viernes, 22 de julio de 2011

RECORDANDO


Uno de los mecanismos disponibles más efectivos para enfrentar el abuso por parte de los niños y niñas es bloquear los recuerdos, olvidar el abuso. Algunos sobrevivientes siempre han recordado lo que les pasó, pero muchos adultos han olvidado completamente la experiencia. Entonces, veinte, treinta o cuarenta años más tarde, algo sucede y ellos repentinamente empiezan a recordar. Un día despiertas y dices, “Fui sexualmente abusada(o)”. Estás viendo imágenes de tu padrastro en tu cuarto en la noche, o tienes sueños vívidos de tu hermano encima de ti. Cuando habías olvidado el abuso por años, es fácil descalificar esos recuerdos –¿De dónde vienen? ¿Qué significan? ¿Cuándo se detendrán?– o incluso, cuestionar tu propia salud mental. Pero bloquear el abuso, y luego recordarlo, es una habilidad de sobrevivencia que tiene sentido.
Cuando eras joven, tú no podías soportar el recordar lo que te estaba pasando. Como un niño o niña de 8 años, tú no hubieras podido sentarte a la mesa con tu padrastro en la mañana con tu cereal si recordaras lo que había pasado la noche anterior. Tú olvidaste a fin de poder vivir con ello.
Una vez reprimidos, los recuerdos pueden resurgir en cualquier momento. Los cambios de la vida –nacimiento de un hijo, menopausia, envejecimiento, divorcio, pérdida de alguna clase– frecuentemente detonan los recuerdos tempranos del abuso sexual. De la misma manera que sucede con la sobriedad. Cuando dejas de tomar o de usar drogas, la primera cosa que surja pueden ser los recuerdos del abuso. Tratamiento médico –una visita al dentista, un examen ginecológico o urológico, cirugía o cualquier otro procedimiento médico intrusivo– pueden desenterrar sentimientos e imágenes enterradas. Las experiencias en la adultez de victimización –un asalto, una violación– a menudo remueven recuerdos de abusos anteriores. Los padres a veces recuerdan su propio abuso cuando su hijo(a) es abusado, o cuando su hijo(a) llega a la edad que ellos tenían cuando ocurrió el abuso. Los sobrevivientes recuerdan mientras hacen el amor, se ejercitan, o reciben un masaje. O cuando ellos ven un programa de televisión, escuchan la historia de un amigo, o leen un libro como éste [El Coraje de Sanar, libro de ejercicios por Laura Davis].
Si tú siempre has recordado el abuso, los recuerdos que recuperes probablemente tienen más que ver con sentimientos que con eventos específicos. Frecuentemente los sobrevivientes pueden enumerar rápidamente los detalles del abuso como objetos en una lista del supermercado, pero están desconectados de la forma como el abuso realmente se sintió. En esos casos, recordar involucra reconectar con esos sentimientos.
Recordar es un proceso continuo de descubrimiento. Involucra ir hacia atrás y escarbar los primeros años de tu vida –juntar las piezas y reinterpretar las cosas que ya sabes, empezando por conectar sentimientos con imágenes que siempre has tenido, experimentando sensaciones corporales desconocidas. Al mismo tiempo que experimentas imágenes retrospectivas (flashbacks) en las cuales revives aspectos del abuso o vuelves a experimentar los sentimientos que tuviste en aquel momento –terror, extremo dolor físico, aislamiento tremendo. Estas experiencias pueden ser devastadoras y aterradoras. Puedes responde con conmoción, horror o incredulidad. Puedes sentir pánico o tener ideas suicidas, aliviada porque finalmente sabes la verdad acerca de tu vida.
Los ejercicios en esta sección fueron diseñados para ayudarte a aprender más acerca de tu infancia. Bien si tienes recuerdos, recuerdos vagos, o sólo sentimientos extraños, este capítulo te ayudará a llegar a un acuerdo con lo que recuerdas y con lo que no recuerdas. Obtendrás información acerca del proceso de recordar, requerirás ampliar tu idea de lo que es un recuerdo y tendrás la oportunidad de reexaminar tu experiencia desde una nueva perspectiva. Y finalmente, serás alentada(o) a desarrollar un sentido de respeto por tu propio proceso interno –qué recuerdas, cómo recuerdas, si y cuando recuerdas. 
Trabajar a través de los ejercicios en este capítulo es como remover nuevos recuerdos y sentimientos. Aunque ellos son una parte natural del proceso de sanar, estos sentimientos y recuerdos pueden ser abrumadores. Antes de que vayas más lejos, toma unos minutos para revisar las listas que hiciste en las secciones de habilidades de sobrevivencia de los ejercicios anteriores. [Si no los has hecho, búscalos en la sección Foro del Grupo de Apoyo Mutuo para Sobrevivientes de Abuso Sexual Infantil en Facebook]. Recuérdate a ti mismo(a) que hay personas a las que puedes llamar, formas de sentirte más seguro(a), opciones si entras en pánico. Tu lista de “Cosas que puedo hacer cuando me siento abrumado(a)” [Revisa los ejercicios anteriores en el Foro] te puede proporcionar una guía paso a paso si empiezas a tener nuevos recuerdos o imágenes retrospectivas (flashbacks).
¿QUÉ ES UN RECUERDO?
Muchos sobrevivientes me llaman [a Laura Davis] para pedirme permiso de venir a talleres porque ellos temen no calificar para asistir. Ellos no tienen recuerdos claros de su abuso, sólo un sentimiento repulsivo o intuición. Suenan campanas cuando ellos leen acerca de abuso o hablan con otros sobrevivientes, pero ellos no tienen imágenes visuales de lo que ocurrió. Ellos se desesperan porque no saben cuándo van a sanar porque ellos no saben exactamente qué pasó.
Siempre que tengo esta clase de llamadas, tranquilizo al sobreviviente. Le digo, “Sí, ven. Muchos adultos no recuerdan qué les pasó” De todas formas ven. Mereces sanar ya sea que tengas recuerdos o no. De hecho, puedes sanar de los efectos del abuso incluso si nunca recuerdas”.
Los sobrevivientes a veces están preocupados por su falta de recuerdos que desearía poder ofrecerles videocintas rotuladas “tu abuso sexual” que pudieran ser puestas en una video casetera y vistas de principio a fin, mostrándoles claramente lo que les pasó. Así ellos tendrían pruebas. No tendrían más dudas. 
Sin embargo, hay mucho más que los recuerdos de instantáneas nítidas, imágenes de cine, o diapositivas Kodak de los incidentes: tu padrastro sujetando un cinturón, tu hermano bajando tus pantalones, el pene del sacerdote. Los recuerdos visuales son sólo una forma de memoria. Tú podrías no tener ningún recuerdo visual de tu abuso porque quizá nunca viste nada. Tu cara fue empujada contra la tapicería. El abuso ocurrió en la obscuridad, así que no había nada que ver. Tenías tanto miedo que cerraste los ojos. No hay imágenes que recordar.
En nuestra cultura orientada a la visión, es difícil validar otras formas de memoria, pero el hecho es que es que almacenamos recuerdos con todos nuestros sentidos. Olores, sonidos, sabores y texturas, todos pueden evocar recuerdos poderosos. De igual manera puede hacerlo el contacto físico. Los recuerdos son almacenados en nuestro cuerpo, y a menudo, cuando somos tocados de un modo particular, los recuerdos surgen de nuevo. 
El proceso de recordar es como armar un rompecabezas. Cuando expandes tu concepto de memoria, encuentras que tus recuerdos se expanden también: tú eras feliz y alegre en quinto grado, pero para el tiempo en que cursabas sexto grado, estabas deprimido(a) y tenías pensamientos suicidas. Ese es un recuerdo –algo te pasó en aquel verano. Cada vez que tu pareja te toca de una forma particular, tu cuerpo se entumece y tú sientes pánico. Sientes como si estuvieras en el techo, mirando hacia abajo. Te sientes como un niño asustado. Esos son recuerdos. Sientes náuseas terribles cada vez que hueles bourbon en el aliento de alguien. Tienes un ataque de ansiedad cada vez que regresas a casa. Odias cuando tu padre trata de abrazarte. Tienes pesadillas y no puedes dormir con la luz apagada. Checas bajo la cama cada noche para asegurarte que no hay un monstruo o un violador debajo. Cuando recibes un masaje, empiezas a llorar incontrolablemente. 
Todos esos son recuerdos. No son instantáneas. No son películas. No son sostenibles en una corte, pero cuentan. Y cuando empiezas a colocar las piezas juntas, terminas con un substancial cuerpo de evidencia que te ayudará a creer que el abuso realmente ocurrió. Si empiezas con lo que sabes y partes de ahí, frecuentemente encontrarás la validación que buscas.

Tomado de El Coraje de Sanar, libro de ejercicios, de Laura Davis. 


TRADUCCIÓN: CONY DIAZ.
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