martes, 11 de agosto de 2009

QUIEN NOS ESCUCHA NOS DA PODER


Hay asuntos de los que raramente se habla y sobre los cuales casi nadie quiere escuchar.
La violencia sexualizada en la niñez es uno de esos asuntos.


A quien la experimentó se le hace difícil hablar de esa experiencia, porque está acompañada de profundos dolores emocionales o porque los recuerdos del abuso sexual los tuvieron que “enterrar” para poder seguir viviendo.

Si a quienes no experimentaron la tragedia del abuso sexual en la niñez les toca escuchar una historia de abuso la escucha no les resulta fácil.

Quienes no sufrieron abuso sexual casi nunca o nunca tienen el deseo o la oportunidad o el propósito de hablar sobre esa realidad, aunque –tomando en cuenta la dimensión del problema– existen suficientes razones para hablar de eso, para que, hablando y escuchando, busquemos y encontremos caminos para erradicar el abuso sexual en la niñez.

Para quienes han sobrevivido a diferentes traumas, ser escuchados es especialmente importante. También lo es escuchar a otros sobrevivientes. Una de las razones por la que muchas personas no pueden hablar sobre los traumas que han vivido tiene sus raíces en que nuestra sociedad no da oportunidades de escucha.
Tuve experiencias con diferentes formas de escucha cuando atravesé por una crisis muy profunda, ya adulta, trabajando las vivencias de mi niñez.
Esa crisis comenzó en Nicaragua, donde encontré personas que me escucharon voluntariamente y menos voluntariamente. Descubrí pronto que, además, necesitaba con urgencia a mujeres a las que yo pudiera escuchar para activar los recuerdos de mi primera niñez. En Nicaragua no existía esa posibilidad, pues los grupos de autoayuda para mujeres que vivieron abuso sexual en su niñez no existían todavía.

Regresé a Alemania y experimenté en mi grupo de apoyo mutuo la sanadora fuerza de la escucha: yo escuché y a mí me escucharon. En mi proceso de recuperación emocional escuchar significaba ser acompañada mientras expresaba mis pensamientos.

Igualmente, pude acompañar a aquellas a las que yo escuchaba. Escuchar significaba también descubrir piezas “enterradas” en los estratos de mi conciencia. No los hubiera encontrado sin la escucha. Y necesitaba con urgencia esas piezas para poder reencontrarme con mi pasado. La escucha significaba no ser juzgada y no juzgar.
La escucha excluía interpretar lo que me decía la persona que me estaba hablando.
La persona que me escuchaba me acompañaba hasta donde yo, como quien hablaba, fuera capaz de una interpretación. Sólo hasta allí.
Escuchar me permitió de construir poco a poco el dolor. Escucharnos fue un intercambio mutuo en el proceso de recuperación de nuestras historias de abuso sexual. Con la escucha el dolor perdió tamaño y peso. Y en algún momento del proceso, sólo quedó en mí una realidad que ya no duele, sino que se hizo parte de mi vida vivida, una realidad cuya superación me dio dignidad y fuerza. Mientras más progresaba en el proceso de mutua escucha –y, a la par, en la superación de mi pasado-, más me sentía capaz de detectar y reconocer mis recursos, mis potencialidades, mi poder, mis virtudes, y más sentía que podía hacer uso de todo eso. Logré desligarme, despojarme, de hábitos de conducta y de comportamientos que hasta entonces necesitaba como un escudo para sentirme protegida.
En la primavera de 2004 llegó el momento de querer compartir el recién adquirido “poder” y empecé a trabajar en “Wildwasser Berlín” en autoayuda de mujeres. Escuché y sigo escuchando a otras sobrevivientes para que ellas también logren reconocer sus recursos y sus capacidades, para que logren desplegarlas. A partir de 2007 empecé, junto a sobrevivientes de Nicaragua, a crear el espacio que se llama Aguas Bravas Nicaragua.
La historia y las condiciones de vida han hecho de Nicaragua un país con gente que soporta múltiples duelos y traumas: la dictadura, las guerras, la falta de atención en la salud, la desnutrición, el desempleo, el machismo, terremotos, huracanes, violencia cotidiana, violencia sexual, extrema pobreza y carencia de oportunidades en educación, han marcado a la mayoría de la población desde hace siglos. Más aún a las mujeres.

Acontecimientos funestos que pueden provocar traumas se suceden uno tras otro, casi sin pausa. Para trabajar los traumas “presentables” como son los terremotos y los huracanes falta tiempo y los traumas que deja el abuso sexual en la niñez son aún un tabú.
En Nicaragua decidí compartir el poder que había ganado con la escucha de otras mujeres con mujeres que quisieran trabajar uno de los traumas más frecuentes en Nicaragua: el abuso sexual en la niñez. A partir de 2004, y en charlas públicas, conté mi historia y me ofrecí para escuchar a otras personas que hubieran sufrido lo mismo.

En Nicaragua es más difícil que en Alemania hablar en público sobre el abuso sexual.

“Nicaragua es una sociedad que niega lo extendido que está el abuso sexual en las familias y los altísimos niveles de incesto”: así se expresaba la sicóloga nicaragüense Martha Cabrera en su charla “Vivimos y sobrevivimos en un país multiduelos”, publicada en la revista Envío, de la Universidad Centroamericana de Managua, en diciembre de 2002. No puedo dejar de mencionar que el incesto se ve con frecuencia en Nicaragua como “un derecho tradicional”. Tampoco Zoilamérica Narváez, la hijastra del Presidente de Nicaragua Daniel Ortega, logró romper sosteniblemente el silencio sobre este tema.

En 1998 denunció el abuso sexual que había sufrido durante años de parte de Ortega y eso no impidió que Ortega siguiera siendo el líder del FSLN y que llegara de nuevo a la Presidencia en 2007.
En 2006 ofrecí a la Red de Mujeres contra la Violencia de Nicaragua realizar talleres sobre cómo formar grupos de autoayuda con el perfil de “Wildwasser”.
Varias mujeres y centros de mujeres expresaron su interés e inmediatamente hubo mujeres dispuestas a preparar conmigo el contenido y la metodología de los talleres y a realizarlos.
La guía que usan en Berlín los Grupos de Apoyo Mutuo ya la había traducida al español hacía años y un grupo de mujeres de la Red se dedicó a la tarea de “nicaraguanizarla”. En marzo de 2007 tuvimos una primera edición de 6 mil ejemplares de la guía, que titulamos “Todo camino comienza con un primer paso”.
En equipo con otras tres sobrevivientes elaboramos la metodología para los talleres y entre marzo y agosto de 2007 realizamos 12 talleres en los que participaron más de 200 sicólogas, trabajadoras sociales y otras trabajadoras de centros de mujeres e instituciones estatales.
Durante los talleres no solo hablábamos, sino también escuchábamos.

Muchas participantes hablaban por primera vez en su vida sobre la violencia sexual que habían experimentado en su niñez. Hablar y experimentar que eran escuchadas cuando narraban algo hasta entonces inexpresado comenzó a suavizar el muro de protección tras el que se habían escondido durante años. Para algunas fue el primer pasito en un largo camino de recuperación emocional. La evaluación de los talleres nos indicó que al menos un 45% de las participantes había experimentado violencia sexual en su niñez y no tenía hasta entonces un espacio donde hablar y ser escuchadas. En mayo de 2007 se formó el primer grupo de apoyo mutuo, que hasta hoy sigue existiendo. A partir de aquellos talleres nació Aguas Bravas Nicaragua.

Para las mujeres que trabajan en Aguas Bravas Nicaragua el doloroso camino de la recuperación emocional no ha concluido todavía. Sin embargo, resulta muy valioso que estas mujeres hayan decidido trabajar su propia historia y, a la par, invitar a otras mujeres a emprender el mismo camino. Escuchan y son escuchadas.
Ahora existen grupos de apoyo mutuo en diferentes regiones del país y las mujeres de Aguas Bravas viajan a Ocotal, León, Estelí y otras ciudades para acompañar allí los encuentros de los grupos.

La idea es que estos grupos continúen vivos sin ningún acompañamiento después de varios encuentros acompañados. La duración del acompañamiento varía. Depende de la composición del grupo y de la frecuencia con que las mujeres pueden reunirse.
Del primer grupo ya varias mujeres acompañan a otros grupos. Aguas Bravas Nicaragua se desarrolló en muy corto tiempo, pronto se convirtió en un punto de encuentro importante y ahora las mujeres que trabajan allí no pueden dar respuesta a todas las solicitudes que reciben.

Aguas Bravas participó también en la fundación en Nicaragua del Movimiento contra el
Abuso Sexual. La iniciativa surgió de un grupo de hombres jóvenes que durante años fueron abusados sexualmente siendo niños por un sacerdote italiano, Marco Dessi.

Su denuncia y su empeño porque se hiciera justicia lograron que en mayo de 2007 Dessi
Fuera condenado en Italia a una larga condena de cárcel.
En el Movimiento trabajan unas 30 organizaciones y personas individuales.
El Movimiento logró un espacio semanal en uno de los dos diarios del país “El Nuevo Diario”, donde publicamos textos sobre diferentes temáticas relacionadas con el abuso sexual. Es otra forma de escucha: las personas que escriben se sienten escuchadas y quienes leen lo que escriben escuchan sobre un tema del que hasta hace muy poco no se hablaba. Algunas mujeres de Aguas Bravas y de los grupos de apoyo mutuo ya han aprovechado este espacio para escribir sobre sus experiencias.

Hace poco estuvieron de visita en Berlín tres mujeres de Aguas Bravas Nicaragua. La visita tenía como objetivo un intercambio profesional con las trabajadoras de los
diferentes sectores de Wildwasser. Las tres escucharon muy atentamente y las tres
fueron escuchadas con entusiasmo y mucho interés cuando hablaban de cómo se
desarrolla su trabajo en Nicaragua. El intercambio sobre los inicios y los procesos de desarrollo de las dos organizaciones fue una muy viva escucha mutua, que fortaleció a cada una, que les dio poder y que les anima y motiva a seguir caminando, cuando ya han dado muchos más pasos que aquel “primero” que las reunió.


Brigitte Hauschild
15 julio 2009
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