martes, 15 de marzo de 2011

Invisible, perfecta, mala

Si soy invisible nadie se acercará a mí, nadie me hará daño, nadie me obligará a hacer cosas que no quiero, nadie podrá ver la clase de basura que soy, nadie sentirá vergüenza de estar relacionado conmigo, nadie tendrá que saber mi secreto. Soy tan poquita cosa que no vale la pena el esfuerzo de sobresalir en algo, ¿para qué, si todo lo hago mal... si todo lo dejo a medias? ¿para qué, si soy una tonta? ¿para qué, si nadie me quiere y no merezco que lo hagan? no merezco que cuiden de mí. Si alguien se da cuenta de mi existencia... ¿qué voy a hacer? seguro que alguien no le gustará eso y me hará daño. Soy tan minúscula que da lo mismo si estoy o no en este mundo, vengo sobrando; ni siquiera mi familia cuida bien de mí, soy una carcasa que da la apariencia de estar bien pues tan solo soy una molestia, MI VERDADERO YO TIENE QUE SER INVISIBLE. Lo que hay más allá de las paredes de mi habitación, ese mundo, no es para mí.

... Pero quiero que me quieran, quiero que cuiden de mí, quiero que me quiten este dolor, quiero ser buena en una cosa, solo una, no pido más; quiero saber lo que se siente lograr algo, quiero saber lo que se siente que la gente te aprecie sin sentir miedo, quiero saber lo que siente no tener ataduras, una mordaza... aunque sea por un día, por unas horas, quiero que una persona, una... no pido más, me diga que soy capaz de hacer algo bien. No soy como los demás, si quiero tener eso aunque sea por un momento DEBO SER PERFECTA, tengo que exigirme más que los demás, hacer más que los demás, trabajar por más tiempo, aceptar más responsabilidades aunque no me correspondan, sólo así me querrán. Debo hacer todo al mismo ritmo que los demás y más, qué importa que esté deprimida o ansiosa, qué importa que sienta que me ahogo... eso sólo son pretextos para la mediocridad, en el fondo soy mediocre pero si hago todo lo que tengo que hacer ya no parecerá que lo soy. Con el tiempo y la carga de trabajo las voces dentro de mí se irán callando, el dolor se mezclará con el cansancio y ya no sentiré nada, al menos tendré un alivio y entonces podré hacer las cosas bien, como todos esperan que lo haga y entonces por lo menos alguien me querrá aunque sea un poquito, o por lo menos pensará que no soy una mediocre, una lacra.

...Por fin alguien se ha dado cuenta que puedo hacer algo bien, me ha dado miedo. Por fin alguien me muestra algo de aprecio, me siento mal, me siento acosada por tal demostración. Gente como yo no merece tal cosa, la vida está jugando conmigo, pero si me vuelvo alguien más del montón... pasaré desapercibida, ya no tendré miedo, ya no correré el peligro que alguien juegue conmigo...

Este ha sido uno de los grandes círculos viciosos de mi vida, me he alejado de la gente, he conocido gente nueva y me he vuelto a alejar, son pocos los que han sido constantes, los que permanecen a través de los años no sé por qué, tal vez porque veo en sus vidas algo que me recuerda a mí, tal vez porque han sido tan honestos conmigo, a pesar que soy una caja de sorpresas y secretos, que puedo tenerles confianza, tal vez porque han tenido su cuota de sufrimiento y sin necesidad de decirlo hablamos el mismo lenguaje... ese lenguaje que proviene del dolor y el miedo. He de reconocer que en la vida no todos aquellos que se cruzan en nuestro camino permanecen pero lo cierto es que cuando vivimos tratando de ocultar un secreto el número disminuye comparado con los demás.

De niña me arreglaba mi cuarto, sacaba buenas calificaciones, trataba de ser obediente, era una niña modelo en casa, en la escuela no me gustaba que me felicitaran por mis calificaciones no jugaba con los demás, odio ser el centro de atención, lo que hacía bien era para ganarme a mi madre, para que me llevara a vivir con ella, para que viera que no sería una carga; para que mi abuela viera que no era una niña problema y que mis tíos eran los que se portaban mal.

Ahora de adulta tal vez ya no me alejo de la gente como antes, tal vez me he vuelto un poco más selectiva, sigo sintiéndome incómoda cuando alguien me hace algún cumplido... aunque lo merezca, vaya que me cuesta trabajo reconocer mis propios logros, sigo pensando que lo que hago no es suficiente, que necesito ser algo más para agradar, para que la gente este orgullosa de mí. Me exijo tanto que simplemente me quedo sin energía, me pasa lo que a Ícaro, intento volar tan alto más allá de mis posibilidades que me quemo y me estrello dejando cosas inconclusas y con un terrible sentimiento de haber hecho algo terriblemente mal; me disculpo por cosas sin sentido como si fueran responsabilidad mía aunque no lo sean.

 
He aprendido poco a poco que no necesito ser perfecta para que me quieran, he aprendido que hay muchas cosas que puedo hacer bien y que si algo hago bien lo justo es que reciba algún cumplido sin que quiera decir que me acosan, he salido un poco de la coraza. He aprendido que mis limitaciones no son estigmas, que me hacen única y me dan la oportunidad de mejorar a mi propio ritmo.

He aprendido mucho de la gente que permanece en mi vida, de mis amigos, por pocos que sean, para mí son mi mundo, mi familia. Sé que no esperan más de lo que pueda dar, que estarán ahí cuando les necesite y creo que saben que aunque no sea muy expresiva en mis demostraciones de cariño les aprecio. Sé que me aprecian aunque no sea perfecta y que sea como la luna azul que aparece raras veces.

...Respecto a lo de ser mala, creo que nunca pretendí serlo y si lo fui francamente no lo recuerdo, más bien pretendí ser un chico más del grupo, me llevo mejor con los varones que con las mujeres, que mejor manera de pasar desapercibida que mezclarme entre ellos, eso sí... pobre del que se quisiera pasar de listo, me inventé el papel de chica fuerte, fría y de mal genio, que usa palabras altisonantes y que maneja el doble sentido al derecho y al revés, pero con el tiempo aquellos que se convirtieron en mis amigos se dieron cuenta que soy diferente a esa imagen y jamás me lo echaron en cara, me siguieron el juego y sin necesidad de explicaciones, creo que les divierte y eso a mi no me molesta pues se convirtieron en mis hermanos, unos que sí cuidaban de mí, incluso hay quienes aun se sorprenden de ver mi lado "suave", los hombres son más francos y directos, eso me agrada... sin malos entendidos, sin arrebatos hormonales, sin palabras a medias, sin tanto drama; alguien alguna vez me dijo que veía así las cosas porque los hombres en mi vida atacaban de forma directa y las mujeres en cambio eran más mezquinas y traicioneras, y que actuaba en consecuencia a la hora de relacionarme. Puede ser. Ya no soy tan "niño" e intento no ser tan paranoica a la hora de relacionarme con otras mujeres y no ser tan mandona y dominante con los varones.

En esto de los actos de desaparición y el perfeccionismo me falta mucho, más de lo que me gustaría, me dan ataques de ansiedad todavía cuando no cumplo con las expectativas que revolotean en mi cabeza y de pronto me dan ganas de no volver a salir de mi casa jamás, y si lo hago voy como caballo de carrusel, sin hacer contacto con nadie. Sigo siendo muy insegura y sigo pretendiendo serlo, tal vez algún día me lo crea.

Creo que al final de cuentas hay que ser invisible a la gente que no nos trae nada bueno y que nos puede dañar para que no tengan ningún efecto en nuestras vidas, y la perfección no es más que ser feliz con uno mismo, con la vida que logramos mientras sea de bien y con aquellos que valen la pena
 
http://pandorasboxasi.blogspot.com/

lunes, 14 de marzo de 2011

Aún no ha muerto

Hay días, en los que siento que hace años esa niña que había dentro de mí, murió. Murió con cada uno de sus abusos, con cada uno de sus llantos en silencio, con cada una de sus miradas perdidas. Esas miradas vacías que lo decían todo y nada.

 
Por suerte o por desgracia (más bien lo segundo que lo primero) toda mi infancia fue llevada a base de mentiras, a base de engañar a los demás, lo que es peor; de engañarme a mí misma.

 
Aún cuando miro atrás en el tiempo; en aquellas fotos en las que aún mi infancia estaba limpia, veo sonrisas en aquella niña, sonrisas reales, llenas de vida y de alegría.

Me pregunto a dónde van. A dónde van aquellas infancias rotas de esa manera tan injusta.



En mi caso, la felicidad huyó del cuerpo. Ya no existían las ganas de salir a la calle a jugar, ni reír con las amigas, en cambio; aparecieron los malos modales, el no pasar tiempo con la familia, preferir estar encerrada en el dormitorio, a oscuras, siempre con la puerta cerrada y la persiana bajada.



Siempre pensé que mi pasado acabó con el espíritu de niña, para hacerla madurar de golpe, a base de males.


Ahora, justo que parece que la vida sigue, que se puede volver a sonreír sin fingir. Es cuando creo que la pequeña niña sale tímidamente de su escondite, cuando veo que me mira, soy capaz de sonreír sin sentir ese miedo, sé que puedo hacerlo con total tranquilidad, que no me dañará.

Siento, que soy una pequeña que se asoma tras sus padres, para dejarse ver, ser alagada por algún ser conocido de los padres, y se vuelve a esconder tras ellos, porque aún no tiene la confianza suficiente como para mostrarse tal cual es.

 
Me siento bien, porque sé que aún no murió, que con cada palabra cariñosa que recibo, ella va saliendo para dejarse mimar, para recibir ese cariño que no fue capaz de recibir cuando más lo necesitaba.

 
Sé que aún es pronto para decir que ha sobrevivido, pero está en proceso de ello, estoy dejando el camino atrás, de ser una victima, para convertirme en una sobreviviente.

Solo quiero recuperar a esa pequeña niña que hubo dentro de mí.

Publicado por Noelia

LA IMAGEN DEL ESPEJO

Existe un síntoma muy habitual en los supervivientes de abusos: la evasión de los espejos que se asocia con la necesidad de ser invisible, de tener una percepción distorsionada del cuerpo o no gustarse uno mismo. Nos utilizaron de manera abyecta, despiadada, como un objeto durante nuestra infancia y nos ha quedado la sensación subliminal del poco valor que tenemos para nosotros y para los demás.

Sin duda se trata de mi secuela más grave, la más severa, la que más me ha castigado durante toda mi vida y la que más daño me ha hecho: la autoestima.

Me encantan los espejos. Los colecciono de todo tipo siempre y cuando sean artísticos, como un cuadro. Su superficie reflectante me hipnotiza y como en el relato de Lewis Carroll, de niña me imaginaba otro mundo paralelo, otra vida en la que mi existencia fuese totalmente distinta.

Pero es curioso. Los miro de manera que no vea mi propia imagen reflejada en ellos. Tengo la sensación de que se rompería la magia si yo apareciese en el campo de visión. Me pasa algo parecido con las fotos y los videos. Los evito de forma compulsiva. De niña creía que si salía en la foto de grupo de la clase, esa foto coral que a todos nos hacen en el colegio, automáticamente nadie del aula querría tenerla de recuerdo. No sólo por mi imagen física, sino por el hecho de “existir”, de estar ahí.


Sé que es otra secuela, que es otro reto que debo superar, pero reconozco que hoy por hoy me es muy difícil. Y ya no hablemos del concepto que tengo de mi propio físico. Soy fea, estoy muy pálida, mi pelo es muy lacio, los años me han puesto arrugas de más, tengo una voz aguda muy desagradable, los dedos demasiado nudosos… la lista es interminable.


Sigo evitando el objetivo de una cámara de manera automática. Incluso cuando yo no soy el “objetivo principal”. Por ejemplo si estoy de viaje por una zona turística y una persona está haciendo una foto del entorno automáticamente desaparezco, pero no por cortesía, sino porque estoy convencida de que la foto se estropearía si yo apareciese en ella.

 
Lo cierto es que físicamente no me gusto. Ni siquiera un poquito. Me veo a mi misma como un adefesio. Y odio mi cuerpo. A lo más que llego cuando me arreglo es a mirarme en el espejo y decir “vale, paso por una persona normal, tal vez hoy nadie se fije en mí”.

Me parezco mucho a mi padre. Tengo rasgos y gestos iguales a él ¿cómo me voy a gustar si cada vez que me miro al espejo veo al hombre que me rompió la infancia?


Y siempre pienso que esa horrible imagen es la que todos ven. Porque la sensación de que la gente sabe, sólo con mirarme, lo que soy, lo que he hecho, me acompaña siempre. Y es una sensación horrible. Siempre ese dedo invisible, indicando que yo soy la rara, la que esta fuera de lugar, fuera de tiempo, la que está sucia y marcada.

 
Y cada vez que alguien me dice que estoy guapa, que me ve muy bien, mi Monstruo activa todas las alarmas: ¡cuidado, te está mintiendo, quiere algo, y no es bueno!

En mis años oscuros, una parte de mí, le seguía el juego a aquel que me piropeaba, sobre todo cuando el cumplido rozaba la buena educación. Mi Monstruo me animaba a seguirle porque yo no merecía más que estar con gente de dudosas intenciones. Era lo que tocaba. En mi hibernación, sin embargo, hacía todo lo posible por evitarlo con prendas poco atractivas, con más ropa de la necesaria en ciertas épocas del año y sin arreglarme prácticamente nada.

Ahora sin embargo, apago las alarmas. Sé que un comentario favorable a mi aspecto físico no implica necesariamente algo malo, sino una forma de iniciar un contacto con otras personas y ya no levanto la barrera con tanta rapidez. Pero sigo con la costumbre de vestir ropas flojas, que marquen poco mis curvas, y de hecho, no tengo ni una sola falda en mi armario. De esa forma evito los halagos. Físicamente, tengo un concepto deplorable de mi misma.

 
Y durante años, tampoco me he gustado como persona. Ni siquiera tengo aprobado el bachiller así que me considero intelectualmente una inculta. No consigo mantener los empleos por mucho tiempo por lo tanto no debo ser una persona muy responsable, o no lo era antes al menos, teniendo en cuenta que me he movido en malos ambientes mucho tiempo. Ni siquiera soy capaz de concebir cómo es posible que alguien tan espantoso como yo haya podido crear otra vida.


Hay épocas en las que me odio. Por lo tanto la visión que tengo de cómo me ven los demás no es muy buena. Siempre he tenido la sensación de que la gente en cuanto me conocía, en cuanto rascaba la superficie se asqueaba de la persona que era, porque solo daba una faz, una cara amable que se deformaba al primer signo de confianza.

 
Aun hoy soy como la luna, dando siempre la misma cara y con un lado oculto. Esa zona recóndita que los primeros investigadores, aquellos aventureros reales o imaginarios temían por su oscuridad. Pero ahora, permito pequeñas expediciones a mi interior, siempre vigilante, que no me hagan daño pero dejo, al fin, que se descubran los secretos de esa parte velada de mi vida.

 
Y he de decir que la experiencia es sobrecogedora, porque tal vez yo esté descubriendo más de mí misma de lo que creía. Y tal vez esos aventureros que se atreven a conocerme mejor me están ayudando a auto explorarme. Empiezo a reconocer que después de todo, tal vez no sea tan fea esa cara oculta.

 
De niña sufría de muchísimo acoso escolar. Así que obviamente decidí que nadie conocería a la autentica yo, aprendería los trucos indispensables para pasar desapercibida, que nadie me recordase y terminé por no reconocerme.
Por ejemplo, soy melómana. Adoro la música y además no tengo un estilo definido. Clásica, opera, rock, folk, soul, baladas, funky, pop, melódica, electrónica, banda sonora, soundtrack, rock sinfónico, disco, dance… da igual el género. Siempre hay una melodía para cada momento. Tengo metido en mi MP3 la mayoría de mi música, es mi propia banda sonora.

La he recopilado a lo largo de toda mi vida y la he ido adaptando a los nuevos soportes digitales a medida que la tecnología lo permitía.


Trabajé hace mucho tiempo como “pinchadiscos” (DJ, le dicen ahora) en un pub, pero mi música más personal nunca la he compartido. No dejaba que nadie supiera qué es lo que me gustaba, qué melodías eran mis preferidas. Hasta hace muy poco tiempo escondía mis discos, cassete, CD y demás como un tesoro, igual que mis diarios. Y si alguna vez me pedían el walkman para saber qué escuchaba entraba en un estado de estrés enorme. De repente mi Monstruo empezaba a gritarme que estaba loca por dejar que escuchasen, que el oyente se daría cuenta al instante de lo rara que era escuchando esa música tan extraña que sólo me gusta a mí…

 
Hace apenas unos meses que he empezado a compartirla por internet, al darme cuenta de que esa reacción era fruto de mis secuelas. Y he mejorado. Ya lo creo que he mejorado.

Empecé por compartir una sola canción, y por error compartí toda una lista de las que tenía “proscritas”. Ese día casi me da un síncope al darme cuenta, y cuál sería mi sorpresa cuando el amigo con el que compartía esa música me dijo que le gustaba la selección que había hecho.

Me sentí muy animada cuando me lo dijo. Ahora comparto mi música cada vez más. Y encima he recuperado melodías que no sabía dónde buscar gracias a los que comparten música conmigo.

Sospecho que esos antiguos comportamientos formaban parte del hecho de querer ser invisible, que no se notase mi presencia. Que nadie descubriese como era realmente, porque siempre creía que estaba podrida por dentro. Y por lo tanto supongo que mis gustos también eran secretos, como yo. A veces vuelve esa sensación de podredumbre, pero cada vez se separan más esos periodos y duran menos.

Es gracioso. Tengo un amigo al que aprecio que de vez en cuando me suele dar un consejo, medio en serio medio en broma, para subir mi autoestima y lo cierto es que a veces funciona:

 
“Ejercicio recetado: tres veces al día te pones de pie, te abrazas fuerte y dices en alto: Soy Némesis, estoy con Némesis, quiero a Némesis.

Si haces como si te quisieses, terminas queriéndote. Porque para ti eres el único ser imprescindible.”


Aun así, me queda mucho camino todavía. La imagen que tengo de mi misma como persona sigue siendo muy precaria. Aun tengo que trabajarla, y no digamos mi imagen corporal. Sigo, como las anoréxicas, viendo una imagen en el espejo distorsionada, monstruosa, y lo cierto es que no sé muy bien como trabajar esa parte. Pero prometo firmemente averiguarlo e intentar mejorarlo, por mí, porque me merezco ser algún día la reina de la fiesta.


"La comprensión es el primer paso para la aceptación, y sólo aceptándote puedes recuperarte."

Albus Dumbeldore en Harry Potter y el cáliz de fuego, Citando a Nathaniel Branden, psicoterapeuta canadiense.
FUENTE:
 

EL LADO OSCURO

He tardado cuarenta años en hablar con claridad de las violaciones a las que fui sometida de niña. Pero aún soy incapaz de hablar de mi vida posterior, cuando inicié la adolescencia.

Cuando estoy con mis amigos o mi familia y sale el tema de la nostalgia de aquellos tiempos de manera genérica, cuando se habla de la Movida Madrileña o de La Bola de Cristal y nos contamos las “batallitas” de aquella época, yo me limito a decir que son mis años oscuros y que no quiero hablar de ellos dando a entender, medio en serio medio en broma, que ha sido un período muy sombrío. Y lo cierto es que así fue.

A todos nos enseñan a ser responsables de nuestros actos. Desde nuestra infancia se nos enseña que toda acción tiene consecuencias. Si le quitas un juguete a tu hermano, mamá te castigará sin postre. Nos enseñan que es de buenas personas reconocer cuando hemos hecho algo mal, y que debemos arrepentirnos y reparar el daño.

Y las víctimas de abusos iniciamos el proceso de sanación reconociendo que no fuimos culpables de lo que nos ocurrió, que fuimos manipulados por nuestro agresor haciéndonos cómplices y partícipes de su degeneración. Pero yo aun no soy consciente de todas las consecuencias a posteriori de aquella agresión.

 
Estudios realizados con prostitutas han demostrado que cerca del 50% de ellas tenían a sus espaldas un historial de abusos sexuales. Entre los drogadictos graves a menudo hay personas víctimas de una experiencia anterior de incesto. Por no hablar de las mujeres maltratadas por sus parejas, que en muchas ocasiones tienen un pasado repleto de agresiones en su infancia.
En mi caso, hoy por hoy, siento más vergüenza de mi adolescencia que de mi infancia. Los recuerdos que tengo son desoladores. Recuerdo vejaciones de mis compañeros de clase, en el instituto; recuerdo salir yo sola a dar paseos larguísimos por la ciudad, con la sensación de estar desubicada, de no pertenecer a este mundo.


Una vez que mi Madrina me rescató del domicilio de mis padres de manera definitiva, cuando por fin un juez decidió darle a ella mi custodia, mi Monstruo se hizo el dueño del castillo. Porque en ese momento empezó mi proceso de autodestrucción.

Tras unos primeros meses de “convalecencia” (pues me sentía como si me recuperase de una grave enfermedad) empecé a sentir que no pertenecía a ese sitio. Que yo no me merecía a mi familia adoptiva , que yo no formaba parte de ese ambiente ni de ese nivel social.

Empecé a rechazar todo tipo de ayudas por parte de ellos. Me negué a estudiar, (en la casa de mis padres no hubiese tenido esa oportunidad), y en los trabajos en los que entraba por los meritos de mi educación con mis benefactores, nunca hice bien las cosas. No rendía, llegaba tarde o faltaba a mi puesto de trabajo, por pura irresponsabilidad. De manera inconsciente estaba dilapidando mi futuro. Y me estaba distanciando de mis padrinos de manera paulatina.

Y en las relaciones sociales fui cayendo cada vez más en ambientes poco recomendables.

He salido con chicos de todo tipo. Recuerdo a los “buenos” con cierta nostalgia, porque no sé como hubiese acabado la relación, pero sí recuerdo que siempre fui yo la que los abandonaba. Un tío tan majo no merecía a una estúpida como yo, no merecía a una pareja tan sucia.

De las “malas compañías” también guardo recuerdos. Eran tipos déspotas, maltratadores, egocéntricos, machistas, drogadictos, y por supuesto de vidas que rozaban la legalidad, incluso la traspasaban. Pequeños delincuentes, traficantes, estafadores… Mi Monstruo me animaba a seguir con ellos, pues eran lo más parecido a lo que me correspondía. Y cuando conseguía ser consciente de lo mal que me iban las cosas, me decía que era lo único que me merecía, y daba un paso más hacia el abismo.

Lo cierto es que solo quería salir, gritar, moverme, sentir… nada me llenaba. He hecho de todo, sin que nada me hiciera sentir plena, sentirme viva, era como si no tuviese suficiente adrenalina en el cuerpo para cubrir mis necesidades.

Me siento mal cuando rememoro esa época. Soy incapaz de hablar de esa etapa de mi vida, porque los recuerdos me revuelven y además me es imposible ubicarlos en un punto concreto de mi cronología. Tengo días enteros en blanco a causa de las sustancias que consumía. Y los momentos que recuerdo son poco alentadores: Buscando droga, o compañía; llorando en mi habitación, o caminando sola por la calle, como perdida.

He hecho cosas horribles. Me he aprovechado de la gente, he estafado, he robado; incluso de alguna manera me he prostituido por un poco de coca, vendiéndome a los demás de manera indigna.

 
Me he escapado varias veces de casa, la última fue toda una huida hacia delante: regresé a la vivienda de mis padres. Creía que era hora de volver al sitio que me pertenecía.

Creo que fue ahí donde cerré el círculo, y donde, por fin, pude rehacer mi vida, o lo que aún quedaba de ella. Y no precisamente porque en la casa de mis padres hubiese encontrado la paz, sino todo lo contrario.

Allí fue donde los acontecimientos se precipitaron, y después de una bronca monumental, una paliza y algo parecido a una agresión sexual, acabé sentada en una pomarada, a las dos de la madrugada, con dos mil pesetas en el bolsillo, y sin tener ni idea de donde iba a pasar el resto de mi vida ni de su duración, porque había roto con todo. Había tocado fondo.

Fui como un vehículo lanzado a toda velocidad, y cuya inercia fluyera sin control de ningún tipo, siempre a punto de descarrilar, de estrellarme contra un muro y sin manera de detenerme. Y sin tener muy claro si el arranque lo provocó los abusos o yo misma encendí el motor.

Y esa zona oscura de mi vida me ha marcado, casi tanto como mis abusos, porque salvo algunos momentos en que el sol salía entre las nubes, el resto es una tormenta negra y perturbadora de la que guardo un recuerdo horrible. Tengo imágenes muy feas que quisiera que no hubiesen ocurrido. Y tengo una vergüenza enorme a que se sepa nada de lo que hice.

Porque aún no sé si tengo derecho a excusarme en mis abusos para quitarme la responsabilidad de mis actos.

Porque me siento culpable.

Me siento culpable de no haber hablado más a menudo con mi Madrina de mis abusos. A pesar de su apoyo incondicional. Cuando volví con ella después de que todo lo de mi padre pasara.

Y me siento culpable de todo lo que hice en esa etapa que viví desde los trece hasta los veintiuno o veintidós años.

De haber estado con tíos con los que yo creía que merecía estar, solo porque sabía cómo satisfacer sus instintos más bajos.

Y de haber abandonado mi cuerpo, y dejado que hicieran de él lo que quisieran. Y de haberlo castigado consumiendo todo tipo de sustancias y con acciones de altísimo riesgo para mi vida.

Y de volver a la casa de mis padres, el lugar de mis abusos, y con mi abusador, a pesar de los consejos de mi Madrina. Me siento culpable de no escucharla, y por lo tanto soy culpable del intento de violación de mi hermano, cuando tenía ya veintiún años.

Y sobre todo, por este último error, me siento culpable de haber roto de alguna manera la confianza que mi Madrina había depositado en mí, después de todos sus sacrificios con una niña que no era nadie en su vida, y que una vez más ha defraudado a alguien.

Ahora, después de tanto tiempo, he vuelto a hablar con mi Madrina de lo que ocurrió cuando volví a la vivienda de mis padres tras años sin tocar el tema, pero siento que se ha roto algo, y no sé cómo recuperarlo. Sigo siendo culpable.

Cuando, por casualidad, encuentro a alguien de aquella época que se acuerda de mí, me bloqueo. De repente todo se derrumba, y tengo la sensación de que toda la gente que ahora me arropa, si supiera todo lo que hice, me dejaría en la estacada. Sólo pensar que alguien pueda reconocerme, me hunde.

De hecho, colgar esta entrada me supone un salto de fe. Mi Monstruo me grita en estos momentos el error que estoy cometiendo al confesar todo esto, a pesar de que apenas cuento nada, solo pinceladas. Pero es hora de espiar mis culpas. Es la hora de reconocer mi propio pasado. Abrí el blog con ese propósito, y no quiero dejar nada en el tintero.

Asumiré lo que venga con deportividad, pero reconozco que tengo miedo. Y ese miedo me ha hecho plantearme una pregunta: si ya puedo hablar de mis abusos en cierta manera, ¿Por qué no puedo hablar de los años oscuros?

Creo que la repuesta es obvia: Creo que todos los temores de mis abusos, la culpa, la vergüenza, el miedo a hablar, a que se sepa, a que me descubran, a que me rechacen, los he trasladado a los años oscuros.

Empiezo a admitir, después de cuarenta años, que yo no he sido la responsable de los abusos. Pero creo que aún no soy capaz de saber si lo que hice después, tal vez también haya sido de alguna manera responsabilidad de mi agresor. Mi Monstruo aún me acusa de los desastres de mi vida. Y creo que yo, también.

"Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir."

José Saramago (1922 – 2010) Escritor, periodista y dramaturgo portugués.
 

AFRONTANDO_PERDONANDOTE TI MISMA(O)

Muchos sobrevivientes han perdido décadas viviendo patrones auto-destructivos como mecanismos de defensa. Quizá tú has pasado años envuelto en una adicción a las drogas o al alcohol, viviendo en las calles, estando en relaciones abusivas, o haciendo cosas a ti o a otros de las que ni siquiera quieres hablar. Pero la cuestión más importante es que sobreviviste. Tú has usado cualquier recurso que tuviste para lograrlo durante tu infancia, de modo que pudiste crecer y convertirte en adulto con la oportunidad y el libre deseo de sanar. Literalmente, muchos sobrevivientes hubieran muerto de no haber sido por sus mecanismos de defensa.

Como sobrevivientes, debemos estar orgullosos de nuestra iniciativa para mantenernos con vida, sin embargo, muchos sobrevivientes en lugar de ello, se sienten terriblemente avergonzados. La verdad es, que como una persona joven traumatizada, aislada y atemorizada, tú hiciste cualquier cosa que pudiste para sobrevivir al abuso. Y una vez que creciste, continuaste con los mismos patrones de conducta porque te funcionaron (al menos de alguna manera), porque se volvieron hábitos, porque quizá todavía no tuviste otras opciones (¿quién estuvo ahí para enseñártelas?).

Lo más importante es que has crecido desde entonces. Tienes la habilidad de reexaminar tu vida. Puedes dejar de hacer cosas de las que estás avergonzado(a) y empezar el esmerado trabajo de cambiar tu conducta. Pero tienes que empezar por perdonarte a ti mismo(a) por las cosas que hiciste con la finalidad de afrontar la realidad. Sentirte avergonzado y terriblemente mal sobre ti mismo(a) te puede mantener atrapado(a) e impotente, incapaz de movilizar tu energía para hacer los cambios necesarios en tu vida.

Si, en cambio, tus mecanismos de defensa incluyen acciones que lastimaron a otras personas (golpear a tus hijos con rabia mal dirigida, abusar de un niño más pequeño cuando estabas creciendo), perdonarte a ti mismo(a) no es suficiente. Cuando has lastimado a alguien más, tú necesitas hacerte responsable por el daño, lamentar el hecho de que has lastimado a otro ser humano para asegura que esa conducta no se repetirá y hacer algunas reparaciones que sean posibles, antes de perdonarte a ti mismo.

A pesar de que estos ejercicios no están diseñados para ayudarte a llegar a un acuerdo con tu propia conducta abusiva o dañina, es esencial que busques ayuda profesional si actualmente estás dañando a otros o te preocupa que puedas hacerlo. Igualmente, también podrías necesitar ayuda profesional para lidiar con las repercusiones del daño que has causado en el pasado.

Los siguientes ejercicios te ayudarán a analizar los mecanismos de defensa de los que te sientes avergonzado(a).

Enlista los mecanismos de defensa de los que te sientes particularmente mal al respecto. Incluye cosas de tu niñez o de tu vida adulta – incidentes de una sola vez (La vez que torturé a mi gato / Cuando tenía ocho años, robé el dinero del gasto del monedero de mi abuela) o patrones de largo plazo (He estado comiendo compulsivamente desde que tenía ocho / Soy verbalmente abusiva cuando estoy enojada).

1.___________________

2. ___________________

3.___________________

… etc.

Ahora agrega a cada uno de estos mecanismos de defensa el porqué te puedes perdonar a ti mismo(a):

Ejemplo. Mecanismo de defensa: Promiscuidad

Me puedo perdonar a mi misma(o) por hacer esto porque:

• El abuso de mi padre me enseñó que mi único valor era sexual.

• Nadie me dijo jamás que yo podía decir NO.

• Ser sexual fue la única manera que yo conocía de sentirme querida. Y yo necesitaba sentirme querida a fin de sobrevivir.

Cosas en qué pensar:

• De todas las razones que he escrito para perdonarme a mí misma(o), ¿en cuál(es) realmente creo? ¿Cuál(es) me parece poco realista?

• ¿De qué mecanismos de defensa me siento avergonzada(o) todavía? ¿Por qué? ¿Qué me ayudaría a quitarme esa vergüenza?

• ¿Cómo puedo comenzar a compensar a las personas por el daño que les causé con mis mecanismos de defensa?



Espera los siguiente ejercicios acerca de LOS PROS Y LOS CONTRAS DE LAS CONDUCTAS DE DEFENSA.



Tomado de El Coraje de Sanar, libro de ejercicios de Laura Davis.

jueves, 10 de marzo de 2011

Se agrava la violencia sexual infantil

Un componente importante de la violencia sexual que generalmente ejercen los varones es el abuso infantil, que muchas veces se disculpa con el argumento de que los adultos “no les hicieron nada”, cuando, por ejemplo, obligaron a niños y niñas a observar pornografía.

cada vez más agresores reactivos.

“Es decir, chicos de entre 10 a 20 años que están abusando de otros menores. Alguien sobreviviente a la violencia y su reacción es volver a repetir el acto”.

Este grave problema se ha venido presentando en nuestras sociedades desde hace cien años, pero en los tiempos que corren el abuso sexual infantil va en aumento desgraciadamente no estamos preparados como sociedad “para sanar y solucionar esa problemática”, pues en lugar de tratar la causa se atiende a la consecuencia.

En el caso de la exposición de los menores a imágenes de contenido sexual, “es abuso sexual aunque dicen que no les hicieron nada a los niños, pues los están preparando para actos sexuales a una edad en la que no están preparados, lo cual resulta altamente impactante en la psique de esos menores”.

Aparte de que no se le ha dado mucha atención al tema, no se les ha dado tampoco importancia a los indicadores del resultado de sobrevivencia del abuso:

“A temprana edad, [el abuso] provoca una serie de comportamientos en los chicos [cuando llegan a la adolescencia], que son percibidos por la sociedad y sus padres como problemáticas de personalidad, como rebeldía que se manifiesta al tomar mucho, tener múltiples parejas, por ideas suicidas o con el uso de drogas”.

Estos comportamientos son etiquetados por padres, maestros y la sociedad como causales de castigo: “los acusan de un comportamiento que consideran incorrecto, cuando éste tiene qué ver con la sobrevivencia de abuso sexual. No han podido expresarlo y lo manifiestan de formas diversas, peligrosas para ellos, porque la planeación e intento suicida son muy altos en ciertos ámbitos de la sociedad”.
De acuerdo a estudios de tipo mundial, se plantea trabajar en la primera o segunda adolescencia, es decir, de los 12 a los 18 años, que es la etapa de vida del ser humano privilegiada para intervenir con el propósito de reparar o modificar el comportamiento.

Por eso, “es una responsabilidad del Estado y de la sociedad la prevención primaria”,

miércoles, 9 de marzo de 2011

COMUNICADO: INHOPE, la International Association of Internet Hotlines, informa sobre la pornografía infantil - Informe anual 2010

En 2010 INHOPE con el apoyo de la Comisión Europea, desarrolló y lanzó el INHOPE Report Management System que por primera vez ha recogido datos precisos en la web basándose en material de abuso sexual infantil (CSAM) incluyendo:-
-- Informes: - Más de 24.000 informes sobre material de abuso sexual infantil procesados por INHOPE Hotlines en 2010.
-- Edad de la víctima: - el 71% de las víctimas eran pre-pubescentes, el 4% de las victimas eran menores de edad y el 25% de las víctimas eran pubescentes.

- Género de la víctima: - el 77% de las víctimas eran niñas, el 11% de las víctimas eran niños y el 12% implicaba a los dos géneros.

-- Tipo de sitio web: - el 78% de los sitios registrados no eran comerciales y el 22% eran comerciales y requerían el pago de alguna forma.

-- INHOPE en colaboración con GSMA / Mobile Alliance desarrolló y lanzó una "Guí para establecer y gestionar una hotline".

Una copia completa del informe puede descargarse desde:- http://www.inhope.org/Libraries/Annual_reports/2010_Annual_report.sflb.ashx

Para más información sobre INHOPE visite http://www.inhope.org
Más información:
Acerca de INHOPE
INHOPE es la International Association of Internet Hotlines. Su propósito es apoyar y mejorar el rendimiento de 39 Internet Hotlines en todo el mundo, asegurando que la acción de cambio se toma respondiendo a los informes de contenido ilegal que incluye material de abuso sexual infantil, haciendo de Internet un lugar más seguro.

Hotlines: INHOPE Hotlines son una efectiva primera línea de defensa frente a la actividad ilegal online. Mediante una Hotline, los miembros del público pueden hacer un informe sobre algo que sospechan que es ilegal en Internet. La Hotline asegurará que el asunto se investiga y si se descubre que es ilegal la información se pasará a la agencia de cumplimiento de la ley y en muchos casos al proveedor de servicios de Internet que aloja el contenido.

CONTACTO: Para más información, contacte con: Denton Howard - INHOPE, 8 Mar. (0) - 20-570-0296 o +353-87-2399550, info@inhope.org; Para másinformación visite http://www.inhope.org o envíe un e-maildenton.howard@inhope.org

martes, 8 de marzo de 2011

Mapa del abuso sexual legal contra menores

Unos 200 millones de menores son víctimas cada año de abusos sexuales en el mundo. A pesar de que en los últimos tiempos la mayoría de países han reforzado sus legislaciones para proteger a la infancia de estas prácticas abusivas, la dificultad para luchar contra la explotación sexual radica en que se trata de un fenómeno global en manos de poderosas redes criminales internacionales.

He aquí diez ejemplos de regiones donde sigue vigente la impunidad de estos actos.


Haití: violencia en los campamentos

 
La violencia sexual ya era un problema antes del terremoto sufrido en enero de 2010, pero éste hizo mella en los pocos mecanismos de protección que existían en el país. Desde entonces, las violaciones se han multiplicado, sobre todo entre la población infantil, que sufren agresiones sexuales a diario. La ausencia de agentes de policía en los campos donde se refugian desde el seísmo, junto a la falta de iluminación y de instalaciones sanitarias adecuadas, aumentan la vulnerabilidad de las menores.



Una de las consecuencias es que la tasa de embarazos entre las menores (principalmente niñas de 12 y 13 años) se ha triplicado. La mayoría de estas agresiones no se denuncian debido a la ausencia de mecanismos para combatir los casos y la impunidad de la justicia. El país caribeño es uno de los máximos exponentes de que la suma de exclusión social y pobreza es un caldo de cultivo para este tipo de delitos.


Filipinas: contrabando de menores

 
El conflicto armado entre el Ejército filipino y los rebeldes separatistas musulmanes, que ha sumido a la zona a la extrema pobreza, ha disparado el tráfico de menores en el país asiático, sobre todo en la zona de Mindanao. Unicef calcula que cada año son explotados sexualmente unos cien mil niños y niñas. La mayoría de las víctimas son transportadas a las grandes urbes como Manila y Cebú, o a países vecinos, como Malasia, y de allí al Golfo Pérsico (Kuwait o Arabia Saudí) para su explotación sexual y laboral.



Las ONG denuncian que muy pocos traficantes son condenados, ya que hay políticos y jueces implicados. Y también, en muchas ocasiones, los menores son objeto de maltrato psicológico al regresar a sus aldeas, donde son discriminados.



Un informe del Departamento de Estado de USA sobre derechos humanos, señala que los esfuerzos de Manila por controlar el tráfico de personas están limitados por una corrupción endémica, la falta de un sistema judicial fiable y la escasez de recursos para llevar a cabo las investigaciones y procesos judiciales.



Kenia: pobreza y marginación

Los estudios más recientes alertan de que la pobreza y la falta de escrúpulos de turistas y explotadores locales condenan a la marginación a miles de menores para que sean expuestos a prácticas sexuales abusivas, que han aumentado en los últimos años. En algunas zonas costeras, más del 30% de los adolescentes ofrecen sexo a cambio de dinero. Esta industria de sexo infantil podría involucrar a entre 10.000 y 15.000 chicas en las áreas costeras de Malindi, Mombasa, Kalifi y Diani. Además, entre 2.000 y 3.000 son explotadas de forma estable. Cerca de la mitad de ellas comenzaron cuando apenas tenían 12 años de edad.

 
Para Unicef, una de las razones por las que este tipo de delito se extiende es el grado de aceptación que existe entre quienes rodean a las menores explotadas. El 75% de los trabajadores de las zonas turísticas e incluso de los padres creen que es aceptable que una chica ofrezca sexo a cambio de dinero.


Perú: comercio sexual

Una en cada tres niñas y uno de cada seis niños son víctimas sexuales antes de cumplir los 15 años. Las autoridades alertan que la explotación sexual comercial infantil es una gravísima situación que afecta a un número creciente de niños, niñas y adolescentes.

Ninguna región del país está a salvo de este problema. Además de Lima, las otras ciudades peruanas con mayor presencia de este delito son Iquitos, Pucallpa, Tarapoto y Puerto Maldonado, donde redes articuladas en bares, discotecas, prostíbulos y hoteles, además de la explotación que se da en las calles, contribuyen a aumentar esta violación a los derechos infantiles.

Camboya: corrupción policial y judicial

El índice de abusos sexuales y violaciones a menores es muy alto y sigue aumentando, según las cifras que manejan el Gobierno y las organizaciones locales y extranjeras. Además, apuntan como problema a la escasez de procesos judiciales y la corrupción que impera entre los funcionarios, sobre todo en los cuerpos policiales. Lo que provoca que los violadores se sientan protegidos por un sistema judicial débil y corrupto.

Además, la cultura de la sociedad camboyana juega un papel importante en esta impunidad, ya que muchos varones creen que al tener relaciones sexuales con niñas les hace vivir más y hacerse más fuertes.


La Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, ratificada por Camboya, establece que los Estados deben proteger a los menores de toda forma de explotación y abuso sexual. Sin embargo, el Gobierno camboyano admite que todavía se encuentra en la fase de comprender la escala del problema en su país, para poder tomar medidas.


Nicaragua: el estigma del abusado

 
La sociedad nicaragüense estigmatiza a las víctimas de abuso sexual ya que el sexo sigue siendo un tema tabú, algo que contribuye en gran medida a que los menores no se atrevan a denunciar la terrible situación que están viviendo.


Cerca de 20.000 menores nicaragüenses son víctimas de explotación sexual, aunque es muy difícil cuantificarlas por el carácter encubierto de la actividad y la vinculación a redes de intereses económicos.

 
Un problema añadido en el país centroamericano es que en 2008 el actual Gobierno tipificó como delito todas las formas de aborto. La ley obliga ahora a las niñas, bajo amenaza de encarcelamiento, a continuar adelante después de haber sido violadas, incluso aunque el alumbramiento ponga en peligro su vida o salud.

Además, No existen programas gubernamentales para concienciar a la población sobre la violencia sexual. Los pocos menores que acaban denunciando se encuentran con unos policías, fiscales y jueces que no cumplen las normas nacionales e internacionales.


Sudáfrica: creencias demasiado arraigadas


En el país austral existe una creencia muy arraigada tanto para víctimas como para agresores: el contacto sexual con vírgenes puede curar el VIH. Esto ocurre en una región con una de las mayores tasas del mundo tanto de portadores del virus como de enfermos de sida.

 
Un informe de Médicos Sin Fronteras denuncia las violaciones que se producen sobre niños de menos de 11 años, sobre todo en áreas de conflicto, como la zona del río Limpopo colindante con Zimbabue, por donde al rededor de 6.000 emigrantes cruzan a diario.


Uno problema añadido, como ocurre en tantos otros países subdesarrollados, es el turismo sexual. Unicef, que cifra en 30.000 los menores prostituidos, alerta que una mezcla de diversión, relajación, sensación de anonimato, impunidad y extrema vulnerabilidad de la víctima hacen el caldo gordo que nutre al explotador ocasional; ese turista borracho de relativismo moral, que lejos de su casa y su entorno no desaprovecha la oportunidad de tener sexo con un menor.


Irak: niños de la calle

Desde la invasión de las tropas estadounidense en 2004, la situación de emergencia que se vive en el país ha tenido una consecuencia directa en la población más desfavorecida. Tanto informes independientes como algunos elaborados por el Gobierno iraquí han confirmado un aumento en los últimos años del número de niños huérfanos sometidos a abusos sexuales, así como un incremento de los que han dejado los estudios, convirtiéndose también en posibles futuras víctimas de los acosadores. Y como la situación de la seguridad ha empeorado en los últimos años, las ONG alertan de que el impacto de esa situación ha ido en aumento en los últimos años.



La organización Childhood Voices Associationha denunciado que en Bagdad muchos menores de 12 a 16 años han sido víctimas de violaciones, y que otros muchos están soportando acoso sexual. Además, más de un millón de niños iraquíes han entrado en el mercado de trabajo a causa del aumento de la pobreza y sufren estos delitos.



México: turismo sexual

Un reciente estudio alerta que los encuentros sexuales son uno de los mayores atractivos turísticos del país. Más de cuarenta páginas webs señalan a México como “lugar ideal” para el turismo sexual y se ofrecen paquetes turísticos que incluyen el abuso sexual de menores en diferentes partes del país, todo previamente coordinado por pseudoagencias de viajes. En una región dónde la explotación sexual a menores ha ido en aumento en los últimos años, en parte por la gravísima situación que atraviesan algunas ciudades donde las bandas organizadas han incluido esta actividad, además del narcotráfico y el tráfico de armas, esto representa un atractivo para extranjeros pederastas.


 
Los datos que maneja la ONU estima que unos dieciséis mil menores al año sufren este tipo de violencia, y considera que para combatirla no son suficientes el reciente endurecimiento de las penas contra quienes incurren en este delito, sino que es necesario atacar las causas y no sólo las consecuencias del abuso y prostitución infantiles. El 80% de los menores explotados sexualmente son niñas de entre 10 y 14 años, la mayoría en la capital, en Tijuana y en Ciudad Juárez.

 
Colombia: pobreza y explotación

 
Unicef alerta que tanto la explotación como el abuso sexual a menores aumentan en este país, a pesar de los esfuerzos de las instituciones competentes para ayudar a las víctimas y crear conciencia sobre las consecuencias de estos fenómenos. Aunque es muy difícil dar cifras concretas, se estima que alrededor de 35.000 niños y niñas de entre 5 y 14 años son sometidos a este tipo de violencia en Colombia.


El analfabetismo, la pobreza y la represión familiar son algunos de los factores que deterioran la calidad de vida de los menores. La actividad predominante continúa siendo la prostitución, pero también se han presentado cada vez más casos de trata y utilización sexual en grupos armados ilegales.



A pesar de la existencia de un pacto entre las autoridades nacionales competentes y los organismos internacionales para la captura y detención de las bandas que se dedican a explotar a menores, los recursos no son suficientes para lograrlo.

lunes, 7 de marzo de 2011

13 medidas para prevenir el abuso sexual infantil

1.- En primer lugar, es muy importante que la comunicación entre padres e hijos esté muy abierta, para que haya una libre expresión y sea más fácil contar con la confianza de los menores para que cuenten lo que les ocurre.

Hablar sin tapujos y con la mayor claridad posible.

2.- Como padres o tutores, hay que estar siempre alerta de cualquier tipo de cambio de actitud o carácter de su hijo, enseñe a los niños a decir NO a las amenazas sexuales de los mayores.

3.- Haga que los niños le informen a usted o a otro adulto de confianza, acerca del abuso sexual de otro mayor sin importar que éste sea de la familia.

4.- Hable abiertamente con los niños acerca del abuso sexual además de enseñarles la privacidad que merece su cuerpo, esto podría ser a partir de los 3 a los 5 años de edad.

Llame a las partes íntimas por su nombre, para evitar confusiones en el menor. Esto puede darse a partir de los 18 meses de edad.

5.- Siempre escuche lo que el niño/a tengan que decirle, ponga la mayor atención cuando el menor muestra gran interés en explicarle algo, podría tratarse de un tema relacionado con el abuso.

Y no juzgue ni dude de lo que el menor le comenta, escuche y busque ayuda profesional.

6.- Proporcione al niño el tiempo suficiente para que le cuente todo lo que le ha ocurrido, ya que el no hacerlo puede crear inseguridad y temor en el niño (a) y el abuso, en caso de existir, podría seguir existiendo.

7.- Siempre esté atento de con qué personas mayores, pasa mayor tiempo su hijo y en medida de lo posible, no le pierda la vista ni permita que pase mucho tiempo y menos a solas con personas mayores que no sean de su entera confianza.

8.- Si conoce o sospecha que algún menor está siendo abusado sexualmente, no dude en comunicarlo a las autoridades para que éstas lleven a cabo las averiguaciones correspondientes.

9.- Infórmese si en el colegio al que asiste su pequeño, existe algún programa de Prevención de Abuso Sexual Infantil tanto para maestros como para alumnos, de lo contrario, lleve a cabo uno en casa o propóngalo en la institución escolar.

10.- Tenga en cuenta que el abuso sexual puede presentarse desde los meses de edad de los pequeños, por lo que es necesario instruirlos a la brevedad para evitar que paso algo de gran gravedad.

11.- De los 5 a los 8 años de edad, es recomendable explicar la seguridad lejos de casa y la diferencia entre el cariño bueno y un cariño malo.

Dé la confianza al niño a platicar acerca de experiencias que le hayan dado miedo.

12.- De los 8 a los 12 años ya puede enseñarles a profundidad, temas de seguridad personal y explíquele las reglas de conducta sexual aceptadas por la familia.


13.- A la edad de la adolescencia, que abarca de los 13 a los 18 años de edad, explíquele en qué consiste la violación, las enfermedades sexuales y el embarazo indeseado.

Entre más pequeños se haga esta explicación, se prevendrán mayores delitos. Pero ante todo, infórmese adecuadamente para no trasmitir información errónea.

La forma de operar de los abusadores sexuales y cómo lo viven las niñas y niños

Karla Olivares Pérez
Opinión

En esta ocasión quiero compartir con ustedes uno de dos artículos en los que comenzaré mencionando las etapas en las que ocurre el abuso sexual, por qué causa tanto daño y principalmente ese daño qué relación tiene con las estrategias que utilizan los abusadores sexuales para llevar a cabo su delito en contra de niñas, niños y adolescentes.

Es precisamente debido a que el abuso sexual se produce en periodos críticos de formación de la personalidad, incluyendo la forma en que la persona se ve a sí misma, se relaciona con el mundo y con las otras personas, es frecuente encontrar efectos negativos en la Autoimagen, una autoevaluación negativa y culpa. Los efectos son devastadores, transforman la vida de las niñas, niños y adolescentes en un mundo lleno de inseguridades, angustias, desconfianza y temores. Muchas (os) de las niñas y niños refieren: “Nunca nada va a ser igual, ya no vale la pena vivir, por qué me tuvo que pasar esto a mí.” Los comportamientos abusivos producen un cambio en la percepción de los cuidados familiares, de un ambiente protector, a uno abusivo y sexualizado. Éste es sentido por las niñas, niños y adolescentes como amenazante y confuso, generándoles estrés, angustia y pérdida de energía.

Ya hemos sabido que los abusadores sexuales son en su mayoría hombres, muy pocas son mujeres, conocen a la niña, niño o adolescente, tienen algún vínculo con ella o él. Son también en su mayoría sus propios padres, padrastros, abuelos, tíos, primos, novios, vecinos, maestros, líderes religiosos, conocidos, etc.

Calculan paso a paso cada una de sus estrategias, controlan los recursos, las situaciones y a las personas cercanas a la niña, niño o adolescente.

El primer momento es llamado Fase de atracción que como la misma palabra lo dice, su intención es atraer a la niña o niño, ganar su confianza, para esto les hacen creer y sentir que son “las preferidas”, las defienden de las y los hermanos, incluso de la madre, les hacen regalos, les dan dinero, muestran un exagerado interés en ella o él. En este momento es cuando comienzan a introducir valores y percepciones que les permite que las niñas y niños crean en lo que les dicen: “yo soy el único que te puede proteger, nadie más te quiere como yo”.

En los casos en los que las niñas, niños y adolescentes no cuentan con alguna persona en la que confían y los haga sentir seguros, están sufriendo maltratos, no son escuchados, ni creídos, no se sienten amados, entre otros factores, es mucho más probable que el abusador potencialice todo esto a su favor.



Cómo viven esto las niñas y niños:

En este momento se le ve a la niña o el niño buscándolo, preguntando por él. Todavía no hay en una expresión abierta de sus verdaderas intenciones, no requiere de violencia, esta actitud puede confundir al adulto o adulta que está cerca de la niña o niño que ha sido escogido como víctima ya que es visto mayormente como: “es que la quiere (lo quiere) mucho”.

La fase de interacción sexual: La fase anterior le permitió la puerta de entrada para no hacer necesaria la utilización de la fuerza física. Aquí es cuando comienzan los tocamientos: le da besos cerca de la boca, le hace cosquillas, le toca sus genitales en carácter de juego, por ejemplo: “adónde están los huevitos o el panchito”.

Luego avanza con caricias más abiertas en todas las parte del cuerpo hasta llegar de forma paulatina a los genitales de la niña, el niño o la adolescente, comienza a masturbarse frente a ella o él, la (lo) obliga a tocar los genitales de él, tiende a hacer aseveraciones como “esto es un juego de papá y su niña” “que es una niña especial”, “que lo hace porque la quiere mucho, y que es preferible que lo haga con él primero que con otra persona”.



Cómo viven esto las niñas y niños:

* Ya hay confusión, se pueden culpar por sentirse así: “Talvez yo estoy de mal pensada nada más”, “por qué me hace eso si dice que me quiere, yo quiero saber si los otros papas se lo hacen a sus hijas”

* Hay sentimiento de extrañeza, no entienden claramente lo que está pasando porque siguen queriendo mucho al abusador: “Es mi papá”.

* El abusador enseñó a la niña a utilizar el comportamiento sexual como una estrategia para relacionarse con él o con otros y esto puede desencadenar secuelas como miedo a la intimidad a no poder sentir, rechazo del propio cuerpo, rechazo de la sexualidad, masturbación, comportamientos sexuales agresivos, promiscuidad, prostitución, fobia a la intimidad sexual, etc. Como pueden darse cuenta, la estrategia principalmente usada por el abusador hasta este momento ha sido la seducción, por eso estemos pendientes del siguiente artículo para conocer cuáles son los siguientes pasos y cómo va preparando el terreno para no ser descubierto y para que no se crea en la revelación de las niñas, niños y adolescentes.

*Psicóloga
hablemosde.abusosexual@gmail.com
yotecreo@gmail.com
Movimiento contra el Abuso Sexual.

jueves, 3 de marzo de 2011

Las Secuelas del abuso sexual en el área de la sexualidad

En esta ponencia quiero ir más allá del análisis psicológico de la etiología y las secuelas de los delitos sexuales contra las mujeres, los niños y las niñas, hacerlo desde la cultura sexual patriarcal, que es el sistema de dominación básico sobre el que se asientan los demás sistemas (raza, clase). Entiendo la violencia sexual como un conjunto de estrategias destinadas a mantener este sistema, o el conjunto de relaciones estructuradas de acuerdo con el poder, en virtud de los cuales un grupo de personas queda bajo el control de otras. Al ser una relación de poder, esta relación entre los sexos es política. Esta apropiación de la sexualidad femenina no es sólo reflejo de la opresión de las mujeres sino un factor importante en la construcción de todas las formas de poder.

Esta exposición está dividida en tres secciones:

1. Aspectos teóricos sobre la violación de las mujeres adultas.

2. Teoría género sensitiva en el abordaje del abuso sexual. Especialmente el incesto padre/hija.

3. Una mirada crítica al DSM IV y las llamadas disfunciones sexuales.

1. Aspectos teóricos sobre la violación de adultas

La violación define el encuentro sexual paradigmático de la opresión femenina. El mensaje de la violación materializa la jerarquía del poder masculino y la erotización del mismo. ¿Qué quieren los hombres que violan a las mujeres? La pornografía nos ofrece algunas respuestas de lo que los hombres quieren sexualmente de las mujeres, tomarlas cuando así lo desean, tratarlas y exponerlas como objetos, atarlas, torturarlas, humillarlas, degradarlas y hasta asesinarlas.

La asociación entre violación y placer se constata en las imágenes de la pornografía. Las mujeres son colocadas en las categorías más despreciables de los seres humanos, en las cuales los niños y las niñas son incluidas/os. Estar sexualmente objetivada se refiere a tener un significado social como una cosa que puede ser utilizada sexualmente. Y existe una relación entre excitación y jerarquía genérica en donde la sexualidad masculina se activa por la violencia hacia las mujeres. Por lo tanto mantener sometida a las mujeres excita a los hombres (Mac Kinnon, 1998).

Muchos violadores entrevistados han confirmado que ese sometimiento femenino les eleva la autoestima después de la violación y encuestas aplicadas a estudiantes americanos reportan que la tercera parte de los hombres violarían a una mujer si no fueran atrapados. De tal forma que buscar una sexualidad equitativa sin una transformación política es buscar la igualdad en condiciones de desigualdad, lo cual no es posible.

La violación es una estrategia política para mantener a las mujeres en estado de terror. Muchas de las mujeres asesinadas han sido previamente violadas y esto es un mensaje claro de lo que podría pasarle a las mujeres que no obedecen los mandatos de la sumisión (French, 1992).

Para la ideología masculina, la sexualidad está articulada con el poder. La relación entre sexualidad y violencia es estrecha. La coerción sexual y la cosificación del cuerpo femenino son parte de la sexualidad aprendida asociada al poder. Tempranamente los hombres aprenden que las mujeres les pertenecen. Se construye el binomio que me aterra: placer es violencia y violencia es placer. Los hombres aprenden a excitarse con la dominación, la sumisión y la humillación. Violar, abusar a niñas se convierte en un camino que alimenta la masculinidad del violador.

2. Poder y masculinidad

El ejercicio del poder del hombre no se da solamente en la familia, sino que se legitima socialmente.

El poder simbólico, el concreto, el económico, el psicológico que tienen los hombres deriva de la posición de superioridad sobre las mujeres, dentro y fuera de la familia.

“Los hombres aprenden a ejercer poder sobre las mujeres y este ejercicio incluye no escuchar la voz de las mujeres, subordinar los deseos y la voluntad de ellas a los suyos y concentrarse en el cuerpo femenino como un objeto y una imagen no como una expresión integral de una persona completa consciente, con derechos y sentimientos”. En la relación de pareja, las estrategias sexuales usadas por los hombres están destinadas a obtener control, son similares a las usadas en la sociedad, destinadas a obligar a renunciar al adversario. Lo masculino es visto como lo más valioso, tanto en el ámbito privado como público, lo que le otorga a la masculinidad privilegios y beneficios sociales.

En cuanto al poder masculino, las mujeres estamos en posición inferior, bajo una menor jerarquía. Esta diferencia genera las condiciones propicias para el dominio y la violencia y, así mismo, posibilita el control de las mujeres, de sus vidas, sus cuerpos y decisiones. Las mujeres tenemos el poder de las desposeídas y los hombres ostentan el poder de los que dominan y controlan.

La violencia sexual en el hogar tiene como objetivo tener a la pareja bajo control para obtener beneficios, como una forma de imponer la esclavitud a una persona para que sirva a otra.

3. Mitos de terapeutas sobre violación en relación a la violencia sexual.

La violación es percibida por las mujeres como una especie de pérdida, simboliza una pérdida de control y una gran humillación y denigración. La mayoría de las mujeres violadas desarrollan reacciones emocionales negativas extremas y alteraciones fisiológicas, conocidas como desorden de stress post traumático. La violación es inadmisible, quiebra el cumplimiento de los derechos humanos y causa daño a las familias y la humanidad. La violación es un delito que degrada, deshumaniza y viola el yo de las víctimas.

En un estudio realizado en la UNAM en (falta año) las secuelas fueron: anorgasmia 38%, disminución del deseo sexual 25%, vaginismo 13%, aversión a ser tocada 13%.

El 73% presentó sensaciones de desrealización y despersonalización y 69% sensación de muerte inminente. Seis meses después, el 64% de las víctimas no había restablecido su vida sexual.

Sin embargo, la atención de la violación en todas las áreas, salud, justicia, policía sigue siendo vergonzosamente deficitaria.

Asociada a mitos y poderes masculinos, la violación es vista aún, como responsabilidad de la víctima en la mayoría de nuestros países. En un test sobre actitudes y mitos que el Programa Regional que dirijo aplicó a terapeutas, se evidenció que con frecuencia el mito de la provocación femenina sigue presente, y su prevalencia es del 64,8% en países como Guatemala, Honduras, Panamá, El Salvador, Uruguay y Paraguay.

Persisten percepciones que depositan en factores externos la responsabilidad del comportamiento abusivo. Elementos que minimizan la responsabilidad del ofensor y ocultan el poder determinante del poder en la violación.(Batres, 1999).

4. Abuso sexual y violación contra las niñas y niños

Cuando en 1986, inicié el primer programa de atención a víctimas infantiles de abuso sexual, no imaginé cuán difícil iba a ser el camino. Desde entonces, hasta la actualidad el tema del tratamiento del abuso sexual infantil, tanto en Costa Rica, como en América Latina ha padecido, tal cual, una enfermedad crónica de lentos avances y dolorosas pérdidas.

Lo lento que ha sido el ingreso de la práctica terapéutica al sistema de salud nacional, las políticas nacionales sin aplicación a la atención del abuso sexual, el tratamiento escaso, encontrándose al momento desbordados pequeños grupos de salud que trabajan en distintos hospitales, y por último, la ausencia de organizaciones no gubernamentales que tengan el trabajo con víctimas de delitos sexuales como primordial.

En cuanto a los avances, puedo decir que existe una mayor aceptación de la necesidad de seguir modelos de tratamiento específicos para el tratamiento de las secuelas traumáticas del abuso sexual y observo la progresiva solicitud para obtener ese entrenamiento, que lamentablemente, el Programa que funciona en el ILANUD no puede satisfacer como quisiera. Sin embargo, intentamos dar respuesta paulatina y nos complace haber iniciado ya capacitaciones para funcionarios de la Caja Costarricense del Seguro Social en Costa Rica.

4.1 El incesto padre -hija

El incesto más frecuente es el incesto padre/hija, y por ello, me referiré al mismo.

Las estadísticas son contundentes. En países en donde los mecanismos de recolección de la casuística ha mejorado, como en Costa Rica, Nicaragua y El Salvador las cifras respaldan esta verdad. En algunos otros países aún es nebuloso el tema y las estadísticas deficientes. La precaria estructuración de las instituciones hace que los registros señalen en ocasiones al padrastro como el principal victimario, lo que ha sido usado para protegerse del horror que representa la verdad de que las niñas están siendo abusadas par aquellos con los que tienen lazos sanguíneos.

Estos subregistros o los estereotipos mistificadores también obedecen a otras consideraciones de tipo práctico e ideológico, la verdad es que el padre es la figura más amenazante y poderosa tanto en la familia como en la sociedad y esto es un obstáculo a la hora de tomar la decisión de realizar la denuncia. Todos estos factores inciden en los registros parciales y en las dificultades para denunciar.

El padre, el padrastro, hermano, tío, abuelo, maestro, médico y otros, son, sin duda, patriarcas con poder inmenso frente a la pequeña víctima. Por lo tanto, el incesto padre/hija representa el paradigma de la victimización sexual femenina. Este gran poder del padre, del padre adoptivo, del padrastro, produce impotencia y terror, ya que es el adulto más poderoso de la vida de la niña.

La conciencia de que el incesto es un acto despreciable, traumático y destructivo, es un hecho reciente. Las sociedades han sido reticentes para aceptar esta verdad, a pesar de que cientos de mujeres, niños y niñas abusadas (os) sexualmente transitaron y transitan por los consultorios.

Frente a tan deliberada ignorancia, las explicaciones no pueden ser de índole teórica. Debió haber un velo ideológico en el acto de cambiar el sexo y parentesco con las víctimas de los ofensores, alguien necesitó ser protegido probablemente porque el incesto es un acto de atrocidad cometida por los hombres principalmente.

Las teorías que culpan a las niñas (os) y a veces a las madres aún están vigentes. Se enseñan en nuestras universidades como única alternativa teórica. He observado con atención y amor a las sobrevivientes en terapia y con asombro y dolor confirmé que todas ellas y ellos tienen un nivel profundo de perturbación, dolor, rabia e impotencia. Todas ellas y ellos llegan a la consulta atrapadas en esta red de injusticias.

Como el incesto inicia generalmente cuando la niña es pequeña, cuatro, cinco años; aunque hay suficientes casos estremecedores de niñas abusadas desde los primeros meses de vida, las víctimas sufren de grandes quebrantos y alteraciones en las etapas de desarrollo.

El sentido del yo, de ser persona debe ser construido en un ambiente impredecible, con relaciones corruptas, como son las que establece el padre ofensor, caracterizadas por el control totalitario, el terror cotidiano, el aislamiento y el secreto impuesto. Así las sobrevivientes enfrentan grandes dilemas en esa familia, en la cual deben desarrollar una identidad, su capacidad de autonomía, su imagen y estima. En un lugar en donde se le trata como esclava o como una niña prostituta, donde se le exige aceptar el abuso a cambio de cariño, ¿Cuál imagen corporal sana puede desarrollar? Necesita desarrollar defensas para la vida, cuando su cuerpo debe estar noche y día a disposición del abusador, ¿Qué posibilidad tiene de adquirir confianza cuando sus relaciones están dictadas por la traición? ¿Cuál autonomía puede gestarse, cuando su voluntad, su no, es permanentemente quebrantado?

El abuso, por lo contrario, congela a la víctima en un estado precario del yo, en donde la posibilidad entre la vida y la muerte es una constante. Sus síntomas son los gritos disfrazados de los secretos jamás contados. Los secretos que fueron tan terribles no pueden ser dichos con palabras. Sus síntomas, hablan de esos horrores.

El abusador con sus palabras, coloniza su lenguaje, el lenguaje del amor y del desamor, convirtiéndolo en el cotidiano. Ella habla con metáforas como una forma de inventar una manera de comunicarse que el ofensor no haya mancillado.

Debe creer en la justicia cuando para ella no llega, en la humanidad aunque nadie la escucha. Aceptar que frecuentemente no existe reparación, que los ofensores, sus padres, son insensibles, indiferentes a sus reclamos, y no queda otra alternativa, más que aceptar que ellas crecieron en soledad y peligro.

Las víctimas deben cargar sentimientos de culpa, difíciles de desarticular aún en terapia, porque la culpa la salva del hecho dantesco de aceptar, que de niña, estuvo en manos de un padre que en vez de cuidarla, la explotó y esclavizó. Así, prefiere pensar que ella es la mala, antes que ver como tal a la persona de quien ella depende. Los sentimientos de culpabilidad cumplen una función protectora frente a sentimientos insoportables de fragilidad.

Desconectarse de sus sentimientos, de su cuerpo, es una tarea frecuente y extraordinaria de la mente cuya función es sobrellevar el dolor que causa el incesto. Disfrutar del cuerpo es algo prohibido, ellas no confían ni en su cuerpo ni en manifestaciones del mismo. El cuerpo no se lleva, no se siente, no se ama. Por ser éste el vehículo en el cual ha recaído directamente la ofensa. La atención sin intenciones sexuales es desconocida. Un hombre que no busque el contacto sexual no es de fiar y aquel cuyas intenciones son sexuales, representa al padre, lo que deposita un descarnado dilema en los hombros de la sobreviviente.

Para ellas, éstas pérdidas son desconsolantes. Se pulverizan los supuestos básicos que necesita todo ser humano para crecer. Las personas necesitan creer que las cosas malas les suceden a las demás, suponer la existencia de la justicia y que el mundo es significante. La aceptación de las pérdidas que el incesto deja, siempre produce resistencia y un profundo dolor. Admitirlas es reconocer que no tenemos poder para cambiar lo que pasó, ni control sobre quienes nos infringieron ese dolor.

Al igual que otras disciplinas, la teoría sobre la violación y el abuso sexual necesita ser sometida a una exhaustiva revisión que deconstruya nociones que aparecían como verdades universales. Necesitamos retomar con un nuevo enfoque, como vivimos, como organizamos la vida familiar, las pautas cotidianas, los roles en la pareja, las teorías acerca de la crianza de los hijos, las decisiones laborales, así como las consideraciones para medir salud y enfermedad en mujeres, niños y niñas. Para así poder asegurarnos que el abordaje, los parámetros y sobre todo lo que promovemos como ciencia y verdad, no revictimice a la mujer, niños y niñas refuerce roles sociales, promueva dependencia o inferioridad.

Es importante despertar la conciencia de que la mirada estándar, y por lo tanto las definiciones que constituían nuestras herramientas de trabajo profesional, provenían de un observador masculino y expresaba una perspectiva masculina no universal. El develamiento del trasfondo patriarcal en las teorías, reposiciona la pregunta de a que sujeto observamos, conocemos y definimos. Por lo tanto, necesitamos revisar la ciencia que se nos propone como verdadera y poner límites a las certezas de lo considerado “universal”.

4.2 Secuelas del incesto y abuso sexual

Desde 1985 David Finkelhor propone un marco para un entendimiento más sistemático de los efectos del abuso sexual infantil. El modelo propuesto postula que la experiencia del abuso sexual puede ser analizada en términos de cuatro factores traumatizantes, el día de hoy, especialmente mencionaré lo que él llamó la sexualización traumática que se refiere al proceso en el cual se le da forma a la sexualidad de una niña, incluyendo tanto los sentimientos sexuales como las actitudes sexuales, en una manera inapropiada en términos del desarrollo; y disfuncional en términos de la interpersonalidad, como resultado del abuso sexual. Esto puede manifestarse en una gran variedad de formas a lo largo del abuso. La sexualización traumática puede ocurrir cuando una niña es premiada repetidamente por su ofensor por un comportamiento sexual que es inapropiado para su nivel de desarrollo. Ocurre por medio del intercambio de afecto, atención, privilegios y regalos por el comportamiento sexual, de tal manera que la niña aprende a utilizar el comportamiento sexual como una estrategia para relacionarse con otros. Ocurre cuando ciertas partes de la anatomía de la niña se le da cierto carácter de fetiche, una importancia y significado distorsionados. Ocurre por medio de las concepciones erróneas y las confusiones acerca del comportamiento sexual y de la moralidad sexual que el ofensor transmite a la niña. Y pasa también cuando algunos recuerdos y eventos que lo atemorizan mucho son asociados en la mente de la niña con la actividad sexual.

Las experiencias del abuso sexual pueden variar dramáticamente entre una niña y otra. Las experiencias en las que el ofensor hace un esfuerzo para estimular, la respuesta sexual de la niña, son probablemente más sexualizadoras que aquellas en que el ofensor usa a una niña en forma pasiva para masturbarse. Las experiencias en las que la niña se le incita a participar son probablemente más sexualizadoras que aquellas en las que se utiliza la fuerza bruta, sin embargo, aún con el uso de la fuerza, puede ocurrir una forma de sexualización traumática como resultado del miedo que se asocia con el sexo inmediatamente después de tal experiencia. El grado de comprensión de la niña también puede afectar el grado de sexualización. Las experiencias en las que la niña por su temprana edad o por su nivel de desarrollo no entiende las implicaciones sexuales de las actividades, pueden ser menos sexualizantes que aquellas que implican una mayor comprensión. Las niñas que han sido sexualizadas en forma traumática emergen de sus experiencias con repertorios inapropiados de su comportamiento sexual, con confusiones y concepciones erróneas acerca de sus conceptos del sexo y con muchas asociaciones inusuales entre emoción y actividad sexual (Finkelhor, 1985).

La experiencia del abuso sexual puede repercutir en la vida adulta en todas las fases de la vivencia sexual. Es frecuente que la mujer víctima de incesto no experimente deseos sexuales afirmando que no siente nada o rechazando todo lo relacionado con la sexualidad y el cuerpo. También se pueden dar problemas con el orgasmo y la excitación. En otros casos, puede ocurrir que la mujer disfrute haciendo el amor pero tenga problemas con determinada posición o con el contacto oral-genital. Algunas de las secuelas pueden ser: miedo a hacer el amor, no poder sentir, disociación, rechazo del propio cuerpo, rechazo de la sexualidad, conductas sexuales compulsivas, actividad sexual precoz, comportamientos sexuales agresivos, promiscuidad, prostitución, fobia a la intimidad sexual.

Secuelas observadas más frecuentemente en 100 casos atendidos en mi consulta privada entre 1992 y 1995 de tipo: conductuales, emocionales, relacionales y problemas físicos.

5. Una nueva visión sobre las llamadas disfunciones sexuales

En octubre del año 2000, se reunieron un grupo de expertas/os con la finalidad de aportar una visión crítica a la APA, en relación con su visión sobre los problemas sexuales de las mujeres, que en realidad muchas de ellas son secuelas de traumas en la infancia, adolescencia y vida adulta. Los mismos opinaron que las barreras fundamentales par entender la sexualidad femenina es el esquema médico utilizado por la APA y que aparece en el DSM IV.

Se divide los problemas sexuales para los hombres y las mujeres en cuanto a categoría disfuncionales tales como: Trastornos del deseo sexual, (deseo sexual hipoactivo, trastorno por aversión al sexo) trastorno de la excitación sexual, trastornos orgásmicos, trastorno sexual por dolor. (dispareunia, vaginismo, por enfermedad médica)

Estas “disfunciones” se asumen como una respuesta psicológica universal y han estado basadas en la teoría de Master y Johnson. La más seria distorsión es que reduce los problemas sexuales desde su función fisiológica. El énfasis fisiológico conribuyó a concluir que los desórdenes son también similares. Muchos estudios han reportado que las respuestas masculinas y femeninas difieren en muchos más. Por ejemplo, las mujeres no separaran el deseo de la excitación.

Un énfasis en las etiologías fisiológicas ignora las implicaciones que la inequidad basada en el género, la clase social, la etnia, la orientación sexual etc… generan. Las condiciones sociales, políticas y económicas, incluyendo la violencia sexual, las limitaciones de las mujeres para acceder a educación sexual, placer, satisfacción están ausentes.

Todas las mujeres no tienen las mismas necesidades sexuales, satisfacciones y problemas como para catalogarlas en las categorías, de deseo, excitación, orgasmo y dolor. Se propone una nueva clasificación para los problemas sexuales de las mujeres en donde se tome en cuenta la individualidad y las inhibiciones basadas en la cultura y las relaciones de pareja.

En 1999, las Asociación Mundial de Sexología adoptó la Declaración de los Derechos Sexuales algunos de ellos son:

• El derecho a la libertad sexual, que excluye toda forma de coerción, explotación sexual y abuso.

• El derecho a la autonomía sexual y la seguridad.

• El derecho al placer, que es una mezcla de lo físico, psicológico, intelectual y espiritual.

• El derecho a la información sexual

• El derecho a la salud sexual

Propuesta para una nueva clasificación de secuelas sexuales desde la perspectiva del género:

La nueva clasificación se define como una insatisfacción con los aspectos emocionales, físicos, o relacionados con la experiencia sexual. La propuesta que toma en cuenta los aspectos genéricos, sociales y culturales, es la siguiente:

I. Problemas sexuales relacionados con aspectos socio-culturales o factores económicos.

A. Ignorancia y ansiedad por una educación sexual inadecuada, falta al acceso a los servicios de salud.

1. Falta de vocabulario para describir subjetiva o físicamente la experiencia.

2. Falta de información acerca de biología de la sexualidad y los diferentes cambios de la vida.

3. Falta de información acerca de la influencia de los roles genéricos en mujeres y hombres, las expectativas, creencias y conductas.

4. Acceso inadecuado a la información y servicios sobre anticonceptivos, aborto, desórdenes sexuales, prevención y tratamiento, trastornos sexuales y violencia doméstica.

B. Angustia por percibirse como incapacitada para alcanzar las metas culturales para la sexualidad.

1. Ansiedad o vergüenza acerca del cuerpo, no sentirse atractiva sexualmente o por su respuesta sexual.

2. Confusión o vergüenza acerca de la orientación sexual, identidad, fantasías o deseos.

3. Falta de interés, fatiga o falta de tiempo para las obligaciones familiares y laborales.

II. Problemas sexuales relacionados con la pareja y la relación.

A. Inhibición o aflicción derivada de la traición, por miedo a la pareja, abuso de la pareja, desigualdad en el poder, o por patrones negativos de la pareja en la comunicación.

B. Discrepancia en el deseo por la actividad sexual o en las preferencias de esas actividades.

C. Disminución del deseo provocado por conflictos o experiencias traumáticas, por ejemplo infertilidad o muerte de un hijo/a.

D. Disminución en el deseo o la excitación del compañero.

III. Problemas sexuales asociados a factores psicológicos

A. Agresión sexual, falta de confianza o inhibición sexual del placer por:

1. Experiencias pasadas de abuso sexual, físico o emocional.

2. Depresión o ansiedad.

B. Inhibición sexual por miedo al acto sexual o sus posibles consecuencias: dolor, embarazo, enfermedades de transmisión sexual, pérdida de la pareja.

IV. Problemas sexuales asociados a factores médicos

• Enfermedades

• Medicación o tratamientos

• Iatrogenia

(Ellyn Kaschak, PhD y Leonere Tiefer, 2001)

Conclusiones:

1. No podemos hablar de sexualidad desde una supuesta neutralidad científica indiferente a las implicaciones políticas e ideológicas subyacentes. Subrayando que el hecho sexual nunca es un fenómeno biológico aislado, sino se traduce como un hecho cultural, socializado en su expresión, pero también en su interpretación. La sociedad patriarcal, al definir lo humano como masculino, ha definido a la mujer como lo negativo. La sexualidad femenina ha sido vista como “faltante”.

2. La sexualidad es una relación social que contiene internamente relaciones de poder y está inmersa en la red de las relaciones sociales. Toda relación de poder es una relación política y por lo tanto la sexualidad tiene contenido político, que ha sido ocultado, omitiendo que existen opresores y oprimidos, perdiéndose la posibilidad de explicar las llamadas “disfunciones sexuales. La psicología y la psiquiatría tienen una gran deuda con las víctimas de la violencia sexual. El avance en América Latina hacia una atención respetuosa y efectiva es hasta hoy, sólo ideas.

artículo de Gioconda Batres