jueves, 12 de junio de 2008

PERJUICIO, IGNORANCIA, PERMISIVIDAD.


Sabe usted que en el mundo más de 150 millones de niños sufren abuso psicológico, físico o sexual?, ¿sabe usted que el maltrato de los niños es una de las causas de que haya adultos delincuentes?, ¿sabe que quienes han sufrido abuso sexual en su infancia casi nunca pueden recuperarse totalmente?, ¿sabe que es más probable que un menor sea víctima de violencia dentro de su casa que en la calle?, ¿que tan sólo en el Distrito Federal se reciben diariamente de 20 a 30 quejas por abuso o maltrato a niños y que un 10 por ciento es por abuso sexual?, ¿y que se calcula que solamente se denuncia un 30 por ciento de lo que en realidad ocurre porque ellos o sus familiares no desean denunciar al saber el calvario que les espera en el Ministerio Público?,
El uso y abuso de niños y adolescentes no es nuevo; tanto en la Grecia antigua como en Roma era común y aceptado que un hombre tuviera un infante a su lado y lo tratara como objeto para su uso personal, y aún en el siglo XVII el rey Carlos II de Inglaterra era un pedófilo consumado, y Luis XV de Francia tenía su “harén” de niños y adolescentes, en el llamado Parque de los Ciervos.
Pero estamos en el nuevo milenio, y aunque ya la sentencia bíblica ya decía: “y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor sería que se pongan al cuello una piedra de molino y lo echen al mar” (Marcos 8-42), tuvieron que pasar siglos para que se reconocieran los derechos de los niños, uno de los cuales es el derecho a que su cuerpo y su mente sean respetados.
Pero los prejuicios, la ignorancia y la permisividad han hecho que aún sea difícil sancionar como se debe a éstas prácticas que van desde el maltrato y el abuso sexual dentro del hogar, por padres, parientes o amigos, hasta las redes de turismo sexual que ofrecen abiertamente en forma directa o por internet, el comercio sexual de niños y niñas, la venta de adolescentes, la inducción a la prostitución, en suma el abuso total de la vida de miles de seres humanos cuya vida aún está en formación.
Es por eso, y porque hemos visto el prejuicio, la permisividad e indolencia de los legisladores de cara a las denuncias de redes de pederastia en diversos estados de la república, que el grupo llamado Abuso Sexual Infantil No (ASI NO) se presentó ayer el proyecto para que estas denuncias sean canalizadas de manera adecuada, digna y eficiente.
Las leyes mexicanas abordan el problema y dan garantías a quien ha sufrido o ha sido testigo de una agresión a un menor para denunciar, pero en la vida real, el Ministerio Público vulnera los derechos del menor, porque lo agrede y lo trata como adulto; recordemos que pederastas conocidos han exigido la comparecencia de las menores denunciantes, lo que es gravísimo para su estabilidad emocional.
La solución es la creación de una Fiscalía Especializada en Delitos Contra el Menor, en donde el pequeño que sufrió la agresión sea tratado digna y respetuosamente, en donde no haya prejuicios al atender su caso, en donde se dictamine con justicia para que los responsables de estas viles agresiones tengan el castigo que merecen.
Prejuicios, ignorancia y permisividad, hacen que hoy, en este momento, en muchos lugares del país, cientos de niños pierdan para siempre la capacidad de ser adultos felices, y que los responsables sigan tan campantes; esto debe terminar, ¡ya basta!.
Rafael Álvarez Cordero
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