si lo que refleja mi espejo es muy brillante, muy limpio, muy bueno y bello.
El cambio no vendrá si esperamos que otra o otras personas o “el tiempo” nos lo traiga, nos lo regale... Somos en nosotros mismos en quienes debemos de poner todo nuestra expectativa, la espera. Somos nosotros. Nosotros mismos somos nuestro cambio.
El recuerdo aparecerá en “tiempitos” lo evocara algún sonido, alguna palabra, alguna caricia hecha a mi cuerpo a mi piel, si me dará miedo, me ha pasado, tal vez pasé muchas otras veces. Pero ese “miedo” ya no me paraliza. El mal momento ya pasó y el tiempo me dice que estoy a salvo. Que eso que ocurrió el mismo tiempo lo dejó atrás... Años atrás. Muy lejos.

Alma Bojórquez


martes, 29 de enero de 2013

Aumentó en 2012 a 31% el abuso sexual infantil


Demasiados niños están terminando en manos de abusadores, y con demasiada frecuencia abusan de las personas más vulnerables, aquellos que son muy jóvenes para denunciar sus horribles experiencias.
De acuerdo con Diane Umphress, directora ejecutiva de Amberly’s Place, los casos de abuso sexual infantil han aumentado a nivel nacional, y el Condado de Yuma no es una excepción.
Esta zona experimentó un aumento de 31 por ciento en el abuso sexual infantil desde el año anterior, con un reporte de 421 casos en 2012.
"Una de las cosas que estamos notando es un aumento dramático en el abuso sexual de niños desde el nacimiento hasta los 4 años de edad", indicó Umphress.
"Ellos son los más vulnerables, aún no se pueden expresar, son muy confiados y muy dependientes de sus cuidadores".
El maltrato infantil en general aumentó a 17 por ciento. El asalto sexual de adultos aumentó a 13 por ciento a partir de 2011, con 172 casos reportados en 2012.
La violencia doméstica es ligeramente menor a la del año pasado, con 1,234 casos notificados. Sin embargo la mayoría de los casos resultaron en delitos graves, lo que significó el aumento de la violencia.
Aunque hay más incidentes de abuso, Umphress da otra razón por el aumento en las cifras.
"La gente está denunciando más, tanto que estamos muy, muy agradecidos", dijo. "Cuanto antes se informe mejor, y el niño estará en el camino hacia la curación, no serán victimizados una y otra vez. Y se darán cuenta de que no hicieron nada malo. Ese es nuestro objetivo".
En este país, cinco niños al día son maltratados, y 80 por ciento son niños de 4 años. Y vienen de todos los grupos sociales, indicó Umphress.
El mayor número de abusadores son los padres y padrastros, seguidos por un miembro de la familia, dijo. "Este es el grupo de personas que los niños admiran más", lo que hace que sea menos probable que el niño los denuncie.
"Los padres piensan que si tienen una buena relación con sus hijos, estos les van a decir lo que pasa, pero si es un amigo o un miembro de la familia, ellos aman a esa persona. Están avergonzados, y tienen miedo de que no les crean", dijo.
Ella recomienda a los padres prestar mucha atención a sus hijos. "Usted es el mejor defensor de su propio hijo", explicó. "Si el niño le dice algo, no lo ignore".
Cada padre es un reportero obligatorio y está requerido por ley que reporte cualquier sospecha de abuso, incluso cuando se trata de miembros de la familia.
Pero Umphress señaló que la responsabilidad se extiende a todos los miembros de la comunidad. "Todos y cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de ser su voz (de los niños)".
Este es el mensaje que Amberly’s Place está tratando de transmitir con su campaña de este año titulada: "¿Quién va a ser mi voz? (Who is going to be my voice?)".
La gente debe reportar las sospechas de abuso, incluso cuando no estemos seguros. "Siga su instinto si le dice que algo está mal", dijo Umphress.
Si es que se sienten intimidados por la policía, los padres y miembros interesados de la comunidad son bienvenidos a reportar sospechas de abuso en Amberly’s Place. En caso de que alguien se preocupe de que a lo mejor están equivocados, Umphress les anima a dejarlo en manos de la policía, quien llevará a cabo una investigación a fondo.
Algunas personas tienen miedo de que el público se entere, pero Umphress les asegura que tanto Amberly’s Place como las autoridades tratarán el informe con la más estricta confidencialidad.
Recomienda que los padres presten mucha atención, sobre todo si el niño se comporta de manera anormal, tal como orinarse en la cama, tiene dificultades para dormir, baja sus calificaciones de repente y conoce o habla de cosas que él o ella no deben saber, por ejemplo, cuestiones sexuales.
Y los niños nunca deben de ser forzados a hacer cosas que les incomode.
"A veces cometemos el error de decirle a nuestros hijos: ‘Dale un beso a la abuela o abuelo‘, y dicen que no. Un padre nunca debe insistir. Esto refuerza el mensaje de que deben hacer algo con lo que no se sienten cómodos, así que no los fuerce", aconsejó Umphress.
Los casos más "tristes" para Umphress es cuando las familias sospechan de abuso y piensan que ellos pueden resolver el problema al mantener al niño alejado del abusador.
"No entienden que esa persona va a buscar otra víctima. Han protegido a su hijo, pero no al amigo de su hijo. Guardar silencio y mantener a los niños lejos no es la respuesta", enfatizó.
Otra cosa que se debe tener en cuenta es el acceso de los niños al teléfono y computadoras con acceso a Internet.
"Antes, solo los niños mayores tenían acceso a teléfonos e Internet. Ahora los niños cada vez más pequeños están recibiendo teléfonos celulares y el acceso a Internet", explicó Umphress.
"Internet abre todo un mundo de pedófilos. Tenemos a menores de 7 a 8 años creyendo que están jugando con alguien de su misma edad".
Ella recomienda sentarse con los niños y explicarles sobre los peligros del Internet y siempre supervisarlos cuando navegan por Internet.
También señala que la captura y detención temprana del abuso ayudará en otros asuntos sociales.
"Los niños abusados tienen una tasa más alta de embarazo adolescente. Tenemos que empezar por el principio, si queremos cuidar de esto", dijo.
Algunos niños recurren a las drogas para ayudar a lidiar con el abuso. "Tenemos que empezar por el principio si queremos detener esto, así muchos otros problemas sociales pueden ser atendidos", señaló.
Para obtener más información o si tiene preguntas, llame a Amberly’s Place al (928) 373-0849 o a su departamento de policía local.
http://www.bajoelsol.com/news/infantil-11979-sexual-yuma.html