sábado, 11 de julio de 2009

¿ROMPER EL SILENCIO?


Cuando se aborda el tema de cómo enfrentar el abuso sexual y de cómo sobrevivir a él, cuando se lanza a las mujeres y a las niñas, a toda la socidad la universal consigna de "romper el silencio" hay que traducirla no sólo en la necesidad o urgencia de la denuncia pública y ante los tribunales.

Hay importantes pasos previos
. primero que nada hay que "darle nombre a las cosas".

Si hablar abiertamente de la sexualidad nunca fue posible en la época de las prohibiciones y los tabúes, y si hablar abiertamente de la sexualidad es un objetivo aún no logrado en la actual época de las desinhibiciones, si hablar de la sexualidad maduramente, responsablemente, festivamente -que no es lo mismo que banal, vulgar o morbosamente- es aún una utopía, hablar de abuso sexual es particularmente difícil, crispante.
En la sexualidad humana -profundamente distorsionada por la inequidad de género- es éste uno de los temas más resguardados por un silencio que sellan tres llaves: la del dolor, la del pudor y la del temor. Da miedo hablar "de eso", da vergüenza, da pena, duele mucho.

Muchas mujeres se mueren sin haber hablado nunca con nadie de "lo que les pasó". Muchas eligen morir precisamente para no tener que hablar nunca de "eso".

Muchas son las muchachas que, abusadas en sus casas por padres o padrastros, refieren que llegaron a la madurez pensando que "eso" le pasaba a todas, que eso era lo que debía pasar, que así era la vida. Muchas son las mujeres que han sepultado en el olvido que les pasó "eso" porque el tiempo y la necesidad de sobrevivir congeló en ellas en aquel momento cualquier palabra que describiera lo que les sucedía. Para muchas otras, muy pequeñas cuando "eso" les pasó, la memoria les jugó una trampa y, ya mayores, sin recordar los hechos sufren sus consecuencias.

Hablar de "eso" -con su nombre, rodeando el hecho con un cerco de palabras, diseccionando lo sentido con las palabras más adecuadas- es imprescindible. El silencio -el silencio personal de la víctima, también el silencio social- favorece siempre a los abusadores. Y siempre perjudica a las abusadas. Ante estas tragedias, el silencio es una rutina que adormece. Y que representa un riesgo para una psicología sana. Hay que romper esa rutina, ese silencio. Puede afirmarse que, sin hablar, sin hablarlo, es prácticamente imposible transitar ese camino que va de ser víctima a ser sobreviviente.

Por lo mismo, un posible primer paso para resolver los problemas que siguen al abuso sexual es hablar acerca del tema. Esta puede ser una manera de tomar el control - nunca fue tu secreto, sino el de tu agresor.

Las víctimas a menudo se sienten culpables y los agresores generalmente refuerzan este sentimiento al decirle a sus víctimas que es su culpa, que se merecen ser tratadas como objetos.

Para poder sanar, las sobrevivientes de violación y abuso sexual deben salir del escondite en el que suelen permanecer.

Requiere de mucho coraje abrirse; decirle a alguien lo que te pasó puede ser aterrador e incluso el dolor de esta experiencia puede afectar tu habilidad de hablar. Como la violación aún se considera un tema tabú, las sobrevivientes de abuso sexual generalmente sufren aún más por las reacciones de sus amigos y de su familia. Los amigos pueden distanciarse, tratar de minimizar tu dolor y sufrimiento o simplemente evitarte.

A las personas no les gusta hablar del tema de la violación y muchas pueden tratar de distanciarse del evento culpando a la víctima. Puede que sientan que si de algún modo logran poner la culpa en la víctima, se hacen ellas mismas invulnerables a ser violadas. A nadie le enseñan a lidiar con personas que han sido víctimas y la mayoría de las personas no habla acerca de la violación por muchos años.


Muchas veces las personas más cercanas a nosotros y cuya opinión más valoramos, tales como nuestros amigos y familiares, hacen comentarios inadecuados e hirientes, aunque no sea intencionalmente. Algunas personas te pueden decir que no debes sentir lástima de ti misma, o que no estás siendo lo suficientemente optimista. Puede que no vean una razón por la cual debieras estar deprimida y piensan que puedes salir de ahí "mágicamente". Si ya has tenido que lidiar con este tipo de reacciones sabes cuánto duelen. Cuando pase esto, respira profundo y recuerda que son ellos los que están equivocados, no tú. No dejes que te silencien. Ellos simplemente no entienden porque nunca han tenido que pasar por lo que pasaste tú.


Gran parte de las sobrevivientes han tenido que aprender a no dejar que lo que los otros hacen o dicen les afecte negativamente. Con el tiempo, incluso te darás cuenta que gran parte de las personas no te hiere intencionalmente con sus palabras. Algunas simplemente no están preparadas para lidiar con problemas tan sensibles y emotivos y dicen cosas sin considerar las consecuencias de sus palabras y el profundo impacto que pueden tener en ti sus comentarios.


No es sorprendente que la reacción de algunas personas te cause dolor, pero esto no significa que debes rendirte y pensar que no encontrarás apoyo ni entendimiento en otros. Hay gente que sí entiende. Encontrar apoyo en una persona puede tocar tu alma de maneras que las palabras difícilmente pueden expresar. Este tipo de personas son invaluables. Sólo debes ser precavida al decidir en quién confíar y a quién le revelas detalles que pueden ser muy sensibles. Esas personas debe ser gente que sientas que va a estar ahí, te va a entender y te va a apoyar.

Romper el silencio es uno de los primeros pasos para sanar. Cada vez que lo haces y confías en alguien, has avanzado un paso más en tu proceso de sanación.


Recuerda, tú no hiciste nada malo. No calles. Habla.



COLABORACIÓN SANTIAGO DE CHILE
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