jueves, 2 de febrero de 2012

Mitos sobre el Abuso Sexual Infantil


Los abusos sexuales en la infancia sólo se producen en familias desestructuradas o de nivel sociocultural muy bajo. Los ASI se dan en todo tipo de familias y clases sociales, aquellas que están desestructuradas como las que cara a la sociedad son familias idílicas.
Los abusos sexuales siempre son cometidos por hombres. Los agresores sexuales pueden ser tanto hombres como mujeres
aunque las estadísticas muestran que la mayoría de ellos son hombres.
Los abusos sexuales en la infancia sólo ocurren en los países del tercer mundo
.Los ASI ocurren en todos los países sólo
que nos cuesta admitir que pueda ocurrir en nuestro país de origen, pero es real, ocurrieron y siguen ocurriendo en España.
Las niñas son las únicas que sufren abusos sexuales. Los estudios muestran que tanto las niñas como los niños sufren ASI, una de cada tres niñas y uno de cada seis niños antes de los 17 años.
Los abusos sexuales no ocurren. A pesar de que haya un sector de la sociedad que no quiera ver la realidad, lo cierto es que los abusos sexuales en la infancia siguen ocurriendo.
Los niños que sufren abusos sexuales es porque provocan o incitan a los adultos. Un niño jamás es culpable de los abusos sexuales que sufre, los niños son inocentes. Es el adulto el que tiene un problema.
La mayoría de los abusos sexuales son cometidos por desconocidos. El 86% de los abusos sexuales son cometidos por personas del entorno familiar.
Un niño abusado sólo puede sufrir abusos por parte de una persona. La realidad es aún más cruel, un mismo niño puede estar sufriendo abusos por parte de diferentes personas.
Si se produjeran abusos sexuales en tu entorno familiar seguro que tú lo sabrías porque la persona que los ha sufrido los contaría abiertamente. Falso, las personas que sufren abusos sexuales suelen guardar silencio y mantener el secreto por diferentes motivos: miedo, vergüenza, culpa…
Los adultos son los únicos que pueden abusar de un niño. Los adultos no son los únicos que pueden cometer abusos sexuales también los adolescentes, aunque las estadísticas son inferiores.
Un abuso sexual conlleva violencia física. No todos los abusos sexuales tienen porqué conllevar violencia, hay abusos “suaves” y otros más violentos, al igual que hay abusos con o sin penetración.
Las consecuencias del abuso sexual infantil no son importantes, los niños lo olvidan todo. Las consecuencias del ASI son diversas tanto a corto como a largo plazo y todas son importantes. Los niños pueden olvidar o no para sobrevivir, pero eso no implica que no haya secuelas posteriores.
Todo aquel que haya sufrido abuso sexual infantil se convertirá en un agresor posteriormente. Esto no es real, si que hay una posibilidad de que esto ocurra, pero no es una certeza. Lo mejor que puedes hacer es trabajar tu historia.



Más del 80% de los abusos sexuales son cometidos por personas del entorno familiar del niño.


Los únicos que abusan sexualmente de los niños son los hombres.
Los estudios muestran que la mayoría de los ASI son cometidos por varones, pero también hay mujeres que cometen este tipo de agresión aunque sea en menor número.
Los abusos sexuales en la infancia (ASI) sólo ocurren en los países menos desarrollados.
La realidad muestra que los abusos sexuales ocurren en todos los países, eso incluye España. En los medios de comunicación sólo escuchamos una mínima parte de la realidad, aquellos que son más morbosos pero hay muchos que no llegarán nunca a nuestro conocimiento.
El ASI no tiene importancia, los niños lo olvidan todo.


Esto sin duda alguna es completamente erróneo, los abusos sexuales generan secuelas que pueden ser muy graves y crónicas, da igual a la edad que ocurran. Esto puede cambiar si se detecta a tiempo y recibe ayuda psicológica especializada.
Los ASI sólo tienen lugar en familias desestructuras o de nivel sociocultural bajo.
Los ASI se producen en todo tipo de familias y clases sociales, no todo es lo que parece, los abusadores pueden ser encantadores cara a la sociedad, personas que jamás pensarías que tienen este problema pero no dejan de ser abusadores sexuales.
Los únicos que sufren abuso sexual infantil son los niños varones.
Los estudios de Félix López, catedrático de la Universidad de Salamanca, muestran que una de cada cuatro niñas y uno de cada seis niños sufren abusos sexuales antes de los 17 años en España, de ahí la importancia de la prevención.
Los abusos sexuales ocurren porque los niños excitan o provocan a los adultos.
Un niño no es culpable de sufrir ASI, el único responsable es el adulto de lo que hace con su propia excitación.
Nadie que tú conozcas ha sufrido ASI porque si así fuera lo habrías notado o te lo hubiera contado abiertamente.
La mayoría de las personas que han sufrido ASI jamás lo cuentan, guardan silencio por vergüenza, culpa, o miedo a que les puedan rechazar o que no les crean.
Es una certeza, las personas que han sufrido ASI se convertirán en agresores sexuales.
Sólo un pequeño porcentaje de las personas que han sufrido ASI se convertirán en agresores sexuales, cuando una persona trabaja su historia la probabilidad se ve disminuida. Es igual que aquellos que han sufrido maltrato infantil, no por ello te conviertes en maltratador.
Los ASI sólo son cometidos por adultos.
La realidad aunque dura difiere, tanto adolescentes como niños pueden abusar de otros niños, siempre como un mecanismo de repetición porque no saben que está mal o porque se lo hicieron a ellos, pero hay que decir que esto es una minoría.

miércoles, 1 de febrero de 2012

El abusador elige un objeto de amor que va a destruir


La psicóloga Marcela Cozman ha tratado a víctimas y victimarios de abuso sexual en sus años de ejercicio profesional. Actualmente, aparte de sostener su propio consultorio, trabaja para el Estado en el centro de salud del barrio Limache.

¿Existen centros estatales de ayuda a las víctimas de abuso sexual?
En general se derivan a centros de salud, hospitales o centros privados. En la actualidad, puede decirse que las salitas de las diferentes zonas de la ciudad cuentan con psicólogos para atender este y otros tipos de casos.

¿Cómo se puede detectar a un niño que ha sido abusado?
Hay indicios que en general el niño expresa, porque desea que se enteren de lo que le está sucediendo. A pesar de eso, a veces la misma familia no quiere darse cuenta, porque las consecuencias pueden ser hasta su disolución. Luego, esos indicadores dependen de si el abuso fue reciente o no. Cuando es reciente, los chicos reaccionan igual a cualquier otro problema serio. Los síntomas son parecidos a reacciones post-traumáticas. Se denotan cambios de conducta, se ponen muy agresivos, tienen insomnio o están hipersensibilizados, no quieren que se los hable, que se los toque, tienen problemas de alimentación y de relación con los otros. Surgen problemas en la escuela porque están ausentes, dispersos, no quieren jugar y se aislan. Hay también rasgos físicos, como moretones y golpes, no necesariamente en zonas genitales.

¿Y el niño que es abusado desde hace mucho tiempo?
En estos casos pueden aparecer conductas de hiperadaptación. Los chicos que son abusados reiteradamente pueden presentar conductas de sumisión depresiva. También pueden tener preguntas o actividades sexuales que no tienen que ver con su edad. Por ejemplo, una masturbación compulsiva a los ocho años no es frecuente. También cuando las preguntas en torno al sexo son obsesivas o muestran signos de conocer ciertas cosas que son raras para los chicos de su edad... En general la curiosidad sexual surge en torno a los diez años. Antes está el pudor. No son signos definitivos, pero ahí debe estar la vigilancia del adulto.

¿Qué consecuencias tendrá la persona abusada en la adultez?
El otro día leía un artículo donde se decía que la secuela que deja el abuso sexual infantil en el adulto, es igual a un balazo a quemarropa en el aparato psíquico. Y es absolutamente así. Los adultos abusados en la infancia, en general muestran un aparto psíquico devastado. Y las víctimas llegan a adultos con los pedazos que han podido reunir para seguir viviendo. Y como adultos, tienen muchas dificultades para separarse de los padres, para encarar relaciones amorosas duraderas, no logran adquirir una vida sexual plena, etc. Como en general el abuso es ejercido por gente cercana, por alguien que en la mayoría de las veces la víctima tiene una relación afectuosa, a veces la víctima se identifica con el agresor.

¿Recibe muchos casos de adultos abusados en la infancia?
Como es tema tabú, muchas veces se niega, no se denuncia, ni se cuenta. Eso hace que parezca un hecho extraordinario, pero es mucho más frecuente de lo que se puede suponer. Por ejemplo, en la adolescencia hay muchos juegos sexuales, hay cosas relacionadas... Pero la dificultad es cuando estos juegos incluyen a chicos con mucha diferencia de edad. Quiero decir, no es lo mismo que dos niños de seis años se muestren los genitales entre sí, que cuando participa uno de doce años. Por eso es imprescindible la supervisión de los adultos. Los niños necesitan ser supervisados en sus reuniones con primos, amigos del barrio, incluso con sus hermanos. Luego, la educación sexual. Nos vemos obligados a advertir a los chicos acerca del cuidado del cuerpo. Es un bajón, pero es la única forma de prepararlos.

¿La familia prefiere no volver a tocar el tema?
En los casos que he tenido, en los que hay sospechas de abuso, los chicos en general no vienen más. Como son traídos por sus padres o sus familiares, y representan un problema complejo para la familia, no todos están dispuestos a resolverlo. Entonces directamente no los mandan más al psicólogo.

¿Y no es mejor olvidar el asunto?
El mejor pronóstico de recuperación de la víctima, es aquel donde los padres se han hecho cargo del asunto y lo defienden a rajatabla. Es como si el chico tuviera un accidente y los padres se hicieran cargo de su situación. Entonces, el trauma de un accidente grave va a estar presente, pero estuvieron los padres para ayudarlo y curarlo. Sin ese apoyo, el niño se queda sin nada, en total estado de abandonado.

¿Qué le excita de un niño a un abusador?
La sexualidad es plástica y puede tomar como objeto de deseo muchas cosas, personas, elementos. Pero, de todas las formas de la sexualidad que esto provoca, las únicas que son ilegales o que constituyen un delito, son las que se ejercen con niños o forzamientos. En general las situaciones con niños se dan en sujetos perversos, que deben elegir como objeto de amor algo que van a destruir. Allí radica su gozo sexual. No les parecen atractivos un niño o una niña, sino la destrucción, la humillación y el sometimiento que puede provocarle al objeto amado.

http://www.eltribuno.info/salta/123792-El-abusador-elige-un-objeto-de-amor-que-va-a-destruir.note.aspx

martes, 31 de enero de 2012

ENTENDIENDO QUE NO FUE TU CULPA




Cada sobreviviente que he conocido ha lidiado con la culpa, con la horrible sensación de que había algo mal muy en el fondo de ella(él)que causo el abuso.
A pesar de que esa idea es universalmente sostenida(Laura  Davis)he hablado con miles de sobrevivientes y todavía no he conocido a ninguno que haya sido culpable de haber sido abusado sexualmente.




Hay muchas razones por las que los niños y niñas (y más tarde adultos sobrevivientes) se consideran a sí mismos responsables. El abusador podría haberte dicho que fue tu culpa. Otros adultos podrían haber reforzado esta idea. Si tú lo dijiste, pudiste ser culpado o castigado. Tu religión podría haber hablado de pecado, infierno y condenación. Si el abuso tuvo lugar en tu familia, era menos doloroso culparte que aceptar la realidad de tu situación que los adultos que se suponía que te deberían amar y respetar estaban tratando de lastimarte. Si tú creías que el abuso fue tu culpa, al menos tú podías mantener la ilusión de que había algo que tú podías detenerlo.



Hay ciertas circunstancias que hacen a los sobrevivientes sentirse aun más responsables por el abuso. Si tu cuerpo respondió a la estimulación, si tú experimentaste placer sexual o disfrutaste la cercanía que viene aparejada con el abuso, tú pudiste tomar estas cosas como prueba de que realmente fue tu culpa. Si no dijiste no, buscaste la atención, fuiste abusada(o) por un hermano que era sólo un poco mayor que tú, o tú eras mayor, puedes sentir particular vergüenza. Y si tú eres un hombre, tienes que lidiar con los mitos adicionales de que los hombres no son víctimas y que tú tuviste “suerte” de ser iniciado sexualmente a temprana edad.



Pero incluso si tú experimentaste todo esto, no significa que el abuso sea tu culpa. Nunca está justificado que una persona más poderosa tome ventaja de la vulnerabilidad, ingenuidad, curiosidad o necesidad de atención de una persona más joven. El abuso sexual nunca es responsabilidad del menor. Siempre es responsabilidad del adulto.
Los ejercicios en este capítulo están diseñados para ayudarte a entender por qué el abuso no fue tu culpa. Identificarás las razones por las que te sientes responsable por el abuso y encontrarás información que desacredita esas razones. Serás enviada(o) en un viaje de campo a observar niños y niñas y adolescentes de la edad que tú tenías cuando comenzó el abuso y tendrás la oportunidad de investigar en tu propia infancia la evidencia de tu vulnerabilidad e inocencia. Un proyecto de arte te ayudará a entrar en contacto con el niño(a) que todavía vive dentro de ti y el ejercicio escrito final te requerirá acercarte a un pequeño(a) que hoy se siente responsable y avergonzado.



DEJANDO LA VERGÜENZA



Antes de que dejes de sentir vergüenza, debes reconocerla, nombrarla y ponerla frente a ti a plena luz de día. Cuando mantienes la vergüenza en secreto, gana poder sobre ti. Aún te sigues sintiendo tan avergonzada(o) como para decírselo a alguien porque piensas que el abuso fue tu culpa. Pero admitir la culpa es el primer paso para debilitar su poder.

El siguiente ejercicio se divide en dos partes. La primera te pide que identifiques las razones por las que te culpas tú misma(o) por el abuso; la segunda requiere que reúnas información para negar esas razones. Contestar las preguntas de la primera sección puede generarte intensos sentimientos de vergüenza y odio a ti misma(o). Es importante que cuentes esos sentimientos para completar las afirmaciones más positivas de la segunda sección. Trata de completar ambas partes a la vez.




IDENTIFICANDO LA VERGÜENZA ESCONDIDA



Completa las siguientes afirmaciones. No dudes ni censures tus respuestas. Anota la primera cosa que venga a tu mente. (Siéntete libre de usar cualquiera de los ejemplos con los que te identifiques.
Realmente fue mi culpa porque seguí yendo por más. Yo fui quien pidió un masaje en la espalda. Realmente fue mi culpa porque tuve un orgasmo. Debí quererlo. Realmente fue mi culpa porque nunca dije no. Realmente fue mi culpa porque sólo era mi hermano y era sólo un año mayor que yo. (Para mujeres) Realmente fue mi culpa porque mi padre dijo que era una ramera. Él me dijo que yo quería. (Para hombres) Realmente fue mi culpa porque tuve una erección. Debe haberse sentido bien para mí.

Realmente fue mi culpa porque… Realmente fue mi culpa porque… Realmente fue mi culpa porque… Realmente fue mi culpa porque… Realmente fue mi culpa porque… Realmente fue mi culpa porque… REMPLAZANDO LA VERGÜENZA CON LA REALIDAD




Una persona que te dé un buen apoyo te dirá inmediatamente que el abuso sexual no fue tu culpa. Una persona que te dé un gran apoyo te dirá porque no fue tu culpa. Si tú empiezas con un entendimiento intelectual de porque tú no fuiste culpable, ese entendimiento a menudo comienza a infiltrar y remplazar las creencias falsas que cargas. Tu sentido de vergüenza es gradualmente aliviado y empiezas a darte cuenta, en lo profundo de tu ser, de que tú realmente no fuiste culpable.




Regresa a “las razones por las que fue mi culpa” que acabas de anotar. Para cada razón, escribe una refutación correspondiente (ve los ejemplos siguientes). Si tú no puedes pensar en nada que escribir, habla con otros sobrevivientes. Lee El Coraje de Sanar. Lee otros libros acerca de sanar el abuso sexual infantil. Pídele a tu terapeuta que te lo explique. Si no tienes un terapeuta, ¿qué crees que te diría un buen consejero? Este es un proyecto de investigación. Es tu trabajo traer los hechos y la información que contradiga tus razones para culparte a ti misma(o).




Cuando hayas terminado tu investigación, anota las razones abajo. Incluso si tú no crees en ellas al inicio, anótalas de todas formas. Poner la verdad sobre papel es el primer paso para remplazar una falsa creencia con una verdadera.



No fue mi culpa porque los niños necesitan atención y afecto para sobrevivir. El sexo con mi abuelo fue el único contacto que estuvo disponible para mí. Es por eso que yo volvía por más. No fue mi culpa porque mi cuerpo respondió. Mi cuerpo hizo lo que se supone que debe hacer. No fue mi culpa. No fue mi culpa porque nunca me enseñaron a decir NO. Nadie en mi familia nunca me enseñó que está bien establecer límites o decir NO. No fue mi culpa porque mi hermano era mayor y más fuerte que yo. Él tenía mucho más poder que yo en la familia. Yo lo miraba y quería hacer lo que fuera para complacerlo. Cuando tú tienes 12 y tu hermano 13, un año es una gran diferencia. (Para mujeres) No fue mi culpa porque mi padre estaba equivocado. Yo era una niña inocente.




Él me llamó ramera para justificar su conducta enferma. (Para hombres) No fue mi culpa porque se supone que los penes responden al tacto. Yo tuve una erección porque mi abusador me estimuló sexualmente, no porque yo quisiera ser abusado.




No fue mi culpa porque… No fue mi culpa porque… No fue mi culpa porque… No fue mi culpa porque… No fue mi culpa porque… No fue mi culpa porque…




COSAS PARA REFLEXIONAR:

¿Qué fue más difícil para mí, la primera o la segunda parte del ejercicio? ¿Por qué? ¿qué respuesta me resultó la más vergonzosa en la primera parte? ¿Qué respuestas fueron las más difíciles de contar? ¿Creo en las cosas que escribí en la segunda parte de este ejercicio? Si no, ¿Qué me ayudaría a hacerlo?

OBSERVANDO NIÑOS Y NIÑAS

Muchos sobrevivientes creen que son culpables porque ellos piensan que debieron hacer algo para detener el abuso. Esto es porque muchos sobrevivientes no están familiarizados con qué tan vulnerables son los niños y niñas. Tienen una idea no realista de la habilidad de los niños para protegerse a sí mismos. La mejor manera para ganar una perspectiva adecuada es observar a los niños y niñas.
Ve a un lugar donde puedas observar niños y niñas que sean de la edad que tenías (o crees haber tenido) cuando el abuso comenzó. Si tú eras un bebé, ve a una guardería. Si tú tenías 4 años, ve a prescolar. Si tenías 9 años, observa a un grupo de estudiantes de cuarto grado en el recreo. Y si tú eras adolescente, acude a un centro comercial. Si tienes hijos propios, retrocede y obsérvalos con una mirada escudriñadora.




Conforme observas, mira cuidadosamente. Físicamente, ¿Qué tan grandes son los niños y niñas? ¿Cómo suenan sus voces? ¿Cómo se comunican? ¿De qué hablan? ¿En qué se interesan? Si son chicos y chicas mayores, mira la vulnerabilidad encubierta en su aparente madurez. ¿Cómo interactúan con sus pares? ¿Con otros adultos? ¿Crees que estos chicos y chicas quieren tener sexo con adultos? ¿Puedes ver que ellos pueden ser fácilmente manipulados? Si encuentras que alguno de ellos está siendo abusado, ¿pensarías que él o ella se lo merecen?


Anota tus observaciones.

COSAS PARA REFLEXIONAR:


¿Cómo pensaba antes que eran los chicos y chicas antes de hacer mis observaciones? ¿Mis expectativas eran realistas? Si no, ¿Por qué no? ¿Cómo cambiaron mi perspectiva mis observaciones? ¿Este ejercicio influyó mis propios sentimientos de vergüenza y responsabilidad en alguna forma? Si sí, ¿cómo?

Espera el ejercicio acerca de EVIDENCIA DE NIÑEZ
Tomado de El Coraje de Sanar, libro de ejercicios de Laura Davis.




jueves, 26 de enero de 2012

Rescatar al niño interior por Alice Miller

El Mundo de los ASI



La burla, la desatención, los cachetes, el abuso físico… En mayor o menor medida, todos hemos sido víctimas de la violencia de los adultos cuando éramos niños.
Encontrar a alguien que nos escuche con empatía y admitir que sufrimos ese maltrato sin sentirnos culpables permite sanar nuestra infancia y nuestro presente, y evitar que se repita la historia.
Desde la publicación de mi libro El drama del niño dotado, en 1979, he recibido con regularidad cartas de lectores que me cuentan la historia de su infancia y me formulan muchas preguntas al respecto. A menudo he sentido la necesidad de responder a estos valiosos relatos de vida y he lamentado mucho no poder satisfacer esa necesidad, sobre todo por limitaciones de tiempo.
También deseaba compartir estos testimonios, estos informes de víctimas de abuso infantil, pero esa posibilidad me estaba vedada por el carácter confidencial de esos textos. En 2005 empecé a publicar en mi web (www.alice-miller.com) con permiso de los autores, las cartas de interés general y mis respectivas respuestas. Estas cartas hablan de los sufrimientos, a menudo inimaginables, de personas maltratadas en la infancia que, a pesar de años de terapia, nunca fueron conscientes de ese maltrato. Padecían numerosas enfermedades, se acusaban de la crueldad que tenían que soportar y sólo cuando leyeron mis libros pudieron sentir, con alivio y por primera vez, el sufrimiento de su infancia. Algunas encontraron allí la clave para comprender toda su vida y con ello dejar atrás sus pánicos, depresiones y adicciones.
Estas personas, como es comprensible, se encuentran ante muchas preguntas que hasta ahora habían evitado. Mis respuestas a tales preguntas tratan, en esta nueva situación, de ayudarles a hallar orientación y a personas que, como testigos empáticos y con conocimiento de causa, las asistan en la mejor utilización posible del conocimiento que han adquirido sobre sí mismos.
ACOMPAÑARLOS EN EL PROCESO
Los seres humanos que en su infancia fueron objeto de maltrato encuentran así una tribuna que les permite expresarse libremente y, juntos, buscar la manera de liberarse de las consecuencias de los abusos padecidos.No podemos resolver los efectos del maltrato en terapias que eluden los hechos y se limitan al análisis de las realidades psíquicas. Pero podemos liberarnos de las consecuencias si estamos preparados para afrontar emocionalmente la verdad de nuestra infancia, renunciar a la negación de nuestro sufrimiento y desarrollar empatía con el niño que fuimos y entender así las razones de nuestros miedos.
De esa manera, nos liberamos de los miedos y los sentimientos de culpa con los que cargamos desde la más tierna infancia. Gracias al conocimiento de nuestra historia y nuestros sentimientos, llegamos a conocer a las personas que somos y aprendemos a darnos lo que vitalmente necesitamos pero nunca recibimos de nuestros padres: amor y respeto. Éste es el gran objetivo de la terapia de desvelamiento: las heridas pueden cicatrizar si se les presta atención y se las toma en serio, pero es preciso no negar la existencia de las cicatrices.
Lo que daba por supuesto cuando escribí mis libros posteriores se vio completamente confirmado por las cartas de los lectores: no sólo un grupo reducido de personas tiene el alma herida por vejaciones infantiles, sino la mayoría de la población mundial. Sin embargo, únicamente unas pocas de sean tomar conciencia de ello, porque el miedo a la antigua impotencia del niño golpeado impide ese conocimiento. Por eso doy por supuesto que a todos nosotros, con muy pocas excepciones, nos castigaron en la infancia, y en muchos casos muy pronto, como expongo en mi libro Por tu propio bien.
Un niño al que se le ha pegado anticipa el castigo por cualquier expresión de descontento o de malestar. Esta ansiedad puede permanecer inconsciente (porque sus causas nunca fueron desveladas y procesadas), pero operar de modo muy efectivo acompañando a los individuos durante toda la vida y determinando todo su comportamiento.
LA TERAPIA QUE FUNCIONA
Digo que una terapia “desvela” cuando ayuda a los sujetos –con la colaboración de los sentimientos de la vigilia y los sueños– a conocer su dolorosa historia infantil reprimida para que no vuelvan a temer los peligros que les acechaban de verdad durante la infancia y que ahora ya no representan una amenaza. Entonces se acaba para los pacientes la necesidad de temer y repetir inconscientemente lo que les ocurrió en su más tierna infancia, porque ahora conocen la realidad de aquella edad y pueden reaccionar a ella con rabia y con tristeza en presencia del terapeuta como su testigo empático. Dejan de despreciarse, dejan de acusarse y hacerse daño mediante todo tipo de adicciones, porque son capaces de desarrollar empatía con el niño que sufrió gravemente a causa de la conducta de sus padres. Si más tarde en la vida de estos adultos se presentan peligros, estarán mejor preparados para afrontarlos porque comprenderán mejor sus antiguos miedos.
Esta manera de proceder se diferencia de otras formas de tratamiento que implican practicar una nueva conducta o mejorar el bienestar personal (mediante yoga, meditación, pensamiento positivo). En estos casos, se deja de lado el problema de la infancia.
A mi juicio, el miedo a este problema se remonta al miedo de los niños que han sido castigados, al miedo al próximo golpe, si es que se atreven a reconocer la crueldad de sus padres. Y este miedo es tan dominante que mucha gente ha tenido que criarse soportando castigos (psicológicos, pero sobre todo físicos, que aún se consideran inocuos y necesarios) sin posibilidad de defenderse.
DESCUBRIR LA VERDAD
Esto también puede verse en el psicoanálisis, que hasta hoy elude los abusos sufridos en la infancia, cierra los ojos ante ellos. Sus teorías se construyeron sobre la base de este miedo a los padres. Por eso, tanto los pacientes como los analistas permanecen, a veces durante décadas, atrapados en un laberinto de ideas y tienen sentimientos de culpa por haber hecho supuestamente tan difícil a sus padres comprender al niño “problemático” que fueron. A menudo no saben, y tal vez nunca lo descubran, que fueron niños severamente maltratados.
Que un terapeuta haga posible este conocimiento depende de qué sepa de su propia infancia. La sección FAQ de mi página web puede orientar a la persona que busca al terapeuta adecuado.
LUZ SOBRE EL MALTRATO – QUÉ SE CONSIDERA MALTRATO
Las humillaciones, zurras en el culo, golpes, bofetadas, traiciones, abusos sexuales, mofas, burlas, desatenciones… todas son formas de maltrato, porque dañan la integridad y dignidad de un niño, aunque sus consecuencias no sean visibles inmediatamente. Como adultos, la mayoría de los niños maltratados sufrirán (y permitirán que otros sufran) por estos daños.
CÓMO AFECTA AL CEREBRO
Casi todos los niños reciben algún cachete durante sus tres primeros años de vida, cuando empiezan a caminar y a tocar objetos que no pueden ser tocados. Esto sucede precisamente en un periodo en que el cerebro humano construye su estructura y, por lo tanto, debería interiorizar amabilidad, sinceridad y amor, pero en ningún caso crueldad y engaño.
UN CÍRCULO VICIOSO
Los niños maltratados asimilan muy rápidamente la violencia que soportaron, y pueden incluso idealizarla y aplicarla después en su función de padres al creer que merecían esos castigos y que fueron golpeados por amor. No saben que la única razón para el maltrato que tuvieron que soportar es que sus propios padres recibieron y aprendieron la violencia sin ser capaces de ponerla en cuestión. Más adelante, los adultos que fueron niños maltratados expresan violencia sobre sus hijos y sienten gratitud hacia unos padres que los maltrataron cuando eran pequeños e indefensos.
PROTEGERSE MEDIANTE EL OLVIDO
Esta inversión de papeles, idolatrar al maltratador y culpar a la víctima, se ve reforzada por un mecanismo de defensa característico: el olvido. El niño que crece en un entorno abusivo tiene prohibido expresarse a sí mismo y expresar su rabia. Como soportar ese dolor a solas es demasiado duro para él, se ve forzado a olvidar sus sentimientos, a reprimir los recuerdos traumáticos y a idealizar a quienes son realmente los autores de esos abusos. Aprenden a no recordar como medida de defensa.
SE ALMACENA EN EL CUERPO
Las experiencias traumáticas que se reprimen encuentran su forma de expresión en el cuerpo. De forma inconsciente, la tensión se acumula y tarde o temprano sale a la luz en forma de angustia, ansiedad y de enfermedades psicosomáticas. El cuerpo del adulto puede manifestar ese episodio de violencia que sufrió de niño y que no ha sido capaz de expresar de manera consciente porque no se atreve a acusar a sus padres.
ENCONTRAR AYUDA
Para superar esta situación, el adulto que fue un niño maltratado debe contar con la escucha empática de una persona que le ayude a tomar conciencia de lo que su cuerpo ya sabe. Una persona que ya haya tenido éxito en recorrer ese camino por sí misma porque ya tuvo la oportunidad de encontrarse con alguien que le ayudara. La persona maltratada tiene que saber que son los demás los que fallaron, y no ella.
UN CAMBIO SOCIAL
El hecho de que socialmente todavía sea tolerado el castigo infantil y la violencia contra los niños, aunque sea en forma de “cachetes disciplinarios” y bajo la excusa de que es “por su bien”, no hace más que perpetuar la rueda de la violencia generación tras generación. El día en que admitamos que cualquier forma de violencia es intolerable y la sociedad deje de amparar a los adultos frente a los niños, se habrá abierto un camino hacia la paz.
Fuente:Alice Miller publicado en “Mente Sana”
www.alice-miller.com


LOS NIÑOS, LOS GRANDES OLVIDADOS DE LA JUSTICIA.


Hace unos meses se público una nueva estadística, entre el 15 y el 20% de los niños en España menores de 16 años, sufren abusos en el ámbito familiar, y por ser ese el ámbito del delito se convierte en un tema tabú. La publicación de estos datos durante el mes de agosto, parece ser que también obedece a esa oscuridad que rodean estos hechos. Los abusos sexuales dentro de la familia es algo que la sociedad no quiere ver, son niños que un padre, un tío, un primo o un abuelo les mata la inocencia quedando paralizados por el miedo, por ello es difícil que exista una denuncia, que sean creídos y que además puedan enfrentarse a un juicio con pruebas, que permitan una condena.

El abusador hace ver que la víctima es su tesoro y que es un secreto que tiene que llevar. No se habla, no se dice, no se comenta. En la mayoría de los casos, la víctima se anima a contarlo cuando llega a los 35 o 40 años, fechas que para entonces, dichos delitos se encuentran en la mayoría de los casos prescritos, y sino, con tal carencia de pruebas que dificultan una condena al abusador. A veces cuando el niño se atreve a contárselo a su madre, ésta lo suele negar, ya porque ella misma sea víctima de malos tratos o porque supone una intervención, la judicial, que destruye a la familia y crea un estigma social.

El año 2010, ultima estadística con la que se cuenta, se pusieron 3.500 denuncias por presuntos abusos a menores, pero se entiende que éstas no suponen ni el 10% de los casos que se producen. La falta de pruebas hace que muchas de estas denuncias se archiven, al cometerse los hechos dentro de la intimidad del entorno familiar; de puertas para dentro.

En este país, estamos mucho mas concienciados con los problemas de la violencia de genero aunque quede mucho por hacer, sin embargo no existe esa conciencia en la violencia sobre los niños. Al año sabemos que entre 60 u 80 mujeres mueren en manos de sus parejas, por esa violencia de género, sin embargo no se dice, no se publica, no es objeto de información ni de tratamiento legal especial la violencia contra los niños, cuando al menos uno de ellos muere al mes fruto de esos abusos, fruto de la violencia contra los más débiles, los grandes olvidados de la Justicia.

La infancia es el mayor tesoro de un adulto. Momento en el que nos hacemos personas, el génesis de nuestro desarrollo como personas. Una infancia alimentada por la violencia, no puede ocasionar mas que trastornos en la personalidad del adulto, porque le robaron uno de los elementos esenciales de la persona: LA INOCENCIA.

¿La propia familia puede ser el mayor enemigo del niño?

Dejo esta pregunta sin respuesta, todos hemos sido niños, e incluso algunos a veces nos gustaría volver a ese estado de inocencia y de paz, donde todo es mucho mas fácil. Para algunos, o muy difícil para otros.

http://manuylavida.blogspot.com/2012/01/los-ninos-los-grandes-olvidados-de-la_20.html 

lunes, 23 de enero de 2012

Alarmante: 1500 niños fueron atendidos por sufrir abuso sexual en el 2011


Alarmante: en el 2011 casi 1500 niños fueron atendidos por sufrir abuso sexual en el Perú
Alarmante: en el 2011 casi 1500 niños fueron atendidos por sufrir abuso sexual en el Perú
Los niños asumen conductas que pueden ayudar a los padres de familia a identificar un posible abusador.
Según cifras del Módulo de Atención al Maltrato Infantil (MAMIS), del Ministerio de Salud, en el 2011 se han atendido 1493 casos por abuso sexual, a nivel nacional. Es decir, que la cifra aumentó respecto del 2010, año en que se registraron1395 casos por este mismo motivo.
 
Giovany Rivera, jefa del departamento de psiquiatría infantil del Hospital Víctor Larco Herrera, recomendó a los padres supervisar las actividades de sus hijos, aun siendo adolescentes, pues “si bien a esta edad quieren ser independientes, eso no significa que los padres estén ajenos a los lugares donde asisten y a las personas que los acompañan”.
 
La doctora agrega que a pesar de que la persona destinada para quedarse con los niños, sea “de confianza”, esta debe ser monitoreada, pues son los familiares más cercanos, los que suelen ser los abusadores de los menores.
 
Desde su punto de vista, los niños asumen conductas que pueden ayudar a los padres de familia a identificar un posible abusador o simplemente, alguien con quien ellos no se sienten cómodos.
 
Por ello, la doctora Rivera recomienda observar si el pequeño siente miedo o manifiesta alguna señal de rechazo que no tiene empatía con alguien. “Si es bien tratado y bien querido, el menor se va a querer quedar con esa persona, sin mayor dificultad”, explica la especialista.
 
Algunos padres de familia piensan que el abuso sexual es vergonzoso y que es mejor quedarse callados. Ante ello, la especialista indica que, aunque el trabajo es duro, sí es posible rehabilitar a un menor que ha sido víctima de abuso.
 
“Todo depende de la colaboración de la familia, quienes muchas veces, lejos de brindar un apoyo, inciden en el tema de la culpa y el abandono”, explica. A ello hay que sumarle la capacidad de superar los obstáculos de las víctimas (resilencia) y la terapia psicológica.