sábado, 8 de mayo de 2010

El abuso sexual infantil no es un fenómeno nuevo de la realidad humana

 Existió en todos los tiempos de la historia de la humanidad. No obstante, algo alentador de la época histórico-social que nos toca vivir es que existe una tendencia creciente hacia la denuncia de los abusos. Aunque nos cause espanto, el tema es expuesto con mayor asiduidad en diferentes medios: la prensa, la televisión, la escuela, la iglesia.
• El abuso sexual infantil no reconoce barreras sociales, intelectuales ni religiosas. Lo encontramos en todos los ámbitos. De maneras más sutiles o groseras, más ocultas o más expuestas, tanto ricos como pobres, académicos como iletrados, religiosos como seculares, “cristianos” como no cristianos, casados, solteros, viudos o separados, pueden ser abusadores de niños, niñas y adolescentes.
 • El abuso sexual infantil tampoco es la conducta habitual y exclusiva de los homosexuales. Este mito ha proyectado, muchas veces, sospechas infundadas e injustas sobre los homosexuales, y ha propiciado el ocultamiento e impunidad de personas heterosexuales, padres de familia, con fachada de “respetabilidad”. Homosexuales y heterosexuales pueden ser, eventualmente, actores del abuso sexual infantil.
• La mayor parte de los abusos contra menores se realizan dentro del entorno de los mismos (familia, escuela, iglesia, clubes, etc.). El 85% de los abusos sexuales contra niños, niñas y adolescentes, son cometidos por las personas –en su inmensa mayoría varones- más próximas a ellos (pares, padrastros, tíos, primos, pastores, sacerdotes, maestros, amigos de la familia, vecinos), dado que se perpetran sobre la base de la seducción, la confianza, la dependencia y el sometimiento del niño, sin necesitar de mayor violencia; por esta misma razón se perpetúan en el tiempo. Por otra parte, los abusos cometidos por personas fuera del entorno habitual de los menores, suelen configurarse como experiencias únicas y más violentas.
 • El abuso sexual infantil y adolescente deja, por lo general, daños a corto, mediano y largo plazo. Cabe aclarar que los menores no mienten ni inventan fantasías sobre el abuso. Tampoco es un juego para los chicos ni disfrutan con esta actividad impuesta por un adulto para su satisfacción egoísta y perversa. Por el contrario, es una experiencia penosa y secreta que provoca variedad de daños que se proyectan a la vida adulta (depresión, pérdida de la confianza, baja autoestima, angustia, culpa, vergüenza, confusión en la identidad sexual, soledad, desesperanza, etc.). Se lo ha llamado, y con razón, el “crimen secreto”.

 • El abuso sexual infantil es un problema de todos. Debemos dejar de considerarlo un tema privado para constituirlo como una problemática sobre la cual todos y todas debemos tomar conciencia, adoptar medidas conducentes a la prevención y sanción de los responsables.
Sobre la autora: María Elena Mamarian, Coordinadora del Centro Familiar Eirene
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