viernes, 22 de julio de 2011

Uno de los mecanismos disponibles más efectivos.


Puedes utilizar la siguiente guía para ayudarte a armar tus memorias. Escribiendo las pistas que ya tienes, ganarás valiosa información y harás nuevas conexiones.

Lee los ejemplos que siguen y luego empieza a completar las piezas de recuerdos que ya tienes, a tu propio ritmo. Hazlo lo más completo que puedas, pero ve lentamente. No esperes completar estas listas en una sola sentada. Reflexionar en sólo una o dos pistas será suficiente. Mientras recuerdas otros incidentes o sentimientos, siempre podrás regresar y agregarlos a lo que ya has escrito.
Responde tantas categorías como te sea posible.
• Piezas de memoria:
Recuerdo saber más de sexo que otros niños. Cuando alguien quería saber algo acerca de “hacerlo”, ellos venían a preguntarme.
Recuerdo estar escondido en el sótano mientras mi tío golpeaba a mi primo con el cinturón.
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• Historia familiar conocida:
Todos en la familia se reían siempre y decían que Jim y yo éramos primos besucones.
Fui llevada al doctor por una infección vaginal cuando tenía 8 años.
Mi abuelo solía inspeccionar todos los bustos de las chicas cuando llegaban a la pubertad.
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• Pistas sensoriales:
Detesto el olor del Chanel No. 5
Cada vez que escucho que alguien abre mi puerta durante la noche, me paralizo.
Cuando veo una ambulancia o escucho una sirena, empiezo a temblar.
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• Recuerdos corporales:
A menudo siento que no estoy en mi cuerpo.
Cuando me despiertan, me siento inmediatamente disgustada.
Cuando tengo un orgasmo, siempre empiezo a llorar.
Cuando hago el amor, no soporto el peso de mi pareja sobre mí.
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• Sentimientos espeluznantes:
Cuando veo un padre con su hijo caminando por la calle, estoy seguro que él abusa del niño. 
Cada vez que leo acerca del incesto, surgen oleadas de náuseas en mí.
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• Lagunas en la memoria:
No recuerdo nada entre los 8 y los 15 años.
No recuerdo haber sido niño.
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Cada vez que agregues nuevos aspectos a esta lista, tómate unos minutos para responder las siguientes preguntas:
¿Hay algunas cosas que yo no consideré recuerdos pero que ahora puedo reconocer como recuerdos? ¿Cuáles fueron?
¿Qué patrones, si los hay, emergieron en las cosas que escribí? 
¿Algún recuerdo me guió a otros? Si fue así, ¿A dónde me llevaron las asociaciones?
Cuando junto las piezas de memoria ¿Éstas me dan una mejor idea acerca de qué fue lo que me pasó? __ Sí __ No __ No estoy segura(o).
Sí es así, ¿Qué es lo que aprendí?
¿Cómo me siento en relación con esta nueva información?
¿Hay alguien con quien pudiera compartir estos recuerdos? Si es así, ¿quién?
Cosas para reflexionar:
• ¿Mis ideas acerca de los recuerdos cambiaron? Si es así, ¿cómo?
• ¿Qué me sorprendió al hacer este ejercicio? ¿Sobre qué me gustaría regresar después?
• ¿Qué necesito hacer para absorber la nueva información que a penas descubrí?



Y SI NO RECUERDAS
Hay muchas razones por las que los sobrevivientes sufren amnesia. La severidad y la duración del abuso, la edad a la que sucedió, las condiciones circundantes al abuso y la forma cómo el abuso fue tratado pueden influenciar tu habilidad de recordar. Dependiendo de esos y otros factores, puedes o no puedes tener recuerdos claros de lo que te sucedió.
Si tú no recuerdas claramente y quieres hacerlo, esto puede ser extremadamente frustrante. Es natural querer hechos innegables. Los sobrevivientes que no recuerdan a menudo sienten celos de aquellos que sí lo hacen. Sin embargo, lo opuesto también puede ser cierto. En un taller, varios sobrevivientes se lamentaban por no tener recuerdos. Finalmente, luego que ellos habían hablado varias veces, otro sobreviviente estalló ira: “¡Deberían agradecer no recordar! Tengo recuerdos todo el tiempo. Mi vida se siente fuera de control. Lo odio. Yo creo que ustedes son los afortunados”.
El resultado final es que no puedes controlar que sí o que no recuerdas. Puedes hacer ejercicios como los que siguen, y ellos te proporcionarán pistas adicionales de información, pero no necesariamente te darán la clase de “prueba” que buscas. Hazlos de todas formas, y mantén en mente el hecho más importante –que tú puedes sanar ya sea que recuerdes o no.
¿A qué le temo?
Un factor que puede influenciar el recordar es la disposición. Su tú no tienes apoyo en tu vida, no estás listo(a) para manejar la información, o ya estás abrumado(a), no recordar puede ser una forma de protegerte a ti mismo(a).
Nuestras defensas realizan una importante función. En lugar de derribarlas, es de sabios respetarlas y aprender a trabajar con ellas. Echando un vistazo a las razones por las que temes recordar, puedes aprender de qué te estás protegiendo a ti mismo(a).
Completa las siguientes oraciones sin pensar acerca de lo que vas a escribir. Escribe la primera cosa que venga a tu mente, aun si no tiene sentido. No te juzgues.
Si yo recuerdo el abuso, yo moriría.
Si yo recuerdo el abuso, mi padre vendría y me atraparía.
Si yo recuerdo el abuso, terminaría en el hospital.
Si yo recuerdo el abuso, me suicidaría.
Si yo recuerdo el abuso, perdería a mi familia.
Si yo recuerdo el abuso, significaría que mi mamá estaba mal.
Si yo recuerdo el abuso, ...
Si yo recuerdo el abuso, …
Si yo recuerdo el abuso, …
Si yo recuerdo el abuso, …
Si yo recuerdo el abuso, …



Cosas para reflexionar:
• ¿De qué me estoy protegiendo a mí misma(o)? ¿A qué le temo?
• ¿Cuáles de mis miedos son realistas?
• ¿Puedo estar en paz con el hecho de que tal vez nunca llegue a recordar con claridad el abuso? ¿Por qué sí o por qué no?




Tomado de El Coraje de Sanar, libro de ejercicios, de Laura Davis. 
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