viernes, 5 de julio de 2019

Vinka Jackson y James Hamilton celebraron aprobación de imprescriptibilidad en delitos sexuales


La psicóloga y el denunciante del caso Karadima conversaron con Ciudadano ADN sobre las garantías que entregará la nueva ley a las víctimas de abusos.

Vinka Jackson y James Hamilton celebraron aprobación de imprescriptibilidad en delitos sexuales
Cámara de Diputados. Foto: Agencia Uno
La psicóloga, escritora y activista por los derechos de la infancia y contra el abuso sexual infantil, Vinka Jackson, junto a James Hamilton, uno de los denunciantes del caso Karadima, compartieron con Ciudadano ADN su alegría por la aprobación por la Cámara de Diputados del proyecto de imprescriptibilidad de delitos sexuales a menores de edad, que quedó listo para ser ley.
"Entre tantas malas noticias, desde la Selección, que todos esperábamos que les fuera bien, hasta los informes del Sename que siguen apilándose, esto es bien emocionante" dijo la profesional sobre esta futura ley, que es el fruto de diez años de trabajo de diversas instituciones, "un largo tiempo y esfuerzo de sobrevivientes, de sociedad civil, de parlamentarios, de Gobierno". Por eso, expresó, "nos dijimos 'es merecido poner la pausa en lo demás y celebrar'. Es una ley significativa, la perseverancia es favorable".
Jackson agregó que "de ahora en adelante no sólo los niños van a tener el tiempo que necesiten para enfrentar un trauma de esta envergadura, sino que no va a haber límites para la persecución penal de quien abusó, sea una persona o una institución". La imprescriptibilidad, enfatizó, "disuelve la impunidad. Es un cambio de mentalidad bien grande".
El siguiente paso, dijo la profesional, es "preocuparse de la prevención, que no llegue a ocurrir el abuso. Todos los ámbitos de la educación, la salud, cada baño, cada sala de espera, el esfuerzo en prevenir el abuso es colectivo. Ya hablar del tema sin estigma es un paso enorme", sostuvo la psicóloga.
Frente a la posibilidad de que esta nueva ley genere un aumento en las denuncias, Jackson cree que "es posible", recordando el "efecto dominó" que se produjo cuando apareció el reportaje de Erika Olivera o la declaración del propio Hamilton en Tolerancia Cero. "En la consulta (psicológica) se vio gente que tenía esto guardado y se atrevió a hablarlo. Creo que sí, más víctimas van a denunciar. Hay algo muy reparador en hablar la verdad y hacer la denuncia".
Contactado por Ciudadano ADN, James Hamilton expresó que la aprobación de esta ley tiene un efecto que "parece muy sutil pero es tremendamente reparador para todos los que hemos sufrido abuso. Esperemos que esto sea un punto de partida único para trabajar en una sociedad más verdadera, donde la justicia no sólo está dada por normas que son de siglo XIX; sino por la realidad a la que nos ha llevado la experiencia y el conocimiento".
Para Hamilton, lo más grave en el caso Karadima "y que fue demostrado con el tiempo, fue la complicidad y el encubrimiento de la Iglesia. Karadima fue una especie de rata de laboratorio de lo que pasaba en toda la Iglesia", indicó, al tiempo que aplaudió que la nueva ley "puede ser un ejemplo para otros países del mundo" e invitó a "seguir trabajando para que el Estado asuma las consecuencias crónicas del abuso que también es una enfermedad".
"Me siento con una misión cumplida", dijo Hamilton. "Siento que Chile como país percibió muy bien este mensaje", considerando que "ha cambiado profundamente su cultura. Que esto haya llegado a los miembros de la academia, que son bastante conservadores, da cuenta de un cambio profundo", consideró, aprovechando de hacerle públicamente "un homenaje a Vinka, trabajadora incansable, admirable".
Jackson también hizo su "homenaje público a todos los sobrevivientes de la Iglesia y los que nos han acompañado desde el día uno. Gracias por los que abren las voces. Desde esa Tolerancia Cero en que habló James, uno ve que a lo largo de los años han ocurrido cambios, no a la velocidad que quisiera, pero ocurren", reconociendo a los parlamentarios que sumaron esfuerzos para lograr esta ley, como "Patricio Walker, que desde los 90 entró con el tema abuso, cuando nadie quería hablar de abuso, o las senadoras Carolina Goic y Ximena Rincón que abrieron el tema de retroactividad, el diputado René Saffirio, Matías Walker. La bancada joven: Giorgio Jackson, Gabriel Boric, y mucha gente del propio Parlamento nos ha acompañado sin que se vea".
"Quizás acá lo importante es ver que podemos deponer una serie de diferencias y juntarnos por lo que vale la pena", finalizó.

Un punk al piano


Dentro del acartonado y selecto mundillo de la música clásica existe un bicho rarísimo —únicamente para ellos— que les pinta dedo y les da unas patadas en el trasero por rígidos. Ese es James Rhodes, un pianista británico, sin una educación formal en la música, que toca el piano en lugares donde habitualmente no tiene cabida la música clásica y también, donde sí la tiene y mucho, que sale a tocar en jeans, con sus tenis Converse y playeras con la leyenda «Bach is the fucking amo», que rompe todos los convencionalismos absurdos —que lo único que han logrado es dotarla, a la música clásica, de una mala fama; percibiéndola como aburrida, elitista, difícil de entender, etc.—, escritor de dos fabulosos libros, diagnosticado con trece desórdenes mentales, víctima de abuso sexual infantil, conferencista, activista y promotor incansable sobre el poder que tiene la música en los seres humanos.
Instrumental (Blackie Books, 2015), es una entrañable, desgarradora, sincera y maravillosa autobiografía. En ese libro James nos abre las puertas de su vida, nos da las llaves para que deambulemos libremente, se muestra tal y como es, tal y como fue su vida, sus abusos infantiles —o mejor como él lo dice: violaciones sexuales, sin eufemismos por favor—, su tiempo en pabellones psiquiátricos, las adicciones, los intentos de suicidio, las autoagresiones, la paternidad, su matrimonio fallido y por supuesto, la música que, por palabras de él, le salvó prácticamente la vida.
La personalidad de James me resulta sumamente atractiva: es un tipo con un valor digno de aplaudir, porque hablar deliberadamente sobre temas tan difíciles e íntimos, no es para nada sencillo. Temas que para la mayoría aún resultan incómodos, temas que son tabú y que lo mejor que hemos aprendido es a callarlos, parecer que no existen y seguir con nuestras vidas. Pero para personas como James, eso no puede seguir y el primer paso es hablarlos. Pues él no sólo habla explícitamente de las violaciones que sufrió de niño por su maestro de deportes y de las innumerables consecuencias que esto le causó en su momento y a futuro; sino también habla del profundo amor que siente por su hijo, por la música, por el piano y por las contadas personas que se han mantenido a su lado a pesar de todo. Se podría decir que el libro habla sobre el amor: ese sentimiento que nos hace actuar sin esperar nada a cambio, que nos hace ser compasivos y empáticos, que nos hace salir un momento de nosotros mismos y ayudar al otro, ese sentimiento que nos hace perdonarnos y sobretodo, reconciliarnos con nosotros mismos.
Fugas (Blackie Books, 2017), es su segundo libro, también publicado por la misma editorial catalana. Que haciendo un paréntesis —si ustedes me lo permiten—, sus traducciones me resultan sumamente chocantes. Percibo de muy mal gusto que un traductor sea tan pedante o muy poco inteligente (cualquiera de las dos aplica) y haga un trabajo de esa naturaleza; es decir, parece que traduce para la ciudad en donde vive, para sus amiguitos de esquina, importándole un comino, los demás hispanohablantes. Su traducción está retacada de jerga catalana, hasta llega haber palabras que su significado es ininteligible, a menos que tengas un amigo catalán al cual preguntarle qué carajo significa tal expresión. Pero bueno, aquí termino con mi intervención arbitraria. Fugas, es a mi parecer, un libro no tan bueno como el primero. ¿Por qué digo esto si las comparaciones son totalmente innecesarias? Porque los dos libros tienen la misma naturaleza: son escritos en primera persona, autobiográficos, hablan de casi las mismas cosas; por eso no me resulta tan ridícula la comparación. Lo que sí tiene de diferente, es que está escrito a manera de diario de viaje. Vemos un James más maduro, menos dominado por sus demonios, más reconciliado con él mismo, con una carrera más profesionalizada y en constante ascenso, con un James más relajado, pero a veces con el mismo James, el de sus años más tormentosos.
Ambos libros los recomiendo ampliamente, son verdaderas delicias. Y me hacen preguntarme ¿por qué un tipo que es concertista me entretiene y disfruto más de su lectura que la de un escritor con una fama considerable? Si los ven en una librería no duden en adquirirlos.
Los dejo con unas palabras del mismo James —para que vean que rockea y mucho—:
Me violaron a los seis años.
Me internaron en un psiquiátrico.
Fui drogadicto y alcohólico.
Me intenté suicidar cinco veces.
Perdí la custodia de mi hijo.
Pero no voy hablar de eso.
Voy a hablar de música.
Porque Bach me salvó la vida.
Y yo amo la vida.

Abuso ¿Cuál abuso?

Abuso ¿Cuál abuso?AGENCIA UNO


La indefensión, vulnerabilidad, y la dependencia, convierte a las infancias en la población más vulnerable. Cuando ocurre un abuso sexual infantil nos involucra a todos, no solo el abusador y la víctima. Se suele desestimar la versión de la víctima porque en el abuso sexual no prima la fuerza física, sino la manipulación, engaño, amenazas, y es más simple negarlo.

Ivonne CoñuecarPor  / 05.07.2019
Ahora que podemos decir. Ahora que nos creen. Nos hubiera venido bien un responsable, un culpable, y no solo una declaración para sacarlo todo afuera. Atreverse, nuevamente, a la edad que sea, a visitar esos momentos. A veces tengo la impresión de que las personas que no sufrieron abusos sexuales en la infancia podrían ser excepciones, esto parece una epidemia de la que nos atrevemos a dar cuenta ahora, y espero que el resultado sea tomar consciencia y cuidar las infancias (digo infancias por el respeto a todos los cuerpos y manifestaciones que no se agotan en lo binario hombre-mujer).
La infancia es nuestro lugar recurrente, parafraseando a Rilke, nuestra única patria. En mi caso tuve que salir de la patria Chile para darme cuenta del daño y dimensionarlo, para poder regalarme una infancia. No creo que haya fórmulas, simplemente ya no tuve que sentir culpa ni tuve que cuidar reputaciones. Pude decir. La palabra importa. Y decir sin que salgan esas voces cómplices a callarte, esas voces de personas que por cariño prefieres “no perjudicar”. Todos y todas somos cómplices frente al abuso ¿Cuál abuso? Pensarán algunos intentando bajar el perfil para no hacerse cargo. Tuve que cuidar la reputación de algunos, no estigmatizar a otros, pero de mi nadie se preocupó. Me expusieron en un hospital, me revisaron, me retaron, me dijeron no le digas a nadie, luego quizás la propia vergüenza y presión dejó eso en un lugar de olvido, como tienen todas las infancias. Que todo se me olvidaría pensaron los adultos que debían cuidarme, y que recién, ad portas de los cuarenta años, puedo darles un lugar en mi emocionalidad. No se borra, regresa, es el cuerpo, es el rostro que se parece también a las personas del daño. Es el cuerpo porque no se detienen los abusos, es sistemático, aparecen las descalificaciones, los golpes. No hay peor abuso que el abuso sexual infantil, porque permanece. Porque en ese momento se destruye la niñez. Nos aplasta. Eso no lo ven los cercanos que prefieren que no se diga nada, y siguen tratando bien al abusador u otorgándole un lugar no merecido en la familia, y en tu propio cariño.
Cuando recurrí a la Fundación para la confianza, porque no sabía a quien más recurrir, ya era tarde para toda acción legal que silencié por años. Pensé que ya había pasado el tiempo para decir, en mis esfuerzos también por pensar o recomponer una familia con los mismos integrantes que abusaron de mi. Es extraña la dinámica de las víctimas (nos dicen sobrevivientes). Lo primero que hice fue alejarme de esas personas, no permanecer en ese extraño limbo de cariños, perdones y traumas. Entonces dejé de nombrar, de llamar, de escribir. Luego la distancia. La voluntaria me dijo que llegan personas de todas las edades a la fundación, cincuenta o más años, incluso; porque saben que es algo pendiente, pero nunca tuvieron espacio para dejarse caer y reparar. Sentí alivio porque nadie cuestionaba mi versión, porque nadie intentó el ¿Cuál abuso?. Lo dije. Tuve suerte siempre pienso. Tuve suerte al irme de Chile porque, curiosamente, hay una biografía que va pegada a la historia de un país también y puedes revisar desde otro lado esa construcción que te hicieron pensar que era con esas instrucciones. Debiéramos, día a día, tomar el peso del lenguaje, cómo nombramos a otros y cómo nos nombramos. ¿Podremos asumir que los propios intentos por repararnos nos han hecho callar?¿Podré preguntarle de nuevo a algunas personas si se acuerdan sin que me digan que eso no pasó y que quieran cambiar de tema? ¿Qué sigamos?¿Están solas las infancias? Sí. Y pareciera ser que solo es una construcción a posteriori.
La indefensión, vulnerabilidad, y la dependencia, convierte a las infancias en la población más vulnerable. Cuando ocurre un abuso sexual infantil nos involucra a todos, no solo el abusador y la víctima. Se suele desestimar la versión de la víctima porque en el abuso sexual no prima la fuerza física, sino la manipulación, engaño, amenazas, y es más simple negarlo. Además, quien abusa intentará hacer sentir culpable a su víctima para tener su silencio y, con frecuencia, la familia confía más en la palabra del abusador que de la víctima (¿Cuál abuso?). Esto es algo transversal, quienes abusan pueden ser hombres o mujeres, y pueden ser familiares o cercanos.
¿Qué haremos frente a esto? ¿Cómo cuidaremos de esos cuerpos que son vulnerados y de sus derechos? ¿Hablaremos? ¿Denunciaremos? ¿Desestimará la justicia los hechos porque hay “exceso” de denuncias? ¿Lo normalizarán?¿Lo normalizaron?¿Abandonaron a las infancias?¿Las abandonamos? Quizás podríamos comenzar por ser conscientes de nuestros cuerpos y de los otros cuerpos; ¿Quién puede decir cuál es el tamaño de la herida? No más ¿Cuál abuso?. Digamos.

jueves, 4 de julio de 2019

LA RED DEL PENTÁGONO SE USA AMPLIAMENTE PARA COMPARTIR, PRODUCIR Y ALMACENAR PORNOGRAFÍA INFANTIL


Una investigación ha determinado que la red del Departamento de Defensa de los Estados Unidos es ampliamente utilizada para compartir, producir y almacenar pornografía infantil.
“En el curso de una investigación nacional, titulada Project Flicker, el Servicio de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos identificó a más de 5.000 personas que se suscribieron a sitios web de pornografía infantil, incluidas varias personas afiliadas al Departamento de Defensa. Este descubrimiento provocó una investigación por parte del Servicio de Investigación Criminal de Defensa, que a su vez identificó a cientos de personas afiliadas al Departamento de Defensa como sospechosos en estos casos de pornografía infantil. Mientras que solo el 20 por ciento de estas personas fueron investigadas, de los casos investigados, se encontró que varias de las personas estaban usando sus dispositivos gubernamentales para descargar o compartir dicho material pornográfico».
En el 2018, una investigación realizada por el Programa Nacional de Capacitación en Justicia Criminal encontró que las computadoras del Departamento de Defensa se encontraban entre las principales redes a nivel nacional para el intercambio de imágenes pornográficas de menores entre pares. La red del Departamento de Defensa se ubicó en el puesto 19 entre las 2.891 redes de computadoras estudiadas.
Para combatir este problema, los diputados de los Estados Unidos Abigail Spanberger y Mark Meadows lideraron la introducción de una legislación bipartidista y bicameral denominada «Fin de Abuso de la Red de la Defensa Nacional (END)».
La Ley sobre el Fin de Abuso de la Red exigirá que el Pentágono celebre acuerdos con grupos que incluyan la aplicación de la ley, servicios de protección infantil, servicios sociales y proveedores de atención médica informados sobre el trauma para reducir o detener la difusión y el impacto de estas imágenes en las redes del Departamento de Defensa. El proyecto de ley también mejoraría la capacitación y la experiencia técnica de las organizaciones militares involucradas en la investigación de este tipo de delitos.
“El abuso sexual y la explotación sexual de niños son crímenes horrendos, y debemos buscar todas las vías para combatir estos delitos, eliminar imágenes de la explotación de Internet y procesar a quienes trafican estas imágenes. La idea de que la red del Departamento de Defensa y las computadoras emitidas por el Pentágono pueden usarse para ver, crear o hacer circular esas imágenes horribles es una vergüenza y debemos luchar de frente», dijo Spanberger. “Como ex agente federal que trabajó en casos de explotación infantil y pornografía infantil, reconozco la necesidad de mejorar la capacitación disponible para los responsables de llevar a los culpables ante la justicia. Este proyecto de ley bipartidista brindaría a los investigadores las herramientas que necesitan para proteger a los niños, eliminar las imágenes existentes y prevenir el uso indebido futuro de las redes del Departamento de Defensa. Mantener a nuestros niños a salvo de la explotación debería ser una prioridad para todos los miembros del Congreso, y me gustaría agradecer a mi colega, el diputado Meadows, por acompañarnos en la introducción de esta legislación fundamental».
«El intercambio de pornografía infantil entre pares es una práctica inaceptable, y las agencias federales no pueden permitir que sus redes se conviertan en una plataforma para ello», dijo Meadows. «El uso del programa ICACCOPS (Servicios de Protección en Línea de los Crímenes de Internet en contra de la Niñez) es una solución de sentido común que enfrentará el problema, cerrando las brechas de seguridad en la red del Departamento de Defensa para ayudar a identificar a los perpetradores y, en última instancia, responsabilizarlos».
La directora ejecutiva de la Alianza Nacional de Niños, Teresa Huizar, elogió el esfuerzo y dijo que se trataba de un tema importante:
“La pornografía infantil es un crimen impactante, y es aún más sorprendente saber que los abusadores utilizan las redes de computadoras de nuestros militares para compartir e incluso producir imágenes que dañan a las víctimas en los próximos años. La Ley de Abuso de la Red de END permite a los investigadores militares garantizar que las redes creadas para proteger a nuestro país no se utilicen para explotar a sus niños. Más importante aún, este proyecto de ley bipartidista fortalece la relación entre el Departamento de Defensa y los centros de defensa de los niños de nuestra nación para ayudar a curar a los niños víctimas de la pornografía infantil. Un sincero agradecimiento a la diputada Spanberger y al diputado Meadows por su liderazgo crítico en este tema».
Otros grupos de atención médica y protección infantil también han expresado su apoyo al proyecto de ley.

Quieren que sea obligatorio el psicodiagnóstico para evitar el abuso infantil


La cipolñea Rosa Castro impulsa la ley en el Congreso, junto con el aumento de pena para violadores.
La referente cipoleña de lucha contra el grooming, Rosa Castro, se encuentra en Buenos Aires impulsando en el Congreso de la Nación por una ley para evitar el contacto de abusadores con niños. Denuncian que la pedofilia avanza en el país por falta de políticas públicas del Estado. Exigen que se aplique el psicodiagnostico obligatorio para quienes trabajen con niños y elevar las penas para abusadores sexuales.
“Cada niño abusado es una herida abierta en nuestra sociedad. Porque mientras ellos caminan el país pidiendo nuestros votos con promesas vacías, nuestros niños siguen siendo vulnerados, enajenados por el abuso sexual, no solo dentro de su entorno familiar, sino también en las instituciones que debieran protegerlos”, expresó Castro.

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Dijo que está convencida de que la pedofilia y la pederastia han avanzado con total impunidad gracias a la negligencia y desidia de un Estado que no se ocupa de bien más preciado que tenemos como sociedad: “nuestras infancias”.
“Esto no da para más, si no dan soluciones son parte del problema y si hablamos de abuso sexual a niñas, niños y adolescentes no hay grises, ¿de qué lado vas a estar legislador?”, cuestionó.
El proyecto exige de forma obligatoria que todos los que ingresen a trabajar en espacios en los que se interactúe con menores, se sometan a un psicodiagnóstico específico.
“Exigimos la suba de penas para los delitos contra la integridad sexual. Exigimos que la inhabilitación a abusadores sexuales sea agregada a los registros de antecedentes nacionales. Un perverso abusador sexual jamás se recupera”, contó la cipoleña.
Añadió que están realizando una junta de firmas y que los proyectos ya están presentados en el Senado. El petitorio se puede firmar a través de Change.