lunes, 21 de noviembre de 2011

El acceso a la justicia


En junio de este año, los padres de 35 alumnos del jardín de niños Andrés Oscoy (Iztapalapa) denunciaron al conserje, Saúl Blancas Tamayo por violación y abuso sexual. La directora del plantel Luz Cano Martínez también fue detenida por encubrimiento. Ahora la novedad en este caso, es que la Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia (ODI) interpuso un amparo que fue aceptado por el Décimo Séptimo Juzgado de Procesos Federales del DF para proteger a los menores en las diligencias del caso.


Esto es muy importante porque la justicia del DF tiene serios problemas de adaptación procesal en el caso de niños/as. Esto significa que el derecho de adultos se aplica casi sin ninguna modificación a los menores. En los procesos penales de la ciudad, desde la averiguación previa hasta el juicio propiamente dicho, el trato recibido por un niño/a es prácticamente similar al de un mayor de edad. Imagínese la tensa declaración, el uso de términos técnicos legales que siempre suenan amenazantes, las interminables esperas, el ambiente de los juzgados penales, los incomprensibles e infinitos retrasos burocráticos, etc.


Si todo esto es insoportable para una víctima adulta, ya se puede imaginar para un niño/a.


El acceso a la justicia

Este amparo y la disposición del juzgado para aceptarlo pueden señalar varios caminos. El primero de ellos relacionado con el intento de "ajustar" un proceso pensado para adultos a la perspectiva, posibilidades, emociones y estructura cognitiva de un niño/a. En segundo lugar, para poner a los menores en el status de sujetos de derecho con su correspondiente garantía de acceso a la justicia. No como ahora que son vistos como sujetos pasivos que deben ser protegidos y asistidos pero sin un rol importante en la toma de decisiones judiciales. Y por último, para romper la inercia tremenda de las víctimas y familiares que deciden no denunciar los abusos sexuales porque los cometió un familiar cercano, porque el proceso judicial es difícil o por ignorancia. Y también la larga tradición que recomienda no ir a los tribunales en estos casos precisamente para no "revictimizar" a los niños/as con un proceso judicial impiadoso.


Este amparo y el trabajo del juzgado (si sale bien) pueden cambiar muchas cosas: desde los peritajes de la Procuraduría que se reducen casi siempre a interrogatorios absurdos y que en ocasiones son un modelo de lo que no se debe hacer jamás con un niño (basados en un manual de peritajes en psicología infantil que nadie conoce fuera de la Procuraduría) hasta el trabajo del DIF que se puede obviar sin mayores costos para las víctimas y que debería ser el gran mecanismo institucional para la protección de los niños/as y no lo es.


Y los peritajes no son un problema secundario. En los casos de abuso sexual infantil son fundamentales porque generalmente no se realizó en lugares abiertos, no hay testigos, ni hay pruebas en sentido convencional, es decir, cosas u objetos. Lo que existe son hechos que se puedan probar por peritajes físicos (cuando se puede), por declaraciones de los niños/as y por el brutal impacto psicológico que el abuso ha provocado.


Y esto último rara vez se tiene en cuenta. El proceso solamente se concentra en los delitos. Pero según algunos estudios internacionales (Child Sexual Abuse - Andrews/2004), el abuso sexual de menores puede tener consecuencias devastadoras en la vida de las personas abusadas. Y este no es un tema menor a ser tomado en cuenta a la hora de juzgar a los violadores y abusadores.


En resumen, este amparo logrado por ODI es una excelente noticia. Ahora hay que esperar que se transforme en un buen juicio que empiece a cambiar las cosas en esta clase de procesos judiciales. Y enseñar a las víctimas (y familiares) de estos delitos que la justicia de la Ciudad puede servir precisamente para hacer justicia en serio. La única que realmente cuenta frente a la desprotección y el dolor.


Las cicatrices del abuso sexual

Padecimiento    Mujeres    Hombres
Trastorno por estrés postraumático    33%    21%
Trastornos de pánico    13    7
Intentos de suicidio    11    6
Depresión, alcohol y drogas    8    5

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