La cineasta Valeria Sartori estrenó el documental “La voz propia”, que recopila testimonios de hombres y mujeres que padecieron abusos en algún momento de su infancia.
La invasión de la sexualidad adulta en el mundo infantil es uno de los crímenes con menor cantidad de condenas. En “La voz propia”, el film de Valeria Sartori, se trata de explicar por qué los procesos de investigación no suelen ser eficaces y los motivos por los que el tema sigue siendo tabú y las denuncias son escasas. De mil abusos se esclarece sólo uno y el resto quedan impunes.
“La idea de la película es que el abuso sexual a menores deje de ser un tabú. Que se puede superar ese marco represivo y hacer justica con estos terribles delitos que son más comunes de lo que pensamos. El concepto de que quien los padeció no es víctima sino sobreviviente fue clave para armar la película”, explica la directora.
“Me gustaría que ‘La voz propia’ le sirva a la gente que la ve, que conmueva para dar el paso para hablar y estar atento. Para sacarle ese velo de secreto que siempre tuvo este, uno de los delitos más atroces”, agrega Sartori.
El Malba es una oportunidad, una ventana, que la directora agradece: “Esta bueno que nos interpelemos como sociedad en temas como este para no hacer oídos sordos y mirar para otro lado. La gente tiende a negar que sea algo que pasa, aparase eso que de ‘quizás no es tan así, o no vi bien, o me lo imagine’. Además, queremos mostrar lo que pasa en la Justicia si se denuncia. No son procesos fáciles porque hay ideas instaladas, que vienen del machismo y que recién ahora se pueden ir abriendo al debate público por todos los cambios sociales y por lucha de derechos que se vienen dando.”
“Me parece una película necesaria. Si consideramos que por día se detectan cinco nuevos casos de niños y niñas que son abusados sexualmente sólo en Argentina, mientras que al mismo tiempo es el delito que menos se denuncia y del que, creo, es imperioso empezar a hablar”, puntualiza.
La película de Valeria Sartori ganó el Premio SIGNIS Argentina en el 18º Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos, que se llevó a cabo en Buenos Aires, del 30 de mayo al 5 de junio de 2019. El Jurado fundamentó su veredicto en razón de que la película "a través de testimonios de diferentes adultos que sufrieron abuso en la infancia, con intervenciones justas y pertinentes de especialistas en esta temática tan dolorosa, se construye un film concreto, mostrándonos cómo estos adultos, corriéndose del lugar de meros ‘objetos’ como víctimas que fueron, se constituyen como sujetos comprometidos, transformando su dolor, o dándole un sentido a través de las actividades de servicio y ayuda a quienes pasaron por situaciones similares".
¿Cuándo?
La voz propia Documental sobre el abuso infantil, de Valeria Sartori. 21 de septiembre a las 18 en el Malba, Figueroa Alcorta 3415.
Según cifras oficiales que se dieron a conocer la semana pasada, en nuestra provincia se realizan –en promedio– 12 denuncias diarias por abuso sexual infantil.
Muy probablemente los fríos guarismos no logren evidenciar de forma justa los profundos dramas personales y sociales que esconden cada uno de esos hechos que, tal cual afirmaron las mismas autoridades que presentaron el informe, se han duplicado de 2017 a la fecha. A tal punto se han incrementado las denuncias que el equipo de abordaje de abuso sexual del Poder Judicial de Mendoza ha tenido que empezar a trabajar en doble turno.
Los especialistas explican el aumento de denuncias de este tipo con dos posibilidades: o bien hay más casos o bien las víctimas y sus entornos son más proclives a llevar dichos casos ante la Justicia. No obstante, ambas situaciones también podrían convivir.
Los actores sociales, jurídicos y sanitarios que se enfrentan con esta realidad (que muchas veces se invisibiliza puesto que se da en el seno de la intimidad intrafamiliar) saben que la prevención es la mejor –si no la única– manera de evitar las víctimas y las consecuencias dañinas que producen estos comportamientos. En este sentido, la educación sexual parece ser clave.
En general, las autoridades han abordado la exigencia de una intervención eficaz para acotar este flagelo, pero entre las leyes, los reglamentos, las normas y el día a día de las personas (sobre todo de los menores) sigue habiendo demasiada distancia.
Hoy, los responsables del desarrollo infantil –que, quizás, seamos todos los adultos– son conscientes de que este pavoroso drama existe, pero además deberían (o deberíamos) saber que es obligatorio detectarlo e intervenir firmemente frente a él. La consciencia de la realidad es el primer paso para actuar, pero a esa disposición hay que añadirle una decidida intervención de los agentes gubernamentales y de los entornos de las eventuales víctimas para atacar efectivamente este drama que afecta profundamente a quienes son nuestro futuro.
Las estadísticas sobre abuso sexual de menores carecen de precisión debido a que no hay uniformidad en el proceso de recolección de datos, denunció la sicóloga clínica Yamira Carmona Quiñones.
La experta en el tema de abuso sexual infantil dijo que recopilar dichas estadísticas "es muy difícil en Puerto Rico" ya que cada agencia concernida tiene su manera de definir y recopilar la información "y no está actualizada como quisiéramos".
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Las denuncias de la doctora Carmona Quiñones se realizaron durante el foro "Mitos sobre el abuso sexual a niños, niñas y adolescentes", que auspició la Comisión Derechos de la Niñez del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico.
En su ponencia, la doctora dijo que, de acuerdo con las estadísticas recopiladas por la Unidad de Delitos Sexuales de la Policía, correspondientes al año 2018, se presentaron 1,182 querellas, de las cuales se lograron 20 convicciones.
"Llamé al área de estadísticas y les pedí que me explicaran, que me definieran los conceptos porque entendí que había muy pocas convicciones comparadas con el número de querellas. Y como otras estadísticas dicen que uno de cada cuatro o cinco niños han pasado por algún evento de abuso (solicité la explicación)", manifestó la sicóloga clínica.
"Me dijeron que se recoge la información, pero no necesariamente se refleja la realidad. Y estoy de acuerdo con eso, pero entonces tenemos que mejorar la forma de recopilar la data y la manera de definirla para tener datos específicos", sugirió.
De acuerdo con las estadísticas de la Policía, el 60% de los abusos reportados en 2018 fue por actos lascivos y el 80% de las víctimas fueron mujeres.
"En ese informe particular yo no conté con las edades, las pedí pero no las tenían disponible, pero al compararlo con el 2017, cuando se reportaron 1,057 querellas de las cuales 789 fueron de menores, llama la atención que ese año la edad de mayor incidencia de abuso fue entre seis a diez años y entre 11 a 15 años.
La doctora se cuestionó si esa fue la edad promedio que se reportaron en los incidentes o es que es más difícil para la Policía porque no conoce y no entiende las necesidades de los niños la razón por la que no se está identificando correctamente esas necesidades de los niños más pequeños en donde sí hay abuso sexual.
"Es más difícil llevar los casos en el tribunal porque entendemos que el niño no es un testigo hábil y como es más chiquito no puede expresarse como queremos porque el sistema no está preparado para manejar esa necesidad. A lo mejor no seguimos con la querella porque el niño no reúne todo lo que necesito para llevar un caso", manifestó.
"Hasta dónde nosotros como sociedad no estamos recogiendo lo que tenemos que recoger y lo que tenemos que identificar para proteger a nuestros niños", lamentó.
Carmona Quiñones agregó que el Centro de Víctimas de Violación del Departamento de Salud en el 2012 estableció que a las salas de emergencia llegaban cerca de 757 casos por agresión sexual y el Departamento de la Familia en 2017-18 estableció que de 16,738 menores, en una data preliminar, 769 están bajo la tipología del abuso sexual y 4,086 sufrieron múltiples abusos, aunque no menciona cuántos de esos casos son de abuso sexual.
A Uma un doloroso fantasma de su pasado la persigue y atormenta. Ella busca una catarsis, darle sentido a su pasado a través de una versión que jamás pudo escuchar, sentir, y procesar. En la obra Blackbird la historia narra la versión de Ray; un hombre que en plena madurez sostuvo una relación sentimental y sexual con ella; siendo solamente una niña de doce años.
La obra Blackbird es dirigida por la directora de cine y teatro Katina Medina Mora, protagonizada por Alejandro Calva y Cassandra Ciangherotti, en ella se aborda el abuso infantil: un tema incómodo de explorar. Platicamos con los tres y nos contaron porqué es necesaria una puesta en escena de este estilo.
Blackbird: la delgada línea entre el amor y el abuso
Foto: Leo Pérez
Para Katina, poner el tema del abuso sexual infantil sobre la mesa era urgente para hacer reflexionar y discutir a la gente. Buscando textos y novelas referentes al tema, fortuitamente encontró con Blackbird escrita por el dramaturgo David Harrower en 2005. “Cuando me llegó ví que era un texto de teatro, yo llevaba mucho tiempo buscando algo que fuera para dos o tres actores, que se basara mucho en la dirección que es lo que más me gusta y que además hablara del tema que yo estaba buscando, fue perfecto así fuimos tras los derechos para poder montarla en México”.
Cuando le preguntamos a la directora cuáles eran sus motivos personales para presentar esta obra, nos respondió: “me encantaría que hubiera una reflexión, siento que cuando una persona ha sufrido abusos y ve este tipo de obras o contenidos se genera una introspección incluso una gran empatía con la quienes han pasado por esto—comenta— Este es un tema personal y lo bonito de esta obra es que podemos hablar de cosas que hemos vivido en la que existen momentos duros porque la obra está hecha con el corazón y el estómago, esto ha sido muy catártico.
Directora de los largometrajes Sabrás qué hacer conmigo y LuTo, Katina cuenta que hacer teatro es un rollo totalmente distinto que hacer cine pero que disfruta de ambas. “Hay una parte increíble de todo el proceso del montaje, hay tiempo para el trabajo de mesa, y poder trabajar a profundidad con los actores durante un largo periodo. En el cine tienes un día para filmar y eso es lo que obtienes, mientras que en el teatro se siguen encontrando detalles a días del estreno. El teatro está vivo y cuando los actores salen a escena se la obra se convierte en un gran ejercicio de soltar y confiar que todo el trabajo previo está ahí.
Una verdad muy grande y casi invisible
Foto: Leo Pérez
En tanto, Cassandra Ciangherotti quien encarna a Uma aceptó trabajar con Katina porque era algo que ambas buscaban. “En muchos casos el director es quien tiene la última palabra, pero con Katina las cosas son distintas, aquí lo hemos llevado como un proceso colectivo que me resulta muy interesante. Katina ha sido una especie de directora de orquesta que da indicaciones pero a la vez nos da mucha libertad para desarrollar lo que va sucediendo en escena, si estamos con el corazón puesto y presentes en lo que hacemos, el trazo de lo que se va desarrollando va surgiendo con una verdad que nos envuelve a los tres en el proceso creativo y es una fortuna enorme el poder trabajar con directores así”, comenta.
Sobre su personaje, una joven que creció bajo una condena de culpas, preguntas sin respuesta y una enorme incapacidad de procesar el abuso sexual y psicológico al que fue sometida cuando niña, Casandra cuenta que ha sido muy fuerte interpretarlo. “El arquetipo de la víctima es un arquetipo que habita en cada ser humano, un arquetipo con el que todos sabemos relacionarnos. Pero creo que lo interesante de este personaje ha sido la conciencia de lo que es la emancipación de un niño con su sexualidad, porque eso me resulta lo más potente y trágico de la obra. Es un tema que retrata una verdad muy grande y casi invisible, desde que nacemos somos seres sexuales y por eso es urgente hablar del despertar sexual de los niños, cuidarlos y saber guiarlos”.
Al preguntarle cuál es el impacto que le gustaría tener en sus espectadores, respondió: “que la gente pueda darse cuenta que el abuso tiene consecuencias graves, no solamente hacia la persona afectada, sino a la familia entera donde se provoca que se forme una especie de satélite en el que todas las órbitas alrededor estén alejadas y dejen de existir lazos de apoyo. Por ejemplo cuando la prima no le quiere contar a su otra prima que su papá la abusó, evidentemente ya no puede haber una relación y las familias se van separando, no solamente rompes a una persona, rompes una sociedad, a un país, a un mundo entero a través de abuso”. Finaliza.
Necesitamos educar a más gente para que haya menos abusadores en el mundo
Para Alejandro Calva, no es la primera vez que encarna a un personaje deleznable, anteriormente había protagonizado a un pedófilo asesino y violador en la obra Congelados. En esta ocasión la decisión de interpretar a Ray, el abusador de Uma, radicaba en un motivo principal: “Uno tiene que estar en la vida buscando proyectos que lo trascienden, que lo muevan y lo alimenten del alma. Afortunadamente en la tele hay mucho trabajo pero no siempre te da la satisfacción que te puede dar un proceso teatral. Blackbird es una de esas perlas que te vas encontrando en este océano de posibilidades donde formamos un triángulo en el que compaginamos todos y hacemos que esta obra tan caótica tenga armonía”, mencionó refiriéndose a Katina y Cassandra.
Sin embargo la temática considera que es muy importante de llevar al teatro. “Necesitamos educar a más gente para que haya menos abusadores en el mundo, por eso es interesante traerlos al escenario. Yo, como hombre, soy la representación escénica de muchos hombres afuera en el mundo, y eso e lo que me interesa cuando hablo de estos personajes. Me apasiona conocerlos, saber cómo piensan sin juzgarlos; desentrañarlos, ir más adentro y conocer cuál es el motor que los lleva a hacer lo que hacen”.
En cuanto al impacto que le gustaría lograr en los espectadores, Alejandro piensa que “seguramente algunos se quedarán en shock y no les va a gustar porque ellos buscan divertirse y comer palomitas, la obra es muy fuerte y me gustaría que la gente que quiera generar una reflexión la comparta, y que se lleven el aprendizaje que quieran.
Calva le dedica la obra a su hermana así como Cassandra a su padre.
Conclusiones. Hay padres que dicen “es mi hija y hago lo que quiero con ella”, cuando se está cometiendo un delito, fue uno de los conceptos salientes de la problemática abordada. Foto:Gentileza.
Ignacio Pellizzón redaccion@miradorprovincial.com
El primer congreso de Educación Sexual se realizó el viernes 6 y sábado 7 de agosto en la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario y estuvo organizado por la Campaña por la Emergencia en Violencia contra las Mujeres. Las organizadoras destacaron que se trató de “una iniciativa inédita”, en el que se abordó la temática desde distintas perspectivas, y que contó con el aval institucional de casa de altos estudios.
El congreso tuvo como figura destacada a la expositora Graciela Tejero Coni, historiadora, directora del Museo de la Mujer Argentina y creadora del postítulo de Educación Sexual de Buenos Aires.
“Para nosotras es muy importante poder empezar a desarrollar herramientas para que profesionales y mujeres se formen en lo que el Estado muchas veces falla o no implementa en los circuitos educativos”, sostuvo Nazarena Galantini, coordinadora del movimiento por la emergencia.
“Desde la campaña realizamos las actividades que entendemos que pueden frenar la violencia contra las mujeres, por eso, además de la aplicación No estás sola, que sirve para las emergencias, llevamos adelante este congreso que sirve para poner blanco sobre negro en un tema tan tabú y que el Estado no termina de implementar en los lugares más necesarios”, agregó Laura del Monte, también de la campaña contra la violencia de las mujeres.
ASI: mucho más que una sigla El panel sobre Abuso Sexual Infantil (ASI) fue muy interesante, donde se trató de deconstruir la mirada patriarcal que hay sobre la problemática. Las disertantes Julieta Serrano (psicóloga y psicóloga social) y Betina Calvi (psicóloga) fueron las voces protagonistas del debate que se centró en poder ampliar la mirada sobre cómo abordar los distintos abusos que sufren las y los niños.
Cada una intentó conceptualizar su mirada. “Debemos problematizar sobre el abuso; un nene se puede enamorar de un grande, pero el adulto no se puede abusar de ese enamoramiento, porque principalmente el abuso sexual es un abuso de poder y confianza”, analizó Serrano, la primera en disertar.
Otro punto en el que hizo hincapié fue en que “no hay que naturalizar que los hijos son de sus padres, hay que rever el vínculo que se gesta, porque no existe la propiedad en esos términos”, porque hay muchos padres que dicen “es mi hija y hago lo que quiero con ella”, cuando se está cometiendo un delito.
“La herramienta central de los niños es poder contarlo, porque el decir habilita la intervención y, por supuesto que siempre se cree en el relato del niño, es decir, siempre es veraz, porque no creerle es revictimizarlo”, apunto Julieta Serrano.
Luego, intentó dar una conclusión: “Hay que pensar en las tareas de crianza y no ya la maternidad o paternidad; también hay que entender que no hay niñas madres, hay niñas abusadas, porque tenemos que erradicar la mirada de la mujer como un objeto reproductor”.
La segunda expositora, Betina Calvi comenzó con una frase: “No hay que luchar contra la violencia, hay que deconstruirla”. “Debemos pensar cómo se construyen las violencias y entender que la mayoría de los abusadores son varones, porque hubo solamente dos casos de mujeres abusadoras que ni siquiera se judicializaron, con lo cual no se le puede otorgar entidad, es decir, es problemática de los varones por las altas tasas”.
Continuó señalando que “el abuso está dentro del maltrato infantojuvenil y que hay una perversión de los padres que abusan porque sabiendo que cometen un delito lo hacen igual y gozan de su ‘propiedad’”. Esto genera “un trauma en los niños”, que se “inscribe de forma singular” y es necesario “creerles siempre”.
Otro punto clave que tomó la psicóloga fue el tema de las denuncias. “Es fundamental que preparemos a los padres para que hagan las denuncias y para ellos tenemos que evitar los prejuicios morales del pensamiento y escuchar a las víctimas, porque muchas veces se descree porque los abusadores son familiares o personas de muchísima confianza”.
Finalmente, Calvi aseveró que “el síndrome de alienación parental (SAP) no existe, es mentira”. “El maltrato es inaceptable en todas sus formas y es imperioso que eduquemos hablando y no golpeando”, dijo y culminó: “Una sociedad que no puede defender a sus niños no merece seguir adelante”.
Las cifras de los abusos
Según los registros oficiales del Ministerio de Educación de la Provincia revelaron que, de marzo a julio de este año se denunciaron 75 casos de abuso sexual que tuvieron como víctimas a alumnos de escuelas de la Región VI, que abarca a Rosario, San Lorenzo y Villa Constitución. Es decir, unos tres por semana. Además, en la misma jurisdicción se abordaron 94 situaciones de violencia en el entorno familiar en lo que va del año. Esto refleja que la mayoría de los niños y adolescentes se animan a hablar y denunciar en las escuelas.
Las cifras oficiales son similares a las del año pasado. En el período que va de marzo a diciembre de 2018 se denunciaron 148 casos de abuso sexual y 202 casos de violencia en el entorno familiar. Si las cifras se mantienen, a fin de 2019 el número de casos será similar al de 2018.
Computando las situaciones en las escuelas de toda la provincia, de marzo a julio inclusive de 2019 se denunciaron 241 casos de abuso sexual y unas 255 situaciones de violencia en el entorno familiar.
En tanto, el año pasado de marzo a diciembre en el total de las escuelas santafesinas se reportaron 422 casos de abuso sexual y se atendieron 408 casos de violencia en el entorno familiar. De marzo hasta julio de 2019 se investigaron 241 casos de abuso sexual y unas 255 situaciones de violencia en el entorno familiar.
Ante cada denuncia, Educación acciona un protocolo de trabajo que activa la intervención de equipos socioeducativos que siguen cada caso en particular, incluso en comunicación con la Subsecretaría de Derechos de Niñez, Adolescencia y Familia y el Ministerio Público de la Acusación (MPA).
Imagen de referencia, no corresponde a la realidad.
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El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) afirmó que realizará 40 talleres en todas las instituciones educativas de los municipios de Aguazul, Paz de Ariporo y Villanueva (Casanare), con los que busca capacitar a más de 300 menores de edad para contrarrestar la violencia sexual.
Esto hace parte de la estrategia 'Aprendiendo a Cuidarme' por medio de la cual se buscan generar acciones de prevención para evitar que se den casos de abuso contra niños, niñas y adolescentes de esa zona del país, informó el ICBF.
"El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), en su propósito de continuar fortaleciendo las líneas de protección integral para contrarrestar la violencia sexual en niñas, niños y adolescentes, implementará la estrategia", dijo.
En total se abordarán siete ejes temáticos en los talleres "tendientes a empoderar y sensibilizar a la comunidad educativa sobre la importancia de proteger a las niñas, niños y adolescentes", agregó el instituto.
Los ejes a trabajar en los talleres que se van a realizar en esa zona del país son "Niñas y niños como sujetos de derechos", "El cuidado de mi cuerpo en la cotidianidad", "Abuso sexual infantil", "Vamos a compartir experiencias, Protegiéndome, Sentimientos y emociones" y "Construyendo rutas de atención".
Bienestar Familiar aseguró que durante lo corrido de este mes se va a realizar un foro en Aguazul para hablar sobre la responsabilidad de los padres en el hogar, feminicidios, violencia digital y orientación de hábitos saludables de vida.
Este trabajo se hace con el fin de solidificar la prevención de la vulneración de los derechos de los menores de edad y la promoción de los mismos en el departamento de Casanare, afirmó el Bienestar Familiar.
Algunas de ellas pudieron construir una vida, pero han lidiado por años con trauma severo, depresión y adicción. Un tercio de las niñas latinas en EEUU sufren alguna agresión sexual. A esto es lo que se enfrentan por el resto de su vida.
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El abuso sexual en la infancia tiene efectos psicológicos, emocionales y físicos a largo plazo, muchas veces permanente. Así lo han descubierto las víctimas de Jeffrey Epstein, financiero pedófilo que murió en un aparente suicidio en su celda en Nueva York el mes pasado.
Estas mujeres fueron reclutadas a veces desde los 12 años a una red de tráfico sexual que encabezaba Epstein junto con otros co-conspiradores. Los abusos ocurrieron durante años en sus mansiones en Nueva York, Florida y su isla privada en el Caribe.
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Estas mujeres son hoy maestras, actrices, madres, enfermeras, esposas, bartenders y realtors, como ha reportado el diario The Miami Herald, cuya investigación de la reportera Julie K. Brown logró que se volviera a enjuiciar a Epstein más de 10 años después de que sirviera una condena inusualmente liviana.
Pero a pesar de que algunas de ellas pudieron construir una vida después de este abuso crónico, han lidiado por años con trauma severo, depresión y adicción.
“Él arruinó mi vida y la de muchas niñas. La gente tiene que saber lo que hizo y por qué no fue procesado para que no vuelva a pasar”, le dijo Michelle Licata, una de las víctimas, al Herald.
El abuso sexual infantil, más común de lo que se piensa
Aunque la red que tejió Epstein es inusualmente monstruosa, abuso sexual como el que sufrieron esas niñas no es tan inusual.
En otro estudio de abuso infantil en específico de 1999, 35% de las mujeres que denunciaron abuso sufrieron más de un incidente. Su edad media en el momento del abuso era de 11 años.
Un 48% fueron abusadas por alguien de su familia. La mayoría, 60%, no reveló el abuso a nadie. Mientras menos aculturada a la sociedad estadounidense fuera una mujer, más probabilidades tenían de no contarle el abuso a nadie, según el estudio.
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¿A qué edad se debe hablar de sexo con los hijos? Consejos para prevenir que sean víctimas de abuso
“La pérdida de la capacidad de disfrutar la vida”
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Las secuelas de este tipo de abuso "son espantosas", le dijo a Univision Noticias Lourdes Ríos, psicóloga y enfermera especializada en abuso sexual en Miami.
Las víctimas viven una constante "falta de confianza, falta de valorización de sí mismas como ser humano", dijo Ríos. "Pierden la confianza en otros, sufren depresión, tienen intentos suicidas. Tienen la incapacidad de, por esas razones, conectar con otro ser humano y formar una familia saludable".
Esto mismo es lo que alega la declaración jurada de la última demanda de las víctimas de Epstein.
Captura de pantalla de la declaración jurada de la acusación de la demanda civil en contra del inmueble de Epstein.
“Como resultado directo y próximo de haber sido tocada a la fuerza por Jeffrey Epstein, la Demandante ha sufrido en el pasado y en el futuro continuará sufriendo daños físicos, dolor, estrés emocional, trauma psicológico, angustia mental, humillación, vergüenza, pérdida de autoestima, pérdida de dignidad, invasión de su privacidad y la pérdida de la capacidad de disfrutar la vida, entre otros daños”, dice el documento de la demanda.
“La Demandante incurrió... y sufrirá en el futuro gastos médicos y psicológicos adicionales. Estas heridas son de naturaleza permanente y la Demandante continuará sufriendo estas pérdidas en el futuro”.
Cuando el Estado es sal para la herida
Por desgracia, estas chicas sufrieron otra ronda de violencia psicológica y emocional de parte de la justicia que manejó el caso en 2008. Las víctimas dijeron que sintieron que no fueron escuchadas al enterarse de la extraña condena que recibió Epstein: tan solo 13 meses de cárcel, con salida seis días a la semana a su oficina, desde donde, según acusaciones, siguió abusando y reclutando niñas.
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Lo que es peor, uno de los cargos que se le imputó fue de prostitución infantil, lo que clasificaría a las chicas como "prostitutas", en vez de víctimas de tráfico sexual. Y no solo eso: según el acuerdo que se le otorgó a Epstein, no le avisaron a las chicas sino hasta el día del juicio, cuando ya no podían hacer ninguna objeción.
"Fue tras chicas a las que pensó que nadie escucharía y tenía razón", le dijó Courtney Wild al Herald. "Tan pronto como se firmó [el acuerdo original], silenciaron mi voz y las voces de todas las otras víctimas de Jeffrey Epstein. Este caso se trata de justicia, no solo para nosotros, sino para otras víctimas que no son estrellas olímpicas o estrellas de Hollywood".
Wild dijo que fue reclutada cuando tenía 14 años y todavía usaba ortodoncia. Más tarde desarrolló una adicción a las drogas y estuvo en prisión por cargos de drogas.
"Antes de conocer a Epstein, Courtney Wild era la capitana del equipo de porristas, la primera trompeta de la banda estudiantil y una estudiante que sacaba solo las mejores calificaciones en la secundaria Lake Worth", reportó el Herald en su investigación galardonada. "Después de conocer a Epstein, se convirtió en stripper, drogadicta y reclusa en la Institución Correccional de Gadsden en el norte de Florida".
Una chica que fue abusada por el financiero pedófilo fue encontrada muerta el año pasado en un motel en West Palm Beach por una sobredosis de heroína. Tenía un hijo pequeño.
Las drogas muchas veces se abusan en estos casos porque anestesian el dolor constante tan profundo con el que viven las víctimas, dicen los expertos.
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Cuando es el público quien las revictimiza
En muchos casos de abuso, cuando las víctimas sí hablan, sus seres queridos o el público no les cree. Esa es otra ronda de violencia psicológica que sufren.
"Hay revictimizacion de parte de la sociedad", dijo Ríos. "Eso sucede cuando la sociedad dice, 'Ah, pero cogiste el dinero', en vez de empatizar".
¿Por qué reacciona así la gente? "Porque es muy doloroso, entonces la gente tiende a minimizar el dolor de los demás... porque es demasiado horrible", explicó la terapista.
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Condenan a 79 años de prisión a pediatra que abusó sexualmente de 31 niños en Pensilvania
Alzar la voz para sanar
En el caso de Epstein, ya que él murió, el caso criminal en su contra acaba. Pero la historia aún no termina. A partir de allí surgen una serie de demandas civiles contra los co-conspiradores y contra su inmueble, para remunerar a las víctimas por los daños que han vivido y vivirán.
"La manera de salir de eso es terapia intensiva, pero incluso con eso no es garantizado", dijo Ríos. "Si hay depresión clínica, puede que necesiten tomar medicamentos. La terapia consistente, terapia en grupo y tratamientos como el EMDR (una estimulación usualmente visual que oscila de un lado del cuerpo a otro mientras la víctima cuenta su experiencia traumática)" ayudan mucho, dice la psicóloga.
Pero es cuestión de años, explican los expertos. No es como la tristeza natural por quedarse sin trabajo o la muerte de un ser querido, porque "eso es situacional, y toma un tiempo en estabilizarse", explica Ríos. "Pero esto es trauma. Esto es una violación, una imposición de poder... ellos se sienten completamente impotentes", como que su propia vida no les pertenece.
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La demanda civil no se trata solamente de una remuneración financiera que le ayudará a estas mujeres a no caer en la bancarrota tratando de cubrir un tratamiento costoso que tendrán que recibir de por vida.
"Cuando la persona revive el trauma y sale y logra ayudar a otras personas, continua el proceso de sanación", dijo Ríos. "Lograr justicia va a ser sanador".
Las víctimas de Larry Nassar cuentan en el juicio los detalles de los abusos sexuales a los que las sometió
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Aly Raisman, excapitana del equipo nacional de EEUU y ganadora de un oro y un bronce olímpicos. Crédito: Getty Images