En primer lugar debemos de dejar de
pensar en cualidades y defectos, en lugar de ellos englobemos todos
en un solo concepto: características. Para términos de este
ejercicio es importante no juzgarse. Tómense su tiempo, no tienen
que hacer todo el ejercicio de una sola vez. Puede ser que quieran
hacer un paso cada día, que quieran esperar en el primer paso hasta
haber anotado todo. Puede ser que no quieran ir a la cama hasta
terminarlo. Como sea, no se presionen, no se fuercen. Ya nos forzaron
mucho en el pasado como para que ahora nosotros solos lo hagamos.
Primero:
Haz una lista con tus
características, pueden ser emocionales, físicas, intelectuales…
todas las que recuerdes y conforme recuerdes más agrégalas a tu
lista.
Ejemplo:
Soy inteligente
Soy dormilona
Soy gorda
Tengo ojos cafés
Soy bajita
Soy aburrida
Soy desidiosa
Soy pésima cocinera
Soy mala para las matemáticas
Soy muy parlanchina
Soy torpe
Segundo:
Una vez que tengas tu lista,
anota frente a cada afirmación quién fue la primera persona de
quien escuchaste eso, quién te lo dijo la primera vez, o lo dijo.
Ejemplo:
Soy inteligente mi maestra de 1er
grado
Soy dormilona mi mamá
Soy gorda mi papá
Tengo ojos cafés mi mamá
Soy bajita mi papá
Soy aburrida mi papá
Soy desidiosa mi mamá
Soy pésima cocinera mi mamá
Soy mala para las matemáticas mi
papá
Soy muy parlanchina mi abuelo
Soy torpe mi mamá lo decía de sí
misma
Tercero:
Ahora analicen cada afirmación
y pongan una V por verdadero o F por falso. Las que resulten falsas
táchenlas y remplácenlas con la verdad. Si alguien te dijo algo que
te hizo sentir mal y que internalizaste, imagina a esa persona y
patéale el trasero. Rechaza esa mentira con fuerza. Dile a esa
persona, en tu mente al menos, “Eso no es cierto, no soy cómo tú
dices. Yo soy [aquí di la verdad que sustituye a esa mentira]”. Si
deseas confrontar a esa persona acerca de la forma cómo te trato y
cómo te hizo sentir, haz un plan antes de la confrontación.
Necesitas protegerte para no salir lastimada(o).
Soy inteligente mi maestra de 1er
grado V
Soy dormilona mi
mamá F Todos los días me levanto a las 5 am para ir a trabajar
Soy gorda mi
papá F Mi peso es adecuado para mi estatura
Tengo ojos cafés mi mamá V
Soy bajita mi papá V
Soy aburrida mi
papá F Soy culta
Soy desidiosa mi mamá V
Soy pésima cocinera mi
mamá F Preparo comida sabrosa los domingos cuando estamos todos en
casa
Soy mala para las
matemáticas mi papá F Llevo bien las cuentas del
negocio
Soy muy parlanchina mi
abuelo F Me gusta conversar y soy amena
Soy torpe mi
mamá lo decía de sí misma F Ella era muy hábil con las
manualidades y le gustaba mucho tejer ropa para toda la familia. Yo
soy muy buena bailarina
Cuarto:
hagan una lista con todas las
verdades. Si internalizaron algunas de estas afirmaciones porque las
escuchaban a menudo aun cuando no se refirieran a ustedes. Como la
última del ejemplo, en esta nueva lista, sólo anoten la verdad
acerca de ustedes, no sobre la persona a quién se la escucharon.
Soy inteligente
Todos los días me levanto a las 5
am para ir a trabajar
Mi peso es adecuado para mi estatura
Tengo ojos cafés
Soy bajita
Soy culta
Soy desidiosa
Preparo comida sabrosa los domingos
cuando estamos todos en casa
Llevo bien las cuentas del negocio
Me gusta conversar y soy amena
Soy muy buena bailarina
Quinto: Ahora has develado tus
verdaderas características. Puede ser que algunas de ellas no te
gusten o que te estén causando problemas. Pon un * frente a todas
aquellas que no te gustan.
Soy inteligente
Todos los días me levanto a las 5
am para ir a trabajar
Mi peso es adecuado para mi estatura
Tengo ojos cafés
Soy bajita *
Soy culta
Soy desidiosa *
Preparo comida sabrosa los domingos
cuando estamos todos en casa
Llevo bien las cuentas del negocio
Me gusta conversar y soy amena
Soy muy buena bailarina
Sexto: escribe delante de * si es algo
que puedes cambiar o no.
Soy bajita * No lo puedo cambiar.
Soy desidiosa * Sí lo puedo
cambiar.
Séptimo: Haz compromisos que te ayuden
a sentirte mejor. No te presiones, sé comprensiva(o) contigo
misma(o). Acepta esas cosas que no puedes cambiar y escribe algo
positivo frente a esas características. Con aquellas otras que sí
puedes cambiar da un paso a la vez. Elige una forma en particular
cómo vas a tratar de cambiar, sé específica y sé realista. Si
quieres hacer cambios radicales de una vez puede sentirte agobiada y
claudicar al tercer día o posponer el inicio del cambio, además que
podría ser otra nueva forma de auto castigarte.
Si decides que tú verdad es que eres
floja, no digas: me voy a levantar a las 5 todos los días, voy a
correr 10 km todos los días, voy limpiar la casa todos los días.
Elige sólo una. Algo que realmente quieras hacer, tengas que hacer y
estés dispuesta a hacer.
Soy bajita * No lo puedo cambiar.
Me acepto como soy y me amo.
Soy desidiosa * Sí lo puedo
cambiar. Hay muchas cosas que he dejado de hacer por desidia. Hoy me
comprometo a atender una de esas cosas. Mi compromiso es ordenar el
ático para ello voy a tirar las cosas que no uso y no ya necesito,
limpiaré, y pondré en cajas las cosas que quiero seguir
conservando.
Nota: Una de las características que
en más trampas nos mete a muchos, sobrevivientes y no
sobrevivientes, es “estoy gorda(o)”. Si ese es tu caso, primero
calcula tu índice de masa corporal o pregunta a un médico si tienes
sobrepeso, no te confíes a lo que ves en el espejo porque te puedes
engañar, ni confíes en la forma cómo te queda la ropa pues puede
ser que sólo estés usando la talla incorrecta. Sí ya es oficial
que tienes sobrepeso inicia un plan para perder peso gradualmente,
nunca de prisa. ¿Cuánto tiempo te tomó ganar ese sobrepeso? Seguro
que no fue una semana así que no intentes hacer una dieta o seguir
un consejo milagroso que te ofrece bajar más de 500 gramos en una
semana. Podría tratarse de un método que te deshidrate o te
descompense causándote serios problemas de salud. Si las matemáticas
dicen que no tienes que bajar de peso pero aun así crees que debes
bajar de peso, quizá se trate sólo de hacer tono muscular y
sustituir poco a poco, grasa por músculo. Para eso puedes hacer
ejercicio moderado y con la asistencia de un preparador físico. Si
no puedes costear un preparador físico, camina 30 minutos diarios y
notarás la diferencia.
