lunes, 13 de agosto de 2012

La responsabilidad de la sociedad.


Los niños son recibidos por la cultura con toda la potencialidad que se les ha otorgado con el solo hecho de existir. En las más románticas de las situaciones, un nuevo ser es recibido con el afecto positivo de su familia, los padres lo esperan con ansia y tienen todo preparado para él.

Los padres, cumplen con la función de ayudar a la formación de un Yo capaz de relacionarse de manera autónoma y eficaz, así como mantener un apego seguro con ellos, que les permita crear una autoestima lo más pleno posible, continuándolo acompañando en el proceso de su desarrollo como persona, fungiendo a su vez e implícitamente como un medio protector inmediato de los peligro de la vida actual. Las expectativas que se presentan del “cómo debe ser” esta relación padres e hijos, es truncada muchas veces, tendemos a colocar sobre nuestros hijos una idealización de lo que nosotros no fuimos. Cuando se presenta un conflicto, las responsabilidades no son aceptadas sin que la sombra de la culpa esté presente, no omito mencionar que nos referimos a la “responsabilidad” no solo como afrontar las consecuencias de los actos, sino como la “calidad de la respuesta” ante estos conflictos.

Para un niño, casi todo proveniente del medio introyectado como parte de sí mismo, y tanto los aspectos positivos como los negativos contribuyen a su estructura, ahora bien, cuando el niño ha sido perturbado en su sexualidad, se esperaría que las personas a su alrededor le otorgaran su apoyo y sobre todo, la seguridad y confianza que le han arrebatado con tan brutal hecho, solo los afectos positivos pueden aminorar los daños causados al menor. ¿Pero qué sucede si ocurre lo contrario? ¿Si por ignorancia de cuál sea la respuesta más conveniente ante estas situaciones se aumenta el efecto traumatizante del niño? ¿Qué ocurre si no se establece una base de contención y conexión empática con el infante? La primera reacción ante el descubrir, o el escuchar una confesión sobre un ASI determinará el manejo de la situación y sobre todo la recuperación de la víctima y sus familiares. Las secuelas que arrastran un ASI se pueden reducir, (en el caso de una intervención oportuna) eliminar (en caso de que esté manifestando en síntoma) o, mejor aún evitar su aparición.

En primer caso hablamos de los padres para realizar la función protectora de sus hijos, pero, como es bien conocido, la mayor parte de los abusos ocurren en las familias lo que coloca en disyuntiva (aunque no debiera de serlo) la manera más idónea de responder ante la demanda del niño, esperándose fuese de confianza, amor y actuar legalmente sobre dicho delito. En caso de no presentarse de esta forma utópica, ¿qué es lo que procede? Siguiendo en los pasos de lógicos de nuestra indiscutible realidad, lo que ocurriría sería NADA.

Citando a Martin Luther King “No me aterra la maldad de los malos sino la indiferencia de los buenos” .Ahora bien, refiriendo a la responsabilidad de la sociedad ante el conocimiento de que se está cometiendo un delito y no mover un dedo para posicionarse en la fila de hacer justicia y brindarle una mejor o al menos una situación de vida más tranquila a la víctima. Que no son los “buenos” quienes no realizan actos delictivos, sino los que actúan al ver que sucede, muy a pesar de que la víctima tenga algún parentesco con él o sea hijo o hija de alguien importante en la comunidad se debe hacer lo correcto.

No nos preguntemos después, el porqué de la existencia de tanta delincuencia en nuestro entorno, ni los engaños, ni los secuestros. Todo es consecuencia de una sociedad indiferente e individualista que pretende el bienestar únicamente propio y el de su familia que pudiendo ver más allá no se preocupó y si antes teníamos al niño maltratado de la vecina, ahora tendremos el secuestrador de nuestro hijo.

Como suplica especial, y hablando por todas las víctimas que gritan por dentro, no nos convirtamos como sociedad en el padre ausente, en el padre egoísta, en el padre castigador, en el padre ciego, o peor aún, en el mal de la sociedad actual, el padre indiferente, quien está, conoce, pero no actúa, no le importa simplemente porque no es él a quien le ocurre.

Seamos una sociedad que se empatiza, que es sensible a las situación pero que esa sensibilidad le da fuerzas para denunciar, proteger y amar a quienes nos necesita. Retomemos esa función protectora unos con otros, seamos amables, accesibles, confiables y que confían, devolvámonos el sustantivo de SERES HUMANOS que parece nos aferramos a borrar.

Recolectemos información, hagámosla accesible, hablemos sin miedo, cuidemos y protejamos a los niños sean nuestros o no. Actuemos, la mejor prevención es el amor, el cuidado, la confianza, la comunicación. El peligro existirá, pero hagámosle saber a nuestros niños que existe un lugar seguro para ellos, que serán atendidos, valorados y escuchados. Pongámonos en su situación por un segundo y comprenderemos que es lo que necesita de nosotros y si está en nuestras manos hacerlo démosle esa oportunidad de sentirse protegido por el adulto como lo indica el curso natural de la vida.

Despertar conciencias y actuar, es una de las funciones que cumple este blog, a quien agradezco, principalmente a su creador al ser una de las personas enfocadas en la meta, ASI nunca más. La calidad del ser humano detrás de las miles de visitas para la recolección de la información, nos da un ejemplo de la sociedad organizada que necesitamos con una lucha y un objetivo que poco a poco podrá cumplirse, y al conocer la noticia de que somos más nos da el aliento necesario para seguir en el camino. No nos equivocamos, juntos como ciudadanos responsables podemos ser ese padre y ese ejemplo a seguir que todo niño necesita. Creemos como sociedad mejores seres humanos para lograr de este mundo un lugar seguro y pleno para todos.


Por: María Fernanda Coronado Noreña
Grupo Freedom
Asociación de Psicología Humanista Tampico, Tamaulipas.

viernes, 10 de agosto de 2012

Abuso Sexual Infantil

Existen estrategias preventivas para evitar los abusos sexuales, las que pueden ser extrapoladas hasta nuestros propios hogares, siendo nosotros los encargados de supervisarlas, en el rol de padres, hermanos, profesores entre otros.
Como primera recomendación para evitar los abusos sexuales infantiles, los padres deben tener como norma básica, conocer siempre el lugar donde se encuentran, siendo frecuente los cambios de planes de los niños, quienes deben estar acostumbrados a comunicar esta situación de inmediato. Se debe intentar además estar familiarizados con los amigos y actividades que realizan los niños, debiendo tener los teléfonos de los padres de los amigos y de ser posible conocerlos personalmente. Ellos también por su parte, deben saber siempre donde localizarnos y si poseen teléfono deben llevarlo.
Se debe tener especial cuidado con las personas que quedan al cuidado de los niños (as) independiente de su edad o grado de parentesco, siendo importante observar el estado de ánimo de sus hijos cuando estas personas se van, o la posible agitación e inquietud cuando saben que van a llegar, eso entregaría algún indicio de una posible agresión sexual. En este mismo contexto, se debe estar alerta cuando un adulto dedique demasiado tiempo a su hijo y le haga regalos caros o sin una razón aparente.
Los niños deben aprender a confiar en sus propios sentimientos, decir “no” cuando ellos crean que algo no esta bien, también deben internalizar que nadie debe tocarlos en la manera que ellos se sientan incómodos.
Por otra parte, debemos entender que la tecnología avanza a pasos agigantados, así también los delitos experimentan evolución, por lo que también se deben hacer algunas recomendaciones en el uso de internet:
En este sentido como Policía de Investigaciones, periódicamente realizamos presentaciones en colegios sobre el uso correcto del internet “Navega Seguro” donde enseñamos y entregamos herramientas a los padres, profesores y alumnos (as), sobre “qué” están haciendo nuestros hijos en el computador, ubicar el equipo con conexión a Internet en un lugar visible donde transite el máximo de personas, también deben estar establecidos los tiempos de uso. Para ayudarnos la tecnología nos aporta programas protectores que dan límites de acceso a áreas específicas.
Por último se debe instar a los hijos (as) a que cuenten sobre información extraña o amenazadora que le sea enviada o encuentre en internet. Si a usted le parece delictiva o especialmente peligrosa, de cuenta a la policía o fiscalía.
La mayoría de los niños y niñas que sufren algún tipo de abuso sexual terminan manifestándolo de alguna manera, normalmente de forma velada. Los cambios bruscos en su conducta, o difíciles de justificar, pueden revelarse como señales importantes a tener en cuenta, por lo que es fundamental crear un clima de comunicación y confianza en la familia, con estas recomendaciones podemos mantener a nuestros hijos alejados de los peligros y de los trastornos que acarrean las agresiones sexuales.


martes, 7 de agosto de 2012

El 64 por ciento de los menores abusados convive con su agresor

ARGENTINA:

Neuquén > La Defensoría de los Derechos del Niño y el Adolescente Uno de Neuquén analizó cien casos de abuso sexual infantil y observó que en 64 oportunidades las víctimas que realizaron las denuncias penales conviven con su agresor. El informe indica, también, que en la totalidad de las causas el abuso es intrafamiliar, que en 81 casos la víctima fue una niña o adolescente, y que el abusador fue siempre un hombre.

Las causas denunciadas ante la Justicia Penal ingresaron al organismo entre 2009 y agosto de 2011, y pertenecen a la Circunscripción Uno.
La muestra fue dada a conocer por las defensoras Nara Osés, Silvia Acevedo, y el psicólogo Silvio Villagra. Participó del estudio Mónica Amicone, de la Defensoría Dos de Neuquén.
“Que el agredido conviva con el agresor es una situación que acrecienta el riesgo de las víctimas de nuevas ocurrencias o posibles retractaciones”, sostuvo Silvio Villagra.  
Asimismo, el ministerio estima que los casos de abuso sexual infantil que ingresaron en las ambas defensorías, a partir de la sanción de la Ley 2605 (incluye, entre otras cosas, que la defensoría pueda ser querellante de la víctima), son más de 300.
Abuso intrafamiliar
La muestra analizada demostró que, en su totalidad, el abuso fue realizado por algún familiar o persona conocida de la víctima. En general, los denunciados son el abuelo, el padre o padrastro. Esto indica que todos los abusos sexuales en niños o adolescentes suceden dentro de la familia.
“En el abuso sexual infantil el agresor, en general, es conocido de la víctima. Se encuentra en el mundo de relación de los niños, y por eso operan otras variables que dificultan que el niño lo pueda denunciar, siendo captados por cuestiones afectivas infantiles que los adultos las transforman en otro sentido donde se propiciará el abuso”, comentó el psicólogo.
Indicó que en situaciones de abuso sexual infantil intrafamiliar no se observa, todavía, un perfil de abusador científicamente válido que pueda ayudar a identificar al agresor en el intento por prevenir estas situaciones.
“De los casos analizados, los agresores se dan en distintos tipos de estructuras y con diferentes perfiles”, aseguró Villagra, a lo que Acevedo agregó que “en los psicodiagnósticos tampoco se encuentra un perfil”.
Aunque sí se pudo distinguir –desde que aparecieron las primeras denuncias en la justicia,  y desde que este delito tomó exposición pública– patrones culturales y sociales de permiso para utilizar la autoridad adulta para satisfacer deseos sexuales, generalmente del adulto varón.  
“Tiene que ver con una creencia compartida (en las familias), aunque no se pueda expresar demasiado porque desde lo público ya hay un mensaje de que esto no se puede hacer. Pero en esas familias hay como un permiso. Cuando vemos a un niño conocemos historias como que la mamá fue abusada. Hay historias familiares donde al chico se lo utiliza para satisfacer deseos sexuales”, explicó Osés.  
Para la defensora, esta situación se relaciona con un patrón familiar sobre algo que está permitido, por lo que no todos los abusadores son perversos ni enfermos.  
Acevedo indicó que en muchos casos ya habían existido abusos en la familia, pero que no habían sido denunciados ni develados dentro de ese ámbito, y que “incluso cuando fueron develados en la familia no tuvieron respuesta adulta, ni protección para los chicos”.
Otro factor que aparece marcado en los 100 casos analizados está vinculado al género, ya que en la totalidad de las causas el agresor es un adulto varón, y en 81 oportunidades la víctima fue una niña o adolescente.   
Escuchar a los niños

Para Osés, desde que el delito se hizo visible como comunidad se avanzó en ayudar a la víctima a que pueda denunciar una situación de abuso sexual. Por esto, se considera de vital importancia suministrar información a los niños y niñas dado que hasta el momento no existen otras estrategias de prevención.
“Hay que darles la mayor cantidad de información a los chicos de que cuando viven una situación que no terminan de comprender, tienen que pedir ayuda. Los abusos en general empiezan con tocamientos. Cuando ellos o ellas vienen a la defensoría porque algún adulto los ha tocado y lo pueden decir es importante que la persona que los acompaña los escuche. Si esto no se frena en la familia, se puede convertir en un abuso crónico”, dijo la defensora, y agregó: “Explicar que el tocamiento no es tolerable, que no esta bien,  que no lo tienen que aceptar y que tienen que pedir ayuda. Quizás con los años podamos ver una disminución de los casos”, manifestó.  
En el intento por prevenir los abusos, Villagra indicó que hay un  concepto básico para la protección integral; y es que  “los niños siempre requieren atención y cuidado de los adultos”, y que cuando el chico no obtiene esa protección en su familia o círculo cercano, tiene que aparecer el Estado protegiendo los derechos de ese niño. En esta línea, es indispensable, para detectar la agresión, que el adulto escuche al niño o al adolescente.
Ausencia de adultos

Junto con la situación de abuso que no se pudo denunciar siempre está la ausencia de un adulto con una escucha empática. "'Lo conté y nadie me escuchó. Yo dije y no pasó nada, o me pegaron'. El chico siempre dice, pero a veces no es escuchado o no se le cree", explicó el psicólogo de la Defensoría Uno.
“Muchas veces, la madre o quien la patrocina hace la denuncia, y con el correr de los días, ya descreen del niño, se reacomoda la situación familiar y el chico queda ahí. Se empiezan a dar mensajes en el niño que lo confunden. Muchas personas vienen acá y están angustiadas  y confundidas. Tiene que ver con que esta situación de que primero les creen y ahora no”, indicó Acevedo.
Osés sostuvo que la persona responsable de la víctima puede dudar, no creerle, o creerle, y no saber qué hacer con el adulto porque es una persona muy importante en la situación vincular.
“Son situaciones donde se necesita mucho acompañamiento desde lo psicológico. Se tiene que trabajar desde distintos lugares para que la familia que denuncia no quede sola. Muchas veces la persona es firme y dice: 'Ante el abuso ocurrido cortó el vínculo'. Otras veces, no se toma esa decisión,  lo cual exige una intervención nuestra distinta.  No se resuelve sólo con ir a denunciar el hecho, el Estado tiene que garantizar que van a tener acompañamiento emocional”.  
Profundizar políticas públicas

A pesar de que en las últimas dos décadas la Justicia mejoró su trabajo respecto a los abusos sexuales infantiles, desde la Defensoría señalan que hay que profundizar en políticas públicas que “tengan que ver con la prevención y asistencia en abuso sexual, como por ejemplo reforzar  las instituciones públicas con equipos psicosociales de asistencia específica ”, manifestó Osés.
Para Villagra, sería importante la capacitación en todos los que trabajan con niños e intervienen desde distintos ámbitos, para ayudar a superar todos los problemas (pautas culturales) que a veces impiden que se pueda escuchar a un chico o pensar que hay un adulto con conductas abusivas.



http://www.lmneuquen.com.ar/noticias/2012/8/5/el-64-por-ciento-de-los-menores-abusados-convive-con-su-agresor_157431

RECORDANDO EL ABUSO SEXUAL. LO OLVIDASTE PARA PODER SOBREVIVIR

La experiencia más horrible que se puede vivir de niña/o

Uno de los mecanismos más efectivos que los niños utilizan para manejar los abusos sexuales ¿Cómo puedo saber si fui abusado de niña/niño? es olvidar el abuso. Algunos sobrevivientes al abuso siempre lo han recordado, pero muchos adultos olvidaron la experiencia. Entonces 20, 30 o 40 años más tarde, algo sucede y de pronto empiezan a recordar. 


Se levanta un día y dice “yo fui abusado sexualmente”. Empieza a verimágenes de su padrastro entrando en su cuarto por la noche, o tiene sueños vívidos de su hermano encima de él/ella. Cuando por años se haolvidado del abuso, es muy fácil ignorar estos recuerdos-¿Dé dónde vienen? ¿Qué es lo que significan? ¿Cuándo se detendrán?- o empieza a preguntarse si se está volviendo loco/loca. Pero bloquear el abuso, y recordarlo después, es una herramienta de sobrevivencia que tiene sentido.


Cuando eras joven, no hubieras podido recordar lo que te había sucedido. Siendo un niño de 8 años no podrías haberte sentado a la mesa con tu padrastro desayunando el cereal  primera hora de la mañana, si hubieras recordado lo que sucedió la noche anterior. Lo olvidaste para poder sobrevivir.

Una de 4 niñas, uno de 6 niños son abusados antes de los 18 años sin contar los que callan diariamente
Una vez reprimido lo que sucedió, empiezan a surgir los recuerdos. Las transiciones de la vida-nacimiento, compromiso en una relación, la muerte de un padre, jubilación, menopausia, vejez, divorcio, cualquier tipo de pérdida- con frecuencia estimulan la aparición del abuso sexual. Un tratamiento médico-una visita al dentista, un examen con el ginecólogo o urólogo, operación o cualquier procedimiento intrusivo médico- podría desenterrar imágenes o sentimientos enterrados. Experiencias en la adultez que te sitúan de víctima, como un robo, asalto, violación estimulan la aparición de recuerdos de un abuso temprano. 

Algunas veces los mismos padres recuerdan su propio abuso cuando su hijo es abusado, o cuando ese niño alcanza la edad de cuando ellos mismos fueron abusados de pequeños. Los sobrevivientes lo recuerdan al hacer el amor, al ejercitarse, o durante los masajes. O cuando ven un show en la televisión, escuchan la historia de un amigo, o leen un artículo como el que estoy escribiendo.

Si usted siempre ha recordado el abuso, los recuerdos que siente más bien son en forma de sensaciones  en lugar de situaciones específicas. Con mucha frecuencia los sobrevivientes pueden contar con detalle lo que ocurrió como si fuera una lista de víveres, pero están bien desconectados de la forma en que realmente sintieron el abuso. En esos casos, recordar involucra reconectarse con esos sentimientos.

Recordar es un proceso continuo de descubrimiento. Conlleva ir hacia atrás, y excavar los años tempranos de tu vida-poner las piezas en su lugar y reinterpretar las cosas que ya sabes, comenzando a reconectar las sensaciones con las imágenes que siempre has tenido, experimentando sensaciones en el cuerpo desconocidas. A veces  podrías experimentar un recuerdo en el revives aspectos del abuso, o reexperimentas los sentimientos que viviste en aquél momento- terror, dolor físico extremo, un tremendo aislamiento. Estas experiencias pueden ser horribles y sumamente perturbadoras. Podrías responder con shock, horror, o con incredulidad. Podrías sentir pánico o ideas suicidas, o sentirte sumamente aliviada de saber por fin la verdad de tu vida.

Voy a seguir escribiendo ejercicios para que los realicen con su terapeuta o profesional de la salud mental. Recuerden que existen personas donde pueden acudir o llamar por teléfono en caso de que sientan pánico.

COSAS QUE PUEDEN HACER SI SE SIENTEN AGOBIADAS
La próxima vez que te empieces a sentir agobiada/o, observa este apartado y empieza a realizar cualquier cosa que hayas escrito. Si las hicistes todas empiézalas hacer nuevamente. Pide ayuda. Después respira profundamente. Las sensaciones pasarán.

lunes, 6 de agosto de 2012

El amor, el sexo y las secuelas del ASI ¿Son compatibles?


Cuando las palabras se convierten en silencio otro corazón pierde el sentido y otras cuerdas vocales pierden la voz hasta no encontrar en su vida nada más que lassecuelas de aquello que no se puede pronunciar, de lo innombrable, de lo inimaginable.
Hacía tiempo que no tenía un momento para parar y sentir. Hacía tiempo que no me permitía a mí misma parar y sentirme. Hasta hoy.
Hace un breve instante me he dado cuenta de lo histérica que estaba, sin pronunciar palabras, sólo intentando llamar la atención para descargar a través del cuerpo aquello a lo que no puedo ponerle palabras.
Este año ha sido mi mejor mecanismo de defensa, de vida y supervivencia, la descarga emocional a través de lo físico, del ejercicio y ahora que he parado todo mi yo me lo pide a gritos porque estoy a punto de desbordarme.
En estos pocos días “sin descargas” me he dado cuenta de más problemas emocionales de los que imaginaba
¿Soy capaz de comprometerme en una relación?, ¿Me gustan los hombres o hago que me gusten imaginando cómo quiero que sean?
Sólo de pensarlo me parece terrible, egoísta, vergonzoso… pero guardármelo para mí y no compartirlo con vosotros no me parecía justo. De momento no tengo un problema de identidad sexual pues me gustan únicamente los hombres, aunque también debo decir que me resulta tan sencillo tener relaciones sexuales con una mujer como con un hombre, sólo es sexo y dar cariño. Y si hablamos de amor… De momento jamás amé a una mujer de esa manera.
Es un tema complejo y no sé si me sabría hacer entender de la forma correcta.
¿Nunca habéis mantenido una relación sexual sin sentir absolutamente nada y se podría decir que hacíais las cosas que esperaba que hicierais o que teníais que hacer? ¿O haber tenido sexo y sentir que estabais haciendo ejercicio más que disfrutando de ese momento?
He estado en esas situaciones y es a esto cuando me refiero que me resulta igual de sencillo mantener una relación sexual con quien sea o quienes sean porque no hay una implicación emocional, es un hacer lo que hay que hacer.
De pensarlo se me encoge el estómago, porque cuando ocurre esto me pierdo a mí misma durante días y tal vez semanas, porque un pedacito de mí se rompe por haberme fallado, por no saber decir “no”, por no cuidarme, por no quererme, por sólo pensar en dar y no en cuidarme a mí. Pero es un aspecto real en mi vida al que tengo que hacerle frente, lo curioso es que si uno lee esto pensará que soy máshipersexual de lo que aparento pero la realidad es que soy más de abstinencia sexual debido al miedo que me provoca.
El miedo no es sólo al sexo como “ejercicio”, es al sexo cuando implica emociones y sentimientos, cuando puedo sentir placer y estoy en mí misma sin disociarme, cuando implica entregarse a alguien a quien se ama, cuando hay amor porque temo que otra vez me desgarren el cuerpo y el alma.
No puedo comprometerme porque si lo hago me romperán, me destruirán. Tengo demasiado relacionado el dolor con el amor, el abuso con la confianza y el amor, el placer con sentirme sucia como si fuera algo horrendo…
Tampoco soy una mujer de no comprometerme a través de la infidelidad, he buscado maneras más sanas y menos perjudiciales para huir del compromiso.. Relaciones a distancia con personas que no pueden comprometerse por la cuestión que sea, personas que pueden verme pero que jamás van a estar al 65% para mí (y creo que puse un porcentaje muy alto) y estoy cansada de mis propios límites.
Estos días os hablaba de la amistad, escojo amigos que no van a estar… Me temo que tengo un problema de vínculos a muchos niveles y tengo tantas ganas de poder establecer una relación sana con otra persona… Y como ya os habréis imaginado, los deseos se los queda el corazón mientras mi cuerpo corre en la dirección contraria al amor.

lunes, 30 de julio de 2012

Dos generaciones de abuso sexual entre hombres


Sólo dos organizaciones civiles en México atienden el abuso sexual hacia los hombres en la niñez, una de ellas es Musas A.C. Aquí y a través del grupo Horus se reúnen sobrevivientes de este delito.
Uno de estos hombres habló con EL UNIVERSAL a través de un testimonio explícito que le llevó más de 18 años aceptar y recordar, para después revelarlo ante este grupo que trabaja para analizar y sanar las secuelas ocasionadas por el abuso sexual infantil.

Sebastián explica lo que vivió, a los tres años de edad, como si fuera un gigante que lo aplastaba y le causaba terror. Quiere dar su testimonio para que otros hombres sepan que existe un espacio seguro y terapéutico donde confluyen personas que han decidido sanar y romper el silencio.

Creció en la casa de su abuelo. Sus padres trabajaban y llegaban a casa de noche. El abuelo confiaba y convivía de manera particular con un primo hermano de Sebastián; fue este último quien utilizaba el juego como estrategia para acercarse a él. Después lo llevaba a pasear en auto, y luego lo conducía a un lugar donde el niño presenciaba las relaciones sexuales que Jesús (su primo- hermano) tenía con varias mujeres a la vez.

"Finalmente también abusó de mí, me sodomizaba, hubieron golpes", narra Sebastián.

A los 22 años viajó a Estados Unidos a un intercambio escolar. Fue ahí en una biblioteca, cuando leyó un libro que en sus páginas explicaba las secuelas de aquellos que viven abuso sexual en la infancia, entre otras, una constante tristeza, "entonces los recuerdos rodaron uno a uno como si fuera una avalancha que me llevó a rememorar todo cuanto Jesús me hacía, el terror que sentía ante sus amenazas que perduraron hasta que mis padres dejaron la casa del abuelo y nos fuimos a vivir a otra colonia. Después, lo que siguió en mi vida fue una tristeza recurrente cuando aparentemente no había razones para esto".

En este sentido, "las personas sometidas a situaciones crónicas de golpes y violencia presentan debilidad gradual en sus defensas físicas y sicológicas lo cual se traduce en un incremento de problemas de salud, enfermedades sicosomáticas y depresión", se acota en la obra De frente a la Violencia Familar, de Edith Zúñiga Vega, Héctor Sánchez Pérez y David Orihuela Ordóñez.

"No sé explicar por qué tardé tantos años en recordar, pero los especialistas me han dicho que nuestra mente filtra, (como un modo de protegernos), las malas experiencias hasta que estemos maduros para tolerar ese tipo de vivencias tan devastadoras", agrega Sebastián.

Después de recordar lo ocurrido en su niñez y ya de regreso a México, Sebastián decide hablar con su padre para confesarle la historia de abuso de la que había sido víctima. Fue entonces cuando su padre le explica que él también había vivido abuso sexual en su infancia por el padre de Jesús. Hoy y desde hace cuatro años y medio Sebastián acude al grupo Horus con la esperanza de que su padre se incorpore para así sanar las secuelas ocasionadas por el abuso sexual que el también vivió en la infancia.

En su caso y durante muchos años Sebastián experimentó un constante rechazo hacia la sexualidad y recuerda que fue un niño tímido y ausente que pasaba muchas horas solo. "Yo pensaba que cualquier circunstancia que me llevara a la intimidad resultaría peligrosa, como si fuera una escalera que me condujera irremediablemente a una situación de violencia, humillación y caos", explica.

Agrega que fue muy difícil reconocer lo que le había sucedido, "pues existe un mito en cuanto a que todo aquel hombre que ha vivido violencia sexual en la infancia , será a su vez un agresor, o será homosexual".

Para Rafael Velásquez Contreras, terapeuta de Musas A.C. y responsable del grupo Horus, este concepto es erróneo, aunque reconoce que algunos hombres que han sido víctimas de abuso sexual en su infancia pueden mostrar cierta dificultad en la expresión de su sexualidad; sin embargo, el experto insiste en dejar claro que abuso sexual hacia un hombre durante la infancia, no es signo de homosexualidad a futuro.

En México por cada 10 mujeres que viven abuso sexual, seis hombres lo viven también. Se entenderá por víctima de abuso sexual como toda actividad sexual inapropiada para la edad del niño, cuando se le pide que guarde el secreto sobre dicho evento y/o se le hace percibir que si lo habla ocasionará algo malo a sí mismo, a la familia o al agresor.

"La definición anterior permite romper con algunos mitos existentes en torno a la víctima de abuso sexual infantil. El primero de ellos se refiere a que el abuso no es exclusivo de las niñas, pues también los niños son vulnerables a presentarlo aunque en menor medida, no sólo por parte de hombres sino también de mujeres. Estas lo hacen al forzarlos a exhibir sus genitales, o mostrarles pornografía, entre otras formas".

Datos relacionados con las víctimas refieren que la edad promedio de las personas que han reportado haber vivido abuso sexual en la infancia es entre los 8 y 12 años, las dos terceras partes de estas personas poseían bajos ingresos económicos, aislamiento social, además de mostrar gran necesidad de cariño, comprensión y cuidado.

En México, no existen investigaciones que reporten cifras exactas de la incidencia de abuso sexual, sin embargo ciertos datos reportan que 68% de la población ha estado expuesta a situaciones de violencia en general, de los cuales 5.4% refiere haber vivido abuso sexual infantil, según estudios de Medina, Borges, Lara, Ramos y Zambrano del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente.

En un estudio realizado por la Secretaría de Salud con mujeres que han presentado violencia de pareja, se indica que 7.5% manifestó tener antecedentes de abuso sexual en la infancia.

"Estos números son sólo una aproximación de la verdadera realidad de abuso sexual, pues recordemos que son pocos los casos denunciados ya que el abuso sexual sigue siendo un tema que se calla y guarda dentro del hogar", refiere Velásquez Contreras.

Pese a lo anterior para el experto es importante al abordaje del problema con el fin de disminuir, en la medida de lo posible, cifras tan elevadas y aumentar la investigación a torno a este grave problema social "cuyas consecuencias en la estructura sicológica de quien lo padece son enormes".

 

Señales de alerta

Velásquez Contreras señala 12 formas en las que un agresor puede llevar a cabo el abuso sexual como son: posar desnudo; desvestirse frente al niño; exponer sus genitales para que le sean tocados o vistos; vigilar al niño cuando se desviste o va al baño; besarlo de forma prolongada como si se tratara de un adulto; acariciar al menor en abdomen o zonas genitales, o bien hacer que lo acaricien; masturbarse o hacer que se masturben frente a él; hacer que le hagan o hacer sexo oral; introducir el pene, objetos o dedos en ano o boca del infante y frotar su pene en el área genital de él. Todas estas conductas son tipificadas como abuso sexual.

A su vez, "existen factores que pueden asociarse a causas que generan el abuso sexual en niños como son el sistema patriarcal en que vivimos donde el poder y el dominio lo tienen los hombres y se abusa de estas situaciones; además de aquellas familias disfuncionales donde prevalece la violencia doméstica, se carece de afecto y comunicación con los hijos.

"Ciertas características de personalidad como la inseguridad, timidez, y miedos pueden favorecer a una mayor violencia sexual", agrega el terapeuta quien dice que lo importante no es saber cuántas alteraciones tiene una persona que vivió abuso sexual en la infancia, sino reconocer y aceptar que esta circunstancia realmente afectó su vida, y sobretodo que la persona puede lograr un cambio hacia la mejoría a través de grupos especializados en el tema.

Para Sebastián su encuentro con el grupo Horus ha sido fundamental, pues normalmente los hombres no hablan de su sentir, y él puede hacerlo ante otros hombres que han vivido experiencias semejantes a la suya según refiere.

"Una experiencia de este tipo deja con mucho odio por dentro y esto repercute en todas las áreas de nuestras vidas; por eso es tan importante romper el silencio ante otras personas que conocen lo que significa que otro abuse de nosotros con tal de sentirse poderosos", dice quien asegura que en el grupo Horus ha encontrado las herramientas para trascender y dejar atrás la amargura, el odio, el resentimiento y el temor que sintió durante más de una década.

"El viaje es duro, pero la recuperación y la tranquilidad que viene después es real", aporta quien ha decidido aún no enfrentar a Jesús hasta que tenga la fortaleza necesaria para hacerlo, aunque sabe que cuando lo tenga enfrente le dirá que quien debe cargar con toda la vergüenza de lo que ocurrió cuando era niño es él, el propio Jesús.

"Yo ya sé, y estoy seguro de que no tuve la culpa", concluye.

Maltrato infantil y abuso sexual



Un primer aspecto sobre el abuso sexual es que éste tiene que inscribirse en el amplio espectro del maltrato infantil, sino se quiere correr el riesgo de fetichizar el abuso, de descontextualizarlo y deshistorizarlo, o reducirlo únicamente a su componente sexual, sin tomar en cuenta la complejidad de su constitución.

El maltrato infantil es una práctica normalizada a nivel social, solo recientemente puesta en duda en consonancia con los avances en el reconocimiento de los derechos humanos, y en las consecuencias clínicas y psicosociales de dichas prácticas. Junto con el abandono, el maltrato psicoemocional, el castigo físico, entre otros, el abuso sexual es una modalidad de maltrato infantil, de hecho es probable que el niño o niña abusada sexualmente cuente con antecedentes de maltrato, o que el abuso se realice en un contexto de maltrato infantil.

La inscripción del abuso sexual dentro del espectro del maltrato infantil nos remite necesariamente al campo familiar, en particular a la configuración del sistema y la estructura familiar, a los vínculos paterno y materno filiales, a los riesgos psicosociales y al perfil caracterológico de los padres. Lo anterior debido a que el maltrato infantil es una expresión de graves alteraciones al alguno de estos campos o en todos, configurándose así un espacio de impunidad posibilitador del maltrato infantil y del abuso sexual.

De esta forma tenemos dos inscripciones: el abuso sexual como una forma de maltrato infantil, y el abuso sexual en el contexto del maltrato infantil. Estas dos particulares inscripciones nos permiten complejizar el abuso sexual crónico-vincular dentro de la familia, normalmente de tipo incestuoso, pues este tipo de abuso forma parte de una cadena de abusos familiares, no solo sexuales, sino psicológicos y fisiológicos. Esto da pie a considerar las formaciones familiares organizadas por traumas y los traumas transmitidos transgeneracionalmente.

El abuso sexual deja de ser un evento aislado, un acto solipsista de un sujeto trastornado donde el niño o la niña solo son espectadores afectados de esas perversiones. Esto nos plantea serios problemas en la comprensión de la dinámica tramatogénica del abuso sexual, pues la trasgresión vincular antecede por mucho al acto mismo del abuso. Por eso, podemos decir, que el abuso no inicia propiamente durante la interacción sexual, ni siquiera aún durante la etapa de acercamiento o confianza, sino que inicia desde la configuración de los fantasmas inconscientes referidos a traumas sexuales no resueltos en los sistemas familiares transgeneracionales.

En mi experiencia clínica he podido constatar este tipo de antecedentes a través de ciertas operaciones clínicas, una de ellas, la de una historiografía psicogenealógica, nos permite rastrear los traumas y subtraumas transgeneracionales que producen ciertos síntomas, ya sea toxicomanía, alteración de los vínculos amorosos, duelos inconclusos, rituales compulsivos, secretos, exclusiones, etc. Aún más, es posible entrever la presencia casi sutil del fantasma incestuoso y sus múltiples paradojas, las cuales revelaran una especie de radiografía clínica de las estructuras psíquicas familiares, muchas veces neuróticos, otras psicóticos, a veces perversos o simplemente limítrofes.

La cuestión del sistema y la estructura familiar y sus correspondientes fantasmas inconscientes, también nos remite al campo psicosocial de las políticas subjetivas y de las políticas familiares. La familia en tanto unidad sociológica es proclive a los cambios históricos, no solo de aquellos marcados por los acontecimientos imprevisibles, sino por los modos de producción simbólica. En este caso, la familia es el lugar por excelencia de producción subjetiva, a su vez, un mediador operativo de los discursos ideológicos hegemónicos.

La cuestión resulta de fundamental importancia en la comprensión del abuso sexual infantil, pues esto supone cuestionar las políticas familiares que producen estos perfiles sistémicos de familias maltratadoras y abusadoras, pues pareciera que esta familia no son una desviación, sino la normalidad de las familias. Resulta preocupante, pues esto supone admitir que el abuso sexual viene preformado en el propio código de barras de la familia. De aquí que la lucha en la prevención del abuso sexual vaya más allá de este epifenómeno y nos remita a sus aspectos estructurales, históricos y psicosociales, en particular, al modo de producción subjetiva de la familia.

Desde este punto de vista es posible concebir a la familia como un aparto ideológico, y también como un espacio posibilitador de subjetividades alternativas, así como productor de nuevas prácticas sociales y discursivas. Sin embargo esto aún es muy incipiente, sobre todo en lo que respecto al análisis y reflexión crítica que puede suponer el abuso sexual, que como podemos ver, al profundizar en esto nos lleva cada vez más a una crítica social e ideológica.

Las puntualizaciones agudas del feminismo con respecto a las estructuras patriarcales, al falogocentrismo, al perfil machista y misógino de la cultura, son aspectos que recobran su cabal importancia al momento de circunscribir el abuso sexual dentro del maltrato infantil y las estructuras sociales productoras de cierto tipo hegemónico de organización familiar. De alguna forma la perspectiva de género ha posibilitado dicha crítica, pero ha sido el movimiento feminista el que ha nos ha ofrecido las herramientas de análisis desconstructivo de un sistema social y cultural productor de dispositivos de control y sometimiento de lo femenino, de lo infantil, de lo animal. Dominación, control, disección, violación. Procedimientos propios del paradigma falogocentrico, de su epistemología colonizadora y conquistadora.

La sexualidad infantil es pues objeto de esa episteme perversa, expropiada por una pulsión dominante que necesita ser justificada en sus motivaciones, disponiendo de un aparato simbólico que permite su comisión de forma impune y perpetua.

jueves, 26 de julio de 2012

Pedofilia: Una Pesadilla Infantil


PedofiliaLa última generación del siglo XX no está a salvo en su hogar, en su escuela, ni siquiera en un templo. El uso de infantes para la satisfacción sexual de adultos es un problema psicosocial que ha aumentado dramáticamente en las últimas décadas. Se ha llamado pedofilia o pederastia a la experiencia del adulto que siente excitación y práctica relaciones sexuales íntimas con un niño. Parte de la problemática que involucra este fenómeno es la dificultad para asegurar la credibilidad de los hechos cuando se trata de comportamientos que no dejan huella como los contactos sexuales sin violencia; la duda de proporcionar al ofensor un tratamiento o enviarlo a prisión, así como la determinación de las causas de los victimarios.
Hoy por hoy, se ha encontrado que la mayoría de las víctimas son mas niñas que niños y que 9.5 de cada 10 casos dicen la verdad, al contrario del caso de los ofensores que en la misma proporción niegan su participación, y acusan a la ofendida de inventarlo o fantasear el supuesto abuso.
A veces, no es más que por el sufrimiento del menor y el testimonio de profesionales de la salud, en los que la ley se apoya para determinar la veracidad del abuso. Sin embargo, el problema con la ley es que en algunos casos, si no existen signos de la ofensa sexual, la penalización no procede.

Teorías
La conceptualización del abuso sexual es otro problema. Algunos profesionales, especialmente los que se relacionan con la consignación del ofensor, descartan por principio que se trate de un problema de salud mental o sexual; si así se considerarse, tuvieran un elemento a favor los victimarios por el que no pudieran consignárseles a las autoridades.
Las teorías organicistas hablan de niveles supra normales de hormonas que provocan la excitación en prácticas anormales. Tratamientos que reducen la hormona virilizante (Pawlak 1987), disminuyendo conductas desviadas comprueban que efectivamente puede existir un factor biológico en el problema del abuso sexual de niños.
Teorías de aprendizaje, tratan de explicar el problema, mencionando que cada uno posee un mapa afectivo cuyo desarrollo puede ser interferido durante la infancia, provocando las parafilias (nombre actualizado de las perversiones o desviaciones sexuales).
Teorías psicodinámicas también acusan a entorpecimientos en el desarrollo infantil, a los deseos frustrados o a los problemas con los padres, la gestión de las desviaciones sexuales.
Tal vez son Marshall y Barbaree (1990) que presentan el modelo global que mejor explica las desviaciones sexuales o sexopatias, eludiendo a una predisposición no aprendida del hombre a la agresión sexual, predisposición que podría moderarse en la socialización, de modo que pobres paternidades conforman un riesgo que se incrementa con actitudes socioculturales negativas, o ante el uso de la pornografía.
Otras teorías, como la de Cohen, subrayan que el sentido del abuso sexual puede ser agresivo, cuando el propósito es humillar, ensuciar; sexual, cuando la agresión está al servicio del deseo sexual; y sádico, cuando debe estar presente la violencia para que la excitación ocurra.

Datos reveladores
Los pocos datos existentes sobre el tratamiento de los ofensores sexuales reportan la existencia de por lo menos otra parafilia o desviación, lo que señala que la pedofilia puede no ser el único desorden de los abusadores sexuales.
Existen ofensores que agreden a un familiar y otros que abusan de desconocidos. En el caso de los ofensores incestuosos, se ha encontrado que cometen más actos sexuales por víctima, a diferencia de los no incestuosos, los que abusan de más victimas una sola vez cada una. Otro dato importante es que las víctimas muchas veces son agredidas por más de un ofensor.

Factores de riesgo
Los interminables casos de abuso sexual infantil reportados a diario por los medios de comunicación hacen urgente la creación de medidas preventivas y correctivas del problema. Ha sido motivo de mucho interés de los profesionales, así como de los padres de familia, informarse exhaustivamente sobre el problema, empezando por saber si unos niños má que otros están mayormente expuestos al abuso sexual.
Se ha encontrado que las niñas están más expuestas que los niños, aunque la incidencia de abuso en varones se ha incrementado recientemente. Son las niñas que están separadas por alguna razón de su madre o que tienen pobres relaciones con ella, las que tienen mayor riesgo.
Estudios enfocados a cómo seleccionan y reclutan los ofensores a las victimas hablan de vulnerabilidad por la que tienen acceso sexual y pueden mantener control. Esta vulnerabilidad se expresa en características emocionales, como timidez, tristeza, desamparo y factores circunstanciales, como soledad y desprotección.
Otro elemento que puede considerarse de riesgo relacionado con el abuso sexual, presente en la mayoría de los casos de pedofilia, es la relación de autoridad y confianza del ofensor con la víctima, lo que propicia un factor sorpresa que impide al niño hacer otra cosa que permitir el abuso.
Por parte del pedofilia, también se han identificado factores desencadenantes del abuso sexual infantil, como la existencia de una determinada motivación o necesidad que encuentra bloqueada su satisfacción por otras vías; la presencia de deshinibidores como la pornografía, fantasías sexuales, alcohol, desorden mental; una historia de abuso sexual; así como la oportunidad en un momento de imponerse ante un niño.

Perspectiva del problema
La identificación de un perfil del pedofilia y factores de riesgo de la víctima son puntos clave de la implementación de programas preventivos del abuso sexual.
Para el tratamiento correctivo, el entendimiento de la naturaleza del abuso sexual infantil requiere la perspectiva de la víctima y del ofensor. De poco sirve el sistema carcelario durante algunos años si el pedofílico sale para perseguir a otro niño.
No se trata de elegir entre la cárcel o el hospital psiquiátrico. Existe la necesidad urgente de implementar un tratamiento que dentro del penal se torne obligatorio para que de alguna forma garantice la rehabilitación del ofensor, y por supuesto, reformas a la ley para que el niño sobreviviente del abuso sexual ejerza su derecho a una terapia que les sane su sexualidad y su espíritu.