viernes, 18 de marzo de 2011
jueves, 17 de marzo de 2011
martes, 15 de marzo de 2011
Invisible, perfecta, mala
Si soy invisible nadie se acercará a mí, nadie me hará daño, nadie me obligará a hacer cosas que no quiero, nadie podrá ver la clase de basura que soy, nadie sentirá vergüenza de estar relacionado conmigo, nadie tendrá que saber mi secreto. Soy tan poquita cosa que no vale la pena el esfuerzo de sobresalir en algo, ¿para qué, si todo lo hago mal... si todo lo dejo a medias? ¿para qué, si soy una tonta? ¿para qué, si nadie me quiere y no merezco que lo hagan? no merezco que cuiden de mí. Si alguien se da cuenta de mi existencia... ¿qué voy a hacer? seguro que alguien no le gustará eso y me hará daño. Soy tan minúscula que da lo mismo si estoy o no en este mundo, vengo sobrando; ni siquiera mi familia cuida bien de mí, soy una carcasa que da la apariencia de estar bien pues tan solo soy una molestia, MI VERDADERO YO TIENE QUE SER INVISIBLE. Lo que hay más allá de las paredes de mi habitación, ese mundo, no es para mí.
... Pero quiero que me quieran, quiero que cuiden de mí, quiero que me quiten este dolor, quiero ser buena en una cosa, solo una, no pido más; quiero saber lo que se siente lograr algo, quiero saber lo que se siente que la gente te aprecie sin sentir miedo, quiero saber lo que siente no tener ataduras, una mordaza... aunque sea por un día, por unas horas, quiero que una persona, una... no pido más, me diga que soy capaz de hacer algo bien. No soy como los demás, si quiero tener eso aunque sea por un momento DEBO SER PERFECTA, tengo que exigirme más que los demás, hacer más que los demás, trabajar por más tiempo, aceptar más responsabilidades aunque no me correspondan, sólo así me querrán. Debo hacer todo al mismo ritmo que los demás y más, qué importa que esté deprimida o ansiosa, qué importa que sienta que me ahogo... eso sólo son pretextos para la mediocridad, en el fondo soy mediocre pero si hago todo lo que tengo que hacer ya no parecerá que lo soy. Con el tiempo y la carga de trabajo las voces dentro de mí se irán callando, el dolor se mezclará con el cansancio y ya no sentiré nada, al menos tendré un alivio y entonces podré hacer las cosas bien, como todos esperan que lo haga y entonces por lo menos alguien me querrá aunque sea un poquito, o por lo menos pensará que no soy una mediocre, una lacra.
...Por fin alguien se ha dado cuenta que puedo hacer algo bien, me ha dado miedo. Por fin alguien me muestra algo de aprecio, me siento mal, me siento acosada por tal demostración. Gente como yo no merece tal cosa, la vida está jugando conmigo, pero si me vuelvo alguien más del montón... pasaré desapercibida, ya no tendré miedo, ya no correré el peligro que alguien juegue conmigo...
Este ha sido uno de los grandes círculos viciosos de mi vida, me he alejado de la gente, he conocido gente nueva y me he vuelto a alejar, son pocos los que han sido constantes, los que permanecen a través de los años no sé por qué, tal vez porque veo en sus vidas algo que me recuerda a mí, tal vez porque han sido tan honestos conmigo, a pesar que soy una caja de sorpresas y secretos, que puedo tenerles confianza, tal vez porque han tenido su cuota de sufrimiento y sin necesidad de decirlo hablamos el mismo lenguaje... ese lenguaje que proviene del dolor y el miedo. He de reconocer que en la vida no todos aquellos que se cruzan en nuestro camino permanecen pero lo cierto es que cuando vivimos tratando de ocultar un secreto el número disminuye comparado con los demás.
De niña me arreglaba mi cuarto, sacaba buenas calificaciones, trataba de ser obediente, era una niña modelo en casa, en la escuela no me gustaba que me felicitaran por mis calificaciones no jugaba con los demás, odio ser el centro de atención, lo que hacía bien era para ganarme a mi madre, para que me llevara a vivir con ella, para que viera que no sería una carga; para que mi abuela viera que no era una niña problema y que mis tíos eran los que se portaban mal.
Ahora de adulta tal vez ya no me alejo de la gente como antes, tal vez me he vuelto un poco más selectiva, sigo sintiéndome incómoda cuando alguien me hace algún cumplido... aunque lo merezca, vaya que me cuesta trabajo reconocer mis propios logros, sigo pensando que lo que hago no es suficiente, que necesito ser algo más para agradar, para que la gente este orgullosa de mí. Me exijo tanto que simplemente me quedo sin energía, me pasa lo que a Ícaro, intento volar tan alto más allá de mis posibilidades que me quemo y me estrello dejando cosas inconclusas y con un terrible sentimiento de haber hecho algo terriblemente mal; me disculpo por cosas sin sentido como si fueran responsabilidad mía aunque no lo sean.
He aprendido poco a poco que no necesito ser perfecta para que me quieran, he aprendido que hay muchas cosas que puedo hacer bien y que si algo hago bien lo justo es que reciba algún cumplido sin que quiera decir que me acosan, he salido un poco de la coraza. He aprendido que mis limitaciones no son estigmas, que me hacen única y me dan la oportunidad de mejorar a mi propio ritmo.
He aprendido mucho de la gente que permanece en mi vida, de mis amigos, por pocos que sean, para mí son mi mundo, mi familia. Sé que no esperan más de lo que pueda dar, que estarán ahí cuando les necesite y creo que saben que aunque no sea muy expresiva en mis demostraciones de cariño les aprecio. Sé que me aprecian aunque no sea perfecta y que sea como la luna azul que aparece raras veces.
...Respecto a lo de ser mala, creo que nunca pretendí serlo y si lo fui francamente no lo recuerdo, más bien pretendí ser un chico más del grupo, me llevo mejor con los varones que con las mujeres, que mejor manera de pasar desapercibida que mezclarme entre ellos, eso sí... pobre del que se quisiera pasar de listo, me inventé el papel de chica fuerte, fría y de mal genio, que usa palabras altisonantes y que maneja el doble sentido al derecho y al revés, pero con el tiempo aquellos que se convirtieron en mis amigos se dieron cuenta que soy diferente a esa imagen y jamás me lo echaron en cara, me siguieron el juego y sin necesidad de explicaciones, creo que les divierte y eso a mi no me molesta pues se convirtieron en mis hermanos, unos que sí cuidaban de mí, incluso hay quienes aun se sorprenden de ver mi lado "suave", los hombres son más francos y directos, eso me agrada... sin malos entendidos, sin arrebatos hormonales, sin palabras a medias, sin tanto drama; alguien alguna vez me dijo que veía así las cosas porque los hombres en mi vida atacaban de forma directa y las mujeres en cambio eran más mezquinas y traicioneras, y que actuaba en consecuencia a la hora de relacionarme. Puede ser. Ya no soy tan "niño" e intento no ser tan paranoica a la hora de relacionarme con otras mujeres y no ser tan mandona y dominante con los varones.
En esto de los actos de desaparición y el perfeccionismo me falta mucho, más de lo que me gustaría, me dan ataques de ansiedad todavía cuando no cumplo con las expectativas que revolotean en mi cabeza y de pronto me dan ganas de no volver a salir de mi casa jamás, y si lo hago voy como caballo de carrusel, sin hacer contacto con nadie. Sigo siendo muy insegura y sigo pretendiendo serlo, tal vez algún día me lo crea.
Creo que al final de cuentas hay que ser invisible a la gente que no nos trae nada bueno y que nos puede dañar para que no tengan ningún efecto en nuestras vidas, y la perfección no es más que ser feliz con uno mismo, con la vida que logramos mientras sea de bien y con aquellos que valen la pena
http://pandorasboxasi.blogspot.com/
lunes, 14 de marzo de 2011
Aún no ha muerto
Hay días, en los que siento que hace años esa niña que había dentro de mí, murió. Murió con cada uno de sus abusos, con cada uno de sus llantos en silencio, con cada una de sus miradas perdidas. Esas miradas vacías que lo decían todo y nada.
Por suerte o por desgracia (más bien lo segundo que lo primero) toda mi infancia fue llevada a base de mentiras, a base de engañar a los demás, lo que es peor; de engañarme a mí misma.
Aún cuando miro atrás en el tiempo; en aquellas fotos en las que aún mi infancia estaba limpia, veo sonrisas en aquella niña, sonrisas reales, llenas de vida y de alegría.
Me pregunto a dónde van. A dónde van aquellas infancias rotas de esa manera tan injusta.
En mi caso, la felicidad huyó del cuerpo. Ya no existían las ganas de salir a la calle a jugar, ni reír con las amigas, en cambio; aparecieron los malos modales, el no pasar tiempo con la familia, preferir estar encerrada en el dormitorio, a oscuras, siempre con la puerta cerrada y la persiana bajada.
Siempre pensé que mi pasado acabó con el espíritu de niña, para hacerla madurar de golpe, a base de males.
Ahora, justo que parece que la vida sigue, que se puede volver a sonreír sin fingir. Es cuando creo que la pequeña niña sale tímidamente de su escondite, cuando veo que me mira, soy capaz de sonreír sin sentir ese miedo, sé que puedo hacerlo con total tranquilidad, que no me dañará.
Siento, que soy una pequeña que se asoma tras sus padres, para dejarse ver, ser alagada por algún ser conocido de los padres, y se vuelve a esconder tras ellos, porque aún no tiene la confianza suficiente como para mostrarse tal cual es.
Me siento bien, porque sé que aún no murió, que con cada palabra cariñosa que recibo, ella va saliendo para dejarse mimar, para recibir ese cariño que no fue capaz de recibir cuando más lo necesitaba.
Sé que aún es pronto para decir que ha sobrevivido, pero está en proceso de ello, estoy dejando el camino atrás, de ser una victima, para convertirme en una sobreviviente.
Solo quiero recuperar a esa pequeña niña que hubo dentro de mí.
Publicado por Noelia
LA IMAGEN DEL ESPEJO
Existe un síntoma muy habitual en los supervivientes de abusos: la evasión de los espejos que se asocia con la necesidad de ser invisible, de tener una percepción distorsionada del cuerpo o no gustarse uno mismo. Nos utilizaron de manera abyecta, despiadada, como un objeto durante nuestra infancia y nos ha quedado la sensación subliminal del poco valor que tenemos para nosotros y para los demás.
Sin duda se trata de mi secuela más grave, la más severa, la que más me ha castigado durante toda mi vida y la que más daño me ha hecho: la autoestima.
Me encantan los espejos. Los colecciono de todo tipo siempre y cuando sean artísticos, como un cuadro. Su superficie reflectante me hipnotiza y como en el relato de Lewis Carroll, de niña me imaginaba otro mundo paralelo, otra vida en la que mi existencia fuese totalmente distinta.
Pero es curioso. Los miro de manera que no vea mi propia imagen reflejada en ellos. Tengo la sensación de que se rompería la magia si yo apareciese en el campo de visión. Me pasa algo parecido con las fotos y los videos. Los evito de forma compulsiva. De niña creía que si salía en la foto de grupo de la clase, esa foto coral que a todos nos hacen en el colegio, automáticamente nadie del aula querría tenerla de recuerdo. No sólo por mi imagen física, sino por el hecho de “existir”, de estar ahí.
Sé que es otra secuela, que es otro reto que debo superar, pero reconozco que hoy por hoy me es muy difícil. Y ya no hablemos del concepto que tengo de mi propio físico. Soy fea, estoy muy pálida, mi pelo es muy lacio, los años me han puesto arrugas de más, tengo una voz aguda muy desagradable, los dedos demasiado nudosos… la lista es interminable.
Sigo evitando el objetivo de una cámara de manera automática. Incluso cuando yo no soy el “objetivo principal”. Por ejemplo si estoy de viaje por una zona turística y una persona está haciendo una foto del entorno automáticamente desaparezco, pero no por cortesía, sino porque estoy convencida de que la foto se estropearía si yo apareciese en ella.
Lo cierto es que físicamente no me gusto. Ni siquiera un poquito. Me veo a mi misma como un adefesio. Y odio mi cuerpo. A lo más que llego cuando me arreglo es a mirarme en el espejo y decir “vale, paso por una persona normal, tal vez hoy nadie se fije en mí”.
Me parezco mucho a mi padre. Tengo rasgos y gestos iguales a él ¿cómo me voy a gustar si cada vez que me miro al espejo veo al hombre que me rompió la infancia?
Y siempre pienso que esa horrible imagen es la que todos ven. Porque la sensación de que la gente sabe, sólo con mirarme, lo que soy, lo que he hecho, me acompaña siempre. Y es una sensación horrible. Siempre ese dedo invisible, indicando que yo soy la rara, la que esta fuera de lugar, fuera de tiempo, la que está sucia y marcada.
Y cada vez que alguien me dice que estoy guapa, que me ve muy bien, mi Monstruo activa todas las alarmas: ¡cuidado, te está mintiendo, quiere algo, y no es bueno!
En mis años oscuros, una parte de mí, le seguía el juego a aquel que me piropeaba, sobre todo cuando el cumplido rozaba la buena educación. Mi Monstruo me animaba a seguirle porque yo no merecía más que estar con gente de dudosas intenciones. Era lo que tocaba. En mi hibernación, sin embargo, hacía todo lo posible por evitarlo con prendas poco atractivas, con más ropa de la necesaria en ciertas épocas del año y sin arreglarme prácticamente nada.
Ahora sin embargo, apago las alarmas. Sé que un comentario favorable a mi aspecto físico no implica necesariamente algo malo, sino una forma de iniciar un contacto con otras personas y ya no levanto la barrera con tanta rapidez. Pero sigo con la costumbre de vestir ropas flojas, que marquen poco mis curvas, y de hecho, no tengo ni una sola falda en mi armario. De esa forma evito los halagos. Físicamente, tengo un concepto deplorable de mi misma.
Y durante años, tampoco me he gustado como persona. Ni siquiera tengo aprobado el bachiller así que me considero intelectualmente una inculta. No consigo mantener los empleos por mucho tiempo por lo tanto no debo ser una persona muy responsable, o no lo era antes al menos, teniendo en cuenta que me he movido en malos ambientes mucho tiempo. Ni siquiera soy capaz de concebir cómo es posible que alguien tan espantoso como yo haya podido crear otra vida.
Hay épocas en las que me odio. Por lo tanto la visión que tengo de cómo me ven los demás no es muy buena. Siempre he tenido la sensación de que la gente en cuanto me conocía, en cuanto rascaba la superficie se asqueaba de la persona que era, porque solo daba una faz, una cara amable que se deformaba al primer signo de confianza.
Aun hoy soy como la luna, dando siempre la misma cara y con un lado oculto. Esa zona recóndita que los primeros investigadores, aquellos aventureros reales o imaginarios temían por su oscuridad. Pero ahora, permito pequeñas expediciones a mi interior, siempre vigilante, que no me hagan daño pero dejo, al fin, que se descubran los secretos de esa parte velada de mi vida.
Y he de decir que la experiencia es sobrecogedora, porque tal vez yo esté descubriendo más de mí misma de lo que creía. Y tal vez esos aventureros que se atreven a conocerme mejor me están ayudando a auto explorarme. Empiezo a reconocer que después de todo, tal vez no sea tan fea esa cara oculta.
De niña sufría de muchísimo acoso escolar. Así que obviamente decidí que nadie conocería a la autentica yo, aprendería los trucos indispensables para pasar desapercibida, que nadie me recordase y terminé por no reconocerme.
Por ejemplo, soy melómana. Adoro la música y además no tengo un estilo definido. Clásica, opera, rock, folk, soul, baladas, funky, pop, melódica, electrónica, banda sonora, soundtrack, rock sinfónico, disco, dance… da igual el género. Siempre hay una melodía para cada momento. Tengo metido en mi MP3 la mayoría de mi música, es mi propia banda sonora.
La he recopilado a lo largo de toda mi vida y la he ido adaptando a los nuevos soportes digitales a medida que la tecnología lo permitía.
Trabajé hace mucho tiempo como “pinchadiscos” (DJ, le dicen ahora) en un pub, pero mi música más personal nunca la he compartido. No dejaba que nadie supiera qué es lo que me gustaba, qué melodías eran mis preferidas. Hasta hace muy poco tiempo escondía mis discos, cassete, CD y demás como un tesoro, igual que mis diarios. Y si alguna vez me pedían el walkman para saber qué escuchaba entraba en un estado de estrés enorme. De repente mi Monstruo empezaba a gritarme que estaba loca por dejar que escuchasen, que el oyente se daría cuenta al instante de lo rara que era escuchando esa música tan extraña que sólo me gusta a mí…
Hace apenas unos meses que he empezado a compartirla por internet, al darme cuenta de que esa reacción era fruto de mis secuelas. Y he mejorado. Ya lo creo que he mejorado.
Empecé por compartir una sola canción, y por error compartí toda una lista de las que tenía “proscritas”. Ese día casi me da un síncope al darme cuenta, y cuál sería mi sorpresa cuando el amigo con el que compartía esa música me dijo que le gustaba la selección que había hecho.
Me sentí muy animada cuando me lo dijo. Ahora comparto mi música cada vez más. Y encima he recuperado melodías que no sabía dónde buscar gracias a los que comparten música conmigo.
Sospecho que esos antiguos comportamientos formaban parte del hecho de querer ser invisible, que no se notase mi presencia. Que nadie descubriese como era realmente, porque siempre creía que estaba podrida por dentro. Y por lo tanto supongo que mis gustos también eran secretos, como yo. A veces vuelve esa sensación de podredumbre, pero cada vez se separan más esos periodos y duran menos.
Es gracioso. Tengo un amigo al que aprecio que de vez en cuando me suele dar un consejo, medio en serio medio en broma, para subir mi autoestima y lo cierto es que a veces funciona:
“Ejercicio recetado: tres veces al día te pones de pie, te abrazas fuerte y dices en alto: Soy Némesis, estoy con Némesis, quiero a Némesis.
Si haces como si te quisieses, terminas queriéndote. Porque para ti eres el único ser imprescindible.”
Aun así, me queda mucho camino todavía. La imagen que tengo de mi misma como persona sigue siendo muy precaria. Aun tengo que trabajarla, y no digamos mi imagen corporal. Sigo, como las anoréxicas, viendo una imagen en el espejo distorsionada, monstruosa, y lo cierto es que no sé muy bien como trabajar esa parte. Pero prometo firmemente averiguarlo e intentar mejorarlo, por mí, porque me merezco ser algún día la reina de la fiesta.
"La comprensión es el primer paso para la aceptación, y sólo aceptándote puedes recuperarte."
Albus Dumbeldore en Harry Potter y el cáliz de fuego, Citando a Nathaniel Branden, psicoterapeuta canadiense.
FUENTE:
EL LADO OSCURO
He tardado cuarenta años en hablar con claridad de las violaciones a las que fui sometida de niña. Pero aún soy incapaz de hablar de mi vida posterior, cuando inicié la adolescencia.
Cuando estoy con mis amigos o mi familia y sale el tema de la nostalgia de aquellos tiempos de manera genérica, cuando se habla de la Movida Madrileña o de La Bola de Cristal y nos contamos las “batallitas” de aquella época, yo me limito a decir que son mis años oscuros y que no quiero hablar de ellos dando a entender, medio en serio medio en broma, que ha sido un período muy sombrío. Y lo cierto es que así fue.
A todos nos enseñan a ser responsables de nuestros actos. Desde nuestra infancia se nos enseña que toda acción tiene consecuencias. Si le quitas un juguete a tu hermano, mamá te castigará sin postre. Nos enseñan que es de buenas personas reconocer cuando hemos hecho algo mal, y que debemos arrepentirnos y reparar el daño.
Y las víctimas de abusos iniciamos el proceso de sanación reconociendo que no fuimos culpables de lo que nos ocurrió, que fuimos manipulados por nuestro agresor haciéndonos cómplices y partícipes de su degeneración. Pero yo aun no soy consciente de todas las consecuencias a posteriori de aquella agresión.
Estudios realizados con prostitutas han demostrado que cerca del 50% de ellas tenían a sus espaldas un historial de abusos sexuales. Entre los drogadictos graves a menudo hay personas víctimas de una experiencia anterior de incesto. Por no hablar de las mujeres maltratadas por sus parejas, que en muchas ocasiones tienen un pasado repleto de agresiones en su infancia.
En mi caso, hoy por hoy, siento más vergüenza de mi adolescencia que de mi infancia. Los recuerdos que tengo son desoladores. Recuerdo vejaciones de mis compañeros de clase, en el instituto; recuerdo salir yo sola a dar paseos larguísimos por la ciudad, con la sensación de estar desubicada, de no pertenecer a este mundo.
Una vez que mi Madrina me rescató del domicilio de mis padres de manera definitiva, cuando por fin un juez decidió darle a ella mi custodia, mi Monstruo se hizo el dueño del castillo. Porque en ese momento empezó mi proceso de autodestrucción.
Tras unos primeros meses de “convalecencia” (pues me sentía como si me recuperase de una grave enfermedad) empecé a sentir que no pertenecía a ese sitio. Que yo no me merecía a mi familia adoptiva , que yo no formaba parte de ese ambiente ni de ese nivel social.
Empecé a rechazar todo tipo de ayudas por parte de ellos. Me negué a estudiar, (en la casa de mis padres no hubiese tenido esa oportunidad), y en los trabajos en los que entraba por los meritos de mi educación con mis benefactores, nunca hice bien las cosas. No rendía, llegaba tarde o faltaba a mi puesto de trabajo, por pura irresponsabilidad. De manera inconsciente estaba dilapidando mi futuro. Y me estaba distanciando de mis padrinos de manera paulatina.
Y en las relaciones sociales fui cayendo cada vez más en ambientes poco recomendables.
He salido con chicos de todo tipo. Recuerdo a los “buenos” con cierta nostalgia, porque no sé como hubiese acabado la relación, pero sí recuerdo que siempre fui yo la que los abandonaba. Un tío tan majo no merecía a una estúpida como yo, no merecía a una pareja tan sucia.
De las “malas compañías” también guardo recuerdos. Eran tipos déspotas, maltratadores, egocéntricos, machistas, drogadictos, y por supuesto de vidas que rozaban la legalidad, incluso la traspasaban. Pequeños delincuentes, traficantes, estafadores… Mi Monstruo me animaba a seguir con ellos, pues eran lo más parecido a lo que me correspondía. Y cuando conseguía ser consciente de lo mal que me iban las cosas, me decía que era lo único que me merecía, y daba un paso más hacia el abismo.
Lo cierto es que solo quería salir, gritar, moverme, sentir… nada me llenaba. He hecho de todo, sin que nada me hiciera sentir plena, sentirme viva, era como si no tuviese suficiente adrenalina en el cuerpo para cubrir mis necesidades.
Me siento mal cuando rememoro esa época. Soy incapaz de hablar de esa etapa de mi vida, porque los recuerdos me revuelven y además me es imposible ubicarlos en un punto concreto de mi cronología. Tengo días enteros en blanco a causa de las sustancias que consumía. Y los momentos que recuerdo son poco alentadores: Buscando droga, o compañía; llorando en mi habitación, o caminando sola por la calle, como perdida.
He hecho cosas horribles. Me he aprovechado de la gente, he estafado, he robado; incluso de alguna manera me he prostituido por un poco de coca, vendiéndome a los demás de manera indigna.
Me he escapado varias veces de casa, la última fue toda una huida hacia delante: regresé a la vivienda de mis padres. Creía que era hora de volver al sitio que me pertenecía.
Creo que fue ahí donde cerré el círculo, y donde, por fin, pude rehacer mi vida, o lo que aún quedaba de ella. Y no precisamente porque en la casa de mis padres hubiese encontrado la paz, sino todo lo contrario.
Allí fue donde los acontecimientos se precipitaron, y después de una bronca monumental, una paliza y algo parecido a una agresión sexual, acabé sentada en una pomarada, a las dos de la madrugada, con dos mil pesetas en el bolsillo, y sin tener ni idea de donde iba a pasar el resto de mi vida ni de su duración, porque había roto con todo. Había tocado fondo.
Fui como un vehículo lanzado a toda velocidad, y cuya inercia fluyera sin control de ningún tipo, siempre a punto de descarrilar, de estrellarme contra un muro y sin manera de detenerme. Y sin tener muy claro si el arranque lo provocó los abusos o yo misma encendí el motor.
Y esa zona oscura de mi vida me ha marcado, casi tanto como mis abusos, porque salvo algunos momentos en que el sol salía entre las nubes, el resto es una tormenta negra y perturbadora de la que guardo un recuerdo horrible. Tengo imágenes muy feas que quisiera que no hubiesen ocurrido. Y tengo una vergüenza enorme a que se sepa nada de lo que hice.
Porque aún no sé si tengo derecho a excusarme en mis abusos para quitarme la responsabilidad de mis actos.
Porque me siento culpable.
Me siento culpable de no haber hablado más a menudo con mi Madrina de mis abusos. A pesar de su apoyo incondicional. Cuando volví con ella después de que todo lo de mi padre pasara.
Y me siento culpable de todo lo que hice en esa etapa que viví desde los trece hasta los veintiuno o veintidós años.
De haber estado con tíos con los que yo creía que merecía estar, solo porque sabía cómo satisfacer sus instintos más bajos.
Y de haber abandonado mi cuerpo, y dejado que hicieran de él lo que quisieran. Y de haberlo castigado consumiendo todo tipo de sustancias y con acciones de altísimo riesgo para mi vida.
Y de volver a la casa de mis padres, el lugar de mis abusos, y con mi abusador, a pesar de los consejos de mi Madrina. Me siento culpable de no escucharla, y por lo tanto soy culpable del intento de violación de mi hermano, cuando tenía ya veintiún años.
Y sobre todo, por este último error, me siento culpable de haber roto de alguna manera la confianza que mi Madrina había depositado en mí, después de todos sus sacrificios con una niña que no era nadie en su vida, y que una vez más ha defraudado a alguien.
Ahora, después de tanto tiempo, he vuelto a hablar con mi Madrina de lo que ocurrió cuando volví a la vivienda de mis padres tras años sin tocar el tema, pero siento que se ha roto algo, y no sé cómo recuperarlo. Sigo siendo culpable.
Cuando, por casualidad, encuentro a alguien de aquella época que se acuerda de mí, me bloqueo. De repente todo se derrumba, y tengo la sensación de que toda la gente que ahora me arropa, si supiera todo lo que hice, me dejaría en la estacada. Sólo pensar que alguien pueda reconocerme, me hunde.
De hecho, colgar esta entrada me supone un salto de fe. Mi Monstruo me grita en estos momentos el error que estoy cometiendo al confesar todo esto, a pesar de que apenas cuento nada, solo pinceladas. Pero es hora de espiar mis culpas. Es la hora de reconocer mi propio pasado. Abrí el blog con ese propósito, y no quiero dejar nada en el tintero.
Asumiré lo que venga con deportividad, pero reconozco que tengo miedo. Y ese miedo me ha hecho plantearme una pregunta: si ya puedo hablar de mis abusos en cierta manera, ¿Por qué no puedo hablar de los años oscuros?
Creo que la repuesta es obvia: Creo que todos los temores de mis abusos, la culpa, la vergüenza, el miedo a hablar, a que se sepa, a que me descubran, a que me rechacen, los he trasladado a los años oscuros.
Empiezo a admitir, después de cuarenta años, que yo no he sido la responsable de los abusos. Pero creo que aún no soy capaz de saber si lo que hice después, tal vez también haya sido de alguna manera responsabilidad de mi agresor. Mi Monstruo aún me acusa de los desastres de mi vida. Y creo que yo, también.
"Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir."
José Saramago (1922 – 2010) Escritor, periodista y dramaturgo portugués.
AFRONTANDO_PERDONANDOTE TI MISMA(O)
Muchos sobrevivientes han perdido décadas viviendo patrones auto-destructivos como mecanismos de defensa. Quizá tú has pasado años envuelto en una adicción a las drogas o al alcohol, viviendo en las calles, estando en relaciones abusivas, o haciendo cosas a ti o a otros de las que ni siquiera quieres hablar. Pero la cuestión más importante es que sobreviviste. Tú has usado cualquier recurso que tuviste para lograrlo durante tu infancia, de modo que pudiste crecer y convertirte en adulto con la oportunidad y el libre deseo de sanar. Literalmente, muchos sobrevivientes hubieran muerto de no haber sido por sus mecanismos de defensa.
Como sobrevivientes, debemos estar orgullosos de nuestra iniciativa para mantenernos con vida, sin embargo, muchos sobrevivientes en lugar de ello, se sienten terriblemente avergonzados. La verdad es, que como una persona joven traumatizada, aislada y atemorizada, tú hiciste cualquier cosa que pudiste para sobrevivir al abuso. Y una vez que creciste, continuaste con los mismos patrones de conducta porque te funcionaron (al menos de alguna manera), porque se volvieron hábitos, porque quizá todavía no tuviste otras opciones (¿quién estuvo ahí para enseñártelas?).
Lo más importante es que has crecido desde entonces. Tienes la habilidad de reexaminar tu vida. Puedes dejar de hacer cosas de las que estás avergonzado(a) y empezar el esmerado trabajo de cambiar tu conducta. Pero tienes que empezar por perdonarte a ti mismo(a) por las cosas que hiciste con la finalidad de afrontar la realidad. Sentirte avergonzado y terriblemente mal sobre ti mismo(a) te puede mantener atrapado(a) e impotente, incapaz de movilizar tu energía para hacer los cambios necesarios en tu vida.
Si, en cambio, tus mecanismos de defensa incluyen acciones que lastimaron a otras personas (golpear a tus hijos con rabia mal dirigida, abusar de un niño más pequeño cuando estabas creciendo), perdonarte a ti mismo(a) no es suficiente. Cuando has lastimado a alguien más, tú necesitas hacerte responsable por el daño, lamentar el hecho de que has lastimado a otro ser humano para asegura que esa conducta no se repetirá y hacer algunas reparaciones que sean posibles, antes de perdonarte a ti mismo.
A pesar de que estos ejercicios no están diseñados para ayudarte a llegar a un acuerdo con tu propia conducta abusiva o dañina, es esencial que busques ayuda profesional si actualmente estás dañando a otros o te preocupa que puedas hacerlo. Igualmente, también podrías necesitar ayuda profesional para lidiar con las repercusiones del daño que has causado en el pasado.
Los siguientes ejercicios te ayudarán a analizar los mecanismos de defensa de los que te sientes avergonzado(a).
Enlista los mecanismos de defensa de los que te sientes particularmente mal al respecto. Incluye cosas de tu niñez o de tu vida adulta – incidentes de una sola vez (La vez que torturé a mi gato / Cuando tenía ocho años, robé el dinero del gasto del monedero de mi abuela) o patrones de largo plazo (He estado comiendo compulsivamente desde que tenía ocho / Soy verbalmente abusiva cuando estoy enojada).
1.___________________
2. ___________________
3.___________________
… etc.
Ahora agrega a cada uno de estos mecanismos de defensa el porqué te puedes perdonar a ti mismo(a):
Ejemplo. Mecanismo de defensa: Promiscuidad
Me puedo perdonar a mi misma(o) por hacer esto porque:
• El abuso de mi padre me enseñó que mi único valor era sexual.
• Nadie me dijo jamás que yo podía decir NO.
• Ser sexual fue la única manera que yo conocía de sentirme querida. Y yo necesitaba sentirme querida a fin de sobrevivir.
Cosas en qué pensar:
• De todas las razones que he escrito para perdonarme a mí misma(o), ¿en cuál(es) realmente creo? ¿Cuál(es) me parece poco realista?
• ¿De qué mecanismos de defensa me siento avergonzada(o) todavía? ¿Por qué? ¿Qué me ayudaría a quitarme esa vergüenza?
• ¿Cómo puedo comenzar a compensar a las personas por el daño que les causé con mis mecanismos de defensa?
Espera los siguiente ejercicios acerca de LOS PROS Y LOS CONTRAS DE LAS CONDUCTAS DE DEFENSA.
Tomado de El Coraje de Sanar, libro de ejercicios de Laura Davis.
jueves, 10 de marzo de 2011
Se agrava la violencia sexual infantil
Un componente importante de la violencia sexual que generalmente ejercen los varones es el abuso infantil, que muchas veces se disculpa con el argumento de que los adultos “no les hicieron nada”, cuando, por ejemplo, obligaron a niños y niñas a observar pornografía.cada vez más agresores reactivos.
“Es decir, chicos de entre 10 a 20 años que están abusando de otros menores. Alguien sobreviviente a la violencia y su reacción es volver a repetir el acto”.
Este grave problema se ha venido presentando en nuestras sociedades desde hace cien años, pero en los tiempos que corren el abuso sexual infantil va en aumento desgraciadamente no estamos preparados como sociedad “para sanar y solucionar esa problemática”, pues en lugar de tratar la causa se atiende a la consecuencia.
En el caso de la exposición de los menores a imágenes de contenido sexual, “es abuso sexual aunque dicen que no les hicieron nada a los niños, pues los están preparando para actos sexuales a una edad en la que no están preparados, lo cual resulta altamente impactante en la psique de esos menores”.
Aparte de que no se le ha dado mucha atención al tema, no se les ha dado tampoco importancia a los indicadores del resultado de sobrevivencia del abuso:
“A temprana edad, [el abuso] provoca una serie de comportamientos en los chicos [cuando llegan a la adolescencia], que son percibidos por la sociedad y sus padres como problemáticas de personalidad, como rebeldía que se manifiesta al tomar mucho, tener múltiples parejas, por ideas suicidas o con el uso de drogas”.
Estos comportamientos son etiquetados por padres, maestros y la sociedad como causales de castigo: “los acusan de un comportamiento que consideran incorrecto, cuando éste tiene qué ver con la sobrevivencia de abuso sexual. No han podido expresarlo y lo manifiestan de formas diversas, peligrosas para ellos, porque la planeación e intento suicida son muy altos en ciertos ámbitos de la sociedad”.
De acuerdo a estudios de tipo mundial, se plantea trabajar en la primera o segunda adolescencia, es decir, de los 12 a los 18 años, que es la etapa de vida del ser humano privilegiada para intervenir con el propósito de reparar o modificar el comportamiento.
Por eso, “es una responsabilidad del Estado y de la sociedad la prevención primaria”,
miércoles, 9 de marzo de 2011
COMUNICADO: INHOPE, la International Association of Internet Hotlines, informa sobre la pornografía infantil - Informe anual 2010
En 2010 INHOPE con el apoyo de la Comisión Europea, desarrolló y lanzó el INHOPE Report Management System que por primera vez ha recogido datos precisos en la web basándose en material de abuso sexual infantil (CSAM) incluyendo:-
-- Informes: - Más de 24.000 informes sobre material de abuso sexual infantil procesados por INHOPE Hotlines en 2010.
-- Edad de la víctima: - el 71% de las víctimas eran pre-pubescentes, el 4% de las victimas eran menores de edad y el 25% de las víctimas eran pubescentes.
- Género de la víctima: - el 77% de las víctimas eran niñas, el 11% de las víctimas eran niños y el 12% implicaba a los dos géneros.
-- Tipo de sitio web: - el 78% de los sitios registrados no eran comerciales y el 22% eran comerciales y requerían el pago de alguna forma.
-- INHOPE en colaboración con GSMA / Mobile Alliance desarrolló y lanzó una "Guí para establecer y gestionar una hotline".
Una copia completa del informe puede descargarse desde:- http://www.inhope.org/Libraries/Annual_reports/2010_Annual_report.sflb.ashx
Para más información sobre INHOPE visite http://www.inhope.org
Más información:
Acerca de INHOPE
INHOPE es la International Association of Internet Hotlines. Su propósito es apoyar y mejorar el rendimiento de 39 Internet Hotlines en todo el mundo, asegurando que la acción de cambio se toma respondiendo a los informes de contenido ilegal que incluye material de abuso sexual infantil, haciendo de Internet un lugar más seguro.
Hotlines: INHOPE Hotlines son una efectiva primera línea de defensa frente a la actividad ilegal online. Mediante una Hotline, los miembros del público pueden hacer un informe sobre algo que sospechan que es ilegal en Internet. La Hotline asegurará que el asunto se investiga y si se descubre que es ilegal la información se pasará a la agencia de cumplimiento de la ley y en muchos casos al proveedor de servicios de Internet que aloja el contenido.
CONTACTO: Para más información, contacte con: Denton Howard - INHOPE, 8 Mar. (0) - 20-570-0296 o +353-87-2399550, info@inhope.org; Para másinformación visite http://www.inhope.org o envíe un e-maildenton.howard@inhope.org
martes, 8 de marzo de 2011
Mapa del abuso sexual legal contra menores
Unos 200 millones de menores son víctimas cada año de abusos sexuales en el mundo. A pesar de que en los últimos tiempos la mayoría de países han reforzado sus legislaciones para proteger a la infancia de estas prácticas abusivas, la dificultad para luchar contra la explotación sexual radica en que se trata de un fenómeno global en manos de poderosas redes criminales internacionales.
He aquí diez ejemplos de regiones donde sigue vigente la impunidad de estos actos.
Haití: violencia en los campamentos
La violencia sexual ya era un problema antes del terremoto sufrido en enero de 2010, pero éste hizo mella en los pocos mecanismos de protección que existían en el país. Desde entonces, las violaciones se han multiplicado, sobre todo entre la población infantil, que sufren agresiones sexuales a diario. La ausencia de agentes de policía en los campos donde se refugian desde el seísmo, junto a la falta de iluminación y de instalaciones sanitarias adecuadas, aumentan la vulnerabilidad de las menores.
Una de las consecuencias es que la tasa de embarazos entre las menores (principalmente niñas de 12 y 13 años) se ha triplicado. La mayoría de estas agresiones no se denuncian debido a la ausencia de mecanismos para combatir los casos y la impunidad de la justicia. El país caribeño es uno de los máximos exponentes de que la suma de exclusión social y pobreza es un caldo de cultivo para este tipo de delitos.
Filipinas: contrabando de menores
El conflicto armado entre el Ejército filipino y los rebeldes separatistas musulmanes, que ha sumido a la zona a la extrema pobreza, ha disparado el tráfico de menores en el país asiático, sobre todo en la zona de Mindanao. Unicef calcula que cada año son explotados sexualmente unos cien mil niños y niñas. La mayoría de las víctimas son transportadas a las grandes urbes como Manila y Cebú, o a países vecinos, como Malasia, y de allí al Golfo Pérsico (Kuwait o Arabia Saudí) para su explotación sexual y laboral.
Las ONG denuncian que muy pocos traficantes son condenados, ya que hay políticos y jueces implicados. Y también, en muchas ocasiones, los menores son objeto de maltrato psicológico al regresar a sus aldeas, donde son discriminados.
Un informe del Departamento de Estado de USA sobre derechos humanos, señala que los esfuerzos de Manila por controlar el tráfico de personas están limitados por una corrupción endémica, la falta de un sistema judicial fiable y la escasez de recursos para llevar a cabo las investigaciones y procesos judiciales.
Kenia: pobreza y marginación
Los estudios más recientes alertan de que la pobreza y la falta de escrúpulos de turistas y explotadores locales condenan a la marginación a miles de menores para que sean expuestos a prácticas sexuales abusivas, que han aumentado en los últimos años. En algunas zonas costeras, más del 30% de los adolescentes ofrecen sexo a cambio de dinero. Esta industria de sexo infantil podría involucrar a entre 10.000 y 15.000 chicas en las áreas costeras de Malindi, Mombasa, Kalifi y Diani. Además, entre 2.000 y 3.000 son explotadas de forma estable. Cerca de la mitad de ellas comenzaron cuando apenas tenían 12 años de edad.
Para Unicef, una de las razones por las que este tipo de delito se extiende es el grado de aceptación que existe entre quienes rodean a las menores explotadas. El 75% de los trabajadores de las zonas turísticas e incluso de los padres creen que es aceptable que una chica ofrezca sexo a cambio de dinero.
Perú: comercio sexual
Una en cada tres niñas y uno de cada seis niños son víctimas sexuales antes de cumplir los 15 años. Las autoridades alertan que la explotación sexual comercial infantil es una gravísima situación que afecta a un número creciente de niños, niñas y adolescentes.
Ninguna región del país está a salvo de este problema. Además de Lima, las otras ciudades peruanas con mayor presencia de este delito son Iquitos, Pucallpa, Tarapoto y Puerto Maldonado, donde redes articuladas en bares, discotecas, prostíbulos y hoteles, además de la explotación que se da en las calles, contribuyen a aumentar esta violación a los derechos infantiles.
Camboya: corrupción policial y judicial
El índice de abusos sexuales y violaciones a menores es muy alto y sigue aumentando, según las cifras que manejan el Gobierno y las organizaciones locales y extranjeras. Además, apuntan como problema a la escasez de procesos judiciales y la corrupción que impera entre los funcionarios, sobre todo en los cuerpos policiales. Lo que provoca que los violadores se sientan protegidos por un sistema judicial débil y corrupto.
Además, la cultura de la sociedad camboyana juega un papel importante en esta impunidad, ya que muchos varones creen que al tener relaciones sexuales con niñas les hace vivir más y hacerse más fuertes.
La Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, ratificada por Camboya, establece que los Estados deben proteger a los menores de toda forma de explotación y abuso sexual. Sin embargo, el Gobierno camboyano admite que todavía se encuentra en la fase de comprender la escala del problema en su país, para poder tomar medidas.
Nicaragua: el estigma del abusado
La sociedad nicaragüense estigmatiza a las víctimas de abuso sexual ya que el sexo sigue siendo un tema tabú, algo que contribuye en gran medida a que los menores no se atrevan a denunciar la terrible situación que están viviendo.
Cerca de 20.000 menores nicaragüenses son víctimas de explotación sexual, aunque es muy difícil cuantificarlas por el carácter encubierto de la actividad y la vinculación a redes de intereses económicos.
Un problema añadido en el país centroamericano es que en 2008 el actual Gobierno tipificó como delito todas las formas de aborto. La ley obliga ahora a las niñas, bajo amenaza de encarcelamiento, a continuar adelante después de haber sido violadas, incluso aunque el alumbramiento ponga en peligro su vida o salud.
Además, No existen programas gubernamentales para concienciar a la población sobre la violencia sexual. Los pocos menores que acaban denunciando se encuentran con unos policías, fiscales y jueces que no cumplen las normas nacionales e internacionales.
Sudáfrica: creencias demasiado arraigadas
En el país austral existe una creencia muy arraigada tanto para víctimas como para agresores: el contacto sexual con vírgenes puede curar el VIH. Esto ocurre en una región con una de las mayores tasas del mundo tanto de portadores del virus como de enfermos de sida.
Un informe de Médicos Sin Fronteras denuncia las violaciones que se producen sobre niños de menos de 11 años, sobre todo en áreas de conflicto, como la zona del río Limpopo colindante con Zimbabue, por donde al rededor de 6.000 emigrantes cruzan a diario.
Uno problema añadido, como ocurre en tantos otros países subdesarrollados, es el turismo sexual. Unicef, que cifra en 30.000 los menores prostituidos, alerta que una mezcla de diversión, relajación, sensación de anonimato, impunidad y extrema vulnerabilidad de la víctima hacen el caldo gordo que nutre al explotador ocasional; ese turista borracho de relativismo moral, que lejos de su casa y su entorno no desaprovecha la oportunidad de tener sexo con un menor.
Irak: niños de la calle
Desde la invasión de las tropas estadounidense en 2004, la situación de emergencia que se vive en el país ha tenido una consecuencia directa en la población más desfavorecida. Tanto informes independientes como algunos elaborados por el Gobierno iraquí han confirmado un aumento en los últimos años del número de niños huérfanos sometidos a abusos sexuales, así como un incremento de los que han dejado los estudios, convirtiéndose también en posibles futuras víctimas de los acosadores. Y como la situación de la seguridad ha empeorado en los últimos años, las ONG alertan de que el impacto de esa situación ha ido en aumento en los últimos años.
La organización Childhood Voices Associationha denunciado que en Bagdad muchos menores de 12 a 16 años han sido víctimas de violaciones, y que otros muchos están soportando acoso sexual. Además, más de un millón de niños iraquíes han entrado en el mercado de trabajo a causa del aumento de la pobreza y sufren estos delitos.
México: turismo sexual
Un reciente estudio alerta que los encuentros sexuales son uno de los mayores atractivos turísticos del país. Más de cuarenta páginas webs señalan a México como “lugar ideal” para el turismo sexual y se ofrecen paquetes turísticos que incluyen el abuso sexual de menores en diferentes partes del país, todo previamente coordinado por pseudoagencias de viajes. En una región dónde la explotación sexual a menores ha ido en aumento en los últimos años, en parte por la gravísima situación que atraviesan algunas ciudades donde las bandas organizadas han incluido esta actividad, además del narcotráfico y el tráfico de armas, esto representa un atractivo para extranjeros pederastas.
Los datos que maneja la ONU estima que unos dieciséis mil menores al año sufren este tipo de violencia, y considera que para combatirla no son suficientes el reciente endurecimiento de las penas contra quienes incurren en este delito, sino que es necesario atacar las causas y no sólo las consecuencias del abuso y prostitución infantiles. El 80% de los menores explotados sexualmente son niñas de entre 10 y 14 años, la mayoría en la capital, en Tijuana y en Ciudad Juárez.
Colombia: pobreza y explotación
Unicef alerta que tanto la explotación como el abuso sexual a menores aumentan en este país, a pesar de los esfuerzos de las instituciones competentes para ayudar a las víctimas y crear conciencia sobre las consecuencias de estos fenómenos. Aunque es muy difícil dar cifras concretas, se estima que alrededor de 35.000 niños y niñas de entre 5 y 14 años son sometidos a este tipo de violencia en Colombia.
El analfabetismo, la pobreza y la represión familiar son algunos de los factores que deterioran la calidad de vida de los menores. La actividad predominante continúa siendo la prostitución, pero también se han presentado cada vez más casos de trata y utilización sexual en grupos armados ilegales.
A pesar de la existencia de un pacto entre las autoridades nacionales competentes y los organismos internacionales para la captura y detención de las bandas que se dedican a explotar a menores, los recursos no son suficientes para lograrlo.
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