viernes, 9 de octubre de 2009

EL A.S.I EL MÁS GRAVE Y EL MÁS FRECUENTE


El abuso sexual de niños y adolescentes es uno de los maltratos más graves y frecuentes, y, sin embargo, de eso no se habla.
Se considera abuso infantil cuando un adulto --o un adolescente mayor-- utiliza a un menor para satisfacer sus deseos sexuales aprovechando su poder y el vínculo que los une.
Más de 80,000 casos anuales de abuso sexual a niñas/niños se reportan en Estados Unidos, pero el número es aún mayor porque las víctimas temen decirlo y el proceso legal para validarlo es difícil.
El abusador empuja a la víctima a la sexualidad sin que ésta llegue a entender de qué se trata ni cómo defenderse, mientras es obligada a guardar silencio bajo tremendas amenazas. Niñas y niños desprotegidos, con baja autoestima, que carecen de educación sexual, son las presas preferidas del abusador.
El abuso es una situación asimétrica y desigual, ya que el poder está en manos de un adulto en quién la víctima confía. Frecuentemente es el padre, el abuelo, un tío, un hermano o hermanastro con el cual existe una relación estrecha y fuertemente afectiva.


``Mi abuelo me daba caramelos, me hacía tocarlo allí y después se tocaba rápido y hacía ruidos'', cuenta Cecilia, de cinco años.
Así comienza y, en la medida en que la niña/niño no se rebela, el abusador se apodera más y más del infante sometido y puede pasar de los toqueteos a la penetración.
La niña --es más frecuente el abuso femenino-- se da cuenta de que ``eso'' no está bien, pero la dependencia la obliga a callar creyendo que ella es la culpable. El silencio está también garantizado porque el abusador la amenaza con que si habla su madre o su padre morirán; el miedo a perder toda protección adulta la obliga a callar y es una mordaza que puede durar muchos años.
La frecuencia de abusos y su sentimiento de culpabilidad la van acostumbrando al dolor, que se hace rutina; una adecuación que la ayuda a tolerar el maltrato y le permite conservar la ``protección'' del adulto violador y no quedar solita.
La sumisión es extrema y dura hasta que un familiar, vecino o educador hace la denuncia; o una escalada en el abuso supera el miedo y la víctima busca ayuda. ``Cuando mi hermanita me confesó que papá también se lo hacía, no pude más''.
Los abusos reportados en las guarderías infantiles --daycares-- a niñas y niños absolutamente indefensos son un alerta de que el silencio debe terminar. El especialista doctor Alberto Goldwaser afirma que los abusadores de niños son los que más reinciden; conocemos las denuncias contra religiosos que parecen evidenciar que el sistema es enfermo.
Para evitar el abuso es necesario hablar con el niño o la niña y repetirle que nadie puede tocar su cuerpo si le incomoda o disgusta. Saber que puede decir o gritar NO y diferenciarlo del sí. Asegurarle que no es culpable y que siempre contará con la protección de aquellos adultos que lo quieren bien.
Dejar al infante desinformado y simplemente esperar que nada ocurra es una conducta imprudente y peligrosa. Para defender a nuestros menores, hablemos con ellos. •


(La Dra. Blasco es médico, psicoanalista y sexóloga, y autora de `Camino al orgasmo' y `Menopausia, una etapa vital'.)
dsb@doctorasoniablasco.com
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