miércoles, 3 de junio de 2009

LA INFAMIA A FLOR DE PIEL



Cada hora, 228 chicos de América latina son abusados sexualmente. Aunque cueste creerlo, no todos los pedófilos se avergüenzan de su atracción por los niños: algunos la ostentan y la reivindican.

Jorge Corsi, acusado de integrar una banda de abusadores.

Alberto es un hombre soltero y forma parte de una familia unida. Es el típico tío cariñoso con un encanto especial para tratar con los niños. Sólo que este tío cariñoso esperaba con ansia las reuniones familiares para poder quedar un rato a solas con su sobrina preferida, la pequeña Valeria, de siete años. La nena también lo quería, pero no entendía el objetivo oculto de esa predilección.

"Buscaba estar solo conmigo. Yo no sabía diferenciar lo que pensaba que era un juego de un acto sexual. Sentía que algo estaba mal pero no podía cortarlo porque él era un adulto y yo lo respetaba", recuerda Valeria, quien soportó esos encuentros clandestinos durante seis larguísimos años, y los pagó con un trauma que todavía la persigue. "En esas reuniones él me buscaba, me llevaba a un lugar solitario y ahí quebraba todos los límites. Tenía contacto sexual conmigo –sin penetración– y después era como si nada hubiera pasado", cuenta con dificultad.

Valeria era una nena obediente y no sabía nada sobre sexualidad. Hoy, a los 29, no entiende cómo los hechos pasaron inadvertidos. "Nadie se daba cuenta pese a mis constantes visitas al médico porque sufría de infección urinaria crónica. Si alguien vio algo, lo calló hasta hoy", dice Valeria con la bronca a flor de piel.

Según los especialistas, la historia de Valeria es más común de lo que se cree, casi como si la sociedad le hiciera eco del silencio de su familia. Las situaciones perduran por años y se cubren bajo un manto de complicidades mudas, amenazas y culpas. La paido. lia –más conocida como pedo. lia– es la atracción sexual primaria que siente un adulto hacia niños o adolescentes, y que permanece a lo largo del tiempo.

Aunque el término pedofilia se refiere sólo a la tendencia sexual, comúnmente se lo usa como sinónimo de pederastia, que designa a la práctica sexual entre un adulto y un menor. Para evitar confusiones y justificaciones, ciertos especialistas prefieren encuadrar todas las situaciones de erotismo con menores
bajo la denominación de "abuso sexual infantil".

Para ser considerado pedófilo el individuo debe ser mayor de 16 años y tener al menos cinco años más que el niño. Según informó UNICEF en el Día Mundial contra el Abuso Sexual Infantil, "al menos dos millones de niños son abusados sexualmente cada año en América latina; un promedio de 228 abusos por hora".

Pero la nueva modalidad de la pedofilia viene de la mano de un instrumento diseñado para otros fines: internet. Resguardados tras las pantallas de sus computadoras, los pedófilos han generado una comunidad clandestina con reglas y símbolos propios. Elvira Berardi, directora del Programa de Ayuda a Niños Abusados Sexualmente (ANAS), es contundente: "La pornografía, la prostitución y la trata de niños por Internet crece cada día a la par de la tecnología. Esto da a los pedófilos la oportunidad de apoyarse en el anonimato, unirse para intercambiar material pornográfico e implementar estrategias de protección mutua".

La cara de lo siniestro

Como si esto fuera poco, recientemente el FBI elaboró un informe que alerta sobre ciertos símbolos gráficos y logos que utilizan los pedófilos del mundo para identificarse según sus preferencias sexuales
hacia niños o niñas de distintas edades. Los símbolos –inscriptos en colgantes, anillos, monedas, trofeos, adhesivos, a veces incluso tatuados en el cuerpo– fueron recogidos en distintos allanamientos.

La simbología –que ellos identifican con el siniestro eufemismo de "el movimiento de los amantes de los niños"– incluye un corazón, un triángulo y una mariposa. En todos los casos, el contorno mayor alude al adulto y la figura menor que contiene hace referencia al chico. El triángulo –llamado BLogo – simboliza la atracción hacia los varones menores. El corazón –o GLogo– , identifica la preferencia por las niñas. Y
la mariposa, formada a su vez por dos corazones grandes y dos chicos (rosas y celestes) representa a quienes gustan de ambos.

Páginas que combaten la pedofilia en internet difunden dichos símbolos para advertir a la comunidad sobre su significado. Pero, ¿por qué utilizar un logo para identificarse? ¿Sienten orgullo de sus perversiones? Todo indica que sí, ya que los símbolos forman parte de un movimiento que reivindica la legitimidad de las "preferencias" pedófilas y pretenden naturalizarlas apelando a su libertad de elección.

La división Delitos en Tecnologías y Análisis Criminal de la Policía Federal argentina advierte sobre el crecimiento de la comunidad pedófila y las diversas modalidades delictivas asociadas al uso de internet, como la publicación y distribución de imágenes de pornografía infantil a través de páginas o e-mails y los contactos vía chat (conocidos como grooming ) de carácter erótico con menores. Los militantes propedofilia pretenden la derogación de las leyes de edad mínima de consentimiento sexual; es decir, pretenden eliminar de la legislación el uso de la edad como criterio válido para identificar el abuso infantil. Exigen también la anulación de la clasificación de la pedofilia como una enfermedad mental por parte de la Organización Mundial de la Salud. En el 2006, se fundó en Holanda un partido político autodeclarado pedófilo, el Partido para las relaciones amorosas basadas en amor, libertad y diversidad (PNVD).

Hasta declararon al 24 de junio como el "Día Internacional del Amor a los Niños". Hay páginas en internet de ingreso exclusivo para miembros donde se intercambia pornografía infantil. Para hacerse socio hay que subir material inédito casero. Utilizan palabras codificadas –como p2filia, free lolitas, bbs– para dificultar la detección de los organismos que combaten el delito. Dicen que la comunidad virtual los fortalece, los hace "sentirse menos anormales".

¿Acá están, estos son?

No es fácil trazar un perfil excluyente de los pedófilos. La edad va desde los 18 años hasta la ancianidad, aunque algunos estudios la acotan entre los 30 y los 45 años. Provienen de cualquier clase social; muchos eligen profesiones donde puedan estar cerca de los niños. No usan la violencia como método sino que tejen una telaraña sobre sus víctimas. El psicólogo Jorge Garaventa, especialista en niñez, detalla: "Es característica del abusador la paciente y sistemática actitud de seducción. Con el vínculo afectivo consolidado, crea en la víctima confusión, culpa y parálisis. Esto trocará luego en actitudes de extorsión y amenazas".

La mayoría de los pedófilos son hombres, y en un alto porcentaje abusan de niñas de su familia. Datos de UNICEF confirman que la mitad de las niñas abusadas de América latina viven con sus agresores, y en el 75% de los abusos sexuales contra niñas el abusador es un familiar directo de la víctima. Estos datos respaldan la aserción de Garaventa de que "la cultura patriarcal juega un rol fundamental en los casos de incesto paterno/filial, ya que se concibe a la mujer como un objeto sexual y de servicio a
merced del hombre".

Los pedófilos tienen dificultades para establecer relaciones normales, suelen tener baja autoestima y pocos recursos para enfrentar situaciones de estrés. Dice Isabel Boschi: "Una situación de estimulación, de acuerdo al grado de frustración de ese día, provoca ansiedad. Esto a su vez produce cambios químicos y despierta el impulso sexual. Algunos salivan, a otros les sudan las manos o su cara se enrojece".

Si no frenan a tiempo, pueden derivar en una amplia gama de conductas transgresoras: exhibirse desnudos, obligar al contacto con genitales, forzar a mantener contactos sexuales con otros niños, hacer ver películas u otro material pornográfico, hacer posar para material fílmico erótico. Y, en casos más extremos, obligar a mantener prácticas sexuales por vía oral, o con penetración digital, fálica o con objetos.

Pero según datos del Equipo de Prevención del Abuso y Maltrato en Menores (EPAMM), la mayoría de los abusos no incluye la penetración sino la fricción de los genitales; sólo en el 30% de los casos se hallan huellas físicas en una revisación. Por tanto, es erróneo creer que si no hay marcas físicas no hubo abuso.

El infierno tan temido

Guillermo, de 43, fue abusado en su infancia pero recalca que no por eso hoy es un abusador: "Tengo muy buen trato con los pibes pero ni una millonésima parte de un pensamiento de querer abusar de un nene por venganza; al contrario, soy el Súperman de los niños que los va a defender. Mi venganza es contra los abusadores".

En un foro titulado El sueño prohibido un usuario dejó escrito un testimonio menos contundente: "Lo que me atrae de una niña no es el sexo sino su inocencia. Consumo mucha pornografía infantil, sexualmente no me atraen mucho las mujeres mayores, pero no creo que tenga alguna enfermedad. No deseo hacer daño a nadie, aunque en un momento de calentura se puede llegar a hacer cualquier cosa.

¿Ustedes creen que soy un enfermo o un monstruo?". La negación del problema es una conducta típica de los pedófilos. "Aquello que no es correcto se minimiza –dice Boschi, y ejemplifica–: Quizá la cara del nene es de susto y la ven como de aceptación; creen que goza como ellos." Pase lo que pase por la cabeza del pedófilo, lo seguro es el infierno que habita el abusado desde ese instante. Aunque algunos afortunados, con ayuda y valentía, logren convertir el sufrimiento en otra cosa. Bien lo sabe Valeria. "La rehabilitación te lleva toda la vida. Pero si te animás a hablar, a decir 'Yo pude recuperarme', lo que te hizo mal se convierte en herramienta para ayudar a otros. Mientras permanecés en silencio estás en una cárcel; contás lo que te pasó y te liberás." Una libertad, una certeza, que hace añicos cualquier siniestro símbolo.
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