jueves, 13 de enero de 2011

OLVIDAR QUE HEMOS OLVIDADO

La maniobra mental […] no consiste simplemente en la represión de un recuerdo doloroso. Recuerda los detalles, […]. Lo que se ha reprimido es el dolor de esa vivencia.

El nombre general con el que Freud designó esas maniobras mentales fue “defensas”. Sean cuales fueran las características específicas de las defensas, todas ellas comparten con la represión la misma finalidad y el mismo objetivo: constituyen dispositivos cognoscitivos para modificar y distorsionar la realidad a fin de evitar el dolor.

“Está capacidad de evitar, con regularidad y sin esfuerzo alguno… cualquier cosa que, en algún momento, resultó angustiante, nos ofrece el prototipo… de la represión […]”

• Represión: Olvidar que se ha olvidado

El concepto se ha ampliado y represión significa la defensa mediante la cual se olvida y, a continuación, se olvida que se ha olvidado. La información reprimida no puede ser recuperada por la memoria, aun cuando la trayectoria original de la información haya pasado, en algún momento, a través de la percepción de la mente.

• Negación y Reversión: Lo que es, no es; es lo opuesto lo que es

El acto de negarse a aceptar las cosas tal como realmente son. Si bien no se borra de la consciencia todo el hecho, como sucede en el caso de la represión, los hechos son reacomodados para enturbiar la realidad. “Te odio” se convierte en “yo no te odio”.

La represión va un paso más allá de la negación. El hecho es negado y, a continuación, transformado en su opuesto: “Te odio” se convierte en “Te amo”. La información negada sufre una reversión y pasa a la conciencia.

• Proyección: Lo que está adentro se envía hacia afuera

Primero, el sentimiento, la idea o el impulso que provocan angustia es negado y bloqueado frente a la conciencia. Después el individuo expulsa esos sentimientos, los localiza en otro.

• Aislamiento: Hechos sin sentimientos

El aislamiento es una supresión parcial de la experiencia, una seminegación. No se reprime un hecho desagradable, sino que se suprimen los sentimientos que el mismo genera.

• Racionalización: Me invento una historia sustituta

La racionalización, una de las estrategias más frecuentes, permite la negación de los verdaderos motivos “tapando” los impulsos negativos con un manto de racionalidad.

“Lo hago por tu propio bien”, “Esto me duele más a mí que a ti” son indicios claros de una racionalización, una defensa que suelen usar los intelectuales entre cuyos talentos psicológicos se incluye la convincente creación de excusas y coartadas.

• Sublimación: La sustitución de lo amenazante por lo inofensivo

La sublimación permite la canalización de los instintos en lugar de reprimirlos. Los impulsos son reconocidos, aunque en forma modificada.

Desde la perspectiva de la atención, todas estas defensas comparten un procedimiento común con la proyección. El primer paso es la negación; el segundo, la transformación que se produce en el inconsciente; y tercero, el ingreso en la conciencia de la versión transformada.

• Desatención selectiva: No veo lo que no me agrada

La desatención selectiva borra de la conciencia aquellos elementos que pueden resultar inquietantes si se llegara a tomar conciencia de ellos. La desatención selectiva es una respuesta de uso múltiple frente a los problemas cotidianos. [Se aproxima a la distracción].

• Automatismo: No tomo nota de lo que hago

Muchos de nuestros actos son realizados automáticamente, al margen de nuestra conciencia. Algunas actividades automatizadas encubren elementos de nuestra conciencia que podrían llegar a generar sensaciones de incomodidad si tomáramos plena conciencia de nuestros motivos y objetivos.

En la desatención selectiva, una parte de lo que se percibe es borrado antes de llegar a la conciencia. En el automatismo, la desatención se extiende a la respuesta que uno pone de manifiesto.

DANIEL GOLEMAN – LA PSICOLOGÍA DEL AUTOENGAÑO
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